Cambio climático, geología y redes sociales


Reflexiones heterodoxas de un geólogo suspicaz sobre la relación entre el cambio climático y las RRSS

Debo iniciar este artículo confesando que nunca fui partidario ni entusiasta de las redes sociales. Entré en ellas por sugerencia de la editorial PLATERO, que se encarga de publicar en papel las cosas que, de cuando en cuando, me da por escribir. Estábamos en plena pandemia, era imposible organizar presentaciones del último libro y amablemente, me hicieron ver que, bajo las circunstancias de aquellos enclaustrados días, era la única alternativa viable. Además, añadieron, hoy en día, quien no está en las redes es como si no existiera, es completamente invisible. Así, un poco a regañadientes, acepté y creé mi perfil en Facebook, con la intención (firme propósito que se ha mantenido hasta la fecha) de no publicar en el mismo nada que no tuviese una estricta relación con mis escritos, y donde cometí la debilidad de autodefinirme como un geólogo al que le gusta escribir.

Pocos días después, haciendo referencia a ese perfil, contactó conmigo la redacción de la revista digital Entrevisttas.com, ofreciéndome la posibilidad de publicar allí, libre de compromiso y sin periodicidad establecida, artículos sobre la temática que yo eligiese. No me costó mucho decidirme por la divulgación de temas geológicos, y así fue como se inició la aparición de una serie de artículos (entradas, según el argot de la red) sobre cuestiones relacionadas, directa o indirectamente con la Geología. Primero en solitario y desde hace unos meses, en colaboración con Jose Antonio Sáenz de Santa María Benedet, otro geólogo tan suspicaz como yo mismo. Y así es como, desde Septiembre de 2021, han ido viendo la luz diferentes entradas referidas al vulcanismo, la contaminación de metales, la radioactividad, el agujero de ozono, la energía, los hidrocarburos y, predominantemente, sobre el calentamiento global, el efecto invernadero y el cambio climático.

A las pocas semanas, el escueto número de personas que leían (o al menos habían adquirido) alguno de mis libros, aún siendo cifras muy discretas, se habían multiplicado por un factor considerable, a juzgar por el número de visitas registrado en la página web de Entrevisttas.com. Además, utilizando esas herramientas que la magia de internet pone a disposición de cualquier usuario, pude comprobar que un número significativo de descargas, se realizaba desde el extranjero, algunas de ellas desde países muy lejanos. Teniendo en cuenta que el objetivo final de escribir algo, más allá de la satisfacción personal, es ser leído, no tuve más remedio que darle la razón a la editorial.


El algoritmo de las RRSS

Pero pronto pude darme cuenta, también, que no todo era satisfactorio en el mundo digital. Cuando a través de mi perfil, publicaba el enlace para acceder al contenido del artículo, si en el título se mencionaba el calentamiento global o el cambio climático, automáticamente aparecía un mensaje, una alerta como la que puede observarse en la captura de pantalla que se adjunta (Figura 1), indicando al lector: Consulta cómo está cambiando la temperatura media en tu zona. Explora información sobre climatología. Si quien está leyendo ahora mismo este texto, ha accedido al mismo a través de Facebook, siguiendo un enlace a Entrevisttas.com, es muy probable que se haya encontrado ya con dicho mensaje en su pantalla.

Figura 1

Si el lector hace clic en tal enlace para acceder a más información, aparecerá en pantalla un gráfico (Figura 2) donde se muestra la evolución térmica de la zona desde donde se ha realizado la conexión a Internet (en mi caso, la Comunidad Valenciana), utilizando datos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, siglas en inglés de la National Oceanic and Atmospheric Administration).

La gráfica, basada en una fuente de datos absolutamente seria y fiable, muestra la evolución durante un periodo que abarca desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Es decir, durante un periodo insignificante, excesivamente breve para poder compararlo con episodios antiguos de la historia de la Tierra, y tener una perspectiva realista de lo que está ocurriendo en la actualidad. Por si hubiese alguna duda sobre la intencionalidad del mensaje, en el pie de imagen de la Figura 2 se añade que, los datos representados en la gráfica han sido verificados por investigadores del clima dedicados a rectificar ideas erróneas frecuentes sobre el calentamiento global y su impacto. De esta intromisión (creo que no se puede calificar de otra manera la inserción de un mensaje que no ha sido introducida por el usuario), sólo puede deducirse que alguien se ha tomado la molestia de programar un algoritmo automático para que, sin leer ni analizar el contenido, advierta al lector sobre las equivocaciones y errores a los que puede inducir la lectura del potencialmente dudoso artículo cuyo enlace se ha pinchado.

Figura 2

Por si acaso existiese todavía algún asomo de duda, un nuevo clic en la pantalla conduce a un nuevo mensaje (Figura 3), donde textualmente se especifica que el 97% de los climatólogos están de acuerdo en que el cambio climático es causado por el hombre, y que el cambio climático es el causante de la intensidad de las sequías y de los incendio forestales recientes.

Figura 3

Se trata realmente de un mensaje que no tiene nada de subliminal, advirtiendo directamente al lector que, sea cual sea el contenido del artículo, si éste difiere de la opinión establecida por el 97 % de los climatólogos, se tratará de información no verificada y por lo tanto, poco rigurosa y sospechosamente equívoca. Poco importarán los datos, gráficos, razonamientos y conclusiones que se aporten en el texto del artículo (en realidad, éstos no han sido leídos ni evaluados), ya que de forma preventiva, las palabras que aparecen en el título son suficientes para que se dispare el algoritmo y advertir al lector del peligro en que incurre si finalmente se decide a leerlo. Una advertencia de este tipo recuerda (desde el punto de vista conceptual, la metodología es muy diferente porque los tiempos han cambiado mucho) a la calificación moral que la iglesia católica establecía sistemáticamente sobre cualquier película que se estrenaba en España, incluso después de haber superado la censura oficial. El espectador era libre de acudir al cine para asistir a la proyección de la película, pero se le advertía de antemano de los riesgos que incurría por acceder a imágenes o diálogos que podían afectar a su integridad moral. Aunque también es verdad, no puede olvidarse, que en algunas ocasiones, las consecuencias de aquellas recomendaciones eran opuestas a su intencionalidad, ya que las películas con evaluación moral más severa (si no recuerdo mal, clasificadas con niveles 3 con reparos y 4), llegaban a tener un considerable éxito de taquilla por aquello del morbo y su efecto llamada.

En cualquier caso, el origen e intencionalidad de aquellos consejos era totalmente transparente y notorio, no había la menor duda de que era la Iglesia Católica quien intentaba tutelar así la integridad moral de su feligresía. De hecho, en las localidades pequeñas, la calificación moral de las películas programadas cada día, se exhibía en el tablón de anuncios situado a la puerta de la iglesia, junto con otras informaciones parroquiales.

Pero respecto de los mensajes sobre el cambio climático que ahora nos ocupan, no queda más remedio que volver a preguntarse: ¿Quién y por qué se está tomando el trabajo de analizar lo que se está publicando en las redes sociales y lanzar esas admoniciones?

¿Quién y por qué se está tomando el trabajo de analizar lo que se está publicando en las redes sociales y lanzar esas admoniciones?

Debo confesar que, al ser consciente de que un mecanismo, de origen anónimo y omnipresente, estaba intentando condicionar la lectura de mis artículos, decayó ostensiblemente mi entusiasmo inicial por las redes sociales, hasta el punto de evaluar si no sería mejor desistir y eliminar mi perfil del sistema. No obstante, intentando pensar fríamente, decidí que la relación entre ventajas e inconvenientes era aún favorable, ya que a pesar de las virtuales zancadillas informáticas, los mensajes que me llegaban como retorno, indicaban un creciente interés de los lectores. Pero recientemente, durante las últimas semanas, otras evidencias del control sobre informaciones relacionadas con el cambio climático, han hecho que mis reticencias se disparen hasta niveles menos soportables.

Hace unos meses, dado el interés que estaban suscitando los artículos publicados en Entrevisttas.com, desde el Colegio Oficial de Geólogos de España me fue solicitado un resumen de los mismos para ser publicados en su revista de divulgación geológica, Tierra y Tecnología. Dicha síntesis, titulada La Geología versus el Dogma Climático,  dividida en dos partes para evitar una longitud excesiva, fue evaluada y revisada, y considerando que se ajustaba a las normas editoriales de la revista, fue publicada en su primera parte el pasado 30 de Noviembre. Sus conclusiones, muy diferentes a las hipótesis que defienden el origen exclusivamente antrópico del calentamiento global (y la posibilidad de que el hombre pueda ralentizarlo y detenerlo), provocó una airada reacción de algunos investigadores, quienes, ejerciendo la libertad de expresión que afortunadamente hoy existe, criticaron severamente su contenido. Aunque, las críticas fueron realizadas de una forma realmente atípica para este tipo de discusiones técnicas o científicas. ¿Por qué? Porque, normalmente, cuando se desea discutir los datos o las conclusiones de un artículo técnico o científico, aunque se trate de un artículo divulgativo, suele realizarse en el mismo foro donde había sido originalmente publicado, o en otra revista especializada, mediante otro artículo, una réplica que presente nuevos datos, evidencias, observaciones o razonamientos, que se opongan a las conclusiones cuestionadas.

Normalmente, cuando se desea discutir los datos o las conclusiones de un artículo técnico o científico, aunque se trate de un artículo divulgativo, suele realizarse en el mismo foro donde había sido originalmente publicado, o en otra revista especializada, mediante otro artículo, una réplica que presente nuevos datos, evidencias, observaciones o razonamientos, que se opongan a las conclusiones cuestionadas.


Sin embargo, en este caso, en lugar de optar por el mecanismo habitual, las críticas fueron publicadas mediante un comunicado dirigido al Colegio Oficial de Geólogos, firmado por 131 investigadores, donde se criticaba a dicha entidad por dar cabida a publicaciones carentes de rigor científico y difundir falsedades. Dicho comunicado fue difundido de forma prácticamente simultánea por diversos periódicos digitales, regionales y nacionales, donde en algunos casos, además, se le asignaron inexistentes connotaciones políticas.  

Las diferentes notas de prensa tuvieron un efecto inmediato en las redes sociales (RRSS) donde se solicitó que se retirase el artículo de la revista y que la segunda parte no fuese publicada, sugiriendo la aplicación de una censura que, además de ser totalmente impropia e inadecuada en el mundo de la Ciencia, debía estar ya olvidada desde hace décadas. Como respuesta a esta presión mediática, el Colegio de Geólogos publicó un comunicado donde expresaba su pesar por la confusión generada. En paralelo, la redacción de la revista Tierra y Tecnología informó al autor que la segunda parte no sería publicada.

En la misma línea que los mensajes admonitorios comentados en párrafos anteriores, las críticas publicadas en la prensa, han tenido su impacto en las redes sociales. Así, al insertar en mi perfil de Facebook el enlace para acceder a la primera parte del artículo, en la página web del Colegio de Geólogos, aparece otro mensaje, aún más severo (ver Figura 4), advirtiendo que según verificadores independientes, el artículo contiene información parcialmente falsa.

Figura 4

Antes de seguir adelante, es imprescindible aclarar que los datos incluidos en La Geología versus el Dogma Climático provienen de fuentes bibliográficas científicas, serias y reconocidas, es decir que se trata de informaciones publicadas previamente por otros investigadores solventes en sus campos de trabajo (como se puede revisar mediante las fuentes que allí se citan). En este contexto, teniendo en cuenta el origen de los datos, se está acusando de falsedad a otros investigadores (algunos de ellos con prestigio internacional, incluyendo alguno galardonado con un Nobel) de cuyas publicaciones se han obtenido algunas de las informaciones incluidas en el artículo. Por otra parte, la simple calificación gratuita de negacionista, y la constatación de que opiniones o interpretaciones difieran de otras hipótesis, no constituyen bases suficientes para establecer que el artículo contiene información parcialmente falsa. En todo caso, se podría afirmar que contiene hipótesis erróneas, suponiendo que dichos errores fuesen demostrables.

Siguiendo el enlace que aparece al pie de la Figura 4 (ver por qué), se accede a una nueva pantalla (Figura 5) donde se proporcionan al lector informaciones sobre el método seguido para considerar el contenido del artículo como parcialmente falso, gracias al trabajo realizado por verificadores independientes y las comprobaciones realizadas en la publicación digital Maldito Bulo.

Figura 5

Haciendo clic de nuevo en la parte inferior de la Figura 5, se accede a más información sobre cómo trabaja la red social para detener la difusión de informaciones falsas, gracias una nueva pantalla donde, con toda transparencia, se aclara que los verificadores de información independientes investigan historias mediante un proceso periodístico destinado a establecer si estas son reales o falsas (Figura 6).

Figura 6

Es decir, que las evaluaciones independientes y objetivas se restringen a la revisión de publicaciones de prensa, como si los periódicos pudiesen ser considerados como fuentes fiables de información científica, además de documentos neutrales, objetivos, sin tendencias ideológicas. No deja de ser sorprendente que el contenido de un artículo científico sea evaluado por una simple investigación periodística. También es sorprendente que un procedimiento tan particular sea presentado como una especie de paradigma de la transparencia y la objetividad, avalado por el Código de Principios de la organización no partidista Internacional Fact-checking, es decir, dedicada a Comprobación de Hechos.

En este contexto, ¿ se está utilizando adecuadamente el vocablo hechos? Sin lugar a dudas, hay hechos que pueden ser periodísticamente comprobados, como por ejemplo si un acontecimiento tuvo realmente lugar, si se realizaron ciertas declaraciones o si determinadas acciones fueron ejecutadas. Pero… ¿pueden considerarse como hechos las hipótesis, razonamientos o interpretaciones emitidas en un documento científico? Desde luego, se puede constatar que las hipótesis y las interpretaciones fueron realmente publicadas, pero el contenido de las mismas, los razonamientos implicados, ¿pueden ser evaluados como hechos falsos o ciertos sobre la base de un documento de prensa?

En el caso que nos ocupa, como se ha mencionado anteriormente, el proceso de Fact-checking se ha basado, como puede observarse en la Figura 5, en la publicación digital Maldito Bulo, donde se hace referencia al manifiesto firmado por un grupo de 131 científicos relacionados con la paleoclimatología, recogiendo además directamente las opiniones de un par de especialistas. Los argumentos utilizados para rebatir las tesis del artículo La Geología versus el Dogma Climático, se basan en tres razonamientos principales:

  • El primero de ellos afirma que lo que está ocurriendo en la actualidad no tiene parangón con lo acaecido durante etapas anteriores de la historia de nuestro planeta. Sin embargo, en el registro de la historia geológica del planeta, almacenado en rocas, sedimentos, fósiles y hielo, existen abundantes evidencias que contradicen esta opinión, como analizo en los anteriores artículos.
  • El segundo se basa en los informes elaborados por el IPCC (International Panel on Climatic Change, un grupo de estudio sobre la evolución climática promovido por la ONU), que está siendo considerado prácticamente como una verdad absoluta e inamovible, en contra del elemental espíritu científico que debe promover el debate y la discusión. Sin embargo, el texto de los propios informes del IPCC no es tan contundente como se quiere hacer creer, ya que en su redacción se detalla con frecuencia que determinados hechos son probablemente debidos a…,  o que las causas se deben con bastante probabilidad a… Incluso en su informe de 2007, el propio IPCC señalaba que la predicción de los futuros estados del clima a largo plazo no es posible.

El tercero, relacionado directamente con el anterior, se apoya en un supuesto consenso de la comunidad científica sobre las conclusiones expuestas en los informes del IPCC.

Sería excesivamente largo y tedioso (además de no ser el foro adecuado), analizar y discutir aquí las diferentes posiciones y argumentos involucrados en esta controversia. Por ello, se facilitan a continuación los enlaces para acceder a los documentos anteriormente mencionados, para que los lectores interesados puedan leerlos y evaluarlos por sí mismos, obteniendo así sus propias conclusiones. Dichos documentos son:

  • La segunda parte del artículo. Debe advertirse que esta segunda parte anticipaba ya respuestas a algunas de las críticas contenidas en la declaración y el artículo de Maldito Bulo anteriormente mencionados, y apareció de inmediato en Entrevisttas, pocos días después de que el autor recibiese la negativa de Tierra y Tecnología para publicarla.

Adicionalmente, como respuesta a los numerosos artículos de prensa y al comunicado del Colegio Oficial de Geólogos, un grupo de unos 200 profesionales, mayoritariamente geólogos, remitieron al mismo un manifiesto respaldando el artículo ya publicado, así como la libertad de expresión científica de su autor y exigiendo la publicación en Tierra y Tecnología de la segunda parte del articulo La Geología versus el Dogma Climático. El texto de dicho manifiesto, que no esta disponible en la red, se adjunta como anexo al final del artículo.

Como se ha mencionado anteriormente, no es este el foro adecuado para entablar la discusión científica de este debate, pero sí parece pertinente, sin entrar en detalles, realizar un breve comentario general sobre el supuesto consenso científico acerca del origen antrópico del cambio climático, al que muchos investigadores y medios de comunicación recurren de forma sistemática. En 2021, la revista Environmental Research publicó un análisis sobre los artículos académicos relacionados con el cambio climático que habían aparecido en revistas científicas entre 2012 y 2020, estableciendo que más del 99,9% coinciden en que el cambio climático está causado por actividades llevadas a cabo por los seres humanos. Otras informaciones, un poco más conservadoras, reducen este porcentaje de consenso al 97%.


El punto de vista científico

Sin embargo, otras fuentes, no son tan contundentes. Así, Hugo Rubio, en su libro Cambio Climático ¿Hecho o fraude? (2021), contabiliza más de 31.000 disidentes respecto de las tesis oficiales del IPCC. Este último dato es más coherente con lo que ocurre dentro del colectivo profesional de los geólogos, donde ese supuesto consenso está muy lejos de existir, ya que un porcentaje significativo (no me atrevo a dar porcentajes, que yo sepa no existe una estadística oficial, pero no puede excluirse que sea incluso mayoritario), difiere acerca del origen antrópico del calentamiento global. Pero incluso si así fuese, aun suponiendo que esa unanimidad fuese cierta, el argumento del consenso no puede considerarse como válido desde el punto de vista científico. No debe olvidarse que la Ciencia no suele regirse por criterios democráticos y, el hecho de que exista una mayoría de publicaciones a favor de una hipótesis, no implica necesariamente que esa sea la interpretación correcta.

No debe olvidarse que la Ciencia no suele regirse por criterios democráticos y, el hecho de que exista una mayoría de publicaciones a favor de una hipótesis, no implica necesariamente que esa sea la interpretación correcta.


El caso de los 100 autores contra Einstein

Para ilustrar esta afirmación, es oportuna una anécdota histórica del mundo de la Ciencia, que recientemente, comentando la declaración de los paleoclimatólogos, me refirió un amigo de la infancia, también geólogo.  Antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, cuando Albert Einstein intuyó lo que se avecinaba al iniciarse el antisemitismo en Alemania, decidió emigrar a los Estados Unidos. Su Teoría de la Relatividad había suscitado gran polémica y no tardaron en situarle en el ojo del huracán, ya que sus ideas refutaban muchos principios que sus colegas daban por sentados y consideraban indiscutibles. Sin duda, además de la controversia científica, su origen judío en aquel contexto de hostilidad creciente hacia ese pueblo semítico, debió contribuir significativamente a la animadversión hacia su persona, y un grupo de investigadores intentó menospreciar su trabajo, publicando un libro titulado Cien autores contra Einstein. El famoso científico, al ser preguntado por su opinión sobre dicha publicación, respondió de forma concisa: Si yo estuviese equivocado, uno sólo habría sido suficiente.

Volviendo a las discusiones sobre los orígenes del cambio climático, a pesar de las dudas razonables y las numerosa evidencias geológicas que se oponen a su origen antrópico como causa exclusiva, el tratamiento que se está dando a esta cuestión en los medios de comunicación, e incluso en los libros de texto, es que el origen antrópico del calentamiento global no es una hipótesis de trabajo, sino un hecho probado, demostrado e indiscutible.


El inevitable calentamiento global

En realidad, nadie puede dudar de que el planeta se esta calentando y que las actividades humanas pueden estar contribuyendo a dicho calentamiento. Las dudas que plantea La Geología versus el Dogma Climático se refieren al porcentaje con que las actividades humanas están contribuyendo a dicho calentamiento, y si éste es o no significativo. Queda también fuera de toda duda que no es el hombre quien ha originado el calentamiento actual (ya que su inicio es muchos miles de años anterior a la sociedad industrial), y que los mecanismos que han controlado la evolución climática a lo largo de miles de millones de años siguen hoy activos, y que dichos mecanismos no pueden ser detenidos ni revertidos por la mano del hombre. Sin embargo, la información que se transmite sistemáticamente a la sociedad es que el calentamiento global tiene un origen exclusivamente antrópico y que de nosotros depende frenarlo y revertirlo.

Si la actividad antrópica estuviera teniendo un impacto significativo en el cambio climático, deberíamos estar observando procesos anómalos o ritmos de calentamiento inusuales, algo que en sentido estricto no está ocurriendo. El nivel del mar está ascendiendo a una velocidad más baja que el promedio registrado durante los últimos 20.000 años. Y el aumento de la temperatura no es tan radical ni catastrófica como se nos quiere hacer creer.

Figura 7

En la gráfica adjunta (ver Figura 7), presentada por el astrofísico J.R. Christy en 2016, al Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de los Estados Unidos, se comparan las temperaturas reales medidas y las predicciones realizadas por modelos estadísticos, durante el periodo comprendido entre 1975 y 2015. La gráfica muestra como ninguna de las previsiones realizadas se ha aproximado a los datos reales , a la realidad observada, ya que durante los últimos 40 años la temperatura ha aumentado tan sólo 0,3ºC.

La presencia de las maniobras anteriormente descritas en las redes sociales, los mensajes admonitorios programados que se introducen sin autorización en nuestros equipos, no dejan lugar a dudas de que alguien tiene mucho interés, el suficiente para tomarse tantas molestias, en que predomine la exclusividad antrópica sobre el origen del cambio climático. En realidad, ese interés no es nuevo. Los movimientos tendentes a conducir a la opinión pública hacia un pensamiento único sobre el cambio climático se iniciaron a finales del siglo XX, tan pronto como el IPCC fue constituido e inició la publicación de sus informes. Así lo han denunciado numerosos científicos de primer nivel, como los significativos ejemplos que se citan a continuación.


Divergencia científica

Ese fue el caso del profesor Federick Seitz, presidente de la Academia Americana de Ciencias, que denunció públicamente al IPCC por haber manipulado su primer informe a espaldas de sus autores. Igualmente contundentes fueron las declaraciones de Ivar Giaever (2012), premio Nobel de Física y exintegrante del IPCC (de donde salió voluntariamente), quien ha aireado las presiones existentes para que no se publiquen en las revistas científicas más importantes, aquellos artículos cuyo contenido contradiga las conclusiones del grupo científico financiado por la ONU. La misma opinión tiene el famoso físico italiano Antonino Zichichi, Presidente de la Sociedad Europea de Física y de la Federación Mundial de Científicos, quien recientemente ha declarado que el calentamiento global depende del motor meteorológico dominado por la potencia del Sol, que controla el 95 % del proceso del cambio climático. Atribuir a las actividades humanas el calentamiento global, carece de fundamento científico. En la misma línea, Steven Koonin (2021), físico teórico que fue asesor del presidente Obama en los Estados Unidos, ha denunciado la falta de objetividad con que se enfoca el problema del cambio climático, ya que no existen evidencias sólidas para afirmar que el mundo afronta una emergencia climática, añadiendo que además, las metas que se pretenden alcanzar para frenar el calentamiento, no son realistas. El mismo tipo de declaraciones ha realizado recientemente Piers Corbyn, astrofísico fundador de Weather Action.

Por su estrecho paralelismo con lo ocurrido tras la publicación de La Geología versus el Dogma Climático, es especialmente pertinente citar a Pascal Richet, investigador, adscrito al Institut de Physique du Globe de Paris desde hace 35 años, quien ha publicado un artículo con el ilustrativo título de Clima y CO2 : la evidencia frente al dogma. En su ensayo, además de incidir en la falta de relaciones causa-efecto entre los datos y las conclusiones que se están publicando sobre el cambio climático, dice textualmente: Que los efectos del CO2 sobre el clima son mínimos no es, ni mucho menos, una conclusión nueva, aunque los que ya lo han establecido sobre otras bases científicas chocan con el pretendido “consenso” sobre la cuestión. En realidad, esta noción de consenso no es pertinente aquí, porque la historia de la ciencia no es más que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusión durante mucho tiempo. Más bien, sirve de justificación para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma. Como ha experimentado el autor de estas líneas, el rasgo más inquietante del debate sobre el clima es el deseo de descalificar de entrada al adversario arrastrándolo a otros campos no relacionados con el problema, en lugar de ofrecerle comentarios críticos a los que podría responder científicamente. Sorprendentemente, el libre debate en que se ha basado el progreso científico en la Historia ha sido sustituido por acciones propias del totalitarismo como la difamación, el intento de silenciamiento y la persecución del disidente bajo amenaza de ostracismo. Quizá Aristóteles, con su lógica, pensaría que esta violencia y esta imposición son en sí mismas un indicio de en qué lado del debate se encuentra la verdad.

Las presiones sufridas por las grandes personalidades científicas mencionadas en el párrafo anterior, en su día tuvieron su eco en los medios, aunque éste fuese efímero, y pueden ser rastreados sin dificultades en Internet. Pero sin esa notoriedad, sin que aparezca en ningún medio de comunicación, tiene una incidencia social mucho mayor el direccionamiento al que están siendo cotidianamente sometidos millones de personas anónimas de todo el mundo, todos los días. Cada vez que cualquiera intente acceder a través de sus teléfonos móviles o sus ordenadores a informaciones relacionadas con el cambio climático, inevitablemente, será objeto de anónimas maniobras dignas de la imaginación de George Orwell y Aldous Huxley cuando escribieron, respectivamente, sus novelas tituladas 1984 y Un mundo Feliz.


La ecoansiedad

Y todo esto, ¿para qué? ¿Qué objetivo se pretende? Hay quien piensa que se trata de fomentar el miedo, para disponer de argumentos que hagan receptivos a los ciudadanos para aceptar sacrificios, restricciones o tecnologías que de otra forma serían inaceptables. Si esta hipótesis es cierta, debe reconocerse que el objetivo está cumplido, porque el temor al aumento de temperatura, de forma totalmente injustificada, está totalmente asentado en la conciencia colectiva de la población. Hasta el punto que, en noticias aparecidas en la prensa durante las últimas semanas (como si se tratase de algo lógico y natural, dadas las circunstancias), se ha informado que activistas medioambientales, científicos y hasta niños están acudiendo a terapia para combatir la frustración por la inacción ante la deriva medioambiental del planeta, acuñando un nuevo término: la ecoansiedad.


Persistencia divulgativa frente a manipulaciones y desinformación científica sobre el cambio climático

Ante tanto despropósito y ante las evidencias de manejos tan torticeros en las redes sociales, vuelve a asaltarme la duda. Nuevamente decae mi entusiasmo por seguir publicando y me tienta la decisión de desistir. Pero intuyo que abandonar y quedar en silencio me haría sentir aun peor, digiriendo los disgustos sordos que suele provocarme el acceso a noticias científicamente aberrantes en los medios de comunicación. Esos enfados son los que, acumulados durante años, me llevaron a tomar la iniciativa de iniciar la escritura de estos artículos y que me han conducido a la desagradable situación actual, en que mi nombre ha sido expuesto en los periódicos de media España como falsario de la Ciencia. Aunque también ha supuesto, así debo reconocerlo y agradecerlo aquí públicamente, la íntima y reconfortante satisfacción de sentir el apoyo de numerosos colegas, expresada en multitud de mensajes personales y el manifiesto, anteriormente mencionado, dirigido al Colegio Oficial de Geólogos para reclamar el derecho a la libertad de expresión y la publicación de la segunda parte del artículo La Geología versus el Dogma Climático.

Así pues, volviendo de nuevo al balance entre ventajas e inconvenientes, creo que será mejor seguir. Al menos mientras haya plataformas o publicaciones que me lo permitan, y también mientras haya personas interesadas en leer los heterodoxos puntos de vista de un geólogo suspicaz. Mi única aspiración es que, en el futuro, nadie pueda preguntarme con tono de reproche, ¿por qué no lo dijiste?


ANEXO I

Apoyo a un colega y
En defensa de la libertad de expresión y opinión

En Madrid, a 26 de diciembre de 2022.

En representación de un amplio estamento de técnicos, científicos, académicos y profesionales de diferentes disciplinas, y procedentes de ámbitos del sector privado, público y de la administración, en general, y ante la polémica suscitada por el artículo de d. Enrique Ortega Gironés, geólogo, publicado en la Revista Tierra y Tecnología (TT), nº 60 sobre “La geología versus el dogma climático 1ª parte» (DOI: https://dx.doi.org/10.21028/eog.2022.11.30), y que derivó en documentos públicos de rechazo y descalificaciones, invitando a su censura y eliminación en la revista, procedentes tanto de algunos colegiados de Madrid como de la delegación de geólogos de Cataluña, así como en la publicación de notas de prensa en periódicos y revistas de ámbito local y nacional, vertiéndose adjetivos impropios y con un argumentario falaz, queremos

MANIFESTAR

  • Nuestro apoyo al artículo, y a la persona de d. Enrique Ortega Gironés que, a diferencia de las críticas que han trascendido incluso contra el propio ICOG y su revista, está escrito con rigor, razonadamente y suscita un sano debate de interés en relación con el tema del Cambio Climático.
  • Que la adjetivación de negacionista del artículo, subrayado por parte de dichos colectivos, renuentes al mismo, y su divulgación en la prensa sensacionalista, es INCORRECTA, EXAGERADA e INADECUADA, en este contexto, tal y como se colige de su lectura.
  • Que el artículo, al publicarse en la Revista TT, ha seguido los cauces de control de calidad, rigor y debate (revisores por pares y su valoración), propios de este tipo de documentos de utilidad científica y divulgativa, por lo que SU CENSURA no es, en absoluto, PROCEDENTE.
  • Que los autores discrepantes del artículo deberían haber seguido el procedimiento establecido que se estipula en cualquier tipo de revista de estas características y que es, utilizando argumentos científicos, rebatir por medio de un “comment” o discusión al mismo, y en la propia revista; sin recurrir a la propaganda sensacionalista, además de sesgada y en prensa no especializada; o a los argumentos “ad hominem”, tal y como se ha hecho. 

Por todo ello, CONSIDERAMOS que:

  • El Colegio de Geólogos (ICOG), como corporación de derecho público, no debe posicionarse, al exceder ello sus competencias como ente jurídico que es, en determinados temas en los que -aún- NO HAY unanimidad científica entre los especialistas, desmarcándose de las noticias aparecidas en la prensa.
  • Que el colegio de Geólogos (ICOG) debe REFLEJAR cualquier idea, teoría, hipótesis, planteamientos, conjeturas, etc., (en su ámbito de competencias, lógicamente) sin establecer ningún tipo de CENSURA PREVIA, LIMITACIÓN, O CONDICIONAMIENTO que no esté basado en criterios científicos, técnicos o exclusivamente académicos.
  • Que el CAMBIO CLIMÁTICO, consecuentemente, no conforma, ni es en sí mismo, UNA SENTENCIA APODÍCTICA.
  • Que la CAUSALIDAD argüida en la correlación CAMBIO CLIMÁTICO-INTENSIFICACIÓN DE LOS FENÓMENOS EXTREMOS, mencionada en las cartas de reprobación al artículo, es un argumento falaz que NO CUENTA CON EL CONSENSO DE TODA LA COMUNIDAD

CIENTÍFICA, tal y como -erróneamente- se señala en las notas de censura, firmadas por algunos de los colegiados, que se han hecho llegar a la referida institución colegial.

  • Que los GEÓLOGOS, y el resto de las disciplinas académicas relacionadas con este campo del conocimiento, sabemos, desde hace decenas de años, que el clima de la Tierra ha variado cíclicamente y de forma natural, alternando periodos cálidos con otros más fríos, de lo que se infiere que la situación climática actual no es nueva, y que nuestra capacidad de análisis y resolución espacial ratifica este argumento.

Por consiguiente, EXPRESAMOS NUESTRO MÁS FIRME APOYO Y ADHESIÓN al geólogo d.

Enrique Ortega Gironés, defendiendo su derecho -y el nuestro- a la LIBERTAD DE EXPRESIÓN, OPINIÓN E INVESTIGACIÓN, siempre que se aporten datos y argumentos ajustados a los principios dimanados de la ciencia y el espíritu de los valores universitarios, considerando que el artículo polémico se ajusta a los anteriores criterios científicos y métodos racionales.

Asimismo, y ante la deriva que el Ilustre Colegio Oficial de Geólogos ha tomado, al vulnerar uno de los fundamentos de su Código ÉTICO, REQUERIMOS que revoque la DECISIÓN de NO PUBLICAR la segunda parte del texto y se abra un debate en torno a este tema.

Sin más, y dando por recibido dicho documento, debidamente registrado en la sede Oficial del Ilustre Colegio de Geólogos de Madrid, reciba un cordial saludo

Fdo. Nicanor Prendes Rubiera,
Geólogo, y 193 firmas más.


Cambio climático, geología y redes sociales, reflexiones heterodoxas de un geólogo suspicaz sobre la relación entre el cambio climático y las RRSS
Por Enrique Ortega Gironés


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Publicado por Enrique Ortega Gironés

Soy, por ese orden, geólogo y escritor. O simplemente, un geólogo al que le gusta escribir. Primero, docente e investigador en el Departamento de Geotectónica de la Universidad de Oviedo. Luego, en las minas de Almadén (Ciudad Real), y durante los últimos 20 años, consultor independiente.

15 comentarios sobre “Cambio climático, geología y redes sociales

  1. Deseando seguir leyendo la segunda parte, muchos de los geólogos que conozco (99%) siempre han estado de acuerdo con sus hipótesis. Al final acabamos peleando con colegas y familia por ello, pero los hechos son los hechos y un ciudadano normal y corriente no entiende que para nosotros 100 millones de años es como haber nacido ayer.

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    1. Muchas gracias Javier. Desgraciadamente, esa experiencia, intentar hacer comprender los puntos de vista geológicos a personas ajenas a la geología, es tan frustrante como frecuente. Sin duda, la razón principal es la machacona información sesgada que aparece en los medios. Pero también tiene algo que ver la deficiente educación, la geología, conjuntamente con la historia, es de las asignaturas peor impartidas en Enseñanza media. En cualquier caso, aunque la segunda parte del artículo no haya sido publicada (al menos de momento) en la revista del Colegio de Geólogos, está disponible en esta misma revista:

      La geología versus el dogma climático (2ª parte): realidades, mitos y leyendas sobre el efecto invernadero


      Gracias de nuevo y un saludo

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  2. Muchas gracias por esta información.
    Es esencial disponer de información libre.
    Este artículo ratifica que hoy día hay una aberrante manipulación de la información. Hay intereses ocultos que tienen el tremendo poder de manipular y dirigir la información, y de censurar información libre y veraz. Muchas gracias por la publicación de este esclarecedor artículo.

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    1. Gracias a ti por tus comentarios. Se puede especular mucho sobre quien y porqué existe esa manipulación, pero elegir un responsable sería simplemente eso, una especulación. Lo que no es nada especulativo es que la manipulación existe y es bien explícita.

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  3. El ICOG debe respetar las minimas normas eticas y no actuar inquisitorialmente. Ese no deberia ser su papel.
    Espero que Enrique Ortega no desista en el empeño de demostrar que el origen no antropico de las variaciones del clima esta absolutamente verificado a lo largo de la historia de nuestro planeta.
    Espero que se subsane la situacion y la a “censura colegial” permita la publicacion de la segunda parte en la revista TT.
    Tambien me pregunto que oscuros intereses hay detras de hacernos pensar machaconamente que el hombre puede cambiar el clima y eso, en su logica, tiene un coste monetario importante (vease bonos climaticos….y otros instrumentos de financiacion) para la tan cacareada “economia verde”.
    Un saludo

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    1. Gracias Francisco, estamos totalmente de acuerdo. Creo que el comportamiento de los investigadores que disienten del contenido del artículo sobre geología y dogma climático han tenido un comportamiento atípico en el mundo de la Ciencia, pero parece ser que en los tiempos que corren no debemos extrañarnos mucho. En cualquier caso, no tengo ninguna intención de desistir. Yo creo que tal y como se han desarrollado las críticas al artículo y la reacción del colectivo de geólogos, anima a seguir escribiendo. Gracias de nuevo y un abrazo.

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  4. Me gustaría conocer, a ser posible resumidas, las conclusiones de D.Enrique, en este artículo se pierde en palabreru y referencias, por fa vor, ¡al grano!

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    1. Muchas gracias Francisco, es difícil ser objetivo sin describir en detalle los hechos y citar los documentos que sirven como base para extraer las conclusiones. Pero si quieres el resumen del resumen de este artículo y los anteriores:
      1.- La historia geológica demuestra que lo que está ocurriendo ahora con la temperatura, el CO2 y el ascenso del nivel del mar no es excepcional y ha ocurrido muchas veces, cientos de veces, millones de años antes de la aparición del hombre sobre la Tierra. Por lo tanto, no hay ninguna crisis ni emergencia climática.
      2.- No existe un consenso científico sobre el origen antrópico del calentamiento global. Existen muchos, muchísimos, y muy importantes, que disienten de esa hipótesis.
      3.- Existen flagrantes evidencias de control y direccionamiento de la información que circula en las redes sociales sobre cambio climático.
      Espero que este resumen del resumen, te sea útil

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      1. Me parece útil y completo, muchas gracias, cuenta con mi apoyo incondicional. Está uno hasta el gorro de tanta estupidez «oficial».

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  5. Mis más sinceras felicitaciones y apoyo, D. Enrique Ortega Gironés, me descubro ante Vd., ya va siendo hora de que se pongan al descubierto los oscuros intereses de quienes defienden a ultranza las desviadas y exageradas tesis del IPCC, empezando por Al Gore -multimillonario gracias a ellas – y estigmatizan o tratan de hacerlo a cualquiera que se oponga a las mismas.

    Es importante que voces como la suya se oigan alto y claro y que todos apoyemos iniciativas como la suya.

    Fdo. Ricardo Benítez Robredo
    Ingeniero Industrial
    Experto en Energía y Medio Ambiente del
    Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid

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    1. Muchas gracias Ricardo,

      Totalmente de acuerdo. Creo que la implantación social de las aberrantes ideas sobre cambio climático que se escuchan en los medios cotidianamente, ha llegado tan lejos gracias a la eficiente y machacona información sesgada, pero también por la pasividad de los colectivos científicos y técnicos que han guardado silencio demasiado tiempo. Y eso es algo que sólo nosotros podemos cambiar.
      Gracias por tus comentarios y un cordial saludo,

      Enrique

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  6. Con el clásico despiste de los jubilados, no me enteré hasta hoy de la tormenta mediática en que estáis sumidos por señalar hechos evidentes para los geólogos, dentro de la vastedad de la escala temporal donde se mueven nuestras investigaciones. Al margen de las dudas que puedan tenerse sobre la influencia relativa de la acción antrópica frente a fenómenos cósmicos en funcionamiento muchos millones de años antes de la aparición del Hombre, el artículo que provocó este absurdo debate, tiene el necesario respaldo científico, tanto en lo que se refiere a las fuentes utilizadas como en el modelo de razonamiento. Y así se puso de manifiesto, en el hecho de haber sido evaluado, revisado y aceptado en la revista Tierra y Tecnología, según sus normas y protocolos. Es inaceptable y muy preocupante el mecanismo de censura apriorística desatado. Rechazo cualquier otra vía de actuación respecto a esta cuestión que no sea la de la libre expresión, según las normas metodológicas de prudencia y lógica científica que rigen las publicaciones científicas. Creo que el Colegio de Geólogos ha patinado seriamente y tendría que reflexionar seriamente sobre la conveniencia de rectificar y pedir disculpas por respaldar la sospecha de falta de honestidad de uno de sus colegas, pertenezca o no a la misma Entidad.
    Por lo demás, Enrique, ¿qué te voy a decir? El siglo XXI creo que tampoco será el de las luces, al menos tal como va discurriendo.

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  7. Muchas gracias Jenaro. Ya sabes que los jubilados tenéis bula en muchas cosas y además, para temas como este, no hay prisa, lo que se necesita sólo es sentido común como el que emana de tus comentarios. Porque podemos discutir hasta el día de juicio final, como siempre hemos hecho los geólogos (ya se sabe: dos geólogos, tres opiniones), pero lo que no se debe es censurar sin evaluar ni argumentar en contra de la validez de los datos y argumentos esgrimidos. Gracias por tu apoyo y estamos de acuerdo, nos alejamos intelectualmente del siglo de las luces, pero yendo hacia atrás, hacia la época de la Inquisición y la Baja Edad Media. Un fuerte abrazo

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