Las cuotas de género

Caso sobre cuotas de género

Hace unos días, viendo una serie sobre una hipotética primera ministra danesa (Borgen), salía el caso de su decisión (de gabinete) sobre la imposición de la cuota del 50% de mujeres en los consejos de administración de todas las empresas danesas, incluida la que aportaba un 11% del PIB.

El propietario de esta empresa (el cual ya se había reunido con todos los primeros ministros anteriores a los que alcanzaba desde su poder) solicitó una reunión y se la dieron para las 18h de ese mismo día. De hecho, se la dio el funcionario al que llamaba siempre, un miembro del gabinete de la primera ministra (y muy a pesar de ésta, la cual se indignó pero aceptó por la recomendación que le hicieron de llevarla a cabo).

portada de la serie Borgen
Fuente: Borgen

En la reunión, el directivo le indicó a la primera ministra que en su empresa seleccionaban por valía, no por género, y que no iba a cambiarlo, que de ningún modo iba a aceptar que una primera ministra le dictaminase sobre sus propias directivas. Acto seguido, se impuso y le comunicó a la jefa de estado y a su gobierno que les concedía 48h para plantearse si, de veras, iban a aprobar la ley. De hacerlo, su empresa se iría del país (como aquí, en España, pasó con los problemas nacionalistas catalanes). Y, por supuesto, con la salida de su propia empresa arrastraría a las demás de mayor peso.

El gobierno se reunió y decidió esperar tales 48h para tomar la decisión y aprovecharlas para hacer palanca en los medios. Justo antes de comunicarle al empresario qué habían decidido, revisaron lo que habían recapitulado de este mastodonte y vieron que, sobre todo, era muy patriota. Entre otros privilegios, se reunía con la realeza cada tanto. Por ello, decidieron, finalmente, que seguirían con su plan: seguro que no sacrificaría su patriotismo y sus buenas relaciones con su propio país (ni con la prensa).

borgen
Fuente: Borgen

La primera ministra decidió comunicar en una rueda de prensa la decisión del gobierno de crear la nueva ley sobre cuotas de género. No se reunió con el empresario, retándole así al máximo con esta estrategia. En este juego de poderes, ella quiso mostrar su tamaño y, además, dejarle claro quien llevaba los pantalones dentro del marco político danés.

Finalmente, el empresario solicitó una nueva reunión y, a pesar de la deferencia de acceder a dársela en el mismo día, él apreció su valentía en la postura adoptada y le indicó que no tenía pensado abandonar su patria.

A partir de entonces, comenzaron una particular buena relación de interés común.

La occidentalización
de las cuotas de género

Más allá de este anterior caso acontecido en la interesante serie Borgen, el tema de las cuotas de género ha generado mucha polémica a lo largo del mundo occidental (zona en la que, principalmente, se tienen en cuenta).

La evolución del aumento en la formación de mujeres dentro de carreras científicas, políticas, técnicas, médicas… y, en general, de un calado históricamente predominante dentro del género masculino ha venido siendo lo que, finalmente, ha provocado la imposición de las cuotas de género dentro de consejos de administración, de cargos importantes y de trabajadoras rasas, además del aumento de empresarias independientes y autónomas. Esto es algo que conocemos todos/as. Lo que no conocemos tanto es la vasta cantidad de estudios sobre cómo se han ido multiplicando las titulaciones y experiencias del género femenino en las universidades y empresas. Sin embargo, son ya muy cuantiosos dichos estudios y, gracias a ellos, escuchamos en las noticias que aún existe un techo de cristal muy acentuado y que, de hecho, algunos países lo sufren más que otros.

Debido a las elevadas proporciones, que aún existen, de hombres frente a mujeres en los cargos de importancia dentro de las empresas, así como en los puestos de toma de decisiones y debido, también, a la importante brecha en los sueldos entre ambos géneros para los mismos cargos y el mayor paro en el ámbito femenino, se está aconteciendo lo que hace unos años era impensable: están disminuyendo las tituladas frente a los titulados en algunas formaciones. La falta de esperanza de las mujeres recala en un descenso de su interés en tener una titulación que pueda aportarle independencia, pues no confían en poder conseguir un cargo y, en muchas ocasiones, ni siquiera un trabajo digno.

Fuente: XiXinXing

El gobierno, en España, está impulsando el estudio de lo que está ocurriendo a través del STEAM. Actualmente, se desea impulsar el talento femenino para que no desandemos lo andado y acabemos derivando en una sociedad de usos más arcaicos en la que los hombres trabajan y las mujeres se quedan en casa. La razón principal: es algo que ya está ocurriendo y, por ello, surgen ciertas reflexiones sobre dicha cuota de género, esa regulación que garantice la igualdad de todos los españoles y las españolas en el ejercicio de sus derechos constitucionales.

La falta de esperanza de las mujeres recala en un descenso de su interés en tener una titulación que pueda aportarle independencia, pues no confían en poder conseguir un cargo y, en muchas ocasiones, ni siquiera un trabajo digno

La meritocracia
en las cuotas de género

Claro está que las cuotas de género generan varios debates. Uno de ellos, dentro del ámbito empresarial estricto, es el de la meritocracia de las cuotas de género. ¿Acaso no es el mérito lo que debería ser tenido en cuenta, sobre toda otra perspectiva, lo que designe un cargo o un sueldo? La respuesta natural sería sí, claro que sí. Pero, es la pescadilla que se muerde la cola. Si no existe una cuota de género, ¿pasará siempre lo que ha venido siendo nuestra historia en la que se escoge a un hombre frente a una mujer para un mismo cargo o se le paga más a él que a ella por ejercer el mismo trabajo?

Los gobiernos han de posicionarse, votando, frente a las oportunidades que las empresas han de ofrecerles a las mujeres. De considerar que la cuota de género se ha de implementar, esto acaba favoreciendo que existan más mujeres que tengan la oportunidad de practicar lo ejercido, desarrollar el conocimiento práctico de lo estudiado y, con ello, llegar a conseguir puestos directivos bajo una misma formación práctica. Y, con todo, es probable que en el proceso cobren menos (es algo que podrías estudiar en tu propia empresa, si tienes el suficiente valor para hacerlo).

La conciliación familiar

Otro debate es el derivado de las cuotas de género frente a la conciliación familiar.

Como es sabido, en los países nórdicos la conciliación familiar tiene en cuenta las bajas masculinas por paternidad, así como las correspondientes para el cuidado de sus hijos durante ciertos años (no pocos).

Esto, en España, también ha evolucionado, existiendo una baja por paternidad (y no solo por maternidad). En este 2022 es de 16 semanas.

Gracias a estas mejoras, la conciliación familiar es mucho más favorable en estos momentos que respecto a los que el hombre era el que trabajaba, principalmente, y la mujer podía tener hijos, criarlos sola y… además, trabajar (puesto que también de ella se esperaba y se espera que trabaje -en muchos casos y, sobre todo, desde la Transición).

Sin embargo, hoy en día sigue habiendo un debate sobre qué ocurre con la conciliación si solo accede al mercado laboral (o sobre todo accede a él) el hombre. La mujer cuenta con una mayor cuota de paro (y esto considerando que estén apuntadas al paro para poder estudiar tales cuotas). Y este debate se da en algunas esferas públicas (basta con buscarlo), pero ¿eres capaz de comenzar un debate sobre la conciliación familiar en una reunión en tu empresa o entre amigos, mixta?

Los roles y libertades
de las mujeres en la sociedad

Que la mujer trabaje y cuente con una mayor libertad le aporta una consecución de roles que, aún, están siendo ciertamente mal vistos en algunos ámbitos (se exprese verbalmente, gestualmente o con actos violentos). Está claro que, quizá también por esto, la mujer puede acabar resultando más violenta que en su pasado (cuando era más subyugada familiar y socialmente). Ahora ya hay más hombres que no desean casarse y más mujeres que tampoco lo desean, entre otras circunstancias propias de nuestra nueva libertad social. También hay más divorcios. Pero sigue habiendo una interpretación más negativa frente a mujeres lascivas que frente a hombres lascivos, si bien parece que se va corrigiendo con el (¿excesivo?) aumento de las formalidades, hasta el punto de que ciertas canciones de nuestro cancionero español (incluyendo muchas de los 80s) ya no tienen cabida en las radios.

Asimismo, aún existen interpretaciones discriminatorias para el género femenino que no se dan en el masculino (zorra vs. zorro, etc.) y, con ello, el desarrollo del debate del lenguaje inclusivo ha derivado en muchos derroteros que, si bien pueden llegar al imposible (por la necesidad del uso de un género neutro) también pueden mejorar las fórmulas de uso (funcionariado y no funcionarios, etc.). ¿Has cambiado tú tu lenguaje para ser más inclusivo?

Por otra parte, ¿acaso prefiere el hombre una mujer más púdica? ¿Se siente el hombre actual intimidado por las mujeres de hoy en día, las que cuentan con más derechos cada día? ¿Se siente intimidado en el trabajo por haber más mujeres o lo prefiere? ¿Le cuesta lidiar más con los equipos en que se ha de considerar la opinión de una mujer?

La masculinización de la mujer, vista con ojos de un cierto pasado, resulta una amenaza para muchos hombres. Quizá tanto como la feminización del hombre. Que éste deba cuidar de la casa o de los niños y/o que ella se ocupe de traer un mejor sueldo sigue siendo una lacra familiar y social para muchos e incluso para muchas. De ahí también el derecho a escoger y la necesidad, entendida por ciertos gobiernos, de crear y garantizar cuotas de género.

La masculinización de la mujer, vista con ojos de un cierto pasado, resulta una amenaza para muchos hombres. Quizá tanto como la feminización del hombre.

El miedo frente a que
quede entre mujeres

El miedo a que quede entre mujeres: otro de los contras frente a la regulación mediante cuotas de género. .

Pero, existe un miedo latente a que, dentro del cumplimiento de las cuotas, se favorezca a contar con más mujeres en algunos departamentos que otros, que las encargadas escojan compañeras trabajadoras. Éste es un miedo absurdo, en todo caso, por la propia regulación que garantiza una cuota para sendos géneros

Trabajos por géneros

Hablando con el propietario de un taller, tras observar qué hacía, me indicaba que por tradición la mujer no ha montado talleres nunca pero que la maquinaria permite perfectamente que la fuerza de una mujer no sea un determinante a la hora de llevar a cabo lo necesario para el mantenimiento de los coches. Y, con esta conversación, estábamos reconociendo que no suelen tener la misma fuerza física las mujeres que los hombres pero que, en muchos casos por desconocimiento de la maquinaria y de las opciones dentro de ésta en un sector, la mujer no accede al mismo.

you can do it

En las guerras mundiales, eran las mujeres las que trabajaban en fábricas y puestos «masculinos». Pero, se les instigaba a ser más femeninas para animar a las tropas, a sus novios y maridos.

Exceptuando algunos trabajos, ambos géneros pueden ejercer cargos y labores en todos los sectores. A voz de pronto, solo se me ocurre uno en el que, necesariamente, los géneros son bastante determinantes: el de los cantantes (sopranos, mezzos, contraltos, tenores, barítonos y bajos. ¿Se te ocurre a ti un trabajo o cargo que deban, sí o sí, ser ejercitados por hombres o por mujeres?

Tus reflexiones sobre
las cuotas de género

Para finalizar este artículo, me gustaría que te animaras a responder a algunas de las preguntas que he planteado en él. Aquí las resumo y, asimismo, te animo a plantear otras y a dejar tus comentarios según gustes.

  1. ¿Acaso no es el mérito lo que debería ser tenido en cuenta, sobre toda otra perspectiva, la que designe un cargo o un sueldo?
  2. ¿Pasará siempre lo que ha venido siendo nuestra historia en la que se escoge a un hombre frente a una mujer para un mismo cargo o se le paga más a él que a ella por ejercer el mismo trabajo?
  3. ¿Eres capaz de comenzar un debate sobre la conciliación familiar en una reunión en tu empresa o entre amigos, mixta?
  4. ¿Has cambiado tú tu lenguaje para ser más inclusivo?
  5. ¿Acaso prefiere el hombre una mujer más púdica?
  6. ¿Se siente el hombre actual intimidado por las mujeres actuales, las que cuentan con más derechos cada día?
  7. ¿Se siente intimidado en el trabajo por haber más mujeres o lo prefiere?
  8. ¿Le cuesta al hombre lidiar más con los equipos en que se ha de considerar la opinión de una mujer?
  9. ¿Se te ocurre a ti un trabajo o cargo que deban, sí o sí, ser ejercitados por hombres o por mujeres?
  10. ¿Es mejor contar con cuotas de género?

Gracias por dedicarle tu tiempo a esta lectura y a la respuesta de las preguntas.


Las cuotas de género | Por Carmen Nikol


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Un comentario en “Las cuotas de género

  1. Las cuotas de género son, como tantos otros, un parche del reformismo burgués con el fin de desactivar la reivindicaciones feministas a través de migajas.

    No diré que son prescindibles, es más, en este momento es muy necesaria una visión no masculina de la realidad económica y política. Pero el machismo, al formar parte intrínseca del capitalismo, solo desaparecerá cuando este lo haga.

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