Lodos y barros: de Sykes-Picot a ISIS

En los albores de 2018, me hallo junto a Concha, la redactora jefe de El Íntegro (y mi jefa) sin más remedio que confesarme. Por fin le comunico, muy a pesar de lo que me pueda pasar (que me crea loca y me eche o bien que ignore lo que le diga y me dificulte la gestación del próximo artículo) que soy una transtiempo, que mis padres lo eran también; que tenemos una logia en Blasco Ibáñez (la Transia –de la que ninguno de nosotros vamos a reconocer su existencia ni su ubicación real). Le confieso, también, que si se lo estoy diciendo ahora es porque la necesito implicada y sabedora de lo que este peligroso artículo requiere de ella. Le filtro, por fin y de primera mano, que viajo en el tiempo (que transviajo) y que es por ello que puedo escribir tantos artículos de los que se enorgullece, aquellos que le generan las mejores ventas, las anteriormente jamás conseguidas por nuestro diario, sobre todo por nuestro especial dominical (Carácter Sincrónico ーun título que me aceptó hace ya 5 años).

ーRebeca, pero… ¿y qué quieres que haga ahora? Joder, que somos periodistas, no funambulistas, ni ilusionistas de ningún tipo. ¿Qué quieres? ¿Que te crea porque la vida tiene componentes de misterio y porque siempre te digo que ni mi querido Carl Sagan podría explicar todo el universo? ¿Que de veras actúe acorde con semejante gilipollez y que siga tranquila contigo trabajando bajo este mismo techo? ¿Qué te ha pasado? ¿De dónde coño te viene esta locura? ¿O es que lo has soltado para, sencillamente, verme reaccionar a semejante imbecilidad y que tenga que salir de esta cama que me tiene harta de reposo? Cariño… ¿qué te pasa?

ーBueno, Concha. No te he dicho nada. Olvídalo si puedes. Necesito tu ayuda. ¿Me vas a echar o lo que me echas es una mano y seguimos trabajando?

ーNo me preguntes eso ahora. Me ducho y nos vamos: tienes que ayudar a Liz a terminar el artículo de Mata Hari. Estás muy rara últimamente, mira que no querer firmarlo tú… ¡Estás fatal hija! Si quieres vacaciones, las tienes y bien pagadas, pero regresa sana. De verdad, Rebeca… ¿Desde cuándo no te han echado un buen polvo?

ーMira, no te he dicho nada pero no me sueltes comentarios machistas que sabes que ahí si me dan ganas de dejarte aquí.

ーVale, vale,… perdona. Dame 10 minutos. ーme dice mientras se levanta y se va, moviendo la cabeza y riéndose. ¡Menuda penca!

Concha es así de insoportable. La admiro y la adoro. Y la necesito (ahora más que nunca). Pero, no puedo con ella: no pierde ocasión para quemarme con comentarios machistas. Por eso casi ni respiro por las oficinas. Me vuelve loca y yo a ella también. Espero poderle demostrar que no le he mentido porque, sin su influencia diplomática, no voy a poder resolver mi ambicioso objetivo: Gran Bretaña y Francia han de conducir, en esto, a los EEUU.

Quizá, para que me crea, deba hacer cuatro transviajes cortos delante de ella. Los hago, me llevo el móvil, fotografío momentos que me pida y… se los muestro. A ver si así avanzamos. No sé: el momento en que descubrieron la Piedra Roseta o cuando murió Gala (la de Dalí, que es que le encanta); igual pueda mostrarle la entrada de los enardecidos iraníes en la embajada americana o de cuando le comunicaron a Nerón que Roma estaba ardiendo (esto la dejaría muerta, demasiado fuerte; ella sigue creyendo que fue él quien la quemó). Sí: algo así haré. A Liz tuve que hacérselo también y ahora está tranquila, lo lleva bien y le ayudo tanto como puedo (ya sabe que no puede decirlo sin pasar por una pirada). ¡Ah! ¡Lo tengo! Le pasaré alguna foto mía con Mata Hari, de las últimas que nos hicimos en su piso. Y, si ni así funciona (porque la ve trucada), desapareceré delante mismo de sus morros. Lo que haga falta.


Este capítulo de mi diario me va a costar bastante, lo veo venir. Desde luego, no va a ser de una tirada que consiga escribirlo porque no solo deseo escribir sobre la perversión entre tiranos y gobernantes manipulados, del pasado y del presente, sino que deseo conseguir una respuesta política en la actualidad, en esta actualidad tan insultante y corrupta. Y me temo lo peor. Siento terror de estar metiéndome en un jardín demasiado comprometido y comprometedor. Sin embargo, creo que es un buen momento y que, aunque tenga un remedio imposible (o eso parece), vale la pena que lo intente.

Siempre he sospechado que a mis padres los mataron, que no fue un accidente de tráfico casual. Mi padre estaba inmerso en la investigación del acuerdo Sykes-Picot: un acuerdo entre franceses y británicos que enmudeció a los árabes (prudentes, aún), complació a los judíos, recató a los rusos (una forma ingenua de verlo, pero certera en su momento) y generó una historia de sistemas de gobernación internacionales que ayudarían a los EEUU a tomar el testigo y a potenciar la apertura de una caja de pandora tras otra. Como a Lawrence de Arabia, estoy segura de que, a mi padre, se lo quitaron del medio con un accidente. Y también a mi madre, sabedora y colaboradora de todo lo que él hacía, la incorporaron en ese fatal destino.

Desde que murieron, no he cesado en mi necesidad de aclarar en qué punto estaban de la investigación. Sé que tenían archivos muy explícitos y desarrollados. Los llevaron a nuestra logia pero alguien (otro transtiempo, sin duda) los eliminó. Lo que no logro entender aún es por qué nuestro gobernador, nuestro Transpaus, no tiene explicaciones para ello, así como que tampoco admita ser consciente de haber existido jamás ese documento. Porque yo lo vi: lo vi en casa y vi cómo lo depositaba en el archivo valenciano. Y, para llevar a cabo ese depósito, él mismo debía permitirlo. Nuestro Transpaustare, el gobernador internacional de todas las logias, dice no saber nada tampoco. Le he enviado un correo y me ha contestado que va a investigar sobre ello. Veremos de qué va esto, pero me tiene intranquila y aún no me siento capaz de transviajar para ver la muerte de mis padres. Aún no.

Posible estampa de Gertrude Bell
Desarrollada mediante IA por Carmen Nikol

Gertrude Bell tiene mucho que ver con lo que me propongo hacer: era intrépida, muy valiente. E ingenua. No me atrevería a decir que nos parecemos, pero tampoco que distamos un ápice en lo que hace referencia a buscar el bien más común. Pero, Gertrude se había equivocado y sí quiero distanciarme de ella.

En 1923, cuando el Imperio Otomano se estaba despedazando desde hacía varios años ya, Gertrude usaba su amistad con los árabes (de Arabia) y su influencia diplomática en Londres para crear una cierta estabilidad entre la población del Oriente Medio. Su diario es sincero y así lo indica. Consiguió mucho pero, con todo, ¡qué error el suyo! Forjó caminos inalcanzables por hombres y mujeres. Pero… ¡éste! ¡El de las fronteras del estado de Iraq! Sin quererlo, convirtió uno de sus caminos en el camino más errado: con el apoyo de Gran Bretaña, formó y puso a Faisal (el traicionado por todos y, por entonces, su hombre de confianza) como rey del nuevo estado de Iraq. Faisal era sunita y, por supuesto, no era el apropiado para gobernar una zona chiita (ni siquiera para gobernarla como títere de Great Britain). Este movimiento fue un craso error, como todo lo que de ello sobrevino. Para comenzar y a falta de himno propio, aún, sonó Dios salve a la reina el día de la coronación de Faisal. Ni él ni sus futuros lacayos sentían una nota de ese himno: nada, ni les rozaba la piel (pero les erizaba cada uno de sus pelos).

Gertrude pensaba que los panarabistas serían los generadores de un estado moderno, una fuerza renovadora que ayudaría a generar paz en una zona que no deseaban que gobernasen los turcos (para aquellos entonces, los únicos que aún luchaban por mantener unido el mundo árabe, el hijo mimado del grandioso y agonizante Imperio Otomano). Bell soñaba. Quizá por haber sido la única mujer a la que confiaban viajes y tretas para llevar a cabo acciones diplomáticas en la zona. Y no quería recordar la historia ni las luchas entre religiones pasadas. Tampoco quería ver el presente de las culturas que tanto adoraba. Como un niño que, tapándose los ojos, cree que desaparece.

Bell pensaba que el pueblo árabe, en todo caso, debía vivir bajo el mandato del Imperio Británico. Pensaba que el árabe era como un niño muy viejo y que no sabía gestionarse solo. Así mismo, o parecido, pensaba de la mujer: para ella, no debía votar hasta que no decidiese salir de las tareas domésticas. Asi era Bell.

Posible estampa de Gertrude Bell junto a Lawrence de Arabia
Generada mediante IA por Carmen Nikol

A sus 50 años, Gertrude no tenía ni una arruga en su rostro: un rostro que conseguía mantener blanco, a pesar de las horas de sol del desierto, ese desierto que tanto amaba y que tanto pisó sobre los lomos de un dromedario. Viajó como una nómada más entre un mundo de hombres. Detestaba el machismo y, sin embargo, encajó en el más acérrimo, acercándose a las jaimas de jefes de algunas tribus. La atendían y cuidaban, mientras ella se dedicaba a aprender de ellos. A menudo les regalaba algunos artículos que ellos apreciaban de por vida (pistolas, binoculares… utensilios que siempre podrían utilizar y que les otorgaban aún más solemnidad y credibilidad entre los suyos). Aprendió varios idiomas orientales, además de los que ya sabía (Inglés, Italiano y Francés), pero hablaba con fluidez el Árabe y el Persa, ambos de gran ayuda para mejorar sus tareas diplomáticas y consolidarse como la mediadora ideal en la zona, pues a ello se sumaba que ya conocía varios países y sus costumbres (Persia, Siria, el desierto de Arabia, Jordania y Palestina). Era historiadora, escritora, arqueóloga e hija de una de las familias más influyentes del Reino Unido. Esto, por supuesto, no le hizo ningún mal en su prometedor futuro. Se dice que fue espía. Y lo fue, en cierto modo: como viajera, conocía más que ningún otro occidental cada una de todas esas tribus en conflicto. Su apuesta, siempre fue la de instaurar un nuevo país en la región: uno hachemita. Faisal (فيصل بن حسين) fue el último heredero legítimo de tal legendaria dinastía (jerifes de la Meca y descendientes de la mismísima familia de Mahoma). Y si bien fue un títere que bebió de los dedos de Lawrence de Arabia, también era feliz con el cargo que le iban a otorgar: fundador del nuevo estado de Iraq. Todo nuevo: las fronteras, las pretensiones y los gobernantes.

En 1919, tras la caída del Imperio Otomano, Gertrude realiza un informe sobre Mesopotamia que la llevó a encumbrar un papel muy importante en la región, a pesar de ser un informe más favorable para los árabes que para los propios ingleses. Sin embargo, antes debió conseguir un cargo de diplomática inglesa (Secretaria Oriental y, posteriormente, Oficial de Enlace) ayudando a los suyos, trazando mapas de rutas fiables e indicándoles todo lo que debían saber para ganar en cada una de las batallas. Sabía, además, que como diplomática inglesa (y no como enfermera de la Cruz Roja Francesa, su otra opción para regresar –algo que comenzó a preparar cuando estalló la Primera Guerra Mundial), conseguiría influir en muchas más cuestiones y recibiría las ayudas que requiriese.

En 1921, asistió a la Conferencia de El Cairo. Allí, Winston Churchill reunió a los orientalistas. Ella, junto con Percy Cox y Lawrence de Arabia, tuvieron la tarea de redefinir los intereses ingleses en la zona, así como de trazar las fronteras del nuevo estado árabe. Percy había sido quien más ayuda había recibido, anteriormente, por parte de la secretaria oriental y bien sabía, pues, que ella era la más indicada para trazar un plan fronterizo, así como para designar a los futuros gobernantes. Lo sabía bien porque le había encomendado controlar a John Philby: éste debía aprender todas las sutilezas políticas que fuesen necesarias para realizar avances en el área a ocupar. Y Bell lo hizo magistralmente: gracias a su pericia, Philby avanzó presto y veloz, infalible en territorios por él desconocidos. Por ello, Cox siempre la tuvo en la mejor de las estimas y, ahora, se lo devolvía apoyándola, junto a Lawrence, para que Churchill recibiese la mejor de las ayudas en aquel difícil y crucial contexto: la ayuda de la Dama del Desierto (como la llamaban muchos de los que la conocieron, los cuales también la llamaron Dama de Estado). Esa dama que, por ser dama, quedó eclipsada por la figura de su alumno, Lawrence de Arabia (el cual la admiraba por su sabiduría sobre las culturas de la zona). Quedó eclipsada hasta 1991, cuando encontraron sus extensos escritos. Pero, aún así, siguió quedando en la sombra de Lawrence. Otro machismo más… ¿O acaso alguien puede reconocer su nombre?

Durante la Conferencia de El Cairo, no escatimó esfuerzos para conseguir que dos de los hijos de Hussein ben Ali, jerife de La Meca y rey del Hedjaz, ocupasen los reinados de Transjordania y el nuevo estado de Iraq. Consideraba a los hachemitas como los verdaderos herederos del estado islámico puro, así como los más moderados. Y, si bien lo hizo con un buen objetivo (ayudar a todos los musulmanes de la zona árabe de Mesopotamia), no calculó bien. Gracias a ello, sin embargo, consiguió que lo que de allí partiese, de allí no se fuese: fundo el país, Iraq, y su museo nacional (de manera que todo lo que los arqueólogos hallaban iba a parar allí). Faisal había sido ninguneado en su país de origen (Siria) y ahora iba a ser un títere: sería el primero de la larga lista de gobernantes títeres que regentarían países provenientes de anteriores colonias del Imperio Británico.


Como nota, vale la pena destacar que tanto Gertrude Bell como Winston Churchill provenían de dos de las familias más adineradas de Inglaterra y, aún pudiendo ser personajes frívolos, hijos mimados y no comprometidos, ambos fueron grandes luchadores: no sabían quedarse en casa.

Winston Churchill por Carmen Nikol

Concha me estaba escuchando atentamente.

ㅡ¿Por qué necesitas que te crea?

ㅡPrimero, porque ya es hora de que me conozcas mejor.

ㅡVale, Rebeca. Te conozco lo suficiente. ¿Qué más?

ㅡNecesito que me conciertes una visita, una entrevista con dos presidentes: una con Macron y otra con Theresa May.

ㅡExplícame bien de qué va esto. Vas demasiado dura. No concibo qué puedes necesitar y por qué me pides los dos a la vez. De ser más diplomática, me estarías pidiendo primero una y luego el otro, pero esto es presión. ¿Qué buscas?

ㅡConcha, si no me crees en lo que te he contado, al menos necesito que me facilites estas entrevistas sin preguntarme más. Necesitaría que ambas fuesen el mismo día y con una razón sencilla, testimonial: como para que puedan dar una opinión corta sobre lo del independentismo catalán.

ㅡRebeca, me estás poniendo nerviosa y me estás dando el día. No tengo suficientes fuerzas, así que te invito a cenar y lo charlamos. Pide mesa a las 21 h en el restaurante de Cipri. Allí estaremos bien.

ㅡDe acuerdo.

Allí estábamos, sentadas a las nueve en punto (ambas somos muy puntuales). Cipri nos puso en un rincón, como le pedí. Nos dejó tranquilas tanto como pudo y supo que yo lo necesitaba. No me preguntó más.

ㅡSupongamos que te creo, Rebeca. ¿Por qué Macron y May? ¿Tiene que ver con el Brexit? ¿Algo que quieran ocultarle a Merkel y de lo que tú te hayas enterado?

ㅡSí, supongamos que me has creído (aunque no me has preguntado nada sobre ello, pero… supongamos). Nada, no tiene nada que ver con eso. Tiene que ver con que voy a viajar a Oriente Medio, concretamente a 1917. Quiero conocer a Mark Sykes y a François Georges-Picot, el inglés y el francés que acordaron la partición del Imperio Otomano.

ㅡ¡Jajajajaja! ㅡme soltó una carcajada que asustó a la sala y perdimos toda intimidad.

ㅡPor favor, Concha, sé discreta.

ㅡPero… ¿tú te escuchas?

ㅡSupongamos que me crees, hemos dicho. ¿De acuerdo?

ㅡUff… vale. Bueno, ¿y qué? ¿Qué preguntas quieres hacerles a los presidentes actuales? ¿Me vas a meter en un lío?

ㅡTe voy a conseguir una exclusiva sin precedentes. Pero, solo si estás preparada. ¿Lo estás? ¿O cuestionas que aporte una influencia negativa al diario?

ㅡLa verdad es que, hasta ahora, nada indicaba que fueses a representar un problema para El Íntegro. Parece más tu hijo que el mío.

ㅡConcha, échame un cable con esto. Yo sola no puedo. Tú tienes contactos de los que tirar. Gente discreta que confía en ti. Será como lo de los Papeles del Paraíso: compartiremos la noticia pero solo tú tendrás el artículo.

ㅡBueno, Rebeca, ¿cómo puedes demostrarme que no te estás volviendo loca?

ㅡMañana, en cuanto tengas un hueco en algún lugar que podamos estar a solas, lo haré. Nada más necesito eso, además de que no te vuelvas loca tú tras comprobarlo.

ㅡMira, prefiero no hacerlo. Tienes razón: a ver si esto puede trastocar nuestra amistad y, sobre todo, el trabajo. Voy a procurar esas dos entrevistas y, en cuanto las tenga, debes de estar preparada. Seguramente, serán en Bruselas, aprovechando alguna reunión allí. Si has de elaborar alguna estrategia, comienza ya.

Nada más. No quería conocerme. No estaba preparada. Pero, no podía obligarla.

Me faltaba revisar al detalle lo de la administración internacional de Palestina. Así que, sin más remedio, me adentré en todos los documentos que pude: algunos de la logia (que los tocaban de refilón) y muchos de las bibliotecas orientales. Para mí, era más fácil, en esta ocasión, viajar a los países actuales para obtener las fuentes. Una mujer como Gertrude sí podía viajar por Oriente Medio a principios del s. XX, pero pocas como ella (muy pocas más, a parte de las mujeres de los diplomáticos ㅡque ni pinchaban ni cortaban nada). Pero yo contaba con mis transviajes. No iba a ser tan efectiva como ella (que casi se había mimetizado con aquellos) pero sí podría viajar con mayor facilidad que Bell.


Durante dos semanas, he estado viajando para obtener copias de documentos sobre el Mandato británico de Palestina y el Mandato británico de Iraq, así como del Mandato francés de Siria y el del Líbano. Creo que dispongo de suficiente información para poder elaborar este artículo y creo que Concha lo va a acabar agradeciendo.

Mañana me voy a Bruselas. Concha ha conseguido lo imposible: se ha reunido en un restaurante con sendos gobernantes. Sienten curiosidad por mi artículo: les ha convocado sin excusas. Consideran, según ella, que deben conocerme y ver qué pretendo escribir. Supongo que puedo alegrarme en parte, pero temo que no sea tan fácil, sino que quieran conocer, en primera persona y en un ambiente tranquilo pero en el que sigan manteniendo el cargo y, de algún modo, puedan intimidarme si es que les resulta necesario. Para mí, que hayan aceptado demuestra que esos países de Oriente Medio y su relación con ellos tienen mucho que ver, aún, con lo que allí aconteció.

Hablamos todos en Inglés, en una sala privada. Han cambiado el restaurante por esta sala y me han descolocado. Temo que pueda pasarme algo.

Macron me pregunta primero si lo que quiero escribir tiene que ver con el sionismo. May y él, claramente, han acordado los términos de esta entrevista.

ㅡNo, no directamente. Tiene que ver con Donald Trump. Para conseguir expresarles mi intención, les ruego que me escuchen. Perderíamos una gran ocasión si, por expresar algo que no desean que responda, cancelasen mi exposición.

Aceptan ambos.

ㅡDonald Trump parece usar su silencio en Oriente Medio. Putin, por ahora, no se pronunciado y Uds. tampoco. Netanyahu les está pidiendo que se pronuncien a favor de la propuesta de Trump para que cesen, cuanto antes, las batallas que allí se están dando. ISIS va a usarlo, como siempre. Y mi propuesta, con esta entrevista es que utilicen este momento para reivindicar la culpabilidad de cuanto allí acontece, de las bases de los conflictos que hoy se conocen: que requieran que toda fuerza armada que haya en la zona regrese. Toda: rusa, americana, francesa, inglesa, etc. Que declinen poner títeres ni colonias y que propongan un armisticio haya donde haya guerra en Oriente Medio. Que prueben a conceder una tregua para ver cómo se regeneran.

ㅡSeñorita, ¿Ud. se da cuenta de lo que está pidiendo? ㅡme dice Macron.

ㅡEso es imposible, señorita Rebeca. ㅡme dice May.

ㅡEfectivamente: les estoy pidiendo una utopía. Pueden decirme que es porque si no lo hace un país, lo hará otro. Que, en cuanto un bando de los de allí solicite armas, alguno de Uds. se las venderá. Que allí seguirán en guerra y deberán participar porque es un pastel que todos ustedes quieren o que, al menos, ninguno querrá quedarse atrás si entra alguno de los occidentales. Que hasta China podría entrar en profundidad y acabar quedándose con el poder petrolífero y armamentístico.

ㅡAsí es. ㅡme dicen prácticamente a la vez ambos, en cuanto me callo.

ㅡDe acuerdo, éste era el punto de partida para introducirme en la propuesta real que deseo hacerles. Dado que nunca va a acabar y que solo vamos a ir avanzando por períodos, según los intereses y fuerzas de cada uno de los países que allí están implicados; dado que esto ha sido lo que ha frenado las guerras principales en el mundo occidental (dentro del propio mundo capitalista); dado que es parte de nuestra raza el ambicionar y generar desgracias… Construyamos un marco beligerante distinto: Uds. dos pueden impulsarlo, tal y como hicieron entonces.


Para seguir concretando qué hicieron y cómo la polvareda de entonces ha fraguado en estos lodos y barros, quiero dejar escrito (en este punto de mi diario y para quien pueda leerlo en el futuro) cómo el Acuerdo de Sykes-Picot (ingleses y franceses) se llegó a llevar a cabo y por qué.

En 1915, en noviembre, se llevaron a cabo las negociaciones que se firmarían el 16 de mayo de 1916, el susodicho Acuerdo de Sykes-Picot. La zona de Mesopotamia (nuestro Oriente Medio actual o lo que podemos decir que se constituye entre Líbano, Jordania, Palestina, Israel, Iraq, Siria, una parte de Turquía, otra de Arabia Saudí y otra de Irán ㅡaproximadamente lo que queda en el cogollo entre el Mar Mediterráneo de la zona y el Caspio) tenía un embrollo muy importante derivado de la progresiva disolución del Imperio Otomano. Las potencias europeas y Rusia quisieron aprovecharse de esta circunstancia y entrar a favorecer a los díscolos del Imperio Otomano (en un primer momento, Grecia). Esto, no solo ayudaría a beneficiarse de cualquier recurso natural sino que, además, permitiría gestionar los accesos a algunos puertos que el Mediterráneo oriental ofrecía.

Grecia compartía con algunas zonas del Imperio Otomano la misma religión: la Cristiana Ortodoxa. No hablaban las mismas lenguas y no estaban cerca, pero tenían ese nexo en común. Durante siglos, todas las etnias y religiones del Imperio Otomano vivieron en una paz relativa. Desde los Balcanes a Anatolia y desde Mesopotamia a Tierra Santa, los millet organizaban las comunidades bajo un mismo clero, responsable de organizar a sus comunidades y pagar sus impuestos. Es decir, no fue ni la religión ni la etnia lo que generó las primeras revueltas. Fue la política: la idea irreconciliable con el sino de un imperio que produjo la Revolución Francesa.

Grecia fue la primera inquieta tras los ideales de la Revolución Francesa: detestaba la supremacía musulmana. Los no musulmanes del imperio, no podían llevar armas, pagaban más impuestos y no podían hacer proselitismo. Y, a Grecia, además le asaltaba la memoria de su propio antiguo imperio griego, el de Alejandro Magno. De modo que en 1821 estalló la primera revuelta griega que acabaría siendo una guerra de independencia. Gran Bretaña, Francia y Rusia tenían intereses en participar en cualquier revuelta contra el gran Imperio Otomano que ya existía desde hacía cuatro siglos. Estas tres naciones, fueron buscando el modo de unirse entre sí de dos en dos, según el momento y el objetivo pero siempre para mermar el poder de la tercera. Y fue siendo así desde 1821, desde esa primera revuelta, hasta 1916, cuando se firmó el tal Acuerdo de Sykes-Picot. Entre medias, todos formaron colonias dentro del Imperio Otomano: Alemania, por su parte, favoreció a los turcos (un área parecida, pues no era nuestra Turquía actual) y los rusos a los búlgaros (una nueva nación por entonces), etc. Pero, el caso es que en el ‘16, debido a los propios problemas entre bolcheviques y zaristas, Rusia quedó algo desplazada de los avances en el Imperio Otomano y esto fue aprovechado por Francia y Gran Bretaña. Alemania continuaba favoreciendo a la otra parte del Imperio Otomano (árabe, pero musulmana ㅡhay que recordar que no todos los árabes eran musulmanes ni siquiera lo son aún hoy en día).

Todo esto anterior, en cuanto a la primera semilla del desastre actual: identidades religiosas, políticas y de intereses en recursos naturales y comerciales del pasado (derivados de vastos imperios anteriores como el romano o el griego).


Pero, yo visitaba a Macron y a May (dos pobres participantes, al fin y al cabo, en la actualidad de los conflictos) y aún me faltaba concretar más datos, no solo del pasado, también de la segunda mitad del s. XX y del XXI porque ISIS viene de la identidad musulmana del Imperio Otomano, sí, pero también de otros polvos…

ISIS o DAESH es la transformación (el lodo) de las decisiones (los polvos) tomadas por Gertrude Bell y Winston Churchill sobre el territorio de Oriente Medio a principios del s. XX. El Estado Islámico del Iraq y el Levante, ISIS o DAESH (su acrónimo árabe) es un ejército de yihadistas salafitas (aquella faceta islámica fundamentalista que recibió, históricamente, la imposición del la mayoría sufista suní por aquellos lares, gracias, en parte, al Great Britain y Faisal ㅡsu rey títereㅡ, cuando crearon el nuevo estado de Iraq). En sus orígenes, ISIS nace de una facción de intelectuales radicales islámicos que conocen bien que las fronteras que les impusieron separaban a Siria de las antiguas provincias otomanas de Mesopotamia: Basora (mayoritariamente chiita), Mosul (mayoritariamente kurda) y Bagdad (donde convivían chiitas, sunitas, judíos y cristianos). Se reúnen para constituir una nueva tendencia musulmana que reclame el territorio originalmente musulmán (o de poder musulmán) del Imperio Otomano y de todas las zonas de la Tierra en que hayan podido tener imperativo en la historia de su religión. Originalmente, manipulan a ciertas masas con esta nueva defensa religiosa, si bien no reciben el apoyo de toda la comunidad musulmana, ni siquiera de las zonas desde donde parten: Iraq, su punto de constitución. Pero rápidamente se trasladan hacia Siria, debilitada por una guerra civil (la que aún sufren, hoy en día). ISIS considera que todas sus tierras son ricas y que deben recuperarlas. Ellos sí conocen la historia del Acuerdo Sykes-Picot. Conocen toda la historia del Imperio Otomano y también la historia del s. XX y del XXI, así como la del Al-Ándalus y demás ligadas al pueblo musulmán. Sin embargo, la usan manipulada: al fin y al cabo, entre los musulmanes (como entre los cristianos) se han ido generando algunas nuevas tendencias de culto y ellos quieren la suya. La identifican con el mundo musulmán porque es su punto de partida. De ahí que, aunque el resto de facciones musulmanas no deseen identificarse con ISIS o con la interpretación que le dan al Corán (que no la comparten), no puedan evitar que DAESH les recuerde (a ellos y al resto de identidades religiosas) que parten del mundo musulmán y que quieren ser la nueva facción poderosa dentro de esta identidad (a pesar de existir otras como los chiíes o los suníes, por ejemplo).

Para conocer algo más de lo que los originales y algunos de los actuales miembros de ISIS conocen (no todos, por supuesto, pues hay muchos que solo son radicales incultos manipulables), nos tenemos que remitir al complejo sistema de reyes títeres que han impuesto en su zona. Siria es resultado de ello, pero hay más. Así que es un buen momento (en este diario y nuevamente) para recoger las tendencias migratorias y de poder que allí se han dado durante el s. XX y el s. XXI.

Su califato inicial se basó entre las zonas de Iraq y de Siria y esto tiene mucho que ver con Sykes-Picot y sus fronteras de posguerra. May y Macron, es de suponer que conocen también todo lo acontecido hasta entonces y cómo ello les convierte en los que recogen un testigo asesino y un poder que nunca desearán perder para sus naciones actuales. Por ejemplo, España, a pesar de su pasado imperialista, no busca esos poderes en la zona, pero no puede quedarse al margen si quiere seguir en la Europa del s. XXI. Con todo, no es lo mismo. No cuenta con colonias ni reyes títeres.

Los palestinos, los kurdos (otra facción musulmana que está repartida entre Siria, Iraq, Irán y Turquía ㅡmuy a pesar de algunos tratados internacionales que desearon darles un territorio/estado como a los judíos en Palestina), los armenios… son varios de los pueblos de Oriente Medio que no han conseguido destacar (o peor aún, han sido masacrados). Ni militarmente ni territorialmente, a lo largo de la salida del Imperio Otomano ni a lo largo del s. XX ni del s. XXI, estos pueblos no han podido ser vinculantes para su propio beneficio pero sí lo han sido, como excusa por sus revueltas, para el beneficio de otros poderes. Eso es muy largo y, por desgracia, no lo voy a hacer vinculante para mi conversación con Macron y May (tampoco aquí son vinculantes, lamentablemente).

El canal de Suez y el hecho de que pase por Egipto y de que la financiación de su última instauración fuese a través del tripartito Egipto/Inglaterra/Francia tiene algo que ver con que algunos puertos del Mediterráneo, que lindan con Oriente Medio, sean clave para algunas guerras de poder llevadas a cabo allí. Que el 60% de las reservas de petróleo y de gas natural partan de aquella zona también tiene algo que ver con todo esto. Si bien el gas no era una energía que se estuviese utilizando en los inicios del s.XX, sí se comenzó a usar el petróleo para sustituir el carbón como fuente de energía en casi todo lo que pudieron irlo incorporando (principalmente en los buques, además de ser el carburante de gran parte de los automóviles (pues, otros eran aún de vapor).


Me consta que, en unos años, hacia el 2022 (por los transviajes que hago) esto va a ir cambiando como consecuencia de la guerra que Putin lanzará contra Ucrania, pero aquí no quiero liarla más, por ahora.


Querer ocupar, primero con colonias y luego con países creados por acuerdos y con reyes títeres, no es, pues, el fruto de un deseo en balde. Organizarse en la zona era absolutamente necesario por entonces y hasta ahora. Y toda maldad que se derivase o derive por tal de seguirla controlando no es, pues, tampoco baladí. De hecho, yo sabía que mi propuesta para Macron y May no iba a ser más que un absoluto despropósito: la única razón para que abandonen Oriente Medio en su totalidad es el agotamiento de las fuentes de energía que allí se explotan. Mientras tanto, han de intentar (con organismos internacionales y nacionales) seguir organizándose para no llegar a una tercera guerra mundial y poder establecer mercados coherentes con cierta paz para seguir beneficiándose todo el mundo occidental.

No les sobra, por otra parte, a ninguno de los bancos (o a casi ninguno ㅡsi te interesa, lector, puedes consultar el tuyo por la compra de una acción, pues ya serás parte de sus capitalistas) la ingente inversión en la industria armamentística que proporciona todo conflicto. Y Oriente Medio les ha proporcionado muchísimo dinero a ellos y a todas las naciones que produzcan armamento (como España ㅡde ahí su necesidad de seguir en vereda, entre otros motivos).

Entonces, vale la pena que diga que, habiendo conseguido el interés de Macron y de May (hasta el punto de tenerlos sentados frente a mí), me encontraba con la siguiente situación: sabía que, por mucho que hablase de ISIS, lo verían como un mal menor, algo con lo que contar que, además, generaba uno de esos provechosos conflictos entre ramas musulmanas. Lo que no tenían estudiado y con lo que no podían contar era con el sistema low cost y con algunos ataques a occidente que les pudiesen comprometer demasiado con la población o, incluso, con sus propios intereses políticos. Tampoco podían conocer los avances rusos y americanos en su absoluta certeza.

Por lo que, también vale la pena conocer aún más lo que ISIS, Macron, May, Merkel, Putin, Trump (y otras identidades sociales que desean su propia nación) evitan y potencian si hablamos de un posible avance hacia la III Guerra Mundial, así como qué se están jugando en Oriente Medio.


Para acabar de analizar el caos ordenado que nos secuestra las noticias todos los días en la sección de Internacional desde hace ya mucho, voy a acabar de sintetizar lo que ocurre en Siria y en Palestina. Y, tras esto, seguiré con mi reunión con Macron y May.

Oriente Medio tiene una situación tricontinental y trioceánica (o trimarítima), incluyendo tres líneas costeras regidas por tres penínsulas (Grecia, Arabia y Turquía) que envuelven, con el mar Mediterráneo, tres estrechos que unen tres mares adyacentes (el Adriático, el Negro y el Rojo). En esos tres continentes están los cuatro ríos que han fomentado las guerras de vecindad de la zona (el Tigris, el Éufrates, el Nilo y el Danubio). Y flota sobre un mar de hidrocarburos que, hoy más que en la primera mitad del siglo pasado, son explotados. Ahora, principalmente, por Israel, EEUU y Gran Bretaña. Es decir, los árabes y oriundos no consiguen ganar el beneficio que de su explotación se genera.

Sí, desde occidente conocemos que es una zona con muchos desiertos. De hecho, la Siria actual, como la de antaño, tiene un elevadísimo porcentaje de territorio que es desierto. También tiene a Bashar Al-Assad, hijo de un rey títere (familia del que allí puso Francia tras su responsabilidad derivada del Acuerdo Sykes-Picot). Hoy en día, Siria tiene implicados (en alguno de los bandos de su guerra civil, ya sea pro Assad o en su contra) a varios interesados en sus recursos y en las consecuencias de su conflicto: EEUU, Rusia, ISIS, Jordania, los estados del Golfo Pérsico (Emiratos Árabes Unidos, Catar, Arabia Saudí, Baréin, Omán y Kuwait), Irán, el frente Al-Nusra, Hezbolah, los Kurdos (los voy a poner en mayúsculas como si fuesen un país y no como si fuese un gentilicio ㅡya que el Kurdistán se les queda corto), Turquía y los rebeldes de la propia Siria. En general, se unifican en dos bandos: los progubernamentales (que van con Rusia y Bashar Al-Assad) y los contrarios (que van con los rebeldes y con EEUU). Como una guerra fría, pero mucho más pronunciada y en la que los que sufren no son ni los civiles rusos ni los americanos, sino los sirios.

Los rebeldes sirios fueron los primeros en recibir las primeras balas en las manifestaciones de su primavera árabe (con la que, como ocurría con otras zonas árabes, se solicitaba una mayor democracia; una real, no la del postín occidental de Al-Assad). De hecho, ese territorio mayoritario de Siria que se conforma de un gran desierto, tiene pocos habitantes, en comparación con las zonas no desérticas (claro está). Y, de hecho, en las zonas más habitadas, tiene sentido que se rebelen los antigubernamentales porque son la mayoría: una mayoría suní y, además, algunos chiitas del bando del rey títere Assad, que se pasaron al bando de los suníes, de manera que se puso serio el tema hasta comenzar la guerra civil que tantas desgracias nos muestran en los telediarios.


Como nota extra, antes de seguir, he de decir que Macron, a diferencia de sus predecesores Nicolas Sarkozy y François Hollande, no toma como prioridad que Assad salga del poder, y así se posiciona con Trump, para que lo prioritario sea que los terroristas desaparezcan de la zona (pasándose, por tanto, al otro bando). Pero sigo…


El control de Siria es interesantísimo para tantas naciones y rebeldes del país (sean laicos o no) porque Siria tiene uno de los grifos de acceso del petróleo al Mediterráneo (y, por tanto, al mundo occidental capitalista), evitando la obligación de pasar por el canal de Suez. Y… si cortas el grifo, fastidias a todos los que puedan tener intereses en Siria y en sus recursos.

Palestina, por otra parte, tuvo la desgracia (gracias al susodicho Acuerdo Sykes-Picot y a su destino británico) de ser dividida en dos estados y tres porciones no uniformes. Los dos estados eran judío y palestino (en este caso musulmán). De hecho, un día después de irse los británicos de allí y de llevarse su protectorado, Israel declara su independencia de Palestina y los países árabes le declaran la guerra e intentan invadirlo. Israel gana esa guerra, en el 1948, y aumenta su territorio, ubicándose sobre todo el territorio palestino menos sobre sobre Cisjordania (controlada por Jordania) ni Gaza (controlada por Egipto). En el ‘50, Israel, por primera vez, declara Jerusalén su capital tras la Guerra de la Independencia. En el ‘67, en la Guerra de los 6 Días, aumentan de nuevo su territorio y se quedan con Gaza, la Península del Sinaí, una parte de Jerusalén (la del Este) y con Cisjordania; por otra parte, con esta guerra consiguen volver a rezar junto al Muro de los Lamentos. Con el tiempo, usarían algunos de sus territorios para negociar, pero se quedaron con Cisjordania y Gaza (uno de esos lindes con el mar Mediterráneo desde Oriente Medio). En 1980, nuevamente y tras la reorganización territorial del país, Israel declara Jerusalén su capital, mediante su Ley de Jerusalén, y hasta la ONU se declara en contra, pues no tenía la posesión de facto de toda la ciudad. La ONU trasladó todas sus embajadas a Tel Aviv y declaró la ciudad vieja de Jerusalén, la zona musulmana, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (intentando, así, protegerla). En el ‘94, llegan a acuerdos de paz que permiten la creación de la Autoridad Nacional Palestina y ceden la opción a los árabes de ejercer dominios políticos sobre las zonas que habitan. En el ‘95 los americanos ya querían poner su embajada en Jerusalén, en teoría, para mediar entre israelíes, palestinos, egipcios y sauditas (lo que ha hecho Trump para declarar Jerusalén la capital de Israel, de los judíos). En 2005, Israel se retira de la zona de Gaza pero mantiene asentamientos en Cisjordania para asegurar sus fronteras (y esto tiene que ver con el tiempo que necesitan para poner en territorio enemigo sus aviones y el tiempo que les lleva a los enemigos más cercanos izar los propios ㅡCisjordania mide un ancho de 70 Km, pero eso ya es otra historia). Gaza y Cisjordania no solo están separados físicamente sino que, a pesar de ser árabes, desde 2007 están distanciados políticamente. En la franja de Gaza, está al poder Hamás y no reconoce la existencia de Israel (lo que nos llevará a una guerra en unos años, sobre 2023-24). En Cisjordania están los moderados de Al-Fatah (siendo que este territorio está más cerca del resto de Oriente Medio). Hamás reclama un estado islámico en los territorios judíos. Israel considera a Hamás una organización terrorista y ataca a Gaza con cohetes, túneles, etc. pero matando principalmente a civiles y afectando a algunas bases de la ONU claramente definidas en el territorio (y si lo hicieron, será por algo ㅡquizá por su posición contraria a la ley israelí del ‘80).

Por otra parte, Jerusalén es la cuna de las principales religiones monoteístas del mundo (judíos, cristianos y musulmanes). Esto, en teoría, garantizado por la comunidad internacional y por el Knesset, el Parlamento israelí, tras el apoderamiento de la ciudad del ‘67. Sin embargo, tras las reuniones de Trump con los gobernantes de Egipto y Arabia Saudí, a lo largo de este mismo año, con la intención de perjudicar al eterno enemigo, Irán, busca aumentar (de nuevo) el caos en la zona (armas, mayores accesos, etc.) y su modo más impactante es presionando para que toda la comunidad internacional declare a Jerusalén como la capital unilateral y definitiva de Israel y que, por tanto, todos retornen sus embajadas allí. Así, siendo Jerusalén una de las tres ciudades más importantes del culto musulmán y siendo Irán uno de sus mayores protectores, quizá Trump pueda conseguir generar un mayor estruendo, no quedándose el problema internacional en la propia Jerusalén, sino derivándolo al resto de la comunidad internacional con sus propios intereses actuales en la zona de Oriente Medio.

Israel, por su parte e independientemente de los apoyos, considera Jerusalén su capital por tener su sede religiosa allí por más tiempo que el resto de religiones,de ahí que, gracias a su capital ㅡy ahora me refiero a su dineroㅡ y a su posición de regreso estratégico favorecido por el acuerdo Sykes-Picot, tenga tantas ganas de acabar del todo con este tema y quedarse con lo que considera que es suyo, sin importarle más el resto de evoluciones de la historia de las culturas ni de las sociedades que en Jerusalén se hayan podido dar.

Habiendo especificado ya un poquito más sobre cuánto aumentó el caos en la zona tras la muerte del Imperio Otomano bajo la influencia de las regiones occidentales más poderosas, interesadas en adentrarse en la zona del actual Oriente Medio, puedo regresar a mi intención de reunirme con Macron y May (la pobre’, diré, pues se le viene una gorda tras el Brexit a no ser que lo paremos).


Antes de entrar en la reunión, por supuesto, me cachearon y me cambiaron de ropa, además de escoltarme hasta sentarnos y dejar, esos mismos dos escoltas, detrás de mi asiento todo el tiempo.

Cuando les mencioné lo de la III Guerra Mundial, Macron y May se sintieron incómodos. Creo que vieron que estaba siendo demasiado atrevida y, viniendo del contacto que había conseguido Concha, solo me escuchaban por prudencia.

ㅡSrta. Yébenes, Dña. Rebeca. Su apellido no me queda claro que sea musulmán, del Al-Ándalus (por supuesto) o judío (pues tiene Ud. el apellido de un lugar). En todo caso, está claro que la historia de una parte de su familia está relacionada con el libro santo. No me deja de espantar un poco que venga Ud. a hablarnos de Oriente Medio y de una tercera guerra mundial. Aún así, la veo inocente. ¿Acaso no entiende que ha movido cielo y tierra para tenernos aquí sentados, frente a Ud., para nada? Solo para que nos acordemos de Ud. y persigamos lo que escribe con atención, de ahora en adelante.

ㅡSr. Macron, soy muy temerosa de lo que digo y no suelo escribir de política si no es de soslayo. Mis personajes nunca son políticos, pero se hallan en circunstancias políticas. Por ello es tan importante para mí que este artículo deje tranquilos a mis lectores y a mí, particularmente, me aclare si Uds. tienen la posibilidad de evitar la III Guerra Mundial. El origen de mi capítulo es la Srta. Gertrude Bell. Su determinación me indujo a sentir interés por ella, pero el descubrimiento del acuerdo que sus dos naciones llevaron a cabo (el Sykes-Picot) me llevó a descubrir un documento que puede frenar lo que Trump está por desencadenar con su intento de tornar Jerusalén en la nueva capital del mundo occidental. Uds. deben de tener el documento que completa el que yo tengo en mi poder (y no les diré por qué). Evidentemente, no lo tengo aquí, está a buen resguardo. En él, se recogen ciertas notas de Sykes y de Picot tomadas en sus reuniones secretas de 1915 (el año previo a la firma del acuerdo). En esas minutas, Sykes procura acercarse a Picot para aclarar que, a pesar de lo que pudiese avecinarse en el futuro próximo (como la Declaración Balfour) y lejano (como las pretendidas requisas de Trump), a pesar de las traiciones que se pudiesen dar entre sus propias naciones (las de Uds., Francia y Gran Bretaña), debían dejar constancia escrita y dividida en tres partes (para mayores garantías) de lo que habían descubierto en Oriente Medio: bajo las ruinas de Petra, de Hatra, del Muro de las Lamentaciones antiguo (el Templo de Salomón) y las de Palmira habían hallado, sin siquiera excavar, unos haces de luces fluorescentes que, de noche, resplandecían tan potentemente que desde cualquier punto de Oriente Medio se podían vislumbrar. Como sabrá, Sykes y Picot habían viajado a Oriente Medio durante el noviembre de 1915. Se encontraron, en secreto, en cada uno de los puntos mencionados. Fue gracias a los comunicados entre Gertrude y Sykes. Bell había visto el fenómeno luminiscente en la zona que consideró la antigua Babilonia. Pero, nadie más lo pudo ver: solo ella, entre su séquito, pudo verlo. Pensó que sólo los escogidos verían aquellos focos de luz y, por ello, quiso contactar con Sykes, urgiéndole para que, antes de firmar el tratado, se encontrase con Picot en la zona. No le dijo más hasta reunirse con ambos en Mosul.

En ese momento, May solicitó a todos los miembros de seguridad que saliesen fuera de la sala.

ㅡMiss Yébenes ㅡme grito silenciosamente Mayㅡ Ud. se ha vuelto loca. Pretende que aceptemos su presión para ceder nuestros documentos. Llevan ocultos más de 100 años y bien sabe por qué. Aquí no podemos reconocer ni mencionar nada.

ㅡEsos documentos no han sido eliminados por varios motivos, como imagino que sabe ㅡme sugiere Macronㅡ. Si Ud. busca de nosotros una acción ligada con ellos, no la va a obtener. Solo saldrán a la luz si Trump nos induce a una tercera guerra mundial. Y solo si lo hace en Oriente Medio. Vamos a dejarla ir, sin siquiera saber dónde tiene Ud. el tercer fragmento del documento, pero vamos a vigilarla el resto de su vida, téngalo por seguro.

En ese momento, decidí irme de la sala realizando un transviaje muy rápido y regresando, solo para que pudiesen comprobar mi capacidad, para que supiesen que puedo desaparecer de un modo inmediato y regresar de ipso facto.

ㅡ¿Qué hace? ¿Cómo lo ha hecho? ¿Qué pretende? ㅡme dijo May.

ㅡGertrude, así como Picot y Sykes, era una transtiempo. Como yo. Tenían esta misma capacidad. No les diré más. Pero sí quiero que entiendan que ésa fue la razón por la que ellos podían ver esas luces bajo los yacimientos o las ruinas. Y, ahora, con su permiso…

Desaparecí definitivamente de la sala, dejándoles esa mentira como misterio.

Cuando regresé a Valencia para comentarle a Concha lo sucedido, tuve que hacer con ella lo mismo. Desaparecí y reaparecí cinco veces seguidas. A la segunda, ella ya estaba sentada en su cama, cogiéndose la cabeza entre las manos. Y esa noche fue muy, muy larga…


Lodos y barros: de Sykes-Picot a ISIS
por Carmen Nikol
continuación de Las carnes del tiempo | Capítulo VII: 459: Mayoriano, el último emperador romano


La magia de las velas

Historia, Utilidad y Elegancia en la Mesa

@table.centric

Las velas han sido parte integral de la humanidad desde tiempos remotos, cautivando con su luz y calidez. Desde las antiguas civilizaciones hasta nuestros días, las velas han desempeñado múltiples roles: iluminar, celebrar, relajar y embellecer.

Historia de las Velas

El uso de las velas se remonta a tiempos inmemoriales, cuando las civilizaciones antiguas descubrieron que la cera de abejas o sebo de animales podía arder de manera controlada.

En la antigua Roma, 500 a.C. comenzaron hacer velas de sebo, convirtiéndose en un artículo común, y su uso estaba reservado para la élite y para fines religiosos.

Fue en el siglo III a.C. cuando los egipcios desarrollaron las primeras velas con mechas, utilizando una técnica de colado de cera alrededor de una mecha

Durante la Edad Media, las velas se hicieron más accesibles, gracias a la producción en monasterios y talleres locales. Sin embargo, su calidad variaba ampliamente, con velas de sebo que producían humo y olor desagradable, y velas de cera de abeja, más costosas pero con una llama más limpia y suave.

El siglo XIX marcó el inicio de la producción industrial de velas, con la invención de la máquina de hacer velas por Joseph Morgan en 1834. Esto hizo que las velas fueran aún más accesibles para la población en general, y la introducción de la parafina como materia prima revolucionó la industria de las velas.

Anécdotas Curiosas sobre las Velas

  • Las velas han estado presentes en algunos de los momentos más significativos de la Historia. Durante la Revolución Francesa, en 1793, la reina María Antonieta, encarcelada en la prisión de la Conciergerie, fue consolada solo por la luz de una vela mientras esperaba su ejecución.
  • En el ámbito científico, fue Alessandro Volta, en 1800, quien bajo la luz de una vela desarrolló la primera batería eléctrica después de observar la chispa producida al tocar dos cables conductores conectados a una pila de monedas de cobre y zinc separadas por una tela impregnada de una solución ácida.
  • Durante la Segunda Guerra Mundial, las velas fueron vitales para mantener la moral de los soldados en los campos de batalla. En la Navidad de 1944, durante la Batalla de las Ardenas, los soldados estadounidenses celebraron una misa de medianoche iluminada solo por velas, en un gesto de esperanza y solidaridad en medio del caos y la oscuridad de la guerra.
  • En un ámbito más íntimo, el famoso compositor Ludwig van Beethoven era conocido por encender velas en su piano mientras componía, creando así una atmósfera de inspiración y concentración.

Utilidad de las Velas

Además de su función básica de iluminar, las velas tienen un poderoso efecto en el estado de ánimo y la atmósfera de un lugar. La luz tenue y cálida de una vela puede crear un ambiente romántico y relajante, ideal para cenas íntimas o baños de espuma.

En eventos especiales como bodas o ceremonias religiosas, las velas simbolizan la unidad, la esperanza y la paz. La llama de una vela también puede ser utilizada en meditación y rituales espirituales, como una forma de centrar la mente y encontrar serenidad.

Protocolo para Encender las Velas

En el arte de vestir la mesa, el protocolo para encender las velas puede variar según la ocasión y la tradición. Sin embargo, algunas pautas generales incluyen:

  • Encendido antes de la llegada: En cenas formales, las velas suelen encenderse antes de que los invitados lleguen, para dar la bienvenida con una atmósfera acogedora.
  • Encendido durante la cena: En eventos más íntimos, las velas pueden encenderse justo antes de que comience la cena, para crear un ambiente más íntimo y romántico.
  • Apagado al finalizar: Las velas suelen apagarse al finalizar la cena o el evento.

Colores en Armonía con el Mantel

Al elegir el color de las velas para complementar el mantel, es importante tener en cuenta el estilo y la ocasión:

  • Mantel Estampado: si el mantel tiene un estampado llamativo o colorido, es mejor optar por velas en tonos neutros como blanco, crema o gris, para no sobrecargar la mesa visualmente.
  • Mantel Liso: si el mantel es de un color sólido, puedes jugar con la paleta de colores y elegir velas que contrasten o complementen el tono del mantel. Por ejemplo, si el mantel es verde, puedes optar por velas en tonos dorados o blancos para un contraste elegante.

La elegancia de las Velas en el arte de vestir la mesa

Y tras esta breve introducción, te invito a sumergirte en la elegancia del arte de vestir la mesa, con unas maravillosas presentaciones en las que las velas cobran pleno protagonismo.  He seleccionado a un grupo de apasionad@s en el arte de decorar la mesa, que se distinguen por su atención al detalle y la forma de incluir velas en sus composiciones, que comparten en Instagram, siendo todas ellas una fuente de inspiración.

Estoy entusiasmada de poder mostrar su creatividad y buen gusto en el uso de las velas. Cada detalle está pensado para cautivar los sentidos y convertir una comida en una experiencia inolvidable a la luz de las velas.


@oltrelatavola.it

Las velas son el toque final para una mesa con estilo y glamour

Imagina una mesa decorada con un aura de encanto y calidez. En el centro velas rosas brillan suavemente, esparciendo una luz tenue que acaricia el ambiente. 

El mantel rosa magenta es la base de esta creación de ensueño, infundiendo un toque de dulzura y estableciendo el tono para el resto de la decoración.

Entre las velas, se entrelazan delicadas flores frescas, sus pétalos suaves y colores dulces crean un espectáculo visualmente cautivador.

Cada detalle, desde las flores hasta las velas, parece susurrar palabras de amor y esperanza, llenando el espacio con una energía reconfortante y emotiva.

Las flores, las velas y servilletas combinan perfectamente con el mantel, colores que embellecen el ambiente, logrando dulzura, elegancia, belleza y sofisticación en perfecta armonía.

Las velas, colocadas en portavelas de cristal, añaden un toque de magia, no solo son objetos decorativos, son portadoras de luz, esperanza y emoción. Ya sea para celebrar una ocasión especial o simplemente para disfrutar de un momento de tranquilidad.

Alessandra nos presenta esta mesa, vestida con amor y dedicación, donde cada detalle refleja elegancia y calidez inigualable.

@oltrelatavola.it

Las velas dan un toque de elegancia al entorno

Esta otra mesa de Alessandra, con mantel blanco, bajoplatos de ratán, vajilla blanca y adornada por doquier con exquisitos detalles, crea un ambiente acogedor y romántico.

Como centro, destacan flores blancas elevando la estética de la mesa, y candelabros de cristal con velas turquesas para añadirle un toque de contraste vibrante. Alessandra ha querido jugar con la paleta de colores y combina acertadamente el tono neutro del mantel con el brillante turquesa de las velas que iluminan con su luz suave y cálida, creando un acogedor ambiente.

Las llamas danzan con gracia, reflejando destellos en los cubiertos y cristalería, añadiendo un toque de magia al ambiente.

Podríamos decir que más que una llama es una emoción. Es como si cada vela contara una historia de amor y cada destello fuera un susurro de felicidad, demostrando que el arte de vestir la mesa es una forma de expresar amor y cuidado por quienes se sientan alrededor de ella.

Una mesa cuidadosamente vestida puede transformar un encuentro en una experiencia memorable.


@a.a.parias

Los centros de mesa con velas son el detalle perfecto

Esta mesa es una obra de arte, elegante y cautivadora. En el centro, un espectacular arreglo de flores añade un toque de frescura y color. Contemplamos también unos delicados jarritos dispuestos con atractivos tulipanes, que le dan un mayor plus a este ambiente tan agradable y encantador.

Las velas rojas, vibrantes y acogedoras, iluminan suavemente el entorno, realzadas por candelabros de cristal, que aportan un brillo refinado y sofisticado.

La vajilla, con diseño en blanco y negro, combina la modernidad con la elegancia clásica, destacándose sobre un mantel de diseño exquisito que une todos los elementos en una armonía visual perfecta.

Cada detalle ha sido cuidadosamente seleccionado para deleitar a todos sus comensales.

Las velas tienen una capacidad única para tocar nuestras emociones más profundas. Su luz titilante y su suave fragancia pueden transformar un simple momento en una experiencia inolvidable.

La creatividad de Ángel, se manifiesta en cada detalle de esta mesa, mostrando su habilidad para fusionar estilo y utilidad.

@a.a.parias

La belleza de las velas crea un ambiente inolvidable

Esta mesa, deslumbra con su cristalería vintage exquisita, emanando una elegancia atemporal.

La vajilla, sobre elegantes bajoplatos de plata, es presentada con platos llanos y soperitas o tureens individuales, que le añaden un toque de sofisticación y encanto a la mesa.

Un majestuoso candelabro con cinco velas se erige como la pieza central, iluminando la mesa de manera refinada y con gracia. Le acompañan velas con tonos naranjas aportando calidez y contraste.

Las flores bajas, discretas pero encantadoras, no restan protagonismo a las velas.

El mantel naranja, decorado con un diseño de ramas y flores de cerezo, envuelve todo en una atmósfera de armonía y belleza.

Cada elemento ha sido elegido con esmero para crear una experiencia visual y sensorial única.

Así nos la presenta Ángel con esta elegante mesa.


@catalinalopez_mesas

Las velas dan un toque de glamour a la mesa

Esta mesa que nos presenta Catalina, es una verdadera obra maestra de originalidad y sofisticación.

Su conocimiento y estilo único, iluminan cada espacio, convirtiendo las velas en piezas esenciales para crear ambientes acogedores y llenos de elegancia.

En el centro, candelabros de cristal de diferentes alturas se alzan majestuosamente, cada uno sosteniendo una vela brillante. La combinación de alturas crea un juego visual fascinante, atrayendo la mirada y añadiendo profundidad al conjunto.

 La luz de las velas se refleja en los cristales, creando destellos que dan vida al ambiente. Es como si cada candelabro contara su propia historia de glamour y distinción, convirtiendo la mesa en el centro de atención de cualquier encuentro.

Las delicadas ramas con bolitas rojas, crean un contraste vibrante sobre la mesa blanca dándole belleza y elegancia y aportando un toque festivo al centro de la mesa.

Catalina nos aguarda con esta maravillosa mesa alumbrada por velas.

@catalinalopez_mesas

La magia de las velas hace que cualquier comida sea memorable

Las velas naranjas en esta mesa de Catalina, desbordan un aura de calidez y elegancia. Sus destellos anaranjados iluminan delicadamente el entorno, añadiendo un toque de distinción a la celebración, su luz cálida y acogedora, crean un ambiente íntimo y sereno. Es como si cada llama bailara al ritmo de la alegría y la felicidad, envolviendo la mesa en un halo de encanto y belleza

Van acompañadas por delicados arreglos de eucalipto y flores, aportando un toque natural. Las hojas de eucalipto, con su verde suave, contrastan armoniosamente con las flores, añadiendo una dimensión visual encantadora.

Este conjunto no solo embellece la mesa, sino que también eleva la experiencia de los comensales, haciendo de cada comida un momento especial y memorable en un entorno cuidadosamente adornado.

Las copas con grueso borde dorado y los vasos de cristal trasparente de color ámbar, con rayas verticales, añaden un toque especial a la mesa.

Sin duda,  las velas naranja son el detalle perfecto para elevar a cualquier ocasión a un nivel de exquisita distinción y estilo.


@conchitatranche

Las velas son el complemento ideal para una cena bajo las estrellas

Las velas con tonos rosa, lila y morado en esta mesa son simplemente espectaculares.

Su suave resplandor colorea el ambiente con una delicada paleta de tonos cálidos y románticos, añadiendo un toque de encanto que envuelve a todos los presentes. Es como si cada llama fuera un pétalo de amor y ternura, creando un ambiente mágico y entrañable.

Cestitas de mimbre para el pan y una tacita de té aguardan a cada comensal.

Los espléndidos platos con diseño de flores embellecen la mesa con elegancia primaveral.

Pero sin duda, son las velas, el ingrediente perfecto para hacer de cualquier reunión un momento inolvidable y lleno de magia.

Conchita nos recibe con la calidez de sus velas que le dan un toque placentero al entorno, transmitiendo cada una de ellas una emoción, que las hace especiales, como la sensación de calma que inspiran, el cálido resplandor que envuelve el jardín, y el aroma sutil que despierta recuerdos y sensaciones.

Es su invitación a disfrutar de un ambiente acogedor, dónde la luz de las velas destacará cada detalle con encanto.

@conchitatranche

Los centros de mesa con velas crean un ambiente acogedor

Imagina una maravillosa mesa en medio de un exuberante jardín, donde el verde de la naturaleza se encuentra con el cálido resplandor de las velas rojas y naranjas.

El contraste de colores es simplemente cautivador, creando una armonía visual que hace que cada comensal perciba con fascinación cuanto le rodea. Las llamas danzarán con gracia, iluminando la belleza natural que las rodea y añadiendo un toque de pasión y vitalidad al entorno sereno.

Es como si la mesa fuera un lienzo, donde la naturaleza y el encanto se unen en perfecta armonía, creando un escenario mágico donde los momentos se vuelven aún más especiales.

Es una mesa que Conchita ha adornado con esmero, y decorado para deleitar nuestros sentidos, donde las velas dan vida a un ambiente armonioso y encantador. Este escenario al aire libre ofrece una experiencia visual y sensorial única, ideal para ocasiones especiales y momentos memorables.


@cr_is1186

La magia de las velas ilumina la mesa

En esta mesa, el brillo de las velas crea un ambiente de pura magia, donde cada centelleo eleva el encanto de la ocasión.

Es una escena deslumbrante, donde la única luz proviene de una multitud de velas que iluminan la mesa con un resplandor encantador y misterioso.

Cada llama parece bailar en la penumbra, creando un espectáculo hipnotizante que envuelve a todos los presentes en un aura de elegancia y romance. 

Agregar tulipanes a una mesa impresionante puede ser un toque maravilloso de contraste y frescura. Cris ha jugado con la paleta de colores, eligiendo tulipanes de tonos que complementen o contrasten con los otros elementos de la mesa.  Además, ha colocado los tulipanes en jarrones de cristal o cerámica para mantener la cohesión estética.

Es un momento único, donde la luz y la sombra se funden en una alegre danza, haciendo que esta mesa brille con una intensidad que captura corazones y almas por igual.

Cris ha decorado esta mesa con velas para deleitar nuestros sentidos.

@cr_is1186

Las velas y lamparitas dan vida a la mesa

En esta mesa, la magia de las velas convierte cualquier comida en una experiencia inolvidable. El centro está adornado con delicadas flores de rosas rojas, destacando la belleza de los tulipanes color rosa.

Las velas rosas, y muchas de ellas bajas, añaden un toque de encanto y calidez, que junto a las preciosas lamparillas, crean un ambiente íntimo y acogedor.

Cada detalle está imbuido de delicadeza, desde la suavidad de los pétalos hasta el destello de las llamas danzantes.

Integrar vasos rojos y platos artesanales de diferentes vajillas en una mesa le añade un encanto único y ecléctico: los vasos rojos pueden servir como puntos focales vibrantes, mientras que los platos artesanales aportan textura y personalidad. ¡La variedad en la vajilla puede crear una mesa verdaderamente memorable y acogedora!

Cris nos ofrece una escena donde la elegancia y la sutileza se encuentran, transformando cada momento en algo verdaderamente especial.


@enelpaisdelasilusiones

Los centros de mesa con velas pueden ser simples, pero impactantes

Aquí podemos observar cómo las velas le dan protagonismo y vida al centro de la mesa.

La vajilla dominando en tonos rojos, irradia pasión y elegancia.

En el centro,  un original círculo de velas blancas forman una corona de luz, mientras que abundantes velas adicionales iluminan la escena con un resplandor armónico.

Entre la luz titilante, flores rojas danzan delicadamente, aportando frescura y vitalidad al ambiente.

Es una escena donde la calidez y el encanto se entrelazan, creando un ambiente que invita a disfrutar de momentos de deleite y amistad.

Cada detalle está cuidadosamente dispuesto, añadiendo un toque de magia a cada encuentro.

Juana ha conseguido que la luz de las velas resalte la belleza de esta mesa.

@enelpaisdelasilusiones

La luz parpadeante de las velas añade magia al ambiente

El arte de vestir la mesa es una experiencia entrañable, que transforma cualquier reunión en un momento mágico

Imagina un mantel blanco, impecable, que sirve de lienzo para una escena deslumbrante.

Candelabros de cristal con velas blancas que se erigen majestuosas, iluminando suavemente el entorno.

Alrededor, velas bajas esparcidas por doquier, creando una atmósfera cálida e íntima. Sus llamas danzantes  se reflejan en la elegante cristalería de colores vibrantes.

El centro de mesa es una obra de arte viviente: una exuberante mezcla de verdes frescos y tulipanes naranjas que cuelgan graciosamente, aportando un toque de naturaleza y color.

Este arreglo, no solo embellece la mesa, sino que también invita a los comensales a unirse en una experiencia sensorial completa, donde cada elemento contribuye a la magia de la velada.

Cada vela encendida es un gesto de generosidad que Juana nos ofrece. La mesa se convierte así en un espacio de encuentro, conversación y celebración, adornada con elegancia y calidez.


@mercedesdomonte

Los centros de mesa con velas son el punto focal perfecto

La belleza de una mesa, está en los pequeños detalles. En esta mesa, las velas dan un toque de elegancia al entorno. El mantel y los vasos azules crean un fondo sereno y refrescante, en armonía con el azul de la piscina, mientras que las velas y las flores naranja, aportan calidez y vitalidad al ambiente.

El verde de las hojas, complementa perfectamente esta paleta de colores, añadiendo frescura y naturalidad.

Es una escena donde la armonía  de los tonos se une con la suavidad de la luz de las velas, creando un espacio encantador, que invita a disfrutar de momentos especiales y memorables.

En esta mesa las velas dan un toque acogedor al entorno creado por Mercedes. Cada vela representa el cuidado con el que ha preparado la mesa, creando un ambiente mágico y entrañable. Esta composición es un testimonio de la pasión de Mercedes por la estética y la funcionalidad en el diseño de sus mesas.

La calidez de las velas nos hace sentir bienvenidos por Mercedes.

@mercedesdomonte

La calidez de las velas invita a la conversación

En esta mesa, la calidez de las velas invita a la conversación. Su luz suave y parpadeante, crean un ambiente acogedor que fomenta a compartir sus pensamientos y sentimientos, centrando la atención en las personas presentes y en la conversación misma.

En un mundo donde las interacciones suelen ser rápidas y superficiales, las velas ofrecen un refugio para conversaciones más íntimas tanto familiares, como de amistad.

El mantel negro contrasta elegantemente con la vajilla blanca y diseño rojo, haciendo que ésta destaque, cual obra de arte, sobre la mesa.

Las velas rojas, con su suave resplandor, crean un ambiente acogedor que anima a compartir historias y risas.

Es una escena, donde cada detalle, desde el destello de las velas hasta el diseño de la vajilla, está impregnado de encanto y elegancia, convirtiendo cada encuentro en una experiencia memorable.

Esta mesa  es un testimonio claro de que la  imaginación de Mercedes no tiene límites. Cada detalle refleja su creatividad, logrando una mesa que no sólo es funcional, sino una obra de arte, que transforma cualquier espacio con su originalidad y belleza inigualable.

Mercedes ha hecho que las velas sean el toque final para una mesa elegante.


@table.centric

Las velas añaden un toque de misterio y encanto al ambiente

Imagina una mesa cubierta por un mantel negro, elegante y misterioso, que actúa como el telón de fondo perfecto para una experiencia memorable.

Sobre este lienzo oscuro descansan delicadas flores blancas, como destellos de pureza y elegancia en la oscuridad, emanando su suave aroma y embelleciendo cada espacio con su presencia serena.

Pero lo que realmente ilumina esta mesa y la llena de magia son las velas blancas, cuyas llamas danzan con gracia y misterio. Su luz suave y titilante crea un halo de encanto alrededor de la mesa, envolviendo todo en un resplandor cálido y acogedor.

Así, la magia de las velas es un recordatorio de que incluso en la oscuridad más profunda, la luz de la esperanza siempre puede brillar.

Una cena así, se convierte en un verdadero banquete para los sentidos, donde la belleza, la calidez y la emoción se entrelazan en una experiencia inolvidable.

Vanessa ha hecho realidad esta imaginación, trayendo a la vida nuestro sueño con su toque mágico.

@table.centric

La luz de las velas crea un ambiente de lujo y sofisticación

¿Y por qué no una mesa elegantemente adornada con una delicada combinación de flores y velas rosas, donde cada elemento se fusiona para crear un punto focal que cautiva los sentidos?

Sobre un mantel blanco, las flores despliegan su belleza en tonos suaves, mientras las velas danzan con una luz suave y cálida, creando una atmósfera de ensueño.

La vajilla, con su exquisito diseño en dorado, añade un toque de sofisticación y elegancia, completando así una escena verdaderamente encantadora.

Las copas de cristal decoradas con dorados crean un ambiente elegante, acompañadas por vasos verdes, añadiéndole un toque de color y contraste, y creando un aspecto llamativo y moderno.

Combinar estos elementos con los tonos rosa de velas y flores puede realzar una mesa con un equilibrio visual interesante y estético, como podéis comprobar.

Esta mesa, cortesía de Vanessa, nos espera sus con velas encendidas.



La magia de las velas: historia, utilidad y elegancia en la mesa
por Juana Sanz, con la participación de:


459: Mayoriano, el último emperador romano

«Claro, claro… quédate tú mis ropajes. Me irán muy bien los tuyos». Ésa fue mi manera de entrar en la comunidad romana de Cartago Nova: conseguí ofrecerle mis telas y mis nuevos diseños a una vendedora de la calle del foro, una de las más populares. Le encantaron y no dudó en mantener el contacto.

Aunque mi latín tardío era bastante bueno, no podía evitar que se me escapase algún deje propio de una mujer extranjera. Tampoco me perjudicaba: era mi acento lo que conseguía darle más credibilidad a mi gol.

Le indiqué que había heredado el negocio de mi difunto padre y que, aprovechando la nueva situación de la mujer (tras su acogida cristiana), había decidido viajar yo misma para ofrecer los intercambios comerciales. A aquella vendedora solo le pedí, en esta primera ocasión, un intercambio con sus propias prendas. Con ellas podría pasear por las calles sin destacar, tan solo como una mujer más de la zona. Ni se lo pensó: estaba claro que le gustaba la tela que yo portaba y accedió al cambio. Accedió, de hecho (motu proprio) a mucho más.

Mis telas eran modernas (del siglo XXI) pero muy conseguidas, muy parecidas a las de la época, lo suficiente como para que ella sintiese que no iban a acusarla de rara sino de todo lo contrario: la iban a admirar.

«Me llamo Milce” -le dije- “un placer hacer negocios con usted». Me inventé ese nombre porque quise retomar el testigo de la mujer de Aníbal Barca: eso sí, sin que sonara exactamente igual. Este detalle le aportaría algo memorable. Quizá no acabaría de entender por qué me llamaba así (ni ella, ni nadie) pero, siendo forastera, pensé que podrían justificar casi todo. Y así fue: me fueron acogiendo entre ellas, entre las mujeres de Carago Nova (nuestra Cartagena española actual).

Estábamos en el año 459 DC (no puedo expresar cuánto detesto esta nomenclatura; pero, es que si pongo de nuestra era igual no se interpreta bien cuando me lean -cuando me leáis).


Antes de seguir, voy a indicaros en este punto de mi diario (por si no me leéis en el orden adecuado) que vale la pena que os recuerde que, cuando viajas en el tiempo -cuando transviajas, cuando eres un transtiempo-, has de tener un sentido experto de la ubicuidad y conocer muy bien el idioma, la cultura, los vestidos, las costumbres, los horarios,… todo. Has de trabajar duro, prepararte. Antes de llegar a las épocas y a los lugares que te interesan, has de estudiar muy bien qué personaje te procurará más oportunidades. Además, y muy importante, has de conocer muy bien el lugar y viajar varias veces -en viajes cortos- hasta tenerlo todo bastante claro: ese lugar que te va a facilitar lo oportuno para poder conocer a ese objetivo, a ese personaje concreto, y desarrollar aquella oportunidad ideal. Pero,… a veces, te equivocas. A mí, esta vez, se me pasó por alto algo y solo me salvó lo inesperado.


No sabía si me iba a apetecer Mayoriano, pero sabía que debía acostarme con él.

De Mayoriano (en el presente -mi presente vital, el del 2017) se sabía relativamente muy poco y muy a pesar de haber sido un emperador romano (de hecho, para muchos, el último emperador romano -sobre todo para los románticos). Se sabía que era un hombre de ley y un emperador ambicioso que echaba profundamente de menos lo que Roma supuso para la humanidad en el mejor de sus momentos expansivos. Actuaba (en teoría) bajo las órdenes del Imperio Romano y fue puesto en el cargo por dos personajes muy importantes: su protector, el emperador de Oriente (León I -al que el futuro le daría el nombre de emperador de Bizancio y que fue quien le nombró el jefe de las tropas de Occidente, el magister militum) y Ricimero, su Prefecto del Pretorio (una de las figuras más predominantes entre las del poder romano antiguo).

Antes he dicho en teoría porque en realidad no quiso responder a las expectativas de los promotores de la llegada a su cargo: quiso mejorarlas. Gran luchador y gestor administrativo, quiso aprovechar el cargo a favor del pueblo (un poco sin él, pero no del todo -como otros ilustrados futuros sí harían). Actuó con conciencia fronteriza. Fue el último emperador en intentar recuperar los territorios antiguamente romanos que llevaban ciertos años bajo el sometimiento y el uso de los pueblos germánicos. Tenía decidido que iba a recuperar un buen gobierno, unas buenas leyes y el territorio perdido por la casta romana. Y que lo iba a hacer contando con la aquiescencia de León I y con las reticencias de Ricimero.

[Como nota os diré que he querido poner en cursiva los anteriores conceptos de bondad porque, de algún modo, no todos los gobernantes ni ciudadanos romanos tenían un concepto de ética, ni de bondad ni de vida acorde con lo que hoy entendemos por leyes universales. Pero, os derivo a leer las propias fuentes romanas o a escritores del futuro que hayan puesto todos sus esfuerzos en traducirlos e interpretarlos correctamente. Hay mucho por concretar respecto a la bondad o el buen hacer a lo largo de la historia y de los libros que la analizan.]

Pero, siguiendo con Mayoriano, he de incidir en algo importante: fue alguien que me sorprendió siempre y siempre supe que vivía bajo el latente foco de lo inesperado. Sin embargo, algo se me pasó por alto y lo temí en cuanto supe darme cuenta de ello.

Mi artículo iba a ser un éxito, sin duda. Antes de escribirlo ya podía disfrutar de cómo Concha me sonreiría (una vez más) y de que lo publicaría lo antes posible. De hecho, lo publicó en noviembre de 2017, tal cual se lo entregué.

La mujer con la que había intercambiado ropa me procuró una buena estancia en Cartago Nova (C.V.I.N.C., Colonia Vrbs Iulia Nova Carthago -nombre que recibió tras darle el rango de colonia romana). Asimismo, me abasteció de ciertos enseres necesarios y también de comida, además de procurarme una estancia. Quiso garantizarse la correspondencia en el futuro, por si le podía hacer falta. Al principio, durante un par de semanas, me tuvo en su casa y, después, me ubicó en una especie de edificio de apartamentos en el que se quedaban los viajeros, los peregrinos (pues ya los había, por aquellos entonces) y los comerciantes de paso como yo. El edificio era una bella insulae de tres plantas, nueva, que se diferenciaba algo de las propias de las clases bajas de la ciudad. Lo único que me preocupaba, tras mi ubicación en tal insulae es que estaba demasiado expuesta y quizá me afectaría en algún momento o me estorbaría para conseguir mi objetivo real. Aquel edificio siempre estaba lleno de gente y eso no me permitía estar relajada ni concentrada. Y, aún así, con el tiempo, me di cuenta de que era lo mejor que me pudo haber ocurrido.

Mayoriano comenzó a reconquistar los terrenos de la actual Italia para, en breve, pasar a conquistar los de la Galia (la actual Francia), donde consiguió, sabiamente, que Teodoríco II -rey de los visigodos- firmase un tratado de paz con los de Hispania (la provincia tarraconensis, principalmente). En Francia, se instaló en Arlès: una ciudad mágica en la actualidad. Y en Hispania, tras vencer a los godos (y brindarles la condición jurídica de pueblo federado) decidió tomar aposentos relativamente cerca de mí. Por supuesto, gracias a mis estudios previos, ya sabía que así iba a ser. Como también sabía que venía al levante alicantino y murciano a preparar una flota para luchar contra los vándalos del norte de África. La estaba urdiendo en el portus Ilicitanus (el puerto de Elche, la actual Santa Pola) donde se instaló en una gran mansión romana.

Cuando llegó a la mansión que le recibió (donde los propietarios contaban con un negocio importantísimo dedicado a las salazones -producto exquisito y necesario por aquellos entonces), ya estaba muy generalizada su áurea de emperador y de luchador imbatible: se respiraba una sensación de orgullo y esperanza, propia de tener a un imponente gobernador entre el agradecido y melancólico pueblo romano que, con él, creía en la verdadera posibilidad de recuperar las antiguas fronteras del Imperio.

No iba a ser fácil conseguir acercarme a él. Y menos destacar hasta el punto necesario para poderme comunicar con él sin querer pretender ser una más o, sencillamente, no destacar nada y parecer una esclava agradecida. Pero, al fin y al cabo, yo era una comerciante extranjera y no estaba allí para cumplir con las normas propias de la antigua Roma. De algún modo, mi estancia como mujer poderosa en el mundo de los negocios iba a ser una ventaja, pero… ¿de qué modo? Acabé de pensarlo y lo llevé a cabo.

Decidí avisarle: entre sus tropas -como bien había estudiado ya- se estaban generando ciertas animadversiones fruto de las envidias, principalmente, y también como resultado de la decisión de no siempre hacer caso a aquéllos que le habían puesto en el cargo (sobre todo de Ricimero). Éste tenía, para sí, una serie de pretensiones que sentía que le costaría desarrollar si Mayoriano seguía aumentando su popularidad y generando leyes contrarias a sus dictámenes. Mayoriano le estaba castrando sus mejores (y peores) deseos.

El emperador Mayoriano era, también, un hombre generoso y respetuoso con su gente y, por ello, yo sabía que no podría creerme fácilmente si le avisaba sobre que pudieran fallarle los de debajo, pero sí podría creerme si le contaba lo que podría darse en el caso de confiar demasiado en el Senado Romano (al cual atosigaba para que se constituyesen nuevas leyes -entre otras, las que garantizasen la estabilidad de las edificaciones romanas, dejando de reutilizarlas para nuevos edificios, como se hacía hasta antes de entrar él en el poder). Pensé que también podría entrarle con comunicados sobre las pretensiones de Ricimero. De hecho, deseaba avisarle a pesar de que esto pudiese cambiar la historia. Mas, por otra parte, podría ser que no quisiese escucharme y, al contrario, quisiese conocerme solo para aniquilar a quien se había atrevido a emitir tales avisos (como ocurrió entre César y el hermano de Cleopatra). De ser así, y teniendo en cuenta que yo podría huir rápidamente con mi conjuro (el que uso para transviajar, el que me enseñaron mis padres y uso siempre), en realidad, era un riesgo que podía y debía asumir. De modo que, finalmente, me decliné por acercarme: decidí hacerle llegar, a la mansión, un mensaje intrigante: Tus tropas están recibiendo pagos de los vándalos. Milce.

Al cabo de dos días, estaba frente a él. La casa era preciosa, llena de mosaicos y con colores espectaculares por todas las paredes y zócalos (aprecié mucho venir de una insulae para poderlo disfrutar con la perspectiva del momento).

Me llevó a una sala privada: una estancia donde quería tratar el tema sin que nadie se pudiese enterar de sobre qué estábamos hablando. Una sala en la que me costó respirar por una fuerte impresión: el viento traía un olor rancio a salazón y a garum (esa salsa de vísceras de pescado, la más habitual -aún entonces-, la cual los romanos y sus colonias combinaban con casi todos los platos). Se me metió en cada fibra del cuerpo. Y esa impresión, combinada con la majestuosidad de la sala, ciertamente me tenía algo bloqueada. Era una sala llena de imágenes de Baco y, en aquel siglo V, ya no era lo propio ni lo más seguro: el Cristianismo era la corriente religiosa imperante, bien fuera en su rama arriana o bien en la católica (la más generalizada en Hispania y en gran parte de los terrenos que iban a conquistar). Ésa fue la razón por la que Ricimero le puso en el cargo de emperador: el propio Ricimero era arriano y no quiso correr riesgos llevando a cabo él las gestas necesarias.

El caso es que, en aquel preciso instante, yo no sabía si me llevó allí con el objetivo de impresionarme. Pensé que quizá quería aturdirme un poco antes de comenzar a hablar. Me costó… me costó empezar, sí. Y no solo por aquel olor y aquellas impresiones de Baco. También por su presencia: aquella magnífica presencia me había dejado claro que, si en algún momento había dudado de si podría desbaratar su lecho, ya lo tenía claro. Sí. Sí me apetecía. Y eso me acabaría salvando, de ser necesario. Ya no iba a sentir asco ni nada semejante, no iba a haber sacrificio necesario.

Ése era el punto más inesperado. Lo inesperado, lo incalculado. Iba a ser probable que me quedase prendada. Se me antojaba poder disfrutar de cada palmo de su cuerpo, de olerle. Su olor corporal no retenía el garum: era deliciosamente salvaje.

Viendo cómo me costaba comenzar a hablar, él mismo inició la conversación con un saludo: Salve, Milce. Me sorprendió ese salve porque, la verdad, no tenía una certeza sobre cómo se saludaban por entonces, sobre cómo era el saludo a una mujer en aquella época. Tampoco sabía cómo responderle yo, así que dije lo mismo: Salve, Mayoriano. Y pensé: si, por este saludo, voy a cometer un craso error, no me lo perdonaré nunca. De haberme equivocado, me hubiese metido en un problema terrible -imaginaba- pero… ¿qué decirle? En fin, afortunadamente fue condescendiente conmigo. Me invitó a sentarme frente a él y a comenzar a explicarle con detalles mi intención con aquel comunicado tan sorprendente para él. Quería detalles de cómo me había hecho con la información del mismo.

Comencé: Ha llegado a mí esa información a través de los rumores entre mis trabajadores. Dicen que algunos de tus oficiales están cobrando de los vándalos. Y no dudo de ellos, pues cuando les pregunto sobre cualquier cuestión, me contestan siempre con certeza, a pesar de las dificultades que esto pueda acarrearles. Les pago mejor que ninguna otra empresa del sector y gozan de más privilegios que en el resto. Son especialistas en lo nuestro y no les sería fácil cambiar de especialidad (así los escojo siempre). Me preocupo de que se sientan privilegiados porque sé bien que me interesa conseguir de ellos no solo un buen resultado empresarial sino también información fidedigna para conseguir mejores contactos. Es gracias a ellos y a su saber hacer que estamos hablando aquí, hoy, usted y yo. Como ve no les considero solo esclavos.

Me miró directamente, con cierta pausa. Pero, sobre todo,… me miraba con deseo. Se le notaba en la respiración y en su fijación en mis labios mientras me escuchaba. Respiraba tranquilo con el pecho hinchado en cada inspiración, y tocándose las manos mientras se recostaba en su asiento. Ambicionaba algo de mí y no era solo la información que le estaba ofreciendo.

Era un hombre robusto y firme, libidinoso y con conceptos sobre la libertad sexual algo más desarrollados que los de sus predecesores (que ya es decir, pero en otro sentido). Esto lo sabía previamente porque, de algún modo, así quedó registrado en el Código Teodosiano: había conseguido que el senado firmase leyes contra los votos de celibato prematuros.

Aún no se me había acercado y ya sentía como si quisiese acariciarme el pelo. No paraba de mirármelo. Me miraba desde la frente hasta el pecho, pasando por mi cara y los hombros… pero solo observaba mi cabello. No me asusté demasiado porque notaba su delicadeza en la mirada: si no, hubiese creído que iba a cortármelo tras acabar de exponerle mis razones.

En aquel momento (cosas que me pasan, a veces, en momentos en los que no me conviene descentrarme), me dio por pensar que los hombres romanos eran muy raros. Básicos, como los del futuro -en cierta manera-, pero más genuinos en sus rarezas. Los poderosos, en aquella era, distaban de los que les habían precedido (más sofisticados los anteriores, en su mayoría, pero más crueles con su propio pueblo también). Y, claro, eso me ayudó a reflexionar, como en un segundo plano, que si algo me daba cierta seguridad era su respeto hacia su pueblo. Pero, yo era extranjera y me estaba entrometiendo en asuntos de estado, en sus asuntos propios.

Al terminar de escucharme, se me acercó y se puso detrás mío, de pie, sin invitarme a acompañarle ni a levantarme. Me tocó la nuca con aquellas manos recias y agrietadas. Y me encantó, pero me dejó inmóvil, muerta de miedo y de ansias de girarme. Continuó bajando, acariciándome los hombros y los brazos y, al llegar a mis muñecas, las levantó con cuidado para acabar levantado de la silla todo mi cuerpo… De pronto, pero sin brusquedad, me soltó y me indicó que volviese la semana siguiente, a la misma hora y el mismo día. Me acompañó hasta la puerta y solicitó a dos de sus pretorianos que me acompañasen (para protegerme y para tenerme ubicada, por supuesto).

El mismo día de la siguiente semana, me recogieron por la tarde esos dos mismos hombres. Me dieron tiempo y me dijeron que preparase mis cosas. La insulae era un punto de encuentro para algunos viajeros que ya me conocían y que se habían creído mis peripecias comerciales. Eso me dio cierto empaque cuando les vieron llegar. Como dije, me llegó a beneficiar estar allí instalada, pues al recogerme pudieron comprobar cómo me despedían cordialmente todos los que nos observaban.

Cuando ya estábamos de camino, uno de ellos me preguntó sobre mis empleados y le comuniqué que habían viajado de regreso a casa. Tenían dos meses de descanso y que, a su vuelta, traerían más telas, tal como había quedado con mi asociada (a la cual, por cierto, le agradecí sus cuidados y le comuniqué que partía de Cartagena -mi manera de llamarlo para mis adentros). También le dije que no sabría cuándo volvería y que recogiese en mi habitación de la insulae todo lo que allí había dejado. Ésa era mi manera de agradecerle su magnífico comportamiento para conmigo, pues sabía que no volvería a verla y que no haríamos los negocios que le había prometido.

No me llevé demasiadas pertenencias, casi nada. Todo lo dejé en mi habitación. El mismo pretoriano tenía órdenes de Mayoriano para garantizar que tuviese suficientes vestidos, así como de asignarme a una criada (una de sus esclavas). Ella se ocuparía de tenerme acicalada para las cenas y de enseñarme lo que fuese necesario para conocer la casa y sus alrededores, además de las normas básicas de comportamiento dentro del marco imperial.

La primera noche de descanso, para él (la que le trajo de vuelta a la mansio), llegó tarde. En todos esos días, aún no le había visto. Yo ya estaba dormida cuando se metió en mi cama y comenzó a acariciarme las caderas. Lo hacía con el revés de sus dedos, con suavidad, agarrándolas inmediatamente y soltándolas poco a poco, como si quisiera evitar quedarse enganchado a ellas. No lo esperaba, aún no le esperaba. No sabía ni cómo ni cuándo iba a volver a verle: solo sabía que me estaba cuidando y que me quería cerca, me quería muy cerca. Pero… ¿cómo saber cuándo vendría? Me apretó hacia sí y me calentó las nalgas con su inesperado y enorme miembro. Me quedé helada, a pesar de todo el fervor que sentía. De nuevo no podía respirar bien (ya no notaba el olor de los mejunjes ni del salazón). Tal como fui dando indicios de poderme despertar, se levantó y se fue.

La noche siguiente fue distinta. Cenábamos con cierta parsimonia, entre altos cargos de su tropa, y, tras la cena, me acompañó a la habitación. Antes de entrar en ella, me preguntó si alguno de los que habían cenado con nosotros era alguno de los conspiradores contra él. Le dije, sinceramente, que no lo sabía. Y me miró con desconfianza pero, a la vez, vi que quería creerme. Me tocó el pelo y, nuevamente, se fue.

Quizá por la angustia de lo que le había dicho y por la espera de varias noches, la siguiente no se quedó fuera. Me acompañó y me metió dentro de la habitación, intranquilo: no me empujó, pero me puso la mano en la espalda para introducirme en la habitación. Me giró y me metió en la cama. Se estiró a mi lado y me dijo que, fuese o no cierto lo que le había contado, íbamos a conocernos mejor. Él notaba que yo le deseaba también. Procuré ser sutil, controlar mis miradas, pero mis gestos me delataban. Los humanos somos humanos, nada más (seamos o no transtiempos). Y nuestra piel, nuestros labios, nuestros gestos estremecidos, nuestras miradas… parece que han cambiado poco a través de los siglos. Somos legibles: entendemos lo que arde por debajo de nuestra faz. Lo he comprobado a lo largo de mis transviajes: las carnes del tiempo sienten siempre igual.

Sentía una curiosidad inmensa por conocer cómo iba a abordarme, cómo sería la sexualidad de un romano tardío, de un hombre curtido en la guerra, de un ser complejo como él. Él que estaba completamente duro y yo completamente mojada. Así de simple -pensé-. Acercó su boca a uno de mis pezones y lo acarició con su lengua, lo mordisqueó, contemplando cómo iba reaccionando. Y no tardó mucho en penetrarme. Tampoco en acabar con un largo gemido contenido.


Otra nota importante: yo estaba operada. Entre los transtiempos es una práctica habitual. Existen cirujanos y médicos de todas las ramas que son, también, transtiempos. Y, entre nosotros, dentro de lo que podríamos considerar nuestra logia, cumplimos ciertas leyes para garantizar el bienestar de los que transviajan. Una de ellas es que, si se solicita formalmente, se ha de operar a las mujeres que requieran de una ligadura de trompas. Y yo lo había hecho. No sentía justo que ningún hijo mío pudiese sufrir (pues no tenía garantías de que fuese a recibir mis cualidades de transtiempo) ni que fuese a llevar bien mis necesidades de viajar. No iba a renunciar a mi trabajo periodístico: era mi vida y no sabía cómo podría hacer frente a otra carrera. Nunca quise ni he querido averiguarlo: mi pasión periodística es muy poderosa. Tanto que, de hacer falta, incluso podía acostarme con un enemigo. Así soy y así sería en el pasado y en el futuro. Lo tenía comprobado.


Mayoriano no era un enemigo, no era una amenaza. Mis miedos se habían disipado. Había descubierto que, para mi sorpresa, era mucho más que un amigo. Conseguimos, durante dos meses, en noches discontinuas, forjar una cierta amistad. Nos acostábamos riéndonos o disfrutando de conversaciones sobre las leyes que iba introduciendo en lo que pretendía que fuese el siguiente Imperio Romano. Me hablaba de León I y también de sus propias sospechas sobre Ricimero (me indicó que ésa fue la razón por la que me quiso invitar la primera vez, por la que quiso escucharme… sus sospechas por Ricimero). Me hablaba sobre cómo estudiaba cada paso de éste, sobre cómo sabía que le intentaría hundir, sobre cómo estaba manejando la situación para que no pudiese empujarle hacia dificultades con el senado ni con el pueblo. Bien sabía que no estaba haciendo lo que le habían pedido. Era lógico que manifestase su rivalidad: ahora eran más rivales que cooperadores.

Era muy perspicaz y conocía bien a todos los pueblos de Occidente que le eran coetáneos, fuesen o no romanos. Pero yo sabía que no iba a poder evitar su asesinato y no quería estar ahí cuando ocurriese. No quería convertirme en su mujer ni quería que pudiese enamorarse más de mí. Llegado el final de los dos meses, que inicialmente ya le indiqué que me quedaría, vinieron a buscarme dos de mis colegas transtiempos. Una mañana, durante ese periodo, me excusé un rato y viajé rápidamente a Barcelona. Allí, me reuní con Alejandro y Sebastián y les indiqué cómo debían proceder para recogerme. Resultó muy creíble, de manera que Mayoriano aceptó no enviar con nosotros a nadie para acompañarnos. Menos mal porque, de haberlo hecho, se hubiesen quedado perdidos y desconcertados. Tal y como nos metimos en un carruaje (de los propios del momento, pero algo exótico -para darle ese toque de extranjería) regresamos a nuestros lugares de origen: ellos a Barcelona y yo a Valencia.


Concha no deja de estar perpleja con mis artículos y con mis desapariciones por demasiado tiempo (para su gusto). Así que estoy por contarle todo: la veo capaz de creerme, como lo hace Ruth y como lo intenta Liz. Sobre todo porque quiere delegar la gestión del diario en mí. Está enferma y se cansa. Pero, confío en que se recuperará pronto. De hecho, lo sé: he ido viajando al futuro para comprobarlo, a pesar de tenerlo prohibido. Le estoy agradecida por sus continuas muestras de confianza y quiero corresponderle. Viajaré al futuro para comprobar si sabrá llevar bien mi confesión. Eso sí puedo comprobarlo transviajando. Otras cosas no, pero ésa sí. La semana que viene lo haré.

El 13 de mayo del 2018 estuve todo el tiempo pensando en él, pensando en mi Mayoriano.

Moría, por disentería, el 13 de mayo del 461. Envenenado. Moría asesinado.


459: Mayoriano, el último emperador romano
por Carmen Nikol


Cada cosa a su tiempo

Hace años que no tengo contacto con el mundo estudiantil, mis nietos aún no han llegado a la edad universitaria y no sé cómo están las cosas ahora. Desconozco si persiste todavía el tipo de estudiante profesional que frecuentaba las aulas hace algunas décadas. Aunque lo de la profesionalidad y lo de frecuentar las aulas es un decir, porque se trata más bien de todo lo contrario, de alumnos matriculados que, de estudiantes, sólo tenían el nombre. Que habían hecho de la vida estudiantil su verdadera profesión, suspendiendo (o no presentándose) convocatoria tras convocatoria, prolongando al máximo la alegre y desenfadada vida estudiantil, mientras sus familias lo consistiesen.

Por un espontáneo proceso de selección natural y adaptación al medio, en las tunas y estudiantinas solía haber una buena representación de aquellos ejemplares.

Pero no siempre era así. También había tunos que eran buenos estudiantes y alumnos aplicados a quienes, por una razón o por otra, se les atravesaba una asignatura, que terminaba convirtiéndose para ellos en una obsesiva barrera infranqueable, donde se estrellaban irremisiblemente convocatoria tras convocatoria.

Este era el caso de Marcelino (llamémosle así por aquello de la política de confidencialidad), residente en el mismo Colegio Mayor donde yo me alojaba, que cursaba también estudios de Geología, y que desde hacía varios años estaba pendiente de aprobar la única asignatura que le quedaba pendiente, considerada por aquellos días como el hueso de la carrera: la Tectónica.

Marcelino, un tipo simpático, llano, campechanote y buen deportista, era el defensa central del equipo de fútbol del colegio, que competía en el campeonato universitario. Dentro del calendario escolar, había una fecha marcada en rojo, el partido contra el equipo del vecino colegio mayor, a pocos metros del nuestro, con quien se rivalizaba en todo, desde raigambre y tradición universitaria hasta en relumbre de los festejos, pasando (por supuesto) por el fútbol. No es fácil explicar la intensidad y la vehemencia con que se vivían aquellos duelos, pero baste decir que (a pesar de las diferencias en nivel y categoría deportiva), no tenían nada que envidiar a un derby Madrid-Barça, a un Sporting-Oviedo o incluso a un Boca-River.

A mediados del segundo trimestre, llegó el día señalado para el encuentro y, un poco antes del descanso, llegó hasta las gradas, donde se apretujaba la vociferante hinchada, un colegial alborozado. Venía sofocado, corriendo desde la Facultad, donde habían salido las notas de la convocatoria de febrero, y traía una gran noticia: Marcelino, ¡por fin!, había aprobado aquella maldita asignatura. Algo tan importante no podía esperar a la media parte y se acercó a la línea de banda. Cuando las circunstancias del juego lo permitieron, en un momento en que el balón estuvo alejado del área, le dijo al defensa lateral:

– ¡Dile a Marcelino que ha aprobado la Tectónica!

Diligente, el chaval se aproximó hacia el centro de la cancha para transmitirle la buena nueva. Y la respuesta de Marcelino, acompañada de una mirada fulminante, fue rápida y rotunda:

– ¡Calla cabrón y marca al extremo!

Cada cosa a su tiempo…


Cada cosa a su tiempo
por Enrique Ortega Gironés


Gastronomía alcoyana

Cocina mediterránea de montaña

Breve anecdotario sobre la historia y el entorno de Alcoy

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

En el interior de la montaña de Alicante se halla la ciudad de Alcoy, la cual alberga una rica historia en torno a la industria textil, metalúrgica, y papelera. Allí se desarrolló la papelera Bambú, famosa por sus producción de papelinas finas y delicadas, específicamente diseñadas para envolver los cigarrillos, un legado de innovación y calidad que perdura  en la memoria, reflejando el espíritu emprendedor de la comarca y su contribución a la industria.

Recuerdo como anécdota que de pequeños nos ponían, así tal cual, una papelina en el rasguño cuando nos caíamos, en lugar de usar tiritas, y que funcionaba perfectamente cubriendo la herida.   

Alcoy es una ciudad rodeada de belleza natural, como el paraje de la Font Roja, un Santuario en la montaña, con la bonita historia de La Virgen de los Lirios, a quien tienen como patrona.

También le rodea la Sierra de Mariola, impresionante entorno montañoso que ofrece hermosos paisajes naturales y numerosas rutas de senderismo, donde poder contemplar su riqueza tan variada en especies como, manzanilla o camomila, tomillo, romero, lavanda, espliego, con aromas intensos y propiedades medicinales. Estos paisajes influyen en la cultura local, con nombres como Lirios y Mariola, siendo comunes entre las alcoyanas. La conexión con la naturaleza es parte integral de la identidad de Alcoy y de sus habitantes.

Puente emblemático de las escenas alcoyanas

También conocida como la ciudad de los puentes, ya que su situación orográfica entre barrancos los hace necesarios. Con la peculiar costumbre de ir por las tardes a dar la vuelta a los puentes, una forma de relación social, aunque sólo sea con un breve saludo, tradición arraigada, ya que te encuentras prácticamente con muchos conocidos.

Ciudad de los tres ríos: el Molinar y el Barxell, que se unen formando el Serpis, rio principal que atraviesa el corazón de la ciudad. Sus riberas son testigos de la historia industrial de la zona, con antiguas fábricas y molinos que aprovechaban su fuerza motriz, y que veía pasar desde la ventana de mi colegio de infancia, cada día de un color diferente, lo cual me cautivaba, ya que las fábricas de tinte realizaban sus vertidos en él, cosa que se prohibió gracias a Dios, pero fue una época que muchos conocimos.

Estos ríos han tenido un papel fundamental en el desarrollo histórico y económico de la ciudad, proporcionando agua para la agricultura, la industria y otros usos. Hoy en día sus tranquilas aguas ofrecen un remanso de paz en medio del bullicio urbano.

Alcoy también es famoso por sus fiestas de Moros y Cristianos, por la Cabalgata de los Reyes Magos, (la más antigua de España) y por la Feria Modernista. Permitiéndonos todo ello soñar y viajar en el tiempo.

Recreación histórica en la Feria Modernista de Alcoy

La Feria modernista, cuyo objetivo es valorar una de las épocas más importantes  de su historia, como fue los principios del siglo XX, hace que Alcoy se convierta en una ciudad modernista tanto por  los vestuarios de los ciudadanos acordes a la época, o decoraciones de distintos establecimientos, desfiles y diferentes actuaciones, siendo un foco de atracción para visitantes cada vez mayor.

 Y cómo no, por la famosa frase de Más moral que el alcoyano, que  como cosa curiosa os contaré que cuando estuve viviendo en EE.UU, me sorprendió ver como hasta los propios americanos eran conocedores de esta frase, aunque no tenían ni idea de donde estaba ubicado Alcoy, probablemente por su base en el mundo futbolístico.

Y después de esta breve descripción, ya situados en el lugar que nos atañe, vamos a centrarnos en su gastronomía, tan peculiar y tradicional, con platos tan populares como la borreta, la pericana, la olleta, o sus pimientos rellenos, o con costumbres tan arraigadas como la picaeta (o aperitivo).

La picaeta alcoyana es todo un clásico que consiste en tomar el aperitivo (antes de la comida o la cena) degustando les tares o taretes,  pequeñas porciones de platos típicos, acompañados por el café licor (bebida típica alcoyana), una cerveza o bien un vermut. Muchas veces se puede comer o cenar tan sólo con estas deliciosas taretes. En este artículo os voy a presentar algunas de ellas.

La picaeta se puede complementar con elementos más usuales, como frutos secos, salazones y encurtidos: aceitunas rellenas, los altramuces, anchoas, cacahuetes, queso blanco, mojama…


Los nombres de algunos de estos platos son curiosos y no tienen traducción. Mantendré los nombres originales por si tomáis la decisión de acercaros por estas tierras y pedirlos en los bares.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

La forma de realizar esta receta puede ser distinta, según costumbres de cada familia, bar o pueblo de los alrededores. Yo la expongo como lo hacía mi abuela o mi madre, y como también se realiza en muchos otros sitios. Es una receta típica e imprescindible en la cena de Nochebuena. Suele hacerse también con ajo o tomate, ingredientes que como comprobareis, no son utilizados por mi familia.

Se utiliza una clase de pimiento seco, de forma alargada (como podéis ver en la imagen anterior) con un sabor muy especial, y que sólo se encuentra por esta zona. Aunque podéis realizar este plato con otro tipo de pimientos secos.

Estos pimientos también son protagonistas de la cena del pobre el 21 de diciembre, víspera del sorteo de Navidad, fritos y acompañados por un huevo y una sardina. Esta famosa cena es organizada por compañeros de trabajo o grupos de amigos para despedir la vida de pobre y atraer la buena suerte.

Os comento que tienen un sabor muy fuerte, que tomado por primera vez quizás no sea del todo aceptada, incluso también la segunda vez, pero a la tercera terminareis comiéndola a cucharadas, y os hablo por experiencia cuando la he presentado a grupos de amigos no alcoyanos, y que ya es algo que ellos mismos te piden como entrante estrella.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • 6 pimientos rojos secos
  • 100 gr de bacalao inglés salado seco
  • Pimentón (opcional pimentón picante)
  • ½ vaso de aceite o un poco más

Se coge el pimiento con las manos  por los dos extremos y sobre la llama muy baja del fuego se le van dando vueltas. Se irán hinchando y desapareciendo sus arrugas, esto tiene que ser muy rápido ya que se queman con mucha facilidad.

Una vez fríos, se le quitan las semillas y se trocean a mano, en pequeños trocitos, ya que están crujientes y son fáciles de trocear.

El bacalao lo asaremos sobre plancha para hacerle sudar y que saque el líquido que contiene sin que se llegue a resecar, y a continuación se desmenuza.

En una cacerola pondremos el aceite, añadimos el bacalao troceado y se les da unas vueltas. A continuación, añadiremos los pimientos troceados, sin dejar de remover para que se sofrían un poco, luego añadiremos una cucharadita de pimentón (si es picante, la mitad), dándole otra vuelta para que no deje sabor de pimentón crudo. Paso siguiente será añadir un vaso de agua de golpe para escaldar la pericana, se deja unos minutos más y una vez fuera del fuego se deja enfriar.

Se puede dejar de un día para otro teniendo mejor resultado ya que se infusiona, creando una experiencia culinaria más rica, ya que desarrolla su potencial al máximo.

Eso sí, no olvidéis sacar rebanadas de pan para mojar la pericana, ya que es todo un placer y una delicia su degustación.


Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Porciones de huevo cocido, rebozados y fritos.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • Huevos duros
  • Harina
  • Sifón
  • Aceite
  • Sal

Empezaremos hirviendo los huevos, y una vez fríos se pelan y cortan en cuartos a la larga.

Luego se rebozan en una masa que llamamos “GACHETA”: En un plato pondremos harina a la que le añadiremos un poco de sifón y sal. La masa no deberá quedar muy espesa, pero tampoco muy clara. Rebozaremos los huevos en ella y los freiremos en abundante aceite caliente. Los sacaremos y depositaremos sobre papel de cocina para que absorba la grasa.


Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • Boquerones
  • Gacheta (receta en los abisinios)

Empezaremos limpiando los boquerones, quitando cabeza y espinas, y dejándolos abiertos como un libro, pero unidos los dos lomos por la cola.

Se pasarán por “gacheta” y se freirán en aceite siguiendo el mismo proceso que los abisinios.


Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • Gambas de tamaño medio o grandes
  • Gacheta (receta en los abisinios)

Pelar las gambas quitando la cabeza y piel, excepto la cola, ya que nos permitirá cogerlas y comerlas con mayor facilidad.

Pasar por gacheta y freír.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • Mazorcas de maíz
  • Aceite
  • Sal y pimienta.

Puesto que las mazorcas naturales no se pueden conseguir durante todo el año, ya que son de temporada, las realizaremos con maíz en conserva o las mazorcas que venden que ya están hervidas.

Desgranar la mazorca, y con un poco de aceite darles unas vueltas y sofreír, añadiendo sal y pimienta.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ésta es, para mí, una receta familiar que conservo con gran estima, ya que, desde mis bisabuelas, que sepamos, fue pasando de madres a hijas. No deja de ser, en todo caso, una tapa típica alcoyana y de sus alrededores, conocida como albóndiga de bacalao, que podrás disfrutar en cualquier bar o restaurante de la zona. Pero, ya que es muy fácil de elaborar, aquí te presento la receta. Como podrás comprobar, una simple croqueta cobra vida propia y nos cuenta bellas historias cuando te remonta a tiempos pasados, y puedes imaginar a tus antepasados en la cocina, con delantal y con las manos en la masa.

El resultado es un bocado delicioso, crujiente y con mucho sabor, ideal para ofrecer en los aperitivos.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • 800 gr. de patata de todo uso
  • 400gr. de bacalao seco y salado
  • 3 huevos
  • 3 ajos
  • Pimentón y perejil

Para desalar el bacalao:

Lavaremos bien los trozos de bacalao en abundante agua fría. Los colocaremos en un recipiente cubiertos de agua con la piel hacia arriba y lo dejaremos a continuación en el frigorífico.

Cambiaremos el agua 2 veces en 24 h, aunque en el cambio siempre dejaremos un poco de agua para que no pierda tanto el sabor.

Ya desalado se seca sobre un paño.

A continuación coceremos las patatas y 10 minutos antes de sacarlas introduciremos el bacalao, mientras tanto en un mortero picaremos los ajos (cantidad según se prefiera de menor a mayor intensidad) y el perejil con un poco de sal, ya que ésta nos facilita que el machacado sea mejor.

En el mismo mortero iremos machacando las patatas y el bacalao, que iremos depositando en un recipiente mayor donde se le añadirá el huevo y el pimentón. Mezclaremos todo bien junto con el ajo y el perejil que previamente habíamos depositado, y lo dejaremos como mínimo 2 horas en el frigorífico para que coja mayor consistencia.

Sacaremos e iremos dando la forma de albóndiga con las manos de manera tradicional. Se freirán en abundante aceite caliente, rebozadas previamente con clara de huevo (importantísimo) que batiremos un poco. En caso de que se congelen, no habrá que descongelar, se freirán directamente, pasando por la clara de huevo, eso sí.

Se servirán tal cual o sobre un cama de ajoaceite.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • 250 gr de boquerones
  • 2 rebanadas de pan
  • 1 huevo pequeño
  • 1 ajo
  • Perejil
  • Sal
  • Pimentón

Picar en un mortero el ajo y el perejil, sacar y reservar.

Quitar cabeza y espinas a los boquerones y picar en mortero o desmenuzar a cuchillo.

Añadir el pan bien escurrido (que previamente se habrá dejado a remojo), el huevo, un poco de sal, pimentón y el ajo y perejil que habíamos reservado. Si quedara una masa un poco blanda corregir añadiendo pan rallado.

Machacar todo junto, y formar pequeñas croquetas, que se aplastaran con los dedos un poco.

Pasar por harina y freír en aceite muy caliente.


Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • 500 gr de cebolla
  • 250 gr de sangre cuajada de pollo
  • 3 dientes de ajos
  • Orégano
  • Piñones
  • Aceite
  • Sal

Se empieza rehogando la cebolla a fuego lento, con un poco de aceite, para que vaya sudando y sacando toda su esencia. Es conveniente ir añadiendo de vez en cuando una cucharada de agua para que no se nos pegue en la sartén. Una vez pochada se le añadirán los piñones, dándoles unas vueltas, para incorporar a continuación la sangre y el orégano, rehogándolo todo junto unos minutos antes de servir.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Comidas que se han consumido en Alcoy de forma tradicional.

Este es el plato más representativo de la gastronomía alcoyana.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • 4 pimientos rojos
  • 1 bote de tomate
  • 2 ajos
  •  250 gr de carne de cerdo entreverada ( o carne picada de cerdo y vacuno, o pechuga de pollo troceada)
  • ½ tacita de arroz por pimiento
  • Aceite
  • Sal y pimentón.

Cortar la parte superior de los pimientos, reservándolos como sombreros que utilizaremos una vez rellenos.

Limpiar por dentro de pepitas y reservar.

En una sartén, sofreír la carne, hasta que esté dorada, añadir el ajo troceado y el tomate, y sofreír. A continuación añadiremos la sal y el pimentón, se agrega el arroz, y se mezcla bien. Sofreír unos minutos.

Se rellenan los pimientos hasta la mitad. Hay que tener en cuenta que el arroz crecerá, por lo cual no hay que llenarlo completamente.

Se cubren con los sombreros que habíamos cortado, y se procede a envolver cada pimiento en papel de aluminio, colocándolos en una bandeja cubierta con papel de horno.

Precalentamos el horno a 200º C y se hornea durante una hora. Luego se baja la temperatura a 120º C y se continúa horneando una hora más.

Los servimos calientes y a disfrutar.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Hay varias formas de hacer esta receta, según costumbre de cada familia o  restaurante. Se puede hacer igual que la que os presento, pero con bacalao, sin la sepia ni los mejillones. Pero yo os transmito la que siempre se ha hecho en casa.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • 1 sepia
  • Mejillones
  • 2 pimientos secos
  • 1 cabeza de ajos
  • Caldo de pescado o agua
  • 500 gr de espinacas
  • 1 patata
  • 4 huevos
  • Sal
  • Pimienta

En una cazuela pondremos el aceite y sofreiremos la cabeza de ajos entera, se le da unas vueltas, sacar y reservar.

En el mismo aceite, sofreír los pimientos secos rápidamente para que no se quemen (los mismos que se utilizan para la pericana) sacar y reservar.

Se añade la sepia troceada y se sofríe. Una vez hecha, se le añade la patata troceada y se le da unas vueltas. A continuación añadiremos el caldo ya caliente, la cabeza de ajos y los pimientos troceados que previamente habíamos reservado y añadiremos la sal y pimienta.

Dejar que cuezan las patatas unos minutos y volcar las espinacas y los mejillones hasta que estos se abran, ya que estos, solo necesitan unos minutos.

El sabor que le dejan la sepia y los mejillones hacen de éste un plato tan sencillo como delicioso, todo un deleite para el paladar.

Opcionalmente, se pueden añadir los huevos de las dos formas siguientes:

  1. O se dejan caer para que se pochen con el mismo guiso.
  2. O esta, que es mi mejor opción: pocharlos por separado y una vez servida la borreta se coloca un huevo por comensal en cada plato.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • Miga de pan
  • 1 bote de tomate
  • 2 cebollas
  • 1 cucharadita de pimentón

La miga de un pan se pondrá unos minutos a remojo para a continuación escurrirla bien con las manos.

Mientras, se sofreirá la cebolla, el tomate y el pimentón y finalmente se le añadirá la miga de pan que previamente hemos escurrido.

Mezclar todo en la sartén unos minutos hasta que se integren perfectamente los sabores y los ingredientes se cocinen uniformemente.


Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • 4 tomates maduros
  • 8 dientes de ajos
  • Piñones
  • Pimentón
  • Aceite
  • Sal

La receta de renyons de masero es sencilla y llena de sabor. Consiste en elegir tomates maduros y partirlos por la mitad y, en cada mitad, incrustar trocitos de ajo como podéis observar en las imágenes, espolvorear con el pimentón, sal y un poco de aceite.

Se colocan sobre una bandeja para hornear y se asan lentamente en el horno, hasta que estén tiernos y caramelizados.

El resultado es un plato exquisito que combina la dulzura de los tomates con el aroma y el sabor del ajo.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Una verdadera delicia para disfrutar en cualquier comida del día.


Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

  • 1 bote de garbanzos
  • 200 gr  costillas de cerdo
  • 1 longaniza
  • 1 cebolla
  • 2 ajos
  • 250 gr espinacas
  • 1 litro de caldo de verduras
  • Azafrán
  • Aceite, sal

Otra receta alcoyana. Cuenta con este nombre tan curioso y peculiar porque los garbanzos parecen calaveras y están abrazadas por las espinacas, que son la bufanda. Aunque estas están hechas con carne, también suelen hacerse con bacalao.

En una olla grande calentar un poco de aceite a fuego medio-alto, se sofríen las costillas y las longanizas hasta que estén doradas y se reservan.

En la misma olla, agregamos un poco más de aceite, si es necesario, y se sofríe el ajo y la cebolla, hasta que estén dorados.

Añadimos las patatas cortadas en dados y se cocinan por unos minutos hasta que estén ligeramente doradas y sazonar.

Se vierte el caldo junto con las costillas y las longanizas que habíamos reservado y el azafrán, se deja que hierva y luego se reduce el fuego a medio-bajo y se sigue cocinando 20 minutos.

Agregar los garbanzos y continuar cocinando 5 minutos más.

Justo antes de servir, se añaden las espinacas frescas y se cuecen unos  minutos más.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Y a disfrutar de este delicioso plato de Calaveres en bufanda acompañado de un buen pan y un delicioso vino.


Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Ingredientes:

Para la masa:

  • 600 gr de harina
  • 1 vaso de leche
  • 1 huevo
  • 1 pastilla de levadura
  • Un poco de aceite para amasar
  • Un poco de coñac
  • Sal

Para el sofrito:

  • 1 bote de tomate troceado
  • Medio pimiento rojo o verde
  • 2 ajos
  • Piñones
  • Un poco de azúcar
  • Sal

Masa:

En un bol deshacer la levadura con un poco de leche tibia y dejar unos 15 minutos.

Poner la harina en forma de volcán en un recipiente hondo, dejando hueco el centro donde se le añadirán todos los ingredientes, la levadura que habíamos dejado, el resto de leche, el coñac, el poco de aceite, sal y el huevo. Amasaremos todo, y una vez hecha la masa se extiende sobre la bandeja o lata untada de aceite dejando un grosor de un centímetro poco más o menos y se deja reposar hasta que aumente el doble su volumen. Se le hará una pestaña de separación bien por la mitad o dejando dos tercios para el tomate y el resto para la de harina, como podéis ver en la imagen.

Sofrito:

Cortar a trocitos el pimiento y sofreír. Añadiremos el tomate, el ajo, y los piñones y una cucharadita de azúcar para contrarrestar la acidez, hasta que esté bien sofrito.

Extender el sofrito sobre la masa que ya habrá aumentado y poner cantidad de harina en el resto que habíamos dejado y sobre ella regar con cantidad de aceite y un poco de sal.

También se acostumbra a poner en la parte de la harina, morcillas y longanizas.

NOTA:

Como dependerá del tamaño de la bandeja (llanda), en caso de sobrar masa, se puede hacer el resto en otra bandeja y se le cubrirá con un buen sofrito de cebolla con guisantes y orégano.

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Con estas recetas tradicionales de la gastronomía alcoyana, hemos recorrido un viaje a través del tiempo, saboreando los aromas y sabores que han definido la cocina de esta zona. Desde los platos más emblemáticos hasta las recetas caseras transmitidas de generación en generación, hemos explorado la riqueza culinaria de Alcoy.

Espero que estas recetas os hayan despertado el mismo amor y pasión que siento por mi tierra, ya sea que os aventuréis a prepararlas en vuestras cocinas o ir a probarlas en los restaurantes locales.

¡Que cada plato sea una experiencia memorable!

Elaboración, emplatado, composición de mesa y fotografía por Juana Sanz

Joan Roca


Gastronomía Alcoyana
por Juana Sanz


A vueltas con los embalses y la sequía en España

Hace un par de meses estaba todo el mundo, en España, pendiente de la sequía a que estábamos condenados por el omnipresente cambio climático, pues a finales del invierno, casi no había llovido y sufríamos (o disfrutábamos) de unas temperaturas por encima de la media para la época. Así se encargaban de recordárnoslo, machaconamente, un día sí y otro también, todos los espacios meteorológicos de las televisiones nacionales y regionales, así como las columnas de opinión de los periódicos firmadas por numerosos articulistas reconvertidos en expertos climatólogos.

Recordarán ustedes el importante problema de sequía que se vivía en Cataluña (que persiste a fecha de hoy) donde, por falta de planificación hidrogeológica e hidráulica desde hace varios años (nuestros políticos se dedican a otras cosas), se preveía un verano con fuertes restricciones en el abastecimiento de agua en las principales ciudades del Condado. Se solicitaba entonces, por parte de las autoridades autonómicas, realizar el suministro mediante barcos cargados con agua procedente de la desaladora de Sagunto. La propuesta de esta solución dio lugar a ingeniosos y variados comentarios de diversos tipos. En concreto, señalamos uno que rezaba así: somos [los seres humanos] muy inteligentes pues dejamos que el agua dulce se vierta sin utilizar al mar en el delta del Ebro para luego desalarla y mandarla desde Sagunto a Barcelona. No deja de ser cierto, pero sólo de alguna manera. Hay que señalar también que esta situación de escasez de agua en Cataluña no es nueva, pues la petición de agua desalada ya tuvo lugar a mediados de la década de los 2000. El problema de infraestructura hidráulica se arrastra desde antiguo.

Sin embargo, haciendo un breve inciso, no debe olvidarse que, desde el punto de vista geológico y ecológico, es esencial que los ríos viertan una buena parte de sus caudales al mar (que es el morir, como dejo dicho Jorge Manrique). El depósito de arenas y arcillas en los deltas es de gran importancia para la construcción y estabilidad de los mismos pues evita la erosión, su hundimiento y, por tanto, la  transgresión marina, permitiendo así disponer tanto de zonas llanas para el cultivo, como de ecosistemas costeros (marismas, lagunas salobres, etc.) de gran interés ecológico. Además, la presencia de turbidez en las aguas continentales que se vierten al mar genera un ecosistema marino especial, que permite la reproducción de numerosas especies de peces y una cadena trófica de importancia ecológica y económica. Algunas investigaciones biológicas sugieren que esa turbidez permite el desove de grandes bancos de sardinas y otras especies que, sin embargo, no se reproducen en aguas limpias. Este es el caso, por ejemplo, del río Ebro donde, además, las arenas y arcillas vertidas al mar acaban siendo transportadas también a lo largo de la costa en dirección suroeste para ser depositadas en las diferentes playas de la zona llegando hasta Valencia y Alicante (véanse las Figuras 1, 2 y 3).

Figura 1. Trazado esquemático de la trayectoria de la corriente costera en la mitad norte del litoral mediterráneo español.
Figura 2. Mapa esquemático del Delta del Ebro. Nuestro delta más grande no tiene exactamente una forma triangular o de delta (∆) griega. Por sus dimensiones acumula unos 1.000 kilómetros cúbicos de gravas, arenas y arcillas procedentes de la denudación del interior a lo largo de millones de años. Su historia geológica es compleja habiéndose hundido y desaparecido varias veces como lo atestiguan los datos de los sondeos petrolíferos perforados en su entorno. El delta del Ebro es una de las grandes provincias petrolíferas españolas (“play” en inglés). Las corrientes marinas generales transportan los sedimentos en dirección nordeste-suroeste generando, por ejemplo, los depósitos arenosos de la Isla de Buda y la barra arenosa que termina en la Punta de la Banya  (figura 3).
Figura 3. Isla de Buda en el Delta del Ebro. Depósitos arenosos transportados por las corrientes fluviales,  remodelados después por las corrientes marinas generales nordeste-suroeste. Obsérvense las tierras de cultivo, las zonas de marismas y lagunas salobres, las playas generadas por la interacción entre la dinámica fluvial y la costera en permanente lucha.

Volviendo a nuestro objetivo inicial sobre la sequía, un par de meses después, el invierno ha retornado pues es normal en nuestras latitudes que, en primavera, existan períodos muy fríos y lluviosos. No en vano, el refrán castellano dice que cuando marzo mayea, mayo marcea y, aunque estamos ya a finales del mes de abril, hemos tenido una Semana Santa pasada por agua y por nieve que ha estropeado las procesiones tradicionales de estas fechas. Pero esto tampoco es algo excepcional. Por el contrario, es muy habitual sobre todo cuando la Semana Santa coincide con finales de marzo y no con finales de abril, cuando las celebraciones suelen coincidir con tiempo más seco y soleado.

Pues bien, a lo que íbamos. En este momento, con estos fríos y lluvias, nadie se acuerda ya del cambio climático catastrófico de hace unos meses, ni de la sequía. Nuestros pantanos empiezan a llenarse. De acuerdo con la teoría imperante, no obstante, el cambio climático nos está convirtiendo en un país casi desértico según los más agoreros. Sin embargo como ya nos enseñaban en el 2º curso del antiquísimo Bachillerato (plan 1953-1970) a los que hoy peinamos canas, España es un país caracterizado por dos zonas climáticas: la España Húmeda en el norte y noroeste y la España Seca en el resto.

Este hecho era bien sabido por todas las civilizaciones que en España han sido. Así, desde los romanos hasta los árabes, e incluso los cristianos de la Alta Edad Media, han realizado grandes infraestructuras hidráulicas históricas que se conservan en la actualidad (Figuras 4 y 5) destinadas al aprovechamiento de las llanuras y dehesas de la España seca para el cultivo de forraje, cereales, frutas y hortalizas. Varios siglos después, hoy, seguimos en las mismas y el cambio climático, cuya existencia es indudable, no ha traído nada nuevo bajo el sol, salvo el catastrofismo.

Figura 4. Embalse romano de Proserpina. Se comenzó a construir en el siglo I a. C. y está situado a unos 5 km al norte de Mérida. Recoge las aguas de dos arroyos y tiene una capacidad de alrededor de 4 hm3. El buen estado de conservación actual del embalse romano se debe a que, tras la caída del Imperio, además de su función de abastecimiento de Augusta Emérita a través del Acueducto de los Milagros, el lago artificial ha sido siempre una popular zona de recreo, por lo que se continuó cuidando y modificando. El embalse de Proserpina, así como el de Cornalvo, forman parte de la denominación Conjunto arqueológico de Mérida, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la Unesco. Desde el embalse un acueducto de unos 10 km llevaba el agua a la ciudad con una pendiente constante del 0,5 %  una hazaña topográfica para la época de su construcción.
Figura 5. Acueducto romano de Albarracín-Gea-Cella. Con 25 km de recorrido, discurre inicialmente junto al río Guadalaviar, del que toma las aguas, con una conducción que alterna las galerías excavadas en la roca con canales a cielo abierto. Cerca de Gea de Albarracín, el acueducto se hace subterráneo, con una galería que discurre en ocasiones a 60 metros de profundidad y vuelve a aflorar a la superficie al aproximarse a Cella. Para su construcción se excavaron 9 km de galería que discurren paralelamente al crestón de roca donde se han practicado, horizontalmente,  casi un centenar de pozos (en este caso ventanas) de ventilación. El acueducto poseía una pendiente media de un tres por mil, con un abundante caudal próximo a los 300 litros por segundo. Su finalidad era el suministro de agua al núcleo urbano de la ciudad romana que existió, desde el siglo I a.C., en la actual Cella, aunque dado su importante caudal no se descartan otros usos relacionados con instalaciones artesanales (batanes, fraguas o molinos). Se trata del primer trasvase de agua entre cuencas hidrográficas conocido en la península ibérica.

Pero continuando con la sequía que nos asola (o asolaba hasta hace poco tiempo), para evaluar objetivamente la situación actual, utilizaremos en los párrafos siguientes los datos y gráficos obtenidos en Internet (www.embalses.net). La página citada recoge la información de fuentes oficiales tales como el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), la Agencia Española de Meteorología (AEMET), el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la Confederaciones Hidrográficas españolas. En las gráficas se ha utilizado la actualización del 22/04/2024 aunque, a la hora de leer este artículo, pueden ustedes acceder a datos más completos y actualizados.

Lo primero que señalamos es que, de acuerdo con los datos oficiales, la capacidad de almacenamiento de nuestros embalses es de 56.039 hm3 (1 hectómetro cúbico equivale a 1.000.000 de metros cúbicos o, como les gusta a los periodistas, mil millones de litros de agua). Lo segundo es que, de acuerdo con los datos históricos, nuestros embalses nunca han superado los 45.000 hm3 de agua embalsada en los últimos 40 años. Por otro lado, muchos especialistas cuestionan que este volumen constituya realmente la capacidad total de agua que podríamos embalsar. En efecto, nuestras presas tienen, en muchos casos, una antigüedad considerable (de casi un siglo, excepción hecha de Proserpina y otros embalses históricos) y durante la vida activa de estas infraestructuras se van produciendo acumulaciones de arena, lodo y arcilla en el fondo de los vasos cuyo espesor resulta desconocido. No hemos encontrado en ningún sitio datos acerca del grado de aterramiento de nuestros embalses y, si existen, rogaríamos que nos los trasladen. Estos aterramientos pueden ser muy importantes y, como muestra valga un botón de la experiencia personal de uno de los autores.

Durante los trabajos de investigación geológica y geotécnica de la autopista A66 (Autopista de la Plata) en la provincia de León, se hizo necesaria la construcción de un viaducto sobre el valle del río Luna que, en la zona, está inundado por la presa cuya cerrada se encuentra aguas arriba de la población leonesa de Barrios de Luna. La autopista presenta un trazado que discurre por toda la margen derecha del rio y del pantano. Pues bien, los geólogos implicados en la construcción estudiaron los rellenos depositados en el fondo del valle con la idea de drenar el agua embalsada y construir un viaducto con una cimentación convencional. Con sorpresa se descubrió que, en el centro del valle del Luna, se acumulaban unos 20 metros de materiales sueltos aportados por el rio desde el momento de la construcción del embalse. Estos materiales de baja calidad geotécnica (lodos y cienos saturados de agua) junto con la imposibilidad de drenar el embalse (dedicado a riego) para realizar la cimentación, hicieron imposible la construcción de un puente convencional y se decidió el diseño del hermoso puente colgante que hoy existe y que lleva el nombre de uno de los catedráticos de mayor prestigio internacional de la Ingeniería española (Figuras 6 y 7).

El proyecto para la construcción de este embalse se inició en la década de los años 30 del siglo XX y se redactó durante la Segunda República pero las obras no fueron adjudicadas hasta 1945 comenzando la ejecución del embalse en el verano de ese mismo año. El 15 de junio de 1951 se cerraron las compuertas para el inicio del primer embalsado. Es decir, que durante un período de 26 años desde la entrada en funcionamiento del embalse se acumularon esos 20 m de sedimentos ya mencionados a razón de unos 75 cm de sedimentos por año. Esta velocidad de aterramiento es muy alta y es consecuencia de la ubicación del embalse en una zona de alta montaña con gran pendiente y un régimen torrencial. En otras zonas de valles medios y bajos de los ríos esta velocidad será, probablemente, mucho menor. Sin embargo, el dato nos da una idea de la pérdida de capacidad de embalse de nuestros pantanos con el tiempo producida por causas geológicas naturales como son el transporte fluvial de materiales y su sedimentación en zonas favorables. Además, el viaducto está construido en un punto cercano a la cola del embalse por lo que el aterramiento puede ser superior en la zona próxima a la cerrada.

Figura 6.  El embalse del Luna es cruzado por la autopista AP-66 (Ruta de La Plata) en dirección a Asturias. Como parte de esta  autopista está construido el puente atirantado llamado Ingeniero Carlos Fernández Casado, que es actualmente el de mayor luz de España después del Puente de la Constitución de 1812 de Cádiz.
Figura 7. Otra vista del puente colgante sobre el embalse del Luna en la autopista AP-66 (Ruta de La Plata) en dirección a Asturias. Al fondo la cerrada de la presa aguas arriba de Barrios de Luna.

Así pues y debido a la falta de estudios sobre el aterramiento de nuestros embalses, debemos tomar con precaución el dato de la capacidad total de embalse de nuestro país ya que es imposible atribuirle mucha fiabilidad a ese volumen teórico. Por otro lado, conocer el grado de aterramiento sería, hoy en día, fácil y barato utilizando sistemas geofísicos basados en ondas acústicas. Resulta difícil entender por qué estas técnicas, que son muy conocidas y empleadas en numerosos campos, no están siendo aplicadas sistemáticamente en nuestros embalses para conocer con detalle y fiabilidad un dato tan esencial como la capacidad real de embalse. Como se ha mencionado anteriormente, esta información no aparece en las fuentes consultadas.

Volviendo a los datos oficiales, al 22 de abril de 2024 había embalsados 37.342 hm3 lo que representa el 66,64% de la capacidad teórica de embalse. Esta cantidad nos sitúa ya en volúmenes por encima de la media de los últimos 10 años. Es decir, que retornamos a una situación hidráulica más favorable. Nuestros políticos y nuestros medios de comunicación pueden ahora olvidarse durante una temporada de la “pertinaz” sequía y del cambio climático que la provoca, volviendo a discutir de sus cosas. La Figura 8 muestra la situación actual de nuestro almacenamiento de agua (línea roja), la evolución de los dos últimos años (2022 y 2023, líneas verde y negra respectivamente) y también la evolución promedio de la última década (línea azul de puntos).

Figura 8. Agua embalsada en España a lo largo del año. Los datos de 2024 (línea roja) hasta el 22 de abril.

Como se observa, la evolución del promedio de agua embalsada de los últimos 10 años presenta una forma sinusoidal muy característica. Esta tendencia demuestra que, en España, hay un único período de lluvias muy marcado entre mediados de noviembre y mediados de abril del año siguiente. En este período se recogen unos 11.000 hm3 de agua que deben administrarse durante el resto del año. Desde luego, si tenemos en cuenta el incremento permanente del consumo del que ya hemos hablado en un artículo anterior (https://entrevisttas.com/2023/08/22/el-cambio-climatico-comodin-y-cortina-de-humo-para-justificar-la-escasez-de-agua-en-espana/), no es una situación muy desahogada.

Los perfiles de recogida de agua de cada año son muy variables como puede apreciarse en la geometría de las curvas individuales de los años 2022, 2023 y el actual. Es evidente que 2022 y 2023 se corresponden con un período muy seco (son los años más secos de la última década, ver Figura 9). Pero también es evidente que, por contraposición con la curva media, durante los otros años de la década ha habido lluvias por encima de la media aunque no se recogen en el gráfico. De otra manera no sería posible que la línea punteada de la Figura 8 ofrezca valores mucho más elevados que los correspondientes al último bienio. A la fecha y, a diferencia de las 8 primeras semanas del año (enero y febrero) que fueron muy secas, se han producido lluvias muy abundantes durante los meses de marzo y abril, por lo que el año actual está ya por encima de la media de los últimos 10 años inaugurando, probablemente, un período de varios años húmedos.

Si se mira con atención un período más largo, en la Figura 9 se podrá comprobar el comportamiento histórico del agua embalsada en nuestro país en los últimos 40 años. En esta figura se comprueba claramente un comportamiento cíclico de este parámetro. En efecto, parecen observarse ciclos de 7 u 8 años alternantes de períodos secos y lluviosos (casi decadales) alternantes con otros ciclos de frecuencia trienal. La existencia de ciclos decadales o casi decadales en el comportamiento de los diferentes parámetros meteorológicos es una constante en el clima global. Como ya se ha comentado, el almacenamiento máximo ha sido de unos 46.000 hm3 en el período 2010 a 2015. El período de menor reserva de agua embalsada se produjo en la década de los años 90 del siglo XX (entonces aún no se hablaba de cambio climático sino de la ciclicidad de nuestros períodos secos) y la gráfica no registra ni permite observar esa supuesta sequía continuada y catastrófica que anuncian periódicamente los medios de comunicación. Más bien, y a pesar del calentamiento global (la temperatura media global ha aumentado linealmente unos 0,5°C en los últimos 40 años a razón de unos 0,12°C por década), la situación actual es completamente normal en comparación con el gráfico histórico de los últimos 40 años. Ni que decir tiene que el gráfico tampoco guarda relación ninguna con las emisiones antrópicas de CO2 que han tenido un comportamiento muy lineal, aumentando en los últimos 40 años desde 23 a 37 gigatoneladas por año. Por último la cantidad de CO2 en la atmósfera se ha comportado igualmente de forma lineal aumentando de las 340 ppm (ppm son partes por millón en volumen) en 1980 a las 420 ppm actuales.

Figura 9. Gráfico de evolución histórica del agua embalsada en España en los últimos 36 años (1988 a 2024).  Datos hasta el 22 de abril de 2024.

Es importante mencionar que la gráfica de la Figura 9 refleja realmente la evolución de la pluviosidad y la escorrentía superficial, ya que a lo largo de esas cuatro décadas no se han registrado cambios significativos en la capacidad de embalse como consecuencia de la construcción de nuevas infraestructuras hidráulicas. Quizás, como única excepción, puede mencionarse el embalse de la Serena, cuya terminación se produjo en 1990. En cualquier caso, la capacidad de embalse de dicha presa (3.220 hm3), representa tan sólo el 5,7 % de la capacidad teórica total de España, por lo que no introduce ningún sesgo significativo en la evolución total del periodo registrado en la Figura 9.

Por último, la Figura 10, muestra explícitamente lo que ya nos decían en el colegio en los años 60 del siglo XX: España tiene una distribución muy irregular de las precipitaciones existiendo una España húmeda en el norte y noroeste de la Península Ibérica y una España seca en el sur y en todo el arco mediterráneo incluyendo Cataluña que (según los medios de comunicación) está sufriendo la mayor escasez de agua en este momento, aunque el porcentaje de agua embalsada en la Comunidad Valenciana, en Andalucía y especialmente en Murcia, sea aún menor que el observado en Cataluña.

Figura 10. Distribución del agua embalsada en España hasta el 22 de abril de 2024.

A la vista de este mapa hídrico de España y de las gráficas expuestas, se pone en evidencia una conclusión obvia: no necesitamos, como hacen nuestros políticos, echarle la culpa de la escasez de agua en determinadas zonas al cambio climático. Necesitamos un plan nacional de infraestructuras hidráulicas que permita transvasar, en invierno y primavera, agua de los embalses de la España húmeda (con su capacidad habitualmente por encima del 85% o el 90%) a los de la España seca (con su capacidad habitualmente por debajo del 40%).

A los autores de este artículo les cuesta mucho entender como a estas alturas del siglo XXI  y en un país con grandes redes de tuberías de transporte de hidrocarburos líquidos (petróleo, gasolinas y gasóleos) y gas natural (la mayor red de la Unión Europea), infraestructuras ferroviarias muy desarrolladas (incluida la segunda red de Alta Velocidad del mundo), grandes infraestructuras de transporte por carretera (autopistas), etc., no existe todavía una red de acueductos que conecte todos nuestros embalses en red y permita llevar agua de unos a otros sin necesidad de acudir a los desembalses que estamos viendo estos días en el noroeste por la situación de llenado casi total de los pantanos de estas zonas.

Dejémonos, pues, de excusas baratas y fáciles (el cambio climático se ha convertido en un comodín político) y exijamos a la Política (sí, con mayúscula) un plan de infraestructuras hidráulicas que permita aumentar la capacidad de almacenamiento (limpieza del aterramiento, construcción de nuevos embalses, recrecimiento de aquellos en los que se pueda intervenir) y conectarlos entre sí, permitiendo el transporte de agua a las zonas necesitadas. Sin duda alguna, el esfuerzo merecerá la pena en desarrollo económico y social. Dejando aparte que la solidaridad hidráulica debe ser una parte del acervo común entre españoles.

Por último dos consideraciones más. La primera, el calentamiento global, de acuerdo con los datos existentes en el registro geológico, continuará durante unos cientos de años más. La Humanidad no puede, en ningún caso, detener esta dinámica planetaria, y sufrirá múltiples cambios debiendo adaptarse a ellos. Pues bien, una manera de hacer algo positivo que si está en nuestra mano, es desarrollar las redes hídricas que permitan captar mayores volúmenes de agua y llevarla donde haga falta dentro de nuestro país.

Figura 11. Distribución del uso del suelo en la Península Ibérica en el período 1900 – 2010.
Fuentes: FUCHS et al. 2014 (doi.org/10.1111/gcb.12714);
http://www.wur.nl/en/research-results/chair-groups/environmental-sciences/laboratory-of-geo-information-science-and-remote-sensing/models/hilda.htm

En segundo lugar y pese a las descripciones catastróficas que se hacen muy a menudo por los medios de comunicación y los, con perdón, histéricos climáticos, como consecuencia del incremento de temperaturas en nuestro país, España no se está desertizando sino todo lo contrario. Para ejemplificar esta afirmación adjuntamos la Figuran 11 en la que se observa claramente como, en los últimos 110 años, la superficie arbolada de nuestro país y también de Portugal ha aumentado considerablemente. Porque una imagen vale más que mil palabras.


A vueltas con los embalses y la sequía en España
por José Antonio Sáenz de Santa María Benedet,
Enrique Ortega Gironés
y Stefan Uhlig


Fiódor Dostoyevski: el mal de la humanidad

Fiódor Dostoyevski (1821-1881) es uno de los autores rusos de mayor trascendencia en la literatura universal. De una vida personal, desde la infancia, muy difícil (quedó huérfano a los 18 años de edad; fue preso en Siberia, y estuvo aquejado de una epilepsia cuya primera crisis fue desencadenada por la noticia del asesinato de su padre, un hombre autoritario que le ocasionaba sentimientos encontrados) su prolífica obra no sólo canaliza esas experiencias vitales, sino su propia concepción de la humanidad. La injusticia social es un tema recurrente en sus textos (Pobres gentes, Los hermanos Karamázov, Crimen y castigo, El idiota, Los demonios y tantos otros), en los que se expone la gran brecha, promovida por el dinero, entre las clases menos favorecidas y el poder. La potencia del dinero en la vida social, por encima de cualquier otro elemento o valor, es puesta de manifiesto a través de la voz de muchos personajes. Precisamente, esa pobreza económica determina también una pobreza personal, una miseria (en un sentido omnicomprensivo) que para Dostoyevski va más allá de lo sociológico y se adentra en la propia naturaleza humana. El autor llega a concebir al ser humano como consciente de esta limitación personal, de este mal (en buena medida ocasionado de forma exógena) que lo condiciona y determina, cristalizando en las ruindades cotidianas, la mezquindad o el cinismo; todo ello fruto de una batalla social en la que la pobreza impone la necesidad de sobrevivir.

De este modo, Dostoyevski contempla, como única salida de esa perversa condición humana, la propia dejación de uno mismo, de los vicios, para consagrarse a unas metas heroicas: la valentía, la generosidad, la entrega hacia los demás; destellos de esperanza que suponen un sufrimiento, iniciar una dura empresa, titánica, para quienes ni siquiera pueden consigo mismos. Aquí radica la trascendencia del ser humano: en la autosuperación; y esa dejación de los propios males hace que el hombre, y la sociedad por extensión, mejoren. En definitiva, se trata de una lucha interior. Por este planteamiento, se ha considerado a Dostoyevski como un referente literario del existencialismo.

En la novela El idiota existe un diálogo que tiene una dimensión jurídica de primer nivel, y que viene a trasponer aquella concepción filosófica al ámbito del Derecho:

«- La ley normal de la humanidad es precisamente el instinto de conservación.

¿Quién le ha dicho eso? Es una ley, sin duda, pero una ley que es, ni más ni menos, la ley de la destrucción, y aun de la destrucción personal […].

Sí, la ley de la conservación personal y la de la destrucción son igualmente poderosas en el mundo. El diablo conservará aún su poderío sobre la humanidad por un periodo de tiempo desconocido por nosotros. ¿Se ríe usted? ¿Acaso no cree en el diablo? […] ¿Sabe usted quién es el diablo? ¿Sabe cómo se llama? ¡Y sin saber quién es, ni cómo se llama, se atreve usted a burlarse de su forma a ejemplo de Voltaire; se ríe de sus puntiagudos pies, de su cola y de sus cuernos, todo lo cual es producto de su imaginación! El diablo, en realidad, es un grande y terrible espíritu; carece de cola, cuernos, pies; son ustedes mismos los que le han dotado de esos atributos.»

La ley, nuevamente, es el reflejo de esa concepción filosófica de la sociedad que Dostoyevski muestra en su obra, superando una percepción de la misma sólo ubicada en la formalidad, en el mero positivismo. De este modo, la ley se basa en la voluntad de la sociedad, y dicha voluntad consiste en su ánimo de mantenerse firme ante la adversidad, manifestándose así en el mandato general que la norma jurídica supone. Una proyección de la sociedad más allá de sus males, de sus límites, dará lugar a una ley favorable, en el sentido de velar por el bien común. Sin embargo, una sociedad que no trascienda sus propias debilidades (o su mal) propiciará una ley de destrucción, que no tendrá por objeto la garantía del interés general, sino preservar, exclusivamente, el interés del poder, o de algunos concretos colectivos, ratificando así una injusticia y desigualdad que genera, a su vez, el propio mal del hombre, en una especie de retroalimentación.

Fiódor Dostoyevski

Éste es el diablo al que se refiere el autor, que no es sino el propio hombre, incapaz de trascender su miseria, y responsable, así, de la promulgación de una ley destructiva e injusta.


Dos citas de Fiódor Dostoyevski

Dios lucha con el diablo, y el campo de batalla es el corazón del hombre.

La mejor manera de evitar que un prisionero escape es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión.


Fiódor Dostoyevski: el mal de la humanidad
por Diego García Paz
Letrado Jefe de Civil y Penal de la Comunidad de Madrid. Académico Co. Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.


Las mujeres ¿conducen mejor o peor que los hombres?

¿Mujer al volante, peligro constante? 

Durante muchos años, la conducción de vehículos era casi exclusiva del hombre. En las últimas décadas, las mujeres se han incorporado como conductoras habituales. Se cree que las mujeres son menos habilidosas realizando maniobras como el estacionamiento y, sin embargo, se dice que las féminas son mucho más prudentes al volante.

De los muchos inventos que ha desarrollado el hombre, conducir un vehículo es, probablemente, la más importante, ya que, como Gibson y Crooks (1938) señalaban, un fallo en su ejecución supone poner en gran peligro su vida y la de los demás.

La creencia popular concibe, de manera coloquial, que la mujer es mala conductora. Durante muchos años, de hecho, hubo diferencias en la frecuencia de conducir entre hombres y mujeres, pero estas diferencias han cambiado en los últimos tiempos y ya no están tan bien vistos los típicos comentarios, Tenía que ser mujer, Mujer al volante, peligro constante o Manejas como una mujer.


Pero… ¿Qué nos dice la DGT?

La DGT nos aporta datos estadísticos muy precisos que nos indican que el 60% de las conductoras no cometen infracciones de  tráfico sancionables y por cada mujer responsable del manejo que fallece en un accidente de tráfico, pierden la vida 3 o 4  hombres (fuente: Mujer tenías que ser).

El 60% de las conductoras no cometen infracciones de  tráfico sancionables y por cada mujer fallecida en un accidente de tráfico, pierden la vida 3 o 4  hombres.

Fuente: Mujer tenías que ser

A principio  del siglo XX la publicidad y las revistas del motor nos mostraban imágenes de mujeres expertas en la conducción, que controlaban perfectamente los vehículos que manejaban, aunque persistían los estereotipos de la incompetencia mecánica de las mujeres (ni falta que nos hace). Fuente: El 8M y las mujeres pioneras al volante

Pero en el mundo de la automoción, las mujeres han tenido un papel muy importante tanto en la industria como en la tecnología y en la innovación. Algunos ejemplos de lo que han aportado las mujeres son: los intermitentes, los espejos retrovisores o las líneas en la carretera. Fuente: Pioneras.

En los primeros tiempos, considerar a las mujeres como malas conductoras se daba escasamente porque las pocas mujeres que conducían eran ricas, pertenecientes a una clase social sin amenazas. Sin embargo, cuando los automóviles se hicieron más pequeños, baratos y su manejo más sencillo, muchas mujeres empezaron a percibir la amenaza de peligrosas al volante. Aún hoy en día, el mujer tenía que ser, para ciertos varones, está en boca de ciertos señores, claramente desinformados.

En mi experiencia, como profesional de la conducción, he contrastado que, a mi pesar, es cierto que las mujeres son más torpes en el aprendizaje del manejo del vehículo, pero no así en el teórico. Ellas aprenden antes las normas y las señales de la conducción, pero les cuesta más el manejo inicial. Eso sí, no se confundan, una vez adquirida la destreza son tanto o mejor que los varones.

Aunque no sea legal ni aconsejado, muchos jóvenes acuden a la escuela de conducir habiendo manejado con padres o amigos, muchos bien enseñados en el manejo, pero otros con muchos vicios y errores que cuestan de quitar. Hábitos erróneos al conducir que no se aceptan en los exámenes. Por el contrario, son pocas las mujeres que han tocado un vehículo antes de ir a la escuela de conductores. Puede ser este uno de los motivos por los que les cueste más, inicialmente, pues todo lo deben de aprender con el profesor (y es como ha de ser, así no se tienen malos hábitos). Cuando escucho a algún muchacho decir he aprobado con 10 clases, yo les digo ¿y cuántas horas has hecho con tu padre?  

También está el tema de que, una vez ya se ha superado el examen que las hace aptas para la circulación de vehículos de motor, con unas  buenas conductas adquiridas para circular por nuestras carreteras, los maridos, padre, novios, etc. las estropean. Son muchas las mujeres que aprueban y luego no conducen.

Por ello, en no pocas ocasiones, he realizado clases de reciclaje a mujeres que, una vez aptas, no han conducido nunca, ya por no tener vehículo o, lo que creo que es peor, porque su padre o marido no les ha dejado. Una verdadera lástima. También está el hecho de que conducen con ellos como copilotos y les inculcan correr más o él ¡cuidado, vigila!, que hace que la conducción sea peligrosa. Hay que entender que conducir no se olvida nunca, es como ir en bicicleta, pero estas mujeres que no han manejado desde el día del examen, cuando por obligación tienen que conducir, han perdido confianza y tienen miedo, motivo por el cual se muestran algo torpes.

Bertha Benz

Por todo ello, antes de opinar que las mujeres son malas conductoras, no olvidéis que el primer conductor de la historia fue una mujer. Sí, Bertha Benz fue la primera persona que condujo un automóvil, concretamente durante 106 km.


Las mujeres ¿conducen mejor o peor que los hombres?
por Maribel Bofill
profesora de seguridad vial


¿Negacionismo o realismo climático?

Simplificando el complejo problema del calentamiento global

Hace unos años, se acuñó el término negacionista para calificar a aquellos que negaban la existencia del calentamiento global y del cambio climático. Hoy en día, las evidencias del aumento de la temperatura del planeta son tan incontestables que se puede afirmar que ese tipo de negacionismo ha desaparecido prácticamente, aunque el término se sigue utilizando en un sentido diferente.

Desde un punto de vista general, las diferentes posturas que se están adoptando en relación con el calentamiento global pueden dividirse en tres grandes grupos. El primero de ellos, es el que afirma (ignorando tanto la historia geológica del planeta como la naturaleza de los cambios climáticos), que el aumento de temperatura está exclusivamente causado por las actividades humanas. El segundo, más respetuoso con el conjunto de datos climáticos disponibles sobre tiempos pasados, reconoce que en la historia de la Tierra y sin intervención humana, ha habido cambios climáticos más importantes que el proceso que vivimos en la actualidad, pero que el planeta está calentándose más rápidamente de lo que debería, y que esa aceleración sí es debida a la acción del hombre. El tercer grupo considera que los cambios climáticos que se están produciendo hoy son absolutamente normales y similares a los registrados en tiempos pasados. Y es este último grupo, al que pertenecen los autores de este artículo, sobre el que recae actualmente el calificativo de negacionistas, no por oponerse a la existencia del cambio climático, sino por negar su origen antrópico.

A pesar de las significativas diferencias conceptuales entre los dos primeros grupos, ambos comparten el mismo punto de vista: la presente evolución climática está condicionada por las actividades humanas y, por lo tanto, es el hombre quien debe frenarla y revertirla. Por el contrario, el grupo negacionista (que se reconoce mejor a sí mismo bajo la denominación de realistas climáticos), considera que la evolución climática está controlada por diferentes procesos naturales (cósmicos, solares, volcánicos, etc.) que no pueden ser modificados por el ser humano y que la influencia antrópica en el calentamiento global es insignificante. Y que, por lo tanto, el hombre no tiene capacidad para frenar, y mucho menos revertir, este proceso de calentamiento.

En el momento actual, los dos primeros grupos, alentados y apoyados por numerosos gobiernos occidentales y entidades internacionales, son numéricamente mayoritarios y tienen una postura claramente dominante, con una presencia constante en los medios de comunicación. Por el contrario, los partidarios del realismo climático, a duras penas se hacen oír en televisiones, periódicos o cadenas de radio de máxima audiencia, cuando no son directamente censurados como ha ocurrido en casos recientes.

Los partidarios del realismo climático, a duras penas se hacen oír en televisiones, periódicos o cadenas de radio de máxima audiencia, cuando no son directamente censurados como ha ocurrido en casos recientes.

Además, los científicos pertenecientes a los dos primeros grupos, numéricamente muy mayoritarios, están transmitiendo continuamente a la opinión pública que existe un infalible consenso científico sobre el origen antrópico de la situación climática actual, descalificando así cualquier postura que se oponga a sus hipótesis. Sin embargo, la realidad es muy diferente. En primer lugar, no debe olvidarse que, de acuerdo con el diccionario de la RAE, el consenso se define como un acuerdo adoptado por consentimiento entre todos los miembros de un grupo. Y este no es el caso, porque existe un grupo de científicos (posiblemente no tan minoritario como se cree, pero en cualquier caso significativo), que desde hace décadas han venido oponiéndose a las tesis oficiales sobre el calentamiento global, y cuyos argumentos han sido y están siendo sistemáticamente ignorados y hurtados a la opinión pública.  Y, en segundo lugar, no debe olvidarse que el mundo de la ciencia nunca se ha regido por criterios democráticos ni por consensos, y la existencia de una mayoría partidaria de una determinada hipótesis, no implica que ésta sea indefectiblemente la interpretación correcta. Si así fuese, sería imposible el progreso del conocimiento y aún estaríamos convencidos de que nuestro planeta es plano y está en el centro del universo. Es decir, que aplicando el mismo criterio, a finales del siglo XV existía un amplio consenso sobre la imposibilidad de llegar a las Indias navegando hacia el Oeste desde España. Como afirmó hace algunos años el prestigioso físico francés Pascal Richet (Institut de Physique du Globe de París) en relación con el cambio climático, la noción de consenso no es pertinente, porque la historia de la ciencia no es más que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusión durante mucho tiempo. Más bien, sirve de justificación para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma.

Porque el debate entre investigadores sobre el origen del cambio climático sí que existe, aunque desgraciadamente restringido al entorno de la comunidad científica. Durante los últimos años, han sido numerosas las publicaciones que han presentado argumentos en contra de las tesis oficiales sobre el origen del calentamiento global, discutiendo el papel asignado al CO2 como agente magnificador del efecto invernadero, y criticando los modelos estadísticos e informáticos que profetizan un futuro climático catastrófico.  Pero este debate está siendo escamoteado a la opinión pública, al ocultarlo detrás de la cortina de humo de un falso consenso.

Debe reconocerse que es muy difícil contrarrestar la avalancha monolítica de informaciones catastrofistas mediante argumentos válidos que sean asequibles para el gran público. Para un ciudadano medio, sin la formación científica suficiente, es imposible evaluar con sus propios medios los sofisticados razonamientos de los especialistas sobre las herramientas estadísticas introducidas en los modelos, los parámetros termodinámicos y físico-químicos que controlan el comportamiento de la atmósfera y del océano, o los registros climáticos almacenados en la historia geológica representados en complejos gráficos. Por eso, la gran mayoría de la gente no tiene más remedio que formarse una opinión mediante las distorsionadas informaciones que recibe a través de los medios de comunicación.

Sin embargo, aunque el problema sea realmente difícil de abordar, la propia naturaleza se encarga de dar informaciones y claves que permiten simplificar, de forma asequible,  los complejísimos modelos elaborados por los científicos. Es fácil comprender que la consecuencia más directa del calentamiento del planeta es la subida del nivel del mar como resultado de dos factores: la fusión de los hielos glaciares (tanto continentales como oceánicos) y el aumento de volumen del agua, que se dilata ligeramente al calentarse.

Los datos geológicos de muchas áreas del Planeta indican que la Tierra inició su periodo de calentamiento actual hace unos 20.000 años, y que como consecuencia de ese aumento de temperatura, el nivel del mar se ha elevado desde entonces más de 120 metros.  Un sencillo cálculo, dividiendo esos 120 metros (120.000 milímetros) por el número de años transcurridos, nos indica, que el nivel del mar lleva veinte milenios ascendiendo a un ritmo de 6 milímetros al año. Pero debemos tener en cuenta que ese valor es tan sólo un promedio y que el ascenso del nivel del mar, en paralelo con las variaciones de temperatura, aunque la tendencia a largo plazo haya sido las de la elevación, no ha sido continuo y ni lineal. En realidad, el nivel del mar, de forma sincrónica con los aumentos y disminuciones de la temperatura,  ha sufrido oscilaciones, con avances y retrocesos. En la Figura 1, la línea negra, dentada y con bruscos ascensos y descensos, representa la evolución detallada de la temperatura, mientras que la línea roja representa la tendencia oscilatoria del conjunto.

Figura 1. Evolución de la temperatura durante los últimos 3.400 años.

Como consecuencia de estas oscilaciones, el nivel del mar ha llegado a estar incluso por encima del actual en momentos geológicamente muy recientes. Así se ha verificado por ejemplo en la costa del sur de Valencia, en la marjal de Pego – Oliva (Figura 2),  donde los sondeos han permitido comprobar que hace 7300 años (línea roja), el nivel del mar estaba por encima de la línea de costa actual (línea gris fina).

Figura 2. Evolución de la línea de costa en la Marjal de Pego – Oliva durante los últimos 9.000 años.

Fenómenos similares se han detectado en otras zonas del litoral español, como por ejemplo en la Ría de Vigo, donde se ha verificado que el nivel del mar experimentó una elevación aproximadamente simultánea con la detectada en la costa valenciana, tal y como puede apreciarse en la Figura 3.

Figura 3. Evolución del nivel del Atlántico durante los últimos 18.000 años.

Estas oscilaciones y variaciones implican que, durante determinados periodos de los últimos veinte milenios, la velocidad de ascenso del nivel del mar fue superior a la del promedio (6 milímetros al año) para compensar la regresión correspondiente a las etapas de descenso. Así, en algunos periodos se llegaron a registrar velocidades que llegaron a duplicar ese valor promedio. Si atendemos a la situación actual, las medidas registradas en nuestras costas por mareógrafos indican que las variaciones del nivel del mar durante el siglo XX han sido del orden de 1,4 mm/año durante todo el siglo xx, y alrededor de unos 2 mm/año si se considera solo la segunda mitad del siglo xx. Es decir, valores muy bajos en relación con las velocidades registradas en épocas anteriores, indicando que la velocidad de ascenso del nivel del mar es ahora mucho más lenta que en periodos más antiguos.

Recientemente, el IPCC (International Panel on Climatic Change), el organismo promovido por la ONU cuyas predicciones sirven de fundamento para la inmensa mayoría de informaciones sobre cambio climático que se difunden en los medios de comunicación, ha anunciado que el nivel medio mundial del mar, de acuerdo con medidas de satélite, está creciendo a un ritmo de 4 milímetros al año entre 1990–2025 (prácticamente el doble que el registrado por los mareógrafos en España). Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Meteorología, esta información ha sido ampliamente difundida en prensa, radio y televisión, (véase por ejemplo La Vanguardia del 20 de marzo de 2024) publicando la gráfica reproducida en la Figura 4, donde en la línea ascendente se han señalado tres tramos con diferentes velocidades.

Figura 4. Evolución del nivel del mar durante los últimos 34 años

Sin embargo, a pesar de su explícita interpretación, la gráfica deja abiertos dos grandes interrogantes. En primer lugar, una aceleración tan significativa que duplica la velocidad en tres décadas, en una representación a escala geométrica, debiera mostrar un acusado cambio de pendiente, y sin embargo la tendencia observada es prácticamente lineal. Y en segundo lugar, la observación aislada de las tres últimas décadas, sin tener en cuenta lo ocurrido anteriormente, ofrece una visión sesgada e incompleta de la realidad. En efecto, en la gráfica de la Figura 5 elaborada por la NASA, se representa la evolución del nivel del mar durante los últimos 120 años, pudiendo observarse que en décadas anteriores (entre 1920 y 1950), el ritmo de ascenso del nivel del mar era similar al actual. También, se aprecia con claridad que entre los años 1950 y 1980, a pesar del continuado aumento del CO2 atmosférico que se registró durante ese periodo, el ascenso del nivel del mar se ralentizó sensiblemente.

Figura 5. Evolución del nivel del mar durante los últimos 120 años, de acuerdo con los datos publicados por la NASA.

No existe correlación, según la tabla, entre la evolución del dióxido de carbono en la atmósfera y el ascenso del nivel del mar, y las velocidades de elevación registradas actualmente no son anómalas ni excepcionales. A estas interpretaciones sesgadas de la realidad actual, deben añadirse las dificultades que entraña la estimación del nivel medio del mar para todo el conjunto del planeta. En efecto, en un informe de la Agencia Espacial Europea sobre las medidas altimétricas mediante técnicas satelitales, se advierte que la elevación del nivel del mar en los océanos está muy lejos de ser uniforme. De hecho, en algunas zonas se ha observado que se ha elevado hasta 20 milímetros en un solo año, mientras que en otras ha permanecido estable, o incluso ha descendido, poniendo de manifiesto las dificultades que entraña establecer su variación con una precisión milimétrica mediante técnicas satelitales.

Sin embargo, apoyándose en las predicciones de sofisticados modelos informáticos (esos mismos modelos que profetizaron que nos íbamos a achicharrar por culpa del agujero de ozono, que el hielo tenía que haber desaparecido desde hace años en el Polo Norte, que ya nunca más tendríamos nieve en Europa, o que Venecia y Ámsterdam tendrían que estar ya bajo las aguas), nos profetizan que la velocidad de ascenso del nivel del mar se acelerará hasta los 5,5 milímetros en el año 2100. Pero este aumento sólo se produciría si se cumplen los acuerdos suscritos en la Cumbre de París de 2015 para la reducción de las emisiones de CO2, ya que en caso contrario las perspectivas serían mucho más desastrosas.

Durante los últimos días, coincidiendo con la celebración del Dia Mundial de la Meteorología, se ha producido una nueva avalancha de informaciones catastrofistas (como el ejemplo de La Vanguardia anteriormente mencionado) indicando que el año 2023 ha sido el más cálido desde que hay observaciones climáticas, que los océanos estan hirvientes, y que van a engullir nuestras zonas costeras. No hay ninguna duda de que el año 2023 ha sido el más cálido de los últimos 174 años, pero no es cierto que sea el más caliente desde que existen observaciones climáticas. En efecto, las técnicas actuales permiten conocer las temperaturas que existieron antes de que hubiese termómetros, y como se puede apreciar en la Figura 1, en épocas pasadas, sin intervenciones de la industria que apareció con la revolución industrial, se alcanzaron temperaturas más elevadas que las actuales. Y también (ver Figuras 2 y 3), que el nivel del mar estuvo recientemente (en términos geológicos) por encima del actual. Es indudable que el planeta se está calentando, pero esto no representa un episodio anómalo ni excepcional. La geología nos enseña que, con oscilaciones, así viene ocurriendo en el actual ciclo interglaciar desde hace 20.000 años. Y además, el presente ciclo de calentamiento, es tan solo uno más de los cientos o miles de ciclos cálidos que ha conocido la Tierra desde su origen, de los cuales nueve se han registrado tan sólo durante los últimos 800.000 años. También está fuera de duda que el nivel del mar está elevándose como consecuencia del calentamiento, pero del mismo modo que ocurre con la evolución de la temperatura, la geología nos enseña que el nivel del mar nunca ha permanecido estable y ha variado incesantemente al ritmo que ha marcado la evolución térmica.

Figura 6

Así, en la fotografía de la Figura 6, se observa como el mar ha invadido las construcciones de una zona costera, pero eso no debería sorprendernos ya que, como se ha comentado anteriormente, el nivel del agua viene ascendiendo desde hace miles de años. En la Figura 7 se ha representado un fotomontaje donde, en las tomas aéreas, se puede apreciar cómo la antigua vía romana de acceso a la Peninsula de Vizula (Noroeste de Croacia) está hoy situada bajo el agua.

Figura 7. Ruinas romanas de la Península de Vizula (Medulin, Istria, Noroeste de Croacia).

En sentido opuesto a las imágenes anteriores, existen también evidencias de los momentos en que el nivel del mar estuvo por encima del actual. Así, la Figura 8 muestra una antigua playa formada durante el anterior periodo interglaciar, hace 126000-115000 años, en la Playa de Lourido. En la foto izquierda se puede apreciar una antigua playas de cantos que constituye actualmente una terraza cubierta de hierba. La fotografía derecha muestra una antigua playa de arena, evidenciando que el mar penetró tierra adentro, hacia la derecha, internándose en el valle.  

Figura 8. Playa de Lourido, al sur de Muxia (Galicia), vista desde el nuevo Parador Nacional de Turismo.

Los ejemplos de las figuras 6, 7 y 8 ilustran cómo el avance y el retroceso de las playas se produce en sincronía con la subida y la bajada del nivel del mar. Es decir, que en contra del temor que a veces se suscita en informaciones de los medios de comunicación, las playas no desaparecen como consecuencia del cambio climático, sino que simplemente se desplazan, tierra adentro o mar adentro, en respuesta a las variaciones del nivel de las aguas. Por ello, si en el momento actual algunas construcciones costeras están amenazadas, no se debe a imprevisibles fenómenos extraordinarios, sino simplemente a una planificación inadecuada del uso del suelo que ha ignorado las reglas de la naturaleza, del mismo modo que ocurre cuando se construye en cauces de barrancos que las aguas vuelven a ocupar cuando la pluviosidad se lo permite.

A pesar de todas estas evidencias, se nos afirma incesantemente que la evolución climática actual es anómala y que como consecuencia de las emisiones humanas de CO2, están sucediendo cambios que nunca antes habían ocurrido. No obstante, si el calentamiento que se está produciendo fuese realmente anómalo, ¿no debería estar subiendo el nivel del mar a velocidades inusualmente rápidas? Y, sin embargo, tanto los rangos de temperatura como las velocidades de variación del nivel del mar están dentro de parámetros totalmente normales respecto de lo ocurrido en el pasado. Incluso, como se ha mencionado anteriormente, la velocidad de aumento del nivel del mar puede considerarse que es lenta en comparación con lo ocurrido en recientes épocas anteriores.

En estas condiciones, las interpretaciones oficiales que se están haciendo sobre las variaciones climáticas que se están observando, inducen a la formulación de muchas preguntas. Los cambios que se observan, ¿no podrían ser simplemente consecuencia de los ciclos naturales que se están produciendo desde el principio de los tiempos, como sugiere la Figura 1? ¿Puede alguien garantizar que la reducción de emisiones de CO2 frenará el calentamiento?  ¿Por qué una pequeña elevación de la temperatura de sólo grado y medio desde el inicio de la época industrial (un pequeño calentamiento comparado con otros anteriores registrados en la historia geológica) debe ser considerado como un punto de no retorno? ¿ Por qué se considera como temperatura ideal del planeta la que existía en 1850 y no la de otros periodos más cálidos cuando se produjo una eclosión de vida sobre la Tierra? ¿Por qué no se está teniendo en cuenta que durante la Época Romana y la Edad media las temperaturas fueron 1-2ºC superiores a las actuales, del mismo modo que durante la Pequeña Edad de Hielo estuvieron 1-2ºC por debajo? ¿Porqué se nos ofrecen sistemáticamente datos parciales y sesgados, que presentan una visión distorsionada de la realidad, ignorando lo ocurrido en tiempos pasado, como demuestra la comparación entre las Figuras 4 y 5? ¿Se pueden calificar como negacionismo las dudas sobre la fiabilidad de las predicciones basadas en modelos climáticos que, hasta la fecha, han fallado más que una escopeta de feria? ¿No sería más realista prestar atención a los datos e informaciones que nos proporciona la historia geológica de nuestro planeta y llamar negacionistas a quienes ignoran los procesos naturales que han causado los cambios climáticos del pasado, que originan los cambios actuales y también generarán los del futuro?

Y, aunque eso es ya harina de otro costal, deberíamos preguntarnos quienes y por qué tienen tanto interés en distorsionar la realidad presentándonos sistemáticamente fenómenos naturales como excepcionales y anómalos. Responder a estas dos últimas preguntas, complicadas y poliédricas, con muchas facetas, ya no forma parte del mundo de la Ciencia. Para ello, como solían decir los escritores decimonónicos, el sagaz lector sabrá deducir sus propias conclusiones y obtener sus respuestas.


¿Negacionismo o realismo climático?
Por Enrique Ortega Gironés,
José Antonio Sáenz de Santa María Benedet
y Stefan Uhlig



1956: Joliot-Curie, Frédéric

«El vasto mundo de las ideas, el amplio mundo de los procesos… Sabía que debía pasar. Era probable, al menos. Pero, si un experimento abre nuevas ventanas al conocimiento hay adentrarse en él, a pesar de sus consecuencias. Ya pasó con su madre. Ambas pasaron demasiado tiempo bajo los efectos de la radiactividad. Pero… ¿cómo iban a evitar desarrollar sus ideas? ¿Cómo evitar lo que es una fortuna vital, aunque te mate? Salvaron muchas vidas en el frente y, siendo mujeres en esos ―y estos― tiempos, pudiendo ser científicas serias, haciéndose hueco en el mundo de los hombres… ¿¡cómo lo iban a evitar pudiéndolo hacer!?

Admiraba a su madre y, ¿cómo no?, admiraba a su hija, mi mujer: ambas doblemente madres, ambas grandes de la Ciencia, ambas premiadas por los Premios Nobel, ambas grandes compañeras de sus maridos (tanto en el mundo del hogar como en los proyectos científicos), ambas luchadoras en la I Guerra Mundial,… Mi mujer, eso sí, tuvo la ocasión de ser más firme en su feminismo y, aún así, conseguir todo lo que consiguió.

No puedo estar devastado porque hemos vivido con coherencia y hemos disfrutado de nuestras pasiones: nuestra ciencia y nuestros hijos. Pero, me queda poco tiempo, Rebeca. Muy poco: soy consciente. El estudio de la radiactividad no está falto de precios y nos los está cobrando a todos. Debo seguir con la labor de Irène en la Sorbona. Nadie puede hacerlo como yo: no en vano fuimos premiados por los Nobel el mismo día y por el mismo proyecto. ¿Quién puede acusarme de nepotismo? ¿O acaso uno de sus alumnos podría hacerlo mejor que yo?»

Hablar con Frédéric Joliot, el colaborador de Marie Curie y esposo de su hija Irène, padre de sus nietos (sus únicos nietos, pues Ève no tuvo hijos) es hablar con la voz de la sabiduría, con la voz de lo fútil pero soberano; es hablar con la ciencia y con el comunismo. Es conocer, de primera mano, la historia de los Rayos X y del Acelerador de Partículas. Es tratar con un dirigente comunista de la Francia de la primera mitad del s. XX. Es conocer mucho de la familia de Madame Curie y de su instituto científico. Es un lujo que me quise permitir en uno de mis transviajes porque consideraba que ni en España ni en el resto del mundo le habían prestado suficientes honores a pesar de su Nobel de Química de 1935 y de su participación en la IIWW (entre muchas otras participaciones vinculantes para mejorar nuestra calidad de vida de hoy -y me refiero al 2017).

Estaba claro que era una buena oportunidad de generar cierta inquietud mediante la publicación de un buen artículo: uno de seis páginas. Concha lo vio con los mismos ojos que yo y me dio cierta cancha. Claro está que ella no sabía cómo iba a conseguir los hondos conocimientos necesarios para ese artículo, pero ya estaba acostumbrada a mi fórmula de desaparecer un tiempo y regresar con un sólido e interesante artículo.

Me dejó huir de lo que estaba ocurriendo en mi momento vital: la disolución del Parlament de Catalunya. Bien sabía ella que eso no debía cubrirlo yo… esto quiero dejarlo bien claro en mi diario: éste que escribo para podérselo entregar a Ruth cuando yo esté ya en mi lecho de muerte (si muero antes que ella) o éste que le dejaré a la posteridad, sea como sea y sea a quien sea. Mi opinión no iba con la línea editorial: sí, podíamos estar de acuerdo en que los catalanistas no eran la opción ni Cataluña el futuro, pero no podíamos estar de acuerdo en la fórmula usada por el Gobierno (esa laxitud de pan y circo).

Este diario de mis transviajes, seccionado por capítulos, me viene de perlas: es mi toma de apuntes, mi gestión de la memoria. Mi propia memoria futura pues ¿quién sabe cuánto me va a durar esta posibilidad? Los transtiempos, al final, somos humanos.

Joliot no podía haberse casado con otra mujer: Irène Joliot-Curie era una mujer disciplinada y tan sabia como él. Su madre y su padre le habían entregado conocimientos y experiencias humanas impagables. Ni siquiera la muerte podría pagarlos. Ambas trabajaron en la Primera Guerra Mundial utilizando aparatos innovadores, reparándolos, expuestas mortalmente a la radiactividad de los mismos. Y todo por ayudar a sus compatriotas, si bien hubiesen querido ayudar a todos (a los propios, los franceses ―ya no polacos―, y a los ajenos). Porque quedó demostrado que no quisieron patentar sus conocimientos sino conseguir que fuesen, lo antes posible y gratuitamente, universales. Solo cobrarían por impartir las enseñanzas a cientos de personas que, como ellas, quisieron participar de la guerra o del desarrollo universal.

Irène, como su madre (más su cabe), era feminista. No les quedaba otra en aquellos malditos tiempos… Fueron de las pocas que tuvieron la oportunidad y la desgracia (según se mire) de trabajar con hombres. Solo con hombres. Y, aún así, sus maridos eran buenos compañeros de trabajo y nada machistas (comparados con sus congéneres y con los miles de colegas varones): ambos se sumaron a las investigaciones de sus mujeres, ambos vivieron con mujeres poco aliñadas, poco preocupadas por su estética. No tenían tiempo, ni ganas ni necesidad de caer en cánones estéticos ni en acceder a las modas del momento. Podría decir, si acaso, escasamente: el pelo recogido ―como por aquellos entonces― y los vestidos más cómodos posibles, sin aspavientos sobre cómo marcar su figura. Nada. De hecho, a Irène la llegaron a tildar (algunos colegas científicos renombrados) de bruta, de basta: si tenía que sacarse un pañuelo de las enaguas y sonarse como debía para quitarse esas molestas mucosas, lo hacía y lo hacía con la fuerza que la caracterizaba: no tenía tiempo que perder en irse a la toilette. Sencillamente ¿por qué habría de ser diferente de sus colegas? Era un roble: una mujer alta y robusta; físicamente, más grande que su madre. Y era una mujer que fue arrestada en Suiza y no quiso tirar de su baza ―la de su madre― para evitar el arresto. También tomó partido por la República Española y, en 1948, la detuvieron en la Isla de Ellis cuando recogía fondos para los refugiados españoles que huían de la dictadura… Era una mujer bandera.

Marie y Irène eran menos finas y elegantes y, sin duda, menos atractivas que sus cónyuges, sí. Pierre, el marido de Mme. Curie, era un hombre mayor que ella, pero era un señor de buen ver: bien vestido, barba cuidada… Por su parte, Frédéric, el de Irène, era un hombre apuesto, también elegante y afeitado con cuidado, hablaba con mucho gusto (no en vano fue fundador del Frente Nacional francés, así como Alto Comisionado para la Energía Atómica o Director del Centro Nacional de Investigación Científica ―entre otros cargos).

Podría haber transviajado a sus años de juventud y conocer a toda su magnífica familia. Pero quería, primeramente (o únicamente ―quedaba por ver), conocerle a él a solas, como hombre viudo y aquejado de sus propias dolencias físicas y, con todo, incansable luchador. Un hombre destinado a sufrir dolorosísimas hemorragias. Uno que había viajado a Inglaterra con todo el material que requería salvaguarda (pues, en la época en que formó parte de la resistencia francesa de la IIWW, no quería delegar en nadie para trasladar sus informes). Un hombre que siempre tenía un destino de lucha en su presente y que siempre luchó para el futuro: el futuro de todos la humanidad.

La Sorbona nunca podrá agradecer, suficientemente, la cultura científica y los aportes didácticos que les brindaría la familia Curie. Y viceversa. Una relación ejemplar de respeto y de sabiduría, de savoir-faire lleno de conciencia académica y de inversión económica ejemplarizante.

Fréderic Joliot-Curie (curiosa aportación, y perenne, al apellido de un marido ―la del de su mujer) fue un intelectual: era un gran amante de las artes, de la música (tocaba el piano, como su cuñada Ève) y de la literatura,sobre todo la de visionario Kipling. Supo evaluar sus ideas y recelar de sus creencias. Tras la Segunda Guerra Mundial, habiendo sido un comunista de fuertes convicciones, comenzó a recelar de los objetivos de su partido. Y cuando hizo falta revisar sus necesidades con respecto a la vida familiar, siempre supo llegar al bien común. Supo amar a sus hijos y a su mujer. Supo: básicamente, y dignamente, siempre supo. Supo buscar todos los tiempos necesarios para compaginar tantísima actividad. Supo estudiar, ayudar y superar los conocimientos. Supo tener fe y ser ateo a la vez. Los científicos son personas de gran fe, pues han de tener fe en que sus conocimientos de base y los indicios de los posibles conocimientos futuros cuajarán si siguen estudiando, investigando; fraguarán en un nuevo conocimiento vinculante para los futuros científicos. Supo tener grandes amigos que le defendiesen por doquier (como Hans Halban, Lev Kowarski o Francis Perrin, con los que trabajó en las reacciones en cadena para el desarrollo del primer reactor nuclear ―habían descubierto, hacía poco, la fisión nuclear y querían avanzar en su uso de manera que pudieran generar energía de un modo controlado). Supo investigar más y más, junto a Irène, los isótopos 13 del Nitrógeno, 30 del Fósforo, 27 del Silicio y 28 del Aluminio.

Vivía en un micromundo que tenía ecos mundiales. Y ese hombre merecía una atención total por parte de la prensa del futuro. Al menos, de vez en cuando. Me sentía en la obligación de darle mi parte de atención y de emanciparla, nuevamente, al mundo.

Mi artículo rodó por esferas insospechadas: gustó a científicos y a profanos de la ciencia. Lo publicaron no solo en mi diario (el de Concha, mejor dicho), sino que permitimos que lo editaran en varios más y en diferentes idiomas (traducciones de las que yo misma me hice cargo).

A mí, Joliot, me permitió conocer más sobre lo infranqueable de su persona: su mirada. Me dejó conocer cómo sentía la muerte de Irène: hablaba de ella. La seguía necesitando. Me enseñaba fotos de sus hijos y de su cuñada (a la que respetaba por sus actividades durante la guerra y por su arte al piano, así como por sus por sus derroteros en Italia). Era un hombre interesante, facundo, con cierta altivez en la barbilla, en el gesto, sin dejar de derrochar amabilidad. Un hombre con secretos (como todos los hombres). De grandes secretos que había decidido lanzar al entendimiento del Universo. Los secretos de su mirada, de su mente, de su padecer y de sus glorias. No podía contarlo todo: ni queriendo. Lo intentaba pero no podía. Quizá era lo único que no sabía, que no podía hacer. Sabía demasiado.

Sus alumnos le admiraban. Cuando me veían llegar, a última hora de clase, sabiendo que iba a proseguir con la entrevista, me decían Rebeca, Olé… Olé, Rebecá. Mademoiselle, vous êtes très belle mais laissez-le respirer. Bien les constaba que mi origen era español y que estaba siendo muy intensa en mi demanda de atención hacia Frédéric (el cual, por cierto, no aceptaba diminutivos de su nombre). Sentían pasión por él y por su recién fallecida mujer pero querían verle sonreír y, al acabar las clases, les salía esa infancia, esa picardía y esas ganas de animarle. ¡No todo entre esos cerebros privilegiados era estudiar aquellos átomos y la energía que desprendían!

Joliot estaba a dos años de su muerte. En 1958, de nuevo, yo volvería a pasar por el horror de tener la necesidad de despedir a alguien especial: sus hijos se turnaban junto a su lecho. Pasó un coma terrible: a veces, aún en trance, me parecía verle una cara de dolor, una reacción a otra hemorragia más.

Monsieur Joliot, ¿qué era el símbolo del alfa blanca con el rayo rojo?

— Durante la IIWW, era el símbolo que llevábamos los científicos dedicados a la energía atómica. Nos protegía una división americana, la Alsos, la división secreta y especial que velaba por no perder científicos bien fuera por muerte ni bien por fuga hacia el otro bando. He de decir que, conmigo, tenían impresiones encontradas: por un lado, era un potente científico a tener cerca, a no perder; pero, por otro, era comunista y construía las bombas que yo mismo disfrutaba de lanzar desde la resistencia. Me veían como la eminencia que había descubierto cómo funcionaba la esencia misma de la bomba atómica, pero como el travieso miembro ―y peligroso― de una organización contraria a sus intereses propios, capaz de hacer bromas sobre si había olvidado la dinamita en casa… Eran momentos de admiración y de estima, por un lado, y de recelo por otro (nos pasaba a todos).

— Frédéric, me lo ha de permitir (se lo ruego) que, por último, no me olvide de preguntarle por cómo le ha afectado ser yerno de Dña. Marie Curie. Ya ve que, en toda la entrevista, he evitado hacerle esta pregunta directa, pero…

Tranquille, Rébéca. Yo no quiero evitar esa pregunta. Nadie puede imaginar, por mucho que sepan de mí, cómo me ha afectado ser el afortunado yerno de Mme. Curie. Le estoy y le estaré siempre agradecido: por dejarme entrar a trabajar en el Instituto del Radio, por permitirme conocer a fondo su trabajo, por permitirme conocer cómo educó a sus dos hijas (sin tiempo, pero con prioridad), por cederme la mano de su hija mayor, por darnos ―a ambos― tanto soporte,… por su apellido (que hice mío). Cada día, prácticamente, se me aparece en la memoria, de un modo u otro: quiero poder mostrarle cómo hemos avanzado en las investigaciones y muchas veces me encuentro hablándole, para mis adentros, rindiéndole minutos de expresión sobre esto o aquello. Incluso preguntándole cómo lo haría ella… Soy el científico más afortunado del mundo: mi suegra es doblemente premio Nobel, mi mujer comparte conmigo otro premio Nobel, mi suegro consiguió otro, también junto a mi suegra. Las mujeres de mi vida adulta han sido un enorme ejemplo para mí y siempre procuraré que recuerden, tanto hoy como en el futuro, por qué la historia de la humanidad ha perdido, terriblemente, el aporte que la mente femenina podía habernos aportado. La inteligencia y el tesón de las mujeres es parte de mi apoyo vital y moriré agradecido por la fortuna de haber podido vivir junto a mujeres luchadoras que tomaron su fuerza y la convirtieron en el máximo exponente de la liberación de su energía. Y, créeme, no solo soy un hombre de fe, también soy un ferviente creyente de la energía, bien sea de los átomos como de las personas.

Me quedé satisfecha. Creo que mi expresión lo decía todo. Joliot me cogió las manos y me animó a continuar con mi espíritu curioso, a procurar que la comunicación ―vista desde el prisma de las mujeres― continuase aumentando. Me miró, nuevamente, con su mirada infranqueable, ahora sí… transparente.

¿Qué sería hoy de un genio como Frédéric Joliot?


1956: Joliot-Curie, Frédéric
por Carmen Nikol
(continuación de 1870: Wagner, mi contradicción)


Ana Frank: víctima de la perversión del Derecho Natural

Ana Frank (1929-1945) es una de las personalidades más conocidas por su triste relación con la monstruosidad del régimen nazi instaurado por el Tercer Reich alemán, que determinó una vida de persecución, escondite y miedo, pese a lo cual sus palabras, recogidas en su famoso Diario, no pierden la ternura e inocencia que le eran propias. Niña alemana de ascendencia judía, hubo de escapar con su familia a Ámsterdam, en pleno fulgor expansivo de Hitler, cuyas hordas comenzaban a materializar su afán imperialista, invadiendo países y arrasando vidas y bienes, amparándose en unas leyes generadas al efecto y sustentadas en su propia y abyecta comprensión de la moralidad.

El padre de Ana consiguió obtener un lugar donde poder esconderse, la llamada casa de atrás, de cincuenta metros cuadrados, en el edificio de la empresa en la que trabajaba, cuyo acceso estaba oculto tras una estantería. Allí Ana leyó y estudió mucho, durante años, al tiempo que escribía en el diario sus vivencias, pensamientos, esperanzas y sentimientos…hasta que el escondite fue descubierto por la policía nazi. Por su edad, Ana no fue enviada a la cámara de gas, como sí lo fueron muchos niños judíos menores de quince años, pero, previo el correspondiente tatuaje con el número de identificación en su brazo, el ignominioso rapado de pelo y desinfección, fue llevada a un campo de concentración, donde la vida de Ana se apagó a consecuencia del tifus con la edad de dieciséis años.

Escribir un diario es una experiencia muy extraña para alguien como yo. No solo porque yo nunca he escrito nada antes, también porque me parece que más adelante ni yo ni nadie estará interesado en las reflexiones de una niña de trece años de edad…

La experiencia vital de Ana Frank me lleva a reflexionar sobre la base moral de la ley. Quien escribe estas líneas tiene la firme convicción de que los mundos de la ley y de la ética no pueden considerarse compartimentos estancos, so pena de hacer de la ley una cáscara hueca y de la ética una utópica declaración de intenciones. Ambos planos deben imbricarse para hacer de la ley la materialización de un valor ético, como es la Justicia, y de la ética una realidad vinculante en las relaciones humanas. La ley, el Derecho Positivo en su conjunto, ha de estar sólo al servicio de la ética, ser su instrumento; y la ética fundamentar aquello que se denomina Derecho Natural, los valores más elevados, eternos e inmutables sobre los que se sustenta el carácter civilizado que se presume tiene el ser humano.  

Ahora bien, partiendo de que el Derecho Natural ha de ser la base filosófica de la legalidad positiva, la pregunta es cuál haya de ser la procedencia del propio Derecho Natural. No es una cuestión ésta meramente teórica, sino de una importancia esencial, porque en la respuesta está la consecuencia de que el Derecho cumpla su verdadero fin.

El Derecho Natural, la ética llevada al campo jurídico, no puede venir definida por ningún poder ejecutivo. De ser así, y a salvo que el dirigente sea una persona de bien, cuyas miras trasciendan a sus propios intereses y piense sólo en lo que beneficie a la sociedad y no a él mismo, se produce un muy elevado riesgo de que se impongan como valores morales lo que no son sino auténticas atrocidades, basadas en el egoísmo y en la retención del poder a costa de los bienes jurídicos ajenos; en definitiva: la elevación a principio ético (una muy particular ética, cuyo enlace con la verdadera ni siquiera alcanza a lo nominativo) de las aspiraciones personalistas del poder. Ningún individuo ni dirigente está legitimado para crear una moral ad hoc, ni para erigirse, él mismo, en parámetro de la moralidad ni en moralista, máxime cuando el mero intento de presentarse así dirá de él todo lo contrario, y lo reflejará la historia, trascendiendo cualquier silencio o coacción por él impuesta en sus tiempos.

El Derecho Natural, la ética llevada al campo jurídico, no puede venir definida por ningún poder ejecutivo.

No podemos olvidar que todo acto de corrupción o acometimiento bélico pretende esconder su verdadera naturaleza monstruosa presentándose a priori como nacido de unos fundamentos, bien legítimos, al aparecer amparados por la norma escrita, o bien sustentados en una pretendida reivindicación ética, cuando lo que en verdad se produce es un uso perverso de la ley o un desvirtuado concepto de la moral para conseguir o conservar el poder, así como otros beneficios exclusivamente personales.

El nazismo inoculó unos principios metajurídicos (erigiéndose como única y verdadera fuente de la moral, sustituyendo, en su propia dimensión, a la verdadera ética) que sirvieron para fundamentar el que luego sería un conjunto normativo que legitimó el holocausto. Estamos hablando, por lo tanto, de otra de las facetas del mal: la mentira, la suplantación de los intereses generales por los propios, por medio del uso de la ley y de la ética. Podemos llevar este ejemplo a múltiples acontecimientos del presente, a escala interna e internacional, no siendo preciso detallarlos al ser sobradamente conocidos.

La conclusión es evidente: el poder puede moverse y actuar en varios planos, o dimensiones, y llegar a pervertir el mismo Derecho Natural para sustituirlo por sus propias intenciones, presentándolas como el paradigma de lo virtuoso, para, de este modo, justificar a continuación la promulgación de unas leyes que le sirvan de instrumento ejecutivo a sus solos efectos.

Ante ello, el único Derecho Natural en el que verdaderamente puede descansar la ley positiva es aquél que deriva, no de una persona o conjunto de personas, o de un poder ejecutivo, sino, sólo y exclusivamente, de la razón humana: el denominando iusnaturalismo racionalista, procedente de la inferencia, desde los más elementales y comunes bienes e intereses de la sociedad, de aquellos valores y principios que, per se, no son atribuibles a un solo individuo, sino a todos: la Justicia, la igualdad, la libertad. Frente a los intereses del poder, y como ya supieron ver los grandes filósofos que a lo largo de la historia se han sucedido, desde el Renacimiento hasta la Ilustración, solo acudiendo a la razón, con dejación de lo propio para velar por lo colectivo, se obtendrá una verdadera ética social, que, revestida como el único Derecho Natural posible, hará de la ley positiva el instrumento de la Justicia.

Esta es una reflexión a la que la vida de Ana Frank debe llevar, desde un prisma filosófico y jurídico, con la esperanza de que imprima en la humanidad la luz precisa para poder reconocer, y con ello evitar, un devenir de la historia que parece no tener fin.


Ana Frank: víctima de la perversión del Derecho Natural
por Diego García Paz,
filósofo y jurista español que presta sus servicios como
Letrado Jefe del Servicio Jurídico de Civil y Penal de la Comunidad de Madrid


Mitos y leyendas sobre el efecto invernadero, el CO2 y el metano

Uno de los refranes más conocido del variadísimo repertorio español dice que unos tienen la fama, y otros cardan la lana, perfectamente aplicable al CO2 y al metano, a quienes se están echando unas culpas que no le corresponden. Las temperaturas que hacen viable la vida sobre la Tierra, como es muy bien conocido, se deben esencialmente a la existencia del agua en los océanos, que cubren casi un 71% de la superficie del Planeta, y a la composición de nuestra atmósfera, que contiene como promedio un 0,4% de vapor de agua, aunque en regiones tropicales su contenido llega a ser del 4%. Sin estas características, no existiría la lluvia imprescindible para la flora y la fauna. Es decir, en definitiva, que la vida no sería posible.


El dióxido de carbono, un gas traza con injustificada mala fama

Sin embargo, cuando se menciona el efecto invernadero, es inevitable acordarse de inmediato del dióxido de carbono, del CO2, porque a este gas se le está atribuyendo la mayor parte de la responsabilidad (actualmente de forma exclusiva) del calentamiento que está sufriendo la Tierra como consecuencia de las emisiones antrópicas. No obstante, el componente atmosférico cuyo efecto invernadero es más fuerte, el que juega un papel crucial para controlar y mantener la temperatura atmosférica dentro de márgenes habitables, no es el CO2 sino el vapor de agua. Se ha calculado que el vapor de agua, en un cielo sin nubes, es responsable de unos dos tercios del efecto invernadero, y que dicho control puede llegar hasta el 90% si está muy nublado. No debe olvidarse que la nubosidad, en la capa más baja de la atmósfera, la troposfera, cubre como promedio el 60% de la superficie terrestre.

El componente atmosférico cuyo efecto invernadero es más fuerte, el que juega un papel crucial para controlar y mantener la temperatura atmosférica dentro de márgenes habitables, no es el CO2 sino el vapor de agua.

Por el contrario, el CO2 es un gas que está presente en la atmósfera tan sólo a nivel de trazas. Su concentración actual es de unas 420 ppm (partes por millón, equivalentes al 0,042%), cien veces menor que la del vapor de agua, y su incidencia real en el efecto invernadero es, en comparación, casi insignificante. Porque, ¿qué son realmente 420 ppm? Si uno no está acostumbrado a utilizar valores muy pequeños, en rangos de concentraciones a nivel de traza, puede resultar complicado imaginar lo que representa la cantidad de 420 ppm. Para ilustrar el significado real de estas magnitudes, imaginemos un cubo de 1 m3 de volumen, es decir de 100 cm de longitud en cada arista, que contiene por lo tanto un millón de cm3. En el interior de ese cubo, cabrían un millón de pequeños dados que tuviesen, cada uno de ellos, un centímetro de longitud en cada lado. Si comparamos este cubo con la composición de nuestra atmósfera, 780.000 dados corresponderían al nitrógeno (N2), 21.000 dados serían de oxígeno (O2), 4.000 dados de vapor de agua (H2O), 1.000 dados del gas noble argón (Ar), y tan sólo 420 dados de CO2. También, siguiendo con el mismo ejemplo, el contenido de CO2 correspondería a un dado de 7,4 cm de lado (aproximadamente el tamaño del famoso cubo mágico), el cubito blanco de la Figura 1.

Figura 1. Comparación gráfica entre el tamaño de un cubo de un 1 m3 de volumen, y un pequeño cubo de 7,4 cm de lado, equivalente a 420 ppm.

Se trata por lo tanto de una concentración mínima, casi despreciable, de un gas que además, por sus características, es prácticamente inofensivo. Sin embargo, las implicaciones climáticas de un contenido tan pequeño, serían mucho más significativas si, en lugar de dióxido de carbono, se tratase de aerosoles opacos emitidos por los volcanes hacia la atmósfera, que reducirían considerablemente el paso de los rayos de sol. Así se ha comprobado en numerosas ocasiones, por los descensos de temperatura que se registran después de grandes erupciones volcánicas.

Con frecuencia, se nos informa que la cantidad actual de CO2 en la atmósfera, esos 420 ppm, es muy superior a los 280 ppm que existían al inicio de la época industrial, antes de 1850. Pero en realidad, ese aumento, incluso si se llegase a duplicar el valor tomado como referencia, hasta los 560 ppm, no tendría apenas influencia en el clima terrestre, como veremos en detalle posteriormente. Por otra parte, es conocido que, a lo largo de la historia geológica de la tierra, han existido etapas en las que el contenido de CO2 atmosférico ha alcanzado valores de varios miles de ppm, por causas totalmente naturales, especialmente debidas a emisiones volcánicas asociadas a los procesos tectónicos que forman las montañas. Esa misma historia geológica muestra cómo los procesos naturales, de forma autónoma, han conseguido reducir los elevados niveles de CO2 atmosférico gracias a la intensificación de la productividad vegetal y a la capacidad de disolución del CO2 en el agua de los océanos, así como al aumento de la formación y sedimentación de rocas calcáreas, carbonosas y petrolíferas (Figura 2). Por lo tanto, si en épocas pasadas el ascenso en el contenido atmosférico de CO2 hasta valores muy superiores a los actuales nunca supuso un punto de inflexión sin retorno, ¿por qué debe serlo ahora?

Figura 2. Los bosques que formaron las capas de carbón en las cuencas carboníferas, los yacimientos de petróleo y gas, y las incontables montañas de calizas constituyen gigantescos almacenes de CO2 formados en el pasado.

Fijemos ahora nuestra atención en un producto cotidiano como es el agua mineral con gas, que contiene en disolución unos 8 gramos de CO2 por litro, equivalentes a unas 8.000 ppm, lo que representa 20 veces más que la concentración de CO2 en la atmósfera terrestre. Si se calienta el agua gasificada (por ejemplo, cuando se deja una botella al sol), aumenta la presión interior. Pero al abrir la botella, la presión disminuye de repente, el agua no puede mantener disuelto todo el CO2 presente en el líquido y éste se escapa bruscamente (es decir que se desorbe, ya que científicamente a este proceso se le denomina desorción). Algo similar ocurre con el agua de los océanos cuando se calienta, que emite a la atmósfera parte del CO2 que lleva disuelto. Este fenómeno, basado en la capacidad de disolución del CO2 en el agua (conocido en términos químicos como producto de solubilidad), y que es variable en función de la temperatura, tiene una enorme importancia climática. La Figura 3 ilustra gráficamente cómo disminuye la solubilidad del CO2 en el agua al ir ascendiendo la temperatura.

Figura 3. Variación de la solubilidad del CO2 en agua en función de la temperatura.

Como se puede apreciar en la Figura 3, al producirse el calentamiento del agua de los océanos, el CO2 se desorbe 1 gr/litro para una subida de la temperatura desde los 10 a los 25ºC. Este proceso expulsa a la atmósfera cantidades de dióxido de carbono mucho mayores que las emisiones antropogénicas.


La atmósfera terrestre no es un invernadero cerrado

Otro tema recurrente, de gran difusión, para explicar la evolución de la temperatura en la atmósfera terrestre, es la comparación del actual proceso de calentamiento con el de un invernadero. Pero en realidad, un invernadero, con sus paredes y su techo de cristal, constituye un sistema cerrado, mientras que la atmósfera terrestre es un sistema abierto, por lo que se trata de una comparación excesivamente simple, además de incorrecta desde el punto de vista físico. Debe tenerse en cuenta que las variadas y omnipresentes corrientes de aire perturban fuertemente a la atmósfera, al contrario de lo que ocurre en el interior de un invernadero cerrado, donde el aire permanece prácticamente estático. Según las leyes termodinámicas, al calentar un gas (en nuestro caso, el aire de la atmósfera), éste aumenta de volumen y disminuye de densidad, por lo que tiende a elevarse. Ese es precisamente el mecanismo que utilizan las grandes aves rapaces y los planeadores para elevarse en el aire, aprovechando las corrientes térmicas ascendentes. Es decir, que el aire caliente sube hacia los niveles más altos de la atmósfera, mientras que el aire frío, más pesado, se mantiene pegado a la superficie terrestre y en el fondo de los valles.

Este comportamiento es el mismo para todos los gases que componen la atmósfera, que están sujetos a las mismas leyes termodinámicas y es inevitable que al calentarse, asciendan. Es decir, que el CO2 no puede retener el calor y contribuir al calentamiento de los niveles inferiores de la atmósfera, porque en cuanto aumente su temperatura, ascenderá a niveles más altos. La única manera de impedir ese ascenso sería la presencia de una superficie separadora (como el cristal del techo de un invernadero), pero ese límite no existe, la atmósfera no tiene un techo de vidrio y no puede funcionar realmente como un invernadero. No obstante, ocasionalmente y como veremos a continuación, las nubes pueden ejercer esa función de tapadera en determinadas circunstancias.

Por otra parte, la estructura de nuestra atmósfera es muy compleja, integrada entre otras unidades por la troposfera y la estratosfera, que está abierta hacia arriba, hacia la ionosfera y hacia el Cosmos. Los fenómenos meteorológicos que observamos en la atmósfera, tienen lugar principalmente dentro de los primeros 10 a 16 kilómetros de altura, en la llamada troposfera. En esta zona, están las capas de nubes que pueden (hasta cierto punto) ejercer el papel de capa de cierre por encima de los niveles atmosféricos superficiales, con enorme influencia y control en las variaciones de la temperatura, como se puede apreciar bien durante el invierno. Durante la noche, cuando el cielo está cubierto, por debajo de la capa de nubes se mantiene el calor acumulado en el aire durante el día. Sin embargo, cuando no hay nubes y en el cielo invernal brillan las estrellas, se siente mucho más intensamente el frío nocturno (y es más fácil que se produzcan heladas, como saben muy bien los agricultores), porque el aire caliente se escapa hacia arriba.

Otro ejemplo del poder aislante de las nubes es la situación meteorológica conocida como inversión térmica, típica de los días fríos de invierno en zonas montañosas. Cuando un mar de nubes cubre el fondo de los valles, si el día es soleado por encima de ellas, hace más calor en las cumbres que en el fondo del valle, como consecuencia de la diferencia de insolación. Sin embargo, por la noche ocurre lo contrario, ya que el calor diurno se esfuma hacia el espacio por encima de las nubes, mientras que en el fondo del valle, el aire protegido por la capa nubosa se enfría mucho más lentamente.


Límites en la capacidad de absorción térmica del CO2

Además de las limitaciones físicas ya mencionadas, deben considerarse también otros parámetros de los que depende la capacidad que tienen los gases atmosféricos para absorber la radiación solar. Es cierto que las moléculas de esos gases (incluyendo los que aparecen a nivel de trazas) pueden absorber parte de la radiación térmica infrarroja reflejada por la superficie terrestre. Pero el calor absorbido por esas moléculas también es radiado en todas direcciones, y como resultado, entre el 70 y el 90% de la radiación térmica que devuelve la tierra hacia arriba, se escapa hacia el espacio exterior. Por lo tanto, sólo el porcentaje restante (entre el 10 y el 30%) del calor acumulado en la superficie terrestre, puede ser retenido por los gases sensibles a la radiación térmica, es decir, aquella que corresponde al infrarrojo con una longitud de onda larga, conocida como infrarrojo térmico. De entre dichos gases sensibles, el más importante cuantitativamente es el vapor de agua, que como puede apreciarse gráficamente en la Figura 4, representa la mayor parte de la absorción total, mientras que el resto de gases atmosféricos tiene un papel muy secundario. Así, la capacidad del CO2 para absorber radiación térmica está limitada a un rango muy pequeño de longitudes de onda, y la del metano es aún menor

Figura 4. Intervalos de longitudes de onda en que los gases atmosféricos tienen capacidad de absorber la radiación térmica reflejada de la superficie de la Tierra.

Pero además de las restricciones relacionadas con la longitud de onda, existen todavía otras limitaciones en la capacidad de absorción del calor por parte del CO2, que está ya saturada para los contenidos atmosféricos actuales, a pesar de su baja concentración a nivel de trazas. En efecto, los principios físicos de la radiación térmica prescriben que la capacidad de absorción de un gas se reduce logarítmicamente con el aumento de su concentración. Es decir, que a partir de una determinada concentración (denominada nivel de saturación), por mucho que se aumente su contenido, la capacidad de absorción ya no puede aumentar más. Para entender este fenómeno podemos recurrir al símil de las capacidades térmicas de los diferentes colores. Como es bien conocido, la pintura blanca refleja todas las longitudes de onda del espectro visible, y por lo tanto, absorbe mucho menos calor que la pintura negra, que no refleja ninguna de ellas. Pero si una superficie está ya pintada de color negro, tiene saturada su capacidad de absorción, y aunque aumentemos la cantidad de pintura con varias capas, no por ello absorberá más calor. Del mismo modo, un aumento del CO2 atmosférico por encima de los valores actuales, no puede tener consecuencias en la absorción de la radiación térmica reflejada de la superficie terrestre, porque de acuerdo con los cálculos realizados, la capacidad de absorción específica del CO2 ya ha alcanzado el nivel de saturación. Este efecto está representado en la Figura 5, donde cómo se puede apreciar en el extremo derecho de la gráfica, los valores de concentración actuales de CO2 tienen un efecto térmico insignificante.

Figura 5. Con las concentraciones actuales de CO2, su capacidad de absorción térmica está ya saturada casi por completo. Se podría decir que la saturación es ya prácticamente total a partir de las 250 ppm.

De acuerdo con esta línea de razonamiento, Paul Josef Crutzen (especialista en química de la atmósfera y premio Nobel) ha afirmado que ya hay tanto CO2 en la atmósfera, que en muchas bandas espectrales la absorción de CO2 está completa, y cualquier aumento de CO2 no tiene consecuencias. Así pues, la reducidísima presencia de este gas en la atmósfera, en combinación con su comportamiento físico, impide justificar que el dióxido de carbono pueda ejercer un control significativo sobre la temperatura planetaria. Por el contrario, si tenemos en cuenta que unos pocos metros de la capa de agua más superficial en los océanos pueden acumular más calor que toda la atmósfera en su conjunto, la supuesta influencia climática de un gas que solo existe a nivel de traza se hace aún más dudosa.


Sin CO2 no hay vida en la Tierra

Con frecuencia, en los medios de comunicación, se califica al CO2 presente en la atmósfera como venenoso o contaminante. Sin embargo, se trata de un gas químicamente inerte, inactivo, que no puede reaccionar de manera tóxica con otras substancias. Además, se trata de un gas esencial para la vida de las plantas, los hongos, las algas y el fitoplancton, que durante la fotosíntesis, convierten el dióxido de carbono (CO2) en el imprescindible oxígeno (O2). Y también, vital para el ser humano y el mundo animal en general. De hecho, como consecuencia de la respiración, nuestros pulmones contienen permanentemente unos 5.000 ppm de CO2.

Al menos la cuarta parte del CO2 presente en la atmósfera terrestre, está acumulándose continuamente en las plantas mediante la fotosíntesis, un proceso sin el que no existiría en la Tierra el oxígeno necesario para la respiración y la vida. Dicho proceso se desarrolla mediante una reacción química que convierte el agua y el dióxido de carbono en glucosa y oxígeno. Debe recordarse que la glucosa es el ladrillo básico en todas las combinaciones de la química orgánica, ya que interviene en la producción de las proteínas, los aminoácidos y otras sustancias constituyentes de los tejidos animales y vegetales. Y la fotosíntesis está controlada por parámetros muy estrictos, ya que la reacción se detiene (es decir, cesa la producción de oxígeno) cuando la temperatura del aire desciende por debajo de los 10°C y la concentración del CO2 atmosférico es menor de unas 150 ppm.

Por el contrario, se ha comprobado que cuando sube el contenido en CO2 atmosférico, aumenta también el crecimiento y expansión territorial de las plantas, que acumulan en su interior más CO2 en forma de glucosa y de uno de sus derivados, la celulosa. Es decir, que las plantas generan masa vegetal, la biomasa, retirando CO2 de la atmósfera terrestre. Y al aumentar el contenido de CO2 en la atmósfera, crece la biomasa y por lo tanto, se produce más oxígeno. Como consecuencia de este aumento, los satélites de observación han detectado un incremento del color verdoso en el agua de los océanos, asociado al aumento de su temperatura, debido al desarrollo explosivo del fitoplancton y de sus depredadores como el zooplancton y el kril. Este cambio implica un enorme aumento de la productividad vegetal y animal que constituye un importante sumidero de CO2, que no está siendo debidamente considerado en los modelos climáticos (y sus catastrofistas puntos de no retorno), con los que pretenden intimidarnos.

Por otra parte, la historia geológica del Planeta demuestra que, como consecuencia de la evolución climática en tiempos pasados, se han modificado en muchas ocasiones la posición de sus zonas climáticas. Estos cambios han dado lugar a que, durante los periodos cálidos, las zonas templadas con bosques de hoja caduca se hayan desplazado hacia los polos, mientras que por el contrario han retrocedido hacia el ecuador en las etapas fría. Del mismo modo, el arbolado en las montañas alcanza cotas más altas en periodos cálidos y desciende hacia el fondo de los valles en etapas frías. Es decir, que durante los periodos de calentamiento global, aumenta considerablemente la superficie ocupada por árboles y arbustos, y como consecuencia, se intensifica la fotosíntesis, aumentando el consumo de CO2 y la producción de oxígeno. Entonces, ¿es correcto considerar que altos contenidos de CO2 en la atmósfera son perjudiciales para la naturaleza?

Los investigadores que estudian la productividad vegetal han detectado que la fotosíntesis de la mayoría de las plantas ha aumentado un 65% como consecuencia de la subida del contenido de CO2 en la atmósfera desde los tiempos preindustriales (desde el año de 1850). Incluso, se ha evaluado que, si el contenido de CO2 continuase ascendiendo hasta los 600 ppm, se podría esperar otro aumento adicional de la actividad fotosintética, del orden del 35%. En el caso contrario, si se produjese un descenso en la concentración de CO2, por ejemplo hasta el nivel de una tercera parte del valor actual (150 ppm), se perjudicaría el crecimiento vegetal en un 30-40%. Debe recordarse que el crecimiento de las plantas se paraliza durante las épocas glaciares, no sólo por la bajada de las temperaturas, sino también por la reducción asociada de la concentración del CO2 en la atmósfera terrestre.

Este hecho es muy importante para las plantas que son útiles a la humanidad (como el trigo, el centeno, el arroz, el maíz, etc.), que serán necesarias en grandes cantidades para alimentar a la vertiginosamente creciente población mundial. En muchos cultivos de invernadero, el aire está artificialmente enriquecido en CO2 (hasta 1.600 ppm), para estimular el crecimiento de las plantas. Desde hace unas décadas, desde que es posible la observación sistemática de la superficie terrestre mediante satélites, se ha comprobado que la superficie boscosa está aumentando cada año (al mismo tiempo que aumenta la temperatura y asciende el CO2) en una superficie equivalente al tamaño de Alemania (unos 350.000 km2). Tan sólo en España, las superficies de bosques han aumentado un 30% entre 1990 y 2018 y hoy, una tercera parte de la Península Ibérica está poblada de bosques.

Por lo tanto, es totalmente falso afirmar que, como consecuencia del calentamiento, se está produciendo una muerte lenta de los bosques y una desertización generalizada, porque los cálculos de biomasa realizados indican todo lo contrario. Sin embargo, los modelos informatizados que vaticinan desastres climáticos como consecuencia del aumento de temperatura minimizan o ignoran la importancia de la biosfera en el control de CO2 en la atmósfera, además de otros parámetros esenciales para la evolución del clima, como las variaciones en la radiación solar, la nubosidad de la atmósfera, las oscilaciones oceánicas y los procesos de transporte térmico entre las zonas intertropicales y los polos. Y las consecuencias prácticas de estas omisiones son palmarias ya que, hasta la fecha, las predicciones de dichos modelos han fallado estrepitosamente.

Es totalmente falso afirmar que, como consecuencia del calentamiento, se está produciendo una muerte lenta de los bosques y una desertización generalizada, porque los cálculos de biomasa realizados indican todo lo contrario


¿Qué ocurre con el metano?

Algo similar a lo mencionado para el dióxido de carbono, puede decirse del metano (CH4), al que se tilda también de contaminante, a pesar de que su origen es mayoritariamente natural. Se trata de un gas que emiten los seres vivos y al que se le atribuye (especialmente al proveniente del ganado vacuno rumiante, de otros animales domésticos o salvajes e incluso del ser humano) graves consecuencias climáticas por su supuesta contribución al efecto invernadero. Sin embargo, la concentración del metano en la atmósfera terrestre es de unas 1,9 ppm (0,00019%), algo menos de 2 dados en el ejemplo anterior del cubo de un millón de dados (Figura 1). Aunque en algunos casos, para esconder ante la opinión pública una cifra tan ridícula, magnificándola y hacer que parezca más importante, se cambia la unidad de medida, presentándola como 1.900 ppb (partes por billón). Esta forma de presentar el dato puede impresionar a quienes no están habituados a manejar este tipo de cifras, pero en realidad el contenido atmosférico del metano sigue correspondiendo a un insignificante 0,00019%.

Además, el período de persistencia del metano en la atmósfera es sólo de unos 10 años. Es decir, que este gas traza (en realidad, casi ultra-traza), no se concentra acumulativamente y para siempre en la atmósfera, sino se descompone en relativamente poco tiempo, pasando a CO2 y H2O. Por ello, afirmar que el metano es un gas con efecto invernadero peligroso, incluso más peligroso que el CO2, es absolutamente equívoco y falso. Y no sólo por el ínfimo porcentaje de su presencia, sino también porque su capacidad de absorción para la radiación térmica está restringido a un rango de longitud de onda limitadísimo, como está claramente expresado en la gráfica de la Figura 4.

Afirmar que el metano es un gas con efecto invernadero peligroso, incluso más peligroso que el CO2, es absolutamente equívoco y falso

También en este caso, la ayuda de las imágenes satélite permite corroborar la insignificancia de las emisiones de metano derivadas de la actividad ganadera, como se aprecia en la Figura 6, que representa la distribución de metano en el aire en la Península Ibérica, captada por el satélite Sentinel el 1 de Mayo de 2022.

Figura 6. Contenido de metano superficial detectado por el sensor orbital CAMS (Copernicus Atmosphere Monitoring Service) de la Agencia Espacial Europea.

La imagen muestra claramente como las zonas de máxima concentración de metano, coloreadas en rojo, se sitúan precisamente sobre las áreas urbanas o densamente pobladas, y no sobre las zonas donde existen explotaciones ganaderas extensivas. Y precisamente, la zona de donde se concentra la crianza del cerdo ibérico (Huelva, Cáceres, Badajoz, Córdoba y Salamanca, junto a la frontera portuguesa) o la ganadería extensiva de vacuno en Galicia, Cantabria y Asturias, aparecen en la imagen totalmente libre de metano. De lo cual debe deducirse que o bien que la generación de metano derivado de la ganadería es despreciable, o bien que la producción ganadera se concentra en las áreas urbanas de Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao.

Por otra parte, los sondeos de hielo, ya mencionados por nosotros en publicaciones anteriores de Entrevisttas.com, proporcionan información sobre la composición de la atmósfera en épocas pasadas. Si estudiamos la correlación entre el metano y la temperatura, se observa que existe una estrecha correlación entre ambos, que aumentan y disminuyen de forma simultánea. Por lo tanto, no puede extrañar que el contenido medio de metano en la atmósfera haya aumentado de cerca de 1 ppm a casi 2 ppm en el curso del siglo XX, al mismo tiempo que subieron las temperaturas, al iniciarse el ciclo de calentamiento cuando a mitad del siglo XIX concluyó la Pequeña Edad de Hielo.

Tampoco debe olvidarse que las concentraciones de metano en la atmósfera se están analizando sistemáticamente tan sólo desde los años 80 del siglo XX. En consecuencia, las afirmaciones que se están haciendo sobre la influencia climática del metano están basadas de informaciones de un periodo muy breve. Es decir, que se está cometiendo el mismo error que con otras variables climáticas, como la temperatura o el CO2, al no considerar espacios de tiempo lo suficientemente dilatados para apreciar debidamente la ciclicidad y las causas de su evolución.

Otro fenómeno del mismo tipo, conocido desde la más remota antigüedad (1.800 AC) es el caso del lugar donde se emplaza el templo del Oráculo de Delfos. Según Diodoro Sículo, un pastor observó cómo sus cabras se comportaban de un extraño modo cuando se aproximaban a una grieta existente, una fractura en el macizo calcáreo, de donde se desprendían emanaciones de metano que causaban la borrachera de los animales. En ese lugar se edificó el recinto sagrado, al que accedían las pitonisas para hacer sus profecías. Las emanaciones continúan hoy en día. También, en muchas cuencas carboníferas explotadas desde antiguo, se tiene noticia de emanaciones naturales del gas metano contenido en las capas de carbón que, utilizando fracturas como vía de escape, alcanzan la superficie. Así, por ejemplo, en la Cuenca Carbonífera Central de Asturias existe uno de estos fenómenos, conocido popularmente con el expresivo nombre de Mecheru de Saus (Figura 7C y D). Estas emanaciones naturales son también frecuentes en muchas cuencas petrolíferas.


Conclusiones

A pesar de los conocimientos y de los hechos científicamente comprobados de los que disponemos, se sigue pregonando y difundiendo la culpabilidad del CO2 y del metano en relación con el calentamiento global como consecuencia del efecto invernadero. Para ello, se llegan a utilizar imágenes tendenciosas sobre las emisiones antrópicas, y no es infrecuente que, en documentales referidos al clima, para mostrar las enormes cantidades del peligroso CO2 que envían a la atmósfera las actividades industriales, se suelen mostrar imágenes de torres de enfriamiento de diversas centrales o plantas, que en realidad están emitiendo «humo blanco», es decir, inofensivo vapor de agua. Pero haciendo gala de una gran habilidad fotográfica, con el adecuado encuadre a contraluz del sol vespertino, aparece en la imagen como una venenosa nube amenazante de color gris oscuro a negro (Figura 8).

Figura 8. Presentación manipulada y tendenciosa de chimeneas industriales emitiendo vapor de agua.

A la vista de todo lo expuesto, cabe preguntarse ¿por qué se inició todo este esfuerzo desinformativo desde hace casi medio siglo? No parece disparatado pensar que el objetivo sea inducirnos una mala conciencia y un complejo de culpabilidad en relación con el cambio climático, favoreciendo la docilidad hacia el fabuloso negocio de tasas e impuestos a las emisiones de gases traza a la atmósfera, además de la ingeniería social asociada a posturas ideológicas. Y todo ello, pregonado como política de defensa y protección medioambiental, para salvar al planeta, aunque la naturaleza y la Ciencia nos estén indicando todo lo contrario.

Pero además de los datos anteriormente expuestos, no debe olvidarse que tan sólo una parte muy pequeña del CO2 atmosférico (menos del 3-4%) es de origen antrópico. Es decir, que si el 0,042% de dióxido de carbono que contiene actualmente nuestra atmósfera no puede tener una influencia climática significativa, es imposible que la contribución antrópica de CO2, un ridículo 0,00168% (es decir, el 4% del 0,042%) merezca ser tenido en consideración.

Por otra parte, para evaluar debidamente los datos que se están utilizando, no debe olvidarse que las gráficas y tablas que se publican periódicamente sobre los volúmenes o CO2 antrópico emitidos por año o por región por región carecen de seriedad científica, ya que dichas emisiones no pueden ser medidas directamente y son estimadas a partir de modelos matemáticos que no están libres de controversias.

Por último, la información disponible permite extraer otra importante conclusión. Como medida paliativa para detener las emisiones antrópicas, se está promoviendo el uso de energías alternativas, entre ellas el uso como combustible del hidrógeno verde que apenas existe en la naturaleza, por lo que hay que producirlo mediante procesos intensivos de energía, por ejemplo por electrólisis, que en la actualidad cuestan hasta cuatro veces más que las energías tradicionales.

Si tenemos en cuenta que el resultado de la combustión del hidrógeno es precisamente vapor de agua, y que la capacidad de este vapor para absorber calor atmosférico es mucho mayor que la del CO2 y el metano, el uso generalizado de esta fuente de energía produciría un aumento significativo (ahora sí, de verdad) del efecto invernadero.

Regresando de nuevo al sabio refranero español, debemos reflexionar si no estaremos haciendo un pan como unas tortas


Mitos y leyendas sobre el efecto invernadero, el CO2 y el metano
por Stefan Uhlig
Enrique Ortega Gironés
y José Antonio de Sáenz Santa María Benedet


Pecados higiénicos

Las reflexiones científicas no tienen por qué ser siempre tediosas y aburridas, y a veces (aunque sea muy de cuando en cuando), ayudan a rescatar del olvido alguna historia divertida. Ahora que está en el candelero el problema de la sequía, me viene a la memoria una chistosa anécdota que puede ilustrar adecuadamente una de las causas principales de la escasez de agua. Porque la realidad es muy tozuda y las estadísticas, si ampliamos adecuadamente el intervalo temporal de datos, nos indican que está lloviendo más o menos lo mismo que antes, y que la sequía actual no es más drástica ni más severa que las registradas durante el siglo pasado. Y lo mismo puede decirse de los siglos anteriores,  hasta remontarnos a la dominación árabe y al Imperio Romano, cuando los habitantes de la península se vieron obligados a la construcción de embalses y acueductos para paliar la escasez.

Pero dejando aparte farragosas cuestiones estadísticas, está fuera de toda duda que cada vez somos más personas las que necesitamos agua. Durante las últimas décadas, la superficie de regadío se ha multiplicado por tres, nos visitan anualmente 80 millones de turistas y la población se ha duplicado. Pero no es sólo que seamos muchos más españoles, es que cada uno de nosotros consume hoy mucha más agua que nuestros antecesores. Además de los cambios en el esquema urbanístico (más viviendas unifamiliares, más jardines, más piscinas y más segundas viviendas), las costumbres higiénicas también han cambiado.

A pesar de que en días estivales aún es relativamente frecuente encontrarse con ejemplares a los que canta el alerón (encuentros especialmente insufribles en recintos cerrados como transportes públicos o ascensores), debe reconocerse que la instalación generalizada de cuartos de baño en las viviendas mejoró notoriamente la higiene corporal de la población hispana. Este cambio fue especialmente sensible en zonas rurales, donde a mediados del siglo XX, dispositivos muy primitivos (a veces una simple tabla de madera con un agujero, elevada de forma rudimentaria sobre el suelo del corral) fueron sustituidos por modernos inodoros. Y del mismo modo, los arcaicos aguamaniles dejaron paso a lavabos, bañeras y duchas.

Es precisamente en este contexto donde transcurre la anécdota que me ha venido a la memoria, una historia que me fue relatada hace ya varias décadas por un sacerdote, conocido de la familia y profesor del Seminario de Oviedo. Durante unas vacaciones estivales, por enfermedad del titular, tuvo que sustituir temporalmente al párroco de una pequeña localidad del occidente de Asturias. Entre sus obligaciones, figuraba administrar, antes de la misa dominical, el sacramento de la penitencia para perdonar los pecados de la feligresía. Uno de aquellos domingos, se arrodilló ante la rejilla del confesionario un endomingado aldeano, estrujando la boina entre sus manos. La conversación entre el sacerdote y el pecador se inició de acuerdo con el protocolo habitual.

— Ave María purísima.

— Sin pecado concebida.

Después de unos segundos de silencio, en tono avergonzado, murmurando las palabras rituales, dijo:

— Padre, me acuso de que… ¡me he duchado con agua caliente!

El sacerdote, haciendo esfuerzos por ocultar su sorpresa, respondió:

— Pero hijo, eso no es pecado…

Después de un largo suspiro, con evidentes muestras de alivio, el penitente se excusó diciendo:

— ¡Como se estaba tan bien…!

Sus razones tenía para sospechar que todo lo placentero estaba prohibido.


Pecados higiénicos
por Enrique Ortega Gironés


1870: Wagner, mi contradicción

– ¿Acaso está garantizada la justicia, Cosima?

– No, Rebeca.

– Entonces, ¿para qué tener hijos?

– Rebeca, ésa no es la pregunta. Debemos mantener nuestra patria bajo nuestra propia raza. Richard, ¿habéis comentado algo al respecto? Vais a conseguir que no se anime a tenerlos. Vuestras conversaciones no la están ayudando…

– Cosima, amada,… Rebeca es pariente de Schopenhauer. No necesita ni de mí ni de Friedrich para pensar así. No le faltarán pretendientes para animarse, ni ocasiones para cambiar de opinión.

Ya por entonces, podía disfrutar de su compañía tras, por un tiempo, haber conseguido que creyesen en mi relación consanguínea con su referente filosófico (el de todos ellos, en ese momento). Wagner me acogió entre sus amistades tras coincidir con él en Leipzig dentro de los más selectos ambientes intelectuales (donde no había muchas mujeres pero sí alguna que otra). No fue muy difícil acercarme a él: estudié todo lo necesario antes de mi primer transviaje y supe cómo había conseguido Nietzsche acercarse a él. Así que apliqué ese mismo sistema y funcionó.

Cosima Wagner

Wagner era misógino, parcial y edulcoradamente (pues, se arrimaba a cualquiera que pudiese prestarle dinero, incluso por entonces). Pero necesitaba acceder a él para corroborar mis informaciones y poder escribir un artículo diferente y poderoso. De manera que me ofrecí para pagar una cierta cuantía ―baja, pero aceptada por él― y fui soltando ciertos aspectos muy personales de la vida de Schopenhauer, mi familiar. Le encantó la idea de recibir una paga proveniente de una mujer que, además, estaba emparentada con uno de sus más admirados filósofos. No le importó que fuese de origen judío. Él mismo me preguntó si lo era por llamarme Rebeca (Becke, para él). En aquél periodo ya se sabía de de su intenso sentimiento antisemita ―ampliamente mostrado, así como sus cambios de principios en caso de ser necesario―. Con esas dos encantadoras entregas (mi dinero y mi origen familiar), consideró que debía conocer más de mí, por lo que me invitó a su casa.

La invitación tuvo una razón, de hecho, especial: fue en el verano de 1870, justo para celebrar ―muy cerca de allí― su boda con Cosima Liszt, hija ilegítima del pianista y amigo de Wagner (una mujer políglota y culta). La estuvimos celebrando el 25 de agosto de ese año, en Lucerna. Aquella curiosa ―y para mí, nauseabunda pero esencial― boda fue todo un evento. Me instalaron con ellos para poder hacerle compañía a Cosima y ayudarla con sus niños pequeños, por lo que, desde la mismísima noche de boda, compartí su intimidad.

A partir de 1866 (año en que murió Minna, su abandonada y cornuda mujer ―sola, sin recibir su visita en el entierro), Wagner y la adúltera Cosima se instalaron en Tribschen (o Triebschen ―curiosamente, trieb significa impulso o pulsión carente por completo de fundamento o motivos, algo que analizó ampliamente mi pariente Schopenhauer). Se mudaron allí para huir de Múnich. Sabían que en Suiza no recibieran esas críticas por haber sido tan manipuladores, tanto con el rey Luis II de Baviera (un ferviente enamorado de Wagner, tanto musical como perosnalmente, y el que pagaba el alquiler de la mansión donde se instalaban) como con el marido de Cosima (y otro mantenedor de Wagner, el pianista y exitoso director de orquesta Hans von Bülow). Ambos habían traicionado a Hans desde que se conocieran como huéspedes (todos ellos) del rey Luis.

Para cuando Cosima se divorció de Von Bülow (en el otoño de 1869), ya tenía una hija con Wagner (Eva) y estaba embarazada de otro hijo de él (Siegfried). Anteriormente (aún viviendo con Hans), había tenido con Wagner a Isolde, pero la reconoció como hija de Von Bülow, con el que sí había concebido a Blandina y Daniela (sus hijas mayores).

Cosima, con Wagner, sí era sinceramente devota, fiel y abnegada: algo que a él necesitaba para inspirarse en ella y convertirla en su siguiente musa (abandonando, así, la anterior ―la también casada, Mathilde Wesendonck). Sería Cosima Wagner la garante de mejorar en el futuro y en su presente -―más si cabe― la fama póstuma de Wagner: hasta ahí llegaba su amor y su, por algunos interpretado, egocentrismo.

El compositor, desde su juventud, era conocido por no devolver nunca los favores económicos que le hacían. Se arrimaba a las mujeres y a los hombres que le amasen, si era necesario, dándoles expectativas por tal de recibir elevadas cuantías. Consideraba que su arte bien merecía la admiración caritativa de los pudientes (y de los no tan pudientes, pues le pedía dinero incluso a sus músicos, los cuales cobraban menos que él).

El rey Luis, el apodado el loco por la sociedad de la época (excepto por su mejor amiga y prima, Sissi, que le llamaba El Águila ―mientras ella era para él El Cisne), siempre obtuvo esperanzas de Wagner, el cual le escribía que no estaba enamorado de ninguna mujer, solo de su rey. Y no era para menos, desde la perspectiva wagneriana, pues quería que aquél le montase un teatro en el que poder estrenar su anillo del nibelungo. No iba a ser un teatro cualquiera: solo el que él deseaba. Y motivó al propio rey para llevarlo a cabo. Debía, éste, eliminar gran parte de las casas de la ciudad de Múnich para construir una avenida que condujese triunfalmente hasta su entrada. No pudo ser, a pesar de la ambición de Richard y de la locura de Luis, ya que no se lo permitieron los cuerdos miembros del gobierno de la ciudad.

Para compensarle, el rey le construyó el teatro de sus futuros festivales: el teatro de Bayreuth (el que sigue siendo el teatro de Wagner). Cabe decir que Luis II de Baviera adoraba el sentido escénico de Richard Wagner: admiraba tanto su complejidad como escenógrafo ―su sistema pionero precursor del séptimo arte― que acabó construyendo el magnífico castillo de Neuschwanstein (traducido, nuevo castillo de piedra) usando gran parte de la inspiración que Wagner le había conferido. Si bien, ya por entonces, detestaba el pensamiento antisemita del compositor, recogió las últimas inspiraciones de éste para construir una sala de redención en el castillo: la sala del Santo Grial.

Cosima era 24 años más joven y 15 centímetros más alta que Wagner. Aria, para su entender: el ideal de su composición y de la admiración de Schopenhauer, así como la inspiración de Hitler, sin duda. Me encantó conocerla en persona, a pesar de ser ambas muy distintas y de lo que llegó a suponer en la vida del, para mí indeseable ―aunque admirado, como para tantísimos― Richard Wagner. Debussy, durante largo tiempo, admiró la brutal y magnánima obra de Wagner. También lo hizo Blasco Ibáñez: por tanto, era necesario conocerle en persona. Pero, como he indicado antes en éste, mi diario, yo soy de origen judío y tenía claro que no me iba a resultar grato…

El propósito de mi viaje, concretamente, fue la realización de un artículo sobre los detalles escénicos del teatro Bayreuth. Quería conocerlo mientras viviese aún el afamado compositor, pero también posteriormente, después de su muerte, cuando ya lo conducía Cosima. Necesitaba conocerlos bien a ambos e ir visitándolos de vez en cuando, hacerme amiga de la familia. Ese recurso era muy positivo (siempre me funcionaba bien y, en realidad era, muy a menudo, un sentimiento puro ―al menos con los hijos y con las mujeres).

La primera vez que entré en el teatro quedé absolutamente prendada de él: por todo. Por la genialidad y la comodidad que viví en él. Para mí no hubiese debido de ser tan sorprendente (al fin y al cabo, había ido al cine muchísimas veces), pero lo fue. Wagner había conseguido poner el foco en la escena apagando todas las luces del teatro, absolutamente todas. Las sillas no eran muy cómodas para la época. Sin embargo y aun sin ser butacas, te sentías cómodo porque tu atención no estaba en tu postura… no te daba tiempo para esa tontería. La majestuosidad en madera, el sistema de alumbrado del escenario… sumados a sus composiciones con tensiones-resoluciones constantes… era impagable, ciertamente. Su combinación de textos emulando el estilo shakespeariano con músicas apoteósicas hijas de Beethoven y de Bach… me tenían anulada, a ratos, por completo. Podía entender, por fin, por qué era alguien tan abominable para mí y, a la vez, algo tan venerado por tantos, incluyendo algunos renombrados judíos de su época.

Quise conocer a los intérpretes, tras una función, pero me dieron tan solo dos minutos: estaban exhaustos, me comentaron que les dolían todos los músculos y que temían no contar con ellos como soporte para la siguiente función. Daba igual: como todos los demás (o más aún) le adoraban e iban a hacer lo imposible por tener el honor de seguir siendo sus elegidos.


Al regresar a la redacción, para calmar la intranquilidad de mi redactora jefe (mi querida Concha), no podía parar de escribir. Ella me miraba, como siempre asombrada, y me decía: Rebeca, querida, no hace falta que corras. Tenemos tiempo de sobras para publicarlo. Vas a enfermar si sigues así. Prefiero que te quedes, que no viajes tanto, y que me hagas especiales menos fraguados y menos escandalosos… aunque pierda cierto empaque. Lo que no quiero es que te me enfermes.

Finalmente, el especial tuvo un éxito inigualable en ventas. No lo conseguí con ninguno anterior, ni ninguno lo hizo tampoco en esa misma semana. Llevaba por título: Wagner: mi insoportable contradicción. Hasta la prensa feminista quiso entrevistarme. También ellas sufrieron ciertas contradicciones y quisieron saber más.

En los siglos posteriores, cuando viajaba al 3012 (por ejemplo), las feministas sufrieron menos la figura del grandioso compositor. Tan solo lo veían algo demodé, fruto de la vieja historia de la mujer. Pero, para eso… aún faltaba desensibilizarlas mucho. Aún faltaba muy, muy, muy mucho.


1870: Wagner, mi contradicción
por Carmen Nikol
Las carnes del tiempo | Capítulo V de Las carnes del tiempo
Continuación de ‘De 1889 a 1894: un suspiro de Java y un amigo en Mallarmé


Carl Jung: la sombra humana proyectada en el Derecho y el Estado

Carl Gustav Jung (1875-1961) fue un médico psiquiatra, psicólogo y ensayista nacido en Suiza que elaboró una teoría del ser humano adentrada en el inconsciente, considerando que el verdadero motor de la vida individual y social se encuentra en lo más profundo de la personalidad, en aquellos aspectos de la misma que, aun cuando no afloran en lo cotidiano, supeditan y determinan las relaciones intersubjetivas, cristalizando en instituciones y en una serie de normas jurídicas que vienen a reflejar en cierta forma, y también a actuar como mecanismos de contención, de los aspectos más recónditos de la humanidad.

Carl Jung por Carmen Nikol Digital Art

Para Jung, en el inconsciente se encuentran todos aquellos aspectos negativos del ser humano de los que éste reniega y considera como algo que no debe trascender. Es decir, en el aspecto más profundo de la psique humana se encuentra un reflejo oscuro de la persona, su sombra. Y así como existe un inconsciente individual, junto con él aparece en la teoría de Jung el llamado inconsciente colectivo, una suma a priori de todos los inconscientes individuales pero dotado de singularidad, conformando de este modo el inconsciente de la masa social. Este inconsciente colectivo es el responsable de la generación de los arquetipos, los conceptos generales que rigen la actuación humana en sociedad: castigo, pena, delito, Estado, poder, etc.

De este modo, el Estado aparece como una entidad poderosa y arquetípica generada por la sociedad, en lo más profundo de su inconsciente, y asimilada por todos los individuos que la integran como parte del suyo propio, pues el arquetipo se encuentra inserto en cada ser humano, siendo así que los conceptos de poder, de norma o de Estado, no son ajenos a ningún individuo, los comprende en su base, vienen en cierta forma con él. El surgimiento del Estado y de las normas, el Derecho, que regulan su actividad y por ende la de todos los individuos, se residencia en un criterio de imputación que nace en los propios individuos y desde ellos la sociedad lo traslada al concepto de Estado, y es que aquella sombra conformada por todo lo negativo del hombre, por todas sus debilidades y vicios, lleva también consigo el rechazo de la asunción de responsabilidades, de modo que esa parte oscura del individuo y de la sociedad se atribuye a una entelequia, al Estado, con un doble fin: primero, imputarle todas las consecuencias de la manifestación de la sombra, y segundo, convertir al Estado también en el causante de dictar las normas de contención y castigo de esas manifestaciones perversas; en definitiva, convertir al Estado en un necesario padre de la sociedad, en el que volcar todas las responsabilidades y los reproches, tanto de las consecuencias de los actos como de los castigos impuestos, justificándose así los conceptos de Estado y de Derecho.

Fotografía de Carl Jung

Esta noción paternalista del Estado, aquí obtenida desde la psicología profunda del inconsciente, ya se dejó ver tanto en la filosofía de Nietzsche como en el pensamiento psicológico de Freud, recordando como aquel pensador manifestaba que el concepto de superhombre, vinculado a la muerte de Dios, se materializa cuando el ser humano asume sus debilidades y responsabilidades y deja de reprochar las consecuencias de sus actos a figuras ideales, metafóricas o arquetípicas que su mente (en el caso de Jung, el inconsciente, en el caso de Freud, el superyó) crea a modo de baliza de salvación, llámense Dios o Estado.

La superación de estas severas limitaciones, que así son consideradas por los tres pensadores, implica además la tarea titánica de trascender al propio inconsciente colectivo, que es el generador de los arquetipos, por lo que el ser humano que lo consiga, y con él la sociedad que siga su estela, alcanzará un estado superior de convivencia en el que ya no será preciso un Estado padre ni un Derecho que restrinja el normal desenvolvimiento social, pues ambos serían la necesaria consecuencia de la proyección de una sombra humana que habría dejado de existir.

No es posible despertar a la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina imaginando figuras de luz, sino por hacer consciente la oscuridad”

Carl Jung

Carl Jung: la sombra humana proyectada en el Derecho y el Estado
por Diego García Paz,
Letrado Jefe de Civil y Penal de la Comunidad de Madrid. Académico Co. Real Academia de Jurisprudencia y Legislación