Estar en Babia

Hay una comarca en las montañas del norte de la provincia de León, en su límite con Asturias, que desde hace siglos es conocida con el nombre de La Babia, una zona que, durante la Edad Media, fue considerada como poco menos que el paraíso. Al menos, así lo creían los monarcas del joven reino leonés que, con más frecuencia de la debida, desatendían sus obligaciones de gobierno para disfrutar allí de sus cazaderos preferidos. Incluso, dicen las malas lenguas, que el Alfonso IX, el año 1212, en lugar de acudir a la trascendental batalla de las Navas de Tolosa, junto con el resto de reyes cristianos de la península, prefirió quedarse cazando en La Babia.

Por eso, desde entonces, cuando alguien no está donde debiera, o tiene su mente distraída en cosas diferentes a las que se están tratando en un determinado momento, se suele decir que está en Babia.

En el siglo XIX, en los aledaños de aquel paradisiaco enclave, fueron descubiertos importantes yacimientos de carbón, algunos de los cuales han continuado en actividad hasta hace pocos años. En una de estas minas, a mediados del siglo XX, se incorporó como responsable de la explotación subterránea un nuevo ingeniero. Durante su primera visita de inspección a las instalaciones que estaban a su cargo, comprobó que en el conmutador general del sistema eléctrico, de fabricación alemana, los rótulos que informaban a los usuarios sobre la puesta en marcha, estaban señaladas en el idioma de origen. Es decir, aus para la posición de desconexión y ein para la conexión, equivalentes a los términos ingleses off y on, a los que estamos todos habituados.

El ingeniero quedó preocupado por las posibles consecuencias que esta situación podría generar, alguna confusión en caso de accidente o emergencia, si es que fuese necesario interrumpir el suministro eléctrico con rapidez. Así se lo hizo saber al capataz, advirtiéndole que sería conveniente traducir al español aquellas etiquetas. 

Aquel hombre, un minero curtido por muchos años de mina, sorprendido por aquella petición tan extraña, pensó para sus adentros que aquel ingeniero novato debía estar en Babia. Pero se cuidó muy mucho de manifestar su extrañeza y, amparado por la oscuridad de la galería, disimuló como pudo su asombro. En el tono más amable del que fue capaz, respondió: ¿Para qué…? ¿No ve Vd. que ya está traducido? Lo entendemos todos muy bien desde hace años. Lo pone muy clarito: a uscuras y eincendido.

¿Para qué…? ¿No ve Vd. que ya está traducido? Lo entendemos todos muy bien desde hace años. Lo pone muy clarito: a uscuras y eincendido.

Ese día, yo no estaba allí, pero tal y como me lo contaron, lo cuento…

Basado en La Vuelta al mundo de un geólogo


Por Enrique Ortega Gironés


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Publicado por Enrique Ortega Gironés

Soy, por ese orden, geólogo y escritor. O simplemente, un geólogo al que le gusta escribir. Primero, docente e investigador en el Departamento de Geotectónica de la Universidad de Oviedo. Luego, en las minas de Almadén (Ciudad Real), y durante los últimos 20 años, consultor independiente.

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