El discutible consenso científico sobre el cambio climático

En el mundo de la Ciencia, casi nunca es todo blanco o negro. Como en otras facetas de la vida, existen muchos tonos grises. Es decir, que pueden haber varias explicaciones o hipótesis para un mismo fenómeno, lo que inevitablemente genera (como tiene que ser para que haya avance) controversias y discusiones. Sin embargo, a juzgar por las informaciones que aparecen con frecuencia en los medios de comunicación sobre el calentamiento global, parece detectarse una tendencia a considerar como concluidas las discusiones que, desde hace dos o tres décadas, se mantienen sobre el origen y la dinámica del cambio climático. 

Así lo sugieren al menos las noticias, contundentes y rotundas, afirmando que existe unanimidad entre los científicos sobre las consecuencias de la actividad humana en el calentamiento global. Esas informaciones dan a entender que el debate sobre esta cuestión ya está cerrado, que no queda más que hablar, que los científicos ya han alcanzado un consenso. Es decir, que existe unanimidad y todos los investigadores del mundo están de acuerdo (así lo sugiere una abrumadora mayoría de publicaciones e informes): el planeta se halla ante una grave emergencia y nosotros tenemos la culpa de su rápido calentamiento.

Como ejemplo, puede citarse la reciente noticia publicada por diversos periódicos (como La Vanguardia, La Razón o el argentino Clarín, entre otros), informando de que una revisión de 88.125 estudios publicados entre 2012 y 2020 en revistas científicas, indica que más del 99,9% de los artículos coinciden en que el cambio climático está causado principalmente por actividades llevadas a cabo por los seres humanos. Otras informaciones, un poco más conservadoras, reducen este porcentaje de consenso al 97%.

En el párrafo anterior, se ha resaltado en negrilla la palabra principalmente porque ese calificativo es muy importante, ya que está admitiendo implícitamente que además de la actividad humana, hay otros factores que están interviniendo en el proceso de cambio climático. Como se precisaba en la entrada anterior de esta sección en Entrevisttas.com (véase El Cambio Climático y la Mecánica Celeste), la existencia del calentamiento global es innegable, pero se trata de un proceso natural que viene sucediéndose desde tiempos muy remotos, y donde el nudo gordiano de la cuestión está en cuantificar las aportaciones humanas a ese cambio. Pero la prensa, sobre todo en los titulares, suele prescindir de esos matices. Como se puede apreciar en el ejemplo adjunto (La Vanguardia del 19 de Octubre de 2021), los seres humanos no son los autores principales, sino que tienen la responsabilidad única y exclusiva del calentamiento.

El discutible consenso científico sobre el cambio climático

Otro argumento frecuentemente utilizado con la misma contundencia, es el último informe elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático promovido por la ONU, el famoso IPCC (sigla correspondiente a su denominación en inglés, Intergovernmental Panel on Climate Change), publicado el pasado verano y que ha sido objeto de alarmantes titulares de prensa durante la temporada estival. El nivel y la capacidad de la institución que promueve este grupo de estudio, juntamente con el prestigio de los científicos que lo integran (en su componente de Ciencias Físicas Básicas participan 234 especialistas de 66 países diferentes), hace que muchos tiendan a considerar sus conclusiones como verdades inamovibles. Pero como decíamos al principio, en el mundo de la Ciencia casi nunca es todo blanco o negro, y en esta ocasión también hay tonos grises que conviene clarificar. Por muy elevado que sea el prestigio del equipo científico del IPCC, sus opiniones no deben ni pueden considerarse como dogmas indiscutibles.

A un geólogo suspicaz, le llama la atención que el mencionado informe esté focalizado tan sólo en lo ocurrido durante los dos últimos milenios, aunque todo sea dicho, sus conclusiones se extienden luego a un periodo más dilatado, comparando nuestro presente con el registro climático de los últimos 100.000 años. La figura adjunta resume gráficamente las principales conclusiones alcanzadas por el ICPP, interpretando que el calentamiento que está experimentando hoy el planeta, representa un aumento sin precedentes en los dos mil años anteriores. Y además, que en esos dos milenios se incluye el período de varios siglos sin interrupción, más largo y más cálido de los registrados  durante los últimos cien mil años.

El discutible consenso científico sobre el cambio climático

Sin duda, se trata de un relevante dato a tener en cuenta. Pero aunque ese periodo de 100.000 años pueda parecer larguísimo, desde el punto de vista de la dilatada historia de nuestro planeta, se puede decir que es insignificante. Esos cien milenios representan tan sólo el 0,00002 % de los tres mil quinientos millones de años (3.500.000.000) de historia de la atmósfera terrestre almacenada en los registros geológicos. No hace falta ser un experto estadístico para ver que un porcentaje tan mínimo no puede ser representativo de la realidad.

Cabe preguntarse entonces por qué el trabajo del IPCC se ha centrado tan sólo en un intervalo de tiempo tan breve. Es posible que tenga algo que ver la composición del grupo de científicos que lo integran, un conjunto multidisciplinar dominado muy mayoritariamente por meteorólogos y climatólogos, acompañados por físicos, matemáticos, oceanógrafos, y medioambientalistas entre otros especialistas, y donde los geólogos tienen una representación muy minoritaria. Es lógico que esas ramas de la Ciencia tengan una participación relevante, ya que han sido sus científicos quienes han estudiado cómo ha evolucionado el clima desde que se implantaron los primeros observatorios meteorológicos. Y también, quienes han desarrollado los instrumentos y la tecnología para medir y monitorizar lo que está ocurriendo hoy sobre la Tierra. Quizás por ello, como tendencia natural, tienden a focalizar sus estudios en los detalles y en los campos que mejor conocen, la historia más reciente del cambio climático.

Pero sin lugar a dudas, se podría obtener una visión más completa, objetiva y equilibrada del problema, si la visión se ampliase y se tomase en consideración el conjunto de la historia de la evolución climática del planeta. Si así se hiciese, podría comprobarse que los datos geológicos registran periodos de calentamiento mucho más extremos que los experimentados en los últimos cien mil años. Las informaciones obtenidas en los sondeos de hielo, ya comentadas en el artículo anterior (nos referimos de nuevo a El Cambio Climático y la Mecánica Celeste, una de cuyas gráficas adjuntamos aquí de nuevo), indican que los tres últimos ciclos de calentamiento anteriores al actual, entre los 125.000 y 450.000 años, muestran temperaturas máximas más elevadas que las de ahora.   

Pero esas diferencias son realmente insignificantes si las comparamos con lo que ocurrió con la evolución de la temperatura del planeta en periodos más antiguos. La figura siguiente representa en color azul la variación de la temperatura registrada durante los últimos 65 millones de años. La forma dentada del gráfico indica la sucesión alternante de periodos cálidos y fríos, mientras que la línea roja traza la tendencia promedio de la evolución térmica. Debe observarse también que la línea rosa vertical marca el límite entre dos diferentes escalas gráficas de representación. Sin ese cambio de escala, si la gráfica continuase con la pauta del periodo comprendido entre 3 y 65 millones de años, el descenso térmico sería mucho más abrupto.

El discutible consenso científico sobre el cambio climático

Es evidente que las oscilaciones térmicas en el extremo derecho de la gráfica, el que corresponde a los últimos centenares de miles de años, son nimias en comparación con los calentamientos acaecidos en periodos más antiguos. Desde esta perspectiva temporal, considerando que la Tierra ya ha experimentado (espontáneamente y sin intervención humana) etapas mucho más cálidas, se hace difícil aceptar que la situación actual represente verdaderamente una emergencia climática.

Debe tenerse en cuenta que, haciendo un poco de historia, las discrepancias entre las conclusiones reflejadas en los informes del IPCC y otros investigadores, vienen de antiguo. Allá por 1996, en los primeros años de andadura de ese comité de expertos, un prestigioso científico norteamericano (el profesor Federick Seitz, que llegó a ser presidente de la Academia Americana de Ciencias), publicó en el Wall Street Journal una carta denunciando que el informe del IPCC había sido manipulado a espaldas de sus autores, ya que algunos puntos importantes de las conclusiones habían sido suprimidos. La omisión más significativa, se refería a la falta de correlación entre el cambio climático y los gases de efecto invernadero, estableciendo que no podían atribuirse el calentamiento observado a consecuencias derivadas de las acciones humanas. El comité coordinador del IPCC se vio obligado a reconocer públicamente que, en efecto, habían suprimido esas conclusiones atendiendo a los comentarios recibidos de algunos gobiernos, algunas ONGs y otros científicos. Atendiendo al contenido de los informes posteriores emitidos desde entonces por el IPCC, podría decirse que cualquier voz discrepante ha desaparecido del grupo de científicos que lo integran.

También, es necesario hacer referencia de nuevo a la prensa y al modo en que algunas conclusiones del IPCC se transmiten a la opinión pública. En su último informe, los autores utilizan un lenguaje rigurosamente cauto, lo cual es correcto y adecuado, ya que la problemática del cambio climático es de tipo empírico, no ajustable a la exactitud y precisión de ecuaciones matemáticas. Por ello, hacen uso de frases deliberadamente ambiguas, como por ejemplo es probable que la influencia humana ha contribuido a cambiar el régimen de lluvias, la influencia humana es muy probablemente la causa principal para el retroceso de los glaciares, o es virtualmente cierto que la influencia humana esté produciendo la acidificación de la capa superior del agua en los océanos. Es decir, en lenguaje llano, que sus conclusiones no pueden ser afirmadas con total y absoluta seguridad. Sin embargo, cuando se transfieren esos resultados a la prensa, esos matices tienden a desaparecer y el texto de las noticias presentan dichas conclusiones como verdades absolutas y tajantes, que no admiten discusión, llegando a afirmar textualmente (así lo ha publicado algún periódico) que fulminan al negacionismo.

Llegados a este punto, se hace se hace necesario introducir un breve comentario sobre el significado de dicho término, porque dentro del calificativo de negacionista, se suelen incluir (además de los injustificables recalcitrantes que, de forma totalmente irracional, niegan todas las evidencias sobre el calentamiento global), a todo aquel que se desvíe de las tesis oficiales del IPCC. Cualquier científico que sin negar la realidad del calentamiento global, disienta de su origen antrópico y de las catastrofistas proyecciones hacia el futuro que se están realizando, es automáticamente calificado como negacionista.

También es necesario aclarar, por si acaso, que ese segundo tipo de negacionismo, no debe confundirse con anti-ecologismo. La Humanidad está en deuda con los movimientos ecologistas porque a ellos se les debe un logro que era tan imprescindible como urgente, introducir en la conciencia social que el equilibrio de la naturaleza es frágil y que es imprescindible cuidarla. A pesar de todos sus esfuerzos, puede decirse que gran parte de la especie humana continúa siendo significativamente cochina con su entorno. Por lo tanto, es absolutamente necesario poner freno con rapidez a una contaminación desenfrenada y creciente en aguas, suelo y aire, debida a emisiones tóxicas, vertidos incontrolados, abuso en la utilización de fertilizantes, uso indiscriminado de plásticos y un largo etcétera. Pero no deben mezclarse churras con merinas: no se puede confundir el control y la reducción de la contaminación, con las ilusorias batallas contra el cambio climático. Las emisiones contaminantes son responsabilidad exclusiva de la Humanidad, sin ayuda de ningún proceso natural, sólo de nosotros depende frenar y revertir esa lacra. Por el contrario, el cambio climático está sometido a ciclos naturales que están fuera de nuestro control, por mucho que nos empeñemos.

Dentro del grupo que, informalmente, podríamos calificar como negacionistas respetuosos con el medioambiente, hay personalidades científicas cuyo prestigio es, como mínimo, tan elevado como el de los integrantes del IPCC. Este es el caso, por ejemplo de Bjorn Lomborg, profesor universitario de estadística en Dinamarca, vinculado durante años a organizaciones ecologistas de primer nivel, y que por lo tanto conocen bien sus métodos y sus estrategias, que ha realizado publicaciones denunciando que muchos grupos ecologistas exageran su discurso catastrofista para infundir miedo, simplemente como método rentable para recaudar más fondos. En una reciente entrevista, hace tan sólo un par de semanas, en relación con la cumbre de Glasgow sobre el clima, ha declarado: creo que las temperaturas están tendiendo a subir, que la actividad económica del hombre exacerba ese aumento y que todo ello puede tener consecuencias negativas. Pero, de igual manera, pienso que es fundamental decir que no podemos tratar este asunto como si fuese más grave de lo que realmente es. Los datos demuestran que hay demasiado alarmismo en los grandes debates medioambientales. A menudo vemos que los políticos exageran la gravedad de determinados problemas para atraer un mayor apoyo hacia sus causas.

Algo similar puede decirse de Michael Shellenberger, experto en energía y activista medioambiental de primera fila durante décadas, que se opone igualmente al tremendismo catastrofista. En un libro de reciente publicación denuncia que no es cierto que miles de millones de personas vayan a morir en un futuro próximo, que el peligro por sobrecalentamiento del planeta es cada vez más bajo y que el ambientalismo apocalíptico está dirigido por poderosos intereses financieros.

La misma opinión tiene Steven Koonin, un físico teórico que fue asesor del presidente Obama en los Estados Unidos, quien ha denunciado la falta de objetividad con que se enfoca el problema del cambio climático, ya que no existen evidencias sólidas para afirmar que el mundo afronta una emergencia, puntualizando además que las metas que se pretenden alcanzar, no son realistas.

En la misma línea podemos incluir a Pascal Richet, investigador del Institut de Physique du Globe de Paris desde hace 35 años, además de profesor visitante en la Universidad de Stanford y el Instituto Tecnológico de Tokio, quien ha recibido numerosos premios en su trayectoria científica, y que ha publicado recientemente un breve artículo denominado Clima y CO2 : la evidencia frente al dogma. El título de su publicación es suficientemente indicativo sobre su contenido, donde incide también en la falta de relaciones causa –efecto entre los datos y las conclusiones que se están publicando sobre el cambio climático.

De la misma opinión es el famoso físico italiano Antonino Zichichi, profesor de Universidad de Bolonia y, entre otros cargos, Presidente de la Sociedad Europea de Física y de la Federación Mundial de Científicos, quien recientemente ha declarado que el calentamiento global depende del motor meteorológico dominado por la potencia del Sol, que controla el 95 % del proceso del cambio climático. Atribuir a las actividades humanas el calentamiento global, carece de fundamento científico.  

Quizás el caso más relevante y significativo entre los científicos supuestamente negacionistas sea el de Ivar Giaever, premio Nobel en Física y ex integrante del IPCC,  quien además de coincidir con los investigadores antes mencionados en la falta de proporcionalidad entre datos y conclusiones, ha denunciado públicamente en las conferencias que imparte, las presiones existentes para que no se publiquen en las revistas científicas más importantes aquellos artículos cuyo contenido tenga tendencia negacionista.

La lista de investigadores con opiniones diferentes a las publicadas por el IPCC sería muy larga, ya que las voces disonantes no llegan tan sólo desde personalidades individuales. En 2006, treinta y dos científicos con prestigio internacional en el ámbito de la climatología, firmaron la Declaración de Hohenkammer, asegurando que no hay bases científicas para aseverar que el calentamiento global se deba a los llamados gases de efecto invernadero. En marzo de 2009, un centenar de científicos norteamericanos publicaron en diversos periódicos (previo pago, ya que los medios se negaban a publicarlo) un artículo con un expresivo título: Con el debido respeto, señor Presidente, eso no es cierto, refiriéndose a las tesis del IPCC sobre el cambio climático.

En junio de ese mismo año, 60 científicos alemanes publicaron una carta abierta a la canciller alemana Ángela Merkel, en la que se expresaban en el mismo sentido. Y en 2010, mil investigadores de diversos países y disciplinas científicas, firmaron un manifiesto similar y lo presentaron en la Conferencia sobre el Clima de ese mismo año. Más recientemente, en septiembre de 2019, la Fundación de Inteligencia Climática (CLINTEL), una entidad que agrupa a más de 500 científicos de todo el mundo, envió al secretario General de la ONU un documento negando el papel del dióxido de carbono en el calentamiento global, afirmando que no existe emergencia climática y por lo tanto, no hay motivo para el pánico y la alarma.

No deja de ser sorprendente que todas esas iniciativas hayan tenido un escaso o prácticamente nulo eco mediático, mientras que se le otorga la máxima difusión a las tesis contrarias y se bombardea a la opinión pública con imágenes engañosas, tal y como fue ya comentado en un artículo anterior (véase Imágenes fraudulentas del cambio climático, también en Entrevisttas.com). A modo de ejemplo, se adjunta un montaje fotográfico, publicado por La Voz de Asturias el pasado 5 de Septiembre de 2021, donde se superponen las desérticas dunas del Sahara con la inconfundible silueta del Naranjo de Bulnes y otras cumbres de Picos de Europa, como fatalista premonición y vaticinio del futuro que nos espera, como consecuencia del inexorable calentamiento global.

El discutible consenso científico sobre el cambio climático

Volviendo al problema central que nos ocupa en este artículo, la cuestión es que los testimonios expuestos indican que existen suficientes opiniones diferentes a las tesis del IPCC como para poder afirmar que el preconizado consenso dentro del mundo científico sobre el cambio climático, no es tan unánime como se nos quiere hacer creer. El Prof. Pascal Richet, en su artículo Clima y CO2 : la evidencia frente al dogma, ya mencionado anteriormente, lo explica con claridad meridiana cuando textualmente, dice:

Que los efectos del CO2 sobre el clima son mínimos no es, ni mucho menos, una conclusión nueva, aunque los que ya lo han establecido sobre otras bases científicas chocan con el pretendido “consenso” sobre la cuestión. En realidad, esta noción de consenso no es pertinente aquí, porque la historia de la ciencia no es más que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusión durante mucho tiempo. Más bien, sirve de justificación para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma. Como ha experimentado el autor de estas líneas, el rasgo más inquietante del debate sobre el clima es el deseo de descalificar de entrada al adversario arrastrándolo a otros campos no relacionados con el problema, en lugar de ofrecerle comentarios críticos a los que podría responder científicamente. Sorprendentemente, el libre debate en que se ha basado el progreso científico en la Historia ha sido sustituido por acciones propias del totalitarismo como la difamación, el intento de silenciamiento y la persecución del disidente bajo amenaza de ostracismo. Quizá Aristóteles, con su lógica, pensaría que esta violencia y esta imposición son en sí mismas un indicio de en qué lado del debate se encuentra la verdad.

Después de una afirmación tan tajante por parte de una voz tan autorizada, poco queda que decir. El progreso de la Ciencia debe evitar los dogmas, facilitar el debate y cuestionar continuamente las hipótesis que explican los fenómenos observados, ya sea para confirmarlas o para sustituirlas por otras más satisfactorias. Actualmente, ese debate está siendo inhibido por la publicidad de una supuesta unanimidad científica, que está lejos de ser real. Para tener la certeza de que estamos realmente ante una emergencia climática, debe demostrarse que lo que está ocurriendo ahora es muy diferente de lo acaecido anteriormente, de forma repetitiva y cíclica, en épocas más antiguas. Es decir, tener la seguridad de que el planeta no ha atravesado ya anteriormente por circunstancias similares, o incluso mucho más extremas. Esa verificación sólo puede realizarse recurriendo al registro de la historia geológica, incluyendo en los estudios periodos de tiempo mucho más amplios de los considerados hasta ahora. No es de recibo atemorizar a la población, anunciando los centímetros que va a subir el nivel del mar en las próximas décadas, como si se tratase de un hecho extraordinario e insólito, mientras se silencia o se oculta que oscilaciones de más de 100 metros en el nivel de los océanos, vienen ocurriendo desde hace millones de años. Con oscilaciones, similares a las de la evolución de la temperatura, el nivel del mar está ascendiendo de forma prácticamente continua desde hace 18.000 años.

El progreso de la Ciencia debe evitar los dogmas, facilitar el debate y cuestionar continuamente las hipótesis que explican los fenómenos observados, ya sea para confirmarlas o para sustituirlas por otras más satisfactorias

Enrique Ortega Gironés

Por último, no debe olvidarse que la Ciencia nunca se ha regido (ni debe regirse) por criterios democráticos. El hecho de que hoy, un grupo de científicos que defiende el origen antrópico del cambio climático, sea presentado ante la opinión pública por los medios de comunicación como representantes de una mayoría aplastante, como si fuesen propietarios de la verdad absoluta, no implica que obligatoriamente sean sus poseedores exclusivos. Por mencionar un ejemplo conocido, en el siglo XVII, un grupo de expertos cualificados, con el máximo prestigio científico de la época y alentados por la autoridad global del momento, evaluó las ideas de Galileo sobre la posición de la Tierra respecto del Sol, y decidió por unanimidad que Galileo estaba equivocado, que nuestro planeta estaba fijo en el centro del Universo. Y, no obstante…, ¡eppur si muove!


El discutible consenso científico sobre el cambio climático | Por Enrique Ortega Gironés


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