El mes de Junio estaba ya bien avanzado y hacía un calor asfixiante. Al bochorno de la tarde estival, había que añadir el sofoco de los estudiantes que se enfrentaban al examen final de Paleontología. El silencio en el aula era casi absoluto, tan sólo se escuchaba, de cuando en cuando, el tenue rumor de las hojas de papel al darles la vuelta para seguir escribiendo, y los pasos del profesor que, entre las filas de pupitres, paseaba vigilante y alerta ante cualquier maniobra sospechosa. Uno de los estudiantes, abrumado, sudaba tinta mientras leía y releía el enunciado de una de las cuestiones, sin atinar con la respuesta adecuada. Le preguntaban sobre las causas de la extinción de los dinosaurios, y él recordaba bien la historia del famoso meteorito que cayó al final del periodo Cretácico, eso lo sabían hasta los niños de primaria, pero había otras hipótesis que él no era capaz de recordar por mucho que se estrujase la sesera .
Representación idealizada de la caída del meteorito Triásico (National Geographic)
Ahora se arrepentía de no haber sido más diligente, se le había echado el tiempo encima y no había preparado bien el examen. Además, precisamente ese tema, el de los dinosaurios, lo había dejado sin mirar, convencido de que era demasiado vulgar y socorrido como para que apareciese entre las preguntas. Pero se había equivocado de medio a medio y ahora estaba en apuros, tampoco tenía seguridad de haber respondido correctamente otras preguntas. Desesperado, recurrió al socorrido método de pedir ayuda al vecino. Al menos, en eso había tenido suerte, le había correspondido sentarse cerca de uno de los compañeros que solía sacar buenas notas. Aprovechó el momento en que el profesor estaba de espaldas y en el extremo más alejado del aula, para preguntarle en voz muy baja :
— Aparte del meteorito… ¿por qué se extinguieron los dinosaurios?
Su condiscípulo, caritativo, con un susurro lo más discreto posible, respondió:
— ¡Los mamíferos se comían los huevos de los dinosaurios…!
El soplo era correcto, porque una de las hipótesis para explicar la extinción de aquellos enormes animales, sugiere que algunos mamíferos de pequeño tamaño tuvieron como fuente de alimentación principal los huevos de dinosaurio, lo que dificultó su reproducción y contribuyó a su extinción. Sin embargo, aquella respuesta no terminó de cuadrarle al desinformado estudiante. Pero, en sus circunstancias y teniendo en cuenta de quien venía la información, no tenía otra salida y decidió aceptarla como buena.
En cualquier caso, no le pareció procedente formular la hipótesis de una manera tan vulgar y decidió pulirla un poco, para expresarla de una manera más elegante. Esmerándose para hacer buena letra, escribió meticulosamente que los dinosaurios se extinguieron porque los mamíferos les devoraban sus testículos.
Narran las crónicas que el resultado no fue satisfactorio y el estudiante fue calificado con un rotundo suspenso. Ese día, yo no estaba allí, pero tal y como me lo contaron, lo cuento.
Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) fue un escritor norteamericano cuya obra generó una novedosa forma de entender los parámetros de la literatura ominosa y gótica que se había desarrollado hasta sus publicaciones. Niño dotado de una avanzada inteligencia, Lovecraft siempre mostró interés por los lugares alejados, inhóspitos, por la lectura y por los imperceptibles detalles de la naturaleza de los que disfrutaba en una soledad que le fue primero impuesta y luego deseada. Su creación literaria superó también las premisas habituales existentes hasta entonces, dando lugar a un concepto del terror que trascendió las relaciones intersubjetivas para ubicarse en unos planos de la existencia, tan reales como los de la sociedad humana, pero de una magnitud y dimensiones proporcionadas al tamaño del universo, es decir, infinitos.
En estos planos residen entidades completamente ajenas a la comprensión, al razonamiento humano, que a la luz de la sociedad se presentan como dioses, dada la imposibilidad siquiera de entender su misma existencia, pero que, en verdad, son entidades que contemplan a la sociedad como el científico a los microbios, esto es, con una serie de finalidades que no redundan en el beneficio de la humanidad, sino con una indiferencia analítica que sólo conlleva, en el mejor de los casos, al examen de una especie infinitamente menor sin otro objeto; y con carácter general, a un impulso de extinción provocado por la aplastante e incomprensible superioridad existencial de estas monstruosas entidades respecto del género humano, dándose una situación equivalente a la de la cadena alimenticia obrante en la naturaleza, en la que las especies más fuertes se alimentan de las más débiles, sin otro motivo que la sola superioridad metafísica.
Todas mis historias se basan en la premisa fundamental de que las leyes, intereses y emociones comunes de los seres humanos no tienen validez ni significación en la amplitud del vasto cosmos. (…) Uno debe olvidar que cosas como la vida orgánica, el amor y el odio, y todos los demás atributos locales de una insignificante y efímera raza llamada humanidad, existen en absoluto.
Howard Phillips Lovecraft
Relatos como La llamada de Cthulhu o En las montañas de la locura ejemplifican este novedoso “terror cósmico” creado por Lovecraft, en el que el desasosiego no proviene de un mal humano, hasta cierto punto ya conocido o reconocido socialmente, sino de un factor que ni siquiera puede clasificarse como el mal, porque nada tiene que ver con las relaciones interpersonales, sino que su origen está más allá de lo social, en una dimensión que se desconoce profundamente, y de la que sólo se sabe que es de una enormidad universal y de una profunda negritud, permaneciendo los motivos del proceder de estas entidades en lo indescriptible. Es este desconocimiento de los motivos lo que genera el verdadero y atávico terror.
Algunas consideraciones pueden hacerse, desde la perspectiva de la Filosofía del Derecho, en relación con la literatura lovecraftiana. No genera una especial controversia el que se afirme que las normas jurídico-positivas, y en particular, las del Derecho Penal, han sido creadas con el fin de contener la plasmación de ese “mal” que se reconoce socialmente, pues se encuentra inserto en la propia naturaleza del ser humano; el delito es algo identificable, no es extraño ni inconcebible porque entra en la posibilidad de actuación del ser humano, aunque constituya una aberración a todos los efectos, tanto jurídica como moral. Lovecraft, en este particular, sigue la estela de la obra de Edgar Allan Poe, cuando éste se centra en el análisis del proceder humano en la perpetración del crimen. Es cierto que la posición de Lovecraft respecto del hombre y la sociedad, en este plano, es de decepción y la propia del homo homini lupus de Thomas Hobbes, pues en sus obras el ser humano se presenta especialmente inclinado hacia lo no virtuoso, esto es, hacia la imprudencia o la ambición irracional, que quizá tienen su origen en las limitaciones humanas.
El delito es algo identificable, no es extraño ni inconcebible porque entra en la posibilidad de actuación del ser humano, aunque constituya una aberración a todos los efectos, tanto jurídica como moral
Pero de la obra de Lovecraft sí resulta para mí de interés el concepto de infinitud, de ese cosmos terrible y en absoluto controlable, que dada su superioridad a todos los efectos, puede condicionar, aunque lo sea de una manera imperceptible, las normas que rigen la vida humana, como quien controla un escenario y establece las reglas que han de regir en el mismo, y sin que quienes intervienen en él, la sociedad, ni tan siquiera lo perciban, pues se limitan a acatar las normas positivas sin cuestionar su origen o su intencionalidad, centrados sólo en la forma, en la mera apariencia, y condicionados por sus naturales limitaciones.
El Derecho Natural, que está dotado de esas mismas notas “cósmicas” que fundamentan la obra lovecraftiana, en el sentido de inmanentes y eternas, constituyendo la razón auténtica del valor de legitimidad de la norma jurídica positiva, puede perfectamente quedar a disposición de una fuente de poder que lo establezca conforme a su particular criterio, y obedecer a unas razones que se encuadren en un parámetro de corrección moral verdadera o encubrir otros motivos. Por ello, un iusnaturalismo de carácter racionalista, generado por la propia sociedad a través del extracto de una serie de principios generales, es mucho más seguro y favorable que aquellas formas de Derecho Natural que vienen determinadas desde fuera, quedando al arbitrio de un tercero, que incluso puede venir investido de poder por su propia naturaleza, como ocurrió con el iusnaturalismo teológico: recordemos que la sociedad a la que se refiere Lovecraft en su obras tiene a estas entidades por dioses, lo que constituye la clave para que una serie de dogmas que provengan de ellas se erijan en el fundamento moral de las normas positivas, estableciéndose así un control definitivo e imperceptible de la realidad social, y llevado así al terror cósmico al mismo interior del funcionamiento de la sociedad.
A mi parecer no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos.
Howard Phillips Lovecraft
H.P. Lovecraft: el Derecho desde la visión del autor del terror cósmico Por Diego García Paz Jefe de Civil y Penal de la Comunidad de Madrid. Académico Co. Real Academia de Jurisprudencia y Legislación
En los tiempos que corren, cuando se habla de Memoria Histórica, como consecuencia de la legislación recientemente aprobada y del despliegue de los medios de comunicación, la atención tiende a focalizarse automáticamente en lo ocurrido en el entorno de la Guerra Civil y la Segunda República, guardando un discreto silencio sobre lo que acaeció durante el siglo anterior, especialmente durante la Primera República. Sin embargo, desde el punto de vista conceptual, la memoria histórica no debe restringirse a ningún periodo determinado, ya que puede definirse como el esfuerzo consciente de los grupos humanos por encontrar su pasado, para valorarlo y considerarlo con respeto. Desde este punto de vista, nuestra historia está llena de episodios que merecen ser valorados y respetados, y que sin embargo, duermen olvidados entre las páginas de libros que nadie lee.
Algunos de estos episodios cruciales están relacionados con la Mina de Almadén, provincia de Ciudad Real, un yacimiento de mercurio que fue ya explotado por los romanos. Aparte de su longevidad (más de dos milenios de actividad), Almadén tiene un récord que ninguna otra mina en el mundo ha podido batir hasta la fecha, ya que de ella ha salido un tercio de todo el mercurio consumido por la humanidad a lo largo de toda su historia. No hay ningún otro yacimiento que, ni de lejos, haya producido un porcentaje similar para ningún otro mineral. Pero no es este el único récord, ya que Almadén puede presumir de haber sido el soporte económico de su país, algo que no puede decir ninguna otra mina de todo el mundo. Y, en el caso de Almadén, puede alardear además de haberlo hecho en dos ocasiones.
Almadén tiene un récord que ninguna otra mina en el mundo ha podido batir hasta la fecha, ya que de ella ha salido un tercio de todo el mercurio consumido por la humanidad a lo largo de toda su historia
La primera de ellas, quizás la más conocida, ocurrió entre los siglos XVI y XVII, cuando los banqueros alemanes de la familia Fugger (conocidos en España como Fúcares) obtuvieron durante casi un siglo, el arriendo de la Mina de Almadén para pagar deudas contraídas, primero por Carlos I y luego por su hijo Felipe II. Eran préstamos dedicados esencialmente a financiar las guerras religiosas que mantuvo la corona española con media Europa.
Fachada del inmueble donde tuvieron su oficina y vivienda los administradores de los Fúcares en Almadén. Este histórico edificio está hoy reconvertido en hotel.
En aquellos momentos, el mercurio, teniendo en cuenta su papel como garantía para los préstamos, su elevado precio en el mercado y su importancia para la obtención del oro y la plata en las explotaciones mineras de América, significaba para la economía española algo así como lo que representa actualmente el petróleo para los Emiratos Árabes.
La segunda ocasión, más reciente, es sin embargo mucho menos conocida. Se produjo en la segunda mitad del siglo XIX, el más turbulento y caótico, desde el principio hasta el final, de toda la historia de España, una verdadera sucesión de despropósitos y calamidades. Durante sus primeros años tuvo lugar la invasión napoleónica, con la abdicación de Fernando VII y la aprobación de la primera Constitución española, la famosa Pepa, mientras el rey estaba en el exilio y el trono era usurpado por José Bonaparte, alias Pepe Botella.
Después de la expulsión de los franceses, el país que encontró a su regreso Fernando VII el deseado(aunque muy pronto iba a desengañar y traicionar esos buenos deseos), estaba sumido en la ruina y en la bancarrota. Nada más volver, no tuvo mejor ocurrencia que levantar la tapa de la caja de los truenos, aboliendo la constitución que con tanto trabajo se había aprobado durante un periodo tan difícil. Así, se abrió la veda para una larga temporada de inestabilidad, revueltas y pronunciamientos, que en nada contribuyeron a sanear las arcas públicas, ya bastante maltrechas. El primer golpe militar llegó en 1820, restaurando inmediatamente a La Pepa, aunque estuvo tan sólo tres años en vigor, porque en 1823 entró de nuevo en España el ejército francés (130.000 militares, a los que llamaroncien mil hijos de San Luis) para restablecer el absolutismo. Los liberales, se refugiaron en Cádiz, teniendo como rehén al rey, pero no pudieron resistir el sitio al que fueron sometidos por los franceses y se vieron obligados a pactar. Fernando VII fue liberado, con la palabra de honor de que Su Majestad mantendría vigente la Constitución. Pero aquella promesa duró menos que una bandeja de pasteles a la puerta de un colegio, y de inmediato decretó la abolición de todas las normas y leyes aprobadas durante los tres años de gobierno liberal.
Por otra parte, desde América, continuaron las declaraciones de independencia que ya se habían iniciado durante la invasión Napoleónica, con las consiguientes pérdidas económicas, ya que dejaron de recaudarse los sustanciosos impuestos derivados de la explotación de la plata y el oro en aquellos territorios, además de los beneficios que reportaba el monopolio de la venta del mercurio. El Estado español no tuvo otra opción que modificar la estrategia que había mantenido durante siglos, y en lugar de monopolizar el uso del azogue, para el consumo interno en la producción del oro y de la plata, pasó a venderlo al mejor postor en el mercado internacional.
La muerte de Fernando VII y el ascenso al trono de su hija, Isabel II, aún empeoró la situación. Su tío, el infante Carlos, no reconoció que fuese entronizada y aquella disputa trajo consigo la primera guerra carlista. Los dos bandos contendientes intentaron pactar una solución concertada, aunque un tanto celestinesca, ofreciendo a Isabel II en matrimonio al pretendiente carlista. Era una solución infalible, metiendo en la misma cama a los dos herederos contrincantes, se terminaban de una vez todos los problemas sucesorios. Pero el Gobierno rechazó la propuesta y concertó las nupcias con Francisco de Asís, primo de la reina por otra rama, aunque venía precedido de cierta mala fama por sospechas sobre su dudosa sexualidad. Sin embargo, a decir de la opinión popular, no existía ninguna duda. De hecho, la propia reina refrendó los rumores al comentar que nada podía esperarse de un hombre que, en la noche de bodas, llevaba más encajes y puntillas que ella misma.
La falta de acometividad nupcial no tuvo paralelismo en la turbulenta política de la época y en 1846 volvieron los enfrentamientos armados, iniciándose otro largo trienio de batallas, escaramuzas y algaradas. Por aquellos días, aún no se había inventado el turismo y aún no era conocido el famoso eslogan de Spain is different, pero el país ya se había hecho sobradamente merecedor del calificativo. Fue admirable y a la vez incomprensible, cómo en medio de aquel maremágnum, se intentó desesperadamente subir al tren del progreso, que avanzaba ya por Europa desde hacía años. ¡Y todavía hay quien se pregunta por qué el desarrollo industrial nos llegó con tanto retraso!
En plena guerra civil, como la cosa más natural, se empezó a preparar la cartografía geológica del país y se inició el establecimiento de la red de telégrafos y la de ferrocarriles, desplazando las vetustas diligencias. Pero hay cosas que no cambian, a pesar del paso de los años. Si todavía hoy, las comunicaciones por vía férrea con Extremadura son motivo de críticas, ese descontento apareció ya en los albores de esa línea ferroviaria. Cuando la compañía de los Ferrocarriles de Ciudad Real a Badajoz concluyó el trazado de su línea, conectando con la red nacional a través del nudo ferroviario de Alcázar de San Juan, los habitantes de Almadén estallaron de indignación. Porque, a pesar de la importancia estratégica de sus minas, el ferrocarril no pasaría por allí. Y, sin embargo, sí que lo haría (incluso con un apeadero exprofeso), por una finca cercana, que para mayor agravio, era propiedad del prócer Segismundo Moret, electo a Diputado en Cortes precisamente por la villa de Almadén, y que posteriormente llegaría a ser Presidente del Gobierno.
Aspecto actual del Palacio Moret, en las inmediaciones del Apeadero de Guadalmez – Los Pedroches, en la línea férrea de Puertollano a Badajoz.
El autor de estas líneas puede acreditar que, siglo y medio después, el enfado derivado de aquella arbitrariedad no ha remitido ni un ápice entre la población de Almadén y todavía continua vigente. O incluso, ha aumentado significativamente, como consecuencia de las recientes decisiones relativas a la red nacional de autovías, que ha relegado de nuevo a los habitantes de aquella comarca.
En medio de aquellos esfuerzos por impulsar el progreso, cuando se estaban apagando los ecos de la Segunda Guerra Carlista, sobrevino una nueva revolución, tan peculiar que ella sola ya permitiría justificar el mencionado slogan de Spain is different. Porque hay que ser muy original para organizar una revuelta cuyo objetivo fue destronar un rey para poner a otro, y encima bautizar la algarada como Revolución Gloriosa. Así, en 1868, se destronó a la reina Isabel II, se formó un gobierno provisional y se convocaron cortes constituyentes para que restablecieran la monarquía constitucional como forma de gobierno. Y para ello, hacía falta un rey, pero nadie quería saber nada de Isabel II, exiliada en París. Después de una laboriosa búsqueda (incluso se ofreció como candidato el sultán de Marruecos), se eligió como solución a Amadeo de Saboya, miembro de la familia real italiana, que daba el pego porque estaba emparentado con la monarquía española y según decían, era un hombre lo suficientemente moderno como para aceptar aquella cosa nueva que era la monarquía constitucional.
El panorama económico que se encontró el nuevo rey era desolador. Isabel II había generado un aumento desmesurado de los gastos militares, embarcándose en insensatas expediciones, intentando de una forma imprudente y alocada reconquistar antiguos territorios americanos, sin ningún éxito. La cruda y desagradable realidad pronto demostró que aquella gloriosa revolución no era capaz de mejorar las cosas, viéndose obligada a continuar con la política de los gobiernos precedentes. Es decir, firmar un crédito tras otro para acceder, siempre de forma desesperada, a recursos financieros imprescindibles. Los intereses se iban acumulando y llegó un momento en que, con las arcas vacías, era imposible atender a los pagos. Y el Estado recurrió de nuevo a la joya de la corona, dejando las minas de Almadén como garantía de un préstamo exorbitante. Aquel yacimiento, a pesar de todas las limitaciones y dificultades existentes, constituían todavía la única fuente de ingresos estable y solvente.
Esta vez, los voraces banqueros que proporcionaron el crédito, no pertenecían a la saga de los Fúcares, ni tampoco era alemanes, fueron los Rothschild, un clan asentado en Inglaterra y dominante en Europa, que no dejaron nada a la improvisación. Habían estudiado a fondo la historia de España y habían seguido con mucha atención sus finanzas. Desde hacía años, habían intentado ya en varias ocasiones hacerse con el control de las minas de Almadén, pero hasta entonces, los gobiernos de turno habían resistido sus embates. En cambio, en 1869 la situación era muy diferente, el gobierno estaba desesperado y había llegado la oportunidad que los banqueros habían estado esperando. Los Rothschild conocían con todo detalle la difícil situación de la Hacienda Pública en España, estaban al corriente de los apuros y de la urgencia, y apretaron las tuercas todo lo que pudieron, que fue mucho. Se ofrecieron a prestar el dinero que el gobierno necesitaba y con la rapidez que el caso requería, a cambio de un interés del 8 %. Pero además, incluyeron en el contrato una hipoteca de las Minas de Almadén y de todos sus productos, asegurándose la exclusividad de los derechos de venta de todo el mercurio que la mina produjese durante un periodo de 30 años. También, el Estado Español se comprometía a que la mina produciría como mínimo 32.000 frascos al año (equivalentes a 80.000 litros), y por si eso fuese poco, que también correría con los gastos de consignación y transporte del mercurio hasta Londres, donde sería comercializado.
Frascos antiguos de mercurio, con una capacidad aproximada de dos litros y medio, equivalentes a unos 34 kilos. Este recipiente, basado en una antigua medida castellana, se convirtió en la unidad internacional para la cotización y comercialización del mercurio.
Sin duda, era un negocio redondo para los Rothschild, sobre todo teniendo en cuenta que antes de cerrar el acuerdo con el gobierno español, habían logrado también hacerse con la mina de Idrija, en Eslovenia, también productora de mercurio y competidora de Almadén durante siglos. Así, teniendo bajo su dominio los dos yacimientos más importantes del mundo, pudieron ejercer un control en régimen de monopolio sobre el mercado global. Las consecuencias de aquella posición dominante no se hicieron esperar, inmediatamente el precio del azogue inició un rápido y meteórico ascenso en la bolsa de metales. Y todo ello, sin poner nunca los pies en Almadén. Los Rothschild no querían meterse a mineros, no era su oficio y simplemente, de cuando en cuando, enviaban por allí inspectores para verificar que las producciones, las ventas y sus propias ganancias cuadraban. Y ganaron dinero a espuertas sin moverse de casa.
Por el contrario, la otra parte firmante de aquel contrato no tenía motivos para sonreír. España ya no participaba de aquel botín y, ¡encima!, había perdido el control del pastel para los próximos 30 años. A cambio de ceder aquel fabuloso negocio, el estado español recibió un préstamo de 42 millones de pesetas, una cifra astronómica para le época, pero que sirvió de muy poco. Al día siguiente de recibir el dinero, el montante completo fue transferido directamente al Banco de París, para abonar deudas anteriores, sin que las maltrechas arcas públicas vieran un solo céntimo. Un descalabro económico de esa magnitud no favoreció precisamente la estabilidad, y la gloriosa revolución aguantó como pudo, a trancas y barrancas, un par de años. Los republicanos decían que, habiendo constitución sobraba el rey, y los monárquicos de toda la vida añoraban a los borbones de verdad, no al advenedizo rey italiano. Finalmente, despidieron de mala manera a Amadeo, que aliviado y sin dudarlo, se volvió a Italia, a su casa de Turín.
A cambio de ceder aquel fabuloso negocio, el estado español recibió un préstamo de 42 millones de pesetas, una cifra astronómica para le época, pero que sirvió de muy poco. Al día siguiente de recibir el dinero, el montante completo fue transferido directamente al Banco de París, para abonar deudas anteriores, sin que las maltrechas arcas públicas vieran un solo céntimo
Estando de nuevo sin rey, la política nacional volvió al punto de partida y por tercera vez en aquel siglo, se convocaron cortes constituyentes. Y, de buenas a primeras, en cuanto se iniciaron las sesiones, sin comerlo ni beberlo, siete diputados se sacaron de la manga una insospechada propuesta de artículo único, proponiendo que la forma de gobierno de la Nación Española debería ser una república federal. De forma tan sorprendente como inesperada, aquella propuesta fue aprobada por una mayoría abrumadora, con tan sólo dos votos en contra, refrendando de un carpetazo que las regiones eran estados soberanos.
Don Benito Pérez Galdós, por aquellos días, describía el clima parlamentario en las sesiones de las Constituyentes como si fuese un circo, un espectáculo confuso y extravagante, donde los supuestos padres de la Patria, en una oleada interminable de excentricidades sin sentido, gastaban horas y horas con palabrería tan florida como inútil, donde era muy difícil encontrar una opinión sesuda y ponderada. Se gastaban días enteros en debates nimios e inútiles sobre cuestiones inverosímiles, sin llegar a acuerdos, ya que todas las propuestas eran sistemáticamente bloqueadas por uno u otro partido. La prensa de la época, relata que en una de aquellas insufribles reuniones, agotado por las inútiles discusiones, Estanislao Figueras, a la sazón presidente de la flamante nueva república, interrumpió estentóreamente la sesión exclamando a voz en grito:
— ¡Señores, ya no aguanto más, estoy hasta los cojones de todos nosotros!
Al menos, tuvo la honradez de incluirse él mismo en aquel comentario.
Mientras los padres de la Patria seguían con su diálogo de sordos, algunas zonas de España tomaron la palabra al reciente precepto constitucional, decidieron ponerse el mundo por montera y aplicaron a rajatablas el nuevo orden. Hubo levantamientos por todas partes, afectando algunos a provincias enteras, como las de Valencia y Málaga. Otros se redujeron tan sólo a un área municipal, como los de Sevilla, Alcoy, Algeciras, Almansa, Andújar, Bailén, Cádiz, Cartagena, Murcia, Jumilla, Castellón, Granada, Jaén, Motril, Salamanca, Tarifa y Torrevieja. Incluso localidades muy pequeñas, como el pueblo manchego de Camuñas, se proclamó pomposamente como cantón independiente. Pero no paró ahí la cosa, porque de inmediato se iniciaron las hostilidades entre los jóvenes estados neonatos.
La república independiente de Jumilla declaró oficialmente su deseo de vivir en paz con todas las naciones vecinas, sobre todo con la nación murciana, pero advirtiendo que si alguien se atrevía a violar su territorio, se defenderían contraatacando. Granada y Jaén se declararon la guerra por diferencias en la delimitación de sus fronteras nacionales. El municipio de Utrera se independizó inmediatamente de Sevilla, donde no fue aceptada aquella escisión y se declaró la guerra al nuevo estado, enfrentándose en una batalla que contra todo pronóstico fue ganada por los utreranos. Coria se declaró independiente de Cáceres, del mismo modo que Betanzos lo hizo de La Coruña. En Jerez de la Frontera, aunque deseaban constituir su propio cantón, terminaron rindiéndose al poder central de Madrid, un mal menor, cualquier cosa antes que sufrir la vergüenza de someterse a la República Independiente de Cádiz.
Llama la atención que en aquellos momentos, cuando los movimientos independentistas vasco y catalán aún no habían hecho acto de presencia, la euforia cantonal fue prácticamente inexistente tanto en Cataluña como en el País vasco. En cualquier caso, en la mayor parte de los sitios, aquella locura fue efímera, tan sólo algunos días de euforia y borrachera localista, para volver pocos días después, con el rabo entre las piernas, a la realidad cotidiana. Pero hubo lugares donde el sarampión cantonal fue más largo. El más llamativo fue el cantón de Cartagena, donde no sólo se había declarado la independencia, sino que el gobierno cantonal se apoderó de la escuadra española que estaba fondeada en su puerto. Como el cantón estaba corto de recursos, decidieron solucionar el problema aprovechando aquellos navíos para dedicarse al pirateo, sembrando el pánico en las localidades costeras próximas. Así, asediaron Almería desde el mar y, después de amedrentar a la población con un bombardeo, lograron requisar casi un millón de pesetas.
Fragata Numancia, buque insignia de la escuadra cantonal cartagenera
Los mejores navíos de la flota española habían quedado en manos cantonales, y el gobierno era incapaz de hacer frente a aquella situación por métodos bélicos, por lo que recurrió a la imaginación y declaró a sus propios barcos como piratas y apresables. Los cartageneros intentaron repetir en Alicante la jugada que también les había salido en Almería, y una nueva expedición les permitió requisar 8.000 duros de plata, pero cuando regresaban a su puerto, fueron apresados como piratas por barcos británicos y alemanes. El cantón fue asediado, y para disuadir a las fuerzas republicanas que lo sitiaban, se solicitó formalmente a los Estados Unidos de América, a través de su embajador en Madrid, permiso para utilizar su bandera. Se sabe que el presidente Ulises Grant recibió la carta y prometió estudiar la petición, pero el cantón terminó rindiéndose antes de que llegase la respuesta.
El gobierno y el parlamento, que durante semanas había estado entretenido en debates tan inútiles como y estériles, se vieron totalmente desbordados. Además del desaguisado cantonal, los carlistas habían aprovechado la debilidad gubernamental, actuando a su antojo por el norte de la península. Y por el Caribe, los cubanos estaban otra vez en pie de guerra.
Mis conocimientos de historia son limitados, pero hasta donde alcanzan, no conozco ningún otro caso de un país que estuviese embarcado simultáneamente, de manera polifónica, en varias guerras civiles, la de Cuba al otro lado del charco, la de los carlistas en la península y además, los múltiples conflictos cantonales. Y, todo ello, en medio de una crisis política y económica permanente. Seis meses después de la instauración de la república, ya se había cambiado dos veces de presidente.
El Congreso de los Diputados a mediados delsiglo XIX, cuadro de Eugenio Lucas Velázquez
Pero aquella crisis no afectó para nada a los negocios de los Rothschild, sus ganancias no habían parado de crecer y seguían sacando tajada de la situación. Con la actividad comercial totalmente paralizada por los múltiples conflictos, con las arcas del Estado vacías y la urgente necesidad de fondos para atender tantos frentes al mismo tiempo, el lucrativo negocio que los Rothschild tenían asentado en España se perpetuaba. Porque las deudas crecían a mayor velocidad que las ventas, por altas que éstas fuesen, y nunca podían llegar a ser amortizadas. Durante los años siguientes, los gobiernos de turno, y fueron muchos los que desfilaron por Madrid, nunca llegaban a tener fondos suficientes para realizar los pagos y los Rothschild se garantizaban, una vez tras otra, la renovación obligada de aquellos sustanciosos contratos.
Durante los años siguientes, los gobiernos de turno, y fueron muchos los que desfilaron por Madrid, nunca llegaban a tener fondos suficientes para realizar los pagos y los Rothschild se garantizaban, una vez tras otra, la renovación obligada de aquellos sustanciosos contratos
Aquellas interminables tempestades políticas, tuvieron breves y aislados periodos de calma, durante los cuales hubo un par de arrebatos de lucidez y el gobierno intentó recuperar el control de las minas y de la comercialización del mercurio. Pero las urgentes necesidades económicas se interponían siempre, sin poder liquidar de una vez aquel maldito contrato de los Rothschild, cuyo abanico de actividades seguía ampliándose. El clan asentado en Inglaterra estableció alianzas con otra rama de la familia establecida en Francia, y se asociaron para participar, también en España, en la minería del carbón, del plomo y de la plata, con la compañía Peñarroya. Además, adquirieron al gobierno español las minas de cobre de Río Tinto, que en aquel momento (otra riqueza que se ponía a la venta a precio de saldo) eran deficitarias.
Fuera de España, los Rothschild se habían convertido en los principales accionistas de una compañía de reciente creación, la joven empresa De Beers (que pasaría a convertirse pocos años después en la mayor productora de diamantes del mundo), y financiaban la apertura de nuevas minas en Sudáfrica. También, participaban en la construcción del canal de Suez. En definitiva, que el dinero que los Rothschild estaban ganando a paletadas con el azogue de Almadén, se escapaba fuera de España y era utilizado para generar riqueza en otras tierras. Y mientras tanto, los políticos hispanos seguían a lo suyo, embarcados en discusiones etéreas, ajenas a la realidad, sin centrar su atención en los verdaderos problemas.
En el prólogo de muchas novelas se puede leer, cuando así lo detalla el escritor para curarse en salud, que los personajes y hechos que allí se narran son producto exclusivamente de la imaginación del autor, de modo que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. En este caso, sin embargo, se puede afirmar que cualquier similitud entre los debates parlamentarios del siglo XIX y las sesiones de nuestro actual Congreso de los Diputados, no es fruto de la casualidad: simplemente es memoria histórica.
Todo vuelo se inicia de manera recurrente con la demostración de salvamento
Todo vuelo se inicia de manera recurrente con la demostración de salvamento: uso de las máscaras de oxígeno, chalecos salvavidas, evacuación… No deben alarmarse, es más probable que les toque la lotería a que sufran un amaraje (aterrizaje en el mar) o una despresurización de cabina. Sin embargo, en los aviones comerciales se sigue instruyendo al pasaje por si hubieras algún primerizo. La tripulación de cabina reclama su atención durante la demostración. En la mayoría de los casos se sienten transparentes ante la poca expectación que suscita su performance. Les recomiendo este divertido video en el que el auxiliar consigue atraer la atención de un público entregado.
Es más probable que les toque la lotería a que sufran un amaraje
Es bueno estar familiarizado con las situaciones no rutinarias y el mero conocimiento del porqué de las cosas nos transmite tranquilidad.
El uso del chaleco salvavidas es fácil y evidente. Todos conocemos su utilización y significado: disponer de un elemento de flotación llegado el caso. Más desconocido es el porqué de las máscaras de oxígeno…
El avión vuela a una altura óptima para obtener la máxima eficacia de los motores. Se busca una atmósfera que nos eleve por encima de los fenómenos meteorológicos y de la orografía del terreno.
Un nivel de vuelo estándar se sitúa a una altura aproximada a los 12 kilómetros sobre tierra. En el exterior del avión, la concentración y presión de oxígeno es una cuarta parte de la que existe a nivel del mar, algo totalmente insuficiente para cumplir con la función fisiológica respiratoria.
Por ello, los motores del avión, además de proporcionar empuje para desplazarse, tienen entre otras funciones la de introducir aire a presión en el interior de la cabina. De esta manera el aire del exterior, que está a unos 50 grados bajo cero, pasa por compresores que incrementarán su temperatura hasta los 24 grados positivos y proporciona oxígeno. De esta manera se genera un ambiente confortable y respirable. El aire que entra desde los motores discurre por el interior del avión y parte es expulsado al exterior a través de unas válvulas. De esta manera se renueva constantemente. Aunque volemos a 12.000 metros de altura, el sistema de presurización del avión genera una atmósfera equivalente a una altitud de 1.700 metros, algo así como si estuviera en una montaña.
En esta imagen, los parámetros del avión indican que la temperatura exterior es de -58 º C. Sin embargo el interior del avión está acondicionado a 24º. Volamos a 13.00 metros de altura (41.000 pies), sin embargo, los motores reducen esa altitud al equivalente a 1.700 metros (5650 pies).
¿Qué pasa si el sistema falla o una fuga despresuriza la cabina?
El avión deja de ser un compartimento estanco, entrará un aire frío del exterior que carece de la concentración de oxígeno requerido. Es entonces que caerán las mascarillas del compartimento superior invitándonos a ponerlas y nos suministrarán el oxígeno necesario para no sufrir de hipoxia (falta de oxígeno en sangre, células y tejidos del organismo) que puede producir daños irreversibles.
Todos los aviones comerciales disponen de unos generadores de oxígeno en los compartimentos superiores. Una vez caigan las máscaras tiraremos de ellas para iniciar la reacción química que liberará oxigeno durante el tiempo necesario para que los pilotos desciendan hasta una atmosfera respirable. Los generadores de oxígeno tienen una duración entre 15 y 22 minutos, tiempo suficiente para el descenso de emergencia que dura unos 6 minutos por lo que disponemos de oxígeno extra, recordamos que los generadores suministran hasta 22 minutos. Este exceso permite cubrir todos los escenarios posibles. Por ejemplo, si se vuela sobre los Andes o los Alpes tendremos que mantener altura durante un tiempo hasta librar los picos más altos y luego iniciar el descenso.
Una vez nivelados en esa atmósfera respirable, los tripulantes de cabina chequearán que todo el pasaje se encuentre bien y asistirán a quienes lo requieran con botella de oxígeno portátil adicional. De esta manera el vuelo continuará a destino o a un aeropuerto alternativo.
Por último, como se puede apreciar en la siguiente imagen, las mascarillas de los pilotos son notablemente diferentes ya que necesitan de un micrófono para las mantener las comunicaciones y de un visor en caso de humo.
Oxígeno Suplementario por D. Antonio Alonso Soria, Comandante de Airbus 350 | Flota de largo recorrido
Sea por las razones que sean, quizás porque forma parte intrínseca de nuestra manera de ser desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha tenido y sigue teniendo una especial querencia por las catástrofes. A finales del siglo XVIII, como explica Anthony Hallam en su libro Grandes controversias geológicas, los naturalistas no podían explicar la formación de las grandes cordilleras montañosas y de los profundos valles, mediante la observación de lo que veían que estaba ocurriendo a su alrededor. Por eso, tuvieron que recurrir a fuerzas inmensamente poderosas que debieron haber existido en algún momento del pasado.
Así, los científicos antiguos intentaron explicar la historia de la Tierra mediante una sucesión de cataclismos, incluyendo al Diluvio Universal. En principio, esta idea parecía razonable, pero el descubrimiento de la enormidad del tiempo geológico cambió las cosas. Aunque, a los considerados como principales fundadores de la geología moderna a finales del siglo XVIII y principios del XIX, James Hutton y Charles Lyell (sin olvidar al menos conocido y precursor suyo Mijaíl Lomonósov), les costó ímprobos esfuerzos que sus teorías fuesen aceptadas. Estas ideas constituyen lo que se conoce como el Principio del Actualismo Geológico, estableciendo que el presente es la clave del pasado y que las leyes y mecanismos que han regido el comportamiento de la naturaleza han permanecido invariables a lo largo del tiempo. Es decir, que desde que apareció la primera corteza de la Tierra, hace 4.500 millones de años, la formación de las montañas, la apertura y cierre de los océanos, la erosión y excavación de los relieves, el transporte de los sedimentos y su depósito en los valles, los lagos y los mares han ocurrido a la misma velocidad inapreciable que estamos observando ahora mismo. Y así ha quedado registrado en las rocas, los sedimentos, los fósiles y el hielo.
La extrema lentitud con que se desarrollan la mayor parte de los procesos geológicos (las excepciones, por su inmediatez serían las erupciones volcánicas, los terremotos, los maremotos o tsunamis y los deslizamientos de tierra) hace que su evolución sea inapreciable dentro del ciclo vital de una persona, o incluso de varias generaciones. Por eso, la mente humana tiende a asimilar mejor aquellas interpretaciones que permiten explicar algunos procesos naturales mediante cambios bruscos y rápidos. O también, si no se dispone de la información y los conocimientos necesarios, simplificarlos para reducirlos a parámetros comprensibles.
La desaparición de los dinosaurios, un proceso que no fue ni rápido ni simple
Quizás el ejemplo más ilustrativo de esta tendencia sea la extinción de los dinosaurios, esos animales que, desde el descubrimiento de sus primeros restos fósiles, siempre han fascinado a los seres humanos. Y, muy especialmente, la historia de su extinción, vinculada con el impacto de un enorme meteorito sobre la superficie terrestre. Es precisamente esta parte de la historia del planeta, sobre la que mucha gente tiene una visión imprecisa y distorsionada.
En primer lugar, debe tenerse en cuenta que, desde el principio de la vida, la cadena evolutiva se ha basado, como propuso Charles Darwin en el siglo XIX, en la extinción de unas especies que han sido sustituidas por otras, más eficientes o mejor adaptadas a las circunstancias reinantes en cada momento de la historia planetaria, mediante un proceso de selección natural. Desde ese punto de vista, la extinción de una o varias especies, que son sustituidas por otras nuevas, no representa ninguna anomalía, sino la normalidad establecida desde el principio de los tiempos.
Debe considerarse que la velocidad a la que se ha producido la evolución no ha sido uniforme
En segundo lugar, debe considerarse que la velocidad a la que se ha producido la evolución no ha sido uniforme. Como establecieron los paleontólogos Stephen Gouldy Niles Eldredge durante el último tercio del siglo XX, mientras diferentes organismos experimentan una evolución muy lenta, con cambios mínimos durante periodos muy largos de tiempo, en otros momentos la evolución sufre una aceleración, apareciendo numerosa especies nuevas en un breve intervalo. A estos periodos de eclosión de nuevas formas de vida se les denomina épocas de radiación.
También, a veces, ocurre lo contrario, y en un breve periodo tiene lugar la extinción de un gran número de organismos (extinciones masivas), como consecuencia de cambios en el clima, en los océanos o en las condiciones de vida sobre la superficie terrestre. Para comprender adecuadamente estos cambios, es imprescindible tener en cuenta que, el breve periodo de tiempo anteriormente mencionado, está referido a una escala de tiempo geológico, muy diferente de la perspectiva que tenemos desde nuestro ciclo vital humano. Es decir, que la extinción masiva de los dinosaurios, al contrario de lo que sugiere la extensa imaginería y las abundantísimas ilustraciones que existen sobre el tema, no se produjo de forma instantánea. Muy al contrario de la idea simplista y catastrófica asimilada por gran parte de la población, es decir, que al caer el meteorito, los dinosaurios fueron fulminantemente aniquilados. Sin embargo, el proceso debió dilatarse a lo largo de decenas de miles de años.
La extinción masiva de los dinosaurios, al contrario de lo que sugiere la extensa imaginería y las abundantísimas ilustraciones que existen sobre el tema, no se produjo de forma instantánea
En tercer lugar, no debe olvidarse que la relación entre la extinción de los dinosaurios y la caída de un meteorito, no deja de ser una hipótesis, muy asentada en la comunidad científica y que goza de numerosos partidarios, pero que no puede considerarse como un hecho incuestionable, es sólo eso, una hipótesis. No hay ninguna duda de que un enorme meteorito impactó con nuestro planeta en la península de Yucatán al final del periodo Cretácico, hace 66 millones de años, creando un inmenso cráter (hoy enterrado) y dejando depósitos con trazas de iridio (un elemento que es más abundante en los meteoritos que en la corteza terrestre) que pueden detectarse por todo el mundo en los sedimentos de aquella época.
Sin embargo, no todos los investigadores creen que las consecuencias climáticas derivadas de aquel impacto fueran las principales responsables de la extinción. Se sabe que 50.000 años antes de la caída del meteorito, se iniciaron intensas erupciones volcánicas en la llanura del Decán, en la India, y numerosos científicos creen que las emisiones volcánicas indujeron cambios en la atmósfera terrestre que dieron lugar al inicio de la extinción. Debe tenerse en cuenta que, desde el punto de vista de la escala de tiempo geológico, 50.000 años es un periodo muy breve y ambos fenómenos, meteorito y vulcanismo, pueden considerarse como prácticamente simultáneos. Las erupciones masivas se mantuvieron activas durante miles de años, generando extensísimas coladas de lava, numerosos aerosoles y emisiones de grandes volúmenes de gases a la atmósfera, que dificultaron la llegada de la luz solar durante milenios. Como consecuencia, de acuerdo con esta teoría alternativa, se produjo un enfriamiento con efectos mucho más severos que los posteriormente derivados del impacto meteorítico. También, otros paleontólogos creen que el declive de los dinosaurios ya se había iniciado mucho antes, en el límite entre el Cretácico Inferior y el Cretácico Superior, hace unos 100 millones de años, cuando tuvieron lugar cambios importantes en la vegetación, que pudieron repercutir negativamente en la cadena alimentaria de estos animales.
En cualquier caso, debe aclararse que la extinción no afectó a todos los dinosaurios, sino tan sólo a los de mayor tamaño, sobreviviendo los de pequeña talla. Y además, como ha ocurrido siempre, la extinción de unas especies abrió la oportunidad para el desarrollo de otras, mejor adaptadas a las nuevas circunstancias del planeta, que pasaron a ocupar los nichos ecológicos vacantes. Así pues, la extinción de unas especies supuso la eclosión de nuevas formas de vida, entre ellas las aves y los mamíferos, y muy especialmente los primates. Así pues, muy posiblemente, sin aquella extinción de los dinosaurios, hoy no estaríamos nosotros aquí.
Estos matices y puntualizaciones raramente trascienden a la opinión pública, ya que las informaciones y noticias que aparecen al respecto en los medios de comunicación suelen pivotar invariablemente sobre tres palabras: dinosaurios, meteorito y extinción, sugiriendo una versión simplista, falsamente catastrófica, que se puede resumir en un mensaje tan breve como poco adaptado a la realidad: cayó el meteorito y todos los dinosaurios desaparecieron de la faz de la Tierra.
Durante las últimas décadas, esa tendencia informativa a la simplificación y distorsión de la realidad, se ha acentuado. Así, con frecuencia se presentan fenómenos habituales y rutinarios de la evolución natural, como si fuesen hechos extraordinarios y atípicos, asignándoles gratuitamente etiquetas dramáticas y catastrofistas, como veremos en los ejemplos siguientes.
El amenazante retroceso de los hielos glaciares
Como es bien conocido, el planeta está experimentando un proceso de calentamiento que se inició hace unos 20.000 años, al final de la última glaciación. El aumento de temperatura no ha sido continuo y uniforme, sino que como ha ocurrido siempre, se han alternado periodos cálidos y fríos, tal y como se ha descrito en varios artículos ya publicados en Entrevisttas.com, como por ejemplo El cambio climático y la mecánica celeste o Mirando al cielo para entender el cambio climático. Durante los periodos cálidos, la cantidad de hielo acumulado en la superficie terrestre disminuye y por ello, en la actualidad, las lenguas de los glaciares están acusando esa tendencia regresiva, aunque sometida a las mismas oscilaciones y cambios que ha experimentado la temperatura. Del mismo modo, durante esos mismos 20.000 años, el mar ha ido aumentando su nivel, (también con las consiguientes oscilaciones) como consecuencia de la fusión de los hielos y de la dilatación del agua marina asociada al aumento de temperatura.
Esta elevación del nivel del mar suele presentarse en las noticias como una amenaza excepcional, una catástrofe inminente directamente causada por las emisiones antrópicas de CO2 a la atmósfera. Pero, en realidad, las oscilaciones del nivel marino forman parte de la más absoluta normalidad, ya que éste nunca ha sido estable, sino que ha variado continuamente, siguiendo fielmente a la evolución térmica del planeta, a lo largo de millones de años. También se suele afirmar que la elevación de las aguas que hoy se detecta, está siendo inusualmente rápida y que además, se está acelerando. Pero la realidad es (como se ha detallado en el artículo ¿Cómo detener el ascenso del nivel del mar?, también publicado en Entrevisttas.com), que la velocidad de elevación actual (aproximadamente 4 milímetros por año, según las medidas registradas por los mareógrafos en los puertos españoles) es inferior al promedio experimentado durante los últimos 20.000 años (6 milímetros por año). Es decir, que no estamos siendo víctimas de ningún fenómeno atípico ni anómalo, sino que estamos presenciando una evolución absolutamente normal.
No estamos siendo víctimas de ningún fenómeno atípico ni anómalo, sino que estamos presenciando una evolución absolutamente normal
Uno de los argumentos que con frecuencia se utiliza en los medios de comunicación (profusamente acompañado de imágenes), para apoyar el peligro que conlleva el calentamiento del planeta, es la formación de icebergs, asociando su aparición al aumento de temperatura ocasionado por las actividades humanas.
Sin embargo, una vez más, debe aclararse que la formación de icebergs es un proceso totalmente normal en la dinámica glaciar y su presencia en el océano no está relacionada con el calentamiento global. Si se forman icebergs, no es porque el hielo se esté fundiendo, sino porque tiene un comportamiento plástico y fluye lentamente, pendiente abajo, desde las cimas y laderas continentales, hacia el mar. Las imágenes espectaculares que suelen brindarnos noticieros y reportajes, donde se ven enormes masas de hielo cayendo al mar, se deben a esta dinámica. Los enormes bloques de hielo que de cuando en cuando se desprenden en la Antártida, no deben observarse como algo preocupante, ya que forman parte de la más absoluta normalidad.
De forma aparentemente contradictoria, de acuerdo con las investigaciones de Ryan Fogt, publicadas en Nature Climate en 2022, la extensión de hielo antártico tiene una tendencia positiva y está aumentando desde que en 1979 se iniciaron las mediciones por satélite. Y, lógicamente, cuanto más hielo se acumula encima del continente antártico, con más fuerza empujan las lenguas el hielo hacia el mar abierto, y más icebergs se forman. Sin embargo, a pesar de estas evidencias, es frecuente leer en los medios informativos alarmantes noticias y presagios. Quizás el ejemplo más conocido es la plataforma de hielo antártico denominada Glaciar del Juicio Final, de la cual se afirma, con gran alarma, que su fusión elevará el nivel del mar en más de un metro, lanzando una amenazadora pregunta: ¿de cuánto tiempo dispone la raza humana para detener una crisis que podría acabar con gran parte de la población en el mundo? Como ejemplo ilustrativo, la imagen adjunta reproduce la cabecera de un artículo publicado en Semana el pasado 7 de Febrero.
Estas informaciones tremendistas, sistemáticamente ocultan o ignoran que el proceso de fusión del glaciar actualmente observable forma parte de la más absoluta normalidad, ya que está teniendo lugar a la misma velocidad con que lo viene haciendo desde hace miles de años. Lo mismo puede decirse de la elevación de un metro en el nivel del mar para el futuro próximo, totalmente previsible y esperable, ya que durante el ciclo de 20.000 años ya mencionado, se ha elevado 120 metros (ver de nuevo ¿Cómo detener el ascenso del nivel del mar?, en ENTREVISTTAS).
Si la información disponible sobre las plataformas glaciares marinas y la elevación del nivel del mar nos permite verificar que no está ocurriendo nada excepcional ni anormal, los glaciares terrestres también nos aportan datos muy ilustrativos sobre lo injustificado de las alarmas que cotidianamente nos llegan desde los medios de comunicación. Como ya se ha mencionado, al disminuir la cantidad de hielo acumulado sobre nuestras montañas, las lenguas de los glaciares están retrocediendo, dejando al descubierto zonas que durante los últimos siglos o milenios habían estado cubiertas por el hielo. Y curiosamente, durante este retroceso, están apareciendo vestigios de actividades humanas que se desarrollaron en zonas que posteriormente fueron invadidas por el hielo. Este es el caso por ejemplo de la zona de Hohe Tauern, en Austria, donde están apareciendo los vestigios de yacimientos auríferos que fueron explotados por los celtas y por los romanos, que tuvieron que ser abandonados entre los siglos IV y VI d.C., al sobrevenir un periodo muy frío, conocido como Pésimo Climáticode la Invasión Migratoria, y ser la zona cubierta por el avance del hielo. El mismo tipo de información puede deducirse por la presencia de árboles que fueron atrapados por el hielo glaciar, y ahora van quedando al descubierto a medida que el hielo va retrocediendo.
Como menciona Stefan Uhlig en su libro El Cambio Climático Natural, durante los últimos siglos antes de Jesucristo, durante el periodo conocido como el Óptimo climático de la Época Romana, el retroceso de los hielos permitió construir una red de calzadas que cruzaban los Alpes, a través de puertos por encima de los 2.400 m de altura, vías de comunicación que, en siglos posteriores, tuvieron que ser abandonadas por el avance del hielo. Fue durante el inicio de ese periodo cálido, en el año 218 a.C., cuando el general cartaginés Aníbal, sus tropas y sus elefantes, pudieron cruzar los Alpes para invadir la actual Italia. En el siglo IV d.C., los romanos se retiraron de los territorios transalpinos, coincidiendo con el inicio de un periodo frío, el Pésimo Climático ya mencionado, y facilitando la invasión de los pueblos germánicos hacia el oeste y suroeste europeo. Fue en el año de 406 d.C. cuando los suevos, los vándalos, los alanos y otras tribus germánicas cruzaron el Rin, completamente helado, e iniciaron su migración hacia la Galia e Hispania.
Con posterioridad a ese periodo frío, se han sucedido hasta cuatro periodos de avance y retroceso de los hielos, bien documentados por datos históricos y la disposición de los sedimentos glaciares (morrenas), poniendo claramente de manifiesto que el clima nunca ha sido estable. Además, las evidencias arqueológicas de las épocas célticas y romanas, y también otros indicadores proxy (palabra inglesa que significa representante, y que se refiere a indicadores indirectos pero muy fiables), ponen de manifiesto que en aquella época se pudieron desarrollar actividades humanas en áreas libres de hielo. Muy posteriormente, en la actualidad, la retirada de los glaciares, ha permitido que vuelvan a aparecer sus restos. Entonces, si el actual retroceso de los glaciares ya se produjo repetidamente en épocas históricas pasadas, sin la contribución de emisiones antrópicas ya que se produjeron mucho antes del inicio de la época industrial, ¿por qué muchos se empeñan en atribuir el calentamiento actual a responsabilidades humanas, afirmando arbitrariamente que nos enfrentamos a una crisis climática?
La supuesta agonía de los osos polares
Algunas de las imágenes más icónicas a las que se recurre para ilustrar gráficamente el drama de la supuesta crisis climática que nos embarga, corresponden a los osos polares, esos animales que tienen su hábitat en la zona polar ártica. Aparte del manejo tendencioso de algunas fotografías que dieron la vuelta al mundo, como las realizadas por los fotógrafos de la ONG Sea Legacy (véase en Entrevisttas.com el artículo titulado Imágenes fraudulentas del Cambio Climático), se informa con frecuencia que el futuro de esa especie está en peligro y que su población está disminuyendo de forma alarmante como consecuencia de la disminución de los hielos.
Sin embargo, la realidad es muy diferente. Según la Administración canadiense, en ese país y su área de influencia ártica, la colonia actual de osos polares es de 28.500 ejemplares, frente a los 22.500 censados hace más de una década. Más recientemente, esta tendencia ha sido confirmada por la organización Global Warming Policy Foundation (GWPF), que ha elevado el rango de población hasta los 32.000 ejemplares. Es evidente que este aumento sería imposible si fuese cierto que el cambio climático les está cambiando su hábitat e impidiendo su alimentación. Además, debe tenerse en cuenta que la población es aún mucho mayor, ya que las cifras anteriores no incluyen a los osos que habitan en la zona polar bajo control de Rusia, mucho más extensa que la canadiense.
Este aumento de población, a pesar del aparentemente adverso cambio de las condiciones climáticas para el estilo de vida de los osos polares, tampoco debe sorprendernos. Como explica Stefan Uhlig en la obra ya citada, los huesos de oso polar más antiguos que se han encontrado, datan de hace 130.000 años, lo que quiere decir que esta especie ya existía al comienzo de la última época glacial (Würm). Desde entonces, ha sobrevivido a todos los periodos cálidos que han ocurrido, como el que acaeció hace unos 8.000 – 4.000 años (cuando las temperaturas fueron más elevadas a las actuales) u otros ciclos cálidos posteriores como el ya mencionado Óptimo climático de la Época Romana o el Óptimo climático Medieval, durante los siglos XI a XIII.
Donde no hay publicidad resplandece la verdad
Entonces, ¿por qué se presta tanta atención mediática a una especie que realmente no está en peligro? No cabe ninguna duda de que las actividades antrópicas están generando graves perjuicios a la naturaleza, y muchas especies están en riesgo grave de extinción por desaparición de su hábitat natural, por los vertidos tóxicos que contaminan el medio ambiente, por el uso indiscriminado de pesticidas y por el abuso de fertilizantes. Pero esos problemas, que afectan seriamente a la biodiversidad, no tienen nada que ver con el calentamiento global ni con el cambio climático.
No cabe ninguna duda de que las actividades antrópicas están generando graves perjuicios a la naturaleza, y muchas especies están en riesgo grave de extinción por desaparición de su hábitat natural, por los vertidos tóxicos que contaminan el medio ambiente, por el uso indiscriminado de pesticidas y por el abuso de fertilizantes. Pero esos problemas, que afectan seriamente a la biodiversidad, no tienen nada que ver con el calentamiento global ni con el cambio climático
Existen suficientes evidencias para afirmar que la evolución actual de la temperatura no tiene un origen exclusivamente antrópico y que sus causas son mayoritariamente naturales. También, existen pruebas geológicas y arqueológicas de que el planeta ha experimentado periodos cálidos similares o incluso más cálidos que los actuales, sin que esas temperaturas hayan representado ninguna crisis catastrófica. Y sin embargo, el foco mediático, sincronizado con decisiones políticas que requieren enormes inversiones y grandes sacrificios para la población (sin ir más lejos, la Unión Europea acaba de decidir la supresión de los motores de explosión para el año 2035), deja de lado graves problemas medioambientales y se centra en inútiles esfuerzos para detener una evolución climática cuya reversión no está al alcance de nuestras fuerzas.
Ante esta divergencia entre los problemas existentes y las soluciones propuestas, cabe preguntarse cuáles son los intereses que están induciendo un bombardeo mediático centrado, de forma tan insistente como preferente, en el calentamiento global, difundiendo falsas alarmas que aprovechan la querencia catastrofista mencionada al inicio de este artículo. Como ejemplo, se adjunta el titular de un artículo aparecido en el periódico La Razón el pasado 27 de agosto de 2022, donde se vaticina el fin del mundo para finales de siglo, de acuerdo con un estudio publicado en Nature.
Este tipo de informaciones, sistemáticamente, ignoran los numerosos argumentos (que casi nunca se publican o a veces son directamente censurados antes de ser publicados), que contradicen el origen antrópico del aumento de temperatura, proporcionando una visión sesgada sobre la evolución climática del planeta. Desde todas direcciones recibimos mensajes, a veces inverosímiles, induciendo a cambiar nuestros hábitos para salvar al planeta, un planeta que realmente, como tal, no necesita ser salvado. Y, como consecuencia, sigue creciendo el temor en la población ante una crisis inexistente. Viene al caso recordar aquí el famoso eslogan que popularizó la revista satírica La Codorniz en los años 60: donde no hay publicidad, resplandece la verdad.
Desde todas direcciones recibimos mensajes, a veces inverosímiles, induciendo a cambiar nuestros hábitos para salvar al planeta, un planeta que realmente, como tal, no necesita ser salvado
La última ocurrencia de los adivinadores del clima, según ha informado la prestigiosa revista National Geographic el pasado 8 de febrero de 2023, ha sido preguntar a una Inteligencia Artificial sobre la futura evolución de la temperatura del planeta, utilizando algoritmos predictivos basados en redes neuronales. Como era de esperar, la respuesta obtenida ha vaticinado que en los próximos 10 años el mundo estará 1,5ºC más caliente que antes de la Revolución Industrial, proporcionando un nuevo argumento para apoyar las conclusiones del Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Pero, sorprendentemente y de forma totalmente imprevista, la inteligencia artificial también ha diagnosticado que el calentamiento global es inevitable, ya que se seguirá produciendo independientemente del aumento o la disminución de los gases de efecto invernadero. Eso, en leguaje llano, significa que carece de sentido hacer los ímprobos esfuerzos que se están promoviendo para reducir las emisiones de CO2, porque hagamos lo que hagamos, el planeta se seguirá calentando independientemente del CO2 que se emita a la atmósfera. Casualmente, la conclusión obtenida por la sabiduría cibernética es la misma que, utilizando tan sólo la limitada inteligencia que la naturaleza y la evolución ha puesto a nuestra disposición, hemos alcanzado muchos geólogos.
En el día de hoy no es necesario teorizar sobre las diferencias entre la ley y la justicia. Tenemos ejemplos directos, evidentes, de discordancia entre ambos conceptos. Actuales leyes de gran calado e importancia social, que afectan a los perjudicados por graves delitos, tanto a nivel personal como institucional, están produciendo un resultado que se separa, con claridad, del fin que deben cumplir tales normas: la protección de la víctima y el respeto a sus bienes jurídicos protegidos. Esta es la razón de ser del Derecho Penal. No otra.
Nos encontramos en unos tiempos en los que a la ley penal se la separa de su esencia. Y la sociedad así lo siente. Es precisamente este sentimiento, este rechazo profundo, que se hunde en el ámbito emocional, aquello que pone de manifiesto cómo el Derecho no es una ciencia separada de componentes que van más allá de la norma escrita. No es preciso ser jurista para generar una opinión desfavorable al resultado que produce la aplicación de ciertas normas de reciente entrada en vigor, y es aquí precisamente donde se revela la verdadera naturaleza del Derecho.
No es preciso ser jurista para generar una opinión desfavorable al resultado que produce la aplicación de ciertas normas de reciente entrada en vigor, y es aquí precisamente donde se revela la verdadera naturaleza del Derecho.
Ya sea por impericia (mala técnica legislativa) o en el peor de los casos, de una forma intencionada, al esconder bajo términos eufemísticos una separación radical del fin de la norma penal, antes apuntado, para en su lugar generar un beneficio a los responsables de los delitos, anteponiendo los principios en favor del reo a la salvaguarda de las víctimas, las actuales modificaciones de las leyes suponen un viraje en su rumbo muy desafortunado, pues desnaturalizar la norma penal para obtener resultados impropios de ella implica que el destino que emprende el legislador le llevará a él mismo (y por extensión a la sociedad si antes no reacciona) a un puerto incierto, sumido en la oscuridad.
No se puede predicar automáticamente la justicia de la ley. Una ley será justa si su cometido, si su sentido superior, persigue el bien común y, en el caso de la norma penal, la defensa y protección de las víctimas de los delitos.
Una ley será justa si su cometido, si su sentido superior, persigue el bien común y, en el caso de la norma penal, la defensa y protección de las víctimas de los delitos
En consecuencia, cualquier norma penal que se modifique con una finalidad que no sea la de proteger a las víctimas de los delitos será una norma penal injusta. El legislador necesariamente tiene que acompasar la producción normativa con el sentir social, con el buen criterio, ser armonioso con la ética pública. En caso contrario, aquello que reviste la forma de ley no es sino una mera cobertura de intereses personales, que se imponen a la sociedad bajo una apariencia de justicia verdaderamente inexistente. Ante esta situación, los operadores jurídicos, los aplicadores de esas leyes, no pueden sino que verse compelidos a acatarlas y a subsumir los hechos en ellas, con tristes pero inevitables consecuencias, pues esa ha sido la voluntad, no de quien tiene el deber de realizar la tarea judicial, sino única y exclusivamente del propio legislador. Solo a través del buen hacer de los operadores jurídicos, en el escrutinio de los errores e imprecisiones técnicas de la ley injusta (que los hay y muy notables) es posible amortiguar el daño que se ocasiona y no consumar intenciones tan veladas como egoístas.
“La mayor de las injusticias es parecer justo sin serlo”, como decía Platón y confirmó muchos siglos después Voltaire: «el último grado de la perversidad es hacer servir las leyes a la injusticia«.
En el siglo XXI nos movemos. Miremos a los grandes pensadores, a los intelectuales que nos han precedido. Solo una revolución intelectual puede hacer cambiar esta dinámica y evitar el retorno a una edad llena de penumbras.
El debate entre la ley y la Justicia Por Diego García Paz Letrado Jefe de Civil y Penal de la Comunidad de Madrid. Académico Co. Real Academia de Jurisprudencia y Legislación
Como muchos de los lectores habituales de Entrevisttas conocen, el pasado 30 de Noviembre apareció en Tierra y Tecnología, la revista del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos de España, la primera parte del artículo titulado La Geología versus el Dogma Climático, cuyo contenido aporta datos y opiniones contrarias al origen antrópico del calentamiento global. Es necesario mencionar aquí, para poner la situación en contexto, que el artículo le fue solicitado al autor por el Colegio de Geólogos, y que fue dividido en dos partes, a petición del propio Colegio, para no exceder la longitud habitual. Su publicación provocó la inmediata reacción de un grupo de 130 investigadores, que suscribieron una declaración calificando al artículo como carente de fundamentos científicos, afirmando que utilizaba la Geología como herramienta para alimentar un decadente negacionismo a la responsabilidad humana en el actual cambio climático, y añadiendo que su publicación podría considerarse como un acto de irresponsabilidad profesional al realizarse desde un cuerpo colegiado.
A lo largo del pasado mes de Diciembre, la prensa se hizo eco de dicha declaración con llamativos titulares, como por ejemplo Un artículo negacionista difundido por el Colegio de Geólogos escandaliza a la comunidad científica (La Vanguardia, 13 de Diciembre), o Geólogos salmantinos estallan contra su Colegio por una artículo negacionista (La Gaceta de Salamanca, 20 de Diciembre). La avalancha de críticas hizo que el Colegio de Geólogos publicase en su página web un Comunicado Oficial, donde aclaraba que (como no puede ser de otra manera) el contenido del artículo representa única y exclusivamente la opinión del autor, aunque sin manifestarse sobre la publicación de la segunda parte del artículo y expresando su pesar por la confusión generada.
Ante esta situación, otro colectivo integrado por 193 geólogos y otros profesionales con dilatada trayectoria profesional, suscribieron una carta dirigida al Colegio de Geólogos, manifestando su conformidad con el contenido de La Geología versus el Dogma Climático, afirmando que el artículo estaba escrito con rigor, razonadamente y suscita un sano debate de interés en relación con el tema del Cambio Climático. Por ello, se requería al Colegio la publicación de la segunda parte, ya que su contenido había seguido los cauces de control de calidad, rigor y debate para su difusión en la revista, añadiendo además que la correlación entre el cambio climático y las actividades antrópicas no cuenta con el consenso de toda la comunidad científica.
La correlación entre el cambio climático y las actividades antrópicas no cuenta con el consenso de toda la comunidad científica
El pasado 30 de Enero, el Presidente del Colegio de Geólogos respondió a dicha carta, comunicando a quienes la habían suscrito que la Junta de Gobierno nunca tomó la decisión de no publicar la 2ª parte, ya que es el comité editorial de la revista el que toma las decisiones de publicar o no los manuscritos recibidos. En el caso de esta segunda parte del artículo, resulta que ha sido publicada en la página web Entrevisttas, y, según las normas de la revista Tierra y Tecnología, ésta tan solo publica artículos originales, por lo que no podemos publicar este artículo, que, según me indica la editora, el autor retiró antes de que éste siguiera los cauces habituales de edición y por lo tanto no se envió a revisión.
Como se menciona en la respuesta aquí citada textualmente, es correcto que la revista sólo acepte artículos originales, y es lógico que de las publicaciones se ocupe el comité editorial y no la Junta Directiva. Es cierto también que, en la fecha en que fue redactada dicha respuesta, la segunda parte del artículo había aparecido ya en la web de Entrevisttas. Sin embargo, hay otras afirmaciones que no se ajustan a la verdad:
En primer lugar, no es cierto que el artículo no siguiera los cauces habituales de edición y por lo tanto no se envió a revisión. Las dos partes del artículo ya habían sido revisadas y aceptadas cuando la primera parte fue publicada, ya que ambas fueron remitidas simultáneamente por el autor, y también simultáneamente evaluadas y aceptadas.
En segundo lugar, el autor nunca retiró de Tierra y Tecnología la segunda parte del artículo, manifestando reiteradamente su interés en que allí fuese publicada. Así se afirma en el email enviado a la revista por el autor el 18 de Diciembre, donde se dice que (cita textual): lo mejor sería publicar la segunda parte del artículo en Tierra y Tecnología, porque indicaría que el Colegio no cede a las presiones.
En tercer lugar, cuando fue tomada la decisión de cancelar la publicación de la segunda parte del artículo, ésta aún no había aparecido en Entrevisttas. Las reticencias hacia su publicación se debieron al malestar generado por la aparición de los artículos de prensa anteriormente mencionados, como se deduce del texto del email recibido por el autor el mismo 18 de Diciembre, como respuesta a su mensaje anterior, donde (también, cita textual) se le informa de que la revista no se plantea publicar la segunda parte, para no alimentar polémicas que no podemos controlar.
Quedan claros, pues, cuáles fueron los motivos por los que se decidió no publicar el artículo.
Ante esta situación, el autor propuso a Entrevisttas.com su inmediata publicación. La propuesta fue aceptada y el artículo apareció el 22 de Diciembre, es decir, cuatro días después de la notificación de cancelación recibida de Tierra y Tecnología. También es importante reseñar que, incluso después de la aparición de la segunda parte del artículo en Entrevisttas.com, el autor siguió insistiendo para que fuese publicado en Tierra y Tecnología, considerando que la audiencia y la difusión de ambas revistas eran totalmente diferentes y por lo tanto, compatibles.
Además de estas puntualizaciones, habría sido deseable que el Colegio de Geólogos hubiese dado un trato equitativo y equilibrado a los dos escritos que le fueron remitidos. Mientras que la carta enviada por los 130 investigadores, ampliamente difundida por la prensa, fue contestada mediante un comunicado oficial expuesto públicamente en la página web del Colegio, la respuesta a los 193 profesionales que apoyaron el artículo se ha limitado a un mensaje dirigido al primer firmante. Quizás, si esta segunda carta y su respuesta hubiesen tenido una mayor difusión, se habría permitido a los interesados que acceden habitualmente a la web del Colegio, conocer que una parte significativa del colectivo de geólogos y también de otras especialidades, no están de acuerdo con el manifiesto firmado por 130 investigadores.
Mientras que la carta enviada por los 130 investigadores, ampliamente difundida por la prensa, fue contestada mediante un comunicado oficial expuesto públicamente en la página web del Colegio, la respuesta a los 193 profesionales que apoyaron el artículo se ha limitado a un mensaje dirigido al primer firmante
A toro pasado, en el epílogo de los hechos relatados, no tiene sentido lamentarse. La historia ya está escrita y queda registrada de forma poco airosa para el autor del artículo, que ha sido descalificado por ir en contra de un supuesto consenso científico y de las publicaciones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de la ONU, poseedores in facto de la verdad única. En uno de los artículos aparecidos en prensa (La Voz de Galicia, 13 de Diciembre de 2022), se dice textualmente que cuesta creer que en el año 2022 todavía se cuestione que el cambio climático se debe a la actividad humana. El consenso científico en torno al origen antropogénico asciende al 99 %, el mismo que sostiene la Gravitación Universal formulada por el físico inglés Isaac Newton. Rechazar que la temperatura global sube por el aumento de los gases de efecto invernadero sería lo mismo que negar que los objetos caen hacia el suelo debido a una fuerza invisible que se llama Gravedad. Probablemente, el periodista que redactó esta brillante frase, ignore que la ley de la gravedad, tal y como fue concebida por Newton, fue modificada posteriormente por Einstein. Y que los enunciados de Einstein, de amplio consenso científico, aún están siendo debatidos, ya que no se ajustan bien a los procesos cuánticos.
Viene al caso citar a Jose Pardo Tomás, que en las conclusiones de su libro Ciencia y Censura (La Inquisición Española y los libros científicos en los siglos XVI y XVII) precisa que las prohibiciones directas de obras científicas fueron una parte menor… La existencia de una censura preventiva por parte del Santo Oficio, plasmada en las prohibiciones totales dirigidas contra los autores condenados determinó un impacto especialmente graves, y supuso mucho más que las prohibiciones directamente dirigidas a las obras científicas… Una parte muy considerable de la literatura científica europea quedó implícitamente prohibida. Más adelante, el autor cita textualmente las palabras de uno de los censores de la Inquisición: es menos inconveniente carecer de algunas curiosidades (no es sola la curiosidad utilidad) que traen algunos de estos libros, que no de ponernos a peligro de que entre el veneno de la fe con paliación de curiosidad.
Sin duda, gracias a la tecnología, los métodos que hoy se utilizan son muy diferente, pero las bases conceptuales permanecen intactas. Así, por ejemplo, la la periodista Angels Barceló, en un programa radiofónico, ha declarado recientemente que los que niegan las evidencias del cambio climático deberían ser excluidos del debate público, ya que no se trata de un intercambio de opiniones ni de diferentes puntos de vista. Ante el cambio climático ya no hay debate, y ante la provocación de los que lo alimentan, la respuesta debería ser la indiferencia… No se puede dar pábulo o altavoz a los que lo niegan. Es imposible ser más claro y más explícito.
Como ya ha mencionado el autor en un artículo anterior (Cambio Climático, Geología y Redes Sociales, Reflexiones Heterodoxas de un Geólogo Suspicaz), no es este el foro adecuado para analizar y discutir las diferentes posiciones y argumentos involucrados en esta controversia científica. Pero sí es imprescindible destacar un detalle importante que no ha sido mencionado, ni ha quedado claro, en ninguno de los documentos que, por una u otra vía, se han hecho públicos. En el controvertido artículo, no se pone en duda que el planeta se está calentando. No se niega, al contrario, que las actividades humanas están causando un deterioro en el medio ambiente del planeta y que es urgente remediarlo. Ni tampoco se discute que las actividades humanas pueden estar contribuyendo a dicho calentamiento.
Las dudas que plantea La Geología versus el Dogma Climático se refieren al porcentaje en que las actividades humanas están contribuyendo a dicho calentamiento, y si éste es o no significativo. Los datos geológicos demuestran de forma incontestable que no es el hombre quien ha originado el calentamiento actual, uno más de una larga serie de los que han ocurrido a lo largo de miles de millones de años, mucho antes de la aparición de la sociedad industrial. Hoy no está ocurriendo nada diferente de lo que ya ha ocurrido muchas veces con anterioridad, y los mecanismos que han controlado la evolución climática, a lo largo de miles de millones de años, siguen activos. Dichos mecanismos, que dependen de la mecánica celeste y de fenómenos siderales cuyo origen está situado a millones de kilómetros de nuestro planeta, no pueden ser detenidos ni revertidos por la mano del hombre. Sin embargo, la información que se transmite sistemáticamente a la sociedad por los medios de comunicación dice que el calentamiento global tiene un origen exclusivamente antrópico y que de nosotros depende frenarlo y revertirlo. Y, toda información divergente de este pensamiento único debe ser silenciada.
Hoy no está ocurriendo nada diferente de lo que ya ha ocurrido muchas veces con anterioridad, y los mecanismos que han controlado la evolución climática, a lo largo de miles de millones de años, siguen activos
Hay que reconocerlo: lo han conseguido. Porque en lugar de que la segunda parte del artículo apareciese en la publicación del órgano oficial de los geólogos de España, su publicación ha quedado limitada a una revista digital, muy digna, independiente y entusiasta, pero de menor alcance. No obstante, las lecturas que se pueden hacer de lo sucedido no son totalmente negativas. Ha quedado constancia de que existe una parte significativa de profesionales que disiente del origen exclusivamente antrópico del cambio climático, aunque sus opiniones estén minimizadas por el férreo control sobre de los medios de comunicación. Y sobre todo, al autor le queda la íntima satisfacción del apoyo recibido por un buen puñado de colegas y profesionales, algunos de ellos viejos conocidos y que estas circunstancias me han permitido volver a contactar con ellos. Y otros, que me eran totalmente desconocidos, gracias a estos avatares, puedo presumir de conocerles ahora. A todos ellos, mi más sincero agradecimiento, porque su apoyo me permite tener los ánimos suficientes para seguir intentándolo.
Cuando se trata de vestir una mesa para un encuentro familiar o de amigos, normalmente suele ser la mujer quien lleva la iniciativa o tiene mayores propuestas para preparar y decorar la mesa. Y si nos dirigimos a las redes sociales y visitamos Instagram, podemos encontrar miles de cuentas dedicadas al Arte de vestir la mesa, la mayoría de las cuales lucen mesas que están realizadas por mujeres. Sin embargo, también destacan algunas preparadas por hombres, que nos sorprenden de una forma extraordinaria.
En este artículo van a ser ellos los protagonistas, y nos demostrarán con su buen hacer y buen gusto, magníficas formas de presentarlas.
He seleccionado cuatro cuentas de Instagram, pertenecientes a chicos, a los que he pedido permiso para compartir fotos de sus mesas en este artículo, permitiéndonos ver como una bonita mesa puede ser diseñada con elegancia y buen gusto, bien sea lúdica, sofisticada, artesanal, romántica, colorida, vibrante o casual. Propuestas muy diversas que harán soñar al espectador como comensal.
La mesa, como bien sabemos, es un lugar para compartir, por lo tanto habrá que tener claro el objetivo que queramos transmitir, ya que en ella se manifestara nuestra creatividad, fantasía, gustos, ilusiones y arte.
Agitemos pues esa varita mágica, como la que tienen estos magníficos chicos que hoy nos acompañan, para lograr tan excelentes composiciones en cada una de sus mesas.
En esta imagen vemos como Julien nos sorprende con esta forma tan original de vestir una mesa, con un maravilloso plaid (término anglosajón que se refiere a una prenda que hace la función de una clásica manta de sofá o de viaje), de color azul, siempre atemporal, y con un bonito diseño.
Sobre él, salvamanteles de fibras naturales en color tostado, como contraste; copas colocadas en bonitos posavasos y mezcla de vajillas en distintos tamaños, teniendo el plato pequeño un diseño acorde al plaid, lo que le da un toque de elegancia.
En el centro, unas diminutas ramitas de verde van formando un delicado y bello camino de mesa. La decoración lateral es una maravilla que ha sido mimada en cada uno de sus detalles, con suma delicadeza. Como ese buqué de naturaleza que le da un plus de belleza a una mesa tan original como ésta.
Julien nos demuestra como una mesa sencilla puede llegar a la espectacularidad.
Siguiendo con Julien, aquí nos presenta esta mesa que evoca a la preciosa frase de John Muir En cada paseo por la naturaleza, uno recibe mucho más de lo que anda buscando. Y esto es lo que nos pasa cuando contemplamos sus mesas.
Ésta es una mesa para cuatro, con un ambiente agradable, sereno, y con unas velas que le dan gran calidez. Sus colores nos conducen a sentir paz, tranquilidad y sosiego. Usa un salvamanteles de fibras naturales y, de nuevo, esa mezcla de vajillas. Se hace evidente que, también para él, poner la mesa es todo un disfrute si te sientes libre para crearla. El mantel verde, color que asociamos con la naturaleza, la frescura y las emociones.
Con todo ello, Julien ha creado un ambiente totalmente relajado y con gran equilibrio: deja patente que todos los elementos pueden ser bellos si se saben combinar como él ha hecho.
Las copas, con relieve y de gran belleza, son colocadas sobre posavasos de ratán, detalles que no hay que olvidar a la hora de montar una mesa.
Y, como centro, una bella composición de naturaleza, con variedad de colores de diferentes tipos de plantas que, con sumo acierto, ha sabido seleccionar, y que le da un toque de buen gusto y distinción.
Aquí nos presenta una variedad de formatos de velas, entre ellas una bellísima palmatoria, pues para Julien son imprescindibles a la hora de montar una mesa, ya que con ellas se crea un ambiente mucho más cálido y acogedor.
Diminutas flores en blanco, decorando el centro de mesa entre copas blancas de cristal opaco combinan con las trasparentes haciendo una mesa entrañable y acogedora. Platos de hojas con colores pastel, acompañados con servilletas florales de tonalidades a juego.
Se combinan los posavasos de mármol con las copas trasparentes y los posavasos de ratán con las copas opacas.
Preciosas hortensias, de colores siena a ambos lados, le dan ese toque de glamour y elegancia, que con tanta sensibilidad y delicadeza ha sabido colocar.
Julien
Mesa dónde se distinguen una gran variedad de velas, tanto por sus diferentes formas, como en colores, ya que siempre en sus composiciones, ellas son las que marcan un sello muy personal.
También podemos contemplar la mezcla de diferentes estilos conviviendo en perfecta armonía entre texturas, estampados, como el del camino de mesa y los coloridos platos, servilletas de algodón, los posavasos de madera, ratán…
Un camino de mesa estampado y de colores suaves hace la vez de mantel, aunque va acompañado de unos preciosos salvamanteles, donde se ha colocado un bajoplato blanco y, sobre él, el plato principal con atractivos colores y un diseño floral que es pura belleza.
Y, por supuesto, esas decoraciones laterales, que esta vez ha realizado con unas bellísimas orquídeas de color ocre, en cesta de mimbre rústico, consiguiendo, como no, crear la atmósfera ideal para esta mesa.
Julien
Mesa ecléctica y con historia, ya que combina elementos de diferentes épocas y diferentes culturas, como son las vajillas que combinan platos modernos con maravillosos platos que pertenecían a su abuela. Recuerdos, emociones, sentimientos expresados en ella, dándole un estilo único y atemporal.
Camino de mesa, en blanco y a rayas con colores que muy delicadamente ha sabido coordinar con el bordado y orillas de las servilletas, que al mismo tiempo son acordes al maravilloso diseño floral de los platos. Individuales de seda, de color siena en contraste con el camino de mesa.
Las copas de cristal opaco en blanco y los vasos de color ámbar hacen un conjunto cromático de gran estilo con todos los elementos que Julien ha elegido exquisitamente para la composición de esta mesa.
Julien, pues, nos demuestra con gran profesionalidad, como hemos visto, esa mezcla de estilos tan variados, con unas ideas muy claras, como por ejemplo en las texturas entre lo clásico y lo moderno en las servilletas e individuales, así como también en la cristalería. Combinación de rústico y oriental, si observamos la decoración lateral, que con tanta delicadeza y acierto ha realizado.
Una comida o cena puede ser tan divertida como entrañable, teniendo mucho que ver con lo que le rodea. Y Julien, en todas sus mesas, nos lo ha demostrado.
Daniel nos presenta una mesa llena de historia, de recuerdos, de una época llena de vivencias que marcaron un antes y un después, momentos inolvidables que se quisieran volver a repetir, aunque sólo fuese por breves minutos.
Los reúne en esta mesa, con ese mantel bordado por su tía M. Carmen, con tanto cariño como belleza hay en él, para el ajuar de su madre. Y con esa legumbrera de época y que se guardaban para fiestas u ocasiones especiales, al igual que la vajilla, que ha podido recuperar y que tantas veces pudo disfrutar con todos los suyos. Así como la cristalería y cubertería, modelos y estilos marcados por una época que Daniel nos presenta en esta tan entrañable y maravillosa mesa.
Como él mismo nos recuerda, el poema de William Wordsworth: Aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba, de la gloria de las flores, no debemos afligirnos, porque la belleza subsiste en el recuerdo.
Cuando se tiene claro el objetivo que se quiere alcanzar a la hora de montar una mesa, ya se tiene mucho avanzado, como le ha pasado a Daniel en esta composición.
Le regalaron estas rosas poliyantha, especie nativa de Asia que produce mucha floración. Son rosas modernas de jardín que resultaron del cruzamiento entre dos especies, y que aparecieron por primera vez en Francia en el siglo XIX junto a los híbridos de té. Y en ellas se basó para realizar esta mesa.
Mantel y jarrón blanco para realzar y darle el protagonismo a tan bonitas rosas, haciendo que se destaque de mayor manera ese color empolvado que nos recuerda las meriendas de María Antonieta.
Vajilla antigua que colecciona piezas con historia, al igual que la cristalería desparejada de antepasados, y una magnífica cubertería que nos dan como resultado una mesa romántica, floral y con historia.
Daniel
Una mesa tan original como ecléctica, por todo lo expuesto en ella. Se basa en los tonos de la vajilla, cuyo dibujo es un espectacular y magnífico dragón diseñado por Christian Lacroix para Vista Alegre.
La presenta con un mantel popular acompañado por unas preciosas servilletas de encaje y con un divertido contraste de colores entre ellos, como podemos comprobar también con la preciosa cristalería con filo de oro. El bajo plato de esparto coordina a la perfección con el resto de los elementos.
La cubertería es del siglo XXI en contraste con los platitos de pan que pertenecen al siglo XIX, lo que le da un mayor plus de glamour a la mesa.
Y, como decoración, un bellísimo jarrón de opalina rosa, al que le ha añadido unas preciosas margaritas lilas.
Daniel ha sabido jugar muy bien la combinación de todos sus elementos, tanto en texturas como en colores.
Todo un verdadero arte en la exposición sobre esta mesa, tan llena de detalles, como la bailarina que contemplamos en la parte central de la imagen al fondo.
Destacan un juego de cóctel de estilo clásico y una espectacular jarra de plata, a juego con la sopera.
Y, como decoración central, un delicado y bello ramillete de margaritas amarillas y blancas.
Muchos opinamos que no hay mayor belleza que la de las antigüedades. Por ejemplo, una mesa muy a los años 20, de un estilo Art Deco. Este estilo, fue un movimiento de diseño popular entre los años 1920 y 1939, que influyó mundialmente tanto en la arquitectura, como en la moda, la pintura o la escultura. Aquí Daniel ha sabido trasladarnos muy bien a esa inspiración en esta mesa.
Daniel Pla
Poner una mesa, preludio a un encuentro, con el objetivo de recibir a familiares o amigos, es toda una ceremonia y un gran placer. Mientras se va a la búsqueda de los tesoros que se tienen en la alacena, para crear la atmósfera ideal en la mesa que queremos compartir, se experimentan momentos de gran disfrute.
Daniel, gran amante de la Cartuja de Sevilla, nos presenta esta mesa desmantelada, pero de una gran belleza, con una vajilla de edición limitada (una de sus preferidas) para compartir con inmensa alegría con sus invitados.
Platillos plateados de pan, una bonita cristalería tal como la cubertería que, con tanta elegancia, ha elegido para la ocasión.
Mesa floral, con un centro realizado con varios jarrones de azucenas, cuyo color hace que se realcen mucho más en el entorno que les rodea. Y, para darle un toque de mayor calidez, unas velas sobre candelabros de plata. Exquisito.
Olivier nos presenta en esta mesa una maravillosa combinación de tonos azules. Empezando por el mantel, ya que a partir de éste se irá teniendo claro que tipo de vajilla iremos a colocar. Teniendo esto claro, lo demás irá saliendo sólo.
Mantel azul cobalto adamascado que se convierte en un bello telón de fondo para una vajilla tan divina como la que ha elegido Olivier. Una vajilla también en azul, gama del mismo color pero de gran acierto.
Mesa de desayuno o merienda, cuidada con mimo, con los elementos necesarios que se van a utilizar, como la taza de té con su cucharilla, su bol para el yogur y unos arándanos, un plato con las torrijas (o lo que se vaya a comer) y un plato con su cubierto.
Y, cómo no, el detalle de una bonita lamparilla, a juego con los azucareros y la tetera, hace que esta mesa sea toda una delicia.
Olivier María de Molina
Mesa para dos sobre mantel en blanco, cual lienzo sobre el que crear la obra de arte que en ella se quiera expresar, como ésta que Olivier nos ofrece, haciendo que la vajilla sea la protagonista.
Una preciosa vajilla antigua de porcelana inglesa, a juego con la servilleta, sobre bajoplato de cerámica, con cubertería desparejada, acompañada por unas copas para el vino y el agua.
Un ciclamen con flores blancas, la decoran en un lateral, así como una botella de vino sobre un bonito posabotellas de plata, unos saleros también de plata y una jarra de cerámica para el agua que, junto con la cazuela con una deliciosa comida, hacen que sea tan entrañable como cautivadora.
Mesa redonda para cuatro, cuya ventaja es que favorece la charla entre los comensales, ya que todos se pueden ver las caras facilitando, de esta forma, una mejor comunicación.
También Olivier, eligió mantel blanco, y optó por la misma vajilla colocando el plato hondo, sobre el plato llano. Bonitos platitos de pan de plata, y con cubertería desparejada, pero de gran exquisitez en su combinación. Servilletas bordadas y con vainica. Los saleros, de plata.
Como centro una lámpara, decorada al pie de la misma por detalles en verde y rojo.
En ella, vemos la personalidad de Olivier como creador, ya que ha desarrollado una atmósfera que será el disfrute de todos sus comensales.
Olivier
Desayuno o merienda para dos, con individuales sobre mantel en blanco. Mesa sencilla y cálida, donde reina la artesanía.
Se presenta una mezcla de elementos antiguos y modernos, como la bonita tetera de plata, el azucarero en dorado, la cafetera y la lechera de porcelana blanca y un elegante plato de plata para la mermelada. Elementos necesarios para encuentros como estos.
Y, cómo no, ese toque de elegancia que le aportan tanto la vajilla, en blanco y coral, como los cubiertos, creando un ambiente elegante y distinguido.
Una bonita orquídea en la parte lateral, acompaña como complemento a tan selecto desayuno o merienda.
Olivier María
El arte de vestir una mesa, aunque sea para uno mismo, es algo que se debe hacer también con mimo y mucho cariño.
No importa que sea una mesa para celebrar un aniversario o que no haya invitados. Muchas veces nos encontramos solos en el almuerzo o la cena y… ¿acaso no nos merecemos una mesa con todo su esplendor? Una mesa bonita nos proporcionará inspiración para el alma, y alegría de vivir.
Ya que disfrutar de una hermosa mesa, como de las mejores vajillas y cristalerías, no debería ser reservado para ocasiones extraordinarias, sino para hacer extraordinarias las comidas ordinarias. Como esta mesa que es todo un festín.
Bello contraste del mantel azul con la vajilla. Destacan los saleros y jarra de plata, y los cubiertos dorados, junto con una original lámpara de mesa. Y porque no, con un cava para celebrar la vida con uno mismo.
Evandro viste una mesa con mantel blanco, donde la protagonista es una hermosa vajilla de loza con flores, en la que se colocan tanto el plato llano como el hondo sobre bajoplato de cristal transparente.
Platitos de pan con cuchillo de mantequilla, en los que también ha añadido, además del pan, un croissant.
En Francia tienen la peculiaridad de poner los cubiertos en la mesa con el tenedor con las púas hacia abajo, así como la cuchara también con la concavidad hacia abajo. Cada cultura tiene sus propias particularidades a la hora de vestir una mesa, y debemos admirarlo y respetarlo ya que esta es la primera norma de educación.
Los detalles marcan la diferencia, como los puestos de mesa plateados con el nombre de cada comensal, o las diminutas figuritas de porcelana, las velas bajas o el precioso candelabro como centro de mesa. Además, ha colocado unos pequeños jarros de cristal con flores en consonancia con el estampado y los colores de la vajilla.
Se completa con copas de agua y vino de cristal trasparente.
Evandro
Arte y belleza la que se expone en esta mesa, realizada sobre un mantel blanco con bordado de seda también de color blanco.
Bajoplato plateado y sobre él, plato llano con borde dorado y cenefa azul cobalto, plato de postre de la misma vajilla y, sobre éstos, plato con filo dorado y cenefa azul, cuyo diseño es un ramillete de frutas.
Como centro de mesa se ha colocado un distinguido frutero de porcelana cuyo pie está formado por unos angelitos sosteniendo el plato para la fruta que pertenece a la vajilla, y donde se ha dispuesto una variedad de frutas muy elegantemente distribuidas. Esta decoración con frutas ha ido perdiendo su tradición, ya que antiguamente se hacía de esta forma en los palacios, pues era algo muy caro e incluso exótico.
Pequeños angelitos por doquier, platillos de pan con bols también plateados, sitios de mesa con el nombre de cada comensal, salseras de la propia vajilla, y reposa cubiertos de cristal completan una distinguida y elegante mesa.
Evandro
Esta es una mesa donde la vajilla, con todos sus elementos, es la protagonista. Sobre un espléndido mantel blanco brocado, podemos ver una preciosa vajilla de porcelana de Limoges pintada a mano.
Destaca una legumbrera de la misma vajilla sobre una rabanera (una fuente o plato de forma oval de distintos tamaños, que forman parte de una vajilla y que principalmente se utilizaban para servir entremeses fríos).
Le acompañan unas refinadas servilletas bordadas, una distinguida cristalería desparejada, y unas figuras de porcelana decorando el centro de la mesa, al igual que un jarro con flores blancas.
El resultado es una mesa muy sobria y elegante.
Evandro
Esta es una bonita mesa para una cena romántica, que utiliza un mantel blanco y servilletas bordadas, bajo plato plateado y una original vajilla de porcelana francesa vieux-París. Las copas son desparejadas ya que cada una pertenece a distinta cristalería; la de licor, de color verde. Evandro ha sabido combinar a la perfección esa mezcla de elementos, con clase y distinción.
Candelabros de plata con velas color violeta a juego con los perfiles de las flores de la porcelana.
Como decoración central una madera circular de color caoba. En ella podemos observar una sopera de la vajilla, una sopera individual que de forma muy original Evandro ha utilizado como macetero, con una bonita planta simplemente verde; y otra sopera más diminuta tras la figura de porcelana del músico tocando el chelo. Además de unas orquídeas blancas, haciendo que sea un atractivo y espectacular centro de mesa.
Evandro
Elegante mesa para una noche romántica en azul y blanco, como Evandro la presenta. Sí, en azul como los pigmentos que dominaba Murillo.
Mantel azul, servilletas con encaje en blanco como contraste, unos bajo platos plateados, con los platos llanos de la vajilla de Limoges pintada a mano, que en otra de sus mesas ya presentamos, y platos con borde dorado y cenefa azul con aves en el centro, creando una distinguida composición.
Destacan el salero con cucharilla en color azul cobalto y una cristalería, cuya combinación de copas de cristal con otra en azul le dan ese toque de elegancia y belleza.
Evandro ha colocado varios detalles con suma delicadeza: una botella de aceite de cristal tallado para servirse de forma personal, unos reposa cubiertos y unas nueces por doquier.
El centro de mesa se realiza sobre una bandeja de plata, con un jarro de cristal tallado, y unas azucenas en blanco. Además de unos candelabros de plata con velas de color violeta, complementados con bonitos portavelas, en la parte más baja, y unas figuras de porcelana también en blanco.
La mesa está servida para disfrutar.
El mundo está lleno de pequeñas alegrías: el arte consiste en saber distinguirlas
Debo empezar este artículo con un agradecimiento a Carmen Yebenes, el alma de este blog de Entrevisttas. Gracias a su invitación, a veces a su cariñosa insistencia, me ha sacado de la pereza. Ha conseguido enredarme para publicar algo que pudiera interesar a aquellos que se sienten atraídos por la aviación.
Como piloto podría hablaros de muchos temas técnicos con los que os aburriría solemnemente: el sistema hidráulico, la presurización, el vuelo automático, los ordenadores de vuelo… Sin embargo, vuestros comentarios validan de nuevo el dicho de que una imagen vale más que mil palabras exceptuando, claro está, las palabras de nuestros poetas y novelistas: Lorca, García Márquez, Antonio Muñoz Molina, Javier Marías, Cela… muy capaces de arruinar el refrán con su indescriptible narrativa.
En anteriores entradas al blog he incluido algunos vídeos, siendo los mejor valorados aquellos en los que aparecen escenas reales de vuelo. Me ha sorprendido positivamente algún comentario de quienes manifiestan haber perdido parte de su miedo a volar, tanto en cuanto el haber visto el trabajo relajado en cabina de vuelo les ha contagiado. La realidad dista mucho de los estereotipos de las películas sensacionalistas en que la tripulación aparece enganchada a los mandos intentando salvar el avión.
La fobia a volar es una reacción exagerada de la amígdala (alojada en el cerebro) que nos provoca ansiedad. Reaccionamos de manera irracional ante un hecho cotidiano. Si queremos superar nuestros miedos debemos exponernos paulatinamente a ellos y de esta manera conseguiremos disminuir el exagerado nivel de alarma.
Para ayudaros a enfrentaros a vuestro próximo vuelo os presento este video que se ajusta a la realidad, la manera relajada y tranquila con que las tripulaciones realizan su trabajo. Quizás si lo visualizáis antes del próximo viaje podréis reemplazar el pensamiento negativo por el positivo.
Por ello, el artículo de hoy es más bien el preámbulo de un video que refleja el ambiente real en cabina. Aún con turbulencia la situación es la misma, aunque para algunos ese balanceo les resulte incomodo.
Mauna Loa en el idioma nativo de las islas significa montaña larga. Su lava es muy fluida y pobre en sílice, por lo que las erupciones tienden a ser efusivas, muy fluidas y no explosivas y las pendientes del volcán no son muy pronunciadas. El volcán ha estado en erupción por lo menos durante los últimos 700.000 años, y puede haber emergido sobre el nivel del mar hace unos 400.000 años. El magma del volcán proviene del punto caliente mantélico de Hawai, que fue también responsable de la formación del resto de la cadena de islas hawaianas a lo largo de decenas de millones de años. La lenta deriva hacia el noroeste de la placa del Pacífico llevará Mauna Loa fuera del punto caliente dentro de unos 500.000 años, en cuyo momento el volcán se extinguirá como les ha pasado a los volcanes que formaron el resto del archipiélago hawaiano y empezará la formación submarina de una nueva isla.
Mauna Loa es uno de los cinco volcanes (junto con Kohala, Hualalai, Kilauea y Mauna Kea) que ha formado, con sus erupciones, y a lo largo del último millón de años, la isla de Hawai. Son volcanes en escudo, activos durante todo el Cuaternario, con un volumen total expulsado de materiales volcánicos que se estima de unos 75.000 km³. Mauna Loa es considerado el volcán más grande de la Tierra en términos de volumen y superficie. Su cumbre se sitúa a 4.170 m sobre el nivel del mar. Se dice que este volcán es la montaña más alta del mundo porque su base se sitúa sobre la llanura abisal del Pacífico a unos 5.000 m de profundidad, por lo que su altura total sería de unos 9.170 m, mayor que la del monte Everest.
Se dice que este volcán es la montaña más alta del mundo porque su base se sitúa sobre la llanura abisal del Pacífico a unos 5.000 m de profundidad, por lo que su altura total sería de unos 9.170 m, mayor que la del monte Everest.
La erupción, hasta ahora, más reciente del Mauna Loa se había producido el 24 de marzo de 1984 prolongándose hasta el 15 de abril de aquel año. El 28 de noviembre de 2022 entró en erupción nuevamente. Aunque las erupciones recientes del volcán no causaron víctimas mortales, las de 1926 y 1950 destruyeron varias aldeas, y la ciudad de Hilo se construyó en parte sobre los flujos de lava de finales del siglo XIX. Desde 1912 el volcán ha sido intensamente vigilado por el Observatorio Volcanológico de Hawai perteneciente al Servicio Geológico de los Estados Unidos (U.S.G.S. por sus siglas en ingles). La erupción actual, activa hasta el 10 de Diciembre de 2022, se produjo a lo largo de una fractura de un kilómetro de largo, conocida como Northeast Rift Zone. Por esta fisura (figuras 1 y 2) se emitió una lava muy fluida a unos 1.100 grados de temperatura.
Figura 1.-Vista aérea de la fractura abierta en el “Northeast Rift Zone” de Mauna Loa. Fuente. U.S.G.S. United States Geological Service.
Figura 2.-Vista aérea de la salida del magma por la fractura abierta en el “Northeast Rift Zone” de Mauna Loa. Fuente. U.S.G.S. United States Geological Service.
Mauna Loa, observatorio N.O.A.A. y los registros del CO2
Además de las observaciones volcanológicas, en la ladera que da acceso a la cumbre de Mauna Loa se toman numerosos datos de la atmósfera y, sobre todo, de las concentraciones de gases de efecto invernadero (G.E.I.) así como distintas observaciones solares. Todo este trabajo de investigación se realiza desde dos instalaciones científicas (figura 3) situadas cerca de la cumbre del volcán, a 3.500 m de altitud y a unos dos kilómetros y medio al Noroeste de la fisura, operadas por la National Oceanic and Atmospheric Administration (N.O.A.A.).
El Observatorio de Mauna Loa es la estación de medición de CO2 más antigua en funcionamiento: sus mediciones fueron iniciadas por Charles David Keeling en 1958. En aquellos momentos se consideró que su situación geográfica era muy propicia para la medición de gases en la atmósfera. En efecto, Hawai se sitúa en medio del Océano Pacífico a unos 3.800 km de la costa oeste de Norteamérica, a 6.500 km de Japón y a unos 8.000 km de Australia. Su elevada posición sobre el nivel del mar, hace que sus sensores se sitúen muy lejos de la zona baja de la atmósfera terrestre, la más contaminada. Además, su ubicación remota y las mínimas influencias de la vegetación y la actividad humana, se considera que la atmósfera sobre el observatorio es una representación fidedigna de lo que se podría llamar la Atmósfera media del planeta. Aunque, como suele ocurrir, no todo es perfecto, y la presencia de erupciones volcánicas como la que ahora está ocurriendo, representan su talón de Aquiles, pues la atmósfera del entorno del volcán queda alterada por sus emisiones gaseosas cuando éste entra en erupción, por lo que durante esos periodos deben suspenderse las medidas de datos meteorológicos, especialmente las que se refieren a las concentraciones atmosféricas de CO2.
Figura 3.- Cartografía de las emisiones de lava desde el cráter de Mauna Loa (Hawai). En morado se observan las lavas de erupciones anteriores a los años 80 del siglo XX. En rojo las fracturas abiertas en el “Northeast rift zone” por donde se produjo la erupción actual. El observatorio N.O.A.A. se sitúa a unos 2.500 m al Noroeste de la actual erupción. Fuente. U.S.G.S. United States Geological Service.
En este caso, además, la erupción de Mauna Loa ha cortado la carretera de acceso y las redes de suministros de energía a estos observatorios, interrumpiendo todo el trabajo y, entre otros, los registros de CO2. Debe tenerse en cuenta que la serie de registros anuales de CO2 de Mauna Loa es la más importante, más larga y continua de todas las series de las que se dispone ya que contiene datos desde finales de los años 50 del siglo XX. La información de este observatorio está considerada como la serie de referencia mundial para medir la concentración atmosférica del gas al que, supuestamente, se le considera como principal responsable del calentamiento global que está experimentando el planeta.
En artículos anteriores, también publicados en Entrevisttas.com, se ha discutido y analizado la incompleta relación causa-efecto que, a lo largo del tiempo, existe entre el contenido atmosférico de CO2 y la temperatura, sugiriendo que el ciclo actual de calentamiento forma parte de un proceso natural que se inició hace unos 20.000 años, al final del último máximo glacial. Y, además, dicho proceso representaría simplemente un episodio más de una larga serie que viene sucediéndose desde hace millones de años. Uno de los puntos álgidos del debate que hoy se plantea sobre el cambio climático es, precisamente, la comparación entre las observaciones que actualmente nos permite la tecnología con los datos sobre el pasado de nuestro planeta que han quedado registrados en el hielo, las rocas y los sedimentos. Y, dentro de este debate, las series de valores atmosféricos registradas en el observatorio de Mauna Loa juegan un papel fundamental.
El calentamiento global ha producido, y lo seguirá haciendo, cambios en el clima de las distintas zonas de la Tierra. Pero esos cambios serán diferentes según las latitudes y circunstancias de cada zona. Y se producirán de forma lenta, no catastrófica, de acuerdo con la dinámica geológica global ya establecida desde antiguo. En la interpretación de la historia de la Tierra y de los fenómenos geológicos, el gradualismo se impuso al catastrofismo ya hace siglo y medio. La tendencia actual al catastrofismo climático, el infierno climático, la emergencia climática y la histeria climática no está justificada, salvo por un dudoso interés en mantener a la población en estado de ansiedad. Por otro lado, como se expondrá más adelante, no está clara la relación entre porcentaje de gases de efecto invernadero (G.E.I.) en la atmósfera y la temperatura media global. Las medidas realizadas en el observatorio de Mauna Loa han permitido conocer la evolución de la concentración de CO2 en la atmósfera, poniendo de manifiesto el ritmo de aumento a lo largo de las últimas décadas.
El calentamiento global ha producido, y lo seguirá haciendo, cambios en el clima de las distintas zonas de la Tierra. Pero esos cambios serán diferentes según las latitudes y circunstancias de cada zona. Y se producirán de forma lenta, no catastrófica, de acuerdo con la dinámica geológica global ya establecida desde antiguo.
Este aumento de CO2 se representa gráficamente mediante la mundialmente conocida como Curva de Keeling (figura 4).
Figura 4.- Evolución de la concentración de CO2 (partes por millón, p.p.m.) en la atmósfera conocida universalmente como Curva de Keeling.Fuente. N.O.A.A. National Oceanic and Atmospheric Administration (U.S.A.).
La última lectura hecha en Mauna Loa, el 28 de noviembre de 2022, registró una concentración de CO2 en la atmósfera de 416.87 ppm. A partir de aquí se han interrumpido las medidas dado que la atmósfera alrededor del observatorio estaba afectada por las emisiones de la actual erupción que exhala cantidades ingentes de SO2, SO3, CO2 y otros gases volcánicos. Además, como consecuencia de las coladas de lava, aún no se sabe cuándo podrán reanudarse las medidas habiendo quedado la serie temporalmente interrumpida.
De hecho, no es la primera vez que la lava empieza a brotar en la ladera norte del volcán. Allí se registraron 5 erupciones durante la segunda mitad del siglo XIX y 3 erupciones más en el siglo XX. Durante la última de ellas, la ya citada de 1984, el observatorio estuvo meses sin poder registrar mediciones, hasta que se instaló un nuevo generador. Esta vez ha ocurrido algo diferente, ya que el foco de la erupción está relativamente cerca de las instalaciones (figura 3) y, por lo tanto, la actividad volcánica ha obligado a la evacuación del Observatorio por la interrupción del suministro eléctrico, paralizando el trabajo científico del centro. Desde la tarde del lunes 28 de Noviembre no se están registrando datos. Según ha declarado Edward Dlugokencky, responsable de la medición de gases de efecto invernadero del Laboratorio de Monitorización Global, del que depende el Observatorio de Mauna Loa: Nuestro sistema de análisis y el equipo asociado de control de gases y adquisición de datos necesitan electricidad para funcionar, así que están parados. Incluso con energía, pero sin acceso por carretera, algunos de los instrumentos se acabarían obstruyendo y deteniendo.
Por ahora, los flujos de lava no ponen en riesgo los instrumentos, las instalaciones, ni tampoco las poblaciones locales. Aun así, el Servicio Geológico de Estados Unidos mantiene el nivel de alerta roja en toda la isla. Además, advierte de que las erupciones en la zona suelen ser muy dinámicas y los flujos de lava pueden cambiar de dirección con rapidez. El científico Ralph Keeling (hijo de Charles David Keeling y responsable de mantener la Curva de Keeling) ha declarado que: la situación es muy preocupante, ya que es una gran erupción y está en un mal lugar, así que no se va a volver a la normalidad durante meses. De acuerdo con este científico deberá pasar mucho tiempo para demostrar que los datos, a partir del cese de la erupción, son comparables con los anteriores y el trabajo se va a extender durante algunos años.
¿Se verán afectadas las medidas del CO2 atmosférico?
Una importante cuestión, que preocupa a la comunidad científica sobre lo que ocurrirá cuando finalice la erupción, es saber qué pasará con los registros cuando el funcionamiento de los equipos quede restablecido. La variación de la concentración de CO2 en la atmósfera es un dato que sustenta la teoría del origen antrópico del calentamiento global, como consecuencia de las actividades humanas (especialmente las industriales) desde finales del siglo XIX. Teniendo en cuenta que el dióxido de carbono es uno de los gases que emanan del volcán en grandes cantidades y, dado que la erupción está muy cercana al observatorio, los instrumentos recogerán un rápido incremento del CO2 y realizarán medidas incorrectas de los valores de fondo de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Edward Dlugokencky ha señalado que si el sistema de análisis estuviese funcionando, registraría un aumento del dióxido de carbono cuando el viento soplase desde el lugar de la erupción. Sin embargo, cuando el viento soplase en otras direcciones, en principio, las mediciones no se verían afectadas.
Pero, en realidad, esta declaración no deja de parecer simplemente voluntarista porque, después de la interrupción, será imprescindible volver a calibrar los equipos y depurar las mediciones del período de tiempo afectado por la erupción que, además, no será exclusivamente la etapa efusiva del volcán, sino también todo el periodo posterior hasta alcanzar la calma total, durante el que se siguen emitiendo gases mientras se enfría, lo que puede durar meses o años. Un ejemplo reciente, en nuestro país, es el volcán Tajogaite de la Isla de la Palma que, transcurrido un año del cese de la erupción, sigue expulsando gases al exterior y permanece aún muy caliente. Todavía hoy siguen cerradas a los vecinos las zonas de Puerto Naos y La Bombilla por un exceso de CO2 en el ambiente.
Por otra parte, se considera que, si se produjeran estas alteraciones, tendrían un efecto puntual, sin consecuencias en las mediciones generales del Observatorio de Mauna Loa, puesto que éste no mide las concentraciones locales de CO2, sino la llamadaconcentración de CO2 de fondo. Es precisamente por esto que está situado en lo alto de este volcán y en el medio del océano, precisamente para evitar la mayor parte de las interferencias y de las fuentes locales de contaminación. Además, el observatorio ha estado equipado y especialmente preparado desde el inicio de sus actividades para detectar alteraciones producidas por emisiones locales, como las de una erupción, y corregirlas en sus registros. Según E. Dlugokencky: Lo que más interesa medir en Mauna Loa es la concentración de CO2 de fondo, en la que podemos ver los efectos de las emisiones de gases de efecto invernadero que han tenido lugar a miles de kilómetros del observatorio y, en el caso de una fuente local de emisiones como una erupción en el volcán, es bastante fácil detectar las desviaciones en las mediciones en función de la dirección del viento. De hecho, es lo que hicimos ya durante la erupción de 1984”. Nuevamente, podrían calificarse estas declaraciones como excesivamente optimistas y voluntaristas.
Afortunadamente, además de las medidas de Mauna Loa, existen otros observatorios a escala global que realizan medidas de CO2, por lo que la continuidad de los datos está asegurada. Uno de ellos es, el Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, perteneciente a la Agencia Española de Meteorología (AEMET), un emplazamiento que presenta muchas similitudes con el Observatorio de Mauna Loa. En efecto, también dedicado a medir los gases atmosféricos, está situado en una posición oceánica, la isla canaria de Tenerife (relativamente cercana, eso sí, al desierto del Sahara), muy cerca de la cumbre del volcán más grande de España (Teide), a una altura de 2.367 metros, cerca de áreas afectadas por erupciones recientes. Cuando en 2021 se produjo la erupción del volcán de La Palma, a 140 km de distancia, la investigadora Omaira García Rodríguez señaló que se registraron incrementos de hasta 75 partes por millón (ppm) de forma puntual cuando la nube de dispersión volcánica impactó el observatorio, valor que supone casi 10 veces la variación estacional de nuestra región (8 ppm), y casi 40 veces la tendencia de crecimiento interanual global de aproximadamente 2 ppm. En la misma línea, la investigadora subrayó que: A escala local o regional y durante periodos muy cortos de tiempo, las concentraciones de CO2 observadas sí se pueden modificar de una forma apreciable debido a las contribuciones de las emisiones volcánicas. En la figura 5, se recogen los datos de la gráfica de Keeling del observatorio de Izaña y su comparación con los obtenidos en Mauna Loa. Aunque los datos presentan pequeñas diferencias, las curvas en general son muy parejas por lo quela continuidad de la serie de datos está asegurada. Las ligeras variaciones entre los dos observatorios pueden verse en los datos recogidos en la Tabla 1.
Figura 5. Concentración media mensual de CO2 en p.p.m. medidas en los Observatorios de Izaña (rojo) y Mauna Loa (negro) bajo condiciones de fondo y datos desestacionalizados (azul y verde, respectivamente) de cada estación (Curva de Keeling). En la imagen ampliada se aprecia como el ciclo estacional de IZO tiene una ligera mayor amplitud y presenta un ligero desfase con respecto al de MLO, aunque ambas tendencias son idénticas. Fuentes: N.O.A.A. National Oceanic and AtmosphericAdministration (U.S.A.) y A.E.MET. Agencia Española de Meteorología.
Tabla 1. Incremento medio anual de la concentración de fondo de CO2 (ppm/año) en los observatorios de Izaña (IZO) y Mauna Loa (MLO) para las últimas cuatro décadas.
A pesar de las desviaciones que puntualmente pueden observarse entre los datos de ambos observatorios (como por ejemplo para el intervalo entre 1984 y 1993, que llega al -7,94 %), la similitud de los valores promedio observados entre dos lugares tan distantes del planeta, ofrece garantías sobre la representatividad de las medidas. Además, las tendencias idénticas registradas en ambos observatorios (dos rectas con idéntica pendiente, ver Figura 5) sugieren la disponibilidad de una visión realista de la evolución actual del contenido atmosférico de CO2.
A la vista de ambas curvas nos permitirnos hacer un inciso para explicar el aspecto sinusoidal de los datos, en ciclos anuales, con picos máximos alrededor de mayo y mínimos en noviembre. Estos ciclos anuales tienen que ver, en primer término, con el comportamiento de la masa vegetal mundial que, en el hemisferio norte, absorbe durante su crecimiento mucho CO2 entre abril y agosto, como consecuencia de la fotosíntesis creadora de tejidos vegetales. En el período frio, las plantas pierden su follaje, que se descompone y devuelve CO2 a la atmósfera. Este ciclo sinusoidal anual también tiene que ver con la solubilidad del CO2 en el agua del mar, dado que el mar es el mayor almacén de CO2 disuelto del que dispone nuestro planeta. Así la solubilidad del CO2 en el agua fría invernal (a 10 ºC) puede llegar a los 3,5 gr por litro, mientras que en las aguas calientes veraniegas (a 25 ºC) es de 1,3 gr por litro. Así pues, anualmente, se disuelven y se emiten, sucesivamente, unos 2,2 gr por litro de CO2 por año, que contribuyen a este aspecto sinusoidal de los datos, aunque otras interacciones son también posibles y están aún poco estudiadas. La gráfica es, por tanto, el resultado de múltiples interacciones del CO2 con la materia vegetal, los océanos, la lixiviación de las rocas silicatadas de la corteza terrestre (de este aspecto más geológico se tratará en un próximo artículo), la formación primaveral de fitoplancton marino, etc. Es interesante también aclarar, contradiciendo algunas informaciones y para evitar falsas alarmas, que como consecuencia del incremento del CO2 en la atmósfera, el agua del mar no se está acidificando, ya que, independientemente de la cantidad de CO2 que haya en el aire, en el agua sólo se puede disolver aquella que dicta la curva de solubilidad del gas. Aunque sea cierto que la mayor parte del CO2 disuelto en el agua del mar está en forma de ácido carbónico, se trata de un ácido débil de formula CO3H2 (CO2 + H2O). Además, en todo caso, se estaría produciendo el efecto contrario y la acidez estaría disminuyendo, ya que, al aumentar la temperatura del agua, disminuye el producto de solubilidad del CO2 (como se ha mencionado anteriormente), y por lo tanto la presencia de ácido carbónico también estaría disminuyendo.
¿Qué representa la concentración de CO2 en la atmósfera?
La última medida del observatorio de Mauna Loa antes de la reciente erupción fue de 416,87 ppm. Pero, ¿qué representa esta lectura? ¿Es mucho o es poco? ¿Es un valor anormalmente elevado en comparación con épocas anteriores de la historia del planeta? Para tener una primera idea del significado de ese dato, debe mencionarse que el porcentaje de participación que representan esas partes por millón en el volumen atmosférico es, escasamente, algo más de cuatro centésimas por ciento, exactamente el 0,0416 %. En la tabla 2 se recoge la composición media que tenía la atmósfera en 1987, cuando el contenido en CO2 era de 350 ppm. Es decir, que a lo largo de 35 años, la concentración ha aumentado en 67 ppm, creciendo a razón de 1,966 ppm. por año (un 0,0001966 %) como promedio (véase la Tabla 1).
Debe tenerse en cuenta también que casi la totalidad del aire (un 95 %) se encuentra a menos de 30 km de altura, y que más del 75 % está localizado en la troposfera (hasta 15 km de altura), donde adquiere la forma de una mezcla de gases bastante homogénea, con un comportamiento equivalente al que tendría si estuviera compuesto por un solo gas. La composición de la atmósfera está detallada en la Tabla 2, donde el porcentaje de cada una de las sustancias puede variar de un lugar a otro, en función de las emisiones presentes en cada zona. Los datos presentados se corresponden con los valores promedio a escala global. En cuanto al vapor de agua debe señalarse que es el gas más potente de efecto invernadero del que dispone la atmósfera para mantener las temperaturas que permiten la vida en el planeta. Es responsable del color azul de nuestros cielos y de la formación de nubes y nieblas. Está en cantidad muy variable que puede llegar a alcanzar el 4% en la troposfera (40.000 ppm). Sin embargo, casi nadie le presta atención aun cuando su porcentaje es 100 veces mayor que el del CO2 tan denostado. No debe olvidarse que todas nuestras actividades (y no sólo los procesos industriales) tienen como consecuencia la emisión conjunta de vapor de agua, dióxido de carbón y mucho, muchísimo calor. Sin embargo, a pesar de estas evidencias, nadie le presta atención al vapor de agua que generamos, exceptuando algunos casos en que se utilizan imágenes de forma errónea, cuando se intenta demostrar gráficamente lo peligrosos que son los gases que emitimos a la atmósfera, y se presentan como argumento fotografías de complejos fabriles y centrales de producción eléctrica emitiendo grandes nubes de gases.
La figura 6 recoge una de estas imágenes recurrentes de la contaminación atmosférica por gases, cuyo sentido real puede ser descrito mediante una simpática anécdota: un compañero de trabajo nos relató que, realizando un viaje con sus hijas pequeñas, pasaron por delante de una de estas centrales y una de ellas exclamó: mira papá, ¡¡¡Una fábrica de nubes!!! Sin ninguna duda, la pequeña estaba mucho más acertada que los periodistas que insertan estas imágenes en la prensa para ilustrar la contaminación y los gases de efecto invernadero. ¡¡¡¡Las torres de refrigeración de las centrales eléctricas emiten mucho vapor de agua!!!! Abundando en el mismo tipo de conceptos erróneos, todos hemos oído hablar de la producción de Hidrógeno (H2) como uno de los nuevos desarrollos de energías renovables. Se trata de realizar la electrólisis del agua (separarla con energía eléctrica en Hidrogeno y Oxigeno) a partir de energías renovables (solar y eólica). Este desarrollo pretende sustituir en el tiempo al gas natural de origen fósil. Independientemente de toda una serie de consideraciones que bien podrían ser el tema para un nuevo artículo, no debe olvidarse que la combustión de hidrógeno, además de calor, produce cantidades ingentes de vapor de agua que, nuevamente, serán emitidos a la atmósfera generando un incremento de los gases de efecto invernadero, con consecuencias mucho más sensibles y significativas que las del dióxido de carbono. Es decir, nihil novum sub sole, o como se suele expresar de forma coloquial, hacer un pan como unas tortas.
No debe olvidarse que la combustión de hidrógeno, además de calor, produce cantidades ingentes de vapor de agua que, nuevamente, serán emitidos a la atmósfera generando un incremento de los gases de efecto invernadero, con consecuencias mucho más sensibles y significativas que las del dióxido de carbono
Figura 6. Torres de refrigeración de una central nuclear emitiendo gases de efecto invernadero. A pesar de lo aparatoso de la emisión, los gases no son contaminantes, tampoco se trata de CO2 simplemente se trata de ¡¡¡¡ VAPOR DE AGUA !!!!. Fuente: National Geographic España
En la misma línea, tampoco se le está prestando atención, mediante los estudios y medidas que se requieren, a algo verdaderamente importante en todas nuestras actividades y que es completamente independiente del tipo de combustible que se use: el calor que generamos, tanto en los procesos industriales (siderurgia, cemento, cerámica, producción de electricidad, etc.) como en los motores térmicos de coches, barcos, generadores, aviones, etc. Este es un aspecto esencial que no está siendo convenientemente estudiado. Porque el calor que generamos calienta de forma directa la atmósfera y este tipo de proceso va a tener continuidad en el futuro, independientemente de la fuente energética que se utilice. Como ejemplo, se incluye la figura 7 en la que vemos el resultado de un proceso siderúrgico con vertido de arrabio fundido a 1.100ºC de temperatura. Cuando el arrabio se enfría, dando lugar al hierro y acero que conocemos y utilizamos, el calor se transmite directamente a la atmósfera.
El calor que generamos calienta de forma directa la atmósfera y este tipo de proceso va a tener continuidad en el futuro, independientemente de la fuente energética que se utilice
Figura 7. Colada de arrabio (hierro fundido recién salido del alto horno) entrando en los convertidores para su transformación en acero. Altos Hornos de Arcelor Mittal (Avilés, España). Fuente: http://www.arcelormittal.com
A pesar de las evidencias indicadoras de que el problema no tendría un origen exclusivo en el dióxido de carbono, todo el énfasis en las propuestas para combatir el cambio climático está focalizado en los supuestos perjuicios que ocasiona el CO2, dejando de lado el vapor de agua, el intenso calor que desprendemos y que contribuye a calentar directamente la atmósfera troposférica sin ayuda del efecto invernadero, o también el efecto de otros gases, como por ejemplo el metano, que está presente en la atmósfera con un contenido de 1,7 ppm. (un 0,00017 %) y está siendo también acusado de contribuir al calentamiento. Pero, en realidad, las discrepancias entre las observaciones, los hechos y las interpretaciones que se están realizando sugieren que aún falta mucha investigación básica para conocer cuáles son las causas que producen el efecto invernadero y el calentamiento global, y sobre todo, cuáles son los porcentajes con que contribuyen cada una de ellas.
¿Es anómalo el actual contenido de CO2 en la atmósfera?
Las informaciones que mayoritariamente recibimos desde los medios de comunicación y desde los alarmantes informes que emite periódicamente el International Panel of Climatic Change(I.P.C.C.) nos dicen que sí. Y, por ello, es necesario reducir las emisiones de este gas para frenar y revertir el peligroso calentamiento global que nos acecha. Sin embargo, si prestamos atención a la historia de nuestro planeta, los valores actuales de CO2 pueden considerarse muy bajos en comparación con los que han sido registrados en otras épocas geológicas.
Así, en la Figura 8, obtenida de los trabajos de Berner & Kothavala (2001), se representa la evolución durante los últimos 600 millones de años (desde el inicio del Paleozoico) del contenido de CO2 en la atmósfera. Los valores de ordenadas se corresponden con un factor multiplicativo de la masa de CO2 respecto a los valores actuales. De acuerdo con el gráfico, en el inicio del período Cámbrico (hace 550 millones de años) el CO2 atmosférico era 25 veces mayor que el actual (unas 10.000 ppm) bajando drásticamente hasta que, entre los 350 y 250 millones de años (períodos Carbonífero y Pérmico), alcanzó valores similares a los actuales con 400 o 500 ppm. Estos valores tan bajos no se han vuelto a dar hasta el presente. No se entiende, por tanto, el porqué ahora es tan peligrosa esta concentración. Hace 250 millones de años (en el triásico inferior), el CO2 volvió a subir hasta las 3.000 ppm y existe otro pico hace 170 millones de años (en el Jurásico Medio) en que el CO2 alcanzó las 4.000 ppm. Desde entonces el mundo ha ido reduciendo progresivamente su contenido de CO2 hasta los valores actuales.
Figura 8. Evolución del contenido de CO2 en la atmósfera durante los últimos 550 millones de años. Ordenadas: factor multiplicativo respecto a los valores actuales (400 ppm). Fuente: Berner, Robert A. & Kothalava, Zavareth (2001):“Geocarb III: A revised model of atmospheric CO2 over phanerozoic time”. American Journal of Science, Vol. 301, February, 2001, P. 182–204
Además, no debe olvidarse que, desde hace unos 65 millones de años (desde el Paleógeno inferior), el mundo viene enfriándose, y en el momento actual estamos atravesando una de las etapas más frías que ha tenido el planeta en su historia. Desde una perspectiva a muy largo plazo, en caso de confirmarse dicha tendencia en los próximos millones de años, se llegaría a un mundo helado en el cual, esta vez sí, nuestra civilización no podría sobrevivir. Se ha estimado que sin los gases de efecto invernadero (vapor de agua, CO2, CH4, etc.) la temperatura media global caería hasta los -18 ºC. No obstante, no debe olvidarse que la naturaleza posee mecanismos de autocontrol para que el planeta pueda moderar por sí mismo el exceso de CO2 en la atmósfera, tal y como esperamos describir también en un próximo artículo. Esperemos que, en la escala de tiempo geológico (no en el brevísimo periodo de aumento que nos ha correspondido conocer), el dióxido de carbono atmosférico no continúe descendiendo, de acuerdo con la tendencia mostrada en la Figura 8, para evitar ese gélido planeta.
Esperemos que, en la escala de tiempo geológico (no en el brevísimo periodo de aumento que nos ha correspondido conocer), el dióxido de carbono atmosférico no continúe descendiendo, de acuerdo con la tendencia mostrada en la Figura 8, para evitar ese gélido planeta.
La interpretación de los datos de la curva de Keeling
La Curva de Keelingconstituye uno de los argumentos fundamentales para apoyar la hipótesis (aún no demostrada) que postula a las actividades antrópicas como responsables exclusivos del calentamiento global. De acuerdo con esta hipótesis, como la actividad humana genera grandes emisiones de CO2 hacia la atmósfera, y como el CO2 es un gas de efecto invernadero, el calentamiento global que hoy se observa, está directa y exclusivamente relacionado con dichas emisiones y el incremento del efecto invernadero que llevan asociado. Por lo tanto, es la Humanidad con sus actividades y emisiones de CO2 quien está calentando al planeta que, como consecuencia del incremento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, llegará a un punto de no retorno a partir del cual nos esperan grandes calamidades climáticas. En este contexto, la curva de Keeling sería un indicador del ritmo al que nuestras emisiones están contaminando la atmósfera, avisando de que nos estamos aproximando al punto de no retorno.
Pero la atmósfera terrestre es un medio físico multivariante, cuyo comportamiento no puede ser explicado por un razonamiento tan simplista, y ni tan siquiera las potentísimas herramientas informáticas hoy disponibles han podido predecir con precisión su evolución a medio plazo, como ha quedado demostrado por el reiterado fracaso de los sucesivos vaticinios climáticos realizados desde principios del siglo XXI (véanse los diferentes artículos previamente publicados en Entrevisttas). En clara contraposición a la argumentación sobre el origen antrópico del cambio climático, la Curva de Keelingparece demostrar que el incremento de CO2 en la atmósfera es independiente de las actividades humanas, de sus emisiones de CO2 y de la evolución de la temperatura media global del planeta, como sugieren las gráficas siguientes.
La Figura 9 permite comparar, para el intervalo comprendido entre 1960 y 2022, las emisiones de CO2 a la atmosfera (gráfica A) con el incremento de la temperatura media global (gráfica B) y con la evolución de la concentración media mensual de CO2 medida en el observatorio de Mauna Loa (curva de Keeling, gráfica C). La gráfica B (incremento (∆ ºC) de la temperatura media global para el intervalo 1960-1991) se representa dentro de un intervalo de confianza (las líneas negras por encima y por debajo de la línea roja central), indicativas de que el valor medio puede oscilar entre los valores máximo y mínimo indicados por dichas líneas negras.
Un primer vistazo a esta figura indica que las tres gráficas tienen una pendiente ascendente con el paso de los años, sugiriendo que puede existir una relación causa-efecto entre las magnitudes representadas, pero esto no tiene porqué ser necesariamente así, como puede comprobarse si analizamos las gráficas con mayor atención, tal y como se hace en la Figura 10, donde se han representado los mismos parámetros, diferenciando cuatro intervalos temporales diferentes.
Figura 9. Comparación para el intervalo 1960 a 2022 de los datos de emisiones antrópicas de CO2 a la atmosfera (Gton), del incremento de la temperatura media global (º C) y del incremento de la concentración media mensual de CO2 (ppm) medidas en el observatorio de Mauna Loa. Fuentes: Our World in Data, Oxford University (gráficas A y B) , N.O.A.A. National Oceanic and Atmospheric Administration (U.S.A., gráfica C) y elaboración propia.
Figura 10. Análisis por intervalos de las gráficas de la figura 9.Fuente: Elaboración propia.
Durante el periodo del primer intervalo, desde 1959 a 1973, las emisiones de CO2 a la atmósfera aumentaron un 242 %, pasando de 7 a 17 Gton (Gigatoneladas) por año. Sin embargo, durante ese mismo período, la concentración de CO2 apenas aumentó de 315 a 330 ppm (un 4,76 %), con un ritmo de crecimiento medio anual de 0,88 p.p.m. por año. Es decir, que el fuerte aumento en las emisiones (más que se duplicaron) no tuvo influencia significativa en el aumento de los valores de fondo del CO2 en la atmósfera. La variación de la temperatura durante ese mismo intervalo temporal atraviesa un periodo de estabilidad de 5 años, para descender bruscamente en 1964 y luego volver a ascender rápidamente hasta 1975. La correlación entre los tres parámetros no existe.
En el segundo intervalo (desde 1973 a 2001), las emisiones de CO2 a la atmósfera pasaron de 17 a 26 Gton por año, con un aumento promedio del 52,9 %, aunque con altibajos. Al mismo tiempo, la concentración de CO2 aumentó de 330 a 373 ppm (un 13,03 %), a un ritmo de 1,59 ppm por año como promedio. El comportamiento de la temperatura media global se inició, en este periodo, con un tramo estable de 3 años para luego, con altibajos de año en año, dispararse al alza, experimentar una fuerte bajada en 1984 y 1985, pasando después a experimentar una tendencia creciente (aunque con muchas oscilaciones) de 0,4 ºC. De nuevo, en el detalle, no parece existir una buena correlación entre la evolución de los tres parámetros, especialmente si lo comparamos con el intervalo anterior, ya que el CO2 ha crecido a una mayor velocidad, a pesar de que el crecimiento de las emisiones se había ralentizado, mientras que la temperatura aumenta de forma continuada.
Para el tercer intervalo (entre 2001 y 2011), las emisiones de CO2 a la atmósfera vuelven a acelerar su crecimiento (a pesar de los esfuerzos realizados para su disminución), pasando de 26 a 35 Gton por año, con un aumento del 34,6 %. La concentración de CO2 aumentó de 373 a 390 ppm (un 4,56 %) con un ritmo de crecimiento en la curva de Keeling de 1,70 ppm por año, mientras que la temperatura se estabiliza y detiene su incremento. No parece, nuevamente, que exista una buena correlación entre el comportamiento de estas tres magnitudes, especialmente entre la temperatura y las emisiones, ya que esta se estabiliza y paraliza su incremento precisamente cuando las emisiones acusan un significativo aumento.
Durante el cuarto intervalo, correspondiente a la última década (2011-2021), las emisiones de CO2 a la atmosfera se ralentizan y tienden a estabilizarse alrededor de las 37 Gton por año (a pesar de los ingentes esfuerzos que se han realizado por reducirlas) mientras que, contradictoriamente, la temperatura sufre un incremento brusco que llega a los + 0,8 ºC, y a pesar de la estabilización del ritmo de emisiones, la concentración de CO2 en la atmósfera también crece desde las 390 a las 417 ppm (un 6,92%), con un ritmo de crecimiento de 2,7 ppm por año. Es decir que, de nuevo, en este cuarto tramo, la evolución comparada de los tres parámetros muestra la falta de concordancia entre sus respectivos comportamientos.
A modo de conclusión | Reflexiones finales
A partir de los datos y los razonamientos anteriormente descritos, puede deducirse que, tanto la concentración de CO2 en la atmósfera como el incremento de la temperatura media global no guardan una relación directa entre sí, ni tampoco con las emisiones de CO2 generadas por el hombre, ya que se trata de tres magnitudes que evolucionan con ritmos y tendencias diferentes, a veces incluso contrapuestas. Si existiese una relación directa causa–efecto entre ellas, las tres gráficas deberían evolucionar al unísono a lo largo de todo su trazado, en contra de lo que muestran los datos observados. De esta situación se deduce que la evolución de la temperatura media global, al menos con los datos de que a la fecha de hoy se disponen, no depende exclusivamente del CO2, sino que hay otros parámetros que controlan esa evolución y hay otras variables que intervienen en el control del proceso. Desde luego, no puede excluirse que el CO2 no tenga influencia en la evolución térmica, pero no de una forma significativa y mucho menos exclusiva. Esta conclusión contradice absolutamente los postulados al uso que indican que, simplemente reduciendo las emisiones de dióxido de carbono, se conseguirá frenar y revertir el calentamiento global.
Se deduce que la evolución de la temperatura media global, al menos con los datos de que a la fecha de hoy se disponen, no depende exclusivamente del CO2, sino que hay otros parámetros que controlan esa evolución y hay otras variables que intervienen en el control del proceso
La figura 4 muestra que la evolución del contenido del dióxido de carbono en la atmósfera está creciendo a un ritmo prácticamente constante desde que se iniciaron las observaciones a mediados del siglo pasado, a pesar del notable incremento de las emisiones antrópicas experimentado desde entonces (se pasó de 6 a 37 Gton por año). Si además tenemos en cuenta las discrepancias observadas en la Figura 10, ¿qué garantías podemos tener de qué se detenga o se invierta el aumento de la temperatura al disminuir las emisiones antrópicas de CO2?. La evolución observada sugiere que la concentración del dióxido de carbono en la atmósfera aumenta paulatinamente a un ritmo independiente de las actividades humanas y también de la temperatura media global. Y si extrapolamos estas evidencias hacia el futuro, debemos concluir que continuará creciendo con un ritmo similar al actual, aunque reduzcamos nuestras emisiones. También, si extrapolamos en sentido inverso, hacia el pasado, y de acuerdo con las informaciones obtenidas en los sondeos de hielo ya mencionadas en artículos anteriores, ¿no sería posible que el CO2 haya estado aumentando con una tendencia y velocidad como la observada tendiendo a la uniformidad desde el final de la última glaciación, hace unos 20.000 años?
Es evidente que la atmósfera, como ya se ha señalado anteriormente, es un sistema muy complejo donde interactúan múltiples factores, algunos de los cuales son desconocidos, otros no están bien conocidos mientras que otros no están aún bien calibrados. En estas condiciones los modelos de ordenador actuales que simulan la evolución climática a medio o largo plazo (aparte de ignorar las evidencias geológicas del pasado) no son capaces de parametrizar todas las variables. De hecho, todas las previsiones de calentamiento que se vienen realizando sobre la base de estos cálculos desde los inicios del siglo XXI, han fallado estrepitosamente.
Los modelos de ordenador actuales que simulan la evolución climática a medio o largo plazo (aparte de ignorar las evidencias geológicas del pasado) no son capaces de parametrizar todas las variables
Por otra parte, debemos preguntarnos también si disponemos de la información suficiente para conocer la evolución térmica del planeta. La comparación entre los datos obtenidos en los observatorios de Mauna Loa e Izaña nos permite albergar una cierta seguridad sobre la representatividad de los valores obtenidos sobre la composición atmosférica, ya que se observan valores y evoluciones idénticas en dos lugares de la tierra muy alejados entre sí. Pero… ¿podemos decir lo mismo de la temperatura? ¿De qué valores disponemos para hablar de la temperatura media del planeta? ¿Son significativas y representativas las evoluciones postuladas, cuando las variaciones que se observan pueden caer dentro del rango de error de las medidas realizadas? Estas dudas, fueron planteadas hace ya algunos años por Ivar Giaever, premio Nobel en Física y exintegrante del I.P.C.C., denunciando la falta de proporcionalidad entre datos y conclusiones en los informes de dicho organismo. En un próximo artículo se intentará profundizar en el concepto de temperatura media global, en los complejos métodos estadísticos que se utilizan para su cálculo y en las dudas que, razonablemente, puede ofrecer dicha metodología.
El pasado 10 de diciembre de 2022 cesó la erupción del Mauna Loa, aunque la emisión de gases volcánicos continúa, por lo que las medidas de los gases atmosféricos continúan interrumpidas. No serán restablecidas hasta que se estabilice la concentración de gases volcánicos alrededor del observatorio, una vez realizados los correspondientes ajustes y calibraciones. Mientras tanto, otros laboratorios (en particular, el observatorio de Izaña) continúan con el registro de medidas atmosféricas y los científicos seguirán disponiendo de los datos recogidos en la Curva de Keeling, gracias a la ajustada y objetiva correlación existente entre los datos de diferentes observatorios. Pero, ¿dispondremos de la misma objetividad al correlacionar dichas observaciones con la evolución climática?
La correlación de los parámetros comentados no es fácil ni inmediata, aunque la curva de Keeling se haya constituido como uno de los cimientos de la hipótesis del calentamiento global generado por las emisiones antrópicas. Hay en la atmósfera otros gases de efecto invernadero, en especial el vapor de agua, que está presente en cantidades 10 veces superiores al CO2, de los que nunca se habla ni se realizan medidas. A la fecha de hoy, no puede considerarse como demostrado que el aumento de los G.E.I. sea el responsable único del calentamiento global que experimenta el planeta.
A la fecha de hoy, no puede considerarse como demostrado que el aumento de los G.E.I. sea el responsable único del calentamiento global que experimenta el planeta.
Algunos científicos, dadas las dudas que plantea la representatividad de las medidas de la temperatura media del planeta, consideran que tampoco se puede demostrar lo contrario, es decir que realmente son los G.E.I. los que están contribuyendo al calentamiento. En esta tesitura, utilizar el lenguaje adecuado es esencial, porque no es lo mismo decir que los G.E.I. pueden estar contribuyendo a acentuar de una forma anómala un calentamiento de origen natural, que afirmar con rotundidad (como se está transmitiendo a la sociedad) que las actividades antrópicas son responsables exclusivas del calentamiento. Y en cualquier caso, para algo disponemos del registro geológico de la historia de la Tierra. Tampoco hay informaciones suficientes (sobre todo si se compara la presente situación con los ciclos climáticos experimentados por el planeta durante los últimos 3.800 millones de años) para afirmar que el calentamiento actual vaya a producir un cambio climático drástico y de características catastróficas generalizado en toda la Tierra. Esta continuará con su dinámica geológica habitual y lo mejor que podemos hacer es dedicar nuestro tiempo, esfuerzo, tecnología, dinero y conocimientos no a frenar el fenómeno, sino a adaptar nuestra sociedad y modo de vida a las nuevas condiciones.
Seguro que sentimos curiosidad por saber que se cocía en los fogones vaticanos a lo largo de la historia. Y no solo en el terreno religioso, político y económico sino en un tema más prosaico: las cosas de comer. Veremos los gustos papales y la evolución de una cocina desde la época de las brillantes cortes papales a nuestros días.
Platos papales
En los siglos XV y XVI la cocina en general, y por tanto la papal, se llenó de innovaciones, enharinados, empanados, asados con papel de estraza, espumado de caldos, de un mayor uso de verduras y de preparación de muchas masas (que fueron las precursoras de las pizzas y empanadas). El gusto por la caza, tan arraigado en las altas esferas, condicionaba a los cocineros papales, los cuales desarrollaron formas muy sofisticadas de elaboración.
Las huertas vaticanas daban frutas y verduras que los propios Papas se encargaban de vigilar y recolectar, como se dio con Pio II, un gran aficionado a las naranjas y limones cultivados en los jardines vaticanos. Pero fueron Calixto III y Alejandro VI, los Papas valencianos, los que tuvieron un mayor gusto por la buena mesa en esta época. Los asados y dulces con almendras eran sus preferidos. Muy frugal fue Pío V, aunque las perdices rellenas de piñones le gustaban sobremanera.
Los pescados siempre fueron muy apreciados por su fácil digestión, en todas sus variedades, así como los moluscos. No tanto los distintos tipos de crustáceos, tan solo la langosta formaba parte de algunas recetas.
Con el tiempo, fueron desarrollando su cocina hasta incorporar platos típicamente italianos como el uso de pastas, macarrones, farfalle, ñoquis, lasaña, ravioli, espaguetis, tortellini, todas ellas con abundante queso parmesano y gorgonzola acompañadas de salsa de tomate.
Aderezos papales
A través de los siglos, la cocina se fue haciendo muy elaborada y se usaba la mantequilla, el aceite de oliva, los quesos, el zumo de naranja, las uvas y pasas, la canela y la nuez moscada (con profusión).
Las comidas estaban matizadas con aromas que introdujeron los árabes desde Sicilia y se usaban el agua de rosas, el azúcar rosado, la miel rosada, el mazapán rosado la flor de cidra y las naranjas amargas. Un plato muy apreciado era el pato con naranjas amargas, un claro precedente de nuestro pato a la naranja. Algunas salsas de acompañamiento estaban presentes en los banquetes vaticanos, puesto que la corte papal era una de las más ricas y espléndidas de Europa. Así pues, tenemos la pólvora del Duqueelaborada con canela, jengibre, clavo y azúcar, y la salsa trabada con vinagre, almendras molidas, perejil, hierbabuena y canela y que acompañaba a los asados. Una de las más famosas, salida de las cocinas papales, era la salsa camelina, con vino dulce, canela, pasas, clavo y nuez moscada. Otra exquisitez era la salsa de pavoque contenía yema de huevos, higadillos de pollo, almendras tostadas, canela, jengibre, azúcar y azafrán. Y la denominada salsa vaticana (también conocida como salsa verde), con huevo duro ajo y perejil la preferida de Juan Pablo II.
Postres papales
No podemos olvidar que, si bien la cocina fue evolucionando en técnicas e ingredientes que venían de todas las zonas del orbe, los dulces también lo hicieron y los turrones, mazapanes, flanes, tartas, pasteles, confituras, suflés mousses y cremas han apasionado a todos los papas de la historia. Su base fueron los dulces de la edad media donde los frutos secos tenían gran preminencia, pero la llegada del turrón de origen árabe triunfó en la cocina vaticana donde se viene elaborando de forma casera. Muchas tartas o bizcochos son referentes de esta cocina vaticana, recetas que se fueron haciendo famosas en los siglos siguientes y perduran hasta hoy.
La cocina era internacional porque las recetas circulaban por todo el mundo para el mejor servicio de los nobles, los reyes o los papas. En los postres papales no faltaban frutas, en mermeladas, confitadas, compotas o en ensaladas pasando a ser el último plato que se degustaba.
Ya en el vaticano se tomaba café y chocolate en el siglo XVI porque los alimentos llegaban de todas partes y de la máxima calidad, los banquetes diplomáticos vaticanos contaban con todo lujo de productos tanto locales como exóticos.
Usos y costumbres en las mesas vaticanas
En el siglo XVIII aún se mantenía un orden de servicio en las mesas que comenzaba con frutas secas de temporada, ensaladas, potajes, caldos, carnes asadas, postres y por último quesos, frutas confitadas y pasteles con vino dulce. En esas mesas se observaba refinamiento y cortesía procurando que los modales de los comensales fuesen exquisitos. La forma de la mesa solía ser en U para que el papa no se mezclara con cualquiera y luego los lugares se ocupaban por orden de importancia. En los conclaves, las cocinas seguían aportando manjares que se servían a través de un torno, una vez elegido Papa se celebraba un espléndido banquete de coronación con infinidad de platos diferentes. En uno de ellos se agasajó a Carlos V por el cardenal Campeggi con 780 platos distintos.
A continuación, os propongo tres recetas: el plato preferido de Julio III, el postre de Clemente VIII y dos platos que nos recuerdan que tenían, también, gustos frugales… la ensalada al estilo Santa Marta y la sopa de remolacha de Juan Pablo II.
Recetas papales
Receta de Gallina de la india rellena con guarnición de cebollas de Julio III (1550-1555)
Ingredientes:
Una gallina de la India, incluyendo su hígado.
500gr de tocino.
4 yemas de huevo.
300gr de ciruelas.
Guindas secas, grosellas o uvas.
Pimienta, canela, clavo nuez moscada, una rama de menta, una rama de mejorana, una rama de perejil.
Queso rallado.
Elaboración:
Desplumar y limpiar bien la gallina, conservar su hígado.
Picar el tocino y el hígado, así como las hierbas, incorporándolas con las yemas de huevo crudas y las ciruelas y guindas previamente remojadas. Mezclar todo bien y añadir el queso rallado.
Rellenar con la mezcla la gallina y atar.
Poner a hornear durante hora y media regándolo con su propio caldo.
Receta de tarta veneciana de Clemente VIII (1758-1769)
Ingredientes:
150gr. de mantequilla.
180 de azúcar.
3 huevos y una clara.
20gr. de miel.
1dl de leche.
Una cucharada de levadura en polvo.
150gr. de harina.
30gr. de Maizena.
200gr. de nata montada azucarada.
Frutas para adornar.
Elaboración:
En un recipiente hondo, poner la mantequilla y trabajarla con las varillas al punto de pomada. Añadir, batiendo al mismo tiempo, 120 gr. de azúcar, 3 yemas de huevo, la miel y la leche. Cuando todo este bien incorporado añadir la harina, la levadura y la maicena y reservar.
A continuación, batir 3 claras a punto de nieve y con mucho cuidado el azúcar restante a punto de merengue. Incorporarlo con suavidad a la mezcla anterior.
Engrasar un molde de tarta y verter en su interior. Hornear a 175º veinte minutos.
Batir a punto de nieve la clara que nos queda con un poco de azúcar y bañar el pastel. Hornear unos minutos, sacar y dejar enfriar, luego partirlo por la mitad y con una boquilla rizada rellenar y adornar con las frutas.
Ensalada de flores al estilo Santa Marta
En la actualidad la cocina papal se ha adaptado a los nuevos tiempos y cuenta con cuatro tipos diferentes de cocina: la propia del Papa, la del personal que trabaja en el Vaticano (la de los cardenales) y la de celebraciones y eventos.
Más que el Papa, la Curia integrada por los cardenales gozan de una gran variedad gastronómica. La cocina de su propia cocina en su residencia privada, la Residencia Santa Marta, es la de los banquetes y recepciones vaticanos, de los eventos a los que cuentan con invitados. Es en Santa Marta donde se desarrolla una actividad culinaria digna de las antiguas cocinas papales.
Ingredientes:
Flor de calabacín.
Escarola.
Berro.
Hoja de roble.
Pensamiento.
Caléndula.
Pétalos de rosa.
Claveles.
Judía verde.
Sésamo.
Sal.
Para la salsa:
1 dl. de miel.
1 dl de vinagre balsámico.
3 dl de aceite de maíz.
Elaboración:
Fundir la miel y añadir aceite y vinagre.
Saltear las judías en la mantequilla y sazonar.
Colocar en la fuente las judías, las lechugas picadas, los berros y añadir las flores aliñadas, espolvorear con sésamo.
Receta de sopa de Remolacha de Juan Pablo II (1978-2005)
El Papa Juan Pablo II no fue un gran sibarita ni gourmet, pero le gustaba comer valorando los platos de su Polonia natal, una cocina que nunca abandonó y apreció la italiana a la que se fue acostumbrando. Os dejo uno de sus platos favoritos para que lo cocinéis y disfrutéis.
Ingredientes:
Un hueso de caña grande.
1 kilo de carne magra de cerdo.
3 zanahorias.
3 puerros.
1 cebolla.
1 clavo.
5 remolachas grandes.
1 vaso de harina.
2 chalotas.
½ kilo de choricitos pequeños.
Un chorro de vinagre.
6 rodajas de pan.
1 huevo perejil.
Sal y pimienta.
Elaboración:
En una cazuela poner el hueso de caña, la carne magra de cerdo, las zanahorias, los puerros y la cebolla todo limpio y troceado junto con el clavo. Añadir agua y dejar cocer. Las remolachas se cuecen al vapor o se asan al horno. Se pelan y cortan en lonchas finas y se añaden al caldo. Reservar una y filetear muy fina y ponerla en el fondo de la sopera para dar color.
Sacar el hueso y cortar la carne en dados. Reservar en caliente.
Aparte, hacer una masa con harina, sal y agua y se extiende muy fina.
Cuando la cocción este a punto de acabar, añadir los chorizos al caldo.
Con un poco de magro del que hemos reservado hacemos una picada con el perejil, las chalotas y el huevo. Este relleno se reparte en montoncitos sobre la masa extendida, y se doblan tipo empanadilla, luego se echan al caldo unos diez minutos para que estén cocidos y se sacan y colocan en la sopera junto a los choricitos.
Por ultimo se añade el caldo colado y algo de vinagre.
Como acompañamiento se extrae el tuétano del hueso y se sirve en tostadas.
Espero que os animéis a cocinar estas recetas. Sin duda, todas tienen un sabor ancestral.
Reflexiones heterodoxas de un geólogo suspicaz sobre la relación entre el cambio climático y las RRSS
Debo iniciar este artículo confesando que nunca fui partidario ni entusiasta de las redes sociales. Entré en ellas por sugerencia de la editorial PLATERO, que se encarga de publicar en papel las cosas que, de cuando en cuando, me da por escribir. Estábamos en plena pandemia, era imposible organizar presentaciones del último libro y amablemente, me hicieron ver que, bajo las circunstancias de aquellos enclaustrados días, era la única alternativa viable. Además, añadieron, hoy en día, quien no está en las redes es como si no existiera, es completamente invisible. Así, un poco a regañadientes, acepté y creé mi perfil en Facebook, con la intención (firme propósito que se ha mantenido hasta la fecha) de no publicar en el mismo nada que no tuviese una estricta relación con mis escritos, y donde cometí la debilidad de autodefinirme como un geólogo al que le gusta escribir.
Pocos días después, haciendo referencia a ese perfil, contactó conmigo la redacción de la revista digital Entrevisttas.com, ofreciéndome la posibilidad de publicar allí, libre de compromiso y sin periodicidad establecida, artículos sobre la temática que yo eligiese. No me costó mucho decidirme por la divulgación de temas geológicos, y así fue como se inició la aparición de una serie de artículos (entradas, según el argot de la red) sobre cuestiones relacionadas, directa o indirectamente con la Geología. Primero en solitario y desde hace unos meses, en colaboración con Jose Antonio Sáenz de Santa María Benedet, otro geólogo tan suspicaz como yo mismo. Y así es como, desde Septiembre de 2021, han ido viendo la luz diferentes entradas referidas al vulcanismo, la contaminación de metales, la radioactividad, el agujero de ozono, la energía, los hidrocarburos y, predominantemente, sobre el calentamiento global, el efecto invernadero y el cambio climático.
A las pocas semanas, el escueto número de personas que leían (o al menos habían adquirido) alguno de mis libros, aún siendo cifras muy discretas, se habían multiplicado por un factor considerable, a juzgar por el número de visitas registrado en la página web de Entrevisttas.com. Además, utilizando esas herramientas que la magia de internet pone a disposición de cualquier usuario, pude comprobar que un número significativo de descargas, se realizaba desde el extranjero, algunas de ellas desde países muy lejanos. Teniendo en cuenta que el objetivo final de escribir algo, más allá de la satisfacción personal, es ser leído, no tuve más remedio que darle la razón a la editorial.
El algoritmo de las RRSS
Pero pronto pude darme cuenta, también, que no todo era satisfactorio en el mundo digital. Cuando a través de mi perfil, publicaba el enlace para acceder al contenido del artículo, si en el título se mencionaba el calentamiento global o el cambio climático, automáticamente aparecía un mensaje, una alerta como la que puede observarse en la captura de pantalla que se adjunta (Figura 1), indicando al lector: Consulta cómo está cambiando la temperatura media en tu zona. Explora información sobre climatología. Si quien está leyendo ahora mismo este texto, ha accedido al mismo a través de Facebook, siguiendo un enlace a Entrevisttas.com, es muy probable que se haya encontrado ya con dicho mensaje en su pantalla.
Figura 1
Si el lector hace clic en tal enlace para acceder a más información, aparecerá en pantalla un gráfico (Figura 2) donde se muestra la evolución térmica de la zona desde donde se ha realizado la conexión a Internet (en mi caso, la Comunidad Valenciana), utilizando datos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, siglas en inglés de la National Oceanic and Atmospheric Administration).
La gráfica, basada en una fuente de datos absolutamente seria y fiable, muestra la evolución durante un periodo que abarca desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Es decir, durante un periodo insignificante, excesivamente breve para poder compararlo con episodios antiguos de la historia de la Tierra, y tener una perspectiva realista de lo que está ocurriendo en la actualidad. Por si hubiese alguna duda sobre la intencionalidad del mensaje, en el pie de imagen de la Figura 2 se añade que, los datos representados en la gráfica han sido verificados por investigadores del clima dedicados a rectificar ideas erróneas frecuentes sobre el calentamiento global y su impacto. De esta intromisión (creo que no se puede calificar de otra manera la inserción de un mensaje que no ha sido introducida por el usuario), sólo puede deducirse que alguien se ha tomado la molestia de programar un algoritmo automático para que, sin leer ni analizar el contenido, advierta al lector sobre las equivocaciones y errores a los que puede inducir la lectura del potencialmente dudoso artículo cuyo enlace se ha pinchado.
Figura 2
Por si acaso existiese todavía algún asomo de duda, un nuevo clic en la pantalla conduce a un nuevo mensaje (Figura 3), donde textualmente se especifica que el 97% de los climatólogos están de acuerdo en que el cambio climático es causado por el hombre, y que el cambio climático es el causante de la intensidad de las sequías y de los incendio forestales recientes.
Figura 3
Se trata realmente de un mensaje que no tiene nada de subliminal, advirtiendo directamente al lector que, sea cual sea el contenido del artículo, si éste difiere de la opinión establecida por el 97 % de los climatólogos, se tratará de información no verificada y por lo tanto, poco rigurosa y sospechosamente equívoca. Poco importarán los datos, gráficos, razonamientos y conclusiones que se aporten en el texto del artículo (en realidad, éstos no han sido leídos ni evaluados), ya que de forma preventiva, las palabras que aparecen en el título son suficientes para que se dispare el algoritmo y advertir al lector del peligro en que incurre si finalmente se decide a leerlo. Una advertencia de este tipo recuerda (desde el punto de vista conceptual, la metodología es muy diferente porque los tiempos han cambiado mucho) a la calificación moral que la iglesia católica establecía sistemáticamente sobre cualquier película que se estrenaba en España, incluso después de haber superado la censura oficial. El espectador era libre de acudir al cine para asistir a la proyección de la película, pero se le advertía de antemano de los riesgos que incurría por acceder a imágenes o diálogos que podían afectar a su integridad moral. Aunque también es verdad, no puede olvidarse, que en algunas ocasiones, las consecuencias de aquellas recomendaciones eran opuestas a su intencionalidad, ya que las películas con evaluación moral más severa (si no recuerdo mal, clasificadas con niveles 3 con reparos y 4), llegaban a tener un considerable éxito de taquilla por aquello del morbo y su efecto llamada.
En cualquier caso, el origen e intencionalidad de aquellos consejos era totalmente transparente y notorio, no había la menor duda de que era la Iglesia Católica quien intentaba tutelar así la integridad moral de su feligresía. De hecho, en las localidades pequeñas, la calificación moral de las películas programadas cada día, se exhibía en el tablón de anuncios situado a la puerta de la iglesia, junto con otras informaciones parroquiales.
Pero respecto de los mensajes sobre el cambio climático que ahora nos ocupan, no queda más remedio que volver a preguntarse: ¿Quién y por qué se está tomando el trabajo de analizar lo que se está publicando en las redes sociales y lanzar esas admoniciones?
¿Quién y por qué se está tomando el trabajo de analizar lo que se está publicando en las redes sociales y lanzar esas admoniciones?
Debo confesar que, al ser consciente de que un mecanismo, de origen anónimo y omnipresente, estaba intentando condicionar la lectura de mis artículos, decayó ostensiblemente mi entusiasmo inicial por las redes sociales, hasta el punto de evaluar si no sería mejor desistir y eliminar mi perfil del sistema. No obstante, intentando pensar fríamente, decidí que la relación entre ventajas e inconvenientes era aún favorable, ya que a pesar de las virtuales zancadillas informáticas, los mensajes que me llegaban como retorno, indicaban un creciente interés de los lectores. Pero recientemente, durante las últimas semanas, otras evidencias del control sobre informaciones relacionadas con el cambio climático, han hecho que mis reticencias se disparen hasta niveles menos soportables.
Hace unos meses, dado el interés que estaban suscitando los artículos publicados en Entrevisttas.com, desde el Colegio Oficial de Geólogosde España me fue solicitado un resumen de los mismos para ser publicados en su revista de divulgación geológica, Tierra y Tecnología. Dicha síntesis, titulada La Geología versus el Dogma Climático, dividida en dos partes para evitar una longitud excesiva, fue evaluada y revisada, y considerando que se ajustaba a las normas editoriales de la revista, fue publicada en su primera parte el pasado 30 de Noviembre. Sus conclusiones, muy diferentes a las hipótesis que defienden el origen exclusivamente antrópico del calentamiento global (y la posibilidad de que el hombre pueda ralentizarlo y detenerlo), provocó una airada reacción de algunos investigadores, quienes, ejerciendo la libertad de expresión que afortunadamente hoy existe, criticaron severamente su contenido. Aunque, las críticas fueron realizadas de una forma realmente atípica para este tipo de discusiones técnicas o científicas. ¿Por qué? Porque, normalmente, cuando se desea discutir los datos o las conclusiones de un artículo técnico o científico, aunque se trate de un artículo divulgativo, suele realizarse en el mismo foro donde había sido originalmente publicado, o en otra revista especializada, mediante otro artículo, una réplica que presente nuevos datos, evidencias, observaciones o razonamientos, que se opongan a las conclusiones cuestionadas.
Normalmente, cuando se desea discutir los datos o las conclusiones de un artículo técnico o científico, aunque se trate de un artículo divulgativo, suele realizarse en el mismo foro donde había sido originalmente publicado, o en otra revista especializada, mediante otro artículo, una réplica que presente nuevos datos, evidencias, observaciones o razonamientos, que se opongan a las conclusiones cuestionadas.
Sin embargo, en este caso, en lugar de optar por el mecanismo habitual, las críticas fueron publicadas mediante un comunicado dirigido al Colegio Oficial de Geólogos, firmado por 131 investigadores, donde se criticaba a dicha entidad por dar cabida a publicaciones carentes de rigor científico y difundir falsedades. Dicho comunicado fue difundido de forma prácticamente simultánea por diversos periódicos digitales, regionales y nacionales, donde en algunos casos, además, se le asignaron inexistentes connotaciones políticas.
Las diferentes notas de prensa tuvieron un efecto inmediato en las redes sociales (RRSS) donde se solicitó que se retirase el artículo de la revista y que la segunda parte no fuese publicada, sugiriendo la aplicación de una censura que, además de ser totalmente impropia e inadecuada en el mundo de la Ciencia, debía estar ya olvidada desde hace décadas. Como respuesta a esta presión mediática, el Colegio de Geólogos publicó un comunicado donde expresaba su pesar por la confusión generada. En paralelo, la redacción de la revista Tierra y Tecnología informó al autor que la segunda parte no sería publicada.
En la misma línea que los mensajes admonitorios comentados en párrafos anteriores, las críticas publicadas en la prensa, han tenido su impacto en las redes sociales. Así, al insertar en mi perfil de Facebook el enlace para acceder a la primera parte del artículo, en la página web del Colegio de Geólogos, aparece otro mensaje, aún más severo (ver Figura 4), advirtiendo que según verificadores independientes, el artículo contiene información parcialmente falsa.
Figura 4
Antes de seguir adelante, es imprescindible aclarar que los datos incluidos en La Geología versus el Dogma Climático provienen de fuentes bibliográficas científicas, serias y reconocidas, es decir que se trata de informaciones publicadas previamente por otros investigadores solventes en sus campos de trabajo (como se puede revisar mediante las fuentes que allí se citan). En este contexto, teniendo en cuenta el origen de los datos, se está acusando de falsedad a otros investigadores (algunos de ellos con prestigio internacional, incluyendo alguno galardonado con un Nobel) de cuyas publicaciones se han obtenido algunas de las informaciones incluidas en el artículo. Por otra parte, la simple calificación gratuita de negacionista, y la constatación de que opiniones o interpretaciones difieran de otras hipótesis, no constituyen bases suficientes para establecer que el artículo contiene información parcialmente falsa. En todo caso, se podría afirmar que contiene hipótesis erróneas, suponiendo que dichos errores fuesen demostrables.
Siguiendo el enlace que aparece al pie de la Figura 4 (ver por qué), se accede a una nueva pantalla (Figura 5) donde se proporcionan al lector informaciones sobre el método seguido para considerar el contenido del artículo como parcialmente falso, gracias al trabajo realizado por verificadores independientes y las comprobaciones realizadas en la publicación digital Maldito Bulo.
Figura 5
Haciendo clic de nuevo en la parte inferior de la Figura 5, se accede a más información sobre cómo trabaja la red social para detener la difusión de informaciones falsas, gracias una nueva pantalla donde, con toda transparencia, se aclara que los verificadores de información independientes investigan historias mediante un proceso periodístico destinado a establecer si estas son reales o falsas (Figura 6).
Figura 6
Es decir, que las evaluaciones independientes y objetivas se restringen a la revisión de publicaciones de prensa, como si los periódicos pudiesen ser considerados como fuentes fiables de información científica, además de documentos neutrales, objetivos, sin tendencias ideológicas. No deja de ser sorprendente que el contenido de un artículo científico sea evaluado por una simple investigación periodística. También es sorprendente que un procedimiento tan particular sea presentado como una especie de paradigma de la transparencia y la objetividad, avalado por el Código de Principios de la organización no partidista Internacional Fact-checking, es decir, dedicada a Comprobación de Hechos.
En este contexto, ¿ se está utilizando adecuadamente el vocablo hechos? Sin lugar a dudas, hay hechos que pueden ser periodísticamente comprobados, como por ejemplo si un acontecimiento tuvo realmente lugar, si se realizaron ciertas declaraciones o si determinadas acciones fueron ejecutadas. Pero… ¿pueden considerarse como hechos las hipótesis, razonamientos o interpretaciones emitidas en un documento científico? Desde luego, se puede constatar que las hipótesis y las interpretaciones fueron realmente publicadas, pero el contenido de las mismas, los razonamientos implicados, ¿pueden ser evaluados como hechos falsos o ciertos sobre la base de un documento de prensa?
En el caso que nos ocupa, como se ha mencionado anteriormente, el proceso de Fact-checking se ha basado, como puede observarse en la Figura 5, en la publicación digital Maldito Bulo, donde se hace referencia al manifiesto firmado por un grupo de 131 científicos relacionados con la paleoclimatología, recogiendo además directamente las opiniones de un par de especialistas. Los argumentos utilizados para rebatir las tesis del artículo La Geología versus el Dogma Climático, se basan en tres razonamientos principales:
El primero de ellos afirma que lo que está ocurriendo en la actualidad no tiene parangón con lo acaecido durante etapas anteriores de la historia de nuestro planeta. Sin embargo, en el registro de la historia geológica del planeta, almacenado en rocas, sedimentos, fósiles y hielo, existen abundantes evidencias que contradicen esta opinión, como analizo en los anteriores artículos.
El segundo se basa en los informes elaborados por el IPCC (International Panel on Climatic Change, un grupo de estudio sobre la evolución climática promovido por la ONU), que está siendo considerado prácticamente como una verdad absoluta e inamovible, en contra del elemental espíritu científico que debe promover el debate y la discusión. Sin embargo, el texto de los propios informes del IPCC no es tan contundente como se quiere hacer creer, ya que en su redacción se detalla con frecuencia que determinados hechos son probablemente debidos a…, o que las causas se deben con bastante probabilidad a… Incluso en su informe de 2007, el propio IPCC señalaba que la predicción de los futuros estados del clima a largo plazo no es posible.
El tercero, relacionado directamente con el anterior, se apoya en un supuesto consenso de la comunidad científica sobre las conclusiones expuestas en los informes del IPCC.
Sería excesivamente largo y tedioso (además de no ser el foro adecuado), analizar y discutir aquí las diferentes posiciones y argumentos involucrados en esta controversia. Por ello, se facilitan a continuación los enlaces para acceder a los documentos anteriormente mencionados, para que los lectores interesados puedan leerlos y evaluarlos por sí mismos, obteniendo así sus propias conclusiones. Dichos documentos son:
La segunda parte del artículo. Debe advertirse que esta segunda parte anticipaba ya respuestas a algunas de las críticas contenidas en la declaración y el artículo de Maldito Bulo anteriormente mencionados, y apareció de inmediato en Entrevisttas, pocos días después de que el autor recibiese la negativa de Tierra y Tecnología para publicarla.
Adicionalmente, como respuesta a los numerosos artículos de prensa y al comunicado del Colegio Oficial de Geólogos, un grupo de unos 200 profesionales, mayoritariamente geólogos, remitieron al mismo un manifiesto respaldando el artículo ya publicado, así como la libertad de expresión científica de su autor y exigiendo la publicación en Tierra y Tecnología de la segunda parte del articulo La Geología versus el Dogma Climático. El texto de dicho manifiesto, que no esta disponible en la red, se adjunta como anexo al final del artículo.
Como se ha mencionado anteriormente, no es este el foro adecuado para entablar la discusión científica de este debate, pero sí parece pertinente, sin entrar en detalles, realizar un breve comentario general sobre el supuesto consenso científico acerca del origen antrópico del cambio climático, al que muchos investigadores y medios de comunicación recurren de forma sistemática. En 2021, la revista Environmental Researchpublicó un análisis sobre los artículos académicos relacionados con el cambio climático que habían aparecido en revistas científicas entre 2012 y 2020, estableciendo que más del 99,9% coinciden en que el cambio climático está causado por actividades llevadas a cabo por los seres humanos. Otras informaciones, un poco más conservadoras, reducen este porcentaje de consenso al 97%.
El punto de vista científico
Sin embargo, otras fuentes, no son tan contundentes. Así, Hugo Rubio, en su libro Cambio Climático ¿Hecho o fraude?(2021), contabiliza más de 31.000 disidentes respecto de las tesis oficiales del IPCC. Este último dato es más coherente con lo que ocurre dentro del colectivo profesional de los geólogos, donde ese supuesto consenso está muy lejos de existir, ya que un porcentaje significativo (no me atrevo a dar porcentajes, que yo sepa no existe una estadística oficial, pero no puede excluirse que sea incluso mayoritario), difiere acerca del origen antrópico del calentamiento global. Pero incluso si así fuese, aun suponiendo que esa unanimidad fuese cierta, el argumento del consenso no puede considerarse como válido desde el punto de vista científico. No debe olvidarse que la Ciencia no suele regirse por criterios democráticos y, el hecho de que exista una mayoría de publicaciones a favor de una hipótesis, no implica necesariamente que esa sea la interpretación correcta.
No debe olvidarse que la Ciencia no suele regirse por criterios democráticos y, el hecho de que exista una mayoría de publicaciones a favor de una hipótesis, no implica necesariamente que esa sea la interpretación correcta.
El caso de los 100 autores contra Einstein
Para ilustrar esta afirmación, es oportuna una anécdota histórica del mundo de la Ciencia, que recientemente, comentando la declaración de los paleoclimatólogos, me refirió un amigo de la infancia, también geólogo. Antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, cuando Albert Einstein intuyó lo que se avecinaba al iniciarse el antisemitismo en Alemania, decidió emigrar a los Estados Unidos. Su Teoría de la Relatividad había suscitado gran polémica y no tardaron en situarle en el ojo del huracán, ya que sus ideas refutaban muchos principios que sus colegas daban por sentados y consideraban indiscutibles. Sin duda, además de la controversia científica, su origen judío en aquel contexto de hostilidad creciente hacia ese pueblo semítico, debió contribuir significativamente a la animadversión hacia su persona, y un grupo de investigadores intentó menospreciar su trabajo, publicando un libro titulado Cien autores contra Einstein. El famoso científico, al ser preguntado por su opinión sobre dicha publicación, respondió de forma concisa: Si yo estuviese equivocado, uno sólo habría sido suficiente.
Volviendo a las discusiones sobre los orígenes del cambio climático, a pesar de las dudas razonables y las numerosa evidencias geológicas que se oponen a su origen antrópico como causa exclusiva, el tratamiento que se está dando a esta cuestión en los medios de comunicación, e incluso en los libros de texto, es que el origen antrópico del calentamiento global no es una hipótesis de trabajo, sino un hecho probado, demostrado e indiscutible.
El inevitable calentamiento global
En realidad, nadie puede dudar de que el planeta se esta calentando y que las actividades humanas pueden estar contribuyendo a dicho calentamiento. Las dudas que plantea La Geología versus el Dogma Climático se refieren al porcentaje con que las actividades humanas están contribuyendo a dicho calentamiento, y si éste es o no significativo. Queda también fuera de toda duda que no es el hombre quien ha originado el calentamiento actual (ya que su inicio es muchos miles de años anterior a la sociedad industrial), y que los mecanismos que han controlado la evolución climática a lo largo de miles de millones de años siguen hoy activos, y que dichos mecanismos no pueden ser detenidos ni revertidos por la mano del hombre. Sin embargo, la información que se transmite sistemáticamente a la sociedad es que el calentamiento global tiene un origen exclusivamente antrópico y que de nosotros depende frenarlo y revertirlo.
Si la actividad antrópica estuviera teniendo un impacto significativo en el cambio climático, deberíamos estar observando procesos anómalos o ritmos de calentamiento inusuales, algo que en sentido estricto no está ocurriendo. El nivel del mar está ascendiendo a una velocidad más baja que el promedio registrado durante los últimos 20.000 años. Y el aumento de la temperatura no es tan radical ni catastrófica como se nos quiere hacer creer.
Figura 7
En la gráfica adjunta (ver Figura 7), presentada por el astrofísico J.R. Christy en 2016, al Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de los Estados Unidos, se comparan las temperaturas reales medidas y las predicciones realizadas por modelos estadísticos, durante el periodo comprendido entre 1975 y 2015. La gráfica muestra como ninguna de las previsiones realizadas se ha aproximado a los datos reales , a la realidad observada, ya que durante los últimos 40 años la temperatura ha aumentado tan sólo 0,3ºC.
La presencia de las maniobras anteriormente descritas en las redes sociales, los mensajes admonitorios programados que se introducen sin autorización en nuestros equipos, no dejan lugar a dudas de que alguien tiene mucho interés, el suficiente para tomarse tantas molestias, en que predomine la exclusividad antrópica sobre el origen del cambio climático. En realidad, ese interés no es nuevo. Los movimientos tendentes a conducir a la opinión pública hacia un pensamiento único sobre el cambio climático se iniciaron a finales del siglo XX, tan pronto como el IPCC fue constituido e inició la publicación de sus informes. Así lo han denunciado numerosos científicos de primer nivel, como los significativos ejemplos que se citan a continuación.
Divergencia científica
Ese fue el caso del profesor Federick Seitz, presidente de la Academia Americana de Ciencias, que denunció públicamente al IPCC por haber manipulado su primer informe a espaldas de sus autores. Igualmente contundentes fueron las declaraciones deIvar Giaever (2012), premio Nobel de Física y exintegrante del IPCC (de donde salió voluntariamente), quien ha aireado las presiones existentes para que no se publiquen en las revistas científicas más importantes, aquellos artículos cuyo contenido contradiga las conclusiones del grupo científico financiado por la ONU. La misma opinión tiene el famoso físico italiano Antonino Zichichi, Presidente de la Sociedad Europea de Física y de la Federación Mundial de Científicos, quien recientemente ha declarado que el calentamiento global depende del motor meteorológico dominado por la potencia del Sol, que controla el 95 % del proceso del cambio climático. Atribuir a las actividades humanas el calentamiento global, carece de fundamento científico. En la misma línea, Steven Koonin (2021), físico teórico que fue asesor del presidente Obama en los Estados Unidos, ha denunciado la falta de objetividad con que se enfoca el problema del cambio climático, ya que no existen evidencias sólidas para afirmar que el mundo afronta una emergencia climática, añadiendo que además, las metas que se pretenden alcanzar para frenar el calentamiento, no son realistas. El mismo tipo de declaraciones ha realizado recientemente Piers Corbyn, astrofísico fundador de Weather Action.
Por su estrecho paralelismo con lo ocurrido tras la publicación de La Geología versus el Dogma Climático, es especialmente pertinente citar a Pascal Richet, investigador, adscrito al Institut de Physique du Globe de Paris desde hace 35 años, quien ha publicado un artículo con el ilustrativo título de Clima y CO2 : la evidencia frente al dogma. En su ensayo, además de incidir en la falta de relaciones causa-efecto entre los datos y las conclusiones que se están publicando sobre el cambio climático, dice textualmente: Que los efectos del CO2 sobre el clima son mínimos no es, ni mucho menos, una conclusión nueva, aunque los que ya lo han establecido sobre otras bases científicas chocan con el pretendido “consenso” sobre la cuestión. En realidad, esta noción de consenso no es pertinente aquí, porque la historia de la ciencia no es más que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusión durante mucho tiempo. Más bien, sirve de justificación para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma. Como ha experimentado el autor de estas líneas, el rasgo más inquietante del debate sobre el clima es el deseo de descalificar de entrada al adversario arrastrándolo a otros campos no relacionados con el problema, en lugar de ofrecerle comentarios críticos a los que podría responder científicamente. Sorprendentemente, el libre debate en que se ha basado el progreso científico en la Historia ha sido sustituido por acciones propias del totalitarismo como la difamación, el intento de silenciamiento y la persecución del disidente bajo amenaza de ostracismo. Quizá Aristóteles, con su lógica, pensaría que esta violencia y esta imposición son en sí mismas un indicio de en qué lado del debate se encuentra la verdad.
Las presiones sufridas por las grandes personalidades científicas mencionadas en el párrafo anterior, en su día tuvieron su eco en los medios, aunque éste fuese efímero, y pueden ser rastreados sin dificultades en Internet. Pero sin esa notoriedad, sin que aparezca en ningún medio de comunicación, tiene una incidencia social mucho mayor el direccionamiento al que están siendo cotidianamente sometidos millones de personas anónimas de todo el mundo, todos los días. Cada vez que cualquiera intente acceder a través de sus teléfonos móviles o sus ordenadores a informaciones relacionadas con el cambio climático, inevitablemente, será objeto de anónimas maniobras dignas de la imaginación de George Orwelly Aldous Huxley cuando escribieron, respectivamente, sus novelas tituladas 1984 y Un mundo Feliz.
La ecoansiedad
Y todo esto, ¿para qué? ¿Qué objetivo se pretende? Hay quien piensa que se trata de fomentar el miedo, para disponer de argumentos que hagan receptivos a los ciudadanos para aceptar sacrificios, restricciones o tecnologías que de otra forma serían inaceptables. Si esta hipótesis es cierta, debe reconocerse que el objetivo está cumplido, porque el temor al aumento de temperatura, de forma totalmente injustificada, está totalmente asentado en la conciencia colectiva de la población. Hasta el punto que, en noticias aparecidas en la prensa durante las últimas semanas (como si se tratase de algo lógico y natural, dadas las circunstancias), se ha informado que activistas medioambientales, científicos y hasta niños están acudiendo a terapia para combatir la frustración por la inacción ante la deriva medioambiental del planeta, acuñando un nuevo término: la ecoansiedad.
Persistencia divulgativa frente a manipulaciones y desinformación científica sobre el cambio climático
Ante tanto despropósito y ante las evidencias de manejos tan torticeros en las redes sociales, vuelve a asaltarme la duda. Nuevamente decae mi entusiasmo por seguir publicando y me tienta la decisión de desistir. Pero intuyo que abandonar y quedar en silencio me haría sentir aun peor, digiriendo los disgustos sordos que suele provocarme el acceso a noticias científicamente aberrantes en los medios de comunicación. Esos enfados son los que, acumulados durante años, me llevaron a tomar la iniciativa de iniciar la escritura de estos artículos y que me han conducido a la desagradable situación actual, en que mi nombre ha sido expuesto en los periódicos de media España como falsario de la Ciencia. Aunque también ha supuesto, así debo reconocerlo y agradecerlo aquí públicamente, la íntima y reconfortante satisfacción de sentir el apoyo de numerosos colegas, expresada en multitud de mensajes personales y el manifiesto, anteriormente mencionado, dirigido al Colegio Oficial de Geólogos para reclamar el derecho a la libertad de expresión y la publicación de la segunda parte del artículo La Geología versus el Dogma Climático.
Así pues, volviendo de nuevo al balance entre ventajas e inconvenientes, creo que será mejor seguir. Al menos mientras haya plataformas o publicaciones que me lo permitan, y también mientras haya personas interesadas en leer los heterodoxos puntos de vista de un geólogo suspicaz. Mi única aspiración es que, en el futuro, nadie pueda preguntarme con tono de reproche, ¿por qué no lo dijiste?
ANEXO I
Apoyo a un colega y En defensa de la libertad de expresión y opinión
En Madrid, a 26 de diciembre de 2022.
En representación de un amplio estamento de técnicos, científicos, académicos y profesionales de diferentes disciplinas, y procedentes de ámbitos del sector privado, público y de la administración, en general, y ante la polémica suscitada por el artículo de d. Enrique Ortega Gironés, geólogo, publicado en la Revista Tierra y Tecnología (TT), nº 60 sobre “La geología versus el dogma climático 1ª parte» (DOI: https://dx.doi.org/10.21028/eog.2022.11.30), y que derivó en documentos públicos de rechazo y descalificaciones, invitando a su censura y eliminación en la revista, procedentes tanto de algunos colegiados de Madrid como de la delegación de geólogos de Cataluña, así como en la publicación de notas de prensa en periódicos y revistas de ámbito local y nacional, vertiéndose adjetivos impropios y con un argumentario falaz, queremos
MANIFESTAR
Nuestro apoyo al artículo, y a la persona de d. Enrique Ortega Gironés que, a diferencia de las críticas que han trascendido incluso contra el propio ICOG y su revista, está escrito con rigor, razonadamente y suscita un sano debate de interés en relación con el tema del Cambio Climático.
Que la adjetivación de negacionista del artículo, subrayado por parte de dichos colectivos, renuentes al mismo, y su divulgación en la prensa sensacionalista, es INCORRECTA, EXAGERADA e INADECUADA, en este contexto, tal y como se colige de su lectura.
Que el artículo, al publicarse en la Revista TT, ha seguido los cauces de control de calidad, rigor y debate (revisores por pares y su valoración), propios de este tipo de documentos de utilidad científica y divulgativa, por lo que SU CENSURA no es, en absoluto, PROCEDENTE.
Que los autores discrepantes del artículo deberían haber seguido el procedimiento establecido que se estipula en cualquier tipo de revista de estas características y que es, utilizando argumentos científicos, rebatir por medio de un “comment” o discusión al mismo, y en la propia revista; sin recurrir a la propaganda sensacionalista, además de sesgada y en prensa no especializada; o a los argumentos “ad hominem”, tal y como se ha hecho.
Por todo ello, CONSIDERAMOS que:
El Colegio de Geólogos (ICOG), como corporación de derecho público, no debe posicionarse, al exceder ello sus competencias como ente jurídico que es, en determinados temas en los que -aún- NO HAY unanimidad científica entre los especialistas, desmarcándose de las noticias aparecidas en la prensa.
Que el colegio de Geólogos (ICOG) debe REFLEJAR cualquier idea, teoría, hipótesis, planteamientos, conjeturas, etc., (en su ámbito de competencias, lógicamente) sin establecer ningún tipo de CENSURA PREVIA, LIMITACIÓN, O CONDICIONAMIENTO que no esté basado en criterios científicos, técnicos o exclusivamente académicos.
Que el CAMBIO CLIMÁTICO, consecuentemente, no conforma, ni es en sí mismo, UNA SENTENCIA APODÍCTICA.
Que la CAUSALIDAD argüida en la correlación CAMBIO CLIMÁTICO-INTENSIFICACIÓN DE LOS FENÓMENOS EXTREMOS, mencionada en las cartas de reprobación al artículo, es un argumento falaz que NO CUENTA CON EL CONSENSO DE TODA LA COMUNIDAD
CIENTÍFICA, tal y como -erróneamente- se señala en las notas de censura, firmadas por algunos de los colegiados, que se han hecho llegar a la referida institución colegial.
Que los GEÓLOGOS, y el resto de las disciplinas académicas relacionadas con este campo del conocimiento, sabemos, desde hace decenas de años, que el clima de la Tierra ha variado cíclicamente y de forma natural, alternando periodos cálidos con otros más fríos, de lo que se infiere que la situación climática actual no es nueva, y que nuestra capacidad de análisis y resolución espacial ratifica este argumento.
Por consiguiente, EXPRESAMOS NUESTRO MÁS FIRME APOYO Y ADHESIÓN al geólogo d.
Enrique Ortega Gironés, defendiendo su derecho -y el nuestro- a la LIBERTAD DE EXPRESIÓN, OPINIÓN E INVESTIGACIÓN, siempre que se aporten datos y argumentos ajustados a los principios dimanados de la ciencia y el espíritu de los valores universitarios, considerando que el artículo polémico se ajusta a los anteriores criterios científicos y métodos racionales.
Asimismo, y ante la deriva que el Ilustre Colegio Oficial de Geólogos ha tomado, al vulnerar uno de los fundamentos de su Código ÉTICO, REQUERIMOS que revoque la DECISIÓN de NO PUBLICAR la segunda parte del texto y se abra un debate en torno a este tema.
Sin más, y dando por recibido dicho documento, debidamente registrado en la sede Oficial del Ilustre Colegio de Geólogos de Madrid, reciba un cordial saludo
Fdo. Nicanor Prendes Rubiera, Geólogo, y 193 firmas más.
Cambio climático, geología y redes sociales, reflexiones heterodoxas de un geólogo suspicaz sobre la relación entre el cambio climático y las RRSS Por Enrique Ortega Gironés
Desde el otoño de 2021, se vienen publicando en esta revista una serie de artículos dedicados a divulgar, con un lenguaje asequible a los no especialistas, diferentes temas de interés, con especial atención a cuestiones geológicas de actualidad como el calentamiento global y el cambio climático. Hace unos meses, el Colegio Oficial de Geólogos de España se mostró interesado en dichos artículos y solicitó una síntesis de los mismos para ser publicados en su revista de divulgación geológica, Tierra y Tecnología. Dicha síntesis, dividida en dos partes para evitar una longitud excesiva, fue evaluada, revisada y publicada en su primera parte el pasado 30 de Noviembre. Sus conclusiones, muy diferentes a las hipótesis de muchos investigadores que defienden el origen antrópico del calentamiento global, han molestado a diferentes colectivos, dando lugar a la publicación de diversas informaciones en diversos periódicos digitales, regionales y nacionales, donde se ha calificado el artículo como poco científico, asignándole además (de forma gratuita) connotaciones políticas inexistentes. Además, se ha instado al Colegio Oficial de Geólogos para que se retirase el artículo y que no se publicase la segunda parte. Atendiendo al interés de muchas personas por conocer el contenido completo del artículo, se adjunta a continuación su texto íntegro, tal y como fue remitido a la revista Tierra y Tecnología. Por ello, su formato y su longitud son diferentes de las entradas anteriormente publicadas en ENTREVISTTAS.
INTRODUCCIÓN
En la primera parte de esta publicación, se han descrito las informaciones climáticas que han quedado registradas en las rocas, en los sedimentos, en los fósiles y en el hielo, que permiten afirmar que a lo largo de miles de millones de años de historia de nuestro planeta, se han registrado múltiples cambios climáticos, similares o incluso más extremos que el calentamiento actual. También, se han detallado los procesos (actividad volcánica, evolución de las manchas solares, radiación cósmica y cambios cíclicos en la órbita terrestre) que controlan la iluminación recibida del sol y su incidencia en la temperatura terrestre, concluyendo que dichos procesos, espontáneos y naturales, están fuera del control antrópico. Debe deducirse por lo tanto que el calentamiento global no es un cambio climático desencadenado por las actividades humanas, ni tampoco el Hombre tiene la capacidad para revertirlo. Sin embargo, a pesar de estas evidencias, en los medios de comunicación se difunden frecuentemente informaciones que indican lo contrario, afirmando que existe un consenso unánime entre los científicos sobre el origen antrópico de los cambios climáticos actuales. Quizá convenga recordar aquí que la Ciencia no suele regirse por criterios democráticos y el hecho de que exista una mayoría de publicaciones a favor de una hipótesis, no implica necesariamente que esa sea la interpretación correcta. Citando de nuevo las palabras del profesor Richet, ya mencionadas en la primera parte de este artículo: En realidad, la noción de consenso no es pertinente aquí, porque la historia de la ciencia no es más que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusión durante mucho tiempo. Más bien, sirve de justificación para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma. Y tampoco debe olvidarse que el ese supuesto consenso sobre el origen humano del calentamiento global, como indica Hugo Rubio (2021), tiene más de 31.000 disidentes, lo que representa una cantidad nada desdeñable.
Antes de continuar, es necesario aclarar (no hay duda al respecto y está fuera de discusión) que es absolutamente necesario controlar, no sólo las emisiones atmosféricas, sino también los vertidos tóxicos, el abuso en la utilización de fertilizantes, el uso y vertido incontrolado de plásticos y un largo etcétera, una extensa lista de productos que, incorrectamente utilizados, están ensuciando la naturaleza. Pero la necesidad de poner freno a la contaminación que nos rodea, no debe impedir la búsqueda de las verdaderas causas del calentamiento global, comprobando si su principal responsable es realmente el dióxido de carbono.
LA BESTIA NEGRA DEL CALENTAMIENTO GLOBAL: EL EFECTO INVERNADERO
El efecto invernadero es un fenómeno natural, ocasionado por determinados gases presentes en la atmósfera, que tienen la capacidad de retener parte de la radiación térmica recibida del sol y reflejada por la superficie terrestre, evitando que se escape hacia el espacio exterior. El vapor de agua, el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el ozono (O3) y otros gases se encargan de producir ese efecto de retención. Este proceso, que siempre había sido considerado beneficioso, ya que gracias a él la temperatura del planeta se mantiene a un nivel adecuado para el desarrollo de la vida, ha pasado en poco tiempo de héroe a villano. Y dentro de la lista de gases y vapores mencionados, el dióxido de carbono se ha convertido en el culpable principal de potenciar en exceso la capa protectora de nuestra atmósfera por haber alcanzado valores demasiado altos, y a él se le atribuye la responsabilidad principal del calentamiento global. Por ello, se está procediendo a la firma, en diferentes conferencias y cumbres climáticas internacionales, de convenios y acuerdos para conseguir la reducción de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Está fuera de toda duda que la actividad humana está contribuyendo al aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera. Pero, la información disponible muestra que los actuales valores atmosféricos de dióxido de carbono no representan ninguna anomalía en la historia del planeta. Puede conocerse cuál fue el comportamiento relativo del CO2 respecto de la temperatura en épocas pasadas, mediante la información proporcionada por los sondeos realizados en el casquete glaciar de Groenlandia, ya mencionados en la primera parte de este artículo. Extrayendo y analizando el aire ocluido entre los cristales de hielo, se ha podido obtener una valiosísima información sobre la evolución en la composición de la atmósfera terrestre en tiempos pasados, no sólo del isótopo O18 que nos proporciona una estimación indirecta de la temperatura, sino también de su contenido en dióxido de carbono.
Figura 1.- Comparación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y el dióxido de carbono en la atmósfera (línea azul) durante los últimos 400.000 años. Datos obtenidos a partir de los sondeos en el casquete glaciar de Groenlandia.
La Figura 1, basada en los datos de Jouzel et al. (2007), representa la evolución de ambos parámetros durante los últimos 400.000 años y muestra el enorme paralelismo que existe entre ellos, aumentando y disminuyendo de forma aparentemente simultánea. La concordancia entre las dos gráficas de la Figura 1 sugiere que existe una estrecha relación entre ellos y por eso, en 2006, Al Gore utilizó una gráfica muy similar en su famoso video sobre el calentamiento global, que llevaba por título Una verdad incómoda. En aquel documental, que ha tenido una enorme influencia en la opinión pública, se afirmaba taxativamente que era el aumento de CO2 el que estaba provocando la elevación de la temperatura, profetizando que el cambio climático causaría millones de muertos. Sin embargo, estudiando los datos con mayor detalle, la Figura 1 está indicando todo lo contrario, ya que es la temperatura (línea roja) quien tiende a preceder en el tiempo al aumento del CO2. Esta situación, no es muy evidente por la escala temporal del gráfico en la Figura 1, ya que las dos líneas se superponen en gran parte de su trazado. Sin embargo, es mucho más evidente si realizamos una ampliación, como se puede apreciar con mucha mayor claridad en la Figura 2, correspondiente al periodo comprendido dentro de los últimos 150 000 años.
Figura 2.- Comparación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y el dióxido de carbono en la atmósfera (línea azul) durante los últimos 150.000 años. Datos obtenidos a partir de los sondeos en el casquete glaciar de Groenlandia.
El desfase entre dióxido de carbono y temperatura resulta aún más evidente con una nueva ampliación, por ejemplo, para el periodo comprendido entre los 235.000 y 245.000 años (Figura 3), donde se aprecia como el pico del valor máximo de la temperatura se alcanza 800 años antes que el máximo de C02.
Figura 3.- Comparación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y el dióxido de carbono en la atmósfera (línea azul) durante el periodo comprendido entre 237.000 y 235.000 años. Datos obtenidos a partir de los sondeos en el casquete glaciar de Groenlandia.
Esta secuencia puede explicarse por el particular comportamiento que tiene el CO2 disuelto en el agua, cuyo producto de solubilidad disminuye al aumentar la temperatura. Teniendo en cuenta que el agua de los océanos es la principal fuente de emisión de dióxido de carbono, al ir ascendiendo la temperatura de los mares, crecen las emisiones desde el agua hacia la atmósfera, pero siempre con un cierto retardo respecto del aumento de la temperatura, porque la enorme profundidad de algunas zonas, hacen que se necesite mucho tiempo para calentar la enorme masa de agua de todo el planeta.
Desde esta perspectiva, puede afirmarse que realmente sí existe una relación causa – efecto entre el aumento del dióxido de carbono y el calentamiento global, al menos cuando se observa su evolución durante periodos de tiempo muy largos, pero esta relación se produciría en sentido opuesto al postulado por Al Gore. Es decir, que en realidad, como consecuencia de los procesos que controlan la radiación solar que llega al planeta, al calentarse las aguas de los océanos, aumentaría el nivel de CO2 en la atmósfera, y no al revés.
Por otra parte, existen informaciones correspondiente a épocas más recientes, atestiguando que cuando se observan estos mismos procesos durante periodos de tiempo más cortos, no existe una relación directa entre la evolución de la temperatura y la variación del contenido atmosférico de dióxido de carbono. La gráfica de la Figura 4, basada en informaciones proporcionadas por la NASA, muestra como durante el intervalo comprendido entre 1945 y 1975, a pesar de tratarse del momento en que se generalizó el uso del automóvil y se produjo un considerable aumento de las emisiones antrópicas de dióxido de carbono a la atmósfera (línea azul), la temperatura (línea roja), no creció paralelamente, sino que incluso descendió de una manera significativa.
Figura 4.- Comparación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y el dióxido de carbono en la atmósfera (línea azul) desde 1880 hasta la actualidad. (Gráfica elaborada a partir de datos de la NASA).
Las figuras anteriores evidencian que las relaciones entre la evolución del dióxido de carbono en la atmósfera y la temperatura, tienen un aspecto muy diferente según el intervalo temporal que se tome en consideración. Durante los últimos 400.000 años (Figura 1) la correlación es perfecta. Si se selecciona un periodo de 150.000 años, se visualiza más claramente el retardo entre ambos parámetros, que se hace aún más evidente para los 10.000 años de la Figura 3. Y finalmente, en la Figura 4 pueden observarse tendencias opuestas para un periodo de unas tres décadas.
La misma falta de correlación se observa si comparamos la evolución de temperatura y el valor de las emisiones antrópicas de CO2 (no el contenido atmosférico), como se representa en la Figura 5, según datos obtenidos en https://ourworldindata.org. para el intervalo comprendido desde 1850 hasta la actualidad.
Figura 5.- Comparación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y las emisiones antrópicas de dióxido de carbono (línea negra) desde 1850 hasta la actualidad. Basado en Soon (2004), Harvard Smithsonian Center for Astrophisics (En Durkin, 2007)
En la gráfica, la línea negra representa los valores de las emisiones, la línea roja el promedio de la anomalía térmica global y la línea azul a trazos representa la tendencia general de la evolución térmica. Desde 1970 hasta la actualidad, las emisiones de dióxido de carbono y las anomalías térmicas ascienden con tendencias similares a medida que avanza el tiempo, mientras que en el periodo comprendido entre 1850 y 1970, la temperatura sufre bruscas oscilaciones, completamente independientes del ritmo de las emisiones de CO2. La disconformidad entre ambas curvas entre 1850 y 1970, indicaría que los cambios de temperatura están controlados por parámetros ajenos al efecto invernadero.
Por otra parte, los datos representados en la Figura 6, basados en observaciones efectuadas en la Antártida por diversas agrupaciones científicas (incluyendo la NASA) entre los años 1890 y 2000, aclaran que es la radiación solar quien controla esas discrepancias. En el gráfico de la derecha, se observa una estrecha correlación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y la radiación solar (línea negra, expresada en watios por metro cuadrado), que a lo largo de toda la gráfica mantienen tendencias prácticamente idénticas. En cambio, en la gráfica de la izquierda, donde la línea azul corresponde a la variación del CO2 en la atmósfera (expresada en partes por millón), la temperatura y el CO2, se muestran como parámetros independientes en la mayor parte de su trazado. Teniendo en cuenta que el intervalo temporal representado en la Figura 6 coincide con la mayoría del periodo de la Figura 6, puede afirmarse que la disarmonía observada entre CO2 y temperatura queda plenamente justificada por la evolución de la radiación solar.
Figura 6.- Comparación entre la evolución de la temperatura (línea roja), la radiación solar (línea negra) y contenido atmosférico del CO2desde 1890 hasta la actualidad, a partir de observaciones realizadas en la Antártida.
Ateniendo a lo que puede observarse en las figuras 4, 5 y 6, debe recordarse que cuando existe una correlación causa – efecto entre dos fenómenos, su interrelación debe verificarse en todo momento y no sólo en determinados intervalos temporales. Existen además otras evidencias que también deben ser tenidas en cuenta para analizar el comportamiento del CO2 en la atmósfera. La Figura 7, elaborada a partir de datos publicados en https://ourworldindata.org, permite comparar las emisiones antrópicas de CO2 (línea negra) con la evolución de los contenidos de ese mismo gas en la atmósfera (línea roja), medidos anualmente en la estación de Mauna Loa, en el archipiélago de Hawái, durante el intervalo comprendido entre 1960 y la actualidad.
Figura 7.- Comparación entre la evolución de las emisiones antrópicas de CO2 (línea negra) y la evolución de los contenidos de ese mismo gas en la atmósfera (línea roja) durante el intervalo comprendido entre 1960 y la actualidad.
Aunque es evidente la tendencia creciente de ambas gráficas, es llamativo que, durante un periodo de 60 años, el contenido de CO2 en la atmósfera haya ido aumentando a un ritmo prácticamente constante (la línea roja es prácticamente una recta), a razón aproximadamente de 1,6 ppm cada año, sin acusar los aumentos en las emisiones, que han ido creciendo a lo largo de ese mismo intervalo temporal. Esta falta de respuesta al aumento de las emisiones, indicaría que la variación del contenido de CO2 en la atmósfera sigue un ritmo que no está controlado por las emisiones antrópicas, siguiendo probablemente (entre otros procesos) el dictado del aumento en la temperatura del agua de los océanos, como se ha sugerido anteriormente.
Tampoco deben olvidarse los mecanismos autorreguladores de la propia naturaleza para controlar la composición de la atmósfera, como los procesos de meteorización de los silicatos, que contribuye a la extracción de CO2 de la atmósfera (Arnscheidt & Rhotman, 2022, y muy especialmente el mundo vegetal. Con frecuencia, suele olvidarse que el aumento de la temperatura del agua del mar implica un crecimiento muy importante del fitoplancton, que tiene una enorme capacidad de actuar como sumidero de CO2, mayor aún que la selva amazónica, lo que permitiría explicar por qué los valores de CO2 en la atmósfera no están acusando el aumento de las emisiones.
LA DISCUTIBLE ESTADÍSTICA
A pesar de los datos y evidencias mencionados, se suele transmitir a la opinión pública, que las emisiones antrópicas de dióxido de carbono son las responsables directas y exclusivas del calentamiento global, con el apoyo de abundantes datos estadísticos. Durante las últimas décadas, la estadística se ha ganado el dudoso prestigio de ser una ciencia donde los resultados pueden ser elásticamente estirados y adaptados, a pesar del rigor matemático de sus cálculos. Con sentido del humor, suele decirse que existen tres tipos de verdades: las verdades en sentido estricto, las verdades a medias y las verdades estadísticas. Los usuarios de esta disciplina (de alguna manera, todos lo somos y sufrimos las consecuencias de sus veredictos), conocemos bien su indudable utilidad, pero también los peligros potenciales que encierra si no se utiliza correctamente.
Para caricaturizar los procedimientos poco ortodoxos, aquellos que tratan de forzar los resultados de una investigación hacia conclusiones preconcebidas, es bien conocida la Constante de Skinner, que puede definirse como el número, entero o fraccionario, real o imaginario, que sumado, restado, dividido o multiplicado por el valor obtenido, proporciona el resultado que se deseaba obtener. Esta capacidad potencial para la manipulación, por las posibilidades que ofrece tanto para la presentación sesgada de los datos como para su interpretación, ha sido considerada una cuestión lo suficientemente seria como para que un señor llamado Darrell Huff, se tomase el trabajo de publicar un libro titulado Cómo mentir con estadísticas (2015), que se convirtió enel manual sobre esta ciencia más vendido en la segunda mitad del siglo XX.
La manera más efectiva de dirigir los análisis estadísticos hacia los objetivos deseados, es seleccionar los datos a utilizar para que, sin manipulaciones, se alcancen los resultados esperados. Un claro ejemplo de cómo se pueden obtener conclusiones diametralmente opuestas en función del intervalo temporal seleccionado, lo podemos encontrar en las series estadísticas del cambio climático.
La Figura 8, basada en Pedraza (1996), ya publicada en la primera parte de este artículo, muestra la evolución estimativa de la temperatura media del planeta a lo largo del tiempo. En la gráfica, la línea negra horizontal representa la temperatura actual y la línea en zigzag la variación de la temperatura a lo largo del tiempo, evidenciando que durante los últimos 2.800 millones de años, la temperatura de la Tierra ha sufrido variaciones constantes, alcanzando valores mucho más extremos, más fríos y más cálidos, que los actuales.
Figura 8.- Evolución estimativa de la temperatura media del planeta a lo largo del tiempo, a partir del momento en que los restos fósiles proporcionan información sobre condiciones atmosféricas.
Observando la posición de la línea negra horizontal, es evidente que en el momento actual nos encontramos en una situación intermedia, lejos de los periodos muchísimo más fríos o muchísimo más cálidos que ha experimentado el planeta en épocas pasada. Incluso, si centramos nuestra atención en el tramo más reciente de la gráfica, el extremo derecho de la línea en zigzag, se aprecia que la línea es descendente, hacia el enfriamiento, a pesar del innegable calentamiento que está sufriendo el planeta en el momento actual. Esta aparente contradicción, se debe simplemente a la escala de observación, ya que esa es realmente la tendencia que se observa cuando se contempla la evolución térmica de la Tierra con la perspectiva de miles de millones de años.
Figura 9.- Evolución de la temperatura durante los últimos 65 millones de años. Basada en Zachos et al. (2001).
En la Figura 9, donde se ha realizado una ampliación del tramo final de la figura anterior, correspondiente a los últimos 65 millones de años, la evolución de la temperatura muestra un acusado perfil en diente de sierra, una alternancia de alrededor de 400 máximos y mínimos, correspondientes a los ciclos de Milankovitch ya mencionados en la primera parte de este artículo. A pesar de los vaivenes y oscilaciones registradas, la tendencia general coincide con la gráfica anterior, es decir, que a largo plazo, la tendencia actual es hacia el enfriamiento. Si continuamos haciendo ampliaciones y centramos ahora nuestra atención en lo ocurrido durante los últimos 400.000 años, en la Figura 10 se aprecian con mayor detalle las últimas oscilaciones térmicas experimentadas por el planeta, donde la línea azul discontínua, representa la tendencia general.
Figura 10.- Evolución de la temperatura (línea roja) durante los últimos 400.000 años. La línea azul discontínua, representa la tendencia general.
La comparación entre las figuras 9 y 10 permiten comprobar como, al cambiar el intervalo temporal de observación y centrar la atención en un periodo más corto, desaparece la tendencia decreciente, pasando a situarse con un perfil ligeramente ondulado pero prácticamente plano. Si hacemos una nueva ampliación y nos fijamos en lo ocurrido durante el último siglo y medio (ver Figura 4) se puede apreciar una tendencia netamente ascendente de la temperatura. Es indudable que si se observa la Figura 4 de manera aislada y sin tener en cuenta las tendencias observadas en las figuras 8, 9 y 10, es imposible apreciar si el ascenso térmico registrado durante los últimos años representa un hecho aislado o forma parte de la tendencia que ya se había iniciado hace 20.000 años. O incluso, no representa más que un breve periodo de calentamiento dentro de un ciclo largo de descenso térmico iniciado hace millones de años, como demuestra la Figura 9. Esta comparación ilustra la importancia que tiene la selección del intervalo temporal a estudiar, para garantizar la representatividad y la validez de las conclusiones a obtener, dejando en evidencia que si la información corresponde a un intervalo de tiempo excesivamente corto, las variaciones de temperatura registradas en las últimas décadas no permiten una interpretación correcta del proceso de cambio climático. Las dudas sobre la representatividad de la información plasmada en una gráfica de la evolución térmica del planeta, aumentan aún más cuando, además de elegir un intervalo excesivamente corto, se mezclan datos diferentes. Este es el caso de la Figura 11, la última versión de la gráfica que el IPCC viene publicando y actualizando desde finales del siglo pasado y que representa la evolución de la temperatura del planeta durante los dos últimos milenios.
Figura 11.- Evolución de la temperatura durante los dos últimos milenios según el International Panel on Climatic Change (IPCC).
Dicha gráfica, denominada coloquialmente como el palo de hockey (su largo tramo rectilíneo, con un una brusca elevación final, casi en angulo recto, recuerda a la forma de esa herramienta deportiva), ha sido elaborada integrando medidas termométricas con estimaciones de temperatura a partir de datos con orígenes diversos como anillos de crecimientos de árboles, corales e isótopos de oxígeno en sondeos de hielo. Debe recordarse que no hay medidas obtenidas mediante termómetros antes del siglo XIX y para corregir la heterogeneidad de los datos (es decir, hacer corresponder por ejemplo las características el anillo de crecimiento de un árbol con una determinada temperatura), se han aplicado técnicas estadísticas. Y, precisamente, sobre los métodos estadísticos aplicados cayeron graves críticas.
La publicación de la primera versión del palo de hockey a finales del siglo XX, proclamando que el planeta está experimentando un calentamiento drástico y sin precedentes, causó un gran revuelo y una enorme alarma social. El sobresalto provocado es totalmente comprensible, ya que el tramo corto del palo de hockey, ese brusco cambio de tendencia, coincide con el inicio de la época industrial, lo que permitía establecer una clara correlación entre la actividad humana y el calentamiento global, obviando que la evolución térmica de los dos últimos milenios no puede considerarse anómala en el conjunto de la historia del planeta.
Investigaciones posteriores indicaron que dicha gráfica fue elaborada aplicando metodologías inadecuadas, atribuyendo mayor peso en la ponderación a determinados parámetros para dirigir los cálculos hacia los resultados que se deseaba obtener, tal y como pusieron de manifiesto Mcintyre y Mckitrick (2005). Por si esto no fuera suficiente, en 2009, un pirata informático filtró a la prensa una serie de correos electrónicos entre miembros del IPCC que dejaban en evidencia la manipulación de datos, la destrucción de pruebas y la realización de fuertes presiones para acallar a los científicos escépticos, el denominado Climagate al que ya se ha hecho referencia en la primera parte de este artículo. Existen además otros criterios que introducen serias dudas sobre la representatividad de la Figura 11. Las informaciones obtenidas mediante sondeos en el hielo de Groenlandia, indican la existencia de un periodo muy cálido (con temperaturas muy similares a las actuales) al principio del último milenio, seguido de un periodo muy frío iniciado al principio de la Edad Moderna. Dichos datos son perfectamente coherentes con informaciones históricas (ver Figura 12, extraída de Gomez Ortíz, 2006). Las cálidas temperaturas durante los primeros años del milenio, el Óptimo Medieval, permitieron a los vikingos colonizar un extenso territorio, en buena parte libre de hielo, que fue bautizado como Greenland, es decir, país verde, la actual Groenlandia. Su presencia allí está certificada por restos arqueológicos y también documentación conservada en los archivos vaticanos. Pero sólo aguantaron allí unos pocos siglos, cuando comenzaron a descender las temperaturas y la agricultura resultó imposible, se vieron obligados a abandonar aquel territorio. Durante el periodo frío que siguió, la Pequeña Edad de Hielo, son abundantes las informaciones sobre temperaturas extremadamente bajas que llegaron a congelar el río Támesis en Londes e incluso los canales de Holanda y Venecia. No deja de ser llamativo que oscilaciones térmicas tan significativas pasen totalmente desapercibidas en el palo de hockey de la Figura 11.
Figura 12.- Evolución de la temperatura durante el último milenio, contrastada con datos históricos.
Teniendo en cuenta estos datos, no parece descabellado afirmar que la Figura 11 no refleja fidedignamente todos los conocimientos actuales sobre la evolución climática del planeta, ya que con la informacion correspondiente a tan sólo dos milenios, no se puedan obtener conclusiones representativas de lo que realmente está ocurriendo. Entonces, cabe preguntarse: ¿Por qué el trabajo del IPCC se ha centrado tan sólo en un intervalo de tiempo tan breve? ¿Por qué en la Figura 11 se hace referencia a periodos de 2.000 y de 100.000 años, ignorando toda la historia anterior, registrada en las figuras 8, 9 y 10? Se podría obtener una visión más completa, objetiva y equilibrada del problema, si la visión se ampliase y se tomase en consideración el conjunto de la historia de la evolución climática del planeta. Pero es evidente que si comparásemos el ciclo de calentamiento actual con los experimentados por el planeta en etapas anteriores de su historia, las responsabilidades de la Humanidad en el cambio climático, quedarían diluidas.
IMÁGENES FRAUDULENTAS SOBRE EL CALENTAMIENTO GLOBAL
Para validar las estadísticas que se publican, los medios de comunicación difunden con frecuencia imágenes impactantes sobre las consecuencias detectables del calentamiento global. Es innegable que la temperatura media del planeta está aumentando, hay evidencias de sobra que apoyan esa realidad y el hielo de los glaciares está retrocediendo. Es también irrebatible que hay regiones de la Tierra que están sometidas a un proceso de desertización. Pero no es menos cierto que, con frecuencia, las imágenes que acompañan a las noticias sobre estos fenómenos y que proporcionan los medios de comunicación, están muy lejos de ser representativas de lo que está ocurriendo en realidad.
Es evidente que el retroceso del hielo en los polos lleva asociado un aumento de aridez en algunos lugares, pero la desertización no debe vincularse tan sólo con un aumento de temperatura, si no con un descenso de humedad y de precipitaciones, que no siempre está relacionado con la elevación térmica ni tampoco con las actividades antrópicas. La desertización del Sahara es muy reciente, se inició hace tan sólo unos pocos miles de años, muchísimo antes del inicio de la era industrial, como parte de la secuencia de calentamiento global que viene experimentando el planeta desde hace miles de años. Es también evidente que ese proceso está afectando a la climatología de la Europa meridional, como consecuencia del aumento de temperatura, el retroceso de los hielos polares y la disminución de la pluviosidad. Pero esa tendencia no implica que se esté produciendo una desertización generalizada del planeta, como en muchas ocasiones, de manera explícita o implícita, se nos transmite. La aparición de una zona desértica depende de complejos factores meteorológicos, de las barreras montañosas y de las complicadas leyes que gobiernan las corrientes marinas y los vientos dominantes. Por lo tanto, no se trata de una simple zonación Norte – Sur, no se trata simplemente de que las zonas áridas están avanzando hacia los polos.
Figura 13.- Mapamundi elaborado a partir de un mosaico de imágenes satélite.
En la figura 13, un mapamundi realizado mediante un mosaico de imágenes satélite, los tonos amarillentos corresponden a las zonas áridas, se puede apreciar que el actual retroceso de los hielos no está dando lugar a una desertización generalizada. El continente africano, en el centro de la imagen, presenta en su tercio septentrional una extensísima zona árida que se prolonga hacia Asia por la Península Arábiga y Oriente Medio. Pero más hacia el Este y exactamente a la misma distancia del Polo Norte, encontramos las densas selvas de montaña del extremo oriente (Camboya, Birmania, Laos y Vietnam), mientras que en dirección contraria, hacia poniente, aparecen las selvas centroamericanas, famosas por ser de las más densas, húmedas e impenetrables del mundo. Un poco más al Sur, la mayor parte de la zona ecuatorial africana, disfruta de abundantes lluvias y frondosas selvas, mientras que hacia el Este, en la costa del océano Índico, la península de Somalia está sometida a unas condiciones extremadamente áridas. Otro ejemplo de cambios drásticos de pluviosidad para zonas situadas en la misma franja geográfica respecto de los polos, lo encontramos en la comparación entre la zona meridional de Brasil (donde la abundante lluvia proporciona el enorme caudal que alimenta a las cataratas de Iguazú) y las zonas desérticas de Namibia y Kalahari, al otro lado del Atlántico. Además, en la misma latitud hacia el Este, o incluso en una posición más austral, aparecen las extensas zonas desérticas australianas. Más ilustrativo resulta todavía, por su escasa separación, el ejemplo de la zona septentrional de Colombia, que en su costa atlántica es prácticamente desértica (región de La Guajira), mientras que hacia poniente, en la costa Pacífica, la región del Chocó presenta la pluviosidad más alta del planeta. Es decir, que el esquema simplista que propone el progreso generalizado de la desertización hacia los polos como consecuencia del calentamiento global, no está justificado por la realidad. Sin embargo, en muchas noticias de prensa o televisión, cuando se informa sobre la desertificación, para acentuar visualmente el peligro que nos acecha, se insertan imágenes de un lugar totalmente árido, reseco, donde la tierra aparece cuarteada (las clásicas grietas de desecación o mud cracks), sin una sola brizna de vegetación. Pero la noticia nunca informa sobre cuál es el lugar y la fecha donde se han tomado esas sobrecogedoras fotografías. ¿Se trata de una laguna que se ha secado para siempre? O por el contrario, ¿se trata de un lugar donde esas grietas aparecen de forma transitoria? Porque existen muchos lugares en la Tierra donde se secan las lagunas durante la estación seca, y bastaría regresar al mismo lugar unos meses más tarde, para que el paisaje tuviese un aspecto totalmente diferente, húmedo y lleno de vegetación. De entre las innumerables imágenes fraudulentas que han sido presentadas a la opinión pública, a título de ejemplo, se reproduce en la Figura 14 un montaje fotográfico (publicado en el periódico La voz de Asturias en septiembre de 2021) donde las dunas del Sahara llegan a los pies de los Picos de Europa, en un artículo donde se proponía al Principado como refugio para la inminente desertización de la península.
Figura 14.- Fotomontaje sensacionalista publicado por el periódico La Voz de Asturias (2021).
Tampoco suele ser muy correcta ni completa la información que se difunde sobre los lagos que están actualmente en proceso de desecación, y a los cuales se hace mención con frecuencia. El de mayores dimensiones y el más conocido de todos es el mar de Aral, situado entre Kazajistán y Uzbekistán, que actualmente tan sólo conserva un 5% de su extensión original. Aunque la razón primordial de su pérdida de agua no ha sido la desertización ni el calentamiento global, sino la actividad humana, ya que durante buena parte del siglo XX, los dos ríos principales que le habían nutrido de agua durante miles de años, el Amu Darya y el Syr Darya, fueron desviados y canalizados hacia zonas agrícolas para favorecer cultivos intensivos. Esta modificación de la red hidrográfica dio lugar a que el lago perdiese el 80 % del caudal que le alimentaba, tal y como se puede apreciar en la secuencia de imágenes de la Figura 15, obtenidas por el espectro – radiómetro MODIS del Earth Observatory de la NASA. Además, como consecuencia, sus aguas han aumentado drásticamente el contenido en sales y contaminantes, aunque sin olvidar (tampoco suele mencionarse) que se trataba originalmente de un lago de agua salada.
Figura 15.- Evolución de la masa de agua del mar de Aral entre 1985 y 2013 (imágenes de la NASA).
Otra imagen fraudulenta que ha dado la vuelta al mundo, que ha aparecido en primera plana de numerosos periódicos y en la cabecera de muchos noticieros, ha sido la fotografía de un oso polar, esquelético y agonizante, en la isla de Baffin, en el Ártico canadiense. Los fotógrafos que realizaron el reportaje, atribuyeron el deterioro físico del animal a la desnutrición, como consecuencia del calentamiento global. Posteriormente a su publicación, reconocieron que no sabían cuáles eran las causas por las que el animal se encontraba en aquel estado, podía estar agonizando como consecuencia de alguna enfermedad, o simplemente de vejez. La realidad es, según la Administración canadiense (información confirmada por la organización World Wildlife Fund, WWF), que la colonia actual de osos polares es de casi 30.000 ejemplares, frente a los 22 500 censados hace más de una década. No obstante, las imágenes del oso agonizante, todavía hoy, siguen dando la vuelta al mundo.
¿ESTÁ EL PLANETA EN PELIGRO?
Así pues, gran parte de las informaciones climáticas que se difunden en los medios de comunicación, no son representativas del conjunto de conocimientos que actualmente disponemos sobre la evolución climática. Esa tendencia informativa, iniciada hace décadas, se ha reforzado últimamente subiendo peldaños en el nivel de alarma y en el lenguaje utilizado. Del cambio climático se ha pasado a la emergencia climática, y en la reciente cumbre de Egipto en 2022, se ha llegado a mencionar el riesgo de un genocidio climático, introduciendo la idea de que el planeta está en peligro. Sin embargo, el registro geológico de lo ocurrido en las etapas durante las cuales la Tierra se recalentó hasta alcanzar temperaturas muy superiores a las de ahora, no sustenta esas alarmas. Durante esas etapas no ocurrió ninguna catástrofe, y la evolución continuó con el ritmo impuesto por los ciclos naturales.
Es conveniente recordar aquí que los pronósticos sobre la evolución climática están basados en modelos estadísticos de proyección hacia el futuro, simulaciones obtenidas por ordenador basadas en cálculos estadísticos, aunque con frecuencia son presentados como si se tratase de hechos probados y contrastados. En este contexto muy interesante la gráfica elaborada por el Profesor John Christy, físico atmosférico de la Universidad de Alabama (Figura 16).
Figura 16.- Comparación entre la mediciones reales de temperaturas atmosféricas y las predicciones basadas en diferentes modelos estadísticos (Christy 2016).
La Figura 16 establece la comparación entre las temperaturas reales medidas y las predicciones realizadas por modelos estadísticos, durante el periodo comprendido entre 1975 y 2015. El valor “cero” en el eje de ordenadas representa el dato de referencia para contabilizar las variaciones de temperatura. La línea señalada por cuadrados azules corresponde al promedio de observaciones realizadas mediante satélites, la línea de círculos verdes al promedio de medidas obtenidas mediante globos sonda meteorológicos y la línea de rombos rosados al promedio de todos estos datos homogeneizados y reanalizados. Por otro lado, la línea roja representa el promedio de las predicciones obtenidas a partir de más de un centenar de modelos informatizados de predicción climática, entre ellos, los utilizados por el I.P.C.C. en sus previsiones. La tozuda realidad indica, a partir de las medidas realizadas, que durante los últimos 40 años (1975 a 2015) la temperatura ha aumentado tan sólo 0,3ºC.
No debe olvidarse que todos estos modelos están basados en datos correspondientes a un intervalo temporal cortísimo, ignorando los ciclos planetarios y cósmicos. Desde el punto de vista geológico, que contempla la historia de nuestro planeta con la perspectiva de miles de millones de años, no es concebible que se intente analizar la situación climática actual utilizando tan sólo datos de unos pocos siglos, por muy precisos que estos sean. Si se pretende analizar el clima actual teniendo en cuenta sólo los dos últimos milenios, es como si un periodista intentase evaluar y analizar la situación actual de la Humanidad, considerando tan sólo las noticias de la prensa publicadas durante los últimos cinco meses, sin tener en cuenta nada de lo ocurrido anteriormente desde que se inició la Historia, hace unos 6000 años. Esta comparación puede parecer exagerada, pero los modelos de predicción climática, respecto de los 3.500 millones de años de historia de la atmósfera del planeta, están considerando los datos de un periodo que representa tan sólo el 0,00007 % del total.
Por otra parte, observando la cronología de en las gráficas de la Figura 16, no deja de ser significativo que los modelos de evolución climática sean más o menos concordantes con las observaciones realizadas durante las dos últimas décadas del siglo XX y que la divergencia se inicie alrededor de la fecha de creación del IPCC, donde los pronósticos tienden sistemáticamente a exagerar el calentamiento. Como se puede apreciar en la gráfica, ninguna de estas predicciones se ha cumplido hasta la fecha.
Pero incluso aceptando que estos vaticinios fuesen ciertos, ¿representa ese aumento de temperatura un problema real para el planeta? Si queremos saber qué es lo que realmente puede ocurrir cuando aumente la temperatura, deberíamos prestar atención a lo que sabemos, a lo que conocemos que ya ocurrió en el pasado. El último informe del IPCC advierte que, si las emisiones continúan produciéndose al mismo ritmo que hasta ahora, el calentamiento medio llegaría a finales de siglo a los 4,4 grados por encima de las temperaturas preindustriales, lo que tendría unas consecuencias desastrosas. Hace ahora entre 20 y 60 millones de años, durante uno de los periodos más cálidos de la historia de la Tierra, las temperaturas alcanzaron valores de seis grados por encima de la temperatura preindustrial.
Figura 17.- Comparación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y el ritmo de la evolución (aparición de nuevas especies, línea azul), durante los últimos 65 millones de años. Basada en Jaramillo et al. (2006).
La Figura 17, basada en las investigaciones de Jaramillo et al. (2006), permite comparar la evolución de la temperatura y la biodiversidad durante ese mismo periodo. En dicha figura, la línea fina de color gris representa la evolución de la temperatura media del planeta, con su característico perfil en diente de sierra, mientras, que la línea roja gruesa expresa la tendencia general de dichas oscilaciones. En la gráfica inferior, la línea en color azul representa el número de especies vegetales nuevas que van surgiendo, tal y como atestigua el estudio de las esporas fósiles que van apareciendo en los sucesivos estratos. La correlación entre ambas gráficas evidencia que, a lo largo del tiempo, existe un estrecho paralelismo entre la diversidad vegetal (aparición de nuevas especies) y la temperatura del planeta, aumentando ambas conjuntamente. Por lo tanto, la similitud y el paralelismo de las tendencias en las curvas roja y azul, sugieren que el aumento de temperatura no representa ningún obstáculo para el desarrollo de la vida, sino más bien todo lo contrario. Lógicamente, esa evolución no se restringe al mundo vegetal. El aumento de temperatura favoreció el desarrollo de frondosos bosques tropicales, cuyos restos dejaron extensos yacimientos de carbón, como los que se están explotando actualmente en la zona de La Guajira, a ambos lados de la frontera entre Venezuela y Colombia. Dicho hábitat representó un terreno muy favorable para el desarrollo del mundo animal, como lo demuestran los espectaculares restos fósiles, reptiles de gran tamaño, cuya presencia demuestra que la vegetación tropical no desaparece como consecuencia del calentamiento, ni se produce una desertización al aumentar la temperatura media del planeta. Así pues, los datos geológicos indican que un aumento de seis grados en la temperatura del planeta, en lugar de una emergencia climática, representa una eclosión de vida, un aumento de la biodiversidad, ya que el calentamiento parece potenciar la evolución y facilitar la aparición de nuevas especies, cada vez más adaptadas al medio.
Por otra parte, también suele olvidarse que, si observamos la evolución térmica del planeta en su conjunto, la aparición del Hombre sobre la Tierra coincidió con un periodo relativamente frío. Con anterioridad al cuaternario, predominaron durante mucho tiempo los climas cálidos, la glaciación precedente al periodo actual tuvo lugar hace unos 25 millones de años y fue unipolar, con un sólo polo cubierto de hielo, localizado en el hemisferio Sur. Para encontrar una situación comparable a la actual, con dos polos cubiertos por hielo, debemos remontarnos al final del Paleozoico, hace más de 260 Ma. Debemos tener en cuenta que, aquello que desde nuestra perspectiva representa la normalidad (así nos lo parece porque es lo que ha existido desde los albores del ser humano sobre la Tierra), las épocas glaciares similares a la actual han sido realmente una rareza, abarcando poco más del 10% del total de la historia de la Tierra. Algo similar puede decirse del actual contenido atmosférico de CO2, ya que los valores actuales pueden considerarse muy bajos en comparación con los que han existido en tiempos pasados. La Figura 18 (Berner & Kothavala, 2001) representa la evolución del contenido del CO2 en la atmósfera desde el inicio del Paleozoico (hace aproximadamente 550 millones de años), hasta la actualidad. Los valores del eje de ordenadas se corresponden con el factor multiplicativo de la masa de CO2 en la atmósfera respecto de los valores actuales.
Figura 18.- Evolución del contenido de CO2 en la atmósfera durante los últimos 550 millones de años, según Berner & Kothavala (2001).
Es decir, que durante el Cámbrico, hace unos 520 millones de años, el contenido atmosférico en dióxido de carbono, llegó a ser más de veinticinco veces el actual (unas 10.000 ppm). Por el contrario, el presente contenido de CO2 en la atmósfera (unas 400 ppm) no ha tenido equivalente en ningún momento de la historia geológica del planeta, salvo en el período comprendido entre los 350 y los 250 millones de años antes del presente, durante los períodos Carbonífero y Pérmico. A la luz de estos datos, es difícil defender que las concentraciones actuales de CO2 sean peligrosas para la salud del planeta y la vida sobre la Tierra.
EL IMPARABLE ASCENSO DEL NIVEL DEL MAR Y LA FIABILIDAD DE LOS MODELOS ESTADÍSTICOS DE PROYECCIÓN CLIMÁTICA
Uno de los temores que más ha calado en la población es el miedo a que el mar invada la tierra firme, lo cual no es de extrañar si se tienen en cuenta las apocalípticas informaciones que se difunden al respecto, profetizando un Mediterráneo sin playas. En 2001, el IPCC anunció que el nivel medio mundial del mar se elevaría 0,14 metros entre 1990–2025, a un ritmo de 4 milímetros al año, pero que ese ritmo se aceleraría hasta los 5,3 milímetros al año, si se consideraba un ciclo más largo, entre 1990 y 2050. En 2021 el IPCC ha actualizado sus previsiones, acelerando el ascenso a 5,5 milímetros al año hasta 2100. Pero no todo el mundo coincide con estas previsiones, y hay otros datos que registran una velocidad de elevación sensiblemente menor. Así por ejemplo, el informe CLIVAR (Vargas-Yáñez et al. 2010), basado en medidas de mareógrafos en las costas españolas del Atlántico, indica aumentos sostenidos del orden de 2 mm/año en la segunda mitad del siglo XX. Es absolutamente lógico que informaciones de este tipo alarmen y preocupen a la población, sobre todo si no están integradas en el contexto sobre la historia de las variaciones del nivel del mar, lo que permitiría disponer de una visión equilibrada y menos catastrófica del fenómeno que hoy estamos presenciando.
En la Figura 19, la línea azul en la mitad inferior, representa las variaciones del nivel medio del mar registradas durante los últimos 400.000 años, de acuerdo con los datos publicados por Hansen et al. (2001). En la gráfica, el valor “cero” y la línea negra discontinua horizontal corresponden al nivel actual del mar. En la misma figura, la línea roja en la mitad superior, muestra la variación de la temperatura media del planeta durante el mismo periodo, obtenida a partir de los valores del isótopo de oxígeno O18 en los sondeos del hielo glaciar de Groenlandia.
Figura 19.- Comparación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y la variación del nivel del mar (línea azul) durante los últimos 400.000 años. Basada en Hansen et al. (2001).
La comparación entre ambas gráficas pone de manifiesto que existe un estrecho paralelismo entre la evolución de la temperatura y la variación del nivel del mar. Dicha correlación es totalmente lógica y fácilmente comprensible, si tenemos en cuenta que la causa primordial del ascenso del nivel del mar está relacionada con la fusión de los hielos glaciares. Al calentarse el planeta, los hielos se funden y el agua procedente de esa fusión hace que la línea de costa avance tierra adentro. Además, al aumentar la temperatura del agua, ésta sufre una dilatación, aumentando su volumen, contribuyendo también a la elevación del nivel del mar. Por el contrario, al enfriarse el planeta, ocurren los procesos opuestos.
El registro de la evolución de la temperatura del planeta, muestra que tan sólo durante los últimos 60 millones de años (ver Figura 10), han existido cientos de ciclos de calentamiento y enfriamiento, similares a los reflejados en la Figura 19, y cada uno de ellos estuvo asociado al correspondiente ascenso y descenso del nivel del mar. Así pues, la lenta elevación de las aguas que la humanidad está observando hoy, no representa una situación excepcional creada por el hombre, sino tan sólo uno más de los ciclos naturales que vienen sucediéndose desde hace millones de años. En otras palabras, que el nivel del mar nunca ha estado estable, ni puede estarlo. Si centramos nuestra atención en la parte más reciente de la Figura 19, comprobaremos que el momento más frío del último ciclo (máximo glaciar) tuvo lugar hace 20.000 años. Los datos geológicos indican que, en ese momento, el nivel de las aguas estaba situado unos 120 metros por debajo del actual, y que desde entonces ha estado elevándose de forma incesante. Existen mucho lugares donde las variaciones del nivel del mar han dejado huellas muy evidentes en las costas, como por ejemplo la gruta de Cosquer en Francia, con magníficas pinturas rupestres, cuya entrada se encuentra hoy a 36 metros de profundidad bajo las aguas del Mediterráneo (ver Figuras 20 y 21).
Figura 20.- Bloque diagrama de la gruta de Cosquer (Francia), cuyo acceso se sitúa hoy 36 metros por debajo del nivel del mar. Fuente: Office de la Mer, Marsella.
Figura 21.- .- Pinturas rupestres en la gruta de Cosquer (Francia), hoy parcialmente inundada. Fuente: Parque Nacional de Calanques.
También se podrían citar los muelles del puerto antiguo de Alejandría, hoy sumergidos, pero quizás el ejemplo más ilustrativo se encuentre en el Banco de Dogger, que con una extensión 17.000 Km2, representa la porción más elevada de un enorme territorio antiguamente emergido, Doggerland y que actualmente está situado bajo las aguas, a una profundidad de unos 16 metros, entre Gran Bretaña y Dinamarca (Coles, 1998).
En la Figura 22 se muestra la disposición de las tierras emergidas en el entorno de lo que hoy es el Mar del Norte, durante los últimos 16.000 años. Se trata de un extenso dominio que representó en su mayor parte tierra firme, hasta que el progresivo aumento del nivel del agua durante la actual época interglaciar, produjo la inmersión de Doggerland, y la separación de las Islas Británicas respecto del continente. Existen evidencias de que hace unos 6.500 años, el Estrecho de Calais aún estaba en seco y el Banco de Dogger estaba todavía emergido, y representaba un hábitat adecuado para los asentamientos humanos, probablemente similar a las condiciones actuales de la tundra, como lo demuestran los abundantes restos fósiles (principalmente huesos y dientes de mamuts) y herramientas prehistóricas que han encontrado los pescadores atrapados en sus redes de arrastre, como se muestra en la fotografía de la Figura 23.
Figura 22.- .- Cartografía de la antigua línea de costa de Europa occidental hace 16.000 años, cuando las Islas Británicas estaban unidas al continente. Fuente: Mcnulty y Cookson, publicado en National Geographic.
Figura 23.- Hueso de mamut atrapada por redes pesqueras de arrastre en el Banco de Doggerland. Fuente: Naturalis Historia.
Aunque el ascenso del nivel del mar durante los últimos miles de años no ha tenido lugar a un ritmo uniforme, ya que del mismo modo que ocurre con la temperatura, se producen pequeñas oscilaciones y cambios de tendencia, un sencillo calculo, dividiendo el aumento de cota (120 metros) por el tiempo transcurrido (20.000 años), permite obtener un valor promedio de 6 milímetros al año.
Es decir, que la elevación del nivel del mar durante los últimos 20 milenios, como promedio, se ha producido a un ritmo más rápido que los 5,5 mm/año preconizados por el IPCC como dramática consecuencia del calentamiento global generado por las actividades humanas. Entonces, ¿por qué considerar anómalo y catastrófico un ritmo de ascenso que encaja perfectamente dentro de los ritmos establecidos y mantenidos espontáneamente por la naturaleza desde mucho antes de la aparición de la sociedad industrial?
Este dato, además, permite introducir nuevas dudas sobre la fiabilidad de los modelos estadísticos sobre cambio climático. Si consideramos que el ascenso del nivel del mar se debe a la fusión de los hielos glaciares, si dicha fusión está motivada por el aumento de temperatura del planeta, y si el ritmo de elevación del nivel marino que está midiéndose actualmente es inferior a los registrados durante los últimos 20.000 años, ¿por qué se afirma que el calentamiento que está experimentando la Tierra es anómalo y está generado por las actividades antrópicas? ¿Dónde está la correlación entre el aumento de emisiones de dióxido de carbono y la aceleración en el ascenso del nivel de las aguas? Si realmente estuviese sucediendo un calentamiento extraordinario y fuera del rango de los ritmos naturales, ¿no debería verse reflejado en un aumento anómalo de la elevación del nivel del mar?
A pesar de estas evidencias, el IPCC ha aclarado que su previsión de aumento del nivel del mar a una velocidad de 5,5 mm al año, es sólo una especie de mal menor, el mínimo exigible que sólo se podrá alcanzar si la humanidad cumple los acuerdos suscritos en la Cumbre del Clima celebrada hace unos años en París. En caso contrario, la velocidad de elevación podría triplicarse hasta el año 2100, llegando a los 16,5 mm al año. O incluso aún más (20 milímetros hasta el año 2300), si el planeta se sigue calentando y se produce el deshielo total de los polos. Es verdaderamente difícil encontrar justificación a una aceleración tan brusca cuando, después de casi dos siglos de actividad industrial, el nivel del mar está ahora ascendiendo a velocidades inferiores al promedio de las registradas durante los últimos milenios.
CONCLUSIONES
Hay indicios suficientes para pensar que la estrategia de lucha contra el cambio climático que se están proponiendo no apunta en el camino correcto. Se está procediendo como si la correlación entre emisiones antrópicas de CO2 y calentamiento global fuese una verdad absoluta, demostrada e irrebatible, como si detener el cambio climático estuviese en nuestras manos y dependiese sólo de nosotros. Se hace necesaria una seria reflexión sobre la aplicabilidad y consecuencias de las medidas adoptadas, que debe incluir también un análisis económico de la relación entre costes y beneficios de los enormes sacrificios y de las inversiones astronómicas que suponen, cuyos impactos climáticos pueden ser insignificantes. En este contexto, cabe recordar la información hecha pública recientemente por la Organización Meteorológica Mundial y Copernicus (noviembre de 2022), indicando que las temperaturas en Europa han aumentado más del doble de la media mundial en los últimos 30 años, a pesar de que las emisiones de gases de efecto invernadero han disminuido en el territorio europeo un 31% entre 1990 y 2020.
Además, la ofensiva que se está desarrollando contra los gases invernadero está dejando de lado otras tareas urgentes, a las que no se les está prestando la atención que merecen. Es absolutamente evidente que la actividad antrópica está afectando la salud ambiental del planeta. Se están talando selvas, se está vertiendo a lagos, ríos y mares productos tóxicos, los plásticos están invadiendo los océanos, se está abusando de herbicidas y pesticidas, se está permitiendo la obsolescencia programada de electrodomésticos para aumentar artificialmente la demanda y la producción, etc. Pero toda la atención está focalizada de forma prácticamente exclusiva sobre el cambio climático y las emisiones de CO2. Mientras que la reversión del calentamiento global y del ascenso del nivel del mar es utópica (la temperatura del planeta seguirá cambiando, hagamos lo que hagamos, atendiendo al ritmo de los ciclos planetarios, solares y cósmicos que llevan en funcionamiento desde hace millones de años), el freno a la contaminación depende exclusivamente de nosotros, y bastaría poner en marcha las medidas necesarias, con esos mismos esfuerzos que se están dilapidando en la lucha contra el cambio climático.
Por otra parte, los modelos climáticos están ofreciendo predicciones exageradas y alejadas de la realidad, dificultando la puesta en práctica de estrategias de actuación eficientes para corregir, mitigar y prevenir los efectos del previsible aumento de temperatura y de la elevación del nivel del mar que continuará a lo largo de los próximos decenios. Nuestros antepasados cromañones que habitaban en Doggerland o decoraban las paredes de la cueva de Cosquer, ignoraban que con el paso del tiempo su entorno se vería cubierto por la aguas. Peo nosotros sí lo sabemos, y nuestra actitud hacia el cambio climático y el ascenso del nivel del mar, debiera ser similar a la que tenemos hacia procesos naturales como los terremotos o las erupciones volcánicas. Es decir, fenómenos sobre los que en cierto modo podemos predecir su nivel de riesgo, y aunque no sabemos exactamente cuándo se producirán, sí podemos tomar las medidas preventivas adecuadas para cuando hagan acto de presencia.
Es decir, que nuestros esfuerzos debieran encaminarse hacia la adaptación de nuestro hábitat a los cambios que se avecinan, como han hecho, por ejemplo, los holandeses para defender su terreno frente a la invasión del mar. Y también, con visión realista a medio y largo plazo, planificar adecuadamente el uso del suelo, especialmente en la proximidad de la línea de costa. Con la misma mentalidad con la que preparamos nuestra casa o nuestras ropas cuando vemos que se acerca el verano, sabiendo que no podemos hacer nada por evitar su llegada. Sin pausa, con visión de futuro, pero también sin las prisas con que nos azuzan unos modelos climáticos basados en premisas insuficientes.
AGRADECIMIENTOS
El texto del presente trabajo ha sido extraído y refundido a partir de una serie de artículos sobre cambio climático y calentamiento global publicados entre 2021 y 2022 en la revista digital www.Entrevisttas.com. Mi agradecimiento a Carmen Nikol, promotora y directora de la misma, por su apoyo para la edición de las publicaciones mencionadas y también por las facilidades prestadas para la publicación del presente artículo.
También, mi más sincero agradecimiento para mis colegas (y sin embargo amigos) Miguel Arbizu Senosiáin, Fernado Bastida Ibáñez y Jose Antonio Sáenz de Santa María Benedet por sus aportaciones y sus comentarios constructivos para mejorar la claridad y el contenido de este artículo.
BIBLIOGRAFÍA
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El cristianismo significó en lo culinario un viento de libertad en la alimentación, tan coartada por las restricciones y limitaciones judías que se conservaban a finales del imperio romano. Con todo, la iglesia nunca dejó de hacer llamamientos a la moderación, pero el gusto por las exquisiteces y originalidades de la época tardo romana persistía entre la población que podía permitírselo. Es un momento en el que coexisten una cocina monacal, religiosa y más austera con otra palaciega y excesiva.
En los siglos VI y V la alimentación la marcó fuertemente la iglesia velando por la espiritualidad de los buenos cristianos alejándolos de los placeres de la vida, la comida entre ellos y favoreciendo abstinencias y vigilias. Entre los alimentos más comunes en las grandes mesas el pan, la caza, los pescados las frutas y verduras aderezadas con buenos vinos, no faltaban nunca. Las mesas del pueblo hacían del pan y el queso fresco su dieta habitual, la mayoría de los días con poca variedad.
En la Edad Media el consumo de carnes resulta desmesurado, dada la gran valoración de la caza como actividad noble por excelencia. Igual se comían carnes finas como gallinas, pollos, capones y ocas, como carnero, cerdo fresco, en salazón y cordero. Los condimentos eran algo más sencillos, cebollas y ajos, pero al mismo tiempo se consumían huevos y quesos acompañados de vino para facilitar la digestión según el criterio de la época.
Verduras y legumbres ocupaban un lugar secundario y apenas se tomaba fruta. El vino blanco era apreciadísimo, sobre todo dulce y se recomendaba incluso en cuaresma. El agua no era aconsejable aduciendo que producía desarreglos intestinales.
El agua no era aconsejable aduciendo que producía desarreglos intestinales
En cuanto a las técnicas culinarias, los hervidos de carnes con especias y plantas aromáticas coexistían con el estofado la fritura y el asado. Se usó el sistema de hervido de las carnes antes de asarlas, una práctica que perduró hasta el siglo XVIII. En fondas y albergues ligados a los caminos de peregrinación, era la sopa y el queso lo que configuraba el menú regado de abundante vino, al extremo de consumirse hasta 260 litros por persona y año en una ciudad tan populosa como la Florencia del siglo XI.
Cuando el trigo era escaso, el pan se elaboraba con harina de castañas, habas, guisantes, garbanzos y algunas variedades de judías. La conservación de la carne era un problema y en ocasiones había que elegir entre su blandura y su frescura. Se utilizaban las especies para intentar camuflar algún sabor pasado, pero eran carísimas y solo se podían encontrar en las grandes mesas de los señores. Se usaba jengibre, canela, clavo, pimienta, azafrán, ajo, perejil, azúcar, miel y nuez moscada.
Los árabes introdujeron las berenjenas, espinacas, los agrios, el arroz, la caña de azúcar y enriquecieron las cocinas medievales con nuevos sabores.
Un banquete medieval que se preciara de abundante y digno de un gran señor comenzaría así:
Primer plato: capones al caldo de canela, gallinas a las hierbas y caza. Segundo plato: asado, pavos reales con apio, paté de capones y capones al vino. Tercer plato: perdiz y pichones estofados, paté de caza, gelatinas de ave. Cuarto plato: pasteles, crema frita, patés de fruta, almendras dulces, nueces y peras frescas.
En conventos y monasterios era la propia huerta la que suministraba las frutas, verduras y hortalizas de temporada dando lugar a una cocina de calidad abundando los dulces y las conservas. Lo habitual era una dieta frugal a base de potajes de legumbres, huevos o queso, pan y vino. A pesar de los muchos abusos que se daban en algunos monasterios, en los días de ayuno solo se hacía una comida escasa con algo más de pan de lo habitual.
RECETAS
Estas recetas que os propongo podrían formar parte de ese toque medieval en vuestras mesas de Navidad, espero que os gusten.
EMPANADA DE ANGUILA
INGREDIENTES:
2 anguilas 100 gr. de ciruelas secas 100gr.de guindas secas Aceite Una lámina de masa quebrada Pimienta Canela Clavo Nuez moscada,
ELABORACIÓN:
Se limpian muy bien las anguilas y se despellejan. A continuación, cortar en rodajas cola y cuerpo, sazonar con sal y con la mezcla de especias.
Poner en remojo en agua templada las ciruelas y las guindas. Se forma una bola con la masa sobre una superficie enharinada y se extiende con rodillo para colocarla en una fuente honda de forma que cubra el fondo. Se colocan los trozos de anguila macerados un chorro de aceite y algo de mantequilla, se añaden las ciruelas y las guindas bien escurridas, se cubre con masa y se pinta con yema de huevo. A continuación, hornear hasta que dore.
El renacimiento tuvo también una faceta gastronómica, la dispersión después de la caída de Constantinopla de sabios y eruditos que se instalaron en las cortes europeas trajeron consigo nuevos usos y costumbres en la cocina buscando una alimentación saludable y más equilibrada a la luz de las escuelas médicas y sus directrices. Los siglos XV y XVI alumbraron una cocina más ligera y racional.
Carnes, pescados, pasteles rellenos de carne o pescados y hojaldres ya no abusaban del sabor agridulce y se identificaba el sabor natural de los alimentos, aunque aún el azúcar y la canela se usaban con profusión en las cocinas. Se usaba más el jengibre que la pimienta, a la par del clavo y la nuez moscada.
Se comenzaron a servir las carnes deshuesadas sirviéndolas en trozos pequeños, tanto fresca como salada. Carnes de vaca, cabrito y aves eran básicas para salazón o con mostaza. Las salazones de pescados eran muy habituales por su conservación y por las imposiciones de la cuaresma, una gran variedad se conservaba por este método, anguila, arenque, bacalao, trucha, salmón, esturión, ballena, delfín, caballa, pescadilla y mújol entre otros.
Estaban muy valoradas las salsas verdes, las menestras y los pastelones. La degustación de dulces adquirió mucha importancia como detalle de buen gusto, así pues, se tomaban como aperitivos cerezas de azúcar, pasteles rellenos de azúcar, tartas de azúcar y peras con azúcar.
Máquina para pelar ajos de da VinciTriturador de vacas de da VinciArtilugios de cocina de da Vinci
Comienza un refinamiento especial en las buenas mesas, se usa por primera vez en Venecia el tenedor, y se diseñan copas de cristal de exquisita factura que van a sustituir los pesados cuencos de metales preciosos de antaño. El mismo Leonardo da Vinci promueve en Florencia el uso de la servilleta y es Catalina de Médicis en la corte francesa la que impone una cierta etiqueta de comportamiento de damas y caballeros en la mesa, además de deslumbrar con finísimas vajillas de porcelana.
MolinilloMolinillo de pimientaSacacorchos
Leonardo da Vinci el gran genio del renacimiento es una figura muy vinculada al arte de los fogones, fue un gran gastrónomo y un cocinero muy refinado y sensible, adelantado a su época y creador avanzado de la nouvelle cuisine. Proyectó toda una serie de artilugios mecánicos destinados agilizar y facilitar el trabajo en las grandes cocinas, asadores automáticos, extractores de humos, picadoras de carne, cortadoras, extintores de incendios, máquinas de espaguetis y un sinfín de utensilios menores como sacacorchos o molinillos de pimienta. La influencia de Leonardo en la cocina francesa de la corte de Francisco I fue muy importante, planteaba recetas sencillas, tiempos rápidos de cocción, desdén por las mezclas abigarradas, creando una cocina sin duda innovadora y además imponiendo orden e higiene en las cocinas.
Sus sopas de grelos, renacuajos fritos o huevos rotos son afines a la cocina actual. Leonardo basó su nouvelle cuisine en el horror que le producían los enormes huesos de vaca que se servían y el gusto por los platos sencillos de verduras de temporada.
En el arte de la mesa, diseña distintas formas de plegado de servilletas, se preocupa de los modales en la mesa, de la correcta manera de elegir un queso, un vino o un postre, de la limpieza de los manteles, de la forma de quitar las manchas o de la correcta ubicación de invitados enfermos en la mesa como norma higiénica.
Se han perdido muchas de sus recetas y de sus pautas dietéticas, de lo que nos ha llegado voy a proponeros una receta del gran genio con la esperanza que la preparéis y paséis un rato
MERMELADA DE COL
INGREDIENTES:
Una col Miel Unas ramitas de mejorana Unas hojas de laurel Unas hojas de ruibarbo
ELABORACIÓN:
Lavar y secar la col perfectamente, troceadla en pedazos y ponedla en una olla con la mitad de su peso de miel, las ramitas de mejorana y las hojas de laurel. Colocarlo a fuego lento y dejad que la mermelada hierva hasta que se reduzca el volumen un tercio, quitando la espuma y removiendo con una cuchara de madera. Una vez fría, verter en tarros de cristal cubiertos de hojas de ruibarbo. Esto lo podemos sustituir por la tapadera del tarro de cristal. Es un acompañamiento paras carnes asadas sean del tipo que sean, como cualquier otra mermelada para suavizar las carnes.
Como bien saben mis lectores habituales de Entrevisttas.com, desde el otoño de 2021, se vienen publicando en esta revista digital una serie de artículos dedicados a divulgar, con un lenguaje asequible a los no especialistas, diferentes temas de interés, con especial atención a cuestiones geológicas de actualidad como el calentamiento global y el cambio climático. Los artículos, basados en datos previamente publicados por otros autores, y que constituyen un resumen de lo ya publicado en Entrevisttas, trataban de hacer llegar al lector opiniones diferentes a las informaciones y afirmaciones que habitualmente aparecen en los medios de comunicación sobre estos temas.
Hace unos meses, el Colegio Oficial de Geólogos de España se mostró interesado en dichos artículos y me solicitó una síntesis de los mismos para ser publicados en su revista de divulgación geológica, Tierra y Tecnología. Dicha síntesis, titulada La Geología versus el Dogma Climático, dividida en dos partes para evitar una longitud excesiva, fue evaluada y revisada y, considerando que se ajustaba a las normas editoriales de la revista, fue publicada en su primera parte el pasado 30 de Noviembre. Sus conclusiones, muy diferentes a las hipótesis de muchos investigadores que defienden el origen antrópico del calentamiento global, han molestado a diferentes colectivos, dando lugar a la publicación de diversas informaciones en diversos periódicos digitales y físicos, regionales y nacionales, donde se ha calificado el artículo como poco científico, asignándole además (de forma gratuita) connotaciones políticas inexistentes. Normalmente, los artículos científicos de cualquier temática, suelen debatirse en el mismo foro donde habían sido publicados, o en otra revista especializada, mediante otro artículo, presentando nuevos datos o gráficas que se contrapongan a las conclusiones cuestionadas. Pero en este caso, simplemente se han realizado descalificaciones (que no réplicas) mediante una campaña de prensa, con manifiestos y comunicados desde los que se ha instado al Colegio Oficial de Geólogos para que se retirase el artículo y que no se publicase la segunda parte. Según comunicación recibida, en efecto, la segunda parte no será publicada.
Como a todo autor, a quien escribió ese artículo (que tan solo pretende divulgar hechos geológicos y circunstancias que se contraponen con muchas de las informaciones que circulan sobre el cambio climático), le resulta imposible ser objetivo en la evaluación de sus propios escritos, y por lo tanto prefiere que sea el lector quien juzgue por sí mismo, accediendo al texto publicado que, a pesar de todas las presiones, ha sido mantenido online por el Colegio Oficial de Geólogos:
Por otra parte, el autor es también consciente de que resulta muy complicado transmitir, de una forma sencilla y asequible, problemas que son muy complejos, donde las hipótesis que elaboran los especialistas se enmascaran frecuentemente detrás de complejas gráficas y enmarañados datos, no siempre comprensibles para el lector no especialista.
Para que la Ciencia progrese, es indispensable el debate y la discusión, por lo que es habitual que no exista consenso entre los investigadores. Y el cambio climático, no es una excepción, a pesar de las informaciones que con frecuencia se difunden al respecto. Por eso quisiera, en esta breve nota, sintetizar mis críticas a los modelos climáticos con que se atemoriza a la población, de una manera muy simple, con un silogismo y una regla de tres. Porque hay veces en que un breve razonamiento y un sencillo cálculo pueden rebatir sofisticados cálculos estadísticos.
Para que la Ciencia progrese, es indispensable el debate y la discusión, por lo que es habitual que no exista consenso entre los investigadores. Y el cambio climático, no es una excepción, a pesar de las informaciones que con frecuencia se difunden al respecto
No hay ninguna duda de que la temperatura media del planeta está elevándose, y nadie discute que ese aumento está produciendo la fusión de los hielos, lo que a su vez está dando lugar a la elevación del nivel del mar. Por otro lado, se postula que las actividades antrópicas (sobre todo las emisiones de CO2 y el efecto invernadero) están acelerando dicho aumento de forma anormalmente rápida, hasta alcanzar la emergencia climática (tragedia climática, infierno climático u otras exageraciones frecuentes) en la que nos encontramos ahora. Sobre la base de estos postulados, podemos formular el siguiente silogismo:
Si el aumento de la temperatura produce una elevación del nivel del mar y las actividades antrópicas están generando una elevación anormalmente rápida de las temperaturas, el ascenso del nivel del mar debe estar produciéndose a una velocidad anormalmente rápida.
El International Panel on Climatic Change (IPCC), organismo promovido por la ONU y cuyas predicciones sirven de fundamento para la inmensa mayoría de informaciones sobre cambio climático que se difunden en los medios de comunicación, ha anunciado en su último informe que la elevación del nivel medio mundial del mar está creciendo a un ritmo de 4 milímetros al año entre 1990–2025, pero que se acelerará hasta los 5,5 milímetros al año hasta 2100.
La información geológica disponible, gracias a múltiples evidencias en muchas zonas costeras del mundo, indica que en el momento más frío del último periodo glaciar, hace aproximadamente 20.000 años, el nivel del mar estaba situado unos 120 metros por debajo del actual, y que desde entonces, aunque con altibajos y con un ritmo discontinuo, ha estado elevándose de forma incesante. Las gráficas e informaciones que apoyan estas conclusiones están incluidas en los artículos ya publicados en Entrevisttas.com y también en la segunda parte de La Geología versus el Dogma Climático (aún sin publicar).
Podemos intentar contrastar estos datos con el silogismo anterior, mediante una sencilla regla de tres, para calcular cuál ha sido el promedio anual de elevación del agua desde el último máximo glaciar. Es decir, si a lo largo 20.000 años, el nivel del mar ha ascendido 120 metros, o 120.000 milímetros, ¿cuánto ha ascendido en un año? Si lo formulamos tal y como aprendimos en la escuela:
20.000 —————-120.000
1 —————- X
X= 120.000/20.000 = 6 milímetros/año.
Es decir, que la elevación del nivel del mar durante los últimos 20 milenios, como promedio, se ha producido a un ritmo más rápido que el actual (4 mm/año). Y no sólo eso, hace milenios, también ascendía mas deprisa que los 5,5 mm/año preconizados por el IPCC hasta final de siglo, como consecuencia de la emergencia climática causada por las actividades antrópicas. Entonces ¿por qué se empeñan algunos en considerar anómalos y catastróficos los ritmos establecidos espontáneamente por la naturaleza desde mucho antes de la aparición de la sociedad industrial?
¿Por qué se empeñan algunos en considerar anómalos y catastróficos los ritmos establecidos espontáneamente por la naturaleza desde mucho antes de la aparición de la sociedad industrial?
Los lectores de edad avanzada, sexagenaria o superior, recordarán aquella mítica publicación humorística llamada La Codorniz, que se autoproclamaba como la revista más audaz para el lector más inteligente. Porque, en aquellos años en que existía la censura (no como ahora, aunque parece que a algunos les gustaría reinstaurarla), dicha publicación se había especializado en esquivar la minuciosidad de los censores, aunque en más de una ocasión no lograsen su empeño y la edición completa fuese secuestrada de los quioscos. Uno de los casos más sonados tuvo lugar en 1964, cuando después de uno de aquellos secuestros, en la siguiente edición, en la portada aparecía una regla de tres que se hizo muy famosa y que puede venir al caso: Bombín es a bombón como cojín es a X; y me importa 3 X que me cierren la edición.
La segunda parte de La Geología versus el Dogma Climático será publicada en Entrevisttas.compasada esta Navidad, manteniendo el texto íntegro que fue originalmente remitido a Tierra y Tecnología.