Sebastián Roa | Escritor y Policía

Novelista e Inspector de Policía

Sebastián Roa es lo que se desea de un amante: apasionado, enfocado en los puntos principales, valiente, culto, muy versado y sagaz. Y lo digo aún habiendo escrito, hace unos días, que las mujeres no tienden a piropear a los hombres. Pero, aquí, y con beneplácito expreso de mi marido, toca y mucho.

Turolense afincado en Valencia, Roa es un arma de doble filo: tanto es eficaz siendo inspector de policía como lo es siendo novelista. Y, en esta entrevista, voy a procurar afilarle en ambos sentidos, apelando a la condición humana y procurando conmover (como suele hacer él mismo) o, al menos, satisfacer muchas curiosidades que deben de surgirles a sus seguidores.

Muchos lo (re)conocemos como un escritor ejemplar que ha desarrollado su obra entre mundos pasados, principalmente basados entre civilizaciones antiguas y medievales, que escoge escudriñar personajes oscuros y brillantes, de altura y miserables, verosímiles y reales (o no) pero, sin duda, siempre cautivadores.

El Sr. Roa es un gran señor pero, como sus personajes, cuenta con una integridad llena de matices: es cercano y afable, con un tono siempre dulce en el habla, pero puede ser un crítico especialmente duro y ampliamente analítico mientras se pasea por esa mente suelta y llena de verdades que quiere (necesita) expresar.

Sebastián Roa | Escritor. Entrevista realizada por Carmen Nikol en www.entrevisttas.com
Sebastián Roa | Escritor

Es un hombre de familia con valores tanto clásicos como presentes, de los que tira a la hora de ejercer como parte del cuerpo de la Policía Nacional y con los que juega en sus profundos escritos: la ficción es su palabra y, aunque siempre en prosa, te agarra y machaca la mente casi poéticamente para que siempre puedas visionar cada escena y conjugar sus intenciones como escritor de altura y de amplio bagaje editorial.

Sebastián defiende que es novelista y, por ello, considera que ante todo se rige por conseguir poner siempre el foco en sus objetivos literarios, con una narrativa llena de recursos, sea haciendo uso de la veracidad o prescindiendo de ella si lo considera adecuado y con la sabiduría de hacer que sus personajes estén vivos, que la trama avance y el tema provoque preguntas (quizá, entre otras cuestiones, para incentivar la búsqueda, por parte del lector, sobre qué es real, qué es verosímil y qué es puramente ficción).

Menciono aquí sus novelas para que, aquellos que aún no le conocéis, no tardéis en hacerlo: Casus Belli (De librum tremens, 2007), El caballero del alba (Delibrum Tremens, 2008; Ediciones B, 2015), La loba de al-Ándalus (Trilogía Almohade 1, Ediciones B, 2019), El ejército de Dios (Trilogía Almohade 2, Ediciones B, 2015), Venganza de Sangre (Tropo 2009, con prólogo de José Luis Corral; Ediciones B, 2012), Las cadenas del destino (Trilogía Almohade 3, Ediciones B, 2016), Enemigos de Esparta (Ediciones B, 2018) y Némesis (HarperCollins, 2020).

Su obra Venganza de sangre venció en el II certamen de novela histórica Comarca del Cinca Medio. En 2010, ganó el premio Hislibris al mejor autor español de novela histórica. En 2011, Sebastián Roa obtuvo, con el relato medieval Cantar de Altabella, el premio del IX certamen nacional de relato histórico Álvaro de Luna. Y con la edición de 2017 de Las cadenas del destino mereció el premio de novela histórica Los cerros de Úbeda.

Para el deleite de sus seguidores, Sebastián ha impartido (y seguirá impartiendo) talleres de novela en los que brinda parte de su conocimiento. Es un hombre ocupado y complejo que busca tiempo para dejar su impronta entre otros/as que desean mejorar su propia literatura.


ENTREVISTA A SEBASTIÁN ROA

Sebastián, ¿a qué edad comienzas a escribir? Y, desde entonces, ¿cuánto tardas en publicar tu primera novela?

Escribí relatillos siendo niño, no sabría decirte la edad. Después, la escritura ha estado siempre presente, incluso en mi profesión. Mi primera novela la publiqué en 2007, con 39 años.

Te formaste en Derecho y Ciencias Policiales por la UNED y la Universidad de Salamanca. Es fácil pensar que, de algún modo, debe de haberte influido. Pero, ¿te asaltan paralelismos escribiendo novela histórica? ¿te resulta verdaderamente útil esta formación? ¿Qué es lo que te ha formado, específicamente, para desarrollar una carrera como novelista?

La formación académica te proporciona amplios panoramas, después están las muchas lecturas, claro. A la hora de crear dependo más de mis experiencias directas y de mi imaginación. Detalles de mi oficio. No concretos, sino abstraídos de momentos reales. Y sensaciones. El miedo, la rabia, el dolor…

¿Cuál(es) de tus novelas consideras más adaptable para configurar un guion de ficción audiovisual? ¿Más para cine o más para serie? Me consta que tienes cierta formación como guionista. ¿Escribes teniendo en cuenta, desde el principio, que tus novelas puedan convertirse en guiones literarios? ¿Cuánto te influye la Poética de Aristóteles en esto?

Aristóteles es el cimiento: por muchas vueltas que demos a sus principios, al final acabamos construyendo sobre ellos.

Aristóteles es el cimiento: por muchas vueltas que demos a sus principios, al final acabamos construyendo sobre ellos.

Sebastián Roa

En cuanto al guion cinematográfico, me interesa porque desde ese ámbito se ha trabajado mucho más el diseño de la trama que desde los talleres literarios. De hecho, el camino de mis historias, desde la idea hasta la narración final, tiene muchos puntos en común con lo cinematográfico. Pero hasta ahí llega la cosa. Llevar una de mis novelas al cine es inviable en España, tanto por las «especiales» características de la industria patria como por el presupuesto galáctico que se necesitaría. Y, obviamente, ni sueño con exportarlas.

El camino de mis historias, desde la idea hasta la narración final, tiene muchos puntos en común con lo cinematográfico.

Sebastián Roa

¿Mi obra más adaptable? Una serie sobre la Trilogía Almohade sería la repera. Y tal vez Némesis, mi última novela, sea la más fácil de pasar al formato película.

Podríamos decir que existen, como dicen los americanos, a punch of guys (un montón de tipos) dentro de Sebastián Roa: el marido, el padre, el profesional, etc. Pero, eso es algo común. Sin embargo, no lo es tanto cuando nos referimos a las formas de expresión. Eres digno de ser consumido tanto como ponente, como bloguero, como novelista o como profesor. Y lo digo porque tus expresiones oral y escrita varían sustancialmente. Hablando sueles hacer gala de una expresión dulce, afable, muy accesible; pero, escribiendo desarrollas dos muy distintas: por una parte, en tu blog y RRSS, usas una expresión cáustica, afilada, con referencias al refranero español e incluso a letras de canciones y, sí, siempre sabia; por otra parte, en tus novelas, usas un lenguaje erudito —pero asumible—, lleno de vocabulario afín a la época sobre la que te desenvuelves y con un sentido estético muy importante. Se podría decir que, en una jornada laboral como inspector del CNP, barajas múltiples personalidades. ¿Te resulta fácil navegar entre tantos Sebastianes? La parte analítica observadora y la que proyecta tu expresión, ¿cómo consiguen tener tanta holgura y ser tan constantes?

En narrativa adaptas tu voz a lo que quieres contar y a quién se lo estás contando, porque la historia es un todo compuesto de muchas partes. Posiblemente se puede aplicar este principio cuando uno se pone a hablar de literatura desde fuera. O a discutir sobre política, o a contar chistes. Tampoco es lo mismo tratar con un compañero, con una víctima o con un delincuente, o charlar con un amiguete sobre la próxima novela, o impartir una sesión sobre diálogos.

Más que múltiples personalidades, creo que tengo una sola, pero bastante compleja, incluso caótica. No estoy seguro de que siempre lo tenga todo bajo control porque reconozco que, a veces, me apasiono más de la cuenta. Aunque creo que sé dónde está cada cosa en ese desorden mío. También te digo que tengo cierta facilidad para separar. O sea, un clic y desconecto, de modo que lo que vivo durante el día no interfiere en lo que escribo por la tarde. Ahora que lo pienso, tal vez eso sea una necesidad, y por eso no escribo novela negra.

Tu sentido del humor también es digno de un cierto regimiento de análisis: eres dueño de un humor inglés a la española, muy mordaz y ampliamente metafórico, aunque sumamente vulgar, en muchas ocasiones, desvelando siempre un cerebro rápido que usa las florituras justas para que se te entienda alto y claro cuando te hierve la ironía. ¿Esto viene de tu parte turolense, de familia o lo has desarrollado con los años por tu experiencia como adulto? ¿O es un cocktail que elaboras de un modo singular y único? ¿Te asalta tu humor durante la escritura y debes frustrarlo por falta de rigor? He de decir que, cada vez que leo una entrada de las que haces a menudo, suelto una carcajada imaginando cómo la escribes y, también, que siempre pienso en que tu hija debe de haberlo mamado por tenerte como un referente ejemplar.

En lo de mi hija creo que tienes razón, sobre todo cuando se pone el plan bicho.

Por seguir tu orden: creo que la acidez cachonda la he desarrollado con el tiempo, y por el hecho de ser medio nómada, carecer de arraigo, haber vivido y trabajado en tantos sitios distintos, compartiendo momentos tensos con un montón de gente. Y tendrías que conocer a mis compañeros…

En escritura, procuro incluir algún personaje que dé salida a esa parte cabrona (lo que resulta muy placentero). Y más que preocuparme por el rigor, intento que la cosa se adapte al tono de la narración. Humor —negro y de los demás colores— ha habido en todas las épocas. Solo hay que leer a Aristófanes o ver las pintadas en Pompeya.

Seguro que, en tu proceso de creación de personajes y de gestión de las tramas, hilas muy fino. ¿Te consideras muy metódico? ¿Existe siempre una fórmula infalible para conseguir terminar tus novelas satisfactoriamente o te permites ciertas licencias en tu sistema creativo?

Fórmulas infalibles no creo que haya. Pero sí que soy metódico, sobre todo en el diseño de la trama. Dedico mucho tiempo a la planificación, luego la desarrollo recurriendo a esquemas y en progresión creciente. Esto tiene que ver con lo que me preguntaste antes sobre el guion cinematográfico. Pasa lo mismo con los personajes, también con la elaboración de la cronología histórica y los detalles de documentación. Pero esto no deja de ser una labor creativa, así que ni se me ocurre cerrar las puertas a las ocurrencias. Y tampoco soy rígido durante la ejecución. Una buena idea puede llegar en cualquier momento.

Como has comentado alguna vez, no dispones de mucho tiempo. ¿Cómo consigues ser un novelista prolífico, dedicar tiempo al ocio familiar, enseñar y trabajar como inspector? ¿Te has visto obligado sacrificar algo que ahora desearías recuperar o has podido combinar toda tu actividad con acierto en el uso de tu tiempo?

Más o menos me las he arreglado para hacerlo todo sin dejarme nada y para optimizar mi tiempo. Si algo he perdido, ha sido sueño; pero ya sabes: sarna con gusto…

Hay algo muy importante en esto, y es que siempre he contado con el apoyo de mi familia. Escribir no deja de ser una afición y, si supusiera un problema, simplemente dejaría de hacerlo.

Siempre he contado con el apoyo de mi familia. Escribir no deja de ser una afición y, si supusiera un problema, simplemente dejaría de hacerlo.

Sebastián Roa

¿Qué recuerdos conservas (y puedes decir aquí) de tu periodo como alumno del CNP? ¿Te surgieron dudas sobre si continuar o no en algún momento? ¿Ha cambiado mucho el sistema de formación? ¿Ha evolucionado mucho tu labor desde tus orígenes hasta ahora?

Es que yo entré muy joven en la policía, y las cosas se ven de otra manera. Fíjate: lo que más me preocupaba en Ávila, en la academia, era el tiempo que pasaba separado de mi novia (hoy mi mujer). Recuerdo mi año de prácticas como uno de los más emocionantes de mi vida. Claro, era 1990, yo tenía veintidós añitos y de pronto descubría todo aquello. Casi me lo tomaba como un juego, ¿sabes? O como una película. En esa época no dudé nunca, al contrario. Y yo creo que no ha cambiado mucho el sistema de formación, pero sí la preparación con la que los nuevos aspirantes llegan a Ávila. Ahora hay muchos más titulados universitarios.

En cuanto a mi labor, sí que ha evolucionado. Y en 32 años me ha dado tiempo a hacer de todo. Desde redactar diligencias hasta patrullar en un Zeta. He pasado varios trienios como investigador, he dirigido un grupo para luchar contra las bandas, he sido antidisturbios… A mí me pilló la implementación de la Informática, viví la consolidación de la mujer en el cuerpo. Hace dos décadas, tendíamos las camisas al revés para que los vecinos no supieran a qué me dedicaba. Hoy lo puedo decir en una entrevista. Dios, qué viejo soy.

Hace dos décadas, tendíamos las camisas al revés para que los vecinos no supieran a qué me dedicaba. Hoy lo puedo decir en una entrevista.

Sebastián Roa

Como inspector, ¿te influye/ayuda en algo ser escritor de novela histórica? ¿Encuentras una cierta retroalimentación entre estas dos vertientes profesionales?

Pues sí. Te pongo un ejemplo: a mí me enseñaron a redactar diligencias con un estilo casi decimonónico, con fórmulas rígidas y estructuras poco racionales. Todo eso lo dejé de lado y, sin olvidar nuestra legislación procesal, apliqué un estilo que se ha enriquecido con la ficción pero que puede aplicarse a la realidad más cruda. Y el resultado ha sido siempre bueno, por cierto.

Da gusto verte con tu familia, tanto con tu mujer como con tu hija. ¿De qué te enorgulleces como parte de la familia que has desarrollado? ¿Crees que te influye ser un hombre familiar a la hora de escribir?

Yo creo que todo lo que somos nos influye al escribir. Los personajes se reparten siempre esas cosas, igual que puedes usarlos para reflejar en ellos lo que no llegaste a alcanzar. Y claro que mis mujeres me enorgullecen. Al final lo demás da un poco igual, lo que importa son ellas.

Yo creo que todo lo que somos nos influye al escribir. Los personajes se reparten siempre esas cosas, igual que puedes usarlos para reflejar en ellos lo que no llegaste a alcanzar.

Sebastián Roa

Has usado la figura de la mujer en personajes principales y secundarios de tus novelas. ¿Te supone un reto hablar como mujer en los diálogos? ¿Qué te llama de escribir sobre mujeres y qué de escribir sobre hombres?

Siempre he estado rodeado de mujeres, hasta mis gatas son hembras. Cosas de la vida. De hecho me suelo llevar mejor con ellas que con ellos. En general no ha supuesto un problema construir personajes femeninos, y no tengo preferencias en ese sentido. Eso sí: fue complicado meterme en la mente de una mujer en Némesis, que está escrita, pensada y sentida en primera persona. Pero bueno, ahí tenía a mi hija, dispuesta a echarme unas buenas broncas para corregir mi mirada masculina.

El erotismo y la sexualidad tienen cierto protagonismo en tu ficción. ¿Cuánto le otorgas?

¡Mucha! Son importantes para mí en la vida, así que he de volcarlos en la ficción. La conditio sine qua non es siempre la misma que para la acción, la intriga, el amor o la mera descripción de un paisaje: no escribo escenas eróticas gratuitas. Todo lo que se narra ha de impulsar la obra, conducirnos hasta el clímax (venga va: en todos los sentidos) y hacer que los personajes evolucionen. Da igual que sea una batalla campal o una reunión de amantes enfervorecidos.

No escribo escenas eróticas gratuitas. Todo lo que se narra ha de impulsar la obra, conducirnos hasta el clímax y hacer que los personajes evolucionen.

Sebastián Roa

Documentarte vastamente sobre diferentes momentos históricos debe de generar material e inspiración para varias novelas en cada momento. ¿Tienes algún bloc con proyectos pendientes? ¿En qué estás ahora?

Tienes razón, Carmen, y también con lo del bloc. Alimento una carpeta de proyectos que crece y crece, sobre todo en el proceso de documentación. Se encuentra uno cada filón… Y bueno, ahí tengo proyectos de novelas históricas que transcurren en la antigüedad y en el medievo, sobre todo, pero también alguna cosilla más moderna, durante la Guerra Civil, o incluso en nuestro tiempo. No sé si me va a dar la vida para tanto.

Lo que ahora tengo entre manos es una novela sobre la culpa y la redención en la que muevo a un personaje medieval tradicionalmente considerado como un villano, y de paso me asomo a un hecho real y muy conocido, pero dándole la vuelta y mirándolo desde el otro lado. Un reto literario.

Lo más contemporáneo que has escrito, creo entender, es Casus Belli. ¿Qué te llevó a escribirla y por qué dejaste esta era para centrarte en el medievo y en los clásicos, especialmente los ligados a Grecia y a sus coetáneos?

Largo de explicar, pero te reirías. Fue una especie de pique. Un relato que escribí como respuesta a otro relato en el contexto de la enemistad entre israelíes e iraníes. Bombardeos de plantas nucleares y esas cosas. El proceso fue divertido, el resultado me sorprendió. Me planteé la posibilidad de alargarlo; pero por gusto, sin intención alguna de publicarlo. En fin, luego fueron pasando cosas y, como mi género favorito era la novela histórica, me atreví con una.

Con las épocas contextuales pasa igual. La Edad Media y la antigüedad clásica (Grecia sobre todo) han sido siempre mis favoritas. Ya sabes: uno escribe lo que le gustaría leer.

La Edad Media y la antigüedad clásica (Grecia sobre todo) han sido siempre mis favoritas. Ya sabes: uno escribe lo que le gustaría leer.

Sebastián Roa

Si tuvieses que acercar a un lector incipiente a la lectura sobre la Edad Media y sobre los clásicos, ¿qué diez características resaltarías, en cada caso, para potenciar su atención?

No sé si llegaré a diez, pero te diré unas cuantas razones para sumergirse en la Edad Media. De momento hay que despojarla de prejuicios y admirar su alto contenido erótico (Gawain y el caballero verde es lo que siempre me viene a la cabeza en estos casos, aunque no hay que olvidar la poesía andalusí o las trovas occitanas), los elementos transmisores de filosofía y ciencias jurídicas (veánse Averroes, Ockham o Santo Tomás), la aparición de las ciudades en su concepción moderna, y la custodia del saber sistematizada en monasterios y universidades. La Edad Media no es la época de las grandes persecuciones religiosas, ni de las brujas ardiendo en la hoguera, ni de las listas de libros prohibidos, ni de los reyes absolutos (eso vino después), pero durante ella se forjaron principios y valores que después se conservaron. Solo hay que leer fueros medievales como el de Teruel para encontrar, ojo, incluso derechos o situaciones igualitarias que después tardarían siglos en volverse a ver. Los parlamentos actuales o la figura del Defensor del Pueblo tienen precedentes medievales. Junto a todo eso, la Edad Media es una época peligrosa, donde la violencia no solo está latente, y se establecen códigos de honor. Pocas cosas más atractivas para construir una aventura literaria.

De la antigüedad clásica resaltaría la mitología, auténtico germen de toda narración, tanto temática como estructuralmente. La construcción de un pensamiento crítico, el paso de la predestinación al libre albedrío, el impulso a la filosofía, el nacimiento de la democracia… Para considerar lo atractivo de una narración basada en la antigüedad, pensemos en los frecuentes enfrentamientos (te pondré el ejemplo de las Guerras Médicas en el caso de Grecia, de las Púnicas en el caso de Roma), en la pugna constante entre civilización y barbarie, en el encanto de los antiguos pueblos bárbaros (esa resistencia numantina) y la convivencia del antiguo y atractivo politeísmo con las nuevas religiones (con menos dioses, y también con menos tolerancia).

¿Consideras que la educación española no brilla por incentivar la lectura de la novela histórica fraguada en nuestro propio país?

Por lo visto, ni de la novela histórica ni de ninguna otra. La educación depende, en última instancia, de la peste más grande que nos ha caído encima a los españoles: la clase política. De ahí no puede salir nada bueno (salvo para los propios políticos, claro). A alguien que medra con nuestra ignorancia y nuestra falta de sentido crítico no puede interesarle que leamos. Leer te hace pensar, te vuelve menos manejable, hace que los velos caigan.

La educación depende, en última instancia, de la peste más grande que nos ha caído encima a los españoles: la clase política.

Sebastián Roa

Sé que te molesta soberanamente que de la ficción se quiera sonsacar un documental, que de lo ficticio se quiera hacer cátedra en la realidad. ¿Cuándo te ha molestado especialmente?

Me molesta a todas horas porque ocurre a todas horas. En España es imposible sacar adelante una ficción histórica sin que ataquen las hordas de eruditos censores y sus radares de anacronismos. Importa poco si un personaje evoluciona bien o conduce una trama interesante. Pero, amiga, que no aparezca con un brial de mangas perdidas si debería llevarlas ajustadas.

En una entrada de tu blog, parafraseas la clásica pregunta ¿quién vigila a los vigilantes? (quis custodiet ipsos custodes?) y, al leerla, se me vino a la mente el Inspector Manuel Morocho. ¿Qué opinas, como homólogo, sobre lo acontecido con él?

Pues que ocurre como con la educación. La seguridad está en manos políticas, lo que en la España actual equivale a dejar un subfusil sin seguro en manos de un psicópata colocado de crack. Demasiado poco pasa.

La seguridad está en manos políticas, lo que en la España actual equivale a dejar un subfusil sin seguro en manos de un psicópata colocado de crack. Demasiado poco pasa.

Sebastián Roa

Como escritor, ¿qué te parece que se le nombre trama a las Gürtel y demás?

Ah, me parece bien. Tenemos lenguas ricas y preciosas en España, con muchos significantes para un mismo significado y con variedad de matices en una sola palabra.

¿Cuáles son las crisis de los últimos años que más análisis sociales te han suscitado?

La de valores, que se ha agravado en la última década, más o menos. Me resulta muy curioso cómo nuestra clase política ha convertido España en su particular labrantío de odio. Lo de los responsables políticos tiene su lógica, ya que le sacan provecho. Pero no termino de entender la forma en la que la gente traga con eso. ¿Ves el cuadro de Goya, el del Duelo a garrotazos? Faltan dos o tres políticos a cada lado, cobrando entrada para comprarse un chalet.

¿Qué te atrapa y qué repudias de una ficción en pantalla?

Me atrapa que esté honestamente construida, que su autor prefiera redondear su obra y dejar bien trazados los arcos evolutivos de los personajes. En el polo opuesto, repudio que me enganchen con buenos dramas y personajes cojonudos, y los jodan para sacar temporada tras temporada como quien fríe buñuelos en el aceite requemado. Aunque lo haya requemado un dragón pilotado por una Targaryen.

¿Es realista lo que vemos en las series respecto a la labor de un inspector de policía en un caso de asesinato?

En la ficción audiovisual española, que es la que yo puedo juzgar, no. Y en las novelas policiacas españolas, pues mira: tampoco. Pero no pasa nada. La ficción tiene sus propias reglas, y reflejar la realidad pura y dura daría lugar a series intragables y a novelas farragosas. Además, a los novelistas negros les gusta mucho darse aires con su conocimiento de la calle, de las cloacas del sistema y todo eso. No vamos a quitarles la ilusión, ¿eh?

Como inspector, ¿qué casos te han impactado más?

No te daré nombres, pero hace años anduvimos durante meses tras un auténtico hijoputa al que apodamos «Hombre lobo», y que se dedicaba a atacar a chicas jóvenes por las noches, en cierta zona de ocio valenciana. Era muy violento y, cada vez que actuaba, nos desesperábamos. Pero cayó, y lo metimos para dentro una temporadita larga. Un asunto digno de una novela. Tal vez algún día.

¿Qué te puede quitar el sueño?

Que mis seres queridos lo pasen mal.

¿Qué te motiva, aún hoy, de tu profesión como inspector de la policía?

A estas alturas, mis compañeros. Poco más.

¿Qué opinas del sistema de pagos por los derechos de autor, aún en activo, y qué de los pagos a los escritores ya jubilados?

Las regalías dependen de la actividad de la empresa privada, por lo que, tal y como está configurado el mercado editorial, estamos jodidos. En cuanto a los derechos post jubilación, una vez más debemos esperar a que se solucione políticamente. O sea: más jodidos aún.

Si el apocalipsis llegara en una semana, ¿cómo aprovecharías el tiempo? ¿Y si fuera en un año?

En una semana no, por favor, que quiero saber cómo sigue The mandalorian. Si el fin del mundo se programara para dentro de un año, a lo mejor me iría a las Cortes Generales con una espada de mano y media, a ahorrarles ansiedad a sus señorías.


Carmen Nikol

Cantante, Locutora, Presentadora, Ingeniero Técnico Agrícola… Averigua más pulsando aquí.

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