¿Qué valor tienen las ideas de los empleados?

Las ideas de los empleados:
un valor en alza.

Cada día son más las empresas que recurren a sus empleados para mejorar sus opciones: tanto de posicionamiento, como de ventas, atención al cliente o desarrollo de producto, etcétera. Sobre todo, ocurre en las empresas que entienden que deben invertir cierto tiempo de atención en cada departamento y, también, en reuniones interdepartamentales.

Perfil de empresas que apuestan por este valor añadido

Pero,… ¿y qué perfil tienen estas empresas? Principalmente, las que conocen que implementar sistemas de calidad les aporta un valor añadido. Es decir: las que buscan obtener certificados de calidad mediante auditorías externas. Para ello, primeramente requieren de auditorías internas.

Definiendo qué queremos promulgar de nuestra empresa.

Claro está que no todos los empleados pueden opinar sobre todo lo que, quizá, deseásemos. Pero, si somos honestos con nuestros goles (al fin y al cabo, será lo que nos lanzará a un aumento de los leads y de las ventas), debemos conocer qué falla y qué va viento en popa o qué debería, sencillamente, de mejorarse. Pero, las ideas no solo nos aportarán información sobre estas lacras, grandes potenciales o fórmulas impecables.

A pesar de los diferentes caracteres y roles de cada departamento, su temperatura puede (y debe) medirse sin poner por delante a los que despuntan de forma habitual: todos tienen voz y, sobre todo, todos tienen ideas. Por lo que se debe conseguir que todos aporten las suyas sin sentirse coaccionados por los posibles encargados o responsables de turno. No olvidemos que nunca se sabe quiénes son lo que pueden desear seguir trabajando con nuestra compañía y quiénes tienen en mente mejorar su situación y dar un salto a otra.

Como empresarios de pro, de los/as que deseamos mejorar nuestras organizaciones, productos, posicionamiento, proyección dentro del sector,… nuestro enfoque ha de estar puesto en seguir formándonos y, esto, sí, puede provenir de nuestros empleados. Y aquí radica, también, gran parte de nuestra riqueza: sus ideas y su experiencia. Por lo que, en muchas ocasiones, es mejor no atosigarlos y ver cómo (y por qué) se desarrollan de éste u otro modo. Asimismo, que nos indiquen qué piensan sobre su quehacer, qué mejorarían en él, en el departamento, en los departamentos superiores (sí, también) y qué cursos desearían hacer (recordemos que, aunque siempre es interesante fiscalmente, que impartan cursos, no siempre es mejor que los escoja un departamento ajenos a los intereses concretos de los empleados en cuestión).

La formación de los departamentos

La formación de los departamentos: llegado el momento de escoger cursos, es mejor que voten.

Una de las maneras de conseguir la opinión de los departamentos, si no queremos enfrentarlos, es conseguir que voten por la formación que podamos aprovechar para su mejora continua. Quizá varios departamentos puedan optar a un curso común pero, en todo caso, también en el voto se prevé qué necesidades de mejora tiene la empresa. Además, ya en el ejercicio de los cursos (sobre todo si son grabados, mediante plataformas de trabajo a distancia u otras), en cada curso se deben realizar ciertas preguntas clave para evaluar qué deberíamos mejorar como organización, lo cual es siempre necesario. Y, para ello, debemos contar con una educación adecuada, por parte de la propia organización, para que nadie se sienta cohibido, para que todos/as hablen.

La mejor combinación:
la clave del éxito.

La mejor combinación: la clave del éxito. En la mejora  continua, es importante tratar el mercado como si se tratase de conseguir el mejor conjunto estético, la mejor combinación.

Al igual que ocurre con las modas, exceptuando los sectores primarios (y no siempre), la mayoría de empresas deben de estar pendientes de los cambios en el mercado. La mejor combinación es la clave del éxito, igual que ocurre con los ajustes estéticos. Y esta combinación, el conocimiento de la que mejor se nos ajusta, proviene de conocer muy bien el mercado de nuestros clientes actuales y de los potenciales. Ellos/as nos lo exigen.

Muchas de las empresas actuales, tengan un mercado local, nacional o internacional, ya cuentan con agentes externos de estudio de mercado. Pero, el valor de las ideas de los propios trabajadores es un pilar importante con el que siempre deberían de contar. Si no deseamos desarrollar un departamento propio (y aún haciéndolo), es fundamental procurar que quienes aportan valor y conocimiento, con su trabajo, en nuestra organización también se interese por conocer las mejoras del mismo (de su labor y de su mercado): cuantas más informaciones barajemos, más competitivos seremos. Para ello, bastará con dejarles un tiempo dentro de su horario laboral para hacer tales estudios de mercado. Mientras lo hacen, siempre que no tengan que sufrir con incomodidades por este trabajo (y deban sufrir sus propios puestos habituales) podemos estar revisando qué páginas visitan, qué contactos miran… (si así nos lo permiten; si no, mejoraremos en todo caso).

La confidencialidad

Hay que recordar que coaccionar a los trabajadores es, muy habitualmente, en perjuicio propio. Si el empresario pregunta por los superiores, los empleados deberían de poder responder con tranquilidad (les preguntamos para mejora, no para conseguir más problemas). Para ello existen varias herramientas, pero una interesantísima son los teambuildings (o trabajos en equipo): realizar juegos con encuestas privadas permite, además de construir mejores equipos, aportar ideas y conocimiento de la infraestructura de primera mano (que sean sin letra manuscrita o no lo harán sin sentirse coaccionados).

Conclusión

En conclusión: si conseguimos que quienes trabajen en nuestra empresa nos aporten ideas y conocimiento sobre la organización, la infraestructura de la misma, de una manera anónima o con plenitud en su confianza, desarrollaremos un incremento en la mejora continua tanto dentro del ámbito del día a día como dentro del mercado que nos ocupa.

Valoremos las ideas de los empleados. Pueden ser gratis, muchas veces, y tienen un valor incalculable.


¿Qué valor tienen las ideas de los empleados? | Por Carmen Nikol


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