¿Está el planeta en peligro?

Según la ONU

El grupo de expertos creado por la ONU para realizar un seguimiento del calentamiento global (IPCC) acaba de hacer pública la última parte de su informe, el sexto desde que se iniciaron sus actividades allá por 1988. Dicho informe consta de tres bloques: el referido a las bases físicas del cambio climático (publicado en agosto de 2021); el que trata de los impactos y la adaptación al calentamiento (publicado febrero de este mismo año), y el más reciente, que se centra en la mitigación y las posibles soluciones (publicado a principios de abril del 2022).

Como en ocasiones anteriores, los medios de comunicación de mayor difusión se han hecho inmediatamente amplio eco del mismo, publicando las conclusiones más importantes alcanzadas por ese numeroso grupo de científicos (cientos de especialistas de casi 200 países) que han participado en su elaboración. A modo de ejemplo, por mencionar el periódico de mayor tirada nacional, pueden mencionarse los artículos aparecidos en El País los días 4 y 11 de abril de 2022, en total conformidad con las conclusiones del IPCC. En ambos, se afirma taxativamente que el cambio climático es una realidad innegable y que además, es responsabilidad del ser humano, culpable de haber calentado la atmósfera, los océanos y la tierra, como consecuencia de las emisiones de gases con efecto invernadero, especialmente el CO2.

Una consecuencia directa de estas afirmaciones es que, si el ser humano es el causante del calentamiento, también tiene la capacidad (además de la obligación y la inexcusable responsabilidad) de solucionar el problema que él ha creado. Para ello, el informe especifica lo que debe hacerse de forma urgente: reducir de forma inmediata las emisiones a la atmósfera de CO2, que deben tocar techo antes de 2025 para luego disminuir drásticamente, si realmente se quiere evitar la catástrofe climática. Porque aseguran que se nos está acabando el tiempo, que se está cerrando la ventana de oportunidad para poder corregir el problema, antes de que suceda lo inevitable. Afirman que el cambio climático ya no tiene solución porque se han provocado daños tan graves que son irreversibles, pero todavía está en manos del Hombre evitar que el calentamiento se siga desmadrando, aún es posible controlarlo y restringirlo dentro de unos límites más seguros.

Afirmaciones tan rotundas han inducido que algunos grupos adopten posturas muy radicales, como por ejemplo los antinatalistas, proclamando que no se deben tener hijos por el bien del medioambiente (llegan a considerar que engedrar descendencia es un asesinato climático). O el movimiento denominado Rebelión Científica, que exige la implementación inmediata de medidas urgentes, porque la ciencia ya no es suficiente. Estos últimos, para hacer visible su disconformidad por la pasividad del Gobierno ante la crisis climática, se manifestaron el pasado miércoles 6 de abril frente a la entrada del Congreso de los Diputados, y para materializar el descontento de la comunidad científica a la que dicen representar, mancharon con pintura roja la escalinata y las columnas en la fachada principal del edificio.

Exageraciones y contradicciones

Los postulados de Rebelión Científica, del mismo modo que muchas de las informaciones que aparecen en los medios de comunicación, dan por supuesto que existe consenso en la comunidad científica acerca de las conclusiones de los informes del IPCC, pero en realidad la postura del mundo de la Ciencia está muy lejos de ser unánime. Por mencionar sólo un ejemplo entre otros muchos, el famoso ambientalista Lomborg Bjorn en su libro El ecologista escéptico, afirma que debemos separar las exageraciones de la realidad. Las temperaturas han aumentado 0,6 °C durante el último siglo, pero no se ha producido una diferencia dramática con los siglos anteriores. El calentamiento global no reducirá la producción agrícola, tampoco es probable que aumente la frecuencia de las tormentas o los huracanes, nada indica que vaya a aumentar el impacto del paludismo o que incluso cause más muertes. En realidad, la comunidad científica está lejos de tener un criterio unánime sobre el cambio climático y hay muchos investigadores que están de acuerdo con estos comentarios críticos.

En realidad, la comunidad científica está lejos de tener un criterio unánime sobre el cambio climático

Además de las posibles exageraciones en las previsiones de los informes del IPCC, se detectan en su contenido contradicciones flagrantes. Así por ejemplo, como argumento para apoyar la gravedad de la situación actual, se afirma que las concentraciones actuales de CO₂ en la atmósfera son las más altas que se han alcanzado en los dos últimos millones de años, y que otro gas que contribuye al efecto invernadero como es el metano (CH₄) no había alcanzado unos niveles tan altos en los últimos 800.000 años. Una afirmación así recuerda mucho a esos titulares alarmistas que aparecen en la prensa con cierta frecuencia, informando de periodos de sequía o de calor, tan extremos que nunca habían sido vistos…, hasta que en los párrafos interiores de la noticia se advierte que temperaturas o estiajes tan severos, se habían registrado ya hace algunas décadas. En este contexto, el informe sugiere que mucho antes de que el Homo sapiens hubiese colonizado todos los hábitats del planeta, y tuviese la capacidad de ensuciar la atmósfera, se podrían haber alcanzado concentraciones de gases de efecto invernadero similares a las actuales. Del mismo modo, el informe afirma taxativamente que la última vez en la que la temperatura del planeta alcanzó los niveles actuales (dos grados y medio por encima de los niveles preindustriales) fue hace tres millones de años, cuando ni siquiera existía el ser humano.

No existe la menor duda de que, efectivamente, en tiempos pasados, mucho antes de la era industrial, se alcanzaron temperaturas muy superiores a las actuales. Y, si los mismos científicos que integran el IPCC aceptan esta realidad, ¿por qué se considera al Hombre como responsable exclusivo de la situación actual? Y… ¿Por qué se califica como emergencia climática algo que ya ha ocurrido espontáneamente antes, varias veces y en condiciones naturales?

¿Por qué se califica como emergencia climática algo que ya ha ocurrido espontáneamente antes, varias veces y en condiciones naturales?

Como soporte de esa realidad en la evolución climática de la Tierra, se adjunta a continuación la gráfica, ya conocida, obtenida a partir de los sondeos en el hielo del casquete glaciar de Groenlandia, donde se representa la evolución de la temperatura atmosférica durante los últimos 800.000 años, y donde se pueden apreciar oscilaciones térmicas de varios grados.

¿Qué es lo que puede ocurrir cuando aumente la temperatura?

No debe olvidarse que los pronósticos sobre la evolución climática del planeta, no son más que modelos estadísticos de proyección hacia el futuro, meras simulaciones obtenidas por ordenador, pero que con frecuencia son presentados como si se tratase de hechos probados y contrastados. Incluso aceptando que esas predicciones fuesen ciertas, y suponiendo que la Tierra se pueda seguir calentando a lo largo de los próximos siglos, ¿representa ese aumento de temperatura un problema real e irreversible? Las estimaciones del IPCC nos dicen que sí, hablan de catástrofe climática, y en boca de todos anda la deteriorada salud del planeta, cuyo síntoma principal es el calentamiento global, como si tuviese fiebre, afectado por enfermizas calenturas.

Sin embargo, mientras los pronósticos hacia el futuro basados en cálculos y estimaciones son muy pesimistas, el registro geológico de la historia del planeta, establecido a partir de datos sobre lo realmente ocurrido hace millones de años, sugiere todo lo contrario. Si queremos saber de verdad que es lo que puede ocurrir cuando aumente la temperatura, deberíamos prestar atención a lo que conocemos que ya ocurrió en el pasado. El informe del IPCC advierte que si las emisiones continuaran al mismo ritmo que hasta ahora, el calentamiento medio llegaría a finales de siglo a los 4,4 grados por encima de las temperaturas preindustriales, lo que tendría unas consecuencias desastrosas.

Si queremos saber de verdad que es lo que puede ocurrir cuando aumente la temperatura, deberíamos prestar atención a lo que conocemos que ya ocurrió en el pasado.

Dejando aparte la conveniencia de frenar las emisiones y de tener un planeta más limpio (eso está fuera de discusión), ¿cuáles serían esas desastrosas consecuencias? Veamos por ejemplo lo que ocurrió entre 20 y 60 millones de años antes del momento actual, durante uno de los periodos más cálidos de la historia del planeta, cuando las temperaturas alcanzaron hasta seis grados por encima de la temperatura pre-industrial.

La figura anterior (basada en las investigaciones de Jaramillo y colaboradores, publicada en la revista Science en 2006), permite comparar la evolución de la temperatura con la biodiversidad. En la gráfica, la línea fina de color gris representa la evolución de los valores de temperatura media del planeta, con su característico perfil en diente de sierra, mientras que la línea roja gruesa expresa la tendencia general de dichas oscilaciones. En la gráfica inferior, la línea en color azul representa el número de especies vegetales nuevas que van surgiendo, tal y como atestigua el estudio de las esporas fósiles que van apareciendo en los sucesivos estratos.

La correlación entre ambas gráficas evidencia que, a lo largo del tiempo, existe una estrecho paralelismo entre la diversidad vegetal (aparición de nuevas especies) y la temperatura del planeta, aumentando ambas conjuntamente. Por lo tanto, la similitud y el paralelismo de las tendencias en las curvas roja y azul, sugieren que el aumento de temperatura no representa ningún obstáculo para el desarrollo de la vida, sino más bien todo lo contrario.

El aumento de temperatura no representa ningún obstáculo para el desarrollo de la vida, sino más bien todo lo contrario

Lógicamente, esa evolución no se restringe al mundo vegetal. El aumento de temperatura favoreció el desarrollo de frondosos bosques tropicales, cuyos restos dejaron extensos yacimientos de carbón, como los que se están explotando actualmente en la zona de La Guajira, a ambos lados de la frontera entre Venezuela y Colombia. Dicho hábitat representó un terreno muy favorable para el desarrollo del mundo animal, como lo demuestran los espectaculares restos fósiles, entre los que destaca una enorme serpiente, la Titanoboa cerrejonensis, la serpiente más grande encontrada hasta la actualidad, con una longitud que podía alcanzar los 15 metros y un peso superior a la tonelada.

Modelo a tamaño natural de Titanoboa en la exposición del Instituto Smithsoniano

Del tamaño que alcanzó este reptil se deducen importantes conclusiones climáticas. Al tratarse de un animal de sangre fría, depende de la temperatura de su hábitat, y por su enorme tamaño, ese reptil necesitó una temperatura media anual 6 grados superior a la actual. Por lo tanto, su presencia demuestra (como indican también los yacimientos de carbón donde el fósil ha sido hallado) que la vegetación tropical no desaparece como consecuencia del calentamiento, ni se produce una desertización al aumentar la temperatura media del planeta, tal y como habían postulado algunos científicos y el IPCC.

Así pues, los datos geológicos indican que un aumento de seis grados en la temperatura del planeta, en lugar de una emergencia climática, representa una eclosión de vida, un aumento de la biodiversidad, ya que el calentamiento parece potenciar la evolución y facilitar la aparición de nuevas especies, cada vez más adaptadas al medio. De acuerdo con la Teoría de la Evolución, sobre la cual existe hoy en día un amplísimo consenso, cuando van cambiando las condiciones del planeta a lo largo de millones y millones de años, la vida tiende a adaptarse a las nuevas circunstancias y van surgiendo nuevas especies, mejor dotadas para prosperar bajo la nueva situación. Así ha ocurrido siempre, desde el principio, y como consecuencia de esos cambios ha llegado a aparecer la biodiversidad, la flora y la fauna actual de la que nosotros formamos parte. Pero esos cambios ocurren muy despacio, son infinitamente lentos, imposibles de percibir desde nuestra perspectiva temporal. Por eso, olvidamos con frecuencia que nuestro planeta está en perenne evolución y, equivocadamente, tendemos a considerar la Tierra como algo estático.

Es muy probable que los cambios climáticos afecten a parte de la humanidad, puede que algunas áreas dejen de ser habitables, por las mismas causas que nuestros antepasados se vieron obligados a abandonar la antaño fértil área del Sahara o las llanuras de Doggerland, actualmente cubiertas por las aguas del Mar del Norte. Pero no debe olvidarse, que esos mismos cambios inducirán modificaciones en zonas actualmente inhóspitas (por ejemplo las más próximas a los polos) que se convertirán en zonas mucho más acogedoras. Es decir, que el hombre deberá adaptarse a esos cambios, como ha venido haciendo desde sus orígenes, refugiándose en cuevas cuando sobrevenía una glaciación o desplazándose tierra adentro al ascender el nivel del mar. Hoy, como ayer, esos cambios no implican, en ningún caso, que el planeta esté en peligro.

Datos Geológicos vs. Meteorológicos

Es imposible entender en su globalidad el complejo proceso de calentamiento que está experimentando el planeta, si se atiende exclusivamente a los datos meteorológicos de los últimos siglos y se ignoran los registros de lo ocurrido durante de millones de años. Los datos geológicos permiten calibrar, por comparación con lo ocurrido en el pasado, las consecuencias del futuro que nos espera a medio o largo plazo. Desafortunadamente, las estimaciones del IPCC (integrado por un numerosísimo grupo de científicos donde la geología y los geólogos brillan por su ausencia), ignoran el pasado y se centran en la evolución del clima durante un periodo reciente excesivamente corto y estadísticamente poco representativo.

Además, el grupo de estudio del IPCC focaliza toda su atención en un único mecanismo inductor del cambio climático, el efecto invernadero, olvidando otros procesos que pueden tener una incidencia mucho mayor en el calentamiento global, existiendo evidencias científicas esenciales que son sistemáticamente relegadas, como son por ejemplo:

  • Las variaciones orbitales del planeta alrededor del sol inciden periódicamente en su temperatura media. Ver en:
  • El aumento de CO2 en la atmósfera puede estar inducido por el aumento de la temperatura, y no al revés. Ver en:
  • Las variaciones en la radiación solar y las interferencias en la radiación cósmica tienen una fuerte influencia climática. Ver en:
  • El nivel del mar no está subiendo de una forma acelerada ni desmesurada, sino al mismo ritmo con que inició su ascenso hace miles de años. Ver en:
  • No es cierto que exista unanimidad y consenso entre los científicos sobre las hipótesis sobre el cambio climáticos postuladas por el IPCC. Ver en:

Además, al poner el foco de forma casi exclusiva en la problemática del cambio global, se están dejando de lado otros problemas más graves y acuciantes, cuya solución, en este caso sí, depende exclusivamente de nosotros. Se están vertiendo a la atmósfera, a lagos, ríos y mares, todo tipo de productos nocivos y tóxicos; se están incendiando impunemente bosques y talando selvas sin que nadie haga nada serio por evitarlo; se abusa de los herbicidas y pesticidas, que provocan grandes matanzas de plantas e insectos; se infestan los mares con plásticos, cuya presencia está creciendo de forma alarmante para la salud del planeta. Y, en contraposición al cambio climático, no existe hacia esos problemas ninguna respuesta, enérgica y global, comparable a los esfuerzos focalizados en combatir al CO2. Porque aunque nuestro planeta no esté en peligro, desgraciadamente está muy sucio. Y en este caso, sin interferencias cósmicas ni influencias de ciclos planetarios, no hay ninguna duda de quién es el responsable.

Aunque nuestro planeta no esté en peligro, desgraciadamente está muy sucio. Y en este caso, sin interferencias cósmicas ni influencias de ciclos planetarios, no hay ninguna duda de quién es el responsable

Algunas personas, con buen sentido, interpretan que cuando se habla de los riesgos que están afectando al planeta, debe entenderse como la emergencia climática que la situación actual representa para el Hombre, no para la Tierra. Pero entonces, ¿por qué no se expresa nunca así? ¿Por qué no se dice claramente que aunque suba el nivel del mar y aumente la temperaturas, al planeta no le pasará nada? Responder a esta pregunta es muy complicado, es posible que la consigna de mantener la salud del planeta (que ya se usa hasta en spots publicitarios para aumentar las ventas de cualquier producto, desde los detergentes hasta las hortalizas de alguna cadena de supermercados) tenga más impacto en la opinión pública que otros argumentos.

Una definición de la política (que unos atribuyen a Aristóteles, otros a Maquiavelo o incluso a Winston Churchill) dice que es el arte de lo posible. A mí, en los tiempos que corren, me parece más acertado decir que es el conjunto de maniobras dirigidas al beneficio propio, escondidas bajo el disfraz del bien común.


¿Está el planeta en peligro? | Por Enrique Ortega Gironés


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Publicado por Enrique Ortega Gironés

Soy, por ese orden, geólogo y escritor. O simplemente, un geólogo al que le gusta escribir. Primero, docente e investigador en el Departamento de Geotectónica de la Universidad de Oviedo. Luego, en las minas de Almadén (Ciudad Real), y durante los últimos 20 años, consultor independiente.

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