Cicerón: un hombre frente a la corrupción

Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) es un referente inmortal para los juristas y pensadores de todos los tiempos. Dotado de una mente preclara, muestra de ello es que sus enseñanzas resultan de un sentido práctico manifiesto en pleno siglo XXI.

Hombre de vasta formación, vivió en una Roma sacudida por luchas de poder y por el progresivo deterioro de los pilares de un sistema de convivencia que se había configurado como modélico, transformado, en fin, en una mera entelequia, un trampantojo, una caja de resonancia de decisiones unilaterales revestidas de formalismo.

Nuevamente, y es algo que debe subrayarse, nos encontramos ante un pensador que no desliga sus tesis del necesario recurso al Derecho Natural, a los valores universales que deben regir la vida en sociedad, por encima de toda ley positiva, de modo que el vulnerar estos principios inherentes a través de la ley escrita no es sino un atentado contra la sociedad y un verdadero acto inicial de corrupción, sin perjuicio de su posterior ejecución mediante las decisiones políticas y los actos administrativos.

Cicerón: un hombre frente a la corrupción | Por Diego García Paz

Cicerón fue hombre de pensamiento ecléctico, con una base estoica determinante, lo que le llevó a clamar por la necesaria moral pública subyacente a toda decisión tomada desde instancias ejecutivas. Consciente, por su estoicismo, de la realidad del ejercicio de poder, ligada a la naturaleza humana y a sus ambivalencias entre la luz y la oscuridad, entendía que encontrar a una persona incorruptible, sabia, justa, y que buscase el bien común por encima del suyo propio, en la realidad y predicando con el ejemplo (más allá de los eufemismos verbales y de las apariencias formales) lindaba en lo imposible; por ello Cicerón siempre prefirió una forma mixta de ejercicio del poder, a través de los mejores o más preparados, que llevaran a la práctica los valores de sapientia, consilium y prudentia, pero siempre contando con el pueblo, y controlados por él, equilibrando de este modo la balanza, mediante un contrapeso que limitase la cuasi inherente tendencia hacia la corrupción de quienes ocupaban el más elevando peldaño en la toma de decisiones que marcaban el destino del propio pueblo.

Cicerón: un hombre frente a la corrupción | Por Diego García Paz

El dirigente, para Cicerón, había de ser una persona íntegra como primera y fundamental virtud, base de todas las demás; de coraje, para adoptar justas decisiones; culta e inteligente en su discurso y dotado de sensatez, para no separarse del camino marcado por la moral pública, a su vez materializada en las leyes positivas.

Es muy interesante destacar (y no sólo porque así lo viviera él mismo en una Roma carcomida) que Cicerón ya manifestó no sólo la necesidad de tener al poder contenido mediante un sistema de fuerzas equilibradas, sino la legitimidad para el alzamiento social frente a los actos quebrantadores de la moralidad pública, que suponen tanto una deshonra para la ley, a la que instrumentalizan al efecto de obtener eficacia obligatoria de sus arbitrarias decisiones, así como el germen de la misma destrucción del Estado.

Cicerón: un hombre frente a la corrupción | Por Diego García Paz

El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.

Marco Tulio Cicerón

Cicerón: un hombre frente a la corrupción | Por Diego García Paz


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6 comentarios sobre “Cicerón: un hombre frente a la corrupción

  1. Cicerón era de la clase de los Optimates, aristócratas históricamente privilegiados que veían peligrar (algo) sus abundantes privilegios frente a los Populares.

    A Cicerón por tanto (como al resto) hay que leerlos entre líneas. Los ultraconservadores de los Optimates (como siempre hacen los ultra-conservadores en todas las épocas) consideraban que los valores de la República (la República en sí misma) estaban encarnados en su clase social. Esta clase aristocrática podía por consiguiente estar corrompida…pero era la corrupción «natural» y la aceptada por él.

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    1. Buenas tardes: con independencia de la idea política que Cicerón tuviera, al margen de ello, la cuestión capital que hace de este personaje un referente es su filosofía, esto es, su elevado concepto de la ética como término filosófico, con abstracción de cualquier cuestión política. Como estoico, postuló unas reglas de moralidad objetivamente luminosas, y más aún en el entorno de la crisis de la moralidad que llegó a caracterizar a Roma en ciertos momentos de su historia, que por desgracia fueron tan intensos y prolongados que acabaron con el propio Imperio.
      Muy por encima de la política están las tesis filosóficas de Cicerón. Ocurre algo parecido con Séneca: ambos fueron grandes intelectuales, quizá muy elevados para un contexto, el político, que les restaba más que sumaba. De hecho, fue la vertiente política de ambos lo que les costó desde la difamación hasta la vida y lleva a pensar que tal vez hubieran estado mejor separados de ese mundo.

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  2. Creo que no se puede separar (sin caer en la hipocresía). De ahí que sus tejemanejes y sus constantes maquinaciones e intrigas fueran lo correcto para él (para su ética). Y de ahí su defensa del dictador Sila, ultra-conservador que llevó el terror a todas las esferas de la vida romana.

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    1. Filosofía, Ética y política son – considero – conceptos distintos y claramente diferenciables.
      Esto es así por desgracia, porque ojalá todos ellos fueran uno y no se pudieran diferenciar (otro gallo hubiera cantado hace siglos).

      Su comentario, no sin falta de razón, abunda en lo que expongo en el artículo: que Cicerón, y tantos otros, grandes desde un punto de vista del pensamiento, cometieron el error de entrar en un mundo que ha definido muy bien con el término que ha empleado (Ortega ya dijo lo mismo con palabras parecidas).

      El filósofo no debería entrar en ese mundo, a menos que la política fuera muy distinta, pues esa entrada le va a implicar asumir las dinámicas propias de ese ámbito, que nada tienen que ver con la Filosofía. Y además, le van a propiciar una mala fama, muchas veces sobredimensionada por los adversarios políticos, y por lo tanto partícipe de la misma hipocresía del mundo del que surge. Con todo, Cicerón, desde la dimensión filosófica (no hablo de política, que creo que no le llevó a nada bueno) aportó grandes ideas a la humanidad. Como ejemplo de lo poco que pudo reportarle a su nomen y fama la política es, precisamente, lo que es objeto del presente debate.

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      1. Sí, de acuerdo. Pero también conviene poner los pensamientos en el contexto (histórico).

        Cicerón era de «nadar y guardar la ropa» , equidistante en la vida real (que es diferente a la moderación estoica). De esta manera, aunque critica a Sila en su defensa a Roscio, esta crítica es indirecta y comedida. En definitiva, lo que quiero apuntar es que para Cicerón la República y sus virtudes eran él mismo (así lo dice al salir exilado tras el conflicto con Clodio: La República se va conmigo) y los valores filosóficos que preconiza son sólo aplicables a su clase social (la verdadera portadora de las virtudes republicanas para él), clase social privilegiada propia de un hombre muy rico e influyente (aunque se considerara un advenedizo: homo novus).

        De ahí, por ejemplo, que sea necesario contextualizar frases como: “La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre” , que dicho por un rico latifundista, esclavista y clasista queda más en la órbita de lo que apunto.

        Saludos.

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      2. En efecto, la política romana fue un contexto no precisamente ético en su devenir, hasta el punto de darle la puntilla al Imperio.
        Lo que pretendo resaltar de Cicerón no es su faceta política, que es la cara transitoria y contextual del personaje, para mí la menos relevante y por desgracia la que da más lugar a críticas y debates, sino lo que de atemporal tuvo su personalidad: la filosofía, aquello por lo que debe pasar a la historia y que no está sujeto a tiempo alguno, que le engrandece y diferencia, por tratarse de algo mucho más elevado.
        Saludos cordiales.

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