¿Cómo detener el ascenso del nivel del mar?

Uno de los temores que más ha calado en la población, como consecuencia de las informaciones periodísticas acerca del calentamiento global, es el miedo a que Neptuno amplíe sus dominios, invadiendo la tierra firme. No es de extrañar que el pánico al aumento del nivel del mar se haya extendido, si tenemos en cuenta las informaciones que difunden algunas organizaciones e instituciones oficiales, que además son amplificadas en gran medida por la prensa.

Así ocurrió, por ejemplo, con el artículo publicado por EL MUNDO el 25 de febrero de 2001, informando de forma apocalíptica sobre las gravísimas consecuencias inmediatas que traería consigo el cambio climático y el aumento del nivel del mar. Se profetizaba un Mediterráneo sin playas, Ámsterdam convertida en una Venecia del Norte, islas como Córcega y Sicilia amenazadas, y otros vaticinios del mismo jaez. Dicho artículo exageraba las previsiones del informe emitido en 2001 por el IPCC, el grupo de expertos en cambio climático de la ONU, donde se preveía que el nivel medio mundial del mar se elevaría un máximo de 0,14 metros entre 1990–2025 (4 milímetros al año), y un poco más rápidamente (5,3 milímetros al año ), si se consideraba un periodo más dilatado, entre 1990 y 2050. Más recientemente, la NASA ha informado que desde 1993 hasta 2019, el nivel del mar ha aumentado a un ritmo de 3,65 milímetros al año. Es decir,  algo menos del máximo previsto por el ICPP en 2001.

Diversos organismos, tanto oficiales como ONGs, están alertando de que, como consecuencias de esta elevación, la población que vive en pequeñas islas o en zonas costeras bajas, corre el riesgo de sufrir graves consecuencias sociales y económicas, y decenas de miles de personas que viven en ellas corren el riesgo de ser desplazadas. Esta amenaza es innegable, ya que el aumento del nivel del mar es un hecho constatado desde hace mucho tiempo, pero, ¿cuál es el origen de esta elevación? ¿La actividad humana está alterando el ritmo de los ciclos naturales? ¿Qué podemos hacer para frenarla o detenerla?

Desgraciadamente, no suelen difundirse informaciones fidedignas sobre la historia de las variaciones del nivel del mar, lo que permitiría una visión equilibrada (y sobre todo mucho menos catastrófica) del fenómeno que hoy estamos presenciando. En artículos anteriores ya publicados en ENTREVISTTAS, se ha detallado el origen de los ciclos de enfriamiento y calentamiento que periódicamente experimenta la Tierra. Son precisamente esos mismos ciclos, los que en su mayor parte (luego veremos que también intervienen otros factores), controlan las variaciones del nivel del mar.

En la figura adjunta, la línea azul en la mitad inferior, representa las variaciones del nivel medio del mar registradas por los datos geológicos durante los últimos 400.000 años, de acuerdo con los datos publicados por Hansen, Sato, Rusell y Kharecha en 2001. En la gráfica, el valor “cero” y la línea negra discontinua horizontal corresponden al nivel actual del mar. En la misma figura, la línea roja en la mitad superior, muestra la variación de la temperatura media del planeta durante el mismo periodo, obtenida a partir de los valores del isótopo de oxígeno O18 en los sondeos del hielo glaciar de Groenlandia.

variación de la temperatura media del planeta durante el mismo periodo, obtenida a partir de los valores del isótopo de oxígeno O18 en los sondeos del hielo glaciar de Groenlandia.

La comparación entre ambas gráficas pone de manifiesto que existe un estrecho paralelismo entre la evolución de la temperatura y la variación del nivel del mar. Dicha correlación es totalmente lógica y fácilmente comprensible, si tenemos en cuenta que la causa primordial del ascenso del nivel del mar está relacionada con la fusión de los hielos glaciares. Al calentarse el planeta, los hielos se funden y el agua procedente de esa fusión hace que la línea de costa avance tierra adentro. Además, al aumentar la temperatura del agua, ésta sufre una dilatación, aumentando su volumen, contribuyendo también a la elevación del nivel del mar. Por el contrario, al enfriarse el planeta, ocurren los procesos opuestos.

La geometría de las gráficas indica que las elevaciones de temperatura (y por tanto, del nivel del mar) son más rápidas que los descensos, ya que los tramos de curva ascendentes son más empinados que los descendentes. Esta diferencia se debe a que el agua de los mares tarda más en enfriarse que en calentarse, y la acumulación de varios miles de metros de espesor de hielo en los casquetes glaciares requiere más tiempo que su fusión.

El registro geológico de la evolución de la temperatura del planeta, muestra que tan sólo durante los últimos 60 millones de años, han existido cientos de ciclos de calentamiento y enfriamiento, similares a los reflejados en la figura anterior, y cada uno de ellos estuvo asociado al correspondiente ascenso y descenso del nivel del mar.  Así pues, la lenta elevación de las aguas que la humanidad está observando en los tiempos que corren, no representa una situación excepcional creada por el hombre, sino tan sólo uno más de los ciclos naturales que vienen sucediéndose desde hace millones de años.

Si centramos nuestra atención en la última parte de la gráfica anterior, comprobaremos que el momento más frío del último ciclo tuvo lugar hace aproximadamente 20.000 años. Los datos geológicos indican que, en ese momento, el nivel de las aguas estaba situado unos 120 metros por debajo del actual, y que desde entonces ha estado elevándose de forma incesante. Aunque ese ascenso no ha sido continuo ni ha tenido lugar a un ritmo uniforme (del mismo modo que ocurre con la temperatura, tal y como puede apreciarse en la gráfica anterior, se producen pequeñas oscilaciones y cambios de tendencia), el promedio indica una velocidad de elevación de unos 6 milímetros por año. En otras palabras, que ha sido necesario el transcurso de 166 años para que el nivel de las aguas se eleve un metro.

Ha sido necesario el transcurso de 166 años para que el nivel de las aguas se eleve un metro

Este dato, por sí mismo, permite afirmar que el aumento del nivel del mar durante los últimos 20.000 años, como promedio, ha sido más rápido que el que observamos ahora,  sólo de 3,65 milímetros año, según la NASA. Entonces, ¿por qué considerarlo cómo anómalo y catastrófico, si encaja perfectamente dentro de los ritmos naturales? Hay innumerables evidencias geológicas de que este tipo de cambios vienen ocurriendo desde hace millones de años, sin la intervención de la moderna sociedad industrial, sin que nuestras emisiones de dióxido de carbono hayan podido contribuir a los calentamientos que han provocado los sucesivos ascensos del nivel del mar. Quizás el ejemplo más ilustrativo, por tratarse de un hecho geológicamente reciente, se encuentra en el llamado Banco de Dogger, la porción más elevada del territorio antiguamente emergido denominado Doggerland.

El Banco de Dogger tiene una extensión de más de 17.000 Km2 (superficie equivalente a la provincia de Zaragoza), y está actualmente situado a una profundidad de unos 16 metros, bajo las aguas, entre Gran Bretaña y Dinamarca. En el mapa adjunto, en diferentes colores, se muestra la disposición de las tierras emergidas en el entorno de lo que hoy es el Mar del Norte, durante los últimos 16.000 años. Se trata de un extenso dominio que representó en su mayor parte tierra firme, hasta que el progresivo aumento del nivel del agua produjo la inmersión de Doggerland, y la separación de las Islas Británicas respecto del continente. Existen evidencias de que hace unos 6.500 años, el Banco de Dogger estaba todavía emergido, y el Estrecho de Calais aún estaba en seco, lo cual, teniendo en cuenta la profundidad actual, ofrece un ritmo promedio de aumento del nivel del mar de unos 2,5 mm al año. Es decir, un ritmo muy inferior al correspondiente para el conjunto de los últimos 20.000 años, lo que indicaría una ralentización en la velocidad de elevación del nivel de las aguas. Mientras estuvo emergido, Doggerland representó un hábitat adecuado para los asentamientos humanos, probablemente similar a las condiciones actuales de la tundra, como lo demuestran los abundantes restos fósiles (principalmente huesos y dientes de mamuts) y herramientas prehistóricas que se han encontrado. Dichos hallazgos han sido realizados mayoritariamente por los pescadores, que los han encontrado atrapados en sus redes de arrastre con bastante frecuencia, como se muestra en la fotografía adjunta.

En nuestro litoral también se encuentran abundantes evidencias de las variaciones del nivel del mar, que son especialmente sensibles en el Mediterráneo, ya que por la densidad de población a lo largo de sus costas, representa uno de los lugares del planeta donde tendrían un mayor impacto. Dentro de esta problemática general, el litoral de la región valenciana es especialmente sensible, por existir una extensa llanura litoral, con escasa pendiente, como se muestra en la foto adjunta, correspondiente a la Ribera del Júcar. En esas condiciones, una pequeña oscilación del nivel de pocos metros, afectaría potencialmente a una gran extensión de terreno. En esa planicie, la reconstrucción de la historia de la evolución del nivel del mar no es sencilla. El mar lleva ya 20.000 años ascendiendo, y por lo tanto, los vestigios de esa elevación están hoy ocultos por las aguas, en un fondo marino con un perfil muy llano, y por lo tanto muy remodelados por el oleaje y las corrientes marinas.

No obstante, gracias a modernas técnicas geofísicas, recientemente se han detectado frente a la costa del Golfo de Valencia, varias acumulaciones de arena, equivalentes a las líneas de dunas que vemos ahora en la parte trasera de las playas, que señalarían la posición de las líneas de costa, situadas a profundidades entre 60 y 80 metros. Debe tenerse en cuenta que, dada la escasa pendiente de la plataforma continental, un descenso de esas características implica un retroceso de la línea de costa (es decir un avance de la tierra hacia el mar) próximo al centenar de kilómetros.

Así puede apreciarse un poco más al sur, en la costa alicantina. En los mapas de la figura anterior (elaborados por el Departamento de Geología de la Universidad de Alicante), puede apreciarse cómo áreas que hoy están relativamente alejadas de la costa, como la isla de Tabarca, estuvieron hace 18.000 años englobadas en tierra firme. Después, hace 8.000 años, representaban un cabo, un saliente en el litoral. Hasta que el posterior aumento del nivel del mar, la dejaron aislada en su situación actual. El ascenso continuado de las aguas llegó a invadir las zonas actualmente ocupadas por el Mar Menor y la Albufera de Valencia, verdaderas cuñas de agua salada en tierra firme, aunque esta última fue artificialmente aislada del mar en el siglo XVII y transformada en un lago de agua dulce, para obtener el máximo aprovechamiento en el cultivo del arroz.

Los ejemplos mencionados anteriormente, hacen referencia a lugares que estuvieron emergidos y hoy han quedado bajo las aguas o separados de las masas continentales como islas. Pero también existen muchas evidencias de lo contrario, de episodios más antiguos donde el nivel del agua se situó por encima de la cota actual. Así lo atestigua, por ejemplo, el hallazgo del esqueleto de un elefante (terrestre, no marino) en la cueva de Buelna, en la costa asturiana. Los restos óseos aparecieron englobados por arenas formadas casi exclusivamente por fragmentos de fósiles marinos, tal como muestra la fotografía adjunta, correspondiente a un fémur.

Fotografía cedida por el Prof. Miguel Arbizu Senosaín

Una situación así sólo puede explicarse si el cadáver del animal fue arrastrado hasta el mar, las corrientes lo empujaron hasta la cueva, siendo allí enterrado y fosilizado conjuntamente con los fragmentos fósiles que lo recubrían. Teniendo en cuenta que el hallazgo fue localizado a 8 metros por encima del nivel del agua en bajamar, debe deducirse que hace unos 140.000 años (la edad indicada por el fósil del elefante y también de los fragmentos que lo engloban), la cueva estaba situada varias decenas de metros bajo las aguas, ya que los fósiles que engloban al elefante tenían un hábitat de plataforma marina, de mayor profundidad.

También en la costa asturiana, yendo aún más hacia atrás en el tiempo, existen evidencias de que el nivel del mar, hace varios cientos de miles de años, se situó muy por encima de su cota actual, como indica el nivel de su llanura costera, también conocida como rasa, que representa una antigua superficie de abrasión marina, es decir la superficie del fondo marino más próximo a la línea de costa. Dicha superficie plana, está hoy limitada por un abrupto acantilado, indicando que el antiguo nivel de las aguas se situaba unos 100 metros por encima del actual, tal y como puede apreciarse en la fotografía adjunta, correspondiente a Cabo Busto, en los alrededores de Luarca.

La fotografía siguiente, muestra un estrato de cantos, gravas y arenas marinas, pertenecientes a la antigua zona de playa, hoy situada a 100 metros por encima del nivel del mar.

Fenómenos similares se detectan también en la costa mediterránea, donde hay evidencias de que hace aproximadamente 140.000 años, algunos promontorios costeros (como por ejemplo la Montaña del Oro, donde se asienta el Castillo de Cullera) fueron islas totalmente separadas de la línea de costa, situada en aquellos momentos varios kilómetros hacia el interior. En esas condiciones, terrenos que miles de años más tarde estarían emergidos, fueron en aquellos momentos totalmente cubiertos por las aguas. De nuevo, la isla de Tabarca puede servir como ejemplo, ya que su superficie está cubierta de sedimentos marinos, como lo demuestra la presencia de fósiles (véase fotografía adjunta), indicativos de que en un tiempo estuvo totalmente sumergida.

Pero, debe de tenerse en cuenta, que las diferencias entre el nivel del mar actual y el indicado por antiguos restos fósiles, ha de ser considerado con muchas precauciones, porque puede tratase de datos aparentes y engañosos, ya que la superficie terrestre no es tan estable como parece. Antiguamente, antes de que se establecieran las bases de la geología moderna, cuando se encontraban fósiles marinos en estratos situados en las cimas de las montañas, se interpretaban como restos del Diluvio Universal. Hoy en día, sabemos que esas capas fueron sedimentadas en el fondo marino y posteriormente han sido elevadas hasta su posición por los empujes asociados al movimiento de las placas tectónicas.

Esos movimientos no son bruscos, ni catastróficos, sino muy lentos, inapreciables a simple vista y están ocurriendo sin que nuestros sentidos puedan percibirlos. Hoy en día, el Everest sigue creciendo imperceptiblemente, a medida que la India sigue presionando contra Asia y el Montblanc también continua su ascenso gracias al empuje de África sobre Europa. Y no hace falta situarse en una cordillera, en una zona sísmica o en un área volcánica, para que dichos movimientos existan. La corteza terrestre no es estática y se está desplazando continuamente en sentido horizontal (sin que nos demos cuenta, cada año, el Atlántico se hace más ancho y América se separa unos cuantos milímetros de Europa).Y a veces, también en la vertical.

La tecnología actual, gracias a los GPS, permite detectar y medir con precisión dichos desplazamientos. Si tomamos como referencia exclusiva la tierra firme para medir las variaciones del nivel del mar, corremos el riesgo de cometer errores importantes. Porque las oscilaciones aparentes del nivel marino, las que nosotros podemos ver y medir, se deben en realidad a la combinación entre las variaciones producidas por la formación o la fusión de los hielos polares, y los desplazamientos verticales de la corteza terrestre en cada lugar. Estos movimientos pueden ser hacia arriba o hacia abajo, atendiendo a la naturaleza de los fenómenos tectónicos de cada zona, haciendo que la línea de costa tienda a avanzar o retroceder, sustrayéndose o sumándose a las variaciones climáticas del nivel del mar. Estas últimas, las que se deben exclusivamente a las variaciones de temperatura y al crecimiento o disminución de las masas de hielo glaciar, tenderán a ser similares en todo el planeta. Sin embargo, las oscilaciones reales en cada lugar, serán el resultado de la combinación entre ambos procesos. Así por ejemplo, en el litoral oriental de la península Ibérica, existe una tendencia generalizada al ascenso del nivel del mar, ya que varias fallas paralelas a la línea costera, tienden a hundir los terrenos ribereños, haciendo que el ascenso aparente del nivel del mar sea mayor del real. Así lo demuestra el registro continuo de la estación GPS permanente de Valencia, que entre los años 2000 y 2019, muestra un desplazamiento vertical negativo de 1 milímetro al año, y por lo tanto un aumento aparente del nivel del mar de un metro cada milenio. Es decir, que en este caso particular, la información disponible indicaría que el ascenso del nivel del mar registrado durante los últimos 20.000 años, además de las causas climáticas, se ha visto complementado por los procesos tectónicos.

El fenómeno contrario puede observarse en la zona nórdica de Europa, donde a pesar de estar fundiéndose el casquete glaciar, el ascenso del agua es compensado por la elevación que está experimentando el terreno, como consecuencia de la descompresión, al verse paulatinamente liberado del enorme peso de varios miles de metros de espesor de hielo (un proceso geológico que se denomina isostasia). En ese caso, el resultado de la combinación de ambos procesos es un avance de la tierra hacia el mar y un aparente descenso del nivel del agua, aunque en realidad el valor absoluto del nivel del mar está ascendiendo. El mismo proceso tuvo lugar en la costa asturiana, en la rasa antes mencionada, donde una buena parte de los 100 metros de desnivel entre los niveles antiguo y actual del nivel del mar, se deben a movimientos tectónicos verticales del terreno.

En estas condiciones, aun sabiendo que puede ser variable de unos lugares a otros, ¿cómo podemos esperar que evolucione el nivel del mar en el futuro próximo? Hemos visto anteriormente que su comportamiento actual encaja perfectamente dentro de los ritmos naturales registrados durante los últimos 20 milenios, sin que se detecten velocidades anómalas achacables a las actividades humanas. Sin embargo, a pesar de estas evidencias y sobre la base de modelos estadísticos parametrizando el cambio climático, el IPCC ha actualizado en 2021 sus previsiones, pronosticando que el nivel del mar aumentará 43 centímetros hasta el año 2100, lo que implica un ritmo elevación de 5,5 milímetros al año. Debe recordarse que el valor promedio de la elevación del nivel del mar registrado por datos geológicos durante los últimos 20.000 años, es de 6 milímetros al año. Es decir, que estas previsiones del IPCC estarían aún dentro del rango, o incluso algo por debajo, del ritmo impuesto hasta ahora por la naturaleza.

Otras fuentes de información, no basadas en cálculos estadísticos, sino en datos reales (medidas directas de mareógrafos), indican ritmos de ascenso más moderados. Así, el informe CLIVAR señala que en las costas españolas del Atlántico, se han registrado aumentos sostenidos del orden de 1.4 mm/año, si se considera todo el siglo XX, y de más de 2 mm/año si se considera sólo la segunda mitad del siglo XX.  Es decir, valores más moderados que las variaciones registradas en la isla de Doggerland (2,5 mm al año como promedio para los últimos 6.500 años), y mucho más lentos que los correspondientes a los últimos veinte milenios.

La comparación entre la información proporcionada por los mareógrafos y el registro geológico, permite concluir que el nivel del mar, sin ninguna intervención humana, ha estado ascendiendo durante seis milenios a una velocidad mayor que la registrada por los mareógrafos durante la segunda mitad del siglo XX. Esta situación aporta una interesante perspectiva sobre la fiabilidad de las actuales previsiones y de los modelos estadísticos sobre cambio climático. Teniendo en cuenta que el aumento del nivel del mar se debe a la fusión de los hielos glaciares, que dicha fusión está motivada por el aumento de temperatura del planeta, y que el ritmo de elevación del nivel marino que está midiéndose actualmente concuerda con los registrados durante los últimos 20.000 años, ¿cómo puede afirmarse que el calentamiento que está experimentando la Tierra no está dentro del rango de valores naturales? Si estuviese sucediendo un calentamiento extraordinario, ¿no debería verse reflejado en un aumento anómalo de la elevación del nivel del mar? Y sin embargo, los hechos indican lo contrario.

Curiosamente, en su informe, el IPCC hace omiso de estos datos. A pesar de reconocer que en periodos cálidos del pasado, el nivel del mar estuvo por encima del actual (por ejemplo, hasta 10 metros hace 125.000 años, cuando la temperatura media del planeta pudo estar grado y medio más caliente), no toma en consideración los ritmos de crecimiento, y vincula la evolución del nivel del mar al comportamiento de las actividades humanas. Así, considera que su previsión de crecimiento de 5,5 mm al año es una especia de mal menor, un ritmo que sólo se podrá alcanzar si la humanidad cumple los acuerdos suscritos en la Cumbre del Clima celebrada hace unos años en París. En caso contrario, la velocidad de elevación podría triplicarse hasta el año 2100, llegando a los 16,5 mm al año. O incluso aún más (20 milímetros hasta el año 2300), si el planeta se sigue calentando y se produce el deshielo total de los polos. Llegados a este punto, un geólogo suspicaz no tiene más remedio que preguntarse: ¿Qué fiabilidad estadística pueden tener unas proyecciones hacia el futuro basadas en datos que ignoran el pasado registrado durante miles de años?

Si los datos disponibles indican que, después de casi dos siglos de actividad industrial, el nivel del mar está ascendiendo a velocidades similares o inferiores a las registradas durante los últimos milenios, ¿cómo pueden profetizarse aceleraciones tan bruscas sólo a partir de modelos estadísticos? ¿Cuál puede ser la representatividad de los datos utilizados para la elaboración de dichos modelos?  Por no resultar reiterativo, no repetiré aquí los comentarios sobre la fiabilidad de las estimaciones y los modelos del IPCC en relación con el calentamiento global, que ya fueron detalladas en un artículo anterior (El Discutible Consenso Científico sobre el Cambio Climático), también publicado en ENTREVISTTAS. Su lectura puede resultar ilustrativa para calibrar dichas previsiones, ya que existen datos significativos que contradicen seriamente esos modelos climáticos.

Como cabía esperar, el último informe del IPCC ha tenido un impacto mediático fulminante, con alarmantes noticias que aparecieron de inmediato en la prensa, como se ilustra con los dos ejemplos adjuntos, y que han rebrotado con renovado interés durante las últimas semanas.

Otro dato que introduce dudas sobre los modelos climáticos antes mencionados, es que el retroceso de los glaciares no es generalizado. Mientras en buena parte del planeta el hielo está retrocediendo, en el entorno del Polo Sur está ocurriendo lo contrario. Desde las últimas décadas del siglo XX, según los datos recogidos por la NASA y otros organismos científicos, el hielo marino que rodea la Antártida ha estado aumentando. Incluso, las temperaturas están descendiendo, así se ha comprobado tanto en las estaciones de observación como en las imágenes térmicas obtenidas por los satélites. Esta situación es totalmente discrepante con un fenómeno de calentamiento global, ya que hay una parte del planeta que se está enfriando, restando credibilidad a los postulados apocalípticos sobre el clima.  Además, no cabe duda de que este proceso, al aumentar el hielo en la Antártida y disminuir las aportaciones de agua glaciar a los océanos, debe estar ralentizando la elevación del nivel del mar.

A pesar de estas evidencias, la NASA augura también (siempre que no se consiga refrenar el calentamiento global reduciendo la emisión de gases) que el nivel del mar ascenderá cerca de un metro a finales del presente siglo, a un ritmo de 12,5 milímetros al año, cambiando las costas del planeta en los siglos venideros. Aunque la NASA no ha cosechado muchos éxitos haciendo previsiones (recordemos de nuevo sus fallidas profecías sobre las catástrofes que traería consigo el agujero de ozono), se puede decir que en este caso apuesta sobre seguro y no puede equivocarse. Porque precisamente eso, modificar las líneas de costa del planeta como consecuencia de las variaciones del nivel del mar, es lo que ha venido ocurriendo desde hace millones de años.

Para ilustrar mejor las consecuencias de sus catastróficas previsiones, la NASA ha creado una aplicación en la web, que permite al usuario conocer cómo afectará la subida del nivel del mar en cualquier lugar del planeta y para cualquier fecha de los próximos 130 años. Algunas administraciones, como por ejemplo el gobierno autonómico de la Comunidad Valenciana, han encontrado interesante esta metodología divulgativa, desarrollando una aplicación similar a nivel local. Así, el Visor de Escenarios e Impactos, es una aplicación web desarrollada por el Instituto Cartográfico Valenciano, que muestra los efectos futuros del cambio climático en las playas de la Comunidad Valenciana entre los años 2050 y 2100.

La difusión de estas informaciones y la puesta a disposición del público de las herramientas mencionadas, sin precisar sus limitaciones, sin el contraste con otros datos que sugieren conclusiones muy diferentes, tan sólo consiguen alarmar injustificadamente a la población, aunque es posible que ese sea precisamente el objetivo que se pretende.

Durante la Cumbre del Clima que tuvo lugar en Madrid, en 2019, la autorizada voz de Bjorn Stevens (director del Instituto Max Planck de Meteorología en Alemania, uno de los científicos que defiende la existencia del calentamiento global en relación con el aumento del CO2) reconoció que los modelos climáticos que se están utilizando son inadecuados y que la supuesta emergencia climática es una declaración más política que científica. A pesar de todas esas evidencias, pese a que las informaciones indicando que nuestro planeta (aunque sucio, mal cuidado y pidiendo a gritos medidas urgentes de higiene) no tiene comportamientos climatológicamente anómalos, muchas voces continúan alzándose de forma incesante e insistente, urgiendo para que salvemos a la Tierra, para que detengamos su calentamiento y para que se frene el ascenso del nivel del mar.

Sin embargo, la historia geológica del planeta nos enseña que, desde muchísimo antes de los albores de la humanidad, la línea de costa nunca ha permanecido estable, siempre ha estado experimentando un cambio continuo. Y si no, que se lo pregunten a nuestros antepasados, los hombres de Cromañón, cuando se dedicaban a la caza del mamut en las tierras de Doggerland, hoy sumergidas. O a sus congéneres que hace 10.000 años, decoraron las paredes de la gruta de Cosquer, en la costa francesa cerca de Marsella, cuya entrada se encuentra hoy a 36 metros de profundidad bajo las aguas del Mediterráneo, como se puede apreciar en la fotografía (nótense las pinturas rupestres en la pared del fondo) y esquema que se adjuntan.

En tiempos ligeramente más modernos, hace 7.000 años, en el fondo del mar Báltico había asentamientos humanos, situados a la orilla de un enorme lago de agua dulce. El aumento del nivel del mar conectó el Mar del Norte con el lago, que fue invadido por agua salada. Aquella gente pudo presenciar el nacimiento de un mar.

Más recientemente, los egipcios observaron un proceso similar cuando las aguas desbordaron el puerto de Alejandría, hoy también sumergido. O a los mayas, que utilizaban canoas para navegar por canales subterráneos, hoy totalmente cubiertos por las aguas, como ha sido recientemente descubierto en un cenote de la península de Yucatán.

El ascenso del nivel del mar ha sido imparable en todo el mundo a lo largo de los últimos 20.000 años, y no como consecuencia de catástrofes o grandes sacudidas, sino a ritmo lento, milímetro a milímetro, a la misma velocidad que estamos observando ahora. A esa velocidad inapreciable, las playas se van destruyendo poco a poco, para quedar sumergidas y ser sustituidas por otras nuevas (tal y como se ha podido observar, por ejemplo, en el Golfo de Valencia), que necesariamente se van ubicando tierra adentro.

Entonces, volviendo al encabezamiento de este artículo, ¿qué podemos hacer para detener el ascenso del nivel del mar? Pues… en realidad muy poco, por no decir nada. La temperatura de la Tierra, regida principalmente por los ciclos planetarios, solares y cósmicos en funcionamiento desde hace millones de años, seguirá aumentando todavía durante un tiempo impredecible. Y el nivel del mar, de forma inexorable, seguirá el dictado de dicha tendencia, que no se puede detener y mucho menos revertir, por mucho que nos empeñemos en lo contrario. Continuará elevándose, aunque a un ritmo mucho más moderado que las profecías con que nos bombardean, hasta que las leyes de la naturaleza decidan que ha llegado el momento de tocar retirada.

¿Qué podemos hacer para detener el ascenso del nivel del mar? Pues… en realidad muy poco, por no decir nada.

Ante este tipo de fenómenos, ante fuerzas y procesos que escapan de nuestro control, ¿qué debemos hacer? Adaptarnos, adoptar la misma actitud que ante las erupciones volcánicas o los terremotos. Es decir, intentar comprender su funcionamiento para predecir adecuadamente su comportamiento; y, sobre la base de ese conocimiento, tomar medidas preventivas para minimizar sus consecuencias, pero no empeñarnos en luchar estérilmente para evitar su presencia. Es decir, comportarnos con la misma mentalidad que adoptamos respecto de los ciclos naturales que nos son bien conocidos.

Por eso, en áreas costeras con elevado porcentaje de población y litorales muy llanos, con una altitud mínima sobre el nivel del mar, están ya tomando medidas protectoras (Países Bajos, Venecia), o incluso preparando planes a largo plazo para desplazar la población en algunas zonas de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, a sabiendas de que el ascenso del nivel, si la naturaleza se empeña, es inevitable. Porque como es bien sabido desde la Edad de Piedra, cuando se acerca el invierno, lo inteligente es hacer acopio de leña, preparar ropa de abrigo y acondicionar la casa para el frío, no especular sobre el modo de proceder para impedir su llegada e intentar que siempre sea verano.


¿Cómo detener el ascenso del nivel del mar? | Por Enrique Ortega Gironés


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Publicado por Enrique Ortega Gironés

Soy, por ese orden, geólogo y escritor. O simplemente, un geólogo al que le gusta escribir. Primero, docente e investigador en el Departamento de Geotectónica de la Universidad de Oviedo. Luego, en las minas de Almadén (Ciudad Real), y durante los últimos 20 años, consultor independiente.

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