Averroes: un concepto integral del Derecho

Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd (1126 – 1198), cuyo nombre para la historia es Averroes, fue un sabio musulmán andalusí, nacido en Córdoba, que encarnó el prototipo del filósofo en el sentido completo de lo que este término implica: de un especial y genuino interés por la ley y su aplicación, se formó también en medicina, astronomía, matemáticas y filosofía, entendida ésta como la base de todas las demás materias. Averroes personificó así el modelo de hombre musulmán de rica y profunda cultura, que pronto derivó en una teoría filosófica propia y original.

Llegó a ser juez supremo (cadí) de Córdoba, puesto desde el que aplicó la ley islámica al caso concreto y produjo, de su propia mano, el equivalente a la actual jurisprudencia; por su gran cultura se ganó el afecto y protección del califato, si bien también sintió (quizá por motivos políticos) la repudiación hacia su persona, llegando al destierro una vez que el movimiento integrista islámico invadió Al-Ándalus, aunque al final de sus días volvió a ser reconocido por Marruecos como uno de sus mayores intelectuales.

Autor de una enciclopedia médica, es conocido por haber realizado un profundo estudio de la obra del gran Aristóteles, cuyos comentarios fueron hechos por su parte con el fin de instruir al califa sobre las ideas del filósofo estagirita, lo que Averroes aprovechó para introducir sus propias tesis a través del pie que le proporcionó esta tarea, por lo que fue mucho más allá del cometido de un mero comentarista, término que ha sido empleado para hacer referencia al filósofo, de forma un tanto limitada.

Sus teorías filosóficas perduraron durante un tiempo considerable, siendo defendidas por autores del renacimiento, al mismo tiempo que criticadas por la Iglesia, al considerar al averroismo incompatible con los postulados católicos; algunas de sus obras sobre metafísica, de hecho, se han perdido a consecuencia de la censura.

Tiene un especial interés, desde la vision del Derecho, la tesis filosófica de Averroes sobre la unidad del intelecto, que, desde mi punto de vista, es perfectamente trasladable a la teoría del Derecho.

Para Averroes, la capacidad del ser humano para comprender lo universal, esto es, la esencia de la realidad, el ser, no se encuentra en el exterior del propio hombre, sino que nace de su inherente capacidad para construir (y con ello también percibir) lo abstracto, esto es, al ser que fundamenta la realidad, de modo que la verdad de la existencia de ese ser no está fuera del hombre, sino en su interior.

A través de la percepción sensible, el hombre toma conocimiento de las formas exteriores del mundo, y es a través de un procedimiento interno, mediante la combinación de razón e imaginación, como llega a tomar noticia del ser. Resulta lógico que esta tesis (por otro lado, claramente avanzada para su época, y que revela que su autor era un intelectual que unía los principios científicos a los metafísicos) generara suspicacias entre los defensores de una metafísica de corte exclusivamente trascendental, en la que el conocimiento del ser solo podía venir revelado desde el exterior. Para Averroes, si el ser existe, más allá de la forma aparente o sensible, es porque la inteligencia humana puede llegar a percibirlo, de modo que la existencia del ser es verdadera en tanto el intelecto humano llega a racionalizarla, a asimilarla. La conjunción de la apariencia o forma externa, percibida por los sentidos, con el intelecto material del individuo que la recibe supone alcanzar el conocimiento de la verdadera realidad, siendo ambos elementos inseparables para entender el mundo y apreciar sus principios esenciales. Dicho de otra manera: ambas facetas del intelecto, externa e interna, son por sí solas insuficientes para adquirir el conocimiento de la realidad, y precisan de su unidad.

Para Averroes, si el ser existe, más allá de la forma aparente o sensible, es porque la inteligencia humana puede llegar a percibirlo, de modo que la existencia del ser es verdadera en tanto el intelecto humano llega a racionalizarla, a asimilarla.

Si se trasladan estos principios al campo jurídico, encontramos de nuevo la unión inseparable de las normas jurídico-positivas y una serie de principios inmanentes y eternos que las fundamentan y legitiman. El Derecho Positivo se desarrolla por medio de nuevas normas jurídicas que nacen al calor de los fenómenos sociales, esto es, como respuesta a una realidad social dinámica y cambiante que se materializa externamente; esos fenómenos sociales, que implican la aprobación de las normas o la reforma de las ya existentes, motivan en el legislador la tarea de amoldar a los principios más esenciales del Derecho, los denominados derechos fundamentales o derechos humanos, las innovaciones jurídico-positivas; y al mismo tiempo, de esa tarea de elaboración legislativa, llegar a extraer nuevos principios generales legitimadores del Derecho, de modo que, al final, la norma jurídica viene a ser el reflejo positivo de esos valores, esto es, la manifestación en los ordenamientos jurídicos del Derecho Natural, y al mismo tiempo, tanto la evidencia de la existencia del ser primigenio de las normas positivas (que no es otro que el Derecho Natural) como también de la razón de la verdadera legitimación y, por lo tanto, de la validez de estas normas. La norma jurídico-positiva nace y existe desde el momento en el que el Derecho Natural (que la precede y se incrementa en su acervo con nuevos principios emanados de los acontecimientos sociales y creados a través de la razón) es formalizado en la norma escrita, o en otros términos: traspuesto en ella. El fundamento esencial de la norma positiva, su ser, nace en el interior del legislador, en su razonamiento, una vez apreciada la necesidad de regular un nuevo fenómeno social, y la plenitud de la existencia del Derecho, el verdadero Derecho, su concepto integral, tiene lugar en el momento en el que se fusionan ambas dimensiones: el ser y la forma externa, esto es, traídos esos términos del campo filosófico al jurídico, el Derecho Natural y el Derecho Positivo, siendo así dos ámbitos inseparables y necesarios para integrar el único, verdadero y legítimo Derecho.

Averroes fue tan preclaro en la argumentación del recorrido entre las formas externas y la comprensión del ser que, para mí, se erigió en un precursor del empirismo (fruto de su faceta científica: el entendimiento de la verdadera realidad a través de los sentidos, lo que permite alcanzar al ser) como incluso, desde la perspectiva del Derecho, del iusnaturalismo racionalista, muchos siglos antes de que el hombre fuera considerado el centro de todos los saberes y, más tarde, la razón el único medio para conocer la verdad.

Es necesario recordar hoy a este gran intelectual, en unos tiempos tan dramáticos y decepcionantes, para demostrar que la inteligencia y el buen criterio, bases para la pacífica convivencia, están más allá de los fanatismos y de las concepciones limitadas o simplistas de la vida.

Para cada hombre, la ley ha previsto un camino hacia la verdad de acuerdo a su naturaleza, a través de métodos demostrativos, dialécticos o retóricos.

Averroes

La ignorancia lleva al miedo, el miedo lleva al odio y el odio lleva a la violencia. Esa es la ecuación.

Averroes

Averroes: un concepto integral del Derecho
por Diego García Paz


Las «partículas finas», nueva amenaza climática y medioambiental infundada

Las nuevas serpientes de verano

La campaña climático-intimidatoria estival del 2023, una actividad periodística que ya puede calificarse como tradición sustitutiva de las antiguas serpientes de verano, ante la falta de noticias alarmistas (afortunadamente) sobre incendios forestales, se ha dirigido hacia otros objetivos. Así, las informaciones con las que hemos sido bombardeados se han cebado en sequías y olas de calor, a las que se les ha atribuido el carácter de inusuales y excepcionalmente intensas, a pesar de que los datos estadísticos registrados, cuando se considera un intervalo temporal lo suficientemente amplio, indican que forman parte de una normalidad cíclica.

Como colofón de la campaña, a la entrada del otoño, ha hecho acto de presencia una nueva amenaza a la que se había prestado muy poca atención hasta la fecha: las denominadas partículas finas, diminutos fragmentos sólidos o líquidos que, gracias a su pequeñísimo tamaño, flotan en el aire y pueden ser transportados en suspensión hasta miles de kilómetros de distancia e invadir nuestros pulmones. Dentro del rango de tamaños de las partículas finas, suele prestarse una especial atención a las denominadas PM10 y PM2.5: es decir, aquellas cuyo tamaño es inferior respectivamente a 10 µm  (0,01 mm) y 2,5 µm (0,0025 mm).

Esencialmente, pueden diferenciarse dos tipos básicos de partículas finas. En primer lugar, las partículas primarias que son emitidas como partículas finas en suspensión, como las cenizas volcánicas o las arenas de grano muy fino. Y en segundo lugar, las de tipo secundario, formadas a partir de gases que se aglomeran formado aerosoles, por ejemplo, a partir de gases volcánicos (como será tratado en un próximo artículo en Entrevisttas.com). Ambos tipos pueden tener un origen artificial, si se generan a partir de emisiones antrópicas, o natural.

El pasado 27 de septiembre, el periódico La Voz de Galicia, haciéndose eco de informaciones previamente publicadas por el rotativo británico The Guardian, informaba que tan sólo un 2% de la población europea habita en áreas donde los niveles de partículas finas son correctos. Es decir, que el número de partículas que flotan en el aire está dentro de los parámetros recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y lo que es aún más grave, se afirma que la presencia de esos niveles peligrosos es consecuencias del cambio climático, en combinación con la contaminación atmosférica. Por lo tanto, se exige a la Administración que actúe de inmediato para reducir los niveles de partículas en el aire, ya que su presencia tiene graves consecuencias sobre la salud de las personas.

Por lo tanto, se exige a la Administración que actúe de inmediato para reducir los niveles de partículas en el aire, ya que su presencia tiene graves consecuencias sobre la salud de las personas.

En esta línea, La Voz de Galicia presentaba la gráfica de la siguiente Figura 1, donde los colores más oscuros se corresponden con las concentraciones más elevadas. Como puede observarse, la contaminación de partículas finas en el litoral gallego es tan alta como la existente en las ciudades más pobladas, y se afirma que esta contaminación está relacionada con el tráfico, la industria y la calefacción doméstica como principales fuentes de partículas PM2.5.

Figura 1

¿Qué nos dicen los datos bien documentados?

Sin embargo, ¿existen informaciones y datos suficientes para poner en evidencia la correlación entre el cambio climático, las emisiones antrópicas y los niveles de contaminación por partículas finas? Está fuera de toda duda que la presencia de este tipo de partículas está fuertemente condicionada por factores meteorológicos, como son el viento, la presión atmosférica o la temperatura. Y a su vez, es indiscutible que la evolución de esos parámetros depende del cambio climático. Pero, ¿cuál es su correlación con las actividades humanas? Para intentar esclarecer esta cuestión, veamos los datos existentes en algunas zonas donde el problema está siendo estudiado desde hace años. La Figura 2 presenta la evolución de los valores medios de partículas finas PM10 en el centro de la ciudad de Stuttgart (suroeste de Alemania), entre los años 1999 y 2019.

Figura 2

Dejando aparte de la evolución positiva, ya que hay una evidente disminución progresiva de la concentración de partículas finas, llama la atención la ausencia de informaciones sobre la composición mineralógica y de la morfología superficial de las partículas medidas. Es decir, que no existen análisis para determinar los minerales (análisis cualitativo) que están presentes en las partículas, ni tampoco su concentración (análisis cuantitativo). La disponibilidad de este tipo de datos (por ejemplo, mediante difracción de rayos-X), permitiría conocer su origen y su posible relación con el Cambio Climático. Porque, ¿qué parte de ellas tienen origen antropogénico (tecno-génico) y qué parte es de origen natural, es decir geogénico o biogénico?

Porque, en realidad, la génesis de las partículas finas pueden ser muy variada, pudiendo provenir de orígenes muy diferentes como son los movimientos de tierras originados en las obras públicas, los campos arados, los prados, parques y bosques cercanos (tanto por partículas de suelo como de polen, hongos y esporas), los arenales y canteras, las capas o los estratos de loess (sedimentos constituidos por paleo-partículas finas), las montañas y formaciones rocosas como areniscas, granitos, etc., las arenas del Sáhara traídas a Europa por los vientos del sur (las bien conocidas calimas de Europa meridional), las cenizas volcánicas traídas por el viento desde miles de kilómetros, incluso desde el otro lado del Globo, y un largo etcétera.

Todos estos orígenes contribuyen a la composición de las partículas finas encontradas y medidas en nuestras ciudades. Y sin embargo, su influencia en el cambio del clima se suele justificar afirmando que su origen está relacionado con la actividad de los automóviles, aunque en realidad, estos sólo contribuyen a generar un 20-25% de las partículas finas que se detectan en las áreas urbanas, según diferentes fuentes de información. La mitad de este porcentaje, es decir un 10-12,5% del total, se debe atribuir al hollín producido por los motores Diesel de los vehículos, aunque en las ciudades hay también otras fuentes para el hollín, como es el uso doméstico e industrial de diferentes combustibles. Los modernos filtros de partículas finas y el uso de los catalizadores, han contribuido notablemente a disminuir el contenido de partículas finas en las ciudades europeas, como se muestra claramente en el ejemplo de la Figura 2. Por lo que se refiere a la otra mitad de partículas finas generadas por los automóviles, éstas son generadas (entre otros) por el desgaste de los neumáticos y los frenos, lo que afecta no sólo a los vehículos Diesel, sino también a los coches eléctricos o de combustión de hidrógeno. También debe tenerse en cuenta que en las regiones frías, donde en invierno se utiliza sal y la gravilla en las calles y carreteras, estos dos componentes también pueden contribuir de forma significativa a las partículas que se detectan en las ciudades.

Entonces, para conocer las causas reales que contribuyen a este tipo especial de contaminación, es imprescindible determinar la composición de las partículas finas, tanto cualitativa como cuantitativamente. Este análisis cuantitativo fue realizado en la ciudad austríaca de Graz (Austria), y en base a estudios mineralógicos, se pudo comprobar que cerca del 60 % de las partículas finas tenían un origen geogénico, un 30 % eran de origen tecno-génico y el 10% restante tenía origen biogénico.


Las partículas finas en tiempos prehistóricos

Esos resultados indican con claridad que el origen de la partículas finas no es exclusivamente antropogénico, sino que por el contrario, tiene un origen mayoritariamente natural. Además, tampoco puede decirse que se trate de un fenómeno reciente o moderno, ya que el registros geológico indica su presencia sobre la superficie de la Tierra desde hace millones de años. Así lo atestiguan los depósitos de loess, a los que ya se ha hecho referencia anteriormente, que además, nos proporcionan información sobre los cambios climáticos de épocas pasadas. 

El loess es un tipo de sedimento que está constituido por partículas finas que tienen un origen geogénico muy especial, ya que se formaron en épocas glaciales mediante procesos de meteorización física (abrasión mecánica) y térmica (sobre todo glacio-térmica) de las rocas. Los vientos glaciales transportaron las partículas finas así generadas a las regiones libres de hielo, alrededor de los glaciares continentales, donde se acumularon en capas y estratos de hasta varias decenas de metros de espesor. Así pues, el loess es un sedimento eólico que se caracteriza por tener una granulometría muy selectiva, constituido principalmente por partículas con un tamaño que varía desde unas pocas micras (1 µm = 1 micra = 0,001 mm) hasta varias decenas de micras de diámetro. Además de poseer pequeñas dimensiones, estas partículas tienen una morfología preferentemente angulosa, lo que facilita que este tipo de sedimentos tenga una buena estabilidad en taludes, declives y desfiladeros escarpados. Pero, al ser blandos y fácilmente erosionables, configuran paisajes muy típicos de abarrancamiento por cárcavas, como puede apreciarse en la Figura 3. Pueden encontrarse paisajes típicos de loess en el suroeste de Alemania (zonas del Kaiserstuhl y del Kraichgau), en los alrededores de Albacete (sureste de España) y muy especialmente en China, donde todavía se están formando en la actualidad, cuando los fuertes vientos provenientes del Desierto de Gobi transportan polvo formado por partículas muy finas hacia el sur. En el noroeste de China, en la provincia de Mongolia Interior, donde la meseta del loess se transforma gradualmente en la cobertura arenosa del Desierto de Gobi, el espesor de los sedimentos del loess llega a superar los 100 metros.

Figura 3

Además, en los lugares donde estos sedimentos son atravesados por cauces fluviales, las aguas adquieren un color turbio amarillo, como consecuencia de la gran cantidad de partículas que lleva el agua en suspensión. Así ocurre por ejemplo en el famoso Río Amarillo (Huang He), en China, como puede apreciarse en la Figura 4.

Figura 4

Es precisamente en estos sedimentos de China Central, donde fue realizado el espectacular descubrimiento arqueológico del ejército de terracota del emperador de Qin Shi Huangd (siglo II antes de Jesucristo). Este hallazgo incluye varias filas de guerreros en formación dentro de unas fosas,  excavadas en loess, que sirvió también como materia prima para los muros de barro compactado, entre las filas de los soldados (ver Figura 5).

Figura 5

Por otra parte, los suelos desarrollados sobre el loess, así como los suelos con altos contenidos en loess, son muy importantes para la agricultura, porque son muy ricos en minerales y garantizan un alto rendimiento de las cosechas, especialmente cuando predominan calizas en la región de origen, lo que proporciona contenidos calcáreos muy elevados.


Las partículas viajeras

Otra característica esencial de las regiones con abundantes paisajes del loess es la movilidad de las partículas finas meteorizadas que, como se ha mencionado antes, pueden ser transportadas por el viento a grandes distancias, alcanzando las poblaciones y ciudades, incrementando así el porcentaje de fracción geogénica de partículas finas. Siguiendo con el caso de China, los vientos del norte transportan las finas partículas amarillas desde el desierto de Gobi hasta Pekín, agravando la situación del aire de esta enorme urbe, ya de por sí bastante crítica.

También en Europa hay numerosos ejemplos de situaciones donde las partículas finas de loess llegan a las ciudades. Por ejemplo, en el altiplano situado al sur de Stuttgart, se depositaron hasta 4 metros de loess durante la última época glacial. Actualmente, este loess puede ser removido por labores agrícolas o trabajos de obras públicas, y ser llevado por los vientos hacia la ciudad como partículas finas geogénicas.

Aunque con una intensidad diferente, la elevada participación de partículas finas de origen geogénico no es nada extraordinario en Europa, como se ha visto en el ejemplo antes mencionado de Graz. En efecto, no es infrecuente que lleguen, transportadas por el viento desde largas distancias, desde el desierto del Sáhara, partículas muy finas de color rojizo a ocre, con diámetros de grano de pocas micras. Este proceso es más intenso en primavera y en verano, cuando los anticiclones situados sobre el Sáhara levantan enormes polvaredas que, en las capas más elevadas de la atmósfera, puede ser transportadas prácticamente a cualquier lugar del globo. Ese es el origen de las frecuentes calimas en las Islas Canarias y Cabo Verde, que pueden llegar también hasta la península y otras partes del continente europeo. A veces, generan la espectacular lluvia de sangre, cuando el agua adquiere color rojizo al atrapar el polvo en suspensión. La Figura 6 ilustra el desarrollo de una tormenta de arena en el Sáhara, que provocó una fuerte calima en el Sur de Europa el 15 de marzo de 2022, llegando a alcanzar toda Francia y el Sur de Alemania).

Figura 6

Según el Servicio Meteorológico Alemán, el polvo desértico del Sáhara se puede detectar durante 50-60 días al año en la zona central y meridional de Alemania, y unos 30 días al año en la zona septentrional. A mediados de marzo de 2022, un avión especializado midió concentraciones de hasta 2,2 miligramos/m³ en el aire, a una altura de 2 kilómetros, lo que representa una concentración 200 veces mayor que los valores habituales. Debe mencionarse que el monitoreo y el control de los polvos desérticos del Sáhara es de gran importancia para la predicción de generación de energía en las instalaciones fotovoltaicas, porque las capas de partículas muy finas depositadas sobre las placas solares pueden disminuir la generación de energía hasta un 10-20%. Los mismos efectos restrictivos pueden producirse en las placas solares, si están situadas cerca de arenales con fuertes vientos.

Debe mencionarse que el monitoreo y el control de los polvos desérticos del Sáhara es de gran importancia para la predicción de generación de energía en las instalaciones fotovoltaicas, porque las capas de partículas muy finas depositadas sobre las placas solares pueden disminuir la generación de energía hasta un 10-20%.


Implicaciones climáticas y medioambientales

Complementariamente, los aerosoles saharianos, como también los aerosoles de origen volcánico, pueden servir como núcleos de condensación, favoreciendo la formación de nubes sobre el Atlántico, y por lo tanto tienen una gran influencia en el tiempo meteorológico y en el clima, por lo que su relación con los procesos de cambio climático es evidente. En algunos modelos de evolución climática se está atribuyendo una gran importancia a las partículas PM2.5, que representan cerca de los dos tercios de la fracción de PM10, asignándole un origen exclusivamente tecno-génico, a partir de simples análisis químicos, que no incluyen análisis de su composición mineralógica. Los resultados de estos análisis no pueden considerarse fiables, ya que como se ha mencionado anteriormente, en esa fracción granulométrica también aparecen muchos aerosoles biogénicos como son esporas, hongos, pólenes, virus y bacterias (todas ellas con composiciones orgánicas que pueden confundirse con las derivadas de la combustión de hidrocarburos), además de las partículas de origen geogénico.

Por lo tanto, los datos analíticos utilizados habitualmente para asignar un origen tecno-génico a la contaminación de partículas finas, son totalmente insuficientes, y numerosos ensayos han demostrado que la mayor parte de estas partículas tienen un origen natural, como lo han tenido a lo largo de millones de años de la historia del Planeta. Es decir, que el ser humano, desde sus orígenes, ha estado siempre expuesto a estas partículas finas, que se encuentran en toda la troposfera, la capa inferior de la atmósfera.

Es decir, que el ser humano, desde sus orígenes, ha estado siempre expuesto a estas partículas finas, que se encuentran en toda la troposfera, la capa inferior de la atmósfera.

En 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) endureció su recomendación para los valores límites de concentración de las partículas finas de la fracción PM2.5, estableciendo como umbral de riesgo a largo plazo el valor de 5-10 mg/m3. En este contexto, viene al caso recordar la discusión sobre los umbrales de contaminación considerados para otras sustancias, tal y como fue analizado en otros artículos publicados en Entrevisttas.com (Sobre las contaminaciones aparentes y otras disquisiciones medioambientales y El mercurio: ese metal tan tóxico… a veces).

En efecto, existen muchas dudas sobre la corrección, la adecuación o la necesidad de establecer umbrales con factores de seguridad tan estrictos, que a veces llegan hasta dividir por 100 los límites considerados como aceptables. ¿Es realmente correcto y necesario, tanto desde el punto de vista científico como toxicológico, establecer límites tan bajos para proteger la salud humana y la naturaleza? Con frecuencia, este procedimiento se justifica más por razones políticas, por miedo, tomando excesivas precauciones, sin considerar que se están introduciendo restricciones prescindibles para las rutinas cotidianas y laborales.


Otro ejemplo de utopía inalcanzable

A pesar de los grandes avances alcanzados durante las últimas décadas en el conocimiento del comportamiento de las partículas finas aerotransportadas, quedan aún considerables lagunas para completar el entendimiento de su circulación e incidencia en el sistema atmosférico. No cabe ninguna duda de que, cuanto más se pueda disminuir el contenido de las partículas finas con origen tecno-génico o antropogénico, será mucho mejor para la salud humana, especialmente en las áreas urbanas. Pero es necesario ser consciente de que la mayor parte de las partículas finas hoy existentes en nuestra atmósfera tiene un origen natural. O sea que, del mismo modo que ocurre para el CO2, el nivel de emisiones cero no existe en la naturaleza y es inalcanzable. Por lo tanto, la propaganda alarmista que se está realizando sobre las partículas finas, carece de base científica, adolece de información mineralógica e ignora por completo sus fuentes naturales.

Por lo tanto, la propaganda alarmista que se está realizando sobre las partículas finas, carece de base científica, adolece de información mineralógica e ignora por completo sus fuentes naturales.

Volviendo a la información publicada por La Voz de Galicia y a la Figura 1, debe tenerse en cuenta que en el litoral gallego el viento sopla predominantemente desde el Atlántico, llegando a la costa puro y limpio de influencia antropogénica. Así, la mayoría de las partículas finas en suspensión en la zona costera deben ser de origen geogénico, provenientes de las playas y arenales, de las rocas (por erosión) y del rocío marino (de sal, cloruro sódico o NaCl). La distribución de las zonas de máxima concentración en la Figura 1, siguiendo el litoral, donde se localizan las playas y el roquedo está más expuesto en los acantilados, es totalmente coherente con esta interpretación. Además, según la época del año, también deben aparecer muchas partículas de origen biogénico, especialmente pólenes de árboles y arbustos (como por ejemplo los tojos y retamas) tan abundantes en Galicia.

Es difícil entender otra intencionalidad en estas informaciones, que no sea la de sembrar un miedo injustificado. Hace ya algunas décadas, se realizó una campaña intimidatoria por la abundancia relativa de radón en Galicia, consecuencia de su sustrato predominantemente granítico. A finales del siglo XX se dijo también que la gastronomía tradicional, especialmente el insustituible caldo gallego, por su método de cocción y recalentamiento, tenía riesgos cancerígenos. Ahora, se introducen alarmas por el riesgo que puede suponer dar un paseo por la playa, junto a los embates del mar, respirando el rocío marino saturado de sales. ¿Desde cuándo eso es tóxico?

Afortunadamente, la tozuda realidad se impone a las especulaciones gratuitas. Si todo es tan tóxico, el sustrato rocoso, la comida y el aire, no se entiende que la esperanza de vida,  en ascenso continuo en España (ya está por encima de los 83 años), sobresalga en Galicia por encima de la media, ya que tiene el porcentaje más alto de ancianos con edades por encima de los 90 o 100. Y eso, a pesar de que esas personas longevas llevan un siglo viviendo encima de los macizos graníticos emisores de gas radón, consumiendo habitualmente caldo gallego y respirando durante toda su vida partículas finas naturales. Esta enorme contradicción hace pensar que esta nueva línea de alarmismo sensacionalista, como la doctrina del Cambio Climático de origen antropogénico, tiene componentes más ideológicos que científicos.


Las «partículas finas», nueva amenaza climática y medioambiental infundada
Las nuevas serpientes de verano
por Enrique Ortega Gironés,
José Antonio Sáenz de Santa María
y Stefan Uhlig


Las carnes del tiempo

Capítulo I
José


Hoy

— ¿Lo sabías? ¿Cómo que lo sabías?

— Sí, Rebeca es mi amiga desde que éramos dos niñas. Cuando comenzó a contarme lo de sus viajes… la verdad es que no podía creérmelo. Estuve mucho tiempo pensando que estaba enferma, que tenía demasiada imaginación. Vamos… que no había superado lo del amigo invisible y esas cosas que nos pasan de nanas.

— ¿Nanas?

— Liz, ¿aún no te has hecho con el vocabulario valenciano? Ché, que eres periodista… ¡acostúmbrate ya!

— Vale, sigue…

— Luego me di cuenta de que no me mentía. Busqué en la enciclopedia y luego en Internet, en las hemerotecas… Al final, hasta Wikipedia confirmaba todo lo que me contaba. Pero, claro… es que algunas cosas que me ha contado ¡me las ha contado a principios de los 80! Y… por supuestísimo, fijo que no tenía ni Internet ni Wikipedia. Y estas cosas se han ido dando forma solas a medida que he podido irlas comprobando con diferentes fuentes (del pasado y más contemporáneas). Pero, además: me las ha contado como creo que te contó a ti, ayer, lo de José: resulta absolutamente creíble, ¿no?

— Totalmente, I’m totally freaking out!

— Pues eso (conste que de tanto limpiar tu casa y charlar contigo, te comienzo a entender esas americanadas que me sueltas, hija mía…). Bueno… cuando Rebeca me las contaba a mí, ya mayorcitas, me pasaba lo mismo. Súmale a eso que le tengo amor y confianza desde aquel día en que salvó a mi madre del tren. Rebeca me ama como yo a ella: por esa parte, tampoco creo que me mintiese. Es que no tiene necesidad…

— Por cierto, ¿tu madre lo sabe?

— Ahora lo verás… ¡mamáaaa!

— Ruth, venid vosotras que yo ya no puedo moverme bien.

— Hola Lola.

— Hola Liz, guapa. ¿Cómo estás?

— Bien, bien.

— Mamá, estamos hablando de Rebeca y de su don.

— ¿Ah, sí? ¿Ya lo sabes? Entonces… Liz, nosotras lo creemos.

— En ese caso, ayúdame a confirmar si lo que me contó ayer era cierto…


Ayer

José tiene una piel suave. No me canso de tocarle. Y sabe más que ningún otro hombre sobre el talle de las mujeres. Cuando te toca, se nota: disfruta de buscar las carnes. Es como un maestro de las carnes del tiempo. ¡A veces pienso que es como yo! ¡Que puede viajar en el tiempo y especializarse en lo que le gusta! Y, a él, le gustan las carnes de las mujeres, sus curvas, sus reacciones,… hasta sus imperfecciones. Se nota que le apasionan. De hecho, con lo celosa y feminista que yo era, se me ha pasado: me quedo extasiada y maravillada con su facilidad para notar todo lo que sé que hay en mi perfil. Antes de que llegue a un hueco, yo ya lo estoy esperando para ver si allí se saltará ese pedazo de piel o ese trocito de carne que me sobra… pero, no. Nunca falla: te digo que es un experto.

Es como un maestro de las carnes del tiempo. ¡A veces pienso que es como yo! ¡Que puede viajar en el tiempo y especializarse en lo que le gusta!

Cuando entré en su tienda, la de la calle San Vicente de aquí, de Valencia… en aquel 1900 tan triste, en el que se moría la gente por gripe sin parar, me sentí arropada por un maravilloso olor a tela. ¡Era como un refugio alentador! Un silencio elegante, un buen olor… y, de pronto, su mirada. Una mirada segura y serena que ya te estaba preguntando ¿en qué la puedo ayudar, señorita?

Imagen creada por Carmen Nikol
¿Quieres la tuya?

He de regresar. Me hace sentir mujer cuando me pone esos corsés como los que diseñó para Cooper, la tenista que ganó los JJOO en París de aquel mismo año. Pero, lo que de verdad me pone es cuando me coloca los corsés de embarazada y me dice que en ese espacio hueco va a estar nuestro bebé.


Hoy

— Liz, cuando mi madre (que me tuvo muy joven) me contaba que su madre siempre le decía que le apretaba el corsé… ¡me sentía tan afortunada de no llevar uno! Yo he llevado muchas fajas (como mi madre, que siempre me decía que andase recta y que una faja me ayudaría). No sé si ese José Abad que Rebeca menciona también hacía fajas… ¡Ves! ¡Ché… Ahora me asalta la curiosidad!

— Mamá… céntrate.

— Lola, sigue por favor. ¿Qué más decía tu abuela?

— Pues decía que, en Valencia, cuando tenías cierto caché… pues que se estilaba, que las mujeres de bien los usaban. Que era moda, vamos. Y que les hacía un tipito muy bonito.

— Ruth, ¿tú que opinas de eso? No me gustaría nada llevar un corsé porque todas lo lleven. Una cosa es que me dé por ahí un día… pero, ¿por moda?

— Liz, querida, no puedes pensar como entonces se pensaba. Ni sentir tampoco. Hostia, eres periodista pero pareces un poco naïf, ¿no? Es como criticarle a mi madre por que llevase faja… Tenemos mucha suerte. Eso es lo que opino. Más o menos como tú.

— Lo fuerte no es que yo parezca naïf, es que tu querida Rebeca (que a nivel periodístico está por encima de todas nosotras, claro) haya perdido la cabeza por ese José. ¡Ni que fuese el único que sabe tocar a una mujer! Jesus, I’m still freaking out!


Ayer

— Concha, necesito que me dés un año sabático. Tengo que hacer un viaje y ha de ser la próxima semana. Tengo que arreglar un par de cosas en casa, con Ruth (para que me la mantenga bien). Pero, luego he de irme. Intentaré compensártelo.

— Rebeca, eres muy buena y, ¡joder!, no sé cómo lo haces pero todo lo que publicamos es un referente de calidad si lo has escrito tú. ¿Cómo me vas a pedir un año? ¿No puede ser menos?

— Concha, por favor. Gabriel es bueno, muy bueno también. Ponle en mi sección ese año: lo va a defender más que bien. Dale la oportunidad. A parte de Liz, que ya sabemos que fuera de lo referente a su USA, no escribe muy allá… no confío en ninguno más para cubrir mi nombre. Pero, te juro que en Gabriel sí confío.

— OK. Cuando regreses de ese viaje misterioso tuyo, espero que estés fresca y me dés todo de ti, que aceptes trabajar para los catalanes, como te he pedido cien mil veces.

— Claro que sí. Estate tranquila. Te lo juro…


Domingo de la semana siguiente, en Valencia.
Año 1901.

Imagen creada por Carmen Nikol
¿Quieres la tuya?

— José, ¿juras tomar por esposa a Rebeca?

— Sí, lo juro.

— Rebeca, ¿juras tomar por esposo a José?

— Sí, lo juro.


La carnes del tiempo | Capítulo I: José
por Carmen Nikol


Desertización y reforestación en el Levante ibérico

La concepción mental del desierto, a nivel profano, es una sucesión con tendencia infinita de dunas de arena o rocas desnudas con apenas presencia de plantas y animales, mucho sol y por asociación, calor. Sin embargo, puedo contar que al descubrirlo me quedé tan sorprendido como puedan quedar muchos de ustedes al leerlo.

El desierto es consecuencia de la falta de humedad disponible. Y, por ende, se da la circunstancia de que el más grande del mundo es el lugar donde más agua hay almacenada sobre la superficie terrestre. La Antártida, con sus 14,1 millones de km², está considerado ahora como el desierto más grande del mundo. En su caso, es la falta o escasez de humedad libre disponible para los seres vivos la que genera las dificultades para la generación de biomas autónomos. Y es esta dificultad para la vida silvestre la que determina el carácter que encierra el concepto que define el desierto.

Dunas de Merzuga (Marruecos)

En el caso polar, se produce por congelación del vapor de agua y su precipitación en forma de hielo. En los casos más clásicos, la razón es la aridez, falta de lluvia a consecuencia de fenomenología que puede ser diversa.

Tales son circunstancias que, por el momento, no se dan en nuestro país, ni tampoco en el conjunto de la Península Ibérica, salvo en las altas cumbres nevadas de glaciares permanentes (Pirineo) o semipermanentes (Sierra Nevada), que presentan escasa superficie relativa o una interacción con su entorno muy dinámica en base a las fluctuaciones estacionales del clima.

Por eso a los que antes se les ha llamado Desierto de Tabernas, Monegros o Bárdenas Reales, ahora se les conoce más bien como subdesiertos de Almería, sureste semiárido ibérico o estepas de Bárdenas o Monegros.

Otoño, época de cambio, de lluvia en el levante y de lluvias torrenciales. Lo que siempre se llamó gota fría y que ahora recibe el nombre de DANA (Depresión aislada en niveles altos) o lo que es lo mismo una bolsa de aire frío que genera una borrasca localizada. Dicho de otro modo, lo que ha pasado siempre en estas fechas y en esa región. Otra expresión más del famoso Principio del Actualismo, según el cual, los fenómenos geológicos que se manifiestan actualmente sobre la Tierra, son los mismos que siempre han tenido lugar.

Pero la curiosidad por un lado (o lo que vulgarmente se conoce como acordarse de Santa Bárbara cuando truena) y la presión mediática sobre la fenomenología meteorológica, por otro, llevan a las mentes inquietas a preguntarse por qué ocurren estas cosas y si hubiese modo de solucionarlo.


La desertización y la desertificación

Unos decenios atrás, fue obsesión la desertización o desertificación, esos procesos según los cuales el gran desierto del Sáhara ascendería como una horda imparable y abordaría Europa al otro lado del mar Mediterráneo emulando un episodio más de los corsarios berberiscos.

La Administración ambiental española, a cargo del I.C.O.N.A. por aquel entonces, empleó enormes cantidades de dinero en ponerle freno a través del prestigioso proyecto LUCDEME (Lucha contra la desertificación del Mediterráneo).

Ni el Sáhara ha avanzado mucho más allá de sus límites tradicionales (conocidos como Sahel) ni el clima ha cambiado un ápice en los últimos cuarenta años, pese a que ya se hablara del calentamiento global y deshielo glaciar a causa del CO2 durante los años 70 (Asimov, 1973).

Frente a esto último, conviene aclarar que en los actuales discursos sobre el tema, se confunde siempre climatología con meteorología, sin prestar la más mínima atención a la diferencia conceptual y obviando totalmente a los testigos del asunto que marcan de forma enmudecida el patrón ambiental en curso.

Pueden encontrarse al respecto numerosos artículos relativos al tema a cargo de nuestros compañeros Ortega Gironés, Sáenz de Santamaría Benedet y Stefan Uhlig en esta misma revista.


La vegetación

Ese indicador ambiental del clima local sobre cada punto de la Tierra no es ni más ni menos que la vegetación del lugar. Pinares, encinares, castañares, hayedos, robledales, sabinares, atochares, praderas, marcan, cuando rigen de forma espontánea, el clima característico de cada territorio.

Inesperado bosque boreal en el Valle del Genal (Málaga)

Es lo que se llama vegetación zonal, aquella que es un reflejo del clima de la zona y está condicionada por las variables climáticas y la latitud. Las vastas superficies cubiertas por las plantas tienen fundamentalmente su razón de ser en dos factores, la humedad y el calor, que han permitido la propagación y desarrollo de las especies vegetales (González Vázquez, 1947).

Frente a ella, se opone la vegetación azonal que no depende del clima sino que muestra restricciones o adaptaciones a las peculiaridades del sustrato sobre el que se asientan (encharcamiento, salinidad, mineralogía).

Así pues es la interacción de clima y suelo la que define la vegetación que cubre un lugar. En el rango posible se encuentra desde el desierto (vegetación inexistente o muy precaria) hasta la selva más exuberante.

En el clima, la integral térmica anual es la cantidad de energía disponible en un lugar con la que la vegetación ha de satisfacer sus procesos fisiológicos y culminar su desarrollo. La precipitación por su parte abastece las necesidades de transporte al diluir los minerales del suelo y formar la solución nutriente junto con el carbono que se fija desde la atmósfera a través de las hojas (fotosíntesis).

Las vastas superficies cubiertas por las plantas tienen fundamentalmente su razón de ser en dos factores, la humedad y el calor, que han permitido la propagación y desarrollo de las especies vegetales

González Vázquez, 1947

Los suelos

En cuanto al suelo, la gran mayoría de vegetales suele ser indiferente. No obstante hay dos grandes facciones particulares, las calcífugas (intolerantes al carbonato de cal) y las calcícolas o calcófilas (tolerantes a la caliza).

Esto, a modo similar a como se divide la España peninsular con respecto a la precipitación (España seca y España húmeda) lleva a una dualización con respecto al sustrato. Así se habla a veces de la España silícea y de la España caliza. A grandes rasgos, ambos tipos de división se superponen en gran medida, dado que los materiales silíceos dominan en la parte occidental (fachada atlántica) mientras que los carbonatados lo hacen en la ribera mediterránea (levante ibérico).

Marismas, saladares, riberas, yeseras, rocas ígneas y zonas magnesícolas (esencialmente dolomías, peridotitas) generan algunas particularidades en el sustrato que alteran las reglas climáticas por las que suele regirse la vegetación natural. Su ubicación es más irregular que la climática, no siendo zonificable al igual que aquella, por lo que se conoce como vegetación azonal.


La Antropización y sus efectos en España

Y como tercer factor, está el humano. La antropización o influencia humana sobre los ecosistemas naturales también interviene en el aspecto final de un territorio. Al menos desde que aprendió a manejar el fuego hace aproximadamente 1,5 millones de años (Sevilla Martínez, 2008) y posteriormente con el regadío y el manejo de las aguas subterráneas (Pulido Bosch, 2000, Parra, 2011).

Bancales de regadío y pastos en Sierra Nevada (Lanjarón)

Su capacidad para alterar el clima fue históricamente muy limitada, pero no así sobre los suelos y sustratos, con tendencia a generar procesos regresivos tendentes a la degradación de estados estables o evolucionados. Es decir, con un gran potencial para conducir hacia la desertificación de los mismos.

La respuesta a la cuestión de si resulta posible recuperar zonas desérticas de uno u otro lado dependerá de la naturaleza y origen del territorio en cuestión. Los desiertos climáticos son menos manejables que los de naturaleza degradada por razones de gestión inadecuada.

Debemos hacer constar que, cuando P < 50 mm (precipitación anual media menor de 50 mm), y aún en caso en que las precipitaciones caídas durante el período vegetativo sean mayores, la existencia del monte natural es muy insegura en la mayor parte de nuestras comarcas, por ocurrir, con alguna frecuencia, que algunos años sean extremadamente secos por falta de lluvias o por que se reparten inadecuadamente durante los mismos; lo cual provoca hasta la muerte, en los montes naturales y artificiales, de las especies más xerófilas, y, en más de una ocasión, hemos podido comprobar la muerte por sequía de los pinos carrasco, rodeno y piñonero, aún contando algunos pies de los mismos de 15 a 20 años.

A semejante circunstancia, tan desfavorable para el desarrollo de las especies forestales en nuestro país, viene a sumarse el deplorable estado en que se encuentran lo suelos de gran parte de nuestro territorio, degradados, asurcados, secos y endurecidos para ofrecer un medio apropiado a la germinación de las semillas o reproducción natural de los montes, y se comprende lo aleatoria que ha de ser en muchos casos la existencia del monte natural y la conservación del artificial, tratándose de territorios que reciban P < 50 mm, a menos que un repetido laboreo del suelo contrarreste la pérdida de humedad que experimenta el mismo por evaporación, y se cree de este modo un medio más adecuado a la germinación de las semillas (González Vázquez, 1947).

En este breve fragmento, el profesor da una de las claves que influyen notoriamente en la caracterización climática de un lugar y que, como se indicó al principio, sirven para diferenciar climatología de meteorología.

El reparto de las precipitaciones (N: nº días de lluvia) a lo largo del año es tan decisivo que determina con su número el factor de precipitación (Fp = P*N/365) que sirve para caracterizar una zona en función de su potencialidad forestal en base a la humedad anual.

Sirva como ejemplo claro el contraste entre las ciudades de Almería y Alicante. Ambas en la misma longitud geográfica y posición muy similar en el conjunto de la Península Ibérica, además de climatológicamente muy similares.

El conjunto de valores promedio anual para cada una de ellas es la que se indica en las tablas siguientes (fuente: Agencia Estatal de Meteorología AEMET)

MesTTMTmRHDRDNDTDFDHDDI
Enero12.616.98.324672.90.00.51.00.07.1194
Febrero13.317.69.025672.90.00.51.30.06.1191
Marzo15.119.610.616652.60.00.31.50.05.7232
Abril17.021.412.517622.60.00.60.60.06.1261
Mayo19.724.115.312631.90.00.51.00.06.9297
Junio23.527.918.95610.60.00.60.40.013.1325
Julio26.130.521.71600.30.00.50.40.019.0342
Agosto26.731.022.41630.30.00.60.40.015.0315
Septiembre24.228.420.014651.50.01.10.50.09.3256
Octubre20.424.516.327682.80.01.00.90.05.4218
Noviembre16.420.512.328673.60.00.90.50.05.4183
Diciembre13.817.99.630673.30.00.50.50.06.2178
Año19.123.414.72006525.40.07.48.90.0108.02994
Almería: Aeropuerto
MesTTMTmRHDRDNDTDFDHDDI
Enero11.717.06.323673.60.00.20.20.48.0181
Febrero12.317.67.122663.00.00.40.50.36.1180
Marzo14.219.68.923653.40.00.40.60.06.5227
Abril16.121.310.929634.10.01.60.20.05.5247
Mayo19.124.114.128644.00.02.30.00.05.4277
Junio22.927.818.112631.80.01.50.00.09.9302
Julio25.530.320.74650.60.00.70.10.015.2330
Agosto26.030.821.27671.10.01.10.00.012.7304
Septiembre23.528.518.556693.30.02.70.10.06.5250
Octubre19.724.914.547704.50.02.10.10.05.4217
Noviembre15.420.510.336694.20.00.50.10.05.7173
Diciembre12.617.77.425683.80.00.40.00.17.0164
Año18.323.313.23116637.50.013.81.90.995.22851
Alicante: Observatorio de Alicante
TTemperatura media mensual/anual (°C)
TMMedia mensual/anual de las temperaturas máximas diarias (°C)
TmMedia mensual/anual de las temperaturas mínimas diarias (°C)
RPrecipitación mensual/anual media (mm)
HHumedad relativa media (%)
DRNúmero medio mensual/anual de días de precipitación superior o igual a 1 mm
DNNúmero medio mensual/anual de días de nieve
DTNúmero medio mensual/anual de días de tormenta
DFNúmero medio mensual/anual de días de niebla
DHNúmero medio mensual/anual de días de helada
DDNúmero medio mensual/anual de días despejados
INúmero medio mensual/anual de horas de sol
Leyenda

En base a estos datos. Almería Fp = 13,69 y Alicante Fp = 34,52. Sólo con un tercio de precipitación y 12 días al año más, el factor de precipitación en Alicante duplica al de Almería. Aunque ambos quedan por debajo del umbral 50 que marca el límite del clima muy seco, parece obvio que la favorabilidad de una es muy superior con respecto a la de la otra.

Lomas de calizas margosas en Dalías (Almería)

Para los valores de Fp próximos al valor 50, es posible que se origine el monte claro arbóreo de nuestras especies más xerofíticas. Pinetum halepensis y la tuya de África (Callitris quadrivalvis); el monte artificial de dichas especies se logra mediante el riego, pero es muy difícil su conservación y aún más su regeneración natural.

Para los valores de Fp menores de 25 sólo existe el semidesierto craso (Agave, Cactus, etc.). Para los valores intermedios, entre 25 a 50, son frecuentes el Brachypodietum y el Stipetum, pero menos el matorral de ciertas labiadas (Rosmarinetum). El clima muy seco origina el subtipo de monte que hemos denominado hiperxerofítico (González Vázquez, 1947).

La peculiar distribución de los territorios forestales en la Península Ibérica

La particular geografía forestal de la Península Ibérica no es sino resultado de la aplicación de los principios expuestos. Se debe a la articulación del binomio clima-suelo a lo largo de toda su geografía.

A este respecto, se presentan algunas curiosidades que, siendo las mismas, pero disponiéndose de otro modo, podrían haber dado otra configuración al territorio y sobre todo, haberlo hecho agrícolamente más pobre.

La P.I. se encuentra en la franja mediterránea, un horizonte latitudinal marcado por las altas presiones (H). En este caso concreto, por el anticiclón de las Azores. El régimen de circulación atmosférica que impone un anticiclón es de corrientes descendentes desde las capas altas de la atmósfera, por lo que arrastra aire seco y frío hacia la superficie. Por eso ofrece días despejados de sol radiante, incompatibles con la lluvia.

Su fenómeno complementario es el ciclón o centro de bajas presiones (L), caracterizado por corrientes de aire ascendente capaces de arrastrar el vapor de agua procedente de las grandes masas oceánicas y elevarlo a las capas altas de la atmósfera. Allí se enfría por descompresión adiabática generando condensación y posibilidad de precipitaciones.


El paisaje ibérico

En el caso peninsular, la protagonista es la Borrasca de Islandia, que normalmente rige en el ámbito de latitud 55º N. El sentido de circulación de los vientos que provoca es contrario al de las agujas del reloj. El centro de altas (H) siempre dirige sus vientos hacia el de bajas (L) con un sentido contrario al de la borrasca. Por eso, recibe el nombre de anticiclón (opuesto al ciclón). A lo largo del tránsito de la Tierra en su órbita anual, se producen cambios de inclinación en el eje de la misma que provocan desplazamientos de estos centros motrices de la circulación general de la atmósfera. Así, en primavera y otoño, las bajas presiones pueden alcanzar la frontal atlántica peninsular, situándose frente a las costas de la vecina Portugal y generando vientos que arrastran la humedad oceánica hacia el interior, formando frentes que recorren el territorio con más o menos intensidad y potencia. A medida que penetran en el interior, pierden fuerza y sobre todo humedad. Esta es la explicación básica de por qué en el levante llueve bastante menos que en el poniente. Y en el sur, que en el norte. Somos tributarios de la generosidad pluviométrica de la Borrasca de Islandia, que tiene ubicación atlántica y preferencia norteña.

Somos tributarios de la generosidad pluviométrica de la Borrasca de Islandia, que tiene ubicación atlántica y preferencia norteña.

Y en relación con los sustratos, también una dualidad muy marcada, como ya se hizo alusión. El zócalo o macizo Herciniano es el componente más antiguo (con edades que oscilan entre 600 y 250 millones de años). Está compuesto por materiales predominantemente silíceos, bien sea de naturaleza intrusiva (granito) o metamórfica (esquistos o gneises) y sedimentaria (pizarras, areniscas y cuarcita), sin dejar de mencionar la abundancia de sedimentos carbonatados en la zona cantábrica como por ejemplo, los Picos de Europa.

Montaña de Navas del Marqués (Ávila)

Su ubicación es esencialmente occidental. A grandes rasgos constituyen toda Galicia, Portugal, Cordillera Cantábrica occidental, Castilla-León, Extremadura y Andalucía occidental configurando en algunos tramos grandes relieves aislados entre tramos más modernos como son el Sistema Central (hasta Guadalajara), Pirineos occidentales, Sierra Morena y Sistema Ibérico hasta el río Jalón.

En contraposición, los materiales carbonatados predominan en la mitad oriental, con algunas intercalaciones de sedimentos silíceos. Podría trazarse una línea vertical que dividiese en dos la Península Ibérica desde Picos de Europa hasta la bahía de Marbella (Málaga). Siempre con las salvedades irregulares que marcan las depresiones interiores. Asimismo, podría decirse que, los materiales silíceos, en la fachada atlántica, están mejor regados que los carbonatados, que se encuentran en la mediterránea. Hay que considerar, además, que los materiales silíceos son pobres en minerales catiónicos, nutrientes para los vegetales, mientras que los carbonatados son ricos en ellos. De ese modo dan lugar a lo que se llaman suelos oligotrofos (escaso alimento) y eutrofos (verdadero alimento). Además, los suelos silíceos son poco permeables y tendentes al encharcamiento, mientras que los carbonatados presentan el efecto contrario.

La exposición a la lluvia provoca disolución y arrastre de minerales a las capas profundas (lixiviación), agravando con ello el problema de los suelos poco fértiles. Es por esto que tanto Portugal como las provincias peninsulares de poniente (Galicia, Asturias, Zamora, León, Cáceres, Badajoz, Huelva) fueron históricamente zonas pobres, dadas a la emigración de sus gentes o dedicadas principalmente a la ganadería.

En el caso levantino, hay que señalar además lo errático de las precipitaciones, así como el escaso número de días de lluvia (N). Los registros pluviométricos anuales (P) suelen concentrarse en temporada de otoño, por efecto de lo que se conoce como gota fría, ocurriendo en pocos días con episodios de fenomenología brusca que incrementan el total, pero de forma muy errática.

Esto añade un punto de gravedad debido a la intensidad de precipitación, con gran fuerza erosiva, que actúa perniciosamente sobre los suelos de laderas desnudas. Como se ha visto, además, el escaso repartimiento de los días de lluvia dificulta mucho obtener valores del factor de precipitación (Fp) próximos a 100.

Otro elemento añadido son las montañas. El Plegamiento Alpino, responsable de la elevación de los terrenos más jóvenes y de la reactivación en el relieve de materiales del sustrato herciniano (los grandes relieves anteriormente mencionados), como consecuencia del empuje de la placa africana hacia la placa ibérica y europea, deformando los sedimentos de una antigua cuenca sedimentaria marina, donde predominan los materiales carbonatados de la mitad peninsular oriental . Por eso sus materiales son esencialmente carbonatados (estuvieron cubiertas por el agua del mar) y se ubican preferentemente en el levante peninsular,

Sierra de Segura (Castril, Granada)

Son responsables de que el curso de los principales ríos orienten su boca hacia el Atlántico, recorriendo la mayor parte peninsular en su desarrollo. Si su dirección dominante hubiese sido oriental, las elevaciones principales que ahora mismo conforman el techo peninsular se hubieran ubicado en la actual frontera lusitana. De ese modo, la precipitación de las borrascas atlánticas, origen del principal caudal fluvial que nos riega, hubieran quedado atrapadas allí, siendo nuestros ríos principales de caudal más reducido o más corto (caso del río Miño) y sus posibilidades agrícolas tal vez mucho menores.

El efecto Foehn, que provoca la condensación del vapor de agua y su precipitación en las laderas por las que asciende, genera en la vertiente contraria ambiente seco y temperatura más elevada (compresión adiabática). Ésa es la razón de ser de muchos de los desiertos climáticos zonales.

Es el caso de los subdesiertos interiores de la Península Ibérica, con especial alusión a los de Almería, generados a consecuencia de la sombra pluviométrica que genera Sierra Nevada.

Subdesierto de Tabernas (Almería)

Y, para rematar, la acción de los asentamientos humanos. El levante carbonatado ha sido históricamente más proclive a la intensificación agrícola. El desplazamiento sistemático del saltus por el ager, mediante roturaciones de suelos ocupados por bosque o matorral, generó paisajes abiertos y asentamientos prósperos cuyo crecimiento exigía provisión para cubrir necesidades.

Así pues, el paisaje ibérico parece destinado a la dicotomía binaria: húmedo-seco, silíceo-carbonatado, ganadero-agrícola, con un resultado general que viene a ser de abundancia de bosques de frondosas en el poniente y dominancia de coníferas en el levante.

Caracterización del levante en general y de Alicante en particular

Como ya se ha comentado, el levante ibérico es una enorme extensión territorial proclive a la escasez de precipitaciones con suelos de naturaleza carbonatada que son bastante permeables y que han sido históricamente usados de forma intensiva por las sociedades humanas.

Lomas cultivables de margas y margocalizas (Piñar, Granada)

No es casual que las principales ciudades históricas en la Península Ibérica (Tarragona Valencia, Córdoba, Zaragoza, Mérida, Murcia,) se encuentren en la proximidad de fértiles suelos agrícolas y de mineralogía carbonatada.

La etimología de Alicante, akra leuké (promontorio blanco, lucentum, leucante, al laqant) llevaa asociada el color claro. Tierras blancas consecuencia de la cal, el carbonato, la caliza. A diferencia de sus vecinas al sur, su mayor latitud la favorece en el recorrido norteño de los frentes atlánticos.

Por otra parte, queda situada en la interferencia tectónica entre los relieves de la Cordillera Bética y el Sistema Ibérico, escapando de la sombra pluviométrica que estas puedan causar frente a los vientos de poniente.

En ese sentido, presenta bastante alivio con respecto a Murcia (a la sombra de la Sierra de Segura) o Almería (Sierra Nevada).

Si se comparan los datos climáticos promedio para Alicante (1947) con los actuales que ofrece la AEMET se puede apreciar que, pasados 76 años, la variación es pequeña (P:331/311; N: 44/37,5; T: 17,7/18,3).

En general, la climatología levantina presenta unos valores de precipitación promedio P ≈ 300 mm anuales, lo que da para la presencia persistente de pino carrasco, araar o ciprés de Cartagena y algarrobo, especialistas suficientes para conformar huestes con las que acometer la forestación de su territorio.

Teniendo en cuenta que este observatorio se encuentra a nivel del mar y que el interior provincial se sitúa a mayor altitud siendo más cercano a la acción de los frentes atlánticos y mas proclive a la condensación en virtud de aquella, hay que pensar que el territorio provincial es bastante más favorable para acoger vegetación forestal.

Los terrenos agrícolas en desuso o que pierden fertilidad siguen siendo un buen solar para adoptar un bosque y recuperar valores de biodiversidad perdida ofreciendo nuevos usos a la sociedad que puede hacerse cargo de ellos.

Los terrenos agrícolas en desuso o que pierden fertilidad siguen siendo un buen solar para adoptar un bosque y recuperar valores de biodiversidad perdida ofreciendo nuevos usos a la sociedad que puede hacerse cargo de ellos.

Las antiguas prácticas de cultivo (cultivos de escorrentía, aterrazado, bancales) tendentes a incorporar humedad al suelo y retenerla en mayor medida, aumentando el nivel de agua verde (agua disponible para las raíces) se han invertido actualmente con la tendencia de la puesta en riego a partir de aguas subterráneas que reducen el nivel freático y aumentan la percolación del suelo.

Esto reduce o elimina la disponibilidad de agua a nivel de las raíces obligándolas a profundizar más o causando su muerte por sequía. Al margen de los procesos de salinización en capas altas del sustrato que genera el riego en climas áridos o semiáridos (Pulido Bosch, 2000, Parra 2011).

Paisaje agrícola y montes deforestados entre Almería y Murcia

Las soluciones para cada caso, suelen existir. Ya se ha dicho que no hay desiertos puros en la Península Ibérica, si bien habrá situaciones difícilmente reversibles por la combinación de factores naturales e históricos que puedan acumular cada lugar concreto. La toma de decisiones a ese respecto, es lo que se conoce como elección de especie.


El caso de Sierra Espuña, Murcia

Con el traspaso de la euforia industrial del siglo XVIII al XIX, la marina empezó a demandar barcos en acero. Con ello, la madera perdía privilegios. Pasaba de ser un material noble de carácter estratégico, a prácticamente material de desecho con destino energético (Bauer, 1980; Gómez Mendoza, 1992).

Un país escaso en hulla minera como el hispano fijó sus ojos en el carbón vegetal cuyas existencias por entonces parecían inagotables. La razón de ser del monte alto, para producir largos y rectos fustes de buena calidad quedó mermada y el destino principal del recurso boscoso ardió en las calderas de altos hornos y la industria textil.

Fue la razón de ser por la que las primeras fábricas de metal en España se instalaran en las orillas del río Mundo (Riópar, antiguo San Juan de Alcaraz), río Verde (Marbella) o río Genal (Júzcar). Agua suficiente para producir vapor y madera en abundancia para sus fogones.

La vigilancia que atendieron los visitadores de montes a cargo del Ministerio de Marina, quedó fuera de juego provocando la degradación de muchos de los montes antes productores de madera.

Aunque cooperante en la destrucción de los montes en casi total transcurso del siglo XIX, y avaro de sus recursos y flojo en su actuación para restaurarlos, es innegable que el Estado Español, durante lo que va del siglo XX, ha pertenecido constantemente la iniciativa y la mayor participación pecuniaria en empresas forestales serias y eficaces (Mackay, 1949).

Sin embargo, otra innovación tecnológica vino a suplir las demandas que antes ejercía la Marina. Y en esta ocasión con similar valor estratégico e interés público y privado. Ni más ni menos que el ferrocarril. 1848 inaugura la primera línea de ferrocarril de España con el trayecto Barcelona-Mataró.

La rapidez y capacidad de carga frente al entonces transporte de arriería y carretas se atisba desde el primer momento. La madera viva se torna de nuevo estratégica y con ello se vuelve la mirada nacional a los montes.

Puede que no sea casualidad que ese mismo año, 2 de enero de 1848 empezara a funcionar la primera Escuela especial de Ingenieros de Montes (Villaviciosa de Odón), resultado del interés general del Estado por la producción forestal.

Las atribuciones forestales que tenía el Ministerio de la Marina, pasarán ahora a otro organismo llamado R.E.N.F.E. (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles). Las traviesas (llamadas así por ir al través del raíl y no por ser inquietas) se convierten junto con las apeas de mina en la alternativa de aprovechamiento frente a cuadernas y mástiles de navíos.

El organismo Explotaciones Forestales de la Renfe se hace cargo de los antiguos montes de Marina a mediados del s. XX hasta que un nuevo cambio tecnológico, a finales de los 70, con la incorporación del hormigón y el acero en las traviesas provoca el cese forestal y el decaimiento de los montes. A partir de entonces, se apuesta por el turismo y se impulsa la política de espacios naturales protegidos.

En conclusión, la capacidad del Estado para resolver los grandes problemas de la persistencia y aprovechamiento de la producción forestal, en el área que le es privativa, varía con el momento histórico, por cuanto depende de sus estabilidad política y de sus situación financiera. Las alternativas de estos factores, combinadas con la eficacia, variable también y vacilante, de la Administración pública, dan en España, como resultante actual, un saldo deudor muy grande en el balance entre destrucción y restauración (Mackay, 1949).

Parece claro, pues, que la conservación de los montes pasa por su utilización y aprovechamiento por parte de las poblaciones rurales que tiene asociadas. La dejadez, falta de uso o el conflicto con la Administración gestora acaba siempre en fuego (de la Cruz Aguilar, 1994).

Muchacha recogiendo matorral para fuego doméstico. Alto Atlas marroquí

El interés por el impulso forestal a mediados del s. XIX cristaliza en un renacer de los montes y la selvicultura. El desastre deforestador que supuso el carboneo industrial sirve como revulsivo para fijar la atención no solo en el carácter productor de los montes sino también en sus beneficios inmateriales para el conjunto de la sociedad.

Hay una opinión que se ocupa con predilección de sus beneficios inmediatos (leñas, maderas). Hay, en efecto, que conocer estas ventajas inapreciables enlazadas con la economía doméstica. Pero no es ese el lado más grave y trascendental de la cuestión: aquellas son las utilidades que llamamos particulares, económicas y presentes; hay otras que son universales, higiénicas y futuras, que no miran a unas clases determinadas de la sociedad sino a la universalidad de los habitantes de un país; que no redundan sólo en beneficio económico de éste, sino que trascienden a las condiciones de su existencia; y que no sólo mejoran y embellecen esa propia existencia actual, sino que extienden su influjo más allá de las generaciones presentes, preparando a nuestros últimos nietos un infalible porvenir de paz, de salubridad y de bienandanza (Pascual, 1853).

Los procesos desamortizadores por parte del Ministerio de Hacienda llevaron a la privatización de muchos de los montes, lo que promovió la movilización de las Sociedades de Amigos del País así como la creación del Catálogo de Montes Públicos exceptuados de la desamortización de 1862. Para conservar el monte alto, el Estado debe poseerlo y administrarlo (Gómez Mendoza, 1992).

Esta movilización social, encabezada ya por el entonces reciente cuerpo de Ingenieros de Montes, genera una nueva mentalidad que lleva a rectificar el criterio de exención pasando del de especie arbórea al de exención por zonas, áreas en que la vegetación es precisa para determinados fines. Esta nueva mentalidad lleva a la aprobación de un plan sistemático para la repoblación de las cabeceras de las cuencas hidrográficas (R.D. 3 de febrero de 1888) (Gómez Mendoza, 1999).

Uno de estos territorios objetivo fue la cuenca del Segura, con especial concreción en la Sierra de Espuña de la provincia de Murcia. Los episodios torrenciales característicos de esta zona del Mediterráneo y su acción sobre suelos históricamente desnudos en laderas de pendiente muy pronunciada, llevaron a poner a prueba las habilidades del reciente Cuerpo de Ingenieros de Montes.

Para conservar el monte alto, el Estado debe poseerlo y administrarlo

Gómez Mendoza, 1992

Ricardo Codorníu y Stárico fue uno de los artífices de la acción hidrológico-forestal iniciada en 1888. Para él era necesario relacionar el estudio de los ríos con el de las montañas donde nacen y la vegetación que las cubre, y actuar en la montaña porque por experiencia se puede afirmar que no hay poder contra la corriente de un río más allá del primer tercio de su curso (Gómez Mendoza, 1999).

Con su popularidad, bondad y ricas dotes de literato y poeta constituye la imagen ideal de un forestal. Quería a la humanidad y la gente le apreciaba; amaba a los niños, para quienes escribió sus narraciones. Su nombre está para siempre unido con la repoblación de la sierra de Espuña y la fundación de la Sociedad de Amigos del Árbol (Bauer, 1980). El pasado 26 de septiembre se cumplió el primer centenario de su fallecimiento.

La reforestación de la Sierra de Espuña es uno de los ejemplos modelo de todo el territorio nacional que siempre se ha puesto tanto por la dificultad de la operación, la utilidad de la masa creada, el exitoso resultado obtenido y la singularidad de su director.

Con sus 17.000 ha de superficie, el conjunto forestal creado en el entorno de Totana y Alhama de Murcia es uno de los grandes logros forestales hispanos de todos los tiempos. Aunque se deba tener en cuenta el empeño gubernamental puesto en la tarea, hay que señalar también las limitaciones propias de la época donde todo esfuerzo residía en labor de brazo humano y lomo de caballería.

Pese a encontrarse, como ya se ha dicho, en una de las zonas del sureste semiárido peninsular, a consecuencia de la sombra pluviométrica que generan las montañas de la Cordillera Bética frente a las borrascosas masas húmedas de poniente, la ingeniería forestal supo resolver la provisión de condiciones nemorales a un amplio territorio cuya frondosidad destaca hoy día en su vista aérea.

La extensa mancha verde resalta notoriamente sobre el blanquecino contexto de las margas y calizas murcianas y es actualmente orgullo del patrimonio natural del territorio otrora gobernado por el rey Lobo (Ibn Hud).

Sus modélicos resultados sirvieron para animar la continuidad de la tarea en fechas posteriores y otros territorios de similar contextura semiárida como fueron la comarca de Los Monegros en Zaragoza, las sierras de Gádor, Cabrera y Alhamilla en Almería y la cuenca del Guadalmedina en Málaga.

Pinar de repoblación. Década 1950. Cuenca del Guadalmedina, Málaga

Desde los rústicos y resistentes pinos carrascos hasta los inesperados pinsapos tuvieron cabida y prosperaron bien en aquellas elevaciones merced a la concienzuda labor de estudio y selección de cada una de las estaciones en laderas y barrancos.

Por tanto, es obvio que el levante ibérico tiene más capacidad de recuperación natural, o asistida, de la que en principio podía esperarse. Sólo es cuestión, como ha quedado patente, de empeño y acción.

Por tanto, es obvio que el levante ibérico tiene más capacidad de recuperación natural, o asistida, de la que en principio podía esperarse. Sólo es cuestión, como ha quedado patente, de empeño y acción.

El desierto más temible
es el del alma humana

Puli

Desertización y reforestación en el Levante ibérico
Antonio Pulido Pastor


Agradezco al prof. Enrique Ortega Gironés, la supervisión y puntualizaciones sobre Geología y Litología en este artículo

Referencias:

Asimov, I. (1973).- Introducción a la ciencia. Editorial Plaza & Janés. Barcelona

Bauer Mandersheid, E. (1980).- Los montes de España en la Historia. Servicio de Publicaciones Agrarias. Ministerio de Agricultura. Madrid

Codorníu y Starico, R. (1900).- Apuntes relativos a la repoblación forestal de la Sierra de Espuña. Tipografía de las provincias de Levante. Murcia.

de la Cruz Aguilar, E. (1994).- La destrucción de los montes (Claves histórico-jurídicas). Servicio de publicaciones. Facultad de Derecho de la Universidad Complutense. Madrid.

García Abril, A.; Yoldi Enríquez, L.; Canga Cabañes J.L. (1989).- Transformación y reconstrucción del bosque hasta el siglo XX. pp. 109-136 in El libro rojo de los bosques españoles, Carmen Ortega Hernández-Agero coord.. ADENA-WWF ESPAÑA. Madrid

González Vázquez, E. (1947).-Selvicultura. Editorial Dossat. Madrid

Gómez Mendoza, J. (1992).- Ciencia y Política de los Montes Españoles (1848-1936). Serie Clásicos. ICONA. Madrid

Mackay, E. (1949).- Fundamentos y Métodos de la Ordenación de Montes (Segunda Parte). Publicaciones de la Escuela de Ingenieros de Montes. Madrid

Parra, José M. (2011).- La historia empieza en Egipto. Editorial Crítica. Barcelona

Pascual, A. (1853).- La ciencia de los montes. Escuelas de Montes. Pp. 21 in Ciencia y Política de los montes españoles (1848-1936) Gómez Mendoza, J (1999). Serie Clásicos. ICONA. Madrid.

Pulido Bosch, A. (2000).- La explotación de las aguas subterráneas y su implicación en la desertización. Boletín Geológico y Minero. Vol. 111-5, 3-18.

Sevilla Martínez, F. (2008).- Una teoría ecológica para los montes ibéricos. Instituto de Restauración y Medio Ambiente, S.L. León

La nariz de Pinocho y los profetas del clima

El refranero popular español es muy rico en chascarrillos y sentencias sobre las mentiras y los mentirosos, con más de un centenar de frases hechas sobre las falsedades y sus consecuencias. Una muestra ilustrativa de ese completo repertorio, podría incluir adagios muy conocidos, como por ejemplo, antes se coge al mentiroso que al cojo, la mentira tiene patas cortas o también sale pronto la mentira si de la cuerda se tira. Pero la sabiduría popular que acuñó ese conocimiento tradicional, no pudo tener en cuenta el poder de los medios de comunicación, que a base de reiterar falsedades, hacen posible no sólo que las mentiras se perpetúen en el tiempo, sino que incluso lleguen a convertirse finalmente en verdades admitidas.

La falta de respeto a la verdad se ha convertido en una rutina habitual en algunos temas, como viene ocurriendo por ejemplo en las predicciones, atemorizadoras y catastrofistas, realizadas desde finales del siglo XX, en relación con el calentamiento global y el cambio climático. Poco ha importado que la tozuda realidad se haya encargado de demostrar la falta de acierto en dichas pronósticos, cuyo fracaso ha sido sistemáticamente ocultado bajo un protector manto de silencio. Un mutismo que, además, simplemente ha servido de preámbulo para la siguiente profecía, igualmente atemorizadora y equivocada, como puede comprobarse gracias a los ejemplos siguientes, tan sólo una pequeña muestra representativa:

  • En 1971, la NASA y la Universidad de Columbia predijeron la inminente llegada de una nueva Edad de Hielo. Este vaticinio, que afortunadamente no llego a confirmarse, estaba basado en los descensos de temperatura observados entre los años 50 y 70 del pasado siglo, a pesar del importante incremento de emisiones de CO2 que se produjo en esa misma época. Es decir, en medidas registradas durante un periodo excesivamente corto, sin tener en cuenta los ritmos de evolución climática a largo plazo de nuestro Planeta.
  • 1975, la NASA, a partir de las primeras observaciones del satélite NIMBUS, cuando se detectó el agujero de ozono, profetizó que en 2065, dos terceras partes de la capa de ozono habrían desaparecido, produciendo un aumento de la temperatura media mundial en más de un grado centígrado, multiplicándose por seis el nivel de la radiación ultravioleta. Se vaticinó, con toda precisión, que cinco minutos de exposición directa al sol bastarían para producir quemaduras a la piel. Hoy sabemos, gracias a los datos proporcionados por el satélite Copernicus (ver Figura adjunta), que el agujero de ozono se está cerrando y abriendo, siguiendo los ciclos naturales que rigen su comportamiento. Como en el caso anterior, el error en las predicciones fue debido a la extrapolación hacia el futuro de los datos correspondientes a un periodo de tiempo excesivamente corto.
  • En 1982, el director del Programa Medioambiental de la ONU, vaticinó que para el año 2000, si no se tomaban las medidas oportunas, el mundo debería hacer frente a una catástrofe climática que implicaría una devastación completa e irreversible, similar a la de un holocausto nuclear. Afortunadamente, esas oportunas medidas no fueron tomadas, no eran necesarias y todo indica que, al parecer, nuestro Planeta  no ha sufrido ninguna hecatombe.
  • En 1989, Noel Brown, oficial medioambiental senior de la ONU, anunció que, si no se conseguía detener el aumento del nivel del mar, a principios del tercer milenio, habría naciones enteras que serían borradas del mapa. Afortunadamente, ya ha transcurrido casi la cuarta parte del siglo XXI, el nivel del mar ha continuado elevándose al ritmo secular de dos milímetros al año, y todas las naciones siguen en su sitio, por encima del nivel del mar.
  • En el año 2000, en el Reino Unido, Charles Onians afirmó en el periódico The Independent, que el calentamiento global había terminado con la nieve para siempre, y que las nevadas ya eran cosas del pasado. Afortunadamente, aunque sea con la irregularidad con que nos tiene acostumbrados desde siempre, la nieve ha seguido acudiendo puntualmente todos los inviernos. O incluso durante los veranos, porque sin ir más lejos, en el pasado mes de agosto 2023, durante las temidas olas de calor con las que nos atemorizaban en cada telediario, estuvo nevando en los Alpes.
  • En 2004, un informe del Pentágono vaticinó que el cambio climático sería la causa desencadenante de una guerra nuclear y que hacia 2020, algunas grandes ciudades europeas se hundirían en el océano (por esas cosas raras que tienen las declaraciones políticas, inexplicablemente, las ciudades costeras atlánticas americanas quedaban indemnes). Pero hemos superado también dicho límite temporal sin que ese conflicto se haya desencadenado y todas las ciudades europeas (también las americanas, las asiáticas, las africanas y las australianas) cercanas a la costa siguen en su sitio. 
  • En 2006, Al Gore profetizó que, si no se tomaban medidas drásticas para reducir las emisiones atmosféricas relacionadas con el efecto invernadero, el cambio climático causaría millones de muertos y en diez años el mundo llegaría a un punto de no retorno. De nuevo, ha sido superada la fecha en que estaba prevista la catástrofe, sin que ésta haya hecho acto de presencia, y aquella declaración dictatorial formulada por Al Gore (science is settled, es decir, la ciencia está consolidada), está muy lejos de la verdad.
  • En 2007, Rajendra Pachauri, Director del IPCC (el grupo internacional de expertos sobre cambio climático promovido y patrocinado por la ONU) afirmó que había llegado el momento definitivo en la lucha contra el cambio climático, y que si no se desarrollaban las acciones requeridas antes de 2012, ya sería demasiado tarde. De nuevo, la fatídica fecha límite ha sido superada sin que se haya detectado ni el más mínimo cambio significativo en el comportamiento de la naturaleza.
  • Ese mismo año de 2007, la NASA vaticinó que en la siguiente década, poniendo como límite el año 2015, el Océano Ártico se quedaría sin hielo. Cuatro años más tarde, en 2011, Carlos Duarte Quesada, oceanógrafo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC), fue un poco más conservador y pronosticó que el fin del hielo ártico tendría lugar durante el verano de 2018, afirmando que para el año 2018, la masa de hielo permanente del Ártico se habrá perdido completamente durante los veranos polares. Así lo muestran las últimas estimaciones de 2009 y 2010 de los modelos sobre el cambio climático. Hasta 2006 los modelos indicaban que a finales del siglo XXI, hacia el año 2100, seguiría habiendo en verano alrededor de dos o cuatro millones de kilómetros cuadrados de hielo en el Ártico. Sin embargo, a partir de 2006 se han constatado mínimos históricos sucesivos de exención de hielo, es decir, la pérdida de hielo se ha acelerado notablemente. En este sentido, los cálculos más recientes auguran un Ártico sin hielo para 2018.

Sin embargo, la realidad es muy tozuda y ese mismo año de 2018, el hielo seguía campando a sus anchas en el Ártico, pero una nueva profecía, esta vez de los científicos de Harvard, estableció que se habría fundido completamente en 2022. El pasado verano tampoco ocurrió lo que decían que tenía que ocurrir, pero sin resquicio para el desaliento (el entusiasmo de los profetas climáticos catastróficos es inagotable), una nueva predicción del grupo de científicos dirigido por Yeon-Hee acaba de pronosticar que el Ártico se quedará sin hielo, de nuevo, una vez más, en 2030.

Habrá que esperar todavía siete años para comprobar si, por fin, se cumplen las previsiones sobre el final de los hielos. Pero no podemos esperar tranquilos, porque en este mismo año de 2023, nos encontramos en un momento especialmente crítico y delicado. Hace ahora cinco años, en 2018, Greta Thumberg, con la autoridad que le otorgaba su dilatada experiencia y sus sólidos conocimientos científicos (gracias a las enseñanzas recibidas en el colegio al que dejó de asistir los viernes), afirmó que la humanidad se extinguirá si el cambio climático no se estabiliza en 2023 y se dejan de utilizar combustibles fósiles. Aún faltan algunos meses para llegar a final de año, pero no parece que exista mucha incertidumbre al respecto, y todo indica que podemos respirar tranquilos, porque afortunadamente tampoco hay visos de esta profecía vaya a tener éxito. La realidad nos indica que se han rebasado todas las fechas límite pronosticadas, sin que se hayan presentado ninguno de los terribles y catastróficos efectos vaticinados. Ni ha llegado una nueva Edad de Hielo, ni la radiación ultravioleta nos ha achicharrado por falta de ozono en la atmósfera, ni hemos sufrido una hecatombe climática, ni el mar ha borrado del mapa ningún país (ni tan siquiera una pequeña comarca), la nieve sigue haciendo acto de presencia (como pudieron comprobar los ciudadanos europeos durante la borrasca Filomena durante el invierno de 2020-2021, así como los miles de aficionados que cada temporada acuden puntualmente a las pistas de esquí) y sigue existiendo hielo en los polos.

A la vista de tantas exageraciones, es muy posible que si el escritor Carlo Lorenzini (que firmaba sus obras con el pseudónimo de Carlo Collodi), hubiese vivido en la presente época en lugar de en el siglo XIX, se le hubiese podido ocurrir la sustitución de Pinocho, su célebre muñeco, por otros ilustres personajes a los que les crecería la nariz en función de la falsedad de sus profecías. Pero, más allá del posible aspecto cómico o ridículo de estos fracasos, las predicciones comentadas (y otras muchas más, la lista completa sería realmente larga), a pesar de sus orígenes diversos, tienen unos preocupantes aspectos comunes:

  • Ninguno de los autores de los vaticinios fallidos, una vez comprobada la falsedad de sus profecías, ha pedido disculpas, se ha excusado por sus errores o ha dimitido de su cargo. O, al menos, dichas disculpas no han aparecido en los medios de comunicación.
  • En todos los casos, las equivocaciones cometidas se han debido a la extrapolación hacia el futuro de datos correspondientes a periodos temporales excesivamente cortos, ignorando los ciclos terrestres de larga duración, registrados en la historia geológica del Planeta.
  • Todas las predicciones, tienen una base conceptual común, considerando que son las actividades antrópicas las responsables del calentamiento global, o del adelgazamiento cíclico de la protectora capa de ozono.
  • Las profecías tienen intencionalidad intimidatoria, exigiendo cambios urgentes para frenar o incluso revertir el cambio climático, como lo demuestra el lenguaje que se utiliza para difundir las informaciones sobre el calentamiento global. El mejor ejemplo de estos mensajes tremendistas lo protagoniza António Guterres, Secretario General de la ONU y responsable máximo del Panel Internacional Sobre el Cambio Climático (IPCC), quien en sus últimas declaraciones, después de haber afirmado hace unos meses que nos aproximábamos a un punto de ebullición climática, acaba de manifestar que la humanidad ha abierto las puertas del infierno.

Porque este mismo año, en 2023, el mismo IPCC ya mencionado, acaba de hacer nuevos vaticinios, aún más catastrofistas y alarmantes. Así, la gráfica anterior muestra las diferencias entre la supuesta evolución térmica natural del planeta (incluyendo los efectos asociados a la radiación solar y las erupciones volcánicas), en comparación con la evolución supuestamente inducida por la actividad humana desde la época industrial. Sin embargo, han sido numerosas las denuncias sobre la manipulación estadística de estas gráficas y su falta de representatividad, como ha sido ya anteriormente denunciado en artículos anteriores (ver El calentamiento global y la servicial estadística).

Entonces, atendiendo a los sucesivos y repetidos fracasos de estas estimaciones, ¿por qué debemos prestar más credibilidad a este último informe que a los anteriores? Atendiendo a la flagrante diferencia entre la realidad y las predicciones, lo lógico sería que el propio IPCC realizara una seria y profunda reflexión sobre los criterios que están siendo utilizados para explicar el cambio climático y revisar sus planteamientos. Y también, evaluar si están justificados los esfuerzos que se están demandando a la sociedad para frenarlo y revertirlo.

Sin embargo, la postura de los miembros del IPCC y de los responsables públicos de las decisiones políticas relacionadas con el calentamiento global, tanto a nivel global como nacional, están muy lejos de plantearse dicha reflexión, ya que los planes para la implementación de la llamada transición ecológica y la Agenda 20-30, continúan su puesta en práctica sin el menor atisbo de cambio o de autocrítica. O al contrario, quizás cada vez con más prisas. No deja de resultar sorprendente, que esgrimiendo como argumento principal un supuesto consenso científico que está muy lejos de ser cierto, se hagan oídos totalmente sordos a las numerosas y autorizadas voces que han manifestado su disconformidad, (véase El discutible consenso científico sobre el cambio climático).

En realidad, numerosas personalidades del mundo científico y del medio ambiente, han denunciado públicamente la falsedad y la manipulación de las informaciones sobre el cambio climático, entre las cuales puede destacarse a Federick Seitz (presidente de la Academia Americana de Ciencias), Ivar Giaever, Robert Laughlin y John Clauser (todos ellos premios Nobel de Física), Antonino Zichichi (Presidente de la Sociedad Europea de Física y de la Federación Mundial de Científicos), Steve Koonin (subsecretario de Ciencia durante la administración Obama y miembro de la Academia de Ciencias de EEUU) y a Patrick Moore (uno de los fundadores de Greenpeace).

También, desde el punto de vista corporativo, miles de científicos se han posicionado en la misma línea firmando documentos como el Manifiesto de Heidelberg (1992), la Declaración de Oregón (1999), la Declaración de Hohenkammer (2006) y el más reciente de todos, la Declaración Climática Mundial, titulada No hay emergencia climática, promovida este mismo año (2023) por la Fundación de Inteligencia Climática (CLINTEL) y suscrita por más de 1.600 científicos y profesionales, entre los que se encuentran dos de los premios Nobel mencionados anteriormente.

Dejando aparte consideraciones políticas o económicas, desde el punto de vista exclusivamente científico, no debe de sorprender la existencia de disensiones entre investigadores. A lo largo de la historia de la humanidad, la Ciencia se ha alimentado y ha progresado gracias a estos debates, algunos de los cuales han sido verdaderamente encarnizados y violentos, como por ejemplo las discusiones entre neptunistas y plutonistas para explicar el origen de las rocas, los debates sobre la teoría de la evolución o las porfías sobre las ideas heliocéntricas de Copérnico. Se puede decir que estas diferencias de opinión forman parte de la normalidad. Lo que es realmente sorprendente en el debate sobre el cambio climático, es precisamente lo contrario. Es decir, que se pretenda hurtar a la opinión pública la existencia de estas diferencias de opinión, ocultándolas detrás de un inexistente consenso.

Además, superponiéndose a esta modificación radical en la dinámica del intercambio de ideas entre científicos, en las últimas décadas parece haberse instalado un importante cambio conceptual, que afecta a la esencia funcional y operativa de la investigación y que, por su importancia y trascendencia, merece un detallado comentario.

Desde un punto de vista general, las ciencias se han dividido tradicionalmente entre exactas y empíricas, y aunque esta división es un poco simplista y cada vez menos neta como consecuencia de la evolución técnica (la última tendencia es denominarlas ciencias formales y fácticas), puede considerarse todavía válida a los efectos del presente artículo. De acuerdo con la antigua definición, las ciencias exactas son aquellas que se basan en la observación y experimentación para interpretar la naturaleza, de forma que su comportamiento pueda ser sistematizado de forma precisa mediante el lenguaje matemático, como ocurre por ejemplo con la Física o la Química. Por su parte, las disciplinas consideradas empíricas (la Biología, la Geología, las ciencias de la naturaleza como la Meteorología o la Climatología y las Ciencias Médicas, por ejemplo), también experimentan y observan la naturaleza para interpretarla, pero no pueden sistematizar los procesos estudiados de forma matemática, aunque como mencionaremos más adelante, también existe alguna excepción.

Como es bien conocido, estas diferencias no excluyen el uso generalizado en las ciencias empíricas de herramientas basadas en desarrollos de la Física (como espectrometría o radiología), de la Química (especialmente las técnicas analíticas) o de las Matemáticas, como la estadística. También, el aumento de las investigaciones realizadas en laboratorio, han hecho que algunos campos de las ciencias empíricas (como las ciencias médicas y la Biología, por ejemplo) sean cada vez más inductivas. Pero esas innovaciones y el uso de esas herramientas, no pueden conferirles el carácter de exactas, ya que los procesos estudiados, de modo general, no se pueden sistematizar en lenguaje matemático, exceptuando en algunos casos las herramientas estadísticas.

Imaginemos que un grupo de físicos, trabajando individualmente, realiza los cálculos para situar un satélite en órbita. Si utilizan los mismos datos sobre la masa del satélite, la potencia del cohete y su velocidad ascenso, aplicando las ecuaciones que rigen la gravitación universal y de la cinemática, todos ellos obtendrán idénticos resultados. En cambio, imaginemos a un grupo de geólogos reconstruyendo la estructura del subsuelo en una zona, a partir de sus observaciones y de datos sísmicos. O de modo similar, a varios médicos estableciendo el diagnóstico de un paciente utilizando los mismos datos analíticos y radiológicos. En estos dos últimos casos, no es infrecuente que tanto geólogos como médicos lleguen a conclusiones diferentes.

Esta dispersión en las conclusiones empíricas se debe a que diferentes observaciones y datos sobre un mismo fenómeno, pueden sugerir interpretaciones distintas, o incluso contradictorias. Por explicarlo mediante un ejemplo sencillo, asequible a la experiencia práctica de todo el mundo y continuando con el símil de la medicina, del mismo modo que una misma enfermedad puede tener síntomas diferentes, y enfermedades distintas pueden presentar síntomas muy parecidos, algunos fenómenos naturales se manifiestan de forma aparentemente muy similar. Y, en esos casos, para lograr la interpretación correcta, es imprescindible ponderar las informaciones, asignando a cada dato diferentes niveles de relevancia, de forma que tengan mayor peso en la interpretación, aquellas observaciones que se consideran más significativas o determinantes.

Y precisamente, es en el proceso de ponderación de los datos y observaciones cuando cada profesional aplica sus conocimientos, su experiencia y su habilidad para diferenciar los datos esenciales de los accesorios, donde se producen las diferencias en las interpretaciones o los diagnósticos. En otras palabras, es en ese proceso de ponderación donde se introduce un componente subjetivo en la interpretación de los datos. Una subjetividad, inevitable por intrínseca en las ciencias empíricas, que es inexistente, o en todo caso mucho menor, en las denominadas ciencias exactas.

Por ello, teniendo en cuenta que los conocimientos empíricos se obtienen fundamentalmente mediante la observación, ya sea en la naturaleza o en el laboratorio, es fundamental diferenciar adecuadamente entre la observación (es decir, constatación objetiva de lo observado) y la interpretación (o sea, la introducción de componentes subjetivos) de los fenómenos estudiados. Durante nuestro periodo de formación académica, se nos enseñaba que debíamos describir cuidadosamente las observaciones realizadas, e interpretarlas posteriormente de forma separada. De esa manera, aunque las conclusiones que se alcanzasen estuviesen equivocadas por una interpretación errónea, si las observaciones se habían realizado de manera objetiva y correcta, y estaban adecuadamente descritas, serían siempre válidas y podrían ser útiles para una futura reinterpretación. Pero se trata de una distinción que es mucho más fácil de enunciar que de llevar a la práctica. Así lo describió magistralmente Isidro Parga Pondal (véase la fotografía adjunta), uno de los maestros de la geología española del siglo XX, en su trabajo Observación, interpretación y problemas geológicos de Galicia, publicado en 1960, donde precisaba que interpretar es aplicar nuestra razón para tratar de comprender y explicar lo que hemos observado; pero en realidad, la observación y la interpretación van indisolublemente unidas y es verdaderamente difícil, yo diría casi imposible, poder delimitar dónde termina la descripción de una observación geológica y dónde comienza un ensayo de su interpretación.

Llevando a la práctica estas bases conceptuales, en la segunda mitad del siglo XX, para criticar el exceso de subjetividad en algunas interpretaciones, se hizo popular entre los geólogos una frase: más vale un mal fósil que una buena teoría, que para ser adecuadamente comprendida para personas ajenas al gremio, quizás precise de alguna explicación adicional.

Para la reconstrucción de la historia geológica de un lugar determinado, es imprescindible integrar de forma armónica y coherente todas las observaciones realizadas, de forma que encajen en el espacio y en el tiempo como las piezas de un mosaico. Y una vez concluida, puede considerarse como válida hasta que una nueva observación o un nuevo hallazgo (un fósil, por ejemplo) la invaliden, si es que el peso específico, la ponderación de ese nuevo dato, es superior y debe ser considerado como preponderante respecto de los datos anteriores. Este ha sido el esquema funcional que ha regido las investigaciones empíricas, desde que la ciencia, a mediados del siglo XIX, se liberó de las limitaciones impuestas por la Biblia, e inició su desarrollo sobre la base de la observación de la naturaleza.

Ahora, dando por finalizada la digresión sobre las diferencias entre ciencias exactas y empíricas, retomemos el hilo donde lo habíamos dejado, es decir en los cambios que (aparentemente) se han producido durante las últimas décadas en los métodos y los criterios científicos. La disponibilidad de las poderosas herramientas informáticas, ha introducido una acentuada tendencia a modelizar matemáticamente los procesos naturales, lo que ha reportado resultados más o menos satisfactorios. Así por ejemplo, se ha conseguido reproducir el comportamiento mecánico de los materiales rocosos, gracias a la aplicación de las leyes y principios sobre resistencia de materiales, desarrollados por la ingeniería. También, se pueden vaticinar con relativa precisión las posibilidades de curación de un determinado tipo de cáncer, gracias a las herramientas estadísticas. O realizar predicciones meteorológicas a corto plazo, gracias a la informatización y modelización de millones de datos registrados en los observatorios.

Sin embargo, cuando se trata de procesos muy complejos, que dependen de muchos parámetros, cuyo funcionamiento e interacciones no están todavía bien establecidas, los resultados no han sido satisfactorios. Ese es precisamente el caso de los procesos globales vinculados al cambio climático, donde los fracasos cosechados han sido estrepitosos, como lo atestiguan las profecías equivocadas anteriormente enumeradas. En este contexto, son muy interesantes las investigaciones realizadas por el Profesor JOHN CHRISTY, físico atmosférico de la Universidad de Alabama, que ha comparado las temperaturas reales, medidas mediante termómetros y globos sonda, con las predicciones realizadas por modelos estadísticos correspondientes al periodo comprendido entre 1975 y 2015. Las conclusiones obtenidas se han representado en una gráfica, ya utilizada en artículos anteriores (véase por ejemplo El calentamiento global, ¿una cuestión económica, política o medioambiental?), que pone en evidencia la enorme desviación y la exageración de las predicciones respecto de la evolución real de las temperaturas. Aunque ya se ha mencionado anteriormente, es necesario recordar que los modelos elaborados por el IPCC están basados en datos correspondientes a un intervalo temporal cortísimo, sin tener en cuenta los ciclos planetarios y cósmicos, con duraciones de miles, cientos o millones de años, y por lo tanto imposible de ser modelizados, utilizando datos de unos pocos siglos, por muy precisos que estos sean.

Sin embargo, a pesar de estos comentarios y en sentido estricto, los fallos cometidos por estos modelos predictivos no deben ser objeto de crítica. Desde siempre, los avances de la Ciencia se han realizado gracias a la corrección y enmienda de errores previos. En cambio, sí debe ser criticable, y mucho, que no se haga caso de los errores detectados. Y, además, que no se consideren adecuadamente todas las informaciones disponibles, como está ocurriendo reiteradamente con las hipótesis sobre el calentamiento global. En efecto, se está atribuyendo muy poco o ningún valor a los datos que la propia naturaleza nos envía a través de la historia geológica del Planeta acerca de los cambios climáticos del pasado. Y lo mismo puede decirse de los procesos que contribuyeron a los mismos, como las variaciones de la órbita terrestre, los ciclos cósmicos y su incidencia en la radiación solar, la captura de CO2 por las rocas carbonatadas, etc.

Es decir, que se atiende menos a la observación que a los algoritmos y a los modelos predictivos establecidos por las herramientas informáticas. En este contexto, conviene recordar que, inevitablemente, dichos modelos llevan implícita una significativa carga subjetiva, tanto por la selección de los datos que se integran como por las relaciones que se establezcan entre ellos, es decir, su ponderación.

Aunque esta afirmación pueda parecer exagerada, eso es exactamente lo que se está haciendo cuando se afirma que el hombre es el responsable exclusivo del cambio climático, ignorando las evidencias sobre los múltiples ciclos de calentamiento y enfriamiento (glaciaciones) que ha experimentado la Tierra. O cuando se nos instruye para cambiar nuestros hábitos de vida con el objetivo de frenar y revertir el calentamiento global, algo que queda totalmente fuera de nuestro alcance. Y también, cuando se nos intimida con la velocidad de aumento de la temperatura y de elevación del nivel del mar, pronosticada por esos infalibles algoritmos de predicción climática, sin tener en cuenta que esos cambios forman parte de los ritmos impuestos por los propios ciclos naturales. En otras palabras, volviendo al símil geológico antes mencionado, ¡harían falta más fósiles y menos teorías!

Recurriendo a Hamlet, la gran tragedia de Shakespeare, se puede recordar la célebre frase pronunciada por el joven príncipe de Dinamarca, diciendo que algo huele a podrido en todas esas profecías. Así lo han denunciado públicamente las personalidades y los firmantes de los manifiestos anteriormente citados. Y volviendo al principio del artículo, podemos encontrar también en nuestro refranero una expresión, tan breve como incisiva, para sintetizar la opinión de los miles de científicos que en todo el mundo, disienten de las tesis oficiales sobre el cambio climático: de la mentira viven muchos, de la verdad, casi ninguno.


La nariz de Pinocho y los profetas del clima
Por Enrique Ortega Gironés,
José Antonio Sáenz de Santa María
y Stefan Uhlig


La construcción de «Los ojos vendados de la Justicia»

Experiencia e imaginación en la creación literaria

En este año 2023 ha tenido lugar un hito en mi vida como escritor. En el mes de julio vio la luz mi último libro, titulado Los ojos vendados de la Justicia, publicado con la editorial Torre de Lis. Para mí ha sido un acontecimiento en toda regla, puesto que con esta obra se ha configurado una trilogía literaria y filosófica, de la que forman parte La desesperación como origen del Derecho (Eolas, 2020), Entre la ley y la honestidad (Torre de Lis, 2022) y la última obra que antes he mencionado. Yo la llamo la trilogía de la Justicia.

El último libro sublima un proyecto que seguirá su curso, pues mi intención es que, siendo ya trilogía, se convierta en una saga, en una colección que llegue a ser una especie de enciclopedia sui generis, en la que, para la posteridad, queden mis reflexiones sobre la vida, la sociedad en la que nos movemos, el estado de la Justicia y las características del poder político que tenemos.

Sorprenderá ver que mi estilo a la hora de escribir, fiel reflejo de cómo pienso, no es por medio de la primera persona, esto es, que sea yo mismo quien se dirige al lector a través de un ensayo. No es lo que quiero.

Primero, yo deseo que el mensaje que quiero trasladar sea de muy sencilla comprensión, empleando un lenguaje claro y sin rimbombancias. Creo que esto, máxime cuando se tratan temas de filosofía bastante profundos, tiene un punto de reto personal. Y en eso estoy. En segundo lugar, no quiero resultar tedioso (o aburridor). Es decir, un escritor de centenares de páginas y además, abstracto. Mal camino ese. Soy un firme defensor de la concisión en la literatura, y como muchos grandes autores ya han dicho, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Hay que evitar circunloquios o repeticiones por una razón evidente: que el lector no desista de leer, que se interese porque le resulte especialmente cercano lo que se le dice y además lo haga dentro de un tiempo razonable del que disponga cómodamente. Así sí se puede trasladar el mensaje con eficacia.

Soy un firme defensor de la concisión en la literatura, y como muchos grandes autores ya han dicho, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Decía antes que mi forma de escribir no es mediante el uso de la primera persona. Efectivamente: la siguiente nota que me propongo cumplir en mi afición literaria es, sobre todo, ser original.

En Los ojos vendados de la Justicia hay un total de treinta personajes, con todas sus peripecias vitales, que se dirigen a los lectores para mostrarles hasta qué punto puede llegar la injusticia, y si existe alguna forma de ponerle un límite.

Los personajes, por otro lado, no son los habituales. Cierto es que por mis manos han pasado, y así se recogen en el libro, por ejemplo, Hegel, Leibniz o Epicuro, pero también están Los Caballeros del Zodíaco o Marylin Monroe. Y entre ellos, Valle Inclán, Bécquer o Lope de Vega. Escojo personajes que, a la vista del lector, pareciera que nada tienen que ver con la Justicia. Pero en absoluto es así. Tienen toda la conexión posible con esa cuestión y además entre ellos. El autor del libro se expresa personalmente a través de todos estos personajes. Y trato de decirle al lector que los valores de la fidelidad, de la lealtad, del compromiso, del respeto, de la educación, de la palabra dada, en definitiva de la ética, son decisivos para que la injusticia en el mundo termine.

Trato de decirle al lector que los valores de la fidelidad, de la lealtad, del compromiso, del respeto, de la educación, de la palabra dada, en definitiva de la ética, son decisivos para que la injusticia en el mundo termine.

Algunos de estos personajes nos demuestran el valor de la amistad; otros nos hablan de la generosidad del verdadero hombre de Estado, que renuncia a sus intereses por un ideal superior y colectivo; algunos, más realistas, nos trasladan a un mundo muy cierto –y muy contemporáneo- de intrigas palaciegas y de presiones políticas multidireccionales que nos sirven de ejemplo a contrario, esto es, de lo que no hay que ser; y están los que nos muestran su vida, y su condición de víctimas por relacionarse con seres corruptos o por decir las verdades incómodas para el poder. Así tenemos un muestrario de personajes que se proyectan a lo largo de toda la historia de la humanidad, que perfectamente podrían ser nuestros compañeros de viaje en el día de hoy, ahora mismo, que tú estás leyendo esto. Quiero que les veas literalmente a tu lado, y que les escuches, porque tienen (tengo) mucho que decir.

Escribir es, desde luego, todo un arte, y bajo esas premisas de estilo yo trato de configurar mis obras. Qué duda cabe que, a medida que mi experiencia aumenta, cuanto más se sabe de la vida, de lo bueno y de lo malo, así se refleja en lo que los protagonistas del libro le cuentan al lector. Por eso hablaba de la sublimación que supone en la trilogía Los ojos vendados de la Justicia. Pero también hay una cierta atemporalidad en lo que nos viene pasando en lo que a la Justicia refiere, pues los males del ser humano no han cambiado con el paso de los siglos. Otra cosa es que yo cada vez sea más consciente de hasta qué punto pueden llegar la miseria, el egoísmo, el cinismo y la mentira. Y frente a ello hay que luchar, para no asimilarse a lo que -ni a quienes- tantas desgracias producen. Nuestros problemas son primero éticos (o por falta de ética básica) y después (o como consecuencia de ello) también jurídicos. Sin ética no hay ni habrá jamás Justicia. Y ello aunque sí exista un Derecho, que solo servirá como clavo ardiendo al que se amarren algunos para justificar lo que hacen con toda su intención.

Quisiera con estas líneas poner sobre la mesa la intrahistoria de Los ojos vendados de la Justicia, una obra especial, en el fondo muy personal, muy llena de vivencias del autor. El cierre de una trilogía por la que, en total, ya un centenar de personajes nos relatan sus historias, sus moralejas, sus pensamientos, y muchos más que, desde luego, les seguirán.

Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos
Jacinto Benavente



  La construcción de «Los ojos vendados de la Justicia»
Experiencia e imaginación en la creación literaria
Por Diego García Paz


La temperatura media del planeta ¿está indicando realmente lo que pasa?

La temperatura media del planeta, un dato problemático

Cuando intentamos evaluar el trabajo realizado o los servicios prestados por una determinada herramienta, además de las características del propio instrumento, debemos tener en cuenta no sólo las circunstancias en que ha sido utilizado, sino también las cualificaciones y habilidades del usuario. Quizás el ejemplo más gráfico sea el de un bisturí en cuyo uso, por muy bueno que sea el temple de su acero y por muy afilado que sea su corte, los resultados dependerán de la habilidad del cirujano que lo utilice. Y si un buen mecánico, a falta de la herramienta adecuada, utiliza el bisturí como destornillador, tampoco podrá realizar un trabajo satisfactorio. Estos mismos criterios pueden aplicarse a la temperatura media global del Planeta, un parámetro que no es bien conocido, ni tampoco es siempre correctamente interpretado ni utilizado, especialmente si se tiene en cuenta que es el dato fundamental por el que se miden y se evalúan, ante la opinión pública, las amenazas del calentamiento global.

Está fuera de toda duda que existe una tendencia al calentamiento en el planeta Tierra: la temperatura viene aumentando, aunque con muchas oscilaciones, desde hace 20.000 años, y como consecuencia, el nivel del mar se ha elevado unos 120 m durante ese mismo periodo, a un ritmo que, como promedio, ha oscilado entre 3 mm/año y 10 mm/año. Incluso dentro del ciclo vital de una persona, hay evidencias que permiten detectar esa evolución. Los que, como los autores de este artículo, acumulamos un buen número de décadas a nuestras espaldas, podemos constatar que, al menos en España, nuestros inviernos son más cortos y suaves, mientras que los veranos tienden a ser más calurosos. Durante la época estudiantil de dos de nosotros, allá por los años 70, en la ciudad de Oviedo (Principado de Asturias), en la España montañosa, verde, fría, húmeda y lluviosa, era frecuente que, como se puede observar en la fotografía adjunta (Figura 1), la nieve cubriese la Sierra del Aramo, al sur de la ciudad. El manto blanco persistía desde finales de octubre o principios de noviembre hasta finales de abril o principios de mayo, enviando vientos fríos del sur hacia la ciudad. La cota inferior de la nieve se situaba aproximadamente a los 300 m. La altura de las cumbres de la sierra es de unos 1.500 m.

Figura 1
Sierra del Aramo al Sur de la Ciudad de Oviedo (Principado de Asturias), imagen invernal de los años 60 del siglo XX.

Esta situación, sin embargo, no se ha observado durante las últimas décadas, donde el aspecto habitual durante el invierno ha sido el de la Figura 2, al producirse nevadas invernales discontinuas a partir de los 1.000 m de altitud y llegando a estar la sierra sin nieve durante algunas semanas de invierno.

Figura 2
Sierra del Aramo al Sur de la Ciudad de Oviedo (Principado de Asturias), imagen invernal característica del siglo XXI.

Este calentamiento innegable, detectable en muchos lugares del Planeta (el retroceso de los glaciares es también una evidencia palpable) se está interpretando habitualmente como consecuencia de una crisis climática derivada de las actividades antrópicas, ignorando la historia geológica de la Tierra, que ha sufrido múltiples calentamientos (más severos que el actual) y haciendo caso omiso de los mecanismos de autorregulación de la temperatura que tiene nuestro Planeta. Y el parámetro fundamental, el dato esencial en el que se fundamentan los argumentos para predecir una inminente catástrofe climática, es la denominada temperatura media global. Pero, ¿realmente justifican los datos existentes esta interpretación? Además, esta duda cobra una especial relevancia si se tiene en cuenta que, en la última década, la evolución de la temperatura media global sugiere que estamos atravesando una ligera pausa en el calentamiento del Planeta.


¿Qué es la temperatura media global?

Volviendo al inicio, a las primeras frases de este artículo, para tener la seguridad de que estamos utilizando correctamente la información disponible, debemos evaluar el significado real de los datos y el modo en que se está aplicando. Y, para ello, debemos tener muy claro lo que realmente significa el valor de temperatura media global, y también cómo se calcula. Y sobre la base de estos conceptos, es imprescindible preguntarse: ¿Tiene sentido hablar de una temperatura a escala global? ¿Se trata de un parámetro representativo? El objetivo de disponer de un dato de este tipo es obvio, ya que resulta de una gran utilidad para establecer las relaciones de causalidad que puedan existir entre las observaciones meteorológicas y los episodios catastróficos (huracanes, inundaciones, temporales, etc.), así como las tendencias a largo plazo en la evolución climática. Pero aunque el objetivo esté muy claro, el método de trabajo para alcanzarlo no lo es tanto, ya que no se trata de un valor que se pueda obtener a través de una simple medida directa, sino que se precisa un complejo proceso de elaboración. Y ésa es la primera observación que debemos tener en cuenta para analizar adecuadamente los valores de temperatura media global, un valor que no puede medirse, que debe ser calculado a partir de miles de medidas individuales, mediante métodos y procedimientos estadísticos cuya calidad y fiabilidad debe ser revisada permanentemente. Por eso, como ocurre con todos los procesos estadísticos complejos, los valores van acompañados de un dato complementario, el intérvalo de confianza de los resultados obtenidos, indicativo del margen de error existente.

Por otra parte, además de las dificultades numéricas asociadas a los problemas relacionados con los cálculos estadísticos, no debe olvidarse que en el mundo, existe una gran variedad de climas y zonas climáticas, que van desde temperaturas medias de +25°C en el Sahara hasta -40ºC en los polos. Como veremos más adelante, si se promedian todos los valores de temperatura actualmente disponibles en las diferentes localidades del Planeta, se obtiene un valor medio global de unos 14°C (en realidad deberían ser 13,6ºC), sobre el que toda la comunidad científica está más o menos de acuerdo. Pero, ¿Cuál es el sentido y la representatividad de ese resultado? Normalmente, percibimos la temperatura como un dato más de la meteorología, del ambiente que hay en nuestro entorno. Así, sabemos que en nuestra casa, en invierno y gracias a la calefacción, hay 21ºC. Y en verano, 25ºC con el aire acondicionado. Al salir a la calle, en España nos movemos habitualmente entre los 10ºC invernales y los 35ºC estivales. Se trata de una magnitud física, que nos acompaña siempre y que podemos sentir y medir fácilmente en términos precisos.

Pero la temperatura media global no se corresponde con una realidad física, se trata de un valor estadístico calculado, una especie de índice que recoge muchos datos e informaciones locales diferentes. Así pues, sensu stricto, no se puede hablar de la temperatura media global de la Tierra, porque nadie puede medir esa temperatura. Por lo tanto, al no tratarse de una medida, sino de un cálculo, está inevitablemente sujeto a controversia, y a variaciones que dependerán del procedimiento utilizado para su obtención. Y esta es la segunda observación importante que debemos siempre tener en cuenta: cuando se hable de temperatura media global, debemos tener en cuenta que se trata simplemente de un índice, similar al que se utiliza para evaluar la variación de las inversiones bursátiles, el IBEX, que se calcula diariamente a partir de cotizaciones, volúmenes de negocio, ponderaciones, etc. Por lo tanto, en sentido estricto, en lugar de temperatura media global, sería más correcto referirse, por ejemplo, al Índice Medio Termométrico Global (IMTG). No obstante, puesto que este índice está aún por definir, de momento es preferible seguir utilizando la terminología de temperatura media global, aunque siempre teniendo en mente las restricciones conceptuales mencionadas.

Cuando se hable de temperatura media global, debemos tener en cuenta que se trata simplemente de un índice, similar al que se utiliza para evaluar la variación de las inversiones bursátiles, el IBEX, que se calcula diariamente a partir de cotizaciones, volúmenes de negocio, ponderaciones, etc. Por lo tanto, en sentido estricto, en lugar de temperatura media global, sería más correcto referirse, por ejemplo, al Índice Medio Termométrico Global (IMTG)

Por otra parte, a pesar de las indudables limitaciones de la temperatura media global, debe reconocerse que se trata de un valor que tiene cierto sentido y utilidad. Y, en la práctica meteorológica habitual, el uso de este tipo de índices promediados es sistemático, aplicándose también para otros fenómenos meteorológicos como las precipitaciones o las horas de sol, por ejemplo. De hecho, el clima de un lugar determinado del Planeta, se describe siempre por los valores promedio de diversos fenómenos y situaciones meteorológicas diferentes (incluyendo los valores extremos) que se suceden en cada región, país o lugar concreto. Así pues, puede afirmarse que, desde el punto de vista intrínseco, el clima es una noción estadística y por consiguiente, es inseparable de los valores promedio.

La utilidad práctica de este tipo de estimaciones estadísticas es evidente y fácil de percibir desde el punto de vista intuitivo en la realidad de nuestro entorno. Cuando se afirma que el clima de una región o un país es más húmedo que otro, se está hablando de situaciones climáticas medias. Así, en España, existen dos zonas climáticas que siempre han sido claramente diferenciadas: la España húmeda en el Norte y la seca en el Centro y Sur.  Es decir, que debemos considerar la temperatura global terrestre como un indicador que describe un aspecto de la situación climática del Planeta de una forma muy general. Pero esta descripción es parcial y no exclusiva, ya que existen otros muchos indicadores importantes, y el índice de temperatura media global, aisladamente considerado, es totalmente insuficiente para evaluar la situación climática del Planeta.

Debemos considerar la temperatura global terrestre como un indicador que describe un aspecto de la situación climática del Planeta de una forma muy general. Pero esta descripción es parcial y no exclusiva, ya que existen otros muchos indicadores importantes, y el índice de temperatura media global, aisladamente considerado, es totalmente insuficiente para evaluar la situación climática del Planeta

Una vez aclarados el significado conceptual y la utilidad práctica de la temperatura media global, la siguiente pregunta que debemos formularnos, es: ¿Puede calcularse dicha temperatura con un nivel de fiabilidad y representatividad aceptable? La realidad es que se trata de un cálculo nada sencillo, tanto desde el punto de vista técnico como conceptual, ya que debe hacerse frente a numerosas dificultades. 

En primer lugar, las lecturas de temperatura que deben integrarse en una media global, proceden de diversas fuentes y de diferentes tipos de medidas. En los continentes, se trata de datos procedentes de miles de estaciones meteorológicas, operadas por los servicios meteorológicos nacionales, regionales y locales. Estos servicios utilizan con frecuencia instrumentos y procedimientos de recogida de datos, que difieren según los países y que han evolucionado tecnológicamente en el transcurso del tiempo a diferentes velocidades, lo que incide en la precisión, exactitud y homogeneidad de las medidas.

Por otro lado, la densidad espacial de la distribución geográfica de las estaciones meteorológicas, difiere mucho de una zona a otra del globo, dependiendo fundamentalmente del grado de desarrollo científico y económico de cada país. Además, esa densidad también ha sido muy variable a lo largo del tiempo, ya que ha evolucionado de forma muy distinta en diferentes lugares, aumentando el número de estaciones, especialmente en los países desarrollados. Y, por último, existen numerosas estaciones meteorológicas que, a principios del siglo XX, estaban situadas en zonas rurales, en las afueras de grandes ciudades. Pero, con el paso del tiempo y el crecimiento urbano, estas estaciones han acabado engullidas por la edificación y la urbanización. En estos casos, se habla de las islas de calor, ya que la temperatura en las ciudades es siempre unos pocos grados más alta que en su entorno rural, por lo que la evolución de las series de medidas en este tipo de estaciones tiene un sesgo al alza que debe corregirse.

Por lo que se refiere a las lecturas de temperatura en la superficie del mar, los datos se obtienen a partir de instrumentos embarcados en boyas fijas (últimamente, también sumergibles), en barcos científicos o comerciales y, desde los años 80, también en satélites meteorológicos. En este último caso, la temperatura (sólo la de la superficie) se mide indirectamente, a partir de la radiación emitida, que es registrada por los sensores del satélite. Estos sensores han ido variando en su tecnología con el paso de los años de una generación de satélites a otra, por lo que también es imprescindible la introducción de factores de corrección para homogeneizar los datos.

En resumen: la dificultad principal para calcular la temperatura media global reside en la integración de numerosos datos heterogéneos, provenientes de orígenes múltiples y diferentes, además de cambiantes a lo largo del tiempo. Para resolver estas dificultades, deben utilizarse complejos procedimientos estadísticos, que requieren múltiples correcciones y abundantes ponderaciones para equilibrar la correspondencia entre las diferentes fuentes de información. Como consecuencia, el resultado final es producto de un tratamiento estadístico y, por lo tanto, corresponde a una verdad matemática, no a una medida física. Ante esta situación, podemos legítimamente preguntarnos acerca de la fiabilidad de estos procedimientos y a la representatividad de los resultados obtenidos. Y muy especialmente, la pregunta clave es:  ¿Pueden afectar estos procedimientos, de una forma sustancial, a los diagnósticos que se están realizando sobre la evolución de la temperatura global, sobre el calentamiento del Planeta?

A este respecto, es importante señalar que los procedimientos estadísticos aplicados se apoyan en conceptos matemáticos correctos, admitidos y probados desde hace años. Dichos procedimientos, basados en la teoría de las probabilidades y como se ha mencionado anteriormente, no sólo permiten obtener una cifra del índice de temperatura, sino también del margen de error del valor obtenido. Y ese margen de error, muy variable de un tipo de medidas a otras, es el que suele pasar desapercibido para la opinión pública. Así, se ha calculado que la temperatura media absoluta para el periodo 1961-1990, es de 14°C, con un intervalo de confianza de 0,5°C (entre +13,5 y +14,5ºC, equivalente a un error del 3,6%). En cambio, si se calcula la anomalía de la temperatura en 2010, es decir la desviación en ese año concreto respecto la temperatura media correspondiente al intervalo 1961-1990, se obtiene un valor +0.53°C, con un intervalo de confianza de 0,09°C (entre +0,44 y +0,62ºC, equivalente a un error del 17%). En este segundo caso, porcentualmente, el margen de error es mucho más amplio, casi cinco veces superior con respecto a la estimación anterior, y por lo tanto la fiabilidad del valor es mucho más baja. Así pues, la temperatura media global en 2010 sería de +14,53ªC, solo un poco por encima del intervalo de confianza de la media inicial. En esas condiciones, se podría afirmar que entre el intervalo 1961-1990 y 2010,  el planeta se ha calentado ligeramente, pero es imposible precisar el nivel exacto de ese calentamiento en grados centígrados y, mucho menos, en décimas y centésimas de grado.

Sin embargo, este es el tipo de informaciones con los que, sin mencionar su error potencial, se nos amenaza cotidianamente sobre crisis, emergencias y ebulliciones climáticas (este último y desafortunado término ha sido utilizado recientemente por António Guterres, Secretario General de la ONU). Estas premoniciones ignoran, además, que un incremento de +0,53ºC registrado a lo largo de los 20 años transcurridos entre 1990 y 2010 implica que el planeta se habría calentado como promedio 0,026ºC por año, a un ritmo que, por comparación con la historia previa del Planeta, no justifica ninguna alarma ni puede tener implicaciones catastróficas.

Por otra parte, si se compara la temperatura media global de 2022 (ver Figura 5) con la temperatura media global de hace 32 años, el incremento promedio ha descendido a 0,021°C por año, demostrando que la tendencia puede variar significativamente según el intervalo temporal elegido. En la misma línea, debe recordarse que el ascenso de temperatura también sufrió una pausa entre los años 40 y 80 del pasado siglo, llegándose a registrar cuatro décadas de ligero enfriamiento (ver de nuevo la Figura 5). En aquellos años, en la opinión publicada, se hablaba de la posible tendencia global a una nueva glaciación. Teniendo en cuenta estos datos, utilizar los valores del intervalo 1960-1990 como referencia, para medir el calentamiento subsiguiente, siendo los datos tan poco representativos, pueden considerarse como tendencioso para exagerar el calentamiento real.


¿Cómo se calcula la Temperatura Media Global?

Una vez conocidas las bases conceptuales y el significado indicativo de la temperatura media global, además de las dificultades que entraña su obtención, debemos adentrarnos en los detalles de su cálculo. Y para ello, es inevitable formularse una nueva pregunta: ¿Cómo se puede hablar de temperatura media global del Planeta, cuando sólo se dispone de un número limitado de estaciones meteorológicas y que además están mayoritariamente concentradas en el hemisferio Norte, especialmente en Europa y América del Norte?

¿Cómo se puede hablar de temperatura media global del Planeta, cuando sólo se dispone de un número limitado de estaciones meteorológicas y que además están mayoritariamente concentradas en el hemisferio Norte, especialmente en Europa y América del Norte?

Uno de los aspectos más críticos para estimar de una forma fiable la temperatura planetaria con una precisión (tal y como se está haciendo actualmente) de una décima de grado es la irregular distribución en el globo terrestre de las estaciones meteorológicas. Es cierto que, desde hace unas décadas, se está midiendo de forma continua la temperatura de la superficie de los continentes y océanos desde los satélites. Pero esas mediciones abarcan sólo un período muy corto, de menos de 50 años y sólo representan un periodo con una duración insignificante en comparación con la dilatadísima evolución de la temperatura a lo largo de la historia geológica de la Tierra. El mapa de la Figura 3 muestra la distribución geográfica de unas 26.000 estaciones meteorológicas superficiales del Global Historical Climatology Network (GHCN), donde además se ha representado en colores, el periodo transcurrido desde que iniciaron su actividad, tal y como figura en la leyenda (en negro las que tienen una antigüedad mayor de 200 años y en azul las de instalación más reciente).

Figura 3

Como se puede observar, la distribución es totalmente irregular, y casi dos tercios de las estaciones se encuentran en la zona de clima templado del hemisferio norte, entre las latitudes de 30° y 60°. Aquí se encuentran también las estaciones meteorológicas con los registros más antiguos de medición de temperatura. Debe tenerse en cuenta que tan solo una pequeña minoría (226 estaciones) ya existían cuando se iniciaron los registros sistemáticos de la temperatura, hace unos 150 años. La estación meteorológica de Berlin-Dahlem (Universidad Libre, Alemania) es la más antigua de todas, con datos meteorológicos desde 1719 y registros continuos ininterrumpidos desde 1756.

En cualquier caso, independientemente de las dificultades y limitaciones mencionadas, es necesario disponer de un dato que, aún que sea de forma aproximada, represente la temperatura media global, una climatología planetaria de referencia, y para este fin, se ha definido una rejilla o malla global de observación, con un tamaño de 5º de longitud por 5º de latitud (aproximadamente, unos 500 km x 500 km). Utilizando los datos de temperaturas medias mensuales proporcionados por más de 5.500 estaciones meteorológicas distribuidas alrededor del mundo, se calcula para cada una de ellas la anomalía térmica, es decir, la diferencia entre la temperatura media mensual y el promedio correspondiente a 1961-1990 para ese mismo mes y esa misma estación. Y con estos valores, se calcula la anomalía térmica para cada uno de los cuadrados de la malla, mediante la media de las anomalías obtenidas en las estaciones de observación situadas dentro de su perímetro.

Para todas estas medidas, tanto las anomalías individuales de cada observatorio, como para los valores promedio de cada celda, se calcula el intervalo de confianza de los valores obtenidos, teniendo en cuenta la precisión del termómetro utilizado, la homogeneización de medidas de origen diferente, los posibles sesgos derivados de la presencia de áreas urbanas, y las posibles desviaciones en promedios regionales sobre áreas con cobertura deficiente de observatorios. A modo de ejemplo, en el mapa de la Figura 4 se han representado las anomalías de temperatura correspondientes al mes de diciembre de 2021, de acuerdo con la información proporcionada por www.metoffice.gov.uk. Los colores varían desde el rojo intenso para las anomalías positivas (por encima de la media) máximas hasta el azul para las anomalías mínimas, por debajo de la media para el periodo considerado, es decir el intervalo 1961-1990.

Figura 4

Como se puede observar, la distribución de las cuadrículas con información es muy irregular y heterogénea, existiendo una notable falta de control meteorológico en las áreas oceánicas, especialmente sobre el Ártico y el Antártico. Así mismo, en los continentes, hay grandes zonas sin cubrir, con climatologías muy variadas y diferentes, como ocurre en el desierto del Sahara y la Península Arábiga, buena parte del África Subsahariana. También en América del Sur, sobre una parte importante de la Amazonia junto con zonas de Perú y Ecuador, tampoco se disponen de datos meteorológicos seriados. Esta distribución tan irregular, genera serios problemas para la obtención de resultados representativos, lo que hace extremadamente compleja la determinación del índice de temperatura media global anual de la superficie terrestre, y además con una precisión de décimas de grado. En la Antártida, por ejemplo, tan sólo existen dos docenas de estaciones meteorológicas, que además se encuentran predominantemente en la costa del continente. Y en el Polo Norte, la situación es aún peor, con un número menor de estaciones. Pero todavía más grave es la situación en los océanos, que a pesar de ocupar la mayor superficie del globo, cuentan con un número reducidísimo de observatorios, a pesar de su enorme influencia meteorológica y climática. Y si centramos nuestra atención en España, se dispone tan sólo de cuatro cuadrados de la malla para definir las temperaturas medias y las anomalías de todo el país, sin duda un número muy exiguo e insuficiente para la variada meteorología de nuestro territorio, donde existen zonas con clima atlántico, mediterráneo y continental.

Por lo que respecta a la distribución de valores anómalos, como cabía esperar, en la Figura 4 se observa que hay grandes zonas del mundo desarrollado, que presentan anomalías positivas respecto a la media 1961-1990. Sin embargo, hay otras muchas zonas (de las que, curiosamente, nunca se habla) que ofrecen anomalías negativas de temperatura. Así, en el extremo meridional de África, pese a estar en plena temporada estival durante el mes de enero, presenta una significativa anomalía negativa. Lo mismo puede observarse para el invierno del Hemisferio Norte en la meseta tibetana, al norte de la India, en el norte de América (Alaska y Canadá) y en la franja septentrional de Eurasia.

Una vez obtenidas las anomalías térmicas mensuales para cada uno de los cuadrados de la malla, se calculan dos promedios, uno para las celdas correspondientes al hemisferio norte y otro para el hemisferio sur, que corresponden a las anomalías térmicas mensuales en cada uno de ellos. Y, estos valores, servirán a su vez de base de cálculo para obtener promedios estacionales y anuales. Estas series, que comienzan en 1851 para el Hemisferio Norte y en 1856 para el Hemisferio Sur, son las que se utilizan habitualmente para determinar la evolución de la temperatura del Planeta.

Pero como se puede apreciar por los colores de la Figura 3, la distribución de las estaciones meteorológicas no es sólo irregular desde el punto de vista geográfico y climático, también lo es desde el punto de vista temporal, ya que hay zonas donde tan sólo existen informaciones desde épocas recientes, dificultando la elaboración de series temporales largas. Este problema es especialmente grave en las áreas oceánicas, donde las observaciones por satélite tan sólo cubren las últimas décadas, lo que impide la correcta caracterización de la evolución térmica durante los dos últimos siglos.

Para corregir esta carencia, es cierto que las sofisticadas herramientas estadísticas actualmente disponibles, permiten llegar muy lejos en la simulación de datos ausentes. Pero, no debe olvidarse que los resultados que ofrecen los algoritmos aritméticos para simular la evolución de la temperatura, sólo pueden ser fiables en la medida en que los datos introducidos sean fiables y representativos. Y, además, los parámetros de partida introducidos en estos modelos deben ser completos y correctos. Estos comentarios, deben servir de advertencia para tomar con precaución datos como los representados en la Figura 5 (publicados por la prestigiosa organización californiana Berkeley Earth), que suelen utilizarse habitualmente en los medios de comunicación para ilustrar el calentamiento que está experimentando la Tierra.

Figura 5

En realidad, por las razones esgrimidas en los párrafos anteriores, la información sobre las temperaturas medias globales debe considerarse como un resultado meramente indicativo, sin olvidar (como recomienda el manual de Buenas Prácticas de Laboratorio), que deben tomarse muchas precauciones con la interpretación de los números decimales. En efecto, dichas cifras, pueden tener validez estrictamente aritmética, pero carecer (por una exagerada y aparente precisión) de sentido físico en relación con el parámetro o fenómeno medido.

Así lo manifestó el premio Nobel de Física de 1973, el noruego-canadiense Ivar Giaever, quien formó parte durante un tiempo del International Panel of Climatic Change (IPCC), el grupo de estudio sobre el cambio climático promovido y establecido por la ONU, y del cual se excluyó voluntariamente por desacuerdo con sus métodos de trabajo. Durante el encuentro anual de los premios Nobel, celebrada en 2015 en Lindau (Alemania), Ivar Giaever fue extremamente crítico con el IPCC y puso en duda la fiabilidad de precisar la temperatura media global hasta una décima de grado. Su escepticismo y sus críticas estaban precisamente basados en los problemas antes mencionados: la irregular distribución de las estaciones meteorológicas, y las dificultades para comparar los registros modernos con las medidas de temperatura realizadas a mediados del siglo XIX.


La temperatura del Planeta en tiempos pasados

La metodología descrita en los párrafos anteriores permite conocer la evolución de los parámetros climáticos que ha tenido lugar desde hace unos 150 años, un plazo muy breve, excesivamente corto respecto del conjunto de la historia climática del Planeta. Para poder establecer una comparación entre los acontecimientos climáticos actuales y los que han ocurrido en el pasado, remontándose hasta las etapas más antiguas del desarrollo de la atmósfera de la Tierra, la Geología ha desarrollado diversos métodos basados en las huellas que las variaciones que los parámetros del clima han dejado en los medios naturales. Así, se han elaborado técnicas basadas en la perforación de sondeos para extraer testigos de estos archivos naturales del clima en los continentes (en los hielos polares, los sedimentos lacustres, los suelos, las estalagmitas y estalactitas, los troncos de árboles, etc.), así como en el fondo de los océanos para aprovechar la información proporcionada por corales, sedimentos y fósiles. A todos estos métodos indirectos, se les conoce habitualmente como proxies, vocablo inglés que significa apoderado o representante.

El análisis detallado, cada vez más preciso y riguroso gracias al desarrollo tecnológico, de ciertas características biológicas, químicas o físicas de los testigos mencionados puede correlacionarse cuantitativamente con las variaciones de la temperatura, además de otros parámetros relacionados con el clima como son la pluviosidad o la salinidad del agua del mar. Estas correlaciones son posibles, asumiendo que las leyes físicas y químicas que rigen actualmente la naturaleza, son también válidas para los tiempos pasados, como postuló en su día Charles Lyell, considerado el padre de la geología moderna al enunciar el Principio del Actualismo geológico. Por su interés, y porque constituye el método esencial utilizado para la determinación de las condiciones climáticas en tiempos muy antiguos, se describirá a continuación la metodología basada en los isótopos de oxígeno.

Como es bien conocido, muchos de los elementos que integran la Tabla Periódica pueden presentarse bajo diferentes formas debido a la presencia, en sus átomos, de diferente numero de neutrones. Las otras partículas elementales (protones y electrones) se presentan siempre en el número correcto y definen al elemento químico. Así, en función del número de neutrones presentes, los átomos de un elemento adoptan diferentes formas. Son una especie de mutantes conocidos como isótopos, con características físicas, especialmente su peso atómico, algo diferentes. Gracias a esas propiedades físicas, puede llegar a conocerse que porcentaje de cada uno de los isótopos de un elemento químico está presente en una determinada sustancia.

Uno de los materiales más abundantes de la naturaleza es el agua, presente en forma de vapor, de líquido o de hielo, constituida por hidrógeno y por oxígeno, que presentan diferentes isótopos. En el caso del Hidrógeno, además del común, existen el Deuterio y Tritio, mientras que el átomo de Oxígeno presenta otros tres isótopos conocidos como 16O (el oxígeno común), el 17O y el 18O, atendiendo a su peso atómico. Por eso, la molécula de agua, la conocida por la famosa fórmula de H2O, puede tener pesos diferentes en función de los isótopos de hidrógeno y de oxígeno que incorporen a su estructura.

Por otra parte, como se puede apreciar en le Figura 6, se ha comprobado que el vapor de agua, formado en la superficie de los océanos, por comparación con la composición del agua del mar, se encuentra empobrecido en las moléculas constituidas por isótopos pesados. Además, en las regiones templadas y polares, el proceso de enfriamiento de las masas de aire y la correspondiente condensación del vapor de agua, lleva asociada otra perdida de los isótopos pesados. Existe, por tanto, una relación estrecha entre la temperatura del aire y el cociente entre las formas ligeras y pesadas de las moléculas de agua presentes en las precipitaciones, de forma que cuanto más frío sea el aire las precipitaciones se encontrarán más empobrecidas en las formas pesadas de las moléculas de agua.

Figura 6

Y es precisamente esa relación isotópica la que constituye un termómetro proxy, que permite estimar las variaciones pasadas de la temperatura, gracias a la medida de estos cocientes isotópicos en el agua de precipitaciones antiguas, directamente conservada en el hielo de los casquetes glaciares, o indirectamente preservada en archivos geológicos como la celulosa de los anillos de los árboles o la calcita (el carbonato cálcico, que incorpora en su estructura los isótopos pesados de oxígeno), presente en las estalactitas, los sedimentos de los lagos o el caparazón de algunos fósiles.

La comparación entre los datos isotópicos proporcionados por registros geológicos correspondientes a periodos históricos, cuya evolución térmica es conocida mediante otros métodos (ver Figura 7), como por ejemplo las etapas cálidas coetáneas con el Imperio Romano o la Edad Media, o el periodo frío conocido como Pequeña Edad del Hielo, posterior al Renacimiento, han permitido verificar y comprobar el método, validando tanto sus resultados como sus posibilidades de extrapolación a periodos más antiguos. Esta metodología ha permitido reconstruir la evolución térmica del Planeta desde hace cientos de millones de años, tal y como está representada en la Figura 8, donde debe tenerse en cuenta que la escala del eje de abscisas (horizontal) no es uniforme, variando la duración temporal de los intervalos de tiempo representados.

Figura 7

De este modo la Geología y la Paleoclimatología han permitido conocer los cambios climáticos que han tenido lugar en tiempos pasados, y comprender la forma en que el clima se comporta ante determinados procesos geológicos (como las etapas de intensa actividad volcánica) o variaciones cósmicas que influyen en la radiación solar que llega a la Tierra. Gracias a estas informaciones, se ha podido verificar que el sistema climático terrestre ha registrado espontáneamente inestabilidades importantes, muy rápidas, pero también que el Planeta posee mecanismos de autorregulación con capacidad para equilibrarlas posteriormente. Y todo este bagaje de conocimientos, proporciona una base de conocimientos esencial para la correcta interpretación de la situación climática actual y de las tendencias del clima hacia el futuro.

figura 8

En relación con la evolución térmica del Planeta reflejada en la Figura 8 (con la escala logarítmica del tiempo en el eje X) hay cuatro hechos que merecen ser destacados. En primer lugar, puede apreciarse como el mundo está sometido a un largo proceso de enfriamiento desde hace unos 50 millones de años, desde el inicio del Eoceno, al principio de la Era Terciaria o Cenozoica. En segundo lugar que, durante el último millón de años (tramo azul de la gráfica, a la derecha), ha habido una decena de ciclos de calentamiento y enfriamiento similares al actual, durante alguno de los cuales se han alcanzado temperaturas más elevadas que las que medimos hoy en día. En tercer lugar, se observa también que las temperaturas que hoy experimenta el Planeta son de las más bajas registradas desde del período Carbonífero, hace unos 300 millones de años. Y por último, en cuarto lugar, la gráfica también permite apreciar como la ciclicidad climática es la norma, y no la excepción, en la historia de la Tierra. Porque, como bien sabemos los geólogos, si algo ha faltado en el Planeta desde su origen, es estabilidad climática.

La ciclicidad climática es la norma, y no la excepción, en la historia de la Tierra. Porque, como bien sabemos los geólogos, si algo ha faltado en el Planeta desde su origen, es estabilidad climática


Reflexiones finales

De lo anteriormente expuesto, puede concluirse que la temperatura media global, a la que tanta importancia se le atribuye en todas las informaciones relativas al cambio climático, no es más que una construcción matemática y estadística, realizada mediante un cálculo, y no una observación o medida directa. Dicho cálculo se realiza a partir de numerosos datos heterogéneamente distribuidos por el planeta, medidos con instrumentos muy diversos y cuya homogeneización requiere ajustes estadísticos muy complejos. Por eso, teniendo en cuenta la propia naturaleza del resultado obtenido, obtener conclusiones de sus cifras decimales es cuanto menos muy arriesgado, sobre todo, si se tiene en cuenta la capacidad de manipulación implícita en los tratamientos estadísticos.

Como se puede apreciar en la Figura 5, es innegable que existe una tendencia ascendente desde 1980 hasta la actualidad, aunque tampoco puede negarse que durante la última década, entre 2014 y 2022, se aprecia una estabilización de las temperaturas. Desde el punto de vista estrictamente numérico, durante los últimos treinta años (1993-2022), la temperatura media global ha subido unos 0,9ºC, a un promedio de 0,024ºC por año. Ese promedio disminuye hasta los 0,017°C por año, si consideramos tan sólo los últimos 20 años (2003-2022). En cualquier caso, se trata de valores tan pequeños, que entran dentro del rango de error de la propia medida, de los modelos informáticos aplicados y de los cálculos estadísticos realizados.

A pesar de esta inevitable incertidumbre sobre la validez, precisión o exactitud del resultado numérico obtenido, debe reconocerse la utilidad y la necesidad de ese índice de temperatura media global. En efecto, su disponibilidad es imprescindible para demostrar que desde la Pequeña Edad de Hielo, existe una evolución climática positiva, y que como consecuencia de la misma, el mundo está en un proceso de calentamiento. Pero, al mismo tiempo, deben tomarse todas las precauciones antes de utilizarlo como un índice cuantitativo, tomándolo como base para afirmar que el mundo se ha calentado un determinado número de décimas de grado. Y muy especialmente, evitar su uso como base para diagnosticar situaciones climáticas catastróficas que requieren la adopción de medidas excepcionales que afectan al conjunto de la Humanidad. Por el momento, con la tecnología actualmente disponible, debemos considerar las informaciones relativas a la temperatura media del planeta como un indicador, un resultado que nos permite conocer la evolución del clima, pero no como un valor absoluto que represente con fiabilidad dicha temperatura media global.

Por las mismas razones y con mayores motivos, lo mismo se puede decir, utilizando idénticos argumentos, sobre la fiabilidad de los valores de la temperatura media del Planeta en tiempos pasados. Si no podemos garantizar la fiabilidad de los datos en los tiempos actuales, con numerosas observaciones simultáneas en miles de observatorios, ¿Cómo establecer la situación térmica de la Tierra a partir de observaciones de proxies, mucho más dispersos tanto en el espacio como en el tiempo? Evidentemente, es imposible obtener con precisión ese tipo de medida, ya que la mayor parte de los registros paleoclimáticos aportan informaciones locales, relativas al clima del emplazamiento o lugar de medida, como si se tratase de datos proporcionados por un único observatorio meteorológico. Sin embargo, diferentes parámetros medidos en un mismo testigo y diferentes testigos de una misma región, pueden combinarse e integrarse posteriormente en bases de datos globales, y mediante la aplicación de los mismos métodos estadísticos anteriormente descritos, estimar de forma cualitativa las variaciones climáticas a gran escala acaecidas a lo largo de la historia del Planeta.

Y ese conocimiento nos permite comprobar, como puede deducirse de la comparación entre las Figuras 5, 7 y 8, que como consecuencia de los cambios climáticos experimentados por la Tierra desde hace cientos de millones de años, se han registrado temperaturas mucho más extremas que las actuales. Por lo tanto, la presente situación climática del Planeta no puede ni debe considerarse excepcional ni preocupante, sino todo lo contrario, ya que forma parte de la más absoluta normalidad.


La temperatura media del planeta ¿está indicando realmente lo que pasa?
Por José Antonio Sáenz de Santa María Benedet, Enrique Ortega Gironés y Stefan Uhlig


El consentimiento tácito en la contratación: ¿práctica lícita o muestra de mala fe negocial?

Dentro de la dinámica habitual de la contratación, máxime cuando alguna de las partes en el negocio jurídico ostenta una gran dimensión operativa, tratándose de una mercantil de amplio objeto social y con un volumen elevado de actividad económica, es muy frecuente que con origen en dicha parte del contrato se establezcan tanto las denominadas “condiciones generales” como posibles modificaciones de las mismas, acontecidas de forma sobrevenida en el devenir del desarrollo de los efectos del contrato ya perfeccionado, que suponen una especialidad para la otra parte contractual, normalmente persona física que, frente a ella, tiene a una entidad de poder económico y jurídico muy superior en relación al suyo, produciéndose, en cierta forma, una especie de desequilibrio de facto entre los dos contratantes.

Como consecuencia de dicha situación de hecho, podría estimarse que, desde el lado del gran operador, se produce una genuina imposición de sus cláusulas a la otra parte, de modo que el contenido del contrato que se celebra no es realmente consensuado entre ambos, sino que una de las partes asume la propuesta de la otra. Como he indicado anteriormente, se trata de una práctica muy frecuente, amparada por la masividad de ciertas modalidades de contratación, que hacen de dichos contratos auténticas cláusulas-tipo que han de ser debidamente leídas, comprendidas y aceptadas para que produzcan su efecto.

Así es: todo contrato, a salvo la existencia de formalidades específicas, se fundamenta en el consensualismo, en el acuerdo de voluntades entre ambas partes, oferente y aceptante, de conformidad con el artículo 1262, apartado primero, del Código Civil español: “El consentimiento se manifiesta por el concurso de la oferta y de la aceptación sobre la cosa y la causa que han de constituir el contrato.”

El consentimiento se manifiesta por el concurso de la oferta y de la aceptación sobre la cosa y la causa que han de constituir el contrato.

Artículo 1262, apartado primero, del Código Civil español.

Sin embargo, la cuestión peculiar en estas tan frecuentes modalidades de contratación masiva, mediante cláusulas generales y modificaciones en el mismo sentido, es la viabilidad de que, así como el oferente debe realizar una declaración de voluntad clara, terminante y expresa sobre lo que comprende el contrato, o de lo que modifica y el alcance de dicha modificación en cuanto a objeto y precio del contrato, en el caso del aceptante, la fórmula empleada no es la de la prestación de una conformidad o aquiescencia expresa, sino la inexistencia de una voluntad disconforme, esto es: que por su parte no se exteriorice que está en desacuerdo con las cláusulas tipo o con las modificaciones sobrevenidas, ámbito en el que entra otra forma de consentimiento contractual: la voluntad manifestada tácitamente.

Ha de afirmarse que esta modalidad de prestación del consentimiento, no expresa, sino mediante el silencio, es válida en Derecho. Así lo ha reconocido la jurisprudencia, si bien resulta imprescindible, para que dicho consentimiento tácito sea válido y eficaz, que reúna una serie de requisitos: primero, desde un punto de vista objetivo, es necesario que la parte que debe consentir las modificaciones del contrato deba, conforme a las mismas, emitir una declaración expresa de no estar de acuerdo, porque así se disponga explícitamente por el oferente, y a la vista de dicha previsión, quien las debiera aceptar, voluntariamente no lo haga. Y desde la perspectiva subjetiva, es necesario que la parte contractual que tiene que asumir las cláusulas tipo o las modificaciones de las mismas esté debida y perfectamente informada, constando con claridad en el contrato las modificaciones que se pretenden realizar o las cláusulas que se quieren introducir, de modo que la persona que guarda silencio, y por lo tanto autoriza los cambios, lo hace con un conocimiento de causa que se desprende del propio contenido del documento contractual, al constar en el mismo debidamente detalladas las cláusulas o cambios que se quieren introducir, respecto de los que, salvo discrepancia expresa (cuestión que también debe explicitarse) asiente de una forma tácita.

En definitiva: no puede ampararse la parte contractual que asume por silencio los cambios en el hecho de que no los consintió si constan tales cambios por escrito en el contrato, y la necesidad de que discrepe expresamente, pues la no lectura del clausulado es imputable a quien tiene que asumirlo.

Cuestión distinta es que estas cláusulas o modificaciones o bien no consten de modo expreso, y sin embargo se ejecuten, o bien constando expresamente no lo hagan con claridad. Si fuera así, el contrato podría llegar a ser nulo, en el primer caso por ausencia de consentimiento de la otra parte, pues no ha tenido oportunidad siquiera de discrepar, y no hay contrato sin consentimiento, ya sea expreso o tácito; y en el segundo caso, también sería nulo por concurrir un vicio en la voluntad tácitamente prestada, cual es el error, previsto en el artículo 1266 del Código Civil: “Para que el error invalide el consentimiento, deberá recaer sobre la sustancia de la cosa que fuere objeto del contrato, o sobre aquellas condiciones de la misma que principalmente hubiesen dado motivo a celebrarlo.”

Para que el error invalide el consentimiento, deberá recaer sobre la sustancia de la cosa que fuere objeto del contrato, o sobre aquellas condiciones de la misma que principalmente hubiesen dado motivo a celebrarlo.

Artículo 1266 del Código Civil

Fuera de los supuestos referidos, el consentimiento tácito en la contratación es conforme a Derecho, y solo podrá producirse una situación invalidante si la mala praxis del oferente se materializa en la imposición de cambios en la contratación que no constan en el propio documento, actuando en la opacidad, o si, aun figurando expresamente referidos, lo hacen de forma engañosa, oscura o poco clara, que impida a quien lo verifica comprender objetivamente –esto es, a la vista de cualquier persona- lo que la otra parte le ofrece, o si ésta omite que, a la luz de dichas modificaciones expresas, quien las lee puede objetar o discrepar de ellas.


El consentimiento tácito en la contratación: ¿práctica lícita o muestra de mala fe negocial?
Por Diego García Paz


Tendencias mujer OI 2023/24

Compras inteligentes para un buen armario

Con este artículo, pretendo analizar las #tendencias de #oi (otoño/invierno) 2023/24, entrando a destacar lo que puede quedarse y lo que, probablemente, será pasajero. El objetivo: conseguir que cualquier economía pueda hacer compras inteligentes para que podamos tener un armario que nos dure y resulte bien organizado.


Lo más inteligente: la calidad y los básicos

Desde hace tiempo, estamos viendo en las pasarelas actuales una combinación de usos sobre prendas básicas, tanto en colores como en diseños. La #moda de hoy en día se ha desprendido de gran parte de las incomodidades y del relleno de armarios que lo único que consigue es que lo que hayamos planchado salga de él con arrugas, de tan lleno que se pueda tener. El #minimalismo, el #copencore y el #oldmoney (Old Money aesthetic) imperantes pretenden no solo reinar sobre otros estilos de prendas, más exageradas, sino sobre el mal uso de nuestro #armario para transformarlo en un casi Ralph Lauren o Lacoste, con o sin la marca (en este caso, al más puro lujo silencioso). Porque, si bien llegan tendencias algo estridentes (ahora las analizaremos) que pretenden dar toques de vida a los básicos, priman los colores básicos y las prendas de cortes clásicos y cómodos. Para que nuestros básicos no parezcan insulsos, sin alma, existen otras técnicas (si no deseas usar las modas chillonas que los complementan). La principal de esas técnicas es comprar prendas de calidad y de colores neutros. Pero, si no puedes gastarte demasiado, busca prendas que lo parezcan por su peso o ligereza, por su caída o por que no resultan de las que acaban echando bolitas a los cuatro lavados y planchados.


Los básicos y las tendencias 2023/24

Podríamos decir que los básicos, o básicos de armario, son prendas atemporales y de buena calidad. Y, si bien los éstos no pasan de moda, y siempre podemos tirar de ellos, las tendencias suelen ir y venir. Analicemos esta temporada.

  • Colores: dentro de los básicos entrarían prendas, principalmente, de colores neutros como el negro, el blanco (en sus diferentes matices), los grises, marrones, azules, rojos y burdeos así como los colores crema. Este año, una tendencia en todo tipo de prendas (vestidos, chaquetas, tops, camisas, complementos, etc.) que se avecina pasajera es el uso de colores metálicos, además del mostaza, del amarillo mantequilla y del rosa. Es clave saber cuánta economía tenemos para apostar por estos colores porque, probablemente, no se lleven en la próxima temporada, sobre todo en temporadas como ésta en la que, además, como toques diferenciadores, despuntan los fluorescentes (en complementos, bufandas y calzado).
  • Telas y patrones: principalmente, se mantienen los tejidos con patrones lisos, con rayas (verticales y horizontales), con lunares o polka dots (de todos los tamaños y tipos de prenda) y con cuadros (pata de gallo, escoceses,… prácticamente todos, menos los muy recargados). El tweed, el terciopelo y el jean (usado en todo tipo de prendas y en calzado, así como en bolsos) toman protagonismo esta temporada, además de ser considerados básicos desde siempre. Si eres ecléctica sabrás combinarlo todo, pero si eres más preppy (o pija) buscarás ese magnífico tweed, a diferencia de las más cañeras, que tenderán a la piel o al jean. El estampado animal print, solo en detalles y bien escogido; en ningún caso en prendas ajustadas. La femme fatale este año, se define más que por el animal print por el uso de transparencias y encajes. La raya ejecutiva, este año, resulta más casual y la puedes combinar con todo.
  • Cortes de patrones: sencillos, al estilo chic francés, no muy apretados (exceptuando los leggins no deportivos), a veces holgados (over size) y a veces estructurados, sobre todo en hombros (con hombreras) y en bolsos (si bien esto va variando, así como el uso de flores) o bien con el uso de las pinzas en pantalones, así como bajos y ciertos rasgados. Este año, vienen fuertes las camisas con lazos para cerrar el cuello, si bien las camisas camiseras y las de cortes elegantes y también estructurados siguen en tendencia. En cuanto a los pantalones: de tiro bajo, algo y medio. El tiro bajo, no es tan bajo como antes (ya no enseñamos la ropa interior). Prendas estrellas, las de sastrería: el chaleco y los trajes. Lo que no se llevará: las flores en 2D (impresas en tejidos), solo se llevarán en 3D y tanto en collares tipo choker como en cinturones y salientes de tejidos.
  • Combinaciones: sencillas que no recarguen la vista, pudiendo combinar colores claros u oscuros, o ambos y/o con prendas de un color diferente para revitalizar looks demasiado apagados (por ejemplo, a través de un bolso rojo u unos zapatos o botas con tonos diferentes). El criterio general, si no sabes cómo combinar o ese día no tienes demasiadas ganas de pensar: menos es más. El consejo: déjate preparadas algunas combinaciones en algunas perchas para poder salir del paso si vas con prisas. Realizar compras de básicos te garantiza una mayor facilidad a la hora de montar combinaciones (casi salen solas). Las combinaciones de prendas en mezclilla o jean así como de un solo tono pisan fuerte en este otoño/invierno y todas solemos tener varias prendas en ese tejido…
  • Los materiales: a ser posible de calidad, sin excedernos en materiales demasiado cargados con poliéster o plásticos, si bien se pueden usar (con cabeza) para complementar. La seda, el raso, el punto, la lana, la piel (o pieles alternativas), el jean, el tul, el terciopelo, las telas transparentes y el encaje,… telas que podríamos considerar de toda la vida. Esta temporada, sin embargo, nos podemos cargar con lentejuelas, flecos y plumas y no solo para salir de noche. Se implantan en los usos diarios de vestuario y complementos. El terciopelo e incluso la tela estilo peluche también han querido llegar este año a las pasarelas. El cuero y el tejano con forro interior de borrego también quieren regresar. Así que tenemos por dónde elegir y hay que ser cautas para no ser cursis u horteras, pues eso no está nunca en tendencia (aunque lo kitsch tuviese su momento).
  • Los complementos:
    • El cabello y el maquillaje: en el cabello, lla banda negra estilo diadema o los lazos o clips sencillos, así como el uso de pañuelos de seda son lo ideal. Los sombreros de colores neutros o los que complementen según tu estilo. La gorra de béisbol está de vuelta, para las más osadas, y se combina con prendas de diario, aunque sean más elegantes… El pelo no busca ya estar tan trabajado con ondas perfectas sino más casual, más al estilo francés, incluso yendo a la peluquería, el acabado se busca más natural, al igual que le maquillaje. En este caso, si acentúas los labios, no acentúes los ojos y viceversa.
    • Pulseras, anillos y collares: nos centraríamos en el menos es más y en lo clásico (las perlas son una gran apuesta -no ya en tejidos). Ahora sí, en este OI 2023/24 aumenta el uso de los corazones, como colgantes, como pendientes… Están en las pasarelas, otra cosa es que lo prefiramos. Y, también en pendientes regresan los maxi. En cuanto a estos pendientes, recuerda comprarlos teniendo en cuenta si pesan y cuánto aguanta tu lóbulo. Las pulseras, collares y anillos buscan combinaciones sobrias, dominando el clásico dorado y el plateado, además de las perlas. Si te compras menos (o más) pero de mejor calidad, mejor. Busca combinar el peso de la mirada: que no tengan que fijarse en que llevas pendientes grandes con grandes anillos y pulseras. El equilibrio es la clave: si usas maxi aquí, no lo uses allí. Si te apetece jugar con las corbatas, estás de suerte: han vuelto para toda esta temporada.
    • Los bolsos y zapatos: aquí comienza el mayor atrevimiento pues regresa el uso del rosa (en todos sus tonos), por el éxito de la película Barbie, el cual ya preveían los diseñadores. Si eres más atrevida, prueba con el fucsia; hazlo con el rosa palo si tienes menos ganas de gastarte en prendas que no van contigo, por muy en tendencia que estén. Pero, no solo viene fuerte el rosa, también lo hacen los tonos metálicos. En zapatos y en bolsos, pero también en prendas (como indicaba anteriormente). Así que gasta en función de tu economía en lo que creas que mejor te encaje. Las deportivas (casi todas) han vuelto, más allá de la blanca que ya viene siendo tendencia hace varias temporadas. La botas de caña alta, sobre todo por encima de la rodilla, pretenden sustituir al pantalón. Los materiales para las botas son diversos: de piel o de jeans, con efectos metalizados o con colores neutros, todo vale. Se afianzan los mocasines de todo tipo (con más o menos tacón, más recios o finos), los zapatos con todo tipo de cuña, los acabados en punta a dos colores o con punta metálica y los zapatos joya continúan creciendo en tendencia. Como tip: recuerda que el bolso es más grande cuanto más de día es, empequeñeciéndose cuanto más de noche se hace. Sin embargo, el bolso que prima este otoño/invierno es un bolso con estructura y de tamaño mediano, así como el de mano.
    • Los cinturones: por encima de cualquier prenda y de tamaño grande, que se ajusten a la cintura. Cuanto más clásicos, de cuero negro o marrón, más en tendencia, pero también mandan los metálicos, los animal print, los fucsia y los rojos.

Partes superiores e inferiores

  • Los abrigos: para tener un básico, es fundamental contar con la gabardina y, este año, con el abrigo estilo manta o el que incorpora la bufanda. Lo que más se imponen son las hombreras, tanto en abrigos over size como en abrigos al talle. Usar prendas y complementos con formas definidas y estructuradas es la tendencia principal. Lo over size pisa fuerte, así como las hombreras.
  • Los blazers y cardigans: todos los que quieras, incluidos los hechos con jean. Si eres más fina, mejor los de siempre, incluidos los más preppy y los vestidos blazer que te darán un toque de distinción. Si no sabes cómo combinarlos, hazte con algún chaleco que sea de color neutro: irá con todos y siempre te dará un corte de elegancia.
  • Los tops: para este otoño, los calados de cuello redondo y, de nuevo, los estilo preppy, con cuello en uve, se usarán sobre otro tipo de jerseis, tanto de cuello alto como de otros tipos. Los tops y vestidos palabra de honor también están en tendencia, tanto para llevar con chaquetas como con camisas o jerseis debajo. Los chalecos, tal y como queda dicho, son parte de los tops que desearás tener esta temporada y todas las que vienen, pues no deja de ser un básico.
  • Las faldas: imperan las plisadas, las de tul, las de piel, las de cuadros, las de puntos, las metalizadas y las minifaldas, sobre todo tejanas y con botas de caña muy alta, como cuando tenías 15 años. Volvemos también a los ochentas con las faldas pantalón, ideales si son de estilo tartán, tweed o lisas. Lo que de veras parece querer regresar, a pesar de su fracaso en el pasado, son las faldas por encima de los pantalones.
  • Los pantalones: entran fuerte las bermudas de todo tipo, contando con los tejidos, colores y estampados mencionados. También los pantalones palazzo, los pantalones culotte, los shorts extra cortos, los pantalones braga (más cortos aún) y todo tipo de jeans, especialmente con rasgados estudiados, así como con efectos metalizados. El corte croped tiene cabida.

Una propuesta rápida a modo de conclusión

Si cuentas con posibles, usa tu imaginación y procura no resultar hortera. Si no cuentas con demasiada economía, prueba a usar algún spray metálico sobre alguna prenda que no te resulte muy doloroso adaptar y busca prendas de calidad y/o tendencia en mercadillos y tiendas más baratas, procurando que cumplan con cierta presencia y… ahorra para los básicos: nunca te fallarán. Esta temporada, tampoco lo harán.


Tendencias mujer OI 2023/24
por Carmen Nikol


El cambio climático: comodín y cortina de humo para justificar la escasez de agua en España

Durante este verano de 2023, estamos soportando la habitual ofensiva mediática sobre el calentamiento global, que como en años anteriores, ha llegado puntualmente con los primeros calores, acompañada como siempre de las alarmas sobre la sequía y la escasez de recursos hídricos. Se nos informa con severidad (la terminología se ha endurecido, en lugar de una crisis climática ya hemos llegado a la ebullición climática, según António Guterres, Secretario General de la ONU, que estamos consumiendo más agua de la que podemos permitirnos y que, además, el cambio climático está acentuando los problemas porque, al aumentar la temperatura, están disminuyendo las precipitaciones. Pero, ¿y si estas dos premisas no fuesen ciertas y en realidad las causas de la escasez de agua fuesen otras?

¿Estamos realmente sufriendo una sequía excepcional?

Aunque no sea la expresión más adecuada, por el contrasentido que implica, en esto de la sequía, llueve sobre mojado. Cuando en los años 50 y 60 íbamos al cine, antes de la película de turno, estábamos obligados por el Régimen Franquista a ver el noticiero oficial NO-DO, a través del cual se nos proporcionaba la información que el gobierno de la Dictadura deseaba transmitir. Y en aquellas imágenes en blanco y negro, eran frecuentes las referencias a la escasez de agua, llegándose a acuñar un término que, a base de repeticiones, se hizo popular: la pertinaz sequía.

Podemos remontarnos incluso a épocas más antiguas, para encontrarnos con los mismos problemas. En la Figura 1, a continuación, se han representado gráficamente los registros de pluviosidad anual (valor total de litros/m2 acumulados en un año) en el Observatorio de El Retiro en Madrid, desde 1854 hasta 2022. Se ha elegido esta serie de datos por ser muy dilatada ya que abarca casi 170 años, y puede considerarse como representativa de la pluviosidad en la meseta peninsular, en la denominada España seca. No cabe ninguna duda de que estamos atravesando un periodo de sequía, ya que está lloviendo por debajo de la media, mientras que en Galicia y la cornisa cantábrica, al igual que al norte de los Pirineos, está lloviendo como siempre o incluso con más abundancia de lo normal. Pero las precipitaciones registradas durante los últimos años en las zonas áridas de la España peninsular, no indican que estemos atravesando una situación extrema, y mucho menos, una sequía excepcional y sin antecedentes, sino más bien todo lo contrario.

Nuevo Mundo Madrid | 28/11/1930

Como se aprecia en la misma Figura 1, en los últimos años se ha registrado un ligero aumento (hubo sequía más severa en el entorno de 2010), que a su vez, es bastante similar a la registrada durante los años duros de la Guerra Civil, y también a mediados del siglo XIX,  en el entorno de 1857. Es cierto que durante 2023, a pesar de las lluvias de primavera, que cayeron tarde y mal, se ha perdido gran parte de la cosecha de cereales, pero eso es tampoco nada nuevo. En efecto, en el periodo de sequía anteriormente mencionado, a mediados del siglo XIX y durante el reinado de Isabel II, mermaron las cosechas, llegándose a multiplicar por seis el precio del pan como consecuencia de la escasez de trigo.

Figura 1

Por lo tanto, como se puede apreciar perfectamente en la Figura 1, no estamos atravesando un periodo de sequía de gravedad inusitada. Entonces, ¿por qué se afirma que el calentamiento global y el aumento de temperatura están acentuando los problemas de sequía, cuando los datos indican todo lo contrario?

¿El Planeta se está calentando tan deprisa como nos dicen?

Es innegable que la Tierra se ha calentado durante el pasado siglo, y sigue haciéndolo en la actualidad. Pero en realidad, lo viene haciendo (aunque con notables oscilaciones, no de una forma linear y continua), desde hace 20.000 años, desde el clímax frío de la última glaciación. Pero ese aumento de temperatura, además de oscilante, es mucho más lento de lo que quieren hacernos creer. La prestigiosa organización californiana Berkeley Earth, acaba de hacer público su informe sobre la evolución de la temperatura global de 2022, donde se aprecia (ver Figura 2), que durante los últimos 6 años se registra una ralentización o incluso una disminución en la anomalía de temperatura, algo que ya ocurrió también a mediados del siglo pasado, como se aprecia claramente en el gráfico.

Figura 2

Es evidente que un cambio de ritmo, registrado durante el breve periodo de unos pocos años, debe considerarse insignificante dentro de un ciclo de cientos o miles de años. Pero, al menos, debiera ser suficiente para que no se alarme a la población con aceleraciones de calentamiento que no se están produciendo. De acuerdo con los datos publicados en el último informe de Berkeley Earth, la temperatura media global registrada durante 2022, en valores absolutos, supone un aumento de 1,24ºC respecto al promedio registrado entre 1850 y 1900. Es decir que la velocidad de ascenso de la temperatura durante un periodo de 122 años (1900 y 2022),  se ha producido a un ritmo de 0,01ºC/año. Si consideramos ahora los datos correspondientes a otro periodo más breve y más recientes, la Figura 3 (ya reproducida en publicaciones anteriores), presenta la comparación realizada en 2016 por el Prof. JOHN CHRISTY, entre las mediciones reales de temperaturas atmosféricas (líneas de círculos, cuadrados y rombos), y las predicciones basadas en diferentes modelos estadísticos (línea roja).

Es evidente que un cambio de ritmo, registrado durante el breve periodo de unos pocos años, debe considerarse insignificante dentro de un ciclo de cientos o miles de años. Pero, al menos, debiera ser suficiente para que no se alarme a la población con aceleraciones de calentamiento que no se están produciendo.

Además de la evidente diferencia entre la realidad observada y los distintos modelos predictivos (todos ellos erróneos, incluyendo los del IPCC, la organización para el estudio del cambio climático promovida por la ONU), la gráfica de la Figura 3 muestra cómo durante los 40 años transcurridos entre 1975 y 2015, la temperatura ha aumentado tan sólo 0,3ºC. Es decir, a un ritmo de 0,0075ºC por año, aún más lento que el promedio anteriormente mencionado, registrado desde 1900.

Figura 3

Es decir que, aún con las precauciones que deben ser consideradas sobre el valor de las cifras decimales en la temperatura media global (un artículo de próxima aparición en Entrevisttas.com tratará sobre este problema), los resultados disponibles indican que el calentamiento no se está desarrollando al ritmo veloz que se nos quiere hacer creer. Y, además, tampoco parece estar acelerándose como consecuencia de las actividades del ser humano, sino que continúa al ritmo habitual que han impuesto los ciclos naturales desde que el mundo es mundo. Incluso, podría estar ralentizándose ligeramente. Así lo sugiere la comparación entre las gráficas de las Figuras 1 y 2, ya que si durante periodos relativamente cortos, del orden de un siglo (cortos desde el punto de vista geológico), existiese una correlación entre calentamiento, sequía y desertización, la pluviosidad en la Figura 1 debiera tener una marcada tendencia decreciente, clara y neta como lo es la evolución ascendente de la temperatura en la Figura 1. Sin embargo, la tendencia de la pluviosidad durante los últimos 170 años no refleja esa disminución.

Estas informaciones contradicen frontalmente las predicciones del IPCC y de la Organización Meteorológica Mundial, que diagnostican para el presente y auguran para el futuro, aumentos de temperatura mucho más rápidos que los que realmente se están registrando, similares a los de la línea roja de la Figura 3. Y además, dichas predicciones aseguran que como consecuencia del aumento de temperatura, la atmósfera absorbe más cantidad de agua y se están produciendo más sequías, contradiciendo una vez más los datos registrados (ver Figura 1).

Para confirmar los datos estadísticos anteriormente mencionados, hay evidencias tan palmarias como incontestables, que se oponen a las informaciones alarmistas sobre el aumento de temperatura planetaria, relacionadas con la elevación del nivel del mar. Éste, lleva ascendiendo 20.000 años, exactamente los mismos que el Planeta lleva calentándose. Esta coincidencia es totalmente lógica, porque el aumento de temperatura hace que los hielos continentales se fundan y, como consecuencia, se eleve el nivel de las aguas marinas (debe tenerse en cuenta que la fusión de los hielos marinos, como los del Océano Ártico, no afectan significativamente al nivel del mar). Esta correlación, permite afirmar, que si realmente se estuviese produciendo ahora un calentamiento anómalo de nuestro Planeta, deberíamos estar detectando una aceleración en el ascenso del nivel del mar, una elevación anormalmente rápida del mismo. Y sin embargo, se está detectando todo lo contrario.

Hace aproximadamente 20.000 años, el nivel del mar estaba situado unos 120 metros por debajo del actual. Desde entonces, con altibajos y con un ritmo discontinuo, del mismo modo que ha variado la temperatura, ha estado elevándose a un ritmo que, como promedio y gracias a un sencillo cálculo, puede establecerse en 6 mm/año. Pero los datos geológicos disponibles permiten afinar todavía un poco más. Hace ahora entre 12.000 y 8.000 años, el nivel del mar subió a una velocidad que llegó a ser superior a los 10 mm por año, frenándose después hasta el ritmo actual de 2 mm por año, como promedio.

En otras palabras, que durante los últimos 20 milenios, la elevación del nivel del mar, no sólo se ha producido a un ritmo más rápido que el actual, sino también más deprisa que el ritmo vaticinado por el IPCC hasta final de siglo, como consecuencia de la emergencia climática.  Entonces, ¿por qué considerar anómala, crítica y catastrófica una velocidad de ascenso del nivel marino que es aún más lenta que la establecida por la naturaleza desde mucho antes de la aparición de la sociedad industrial?

Entonces… ¿por qué hay escasez de agua?

El registro geológico tiene innumerables evidencias de que el clima, la temperatura y el nivel del mar, han cambiado cíclicamente a lo largo de los miles de millones de años transcurridos desde que se formó la atmósfera de nuestro Planeta. Pero esos cambios se producen a una velocidad muy lenta, inapreciable dentro del ciclo vital de una persona, o incluso de varias generaciones. Y la información disponible indica que no estamos experimentando ninguna alteración de esos ciclos naturales, ya que las variaciones que detectamos están dentro de los ritmos habituales impuestos por las leyes de la naturaleza. Así, no estamos presenciando ninguna anomalía pluviométrica excepcional, si no tan sólo atravesando un periodo (como otros tantos que han ocurrido a lo largo del tiempo geológico), en el que llueve menos que la media. Del mismo modo, tampoco hay evidencias de que se esté acelerando de forma anómala el calentamiento, ni que el aumento de temperatura este afectando de una forma significativa a la pluviosidad.

Así, no estamos presenciando ninguna anomalía pluviométrica excepcional, si no tan sólo atravesando un periodo (como otros tantos que han ocurrido a lo largo del tiempo geológico)

Hemos de aceptar que, de acuerdo con ese comportamiento normal de la naturaleza, exceptuando la cornisa cantábrica y Galicia, no estamos viviendo en un país húmedo. Por ello, dentro de los ciclos climáticos milenarios, nos ha correspondido vivir en un lugar y en un momento donde el clima, atendiendo a su meteorología, se puede considerar como semi-árido, y por lo tanto, con recursos hídricos limitados. Pero esas condiciones climáticas de nuestro territorio son bien conocidas desde hace milenios, ¿por qué ahora, desde hace unas décadas, existe una permanente preocupación por la insuficiencia de los recursos hídricos? Si, en sentido amplio y con los altibajos habituales, está lloviendo lo mismo que siempre, ¿por qué parece que cada vez haya más escasez de agua? La respuesta es sencilla, no tiene nada que ver con el cambio climático ni el calentamiento global, y ha sido ya esbozada al inicio de este artículo: porque estamos consumiendo más agua de la que podemos permitirnos. Y ese exceso no es debido a ningún cambio significativo que se hayan producido en la naturaleza, si no al radical aumento en la demanda de agua, especialmente durante el último medio siglo. En el momento actual, la inmensa mayoría del agua que se consume en España (80,4%), se destina a regadíos y usos agrarios, un 15,6% a uso urbano, y el 4% restante a usos diversos, incluyendo los industriales. Es decir, que es en el abastecimiento doméstico y agropecuario donde se centran los principales problemas de suministro.

Figura 4

La Figura 4 muestra la evolución de la población española desde finales del siglo XVIII (10.000.000 de habitantes), con un despegue considerable a partir de 1940 (24.000.000 habitantes), que ha llegado a duplicar prácticamente la población en la actualidad (47.000.000 habitantes). Estas cifras son más que ilustrativas, para poner en evidencia el formidable aumento en la demanda de agua asociada al crecimiento de la población. Pero además de los estrictos datos poblacionales, hay que considerar también los cambios en los hábitos y la evolución social que se produjeron en paralelo. Porque coincidiendo con el crecimiento demográfico, tuvo lugar un desarrollo económico que permitió la modernización de las viviendas, introduciendo el uso generalizado de sanitarios y cuartos de baño, especialmente en zonas rurales. También, un sector significativo de la población, pudo acceder a poseer una segunda vivienda, al mismo tiempo que cambiaba el estilo urbanístico de las ciudades, desarrollándose áreas de viviendas unifamiliares en su entorno. Ambas circunstancias trajeron consigo un incremento considerable en demandas de agua para piscinas y riego de jardines. Y por último, la avalancha de turistas extranjeros, que en algunas localidades costeras, durante el verano, suelen multiplicar por diez la población habitual. En el cómputo anual de 2019, antes de la pandemia, el número total de turistas alcanzó los 83 millones, casi el doble de la población española.

No es fácil cuantificar de forma precisa el impacto que, de forma combinada, han tenido los factores descritos en el consumo de agua. Pero de acuerdo con la información anterior, no es difícil estimar que, a lo largo de las últimas décadas, el gasto total de agua en áreas urbanas se ha multiplicado por un factor muy considerable.

Una evolución similar, pero aún más importante desde el punto de vista cuantitativo que la del consumo urbano, se ha producido con la agricultura. Como se ha mencionado anteriormente, la agricultura de regadío es con mucho la principal consumidora de agua en España, lo que no es de extrañar ya que nuestro país ha sido tradicionalmente agrícola. Pero el estilo de producción ha cambiado radicalmente durante las últimas décadas, en paralelo con la evolución de la población reflejada en la gráfica de la Figura 4. En efecto, desde la década de los años 50, cuando se inicia el despegue demográfico, la superficie de regadíos en España se ha multiplicado por tres (según declaraciones recientes a la prensa de Sergio Vicente, miembro del IPCC, véase el periódico El Mundo del 31 de Julio de 2023), y en el momento actual, un tercio de la superficie total de regadío de Europa la tenemos en España.

Un cálculo estimativo, combinando la evolución de la población y de las actividades agrícolas, indicaría que la demanda total del agua en el país se ha multiplicado por tres, aunque posiblemente se trate de un cómputo conservador y el aumento sea aún mayor. Pero en cualquier caso se trata de un dato lo suficientemente esclarecedor para responder, con rotundidad, a la pregunta planteada, ¿por qué hay déficit de agua? Si tenemos en cuenta, como hemos visto anteriormente, que la pluviosidad es la misma de siempre (dentro de la escala temporal que estamos considerando), pero gastamos tres veces más, es evidente que la culpa no la tiene el calentamiento global, el problema es simplemente que ahora gastamos mucha más agua que hace unas décadas, más de la que cae, y no se han actualizado las infraestructuras para aumentar la capacidad de suministro proporcionalmente al consumo.

¿Tenemos la infraestructura adecuada para hacer frente a la situación?

El imparable aumento en la demanda de agua, asociado al crecimiento de la población, que se viene registrando desde el siglo XVIII, y que se ha acelerado de manera significativa durante las últimas décadas, ha necesitado de la construcción de infraestructuras que proporcionasen soluciones a las necesidades existentes. Así, ya a mediados del siglo XVIII, se abordó la construcción de grandes infraestructuras hidráulicas, como el Canal de Castilla y el Canal Imperial de Aragón, con el objetivo inicial de facilitar el transporte, pero que en la práctica sirvieron (al abandonarse su uso inicial por la aparición del ferrocarril) para aumentar la superficie de regadíos. Un siglo más tarde, se inició una obra emblemática para el abastecimiento de uso urbano, el Canal de Isabel II, todavía responsable del abastecimiento hídrico de la ciudad de Madrid.

La construcción sistemática de embalses se inició a principios del siglo XX, teniendo un impulso definitivo a partir de los años 50, aunque algunos de ellos representaron la ejecución de proyectos más antiguos. Así, por ejemplo, el Plan Badajoz, quizás el más emblemático y ambicioso para poner en regadío una enorme extensión de tierras de secano, fue ya planteado a principios del siglo XX, bajo el nombre de Plan Gasset. Pudo haber sido llevado a término por la IIª República, pero no fue aprobado por las Cortes y su ejecución se inició mucho más tarde, a partir de los años 50, siendo culminado por los primeros gobiernos de la Transición, dos décadas más tarde. En conjunto, el denominado Plan de Transformación y Colonización, desarrollado durante la dictadura franquista, supuso la construcción de 615 embalses. El mismo noticiero al que se ha hecho antes referencia, el NO-DO, el que acuñó el término de sequía pertinaz, ofrecía sistemáticamente, con una frecuencia que fue motivo de chistes y chascarrillos, información sobre las inauguraciones de nuevos embalses por Francisco Franco. La presa de La Serena, en Badajoz, culminada en 1990, representó la última gran obra hidráulica de aquel programa, que no ha tenido continuidad hasta el presente, a pesar de que las demandas de agua han seguido creciendo.

Es imprescindible aclarar, que después de la construcción de tantos embalses, el aumento del consumo de agua no se ha debido sólo al crecimiento demográfico, sino también a la expansión de los regadíos, especialmente mediante la utilización de aguas subterráneas extraídas mediante bombeo. Así, durante las dos últimas décadas, entre los años 2000 y 2016, el uso de aguas subterráneas para agricultura ha aumentado del 4,08% al 22,4%, según declaraciones recientes a la prensa de Julia Martín – Ortega, catedrática de Economía Ecológica en la Universidad de Leeds en el Reino Unido (véase el periódico El Mundo del 31 de Julio de 2023). Lo cual, en términos absolutos, significa que del agua que extraemos del subsuelo, la gran mayoría, el 73%, se utiliza para la agricultura, dedicándose el 27% restante al abastecimiento urbano y usos industriales.

Este aumento impresionante en la extracción de aguas subterráneas, está generando situaciones problemáticas que pueden ser muy graves a medio o largo plazo, con situaciones muy diferentes según las circunstancias, contextos y características geológicas de cada lugar. Veamos un par de ejemplos representativos.

El primero, por antonomasia, debe ser el del famoso acuífero Sistema 23, en La Mancha Occidental, el acuífero más importante de la Cuenca Alta del Guadiana y también del Júcar. Abarca una superficie de 5.500 km² repartidos entre las provincias de Ciudad Real, Albacete y Cuenca, y está situado a una profundidad, relativamente somera, de 70 m. Debe tenerse en cuenta que cualquier bombeo de un pozo, modifica localmente los esquemas de circulación del agua subterránea y además, si se extrae agua por encima de la capacidad de recarga del acuífero, se deprime el nivel freático, haciendo que las aguas subterránea desciendan a una cota más profunda.

Como consecuencia de este tipo de situaciones, innumerables fuentes han desaparecido en toda España a lo largo de las últimas décadas, pero no porque haya disminuido la pluviosidad, sino porque ha descendido el nivel del agua en los acuíferos. Y por lo tanto, inexorablemente, también ha disminuido el volumen de escorrentía. Esto es precisamente lo que ha ocurrido en las partes altas de las cuencas del Guadiana y del Júcar, donde los bombeos han sustraído una cantidad significativa del agua que circula por los cauces fluviales.

Figura 5

Pero además de afectar al balance hídrico, los bombeos excesivos en el acuífero del Sistema 23, también tienen graves efectos medioambientales, dejando en seco el humedal conocido como Ojos del Guadiana, permitiendo la entrada de aire en el subsuelo y favoreciendo que la capa de turba acumulada durante siglos entrase en combustión espontánea y haya estado ardiendo durante años, quedando el ecosistema totalmente destruido. Incluso, las mismas Tablas de Daimiel se han llegado a ver afectadas en algunos años críticos (ver Figura 5), al reducirse seriamente la extensión del humedal y las zonas de nidificación de aves acuáticas.

Como segundo ejemplo, podemos mencionar la costa mediterránea, donde un porcentaje significativo del abastecimiento de agua para las saturadas áreas turísticas, se realiza mediante pozos. Además, durante las últimas décadas, aprovechando el benigno clima que tiene la franja litoral, los cultivos tradicionales de secano (olivo, vid, algarrobo, etc.), han sido sustituidos por frutales y cítricos de regadío (naranjos, caquis, aguacates, etc.), que se abastecen también por bombeos. En algunos casos, si se trata de pozos someros relativamente cerca del mar, el bombeo excesivo ha dado lugar al fenómeno, bien conocido por los hidrogeólogos, de salinización del acuífero por la intrusión del agua del mar. En otros casos, se han buscado desesperadamente nuevos caudales perforando pozos cada vez más profundos, que con frecuencia llegan a centenares de metros, explotando aguas subterráneas que tienen periodos de recarga muy largos, y que no podrán mantener indefinidamente el ritmo actual de explotación.

Puede concluirse entonces que, independientemente de una evolución climática que está muy lejos de ser tan rápida y crítica como algunos quieren hacer creer, no disponemos de la infraestructura necesaria para garantizar a largo plazo el abastecimiento de agua que requerimos.

¿Soluciones?

El problema que se le plantea a las próximas generaciones no es baladí. No existen expectativas realistas que auspicien un aumento significativo de la pluviosidad para el futuro a medio o corto plazo. Tampoco es factible reducir de forma drástica el consumo de agua, mediante la disminución de la producción agrícola o la rebaja de la actividad turística, ya que ambas actividades son auténticos pilares de nuestra economía. El sector turístico español es clave en la economía nacional y demanda muchísima agua. Por otra parte, nuestros invernaderos hortofrutícolas abastecen de frutas y verduras a toda Europa y son, nuevamente, una fuente importante de riqueza y trabajo.

Debe reconocerse que se han hecho esfuerzos para reducir el gasto doméstico de agua mediante campañas de concienciación, dirigidas a la población, que han conseguido que disminuya el consumo de agua. La línea negra en la Figura 6, representa la evolución desde 1997 hasta la actualidad del consumo medio de agua de los hogares españoles, que desde 2018 está estabilizado en torno a 133 litros/habitante-día, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), habiendo disminuido aproximadamente un 22% durante las dos últimas décadas.

Figura 6

Sin embargo, ese ahorro, aún siendo importante, no llega a ser suficiente si la población sigue creciendo y si además, no mejora la infraestructura disponible para aumentar la capacidad de suministro y para evitar pérdidas. Porque, ¿de qué sirve pedir a los ciudadanos que ahorren agua, si los sistemas de conducción y suministro tiene importantes pérdidas de caudal? En la Figura 6, la línea roja representa la evolución de dichas pérdidas, también expresadas en litros por habitante y día, que como promedio, suponen un tercio del agua consumida.

Por lo que se refiere a la agricultura, también se han hecho esfuerzos para reducir el consumo sin afectar a la productividad, en algunas ocasiones con considerable éxito. Este es el caso de la comunidad de regantes de la Acequia Real del Júcar (Valencia), que ha modernizado recientemente su sistema tradicional de regadío por inundación, sustituyéndolo por goteo, reduciendo el consumo de agua casi a la mitad, de 392 hm3 anuales en 1998 a 214 hm3 en la actualidad. Pero desgraciadamente, los resultados no han sido igual de satisfactorios en todos los sitios, porque estas reformas no son aplicables en todas las zonas ni a todos los tipos de cultivo. Además, no todas las comunidades de regantes están dispuestas a realizar las inversiones necesarias, ni en todos los agricultores ha calado suficientemente la cultura de ahorro del agua. Esta falta de sensibilidad hacia el problema, puede constatarlo cualquier viajero que atraviese los extensos campos de cualquiera de las dos Castillas, cuando en pleno estiaje y a las horas de máxima insolación, se ven en funcionamiento pivots por aspersión, con escasísima eficiencia del agua utilizada, dadas las enormes pérdidas que se producen por evaporación.

También, en algunas zonas costeras, se ha recurrido a la desalación del agua marina, pero los costos del proceso y el precio del agua resultante hacen inviable con frecuencia su utilización agrícola, por falta de rentabilidad, y en consecuencia, su utilización es muy minoritaria.

Puede concluirse entonces que, dada la situación actual y las perspectivas de futuro, si no cambia radicalmente nuestra estructura productiva y la tendencia socio-económica de la población, los problemas de escasez de agua, no sólo persistirán, sino que se irán agravando con el tiempo. Las medidas de ahorro y optimización son necesarias, pero no son suficientes, y las únicas soluciones reales pasan por acometer la ampliación y modernización de las infraestructuras requeridas, bien para almacenar agua, bien para hacerla llegar a donde se necesita desde las zonas donde existen excedentes, y sin que existan fugas por el camino.

Sin embargo, la realidad política actual, hace muy difícil que los argumentos técnicos, por evidentes y contundentes que sean, se impongan a los imperantes criterios ideológicos, regionalistas, sectoriales y partidistas. Hace ya más de dos décadas que el proyecto de trasvasar agua desde el Ebro hasta el Segura fue bloqueado por los criterios antes mencionados, aduciendo dudosas razones ecológicas.

Uno de los argumentos más utilizados en aquellos momentos fue criticar que el destino principal del agua del trasvase, sería la irrigación de campos de golf. Pero en realidad, cuantitativamente, el agua a utilizar para ese uso, hubiese sido absolutamente minoritaria respecto del consumo humano y la producción agrícola.

Además, el golf, como ocurrió con el tenis en la década de los 60, ha dejado de ser un deporte estrictamente clasista y elitista y ya se ha convertido en una actividad asequible para sectores de la población cada vez más amplios, además de constituir un gran atractivo turístico. Sin embargo, esos argumentos siguen aún utilizándose. De forma recurrente, en periodos de sequía, reaparecen las demandas ecologistas para no regar los campos de golf y cerrar las piscinas, sin considerar que esas propuestas afectan gravemente a una de las principales fuentes de riqueza y trabajo de la economía española.

A lo largo de las dos últimas décadas, los problemas de abastecimiento hídrico en el sureste peninsular han seguido aumentando. Y mientras tanto, se siguen vertiendo estérilmente al mar millones de litros de agua que nadie aprovecha, muy por encima de los caudales ecológicos definidos en nuestros ríos. Pero durante los últimos años aún hemos llegado más lejos. No sólo no se actualiza y amplía la infraestructura hidráulica necesaria, sino que se destruye parte de la que existe. De acuerdo con el informe elaborado en 2021 por Dam Removal Progress, ese mismo año fueron destruidas en España 108 barreras fluviales, incluyendo presas y azudes, casi la mitad del total de 239 que se han desmantelado en toda Europa. En algunos casos, se trata de acciones totalmente justificadas por la obsolescencia o la inutilidad de las estructuras. Pero en otros casos, las únicas razones han sido de empecinamiento ecológico, similares a las que se han aplicado para las recientes voladuras de varias centrales térmicas de generación de electricidad, como las de La Robla, Velilla del río Carrión, Soto de la Barca y Andorra.

Esta especie de furor por la demolición de unas estructuras, que algún día podemos volver a necesitar, son una auténtica aberración estratégica, que sólo se puede explicar por razones radical y estrictamente ideológicas, sin justificación técnica o económica. Así lo ha demostrado la tozuda realidad, cuando pocos meses después de las demoliciones mencionadas, del mismo modo que ha ocurrido en Alemania como consecuencia de los problemas de suministro de gas derivados de la guerra de Ucrania, donde después de haber apagado sus tres últimas centrales nucleares, ha sido necesario volver a poner en funcionamiento la central térmica de As Pontes (provincia de La Coruña), que llevaba años apagada. Si hubiese sido destruida como sus homólogas anteriormente mencionadas, no habría sido posible reactivarla cuando fue necesario.

En el caso de las presas y embalses, las razones que se aducen para su justificar su inutilidad, es que como consecuencia del cambio climático, al aumentar la evaporación, los embalses no pueden guardar las reservas de un año para otro y no es posible acumular agua en periodos lluviosos para utilizarla en periodos secos. Si tenemos en cuenta que, desde su construcción en la segunda mitad del pasado siglo, las presas y embalses han venido prestando un excelente servicio, cuesta creer (volviendo a los datos reflejados en la Figura 3) que un aumento de 0,3ºC en la temperatura planetaria, registrada a lo largo de 40 años, sea razón suficiente para que el aumento de evaporación convierta a los embalses en infraestructuras inútiles. Porque, ni tan siquiera aplicando la ley del embudo, se puede justificar la cuadratura del círculo.


El cambio climático:
comodín y cortina de humo para justificar la escasez de agua en España

por Enrique Ortega Gironés,
José Antonio Saénz de Santa María Benedet y Stefan Uhlig


Vivir y morir en Tailandia: algunas consideraciones jurídicas

Parafraseando para este artículo el título de una película norteamericana de 1985, titulada Vivir y morir en Los Ángeles (To live and die en L.A.), los hechos acontecidos en este mes de agosto en Tailandia, que están contando con una amplísima repercusión mediática, merecen realizar algunas consideraciones estrictamente jurídicas, valorando los datos hasta ahora conocidos por fuentes abiertas, para, a modo de supuesto práctico, examinar cuál sería la calificación que tales hechos merecerían desde un punto de vista penal y de acuerdo con el Derecho Español, esto es: como si el presunto delito se hubiera cometido en España, y no en el país extranjero.

Han de anticiparse dos cuestiones esenciales: primero, que cualquier filtración de datos de una investigación judicial en curso, esto es, en fase de instrucción, es ilegal. Así, el artículo 301 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECrim.) dispone: Las diligencias del sumario serán reservadas y no tendrán carácter público hasta que se abra el juicio oral, con las excepciones determinadas en la presente Ley. El abogado o procurador de cualquiera de las partes que revelare indebidamente el contenido del sumario, será corregido con multa de 500 a 10.000 euros. En la misma multa incurrirá cualquier otra persona que no siendo funcionario público cometa la misma falta. El funcionario público, en el caso de los párrafos anteriores, incurrirá en la responsabilidad que el Código Penal señale en su lugar respectivo. Por lo tanto, encontrándose los hechos en una fase de investigación, hemos de tener muy presente que, aunque exista la costumbre de presenciar en los medios la práctica integridad y las novedades que puedan darse en el curso de cualquier investigación judicializada, se trata de algo contrario a Derecho y sancionable. Cosa distinta será ya abierta la fase de juicio oral, que por su propia esencia es oral y pública. En definitiva: en España, nada justifica el volcado de los datos de una instrucción judicial a la esfera pública, no siendo para ello preciso que ésta se declare secreta, pues siempre, secreta o no, será reservada a las partes procesales y a los solos efectos del proceso.

en España, nada justifica el volcado de los datos de una instrucción judicial a la esfera pública, no siendo para ello preciso que ésta se declare secreta, pues siempre, secreta o no, será reservada a las partes procesales y a los solos efectos del proceso.

Y, en segundo lugar, no debe perderse nunca la perspectiva de que lo prioritario en este caso y en todos es el sumo respeto a los derechos de las partes, tanto de la víctima de los hechos como del presunto autor: el derecho a la protección del sujeto pasivo del delito como el derecho a la presunción de inocencia del presunto autor, hasta que en juicio se demuestre por las acusaciones su culpabilidad. No es lícita ni ética la apertura de juicios paralelos.

No es lícita ni ética la apertura de juicios paralelos.

Dicho lo anterior, y realizando ya un examen objetivo y abstracto de los datos existentes, los hechos acontecidos en Tailandia, consistentes en la muerte violenta de una persona y posterior desmembramiento de su cadáver, dejando al margen el móvil del presunto autor para cometer dichos injustos típicos (que queda siempre extra muros de la consideración técnica, pues el Derecho Penal sanciona conductas y no pensamientos), podrían ser presuntamente constitutivos de una pluralidad de delitos graves.

El Derecho Penal sanciona conductas y no pensamientos.

En primer lugar, la muerte violenta de la víctima es susceptible de integrar el delito de homicidio o incluso el de asesinato. La secuencia de hechos que ha trascendido por fuentes abiertas ha matizado que el devenir fáctico se inició con un puñetazo, cuyo efecto fue la caída al suelo de la víctima, golpeándose la cabeza. Seguidamente, el presunto autor degollaría a la víctima indefensa ocasionándole la muerte, según informe forense cuyas conclusiones han trascendido por fuentes abiertas. Si esta secuencia de hechos se demuestra, los hechos, en España, no integrarían un delito de homicidio. De no existir el degollamiento posterior, si la víctima hubiera fallecido a consecuencia del golpe, sí podríamos estar en presencia del denominado homicidio preterintencional, esto es: aquel que produce un resultado no querido o pretendido por el presunto autor, quien se habría limitado a golpear, con ánimo de lesionar (animus laedendi) que no de matar (animus necandi) a la víctima. Si ésta fallece, lo es por una consecuencia del golpe inesperada y no pretendida. En este caso, la penalidad es muy inferior a la del homicidio doloso, al considerarse como imprudente.

Pero en el caso que nos ocupa, el dato del degollamiento en un estado de inconsciencia de la víctima puede colocar a la acusación en otra tesis más grave: el ánimo de matar sería evidente con la acción dirigida a tal fin (el acto de degollar), realizado además en un contexto que facilita su comisión, como es la situación de inconsciencia de la víctima. En el supuesto de que tales extremos fueran acreditados en juicio, el delito concurrente no sería homicidio, sino asesinato, pues la diferencia entre ambos, teniendo los dos el mismo fin (arrebatar la vida a una persona) está en las formas o modos de su ejecución. Si el presunto autor 1) planifica la muerte de la víctima; 2) le genera un dolor gratuito; 3) o se vale de su desvalimiento para cometer el acto, dichas agravantes se integran en el tipo objetivo y llevan al asesinato. Es evidente que el aprovechamiento de una situación de inconsciencia de la víctima para cortarle el cuello es manifestación objetiva del animus necandi y de la situación de imposibilidad de defensa de la víctima.

Es evidente que el aprovechamiento de una situación de inconsciencia de la víctima para cortarle el cuello es manifestación objetiva del animus necandi y de la situación de imposibilidad de defensa de la víctima.

Conforme al artículo 139 del Código Penal Español (CP), una calificación jurídica de este tipo (asesinato), conllevaría para su presunto autor una pena de hasta veinticinco años de prisión. La pena de prisión permanente revisable, conforme al artículo 140 CP, solo sería susceptible ser impuesta en España si el asesinato: 1) se realiza sobre una víctima menor de dieciséis años o vulnerable; 2) si es subsiguiente a un delito contra la libertad sexual; 3) si el presunto autor forma parte de una organización criminal; 4) si son varias las personas víctimas de los hechos. En el presente caso parece que no concurren estos requisitos.

Resulta asimismo relevante indicar que, conforme a los datos que han trascendido por fuentes abiertas, el desmembramiento del cuerpo de la víctima al parecer tuvo lugar con posterioridad a su muerte. Este es un extremo necesario al efecto de considerar si el descuartizamiento se produce con la víctima viva o ya muerta. Si está viva y esto le lleva a la muerte, estaremos en presencia de la agravante de ensañamiento, al causarse un dolor innecesario, y se integrará en el tipo de asesinato, pudiendo imponerse la pena en el límite superior; si el desmembramiento lo es ya sobre el cadáver, concurrirá otro delito, además del de asesinato, cual es el de profanación de cadáver, previsto en el artículo 526 CP, en concurso real con el delito de asesinato (dos acciones separadas, que dan lugar a dos resultados diferentes, afectando a dos bienes jurídicos distintos de la víctima: su vida y el respeto a sus restos mortales).

La calificación de los hechos como un homicidio o asesinato conllevarían al enjuiciamiento a través de los cauces del Tribunal del Jurado, en el que el jurado popular, en el acto del juicio y una vez revisada la prueba (declaración del acusado y de los testigos, prueba pericial y documental) y tras las conclusiones definitivas e informes o alegatos finales de acusaciones y defensa, emitiría su veredicto, dando por probados o no los hechos, siendo el Magistrado del Tribunal del Jurado quien dictaría sentencia ajustada a dicho veredicto e impondría la correspondiente pena. La sentencia sería susceptible de diversos recursos hasta adquirir firmeza. No debe olvidarse, asimismo, que la confesión o reconocimiento de hechos del acusado, pero solo si es completa, coherente y continuada en el tiempo, supone una circunstancia atenuante.

Este sería, de forma muy resumida, el devenir sustantivo y procesal del caso si los hechos hubieran tenido lugar en España, dejando a salvo novedades y circunstancias que puedan ser objeto de prueba en el acto del juicio. Aquello que pueda tener lugar según el ordenamiento jurídico tailandés, puede ser muy diferente, en cuanto a procedimiento, penas y consecuencias para el presunto autor, al no tratarse, en modo alguno, de sistemas procesales equivalentes.


Vivir y morir en Tailandia: algunas consideraciones jurídicas.
Por Diego García Paz


Platón: el origen del verdadero saber jurídico

Una de las figuras más conocidas, preeminentes y representativas de la Filosofía, desde todas sus diversas vertientes, es el pensador griego Aristocles, conocido históricamente por su apodo: Platón (427 – 347 a.C.), así denominado por sus cualidades atléticas, pues su desarrollo físico le dotó de una espalda ancha.

Busto de Platón del siglo iv a. C. copia romana de un original griego (Museo Pio-Clementino del Vaticano)

Han existido ciertas investigaciones que han cuestionado la realidad de la existencia de Platón como persona, realizando un examen de su figura similar a la de Homero, afirmando que bajo su nombre se recogieron múltiples enseñanzas y técnicas de pensamiento que se habrían gestado a lo largo de la evolución de la vida intelectual griega y por parte de una pluralidad de filósofos anteriores y coetáneos a sus tiempos. Sin embargo, no debe dejar de subrayarse que si Platón acudió a la técnica del diálogo para mostrar sus ideas a sus alumnos o hizo uso de la mitología en la enseñanza fue, precisamente, atendiendo a su condición de buen y auténtico filósofo: con el fin de dotar de sencillez a lo complejo e ilustrar, e incluso amenizar, a quienes le escuchaban; ello unido a que, en su momento vital, la transmisión del saber era eminentemente oral, no acudiendo a la formula escrita como modo de comunicar el conocimiento, lo que tendría lugar con posterioridad. Además, la propia fundación de la Academia, cuna de su pupilo y amigo Aristóteles, quien, pese a sus diferencias, siempre mostró respeto y admiración por su maestro, confirma la plena realidad, como individuo histórico, del pensador padre de la Filosofía occidental.

Busto de Aristóteles en Roma, Palazzo Altemps

Platón desarrolló unos planteamientos filosóficos completos, que supusieron el análisis de todos los aspectos de la vida: desde la política, la ley, la estética, el amor o el uso del lenguaje, hasta su paradigmática tesis sobre las ideas, como fundamento de la realidad. Es esta línea de pensamiento (que se presenta como la base de todos los demás ámbitos especializados) la que me permite reflexionar sobre su decisiva vertiente jurídica.

Platón desarrolló unos planteamientos filosóficos completos, que supusieron el análisis de todos los aspectos de la vida: desde la política, la ley, la estética, el amor o el uso del lenguaje, hasta su paradigmática tesis sobre las ideas, como fundamento de la realidad

La forma con la que Platón expuso la doctrina de la ideas a sus alumnos fue por medio de una historia, un mito generado por el pensador: la caverna. En ella, una serie de personas encadenadas desde el principio de su existencia sólo podían ver, oír, y en definitiva sentir, aquello que se proyectaba en uno de los muros de la cueva, esto es, sombras, que, para ellos, constituían la realidad del mundo. Aquellas sombras eran la consecuencia de la proyección, desde fuera de la caverna, de la luz del sol sobre elementos o artefectos previamente creados. Los habitantes de la cueva no podían ni tan siquiera imaginarse que aquella realidad suya era una apariencia ni que la verdad era mucho más grandiosa. Hasta que, en una ocasión, uno de los habitantes de la caverna logró desatarse de las cadenas y salir al exterior. Allí, una vez que sus sentidos se acostumbraron a la luz, accedió finalmente a la verdad, y comprendió que lo que hasta entonces había considerado como real era un mero artificio, una sombra desvirtuada de lo verdadero; en definitiva, un engaño. Es a través de este relato como Platón expuso la diferencia entre el mundo sensible y el mundo inteligible, siendo el primero un reflejo muy desvirtuado de la verdad de la existencia, ubicada en un mundo no directamente perceptible por los sentidos, sino en un plano ontológico distinto, pero a la vez fundamento del sensible. La existencia de las ideas no se refuta por el hecho de que los sentidos humanos no las lleguen a percibir (pues estos sentidos son limitados al mundo de las apariencias, y por ello, pueden llevar al error si no hay una reflexión o cuestionamiento de aquello que se percibe) sino que, por el contrario, el mundo sensible puede actuar como un indicio del mundo real, para aquellos que mediante la razón así se lo lleguen a plantear, al estar dotados de los caracteres propios de los filósofos. Es más, incluso la percepción del mundo sensible y la identificación de los objetos y seres del mismo, si es posible, lo es por la anamnesis o reminiscencia: esto es, por una asociación implícita e indirecta que se hace entre las formas externas percibidas y la realidad que reflejan, derivando en su comprensión. En definitiva, si el mundo sensible llega a entenderse por la razón humana es porque en cada hombre, aunque lo niegue, hay un recuerdo del mundo de las ideas, del que realmente su propia vida deriva.  

Si el mundo sensible llega a entenderse por la razón humana es porque en cada hombre, aunque lo niegue, hay un recuerdo del mundo de las ideas, del que realmente su propia vida deriva

El traslado de esta tesis filosófica al campo jurídico es evidente: la dicotomía mundo sensible/mundo inteligible es la misma que existe entre Derecho Positivo/Derecho Natural. La norma jurídica escrita, positiva, no tiene un fundamento de legitimidad per se, derivado de su sola promulgación y entrada en vigor, ni su plena legitimidad nace de los aspectos de procedibilidad en su formación. Esta es su existencia formal, y los vicios derivados de la misma son tan limitados como el plano al que pertenecen, pudiendo ser subsanados de las formas en Derecho previstas. Pero, por encima de ello, una norma puede ser contraria a los elementos primigenios que la deben fundamentar. Estos principios no están en el mismo plano al que pertenece la norma positiva, sino en el ámbito ético, moral, esto es, de las ideas en términos platónicos. Cuestiones como la vida, la salud, la igualdad, la libertad, el superior interés del menor y otros no se limitan a ser reconocidos por el hecho de que la ley así lo haga, sino porque, con anterioridad, tales valores superiores conforman la ética pública. El camino de la ley, para ser tenida por tal, pasa por trasponer los valores éticos residenciados en el ámbito del Derecho Natural. Una norma positiva que contravenga tales valores será ilegítima, y se convertirá en un medio o instrumento para arropar, dotar de una mera apariencia de rigor jurídico, a los actos injustos. La norma escrita debe reflejar el Derecho Natural, e incluso así no pasará de ser una copia susceptible de errores, al no disponer de la pureza de los principios de un plano más elevado. Con mayor razón la ley dejará tan siquiera de poder llamarse ley si se separa de tales principios.

La norma escrita debe reflejar el Derecho Natural, e incluso así no pasará de ser una copia susceptible de errores, al no disponer de la pureza de los principios de un plano más elevado. Con mayor razón la ley dejará tan siquiera de poder llamarse ley si se separa de tales principios.

Puede entenderse perfectamente que Platón hablara de que el mejor gobernante sería un filósofo (un verdadero pensador, no sólo a efectos nominativos) pues conocería el discurso existente entre ambos mundos y daría lugar a las normas jurídicas plenas: esto es, al Derecho conformado por normas legítimas, al reflejar y aplicar los principios del Derecho Natural en la realidad tangible, no haciendo del Derecho un mecanismo útil para limitados e interesados fines, presentado como si fuera legítimo, cuando en verdad contraviene las bases que lo deben fundamentar y por lo tanto lo transforman en una monstruosidad.

La filosofía platónica, con posterioridad, estuvo sujeta a grandes críticas y revisiones. Así lo fue en términos generales y en las posiciones encontradas entre defensores del iuspositivismo y del iusnaturalismo (actualmente muy matizables). Pero no puede discutirse que Platón abrió el camino, fue el punto de partida de todas las vertientes del saber que en la Historia de la Filosofía se han dado, con un traslado absoluto a la concepción, a lo largo de los siglos y hasta la actualidad, del Derecho.

“Hasta que los filósofos gobiernen como reyes o, aquellos que ahora son llamados reyes y los dirigentes o líderes, puedan filosofar debidamente, es decir, hasta tanto el poder político y el filosófico concuerden, mientras que las diferentes naturalezas busquen solo uno de estos poderes exclusivamente, las ciudades no tendrán paz, ni tampoco la raza humana en general.”

“La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo.”

“La medida de un hombre es lo que hace con el poder.”

“Un recipiente vacío hace el sonido más fuerte, por eso los que tienen un menor ingenio son los más grandes charlatanes.”

“Uno de los castigos por rehusar participar en la política es que terminarás siendo gobernado por hombres inferiores a ti.”

Citas de Platón

Platón: el origen del verdadero saber jurídico
por Diego García Paz


Cenicienta, el diseño y su madrastra

Hubo un tiempo, no hace tanto, que se dio a conocer la historia de una madrastra que supo cambiar el cuento. De hecho, esa madrastra cambió conjuntamente con su hijastra. Y todo fue por un negocio…

Revisemos el cuento para ver si nos es útil (o, al menos, más útil que su antigua versión).


Cenicienta de joven
Imagen por Carmen Nikol Digital Art

Cenicienta es una chica joven y muy proactiva, una estudiante de moda que trabaja en una tienda de zapatos. Sueña con asistir a un importante evento de la industria de la moda. Su madrastra y sus hermanastras (hijas de la relación de su madrastra con un anterior matrimonio al de su padre), en este cuento, resulta que son fashionistas exitosas y, por ser Cenicienta una novata que solo trabaja en una tienda de zapatos, no toman muy en serio sus ambiciones. Ceni, que es como la llaman sus amigos, tampoco cree mucho en los estilos que disfrutan sus hermanastras

Un miércoles, una reconocida diseñadora de calzado y su equipo pasan por la zapatería donde trabaja Ceni. Ella, atrevida y pensando que pueden echarla por su osadía, comenta en voz alta que tiene una idea para crear un tipo de zapato, un diseño único que capturará la atención de todos los que lo conozcan. La diseñadora, extrañada pero llena de curiosidad por saber si puede robarle esa idea, deja de hablar con la propietaria de la zapatería y se dirige hacia Cenicienta para hablar con ella en un lugar más privado… Ceni comienza a tocar zapatos de una manera rara, mostrando un cierto talento al analizarlos, pero le deja claro a Clara, la diseñadora, que no le va regalar su idea si no le hace un contrato blindado de un año, de forma que, si la echa, deberá pagarle una cuantiosa suma. Así, Ceni conseguiría, al menos, suficiente dinero para poder invertir en sus diseños y venderlos a marcas más fuertes o crear su propia línea en el metaverso y en mercados como el americano y el italiano.

Clara. Imágenes por Carmen Nikol

Clara, al principio, no ve más que osadía y cierto talento. No está convencida de contratarla. Por eso, Ceni, le deja su teléfono y dirección para que la contacte si se anima. Sabe, perfectamente que su jefa la va a echar tras este desplante en la tienda. Sin embargo, al regresar a atender a los clientes, Moni, su jefa, le dice que también ella quiere saber qué le ha propuesto a Clara y que quizá sea ella misma quien le ofrezca una colaboración. Pero, Moni, es la madrastra de Cenicienta, por lo que, en un principio, no cree que vaya a ser buena idea. Los negocios entre familiares no siempre salen bien…

La madrastra de Cenicienta
Imágenes por Carmen Nikol

Durante un tiempo, Cenicienta sigue trabajando incansablemente en la tienda de zapatos, mostrando una pasión y un ojo para el diseño que eran evidentes para todos, excepto para su madrastra y hermanastras. Moni, de hecho, comienza a desestimar la idea de apoyarla. Ellas, siendo fashionistas exitosas, no veían más allá de su propio mundo y no apreciaban el talento real de Cenicienta. Tampoco era fácil hacerlo si no se le brindaba una oportunidad (eso que pasa tanto hoy en día). Con todo, y a pesar de sus desafíos, Cenicienta nunca perdía de vista su sueño de convertirse en una diseñadora reconocida en el mundo de la moda.

Otro miércoles, Cenicienta se topó con un concurso de diseño de calzado que ofrecía la oportunidad de asistir a un evento de la industria de la moda y presentar sus creaciones ante expertos y celebridades. Llena de emoción y determinación, Cenicienta comenzó a trabajar en un par de zapatos que reflejaran su estilo único y su visión artística. Se presentó dos miércoles más tarde y, casualidad, estaba allí, en el evento, Clara. Ésta, al ver a Ceni, se acercó de inmediato y le dijo: he estado pensando en tu propuesta y, claramente, estas aquí para presentarla. Quizá te vaya bien con ella y quizá no. Así que acepto el trato por el doble de lo que me propusiste (un año de compromiso al doble de sueldo) y que seas tú quien represente mis marcas a nivel internacional. Te formaremos en idiomas y en diseño. Siempre irás acompañada y tendrás todos los gastos cubiertos. La verdad es que maravilló cómo tocabas el calzado y hablabas de él y, sin duda, no quiero perder esta ocasión. Me lo puedo permitir y el talento tiene un precio. Mereces mi apuesta.

Cenicienta se quedó con la boca abierta y lo único que supo hacer fue abrazar a Clara y comentarle que, antes del final de esa misma mañana (siendo que el evento duraba tres días) quería ver el contrato y firmarlo. Clara, aunque se sorprendió bastante, echó una carcajada y mandó a su secretaria a redactarlo.

Pasado un mes, Cenicienta estaba diseñando a mano alzada lo que luego, al cabo de otro mes, ya estaba diseñando mediante las aplicaciones pertinentes. No solo era un gran talento en el diseño de calzado, también aprendía rápido y proponía nuevos materiales. Ceni tenía muchos amigos en el textil, gracias a los contactos de su padre. Armando ya había muerto pero se aseguró de que su hija conociese a todos los que pudieran apoyarla en un futuro.

Diego en Cenicienta, el diseño y su madrastra.
Por Carmen Nikol.

Diego, uno de los hijos de los industriales textiles italianos, conocía a Cenicienta desde su niñez. Le llevaba cinco años. Cuando Cenicienta tenía 11 años, y él era un joven inteligente que acompañaba a su padre para aprender lo que serían sus futuras funciones en la empresa que heredaría, Diego se fijaba en Ceni, en cómo tenía que trabajar en casa mientras sus hermanastras podían ir a la escuela de diseño y su madrastra no sabía cómo tratarla. Siempre quiso conocer cómo sería Cenicienta a los 20 años.

Un miércoles (sí, sí… un miércoles también), en una feria en Viena, se cruzaron y se quedaron mirando el uno al otro un segundo que pareció un año. Enseguida sonrieron y se abrazaron. Ambos estaban muy felices con el reencuentro. Ceni sintió una atracción inmediata y Diego un deseo irrefrenable de tenerla más tiempo en sus brazos. La invitó a cenar y, tras conversar sobre los proyectos de cada uno, Armando la cogió de una mano y luego de un brazo y luego de un hombro y luego, bueno… Luego montaron un negocio y tuvieron tres hijas.

Cenicienta y Diego posando para una revista de moda
Imagen por Carmen Nikol Digital Art

Pero, mientras iban llegando las hijas, el éxito de Cenicienta en la industria de la moda no pasó desapercibido. Su innovador enfoque en el diseño y su compromiso con la inclusión y la diversidad llamaron la atención de personas influyentes en el mundo de la moda, incluyendo a su propia madrastra que, por aquel entonces, ya había pasado de tener una zapatería a ser una empresaria multinacional con su propia marca de zapaterías, vendiendo desde Japón a Israel, pasando por USA y Colombia, etc. Todos querían tener en sus centros comerciales una zapatería Monique.

Después de ver el impacto positivo que Cenicienta estaba teniendo en la industria y en la comunidad, la madrastra comenzó a reflexionar sobre sus propias decisiones y prioridades. A medida que observaba a Cenicienta ganar reconocimiento por su trabajo, se dio cuenta de que había pasado demasiado tiempo sin contactar con ella así que, un miércoles, llamó a Cenicienta y le dijo que deseaba hablar con ella sobre negocios y conocer más sobre su nueva vida. Le pidió un perdón sincero por su falta de conocimiento y de sensibilidad en el pasado. Realmente se notaba que se sentía apenada por no haber sabido tratarla como madrastra, como madre sustituta. Le dijo que siempre sintió complejos por no tener un mayor instinto maternal con ella. Cenicienta, viendo cómo su tono al teléfono era humilde y, recordando que, ciertamente, no supo hacerlo mejor y que, por ello, solo supo darle un trabajo de dependienta en su tienda, recordó que también ella le propuso comenzar a colaborar en el pasado. Además, Cenicienta había llegado a esta industria gracias a los esfuerzos de su madrastra y fue ella la que le inspiró en la búsqueda de la autenticidad.

Ceni, con su corazón abierto y su naturaleza compasiva, aceptó la oferta de su madrastra y comenzaron a desarrollar una marca con la que Cenicienta entraría en todas las tiendas de su madrastra a nivel internacional. Ésta sería la que se encargaría de los gastos de publicidad y marketing y todos los derivados de la producción y de las presentaciones en ferias internacionales. Además, con Diego, comenzaron a desarrollar una línea de moda femenina y otra masculina que no solo destacaban por su estilo, sino que también promoviera valores como la inclusión, la sostenibilidad y el empoderamiento. La madrastra utilizó su experiencia en la industria para abrir puertas y establecer conexiones, mientras que Cenicienta aportó su creatividad y continua visión fresca del mercado.

La colaboración entre Cenicienta y su madrastra fue un éxito rotundo. Tanto que Diego propuso ser él quien pasase más tiempo con las niñas y se ocuparía de promover una exquisita educación en ellas: idiomas, viajes, conocimiento del mundo de sus progenitores, conexiones,… Ceni aceptó con una condición: no quería convertirse en lo que había sido su madrastra. Le pedía que, aunque ella viajase mucho, él se ocupase de que las viese muy a menudo y en entornos de calidad, donde compartir amor y estabilidad.

Su líneas de moda se convirtieron en un referente en la industria, y su enfoque en la responsabilidad social y ambiental ganó elogios y seguidores. La iaia Moni comenzó a desvincularse de la gestión del negocio y a pasar más tiempo con sus nietastras, de manera que Diego y Ceni comenzaron a compartir más tiempo juntos y a conocer cómo delegar sus funciones entre los trabajadores que ya estaban dentro de las empresas. También fueron grandes impulsores de la búsqueda de talento, tanto entre sus negocios como entre otros sectores, a través de ferias sectoriales y charlas para empresarios/as. El mundo estaba rifándose solo a los que ya tenían experiencia y eso debía cambiar. Bien lo sabía Ceni…

Cenicienta y Diego algo más mayores, disfrutando de su éxito.
Por Carmen Nikol Digital Art

La historia de Cenicienta y de su madrastra se convirtió en una inspiración para muchos y para muchas, demostrando que las segundas oportunidades y la transformación personal son posibles cuando uno está dispuesto a aprender de sus errores. El éxito que consiguieron también fortaleció la idea de que la competencia y/o las generaciones posteriores pueden ceder paso a la colaboración y que la verdadera belleza radica en la autenticidad y en hacer el bien a los demás, tanto como se pueda y un poquito más… Sobre todo, si es un miércoles.


Cenicienta, el diseño y su madrastra
por Carmen Nikol


Caronte

Capítulo # 17 del libro 101 Relatos del Periodismo
de la Editorial Vinatea
por Carmen Nikol | Relato corto dedicado a la figura de Carmen de Burgos


«¡Muero feliz porque muero dentro del triunfo republicano! ¡Viva la República!». Esta fue la última cita de Carmen de Burgos. Pero su pensamiento se lamentaba –como la mayoría– con un «No, aún no». En sus últimos momentos, miró con cariño a Gregorio Marañón, su gran amigo, así como al resto de médicos que no pudieron hacer nada por ella.

Caronte, por Carmen Nikol
Caronte, el barquero que, en la tradición clásica, recibe dos monedas (colocadas sendas en cada ojo del difunto o difunta) y que acumula grandes cantidades de dinero por trasladar a los muertos en su último destino final hacia la muerte.

Tampoco para Carmen hubo Caronte, pues yo también evoluciono con los tiempos. No necesito de barcos ni monedas. Desde hace mucho, me dedico a dar una buena bienvenida a quienes han merecido el respeto de la gran mesa redonda y a castigar, durante la eternidad, a quienes no lo han recibido. Aquí, en mi adorable morada a la que, a pesar de todo, nadie quiere venir demasiado pronto –como si el tiempo tuviese un mayor valor en vida–, la bienvenida se da a través de una mano amiga. Y Carmen la recibió de la Pardo-Bazán. Fue ella la que se le mostró en la luz del túnel, la que se la extendió para darle a entender que había pasado a mejor vida (ciertamente es así). Carmen la saludó con cariño y con resignación, con la inmensa inteligencia emocional de la que siempre había hecho un buen uso.

Acto seguido, se acercaron su principal editor, Augusto Suárez de Figueroa, el que consiguiera que publicase la mayor parte de su carrera periodística –cerca de 10.000 artículos– junto a Francisco Sempere –quien pondría la editorial valenciana a su entera disposición, tras comprobar su talento como traductora, y con quien publicó muchas de sus novelas–, su suegro, su marido… A éste, como siempre, también le perdonó, así como perdonaría en vida a María, su hija, junto a su amante, el gran Gómez de la Serna, quienes tuvieron un idilio que la martirizó casi fatalmente. Y sí: también a él lo abrazó, como a los demás.

Emilia, tras los primeros abrazos, la condujo a la sala de mesas redondas y, allí, se encontró con sus padres y amigos brindándole el calor que tanto necesitaba. Pero, además, junto a ellos, comenzó a ver a gentes que no acababa de reconocer con claridad, si bien, con su afilada intuición femenina, supuso que serían de la talla que esperaba encontrar al morir.

Caronte, por Carmen Nikol

Lo que verdaderamente no esperaba era que, en mi gran gran villa, todos y todas entraran con la capacidad que ofrece la brillante luz de hablar nuestro esperanto. Se maravilló en cuanto se comenzaron a presentar Hipatia, Olympe de Gouges, Flora Tristán, Emmeline Pankhurst, Dolors Aleu i Riera, Louise Michel, Isabel Barreto de Castro, Jeanne Baret, Rosario Weiss, Fátima Al-Fihri, Rosalía de Castro, Juana (la malinterpretada como la loca) y su madre Isabel la Católica; la recientemente allegada Dña. Julieta Banteri, Malinche, Catalina de Aragón, Lucretia Mott, María Andresa Casamayor, Mary Anning, Rosa Luxemburgo, Mary Shelley, Raymonde de Laroche, María Guerrero, Aspasia, Sophie Germain, la reina Victoria I, Lady Godiva, Nefertiti, Francisca Burdeos… Se sentía abrumada por tanto conocimiento, tanta mujer luchadora.

Tras estas presentaciones, vinieron las de los hombres que Carmen había estudiado y admirado a lo largo de sus largas jornadas de periodismo de investigación, siempre buscando fuentes fidedignas para todo lo que había conseguido publicar.

Emocionada, se giró hacia mí y me dio las gracias por la oportunidad que le ofrecía. ¡A mí! ¡A su ejecutora! Ella había entrevistado a muchísimas mujeres, y a muchísimos hombres, a lo largo de su vida; había hecho, además, varias encuestas sobre el divorcio y otras materias sociales. En su fin y cabo, podría entrevistar a todos/as los/as que habían fallecido antes que ella. Luego, se dirigió a la sala y expresó su gran gratitud, expresando que tenía intención de seguir con su labor periodística, a través de la eternidad, y que deseaba que quienes quisieran ser entrevistados que levantasen la mano (la mano, sí, porque aquí seguís teniendo la imagen que más os ha gustado de vuestra figura en vida). La sala se inundó de manos: todos y todas querían charlar con Carmen de Burgos, pues la mayoría la conocía bien por referencias o porque la había estado siguiendo mientras se dedicaba a su incesante labor de escritora. Era bien sabido que había sido la primera periodista española, la primera corresponsal de guerra (también); que había conseguido innumerables hitos, todos de la mano de su espíritu libre: defender una ley del divorcio, la abolición de las leyes que menguaban penas por abuso a menores o a las esposas, la defensa de otras formas de disfrute sexual, así como su incansable defensa de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, especialmente a la hora de conseguir el sufragio universal. Tanto se codeó con la realeza como con la clase obrera. Y siempre, siempre, quiso que el profesorado evolucionase hacia una educación más ecuánime.

Caronte | Carmen de Burgos
Imagen creada por Carmen Nikol

Si en la Tierra la llamaban, entre otros motes, la divorciadora, en mi reino la llamábamos la polígrafa. Su pluma rezaba a los versos de otros tantos autores, a los que honraba con otro de sus dones: la pericia en el ejercicio de las traducciones. Por todo lo que había conseguido, merecía el sobrenombre de diosa, pero aquí eso no se estila y, además, sabíamos que a ella no la educaron para ser religiosa pues era laica desde niña (no le hablaron de Dios ni de leyes en el seno de su hogar, por lo que organizó sus propias reglas y no era afín a figuras divinas ni eclesiásticas). Carmen de Burgos, almeriense de nacimiento y madrileña por devoción, era mucha Carmen.

Caronte, con sus riquezas derivadas de las monedas depositadas en los ojos de los muertos
Imágenes por Carmen Nikol Digital Art

Sabía bien que no se podía interpretar lo acontecido en otros momentos de la historia mirándolo con los ojos de su aprendizaje, de su experiencia vital. Aún así, y justamente por eso, tenía un gran interés en entrevistar a las batalladoras y a las que se tuvieron que cambiar el nombre (a uno de varón) o la imagen para poder ejercer oficios u obtener mejores oportunidades. Sin embargo, se entrevistó primeramente con Hipatia. El resto les escuchábamos con gran atención. Por desgracia, aquí no hay lápiz ni papel y la memoria no sirve del mismo modo, aunque podemos siempre regresar a momentos pasados y revisar lo que nos apetezca. Esa es nuestra gran ventaja. Y me incluyo en esta apreciación porque también yo lo disfruto.

Caronte | Carmen de Burgos
Imagen creada por Carmen Nikol

Llegado a un punto, se retiró del tumulto y me dijo:

  • Mi bienvenida desearía dársela, si me lo permites, a María Sabater, por ser la periodista que ha comenzado recientemente a ser locutora de radio (la parte periodística que a mí se me quedó pendiente). Y también, por supuesto, a mi querida Clara Campoamor, pues si no llega a ser por el trabajo que conseguimos conjuntamente (con su partido pudo entrar en el Congreso y culminar la lucha que tanto bregué), no existiría aún el voto femenino en mi querida España.
  • Así sea –contesté.

Ahora, me dirijo a ti, lector, para recordarte que aquí, en mi humilde morada, serás siempre bienvenido si forjas una vida con valores que no me molesten, si no resultas díscolo en cuestiones de moral y, por el contrario, vives con ganas de mejorar tu sociedad o, como infante, te portas bien.

Un saludo cordial,

La muerte (te sigo esperando)

Caronte | Carmen de Burgos
Imagen por Carmen Nikol

Caronte | Por Carmen Nikol
Capítulo # 17 del libro 101 Relatos del Periodismo
de la Editorial Vinatea

Vincent Van Gogh: simbolismo y Derecho

Van Gogh | La persona y el artista

Vincent Van Gogh (1853-1890) es uno de los mayores genios de la pintura. Nacido en los Países Bajos, su existencia estuvo marcada por trágicos acontecimientos, tanto derivados de las vicisitudes propias de la vida, como por su muy singular carácter. Siempre contó con el fiel y único apoyo de su hermano Theo, quien le acompañó durante toda su vida, le financió su desarrollo y actividad pictórica y le sostuvo en los momentos de debilidad, hasta el mismo final de sus días, falleciendo en sus brazos. A los pocos meses, Theo se reunió con él.

Se ha afirmado que Vincent Van Gogh estaba aquejado de algún tipo de patología mental, que le llevaba a momentos de angustia y desesperación vital. Lo cierto es que, como han podido estudiar especialistas en Historia del Arte, el pintor, aparte de su impulsividad, expresaba una gran sensibilidad y cariño en las cartas que escribía a su hermano y sus técnicas pictóricas no eran, en absoluto, fruto del delirio, sino consecuencia de un conocimiento específico y muy meditado del color con el fin de dotar a su obra de un efecto impactante.

Vincent Van Gogh | Por Carmen Nikol Digital Art

Van Gogh tiene un estilo pictórico propio y personalísimo. Puede afirmarse que es uno de los representantes del simbolismo en la pintura, que más tarde evolucionó hacia el impresionismo y el expresionismo. El simbolismo permite plasmar en la obra pictórica mundos oníricos que se interrelacionan con elementos de la realidad, empleando el color de una forma precisa para ocasionar una sensación auténtica en el observador. La obra de Van Gogh genera sentimientos en quien la contempla. Puede notarse la inquietud del pintor, mediante el empleo de diversas tonalidades del amarillo; aquellos momentos en los que atravesaba por periodos de una mayor tranquilidad, a través del uso del color azul; los vivos colores son realmente los protagonistas de la obra de Van Gogh, hasta el punto de que la forma de los objetos plasmados en el lienzo es posterior o secundaria a los colores, siendo éstos los que dotan de vida y efecto a la escena. No de otra manera puede entenderse que Los girasoles, como obra paradigmática, genere tantas sensaciones en quien la contempla, mucho mas allá del elemento material reflejado en ella. El pintor consiguió trasladar, a través de los tiempos, sus emociones más personales e íntimas; esto es: sus obras son un canal de comunicación emocional con el observador, quien sabe, al visualizar el cuadro, y aunque no sea capaz de expresarlo con palabras, como se sentía el pintor. La grandeza de Van Gogh es que, a través de sus cuadros, logró generar un vínculo emocional con él, siendo posible llegar a conocer muy bien al pintor, más allá de las variables espacio-temporales que le separan de quien admira su obra.

La grandeza de Van Gogh es que, a través de sus cuadros, logró generar un vínculo emocional con él, siendo posible llegar a conocer muy bien al pintor, más allá de las variables espacio-temporales que le separan de quien admira su obra.


Van Gogh y el Derecho

Estas reflexiones sobre la obra de Vincent Van Gogh considero que pueden ser perfectamente trasladadas al mundo del Derecho. Resulta algo incuestionable que la norma jurídica, cuando es objeto de estudio y de efecto práctico, genera en quien la examina y a quien se le aplica una opinión, un sentimiento, muy interiorizado, acerca de la justicia o injusticia de esa norma. Sin perjuicio de que la injusticia del Derecho Positivo, si este así lo fuera, puede llegar a ser determinada mediante técnicas jurídicas precisas como son la ponderación de los derechos afectados por ella, la interpretación de la norma con otras internas o internacionales aprobadas con un mismo fin (siempre dentro de parámetros objetivos y no bajo la influencia de factores exógenos o presiones externas) realmente tal injusticia es una sensación, un sentimiento, y aflora como consecuencia de elementos que no son directamente o a priori apreciables en el rigorismo técnico de una norma positiva. Precisamente por ello existen desde la  jurisprudencia, que se encarga de ajustar la aplicación de las normas para que éstas generen los efectos prácticos más posiblemente alejados de la injusticia, hasta las propias iniciativas legislativas que habilitan los cambios o derogaciones de normas jurídicas injustas.

Van Gogh y el Derecho
Por Carmen Nikol

La apreciación de la injusticia de la norma no viene, en consecuencia, sólo de sus elementos formales o materiales, sino de su sentido, de su trasfondo, de la verdadera razón de ser de esa norma. Del mismo modo que en la pintura de Van Gogh el color es el elemento crucial, y la forma el envoltorio, en el Derecho, el color de la norma lo proporciona el Derecho Natural; aquellas normas que estén basadas en los valores más esenciales de la humanidad, y por lo tanto dotadas de justicia, contarán con un color, esto es, proporcionarán la convicción interna de que esas normas son adecuadas; por contra, aquellas que carezcan de sentido, o conculquen los principios más básicos de la ética, serán normas opacas, oscuras, que generarán una profunda sensación de injusticia.

En definitiva, como ocurre en la pintura de Van Gogh, en la que el color es la fuerza motriz de los sentimientos en el observador, siendo la forma el elemento secundario, en el ámbito jurídico, la justicia del Derecho no viene proporcionada por la mera formalidad, sino por algo que se ubica en un plano más allá de ella, y que, de ser o no apreciado, genera la convicción de que tales normas positivas son, o no, verdadero Derecho, en el sentido de proteger los valores y principios esenciales de la humanidad, o aparentar únicamente cumplir unas finalidades que no persiguen, siendo otros muy distintos los objetivos que pretenden.  

“La conciencia es la brújula del hombre.” 

 “¿Qué es el dibujo? ¿Cómo se puede aprender? Es trabajar a través de un invisible muro de hierro que parece interponerse entre lo que uno siente y lo que uno puede hacer.”

“No es el lenguaje de los pintores, sino el lenguaje de la naturaleza lo que uno debería escuchar…El sentimiento propio de las cosas, en la realidad, es más importante que la sensación que transmite una imagen.”

“No puedo cambiar el hecho de que mis cuadros no se vendan. Sin embargo, el tiempo hará que la gente reconozca que mis cuadros valen más que el valor de las pinturas utilizadas en él.”

“Hay cosas en el color que surgen en mí mientras pinto, cosas grandes e intensas.”


Vincent Van Gogh: simbolismo y Derecho
por Diego García Paz