¿Está el planeta en peligro?

Según la ONU

El grupo de expertos creado por la ONU para realizar un seguimiento del calentamiento global (IPCC) acaba de hacer pública la última parte de su informe, el sexto desde que se iniciaron sus actividades allá por 1988. Dicho informe consta de tres bloques: el referido a las bases físicas del cambio climático (publicado en agosto de 2021); el que trata de los impactos y la adaptación al calentamiento (publicado febrero de este mismo año), y el más reciente, que se centra en la mitigación y las posibles soluciones (publicado a principios de abril del 2022).

Como en ocasiones anteriores, los medios de comunicación de mayor difusión se han hecho inmediatamente amplio eco del mismo, publicando las conclusiones más importantes alcanzadas por ese numeroso grupo de científicos (cientos de especialistas de casi 200 países) que han participado en su elaboración. A modo de ejemplo, por mencionar el periódico de mayor tirada nacional, pueden mencionarse los artículos aparecidos en El País los días 4 y 11 de abril de 2022, en total conformidad con las conclusiones del IPCC. En ambos, se afirma taxativamente que el cambio climático es una realidad innegable y que además, es responsabilidad del ser humano, culpable de haber calentado la atmósfera, los océanos y la tierra, como consecuencia de las emisiones de gases con efecto invernadero, especialmente el CO2.

Una consecuencia directa de estas afirmaciones es que, si el ser humano es el causante del calentamiento, también tiene la capacidad (además de la obligación y la inexcusable responsabilidad) de solucionar el problema que él ha creado. Para ello, el informe especifica lo que debe hacerse de forma urgente: reducir de forma inmediata las emisiones a la atmósfera de CO2, que deben tocar techo antes de 2025 para luego disminuir drásticamente, si realmente se quiere evitar la catástrofe climática. Porque aseguran que se nos está acabando el tiempo, que se está cerrando la ventana de oportunidad para poder corregir el problema, antes de que suceda lo inevitable. Afirman que el cambio climático ya no tiene solución porque se han provocado daños tan graves que son irreversibles, pero todavía está en manos del Hombre evitar que el calentamiento se siga desmadrando, aún es posible controlarlo y restringirlo dentro de unos límites más seguros.

Afirmaciones tan rotundas han inducido que algunos grupos adopten posturas muy radicales, como por ejemplo los antinatalistas, proclamando que no se deben tener hijos por el bien del medioambiente (llegan a considerar que engedrar descendencia es un asesinato climático). O el movimiento denominado Rebelión Científica, que exige la implementación inmediata de medidas urgentes, porque la ciencia ya no es suficiente. Estos últimos, para hacer visible su disconformidad por la pasividad del Gobierno ante la crisis climática, se manifestaron el pasado miércoles 6 de abril frente a la entrada del Congreso de los Diputados, y para materializar el descontento de la comunidad científica a la que dicen representar, mancharon con pintura roja la escalinata y las columnas en la fachada principal del edificio.

Exageraciones y contradicciones

Los postulados de Rebelión Científica, del mismo modo que muchas de las informaciones que aparecen en los medios de comunicación, dan por supuesto que existe consenso en la comunidad científica acerca de las conclusiones de los informes del IPCC, pero en realidad la postura del mundo de la Ciencia está muy lejos de ser unánime. Por mencionar sólo un ejemplo entre otros muchos, el famoso ambientalista Lomborg Bjorn en su libro El ecologista escéptico, afirma que debemos separar las exageraciones de la realidad. Las temperaturas han aumentado 0,6 °C durante el último siglo, pero no se ha producido una diferencia dramática con los siglos anteriores. El calentamiento global no reducirá la producción agrícola, tampoco es probable que aumente la frecuencia de las tormentas o los huracanes, nada indica que vaya a aumentar el impacto del paludismo o que incluso cause más muertes. En realidad, la comunidad científica está lejos de tener un criterio unánime sobre el cambio climático y hay muchos investigadores que están de acuerdo con estos comentarios críticos.

En realidad, la comunidad científica está lejos de tener un criterio unánime sobre el cambio climático

Además de las posibles exageraciones en las previsiones de los informes del IPCC, se detectan en su contenido contradicciones flagrantes. Así por ejemplo, como argumento para apoyar la gravedad de la situación actual, se afirma que las concentraciones actuales de CO₂ en la atmósfera son las más altas que se han alcanzado en los dos últimos millones de años, y que otro gas que contribuye al efecto invernadero como es el metano (CH₄) no había alcanzado unos niveles tan altos en los últimos 800.000 años. Una afirmación así recuerda mucho a esos titulares alarmistas que aparecen en la prensa con cierta frecuencia, informando de periodos de sequía o de calor, tan extremos que nunca habían sido vistos…, hasta que en los párrafos interiores de la noticia se advierte que temperaturas o estiajes tan severos, se habían registrado ya hace algunas décadas. En este contexto, el informe sugiere que mucho antes de que el Homo sapiens hubiese colonizado todos los hábitats del planeta, y tuviese la capacidad de ensuciar la atmósfera, se podrían haber alcanzado concentraciones de gases de efecto invernadero similares a las actuales. Del mismo modo, el informe afirma taxativamente que la última vez en la que la temperatura del planeta alcanzó los niveles actuales (dos grados y medio por encima de los niveles preindustriales) fue hace tres millones de años, cuando ni siquiera existía el ser humano.

No existe la menor duda de que, efectivamente, en tiempos pasados, mucho antes de la era industrial, se alcanzaron temperaturas muy superiores a las actuales. Y, si los mismos científicos que integran el IPCC aceptan esta realidad, ¿por qué se considera al Hombre como responsable exclusivo de la situación actual? Y… ¿Por qué se califica como emergencia climática algo que ya ha ocurrido espontáneamente antes, varias veces y en condiciones naturales?

¿Por qué se califica como emergencia climática algo que ya ha ocurrido espontáneamente antes, varias veces y en condiciones naturales?

Como soporte de esa realidad en la evolución climática de la Tierra, se adjunta a continuación la gráfica, ya conocida, obtenida a partir de los sondeos en el hielo del casquete glaciar de Groenlandia, donde se representa la evolución de la temperatura atmosférica durante los últimos 800.000 años, y donde se pueden apreciar oscilaciones térmicas de varios grados.

¿Qué es lo que puede ocurrir cuando aumente la temperatura?

No debe olvidarse que los pronósticos sobre la evolución climática del planeta, no son más que modelos estadísticos de proyección hacia el futuro, meras simulaciones obtenidas por ordenador, pero que con frecuencia son presentados como si se tratase de hechos probados y contrastados. Incluso aceptando que esas predicciones fuesen ciertas, y suponiendo que la Tierra se pueda seguir calentando a lo largo de los próximos siglos, ¿representa ese aumento de temperatura un problema real e irreversible? Las estimaciones del IPCC nos dicen que sí, hablan de catástrofe climática, y en boca de todos anda la deteriorada salud del planeta, cuyo síntoma principal es el calentamiento global, como si tuviese fiebre, afectado por enfermizas calenturas.

Sin embargo, mientras los pronósticos hacia el futuro basados en cálculos y estimaciones son muy pesimistas, el registro geológico de la historia del planeta, establecido a partir de datos sobre lo realmente ocurrido hace millones de años, sugiere todo lo contrario. Si queremos saber de verdad que es lo que puede ocurrir cuando aumente la temperatura, deberíamos prestar atención a lo que conocemos que ya ocurrió en el pasado. El informe del IPCC advierte que si las emisiones continuaran al mismo ritmo que hasta ahora, el calentamiento medio llegaría a finales de siglo a los 4,4 grados por encima de las temperaturas preindustriales, lo que tendría unas consecuencias desastrosas.

Si queremos saber de verdad que es lo que puede ocurrir cuando aumente la temperatura, deberíamos prestar atención a lo que conocemos que ya ocurrió en el pasado.

Dejando aparte la conveniencia de frenar las emisiones y de tener un planeta más limpio (eso está fuera de discusión), ¿cuáles serían esas desastrosas consecuencias? Veamos por ejemplo lo que ocurrió entre 20 y 60 millones de años antes del momento actual, durante uno de los periodos más cálidos de la historia del planeta, cuando las temperaturas alcanzaron hasta seis grados por encima de la temperatura pre-industrial.

La figura anterior (basada en las investigaciones de Jaramillo y colaboradores, publicada en la revista Science en 2006), permite comparar la evolución de la temperatura con la biodiversidad. En la gráfica, la línea fina de color gris representa la evolución de los valores de temperatura media del planeta, con su característico perfil en diente de sierra, mientras que la línea roja gruesa expresa la tendencia general de dichas oscilaciones. En la gráfica inferior, la línea en color azul representa el número de especies vegetales nuevas que van surgiendo, tal y como atestigua el estudio de las esporas fósiles que van apareciendo en los sucesivos estratos.

La correlación entre ambas gráficas evidencia que, a lo largo del tiempo, existe una estrecho paralelismo entre la diversidad vegetal (aparición de nuevas especies) y la temperatura del planeta, aumentando ambas conjuntamente. Por lo tanto, la similitud y el paralelismo de las tendencias en las curvas roja y azul, sugieren que el aumento de temperatura no representa ningún obstáculo para el desarrollo de la vida, sino más bien todo lo contrario.

El aumento de temperatura no representa ningún obstáculo para el desarrollo de la vida, sino más bien todo lo contrario

Lógicamente, esa evolución no se restringe al mundo vegetal. El aumento de temperatura favoreció el desarrollo de frondosos bosques tropicales, cuyos restos dejaron extensos yacimientos de carbón, como los que se están explotando actualmente en la zona de La Guajira, a ambos lados de la frontera entre Venezuela y Colombia. Dicho hábitat representó un terreno muy favorable para el desarrollo del mundo animal, como lo demuestran los espectaculares restos fósiles, entre los que destaca una enorme serpiente, la Titanoboa cerrejonensis, la serpiente más grande encontrada hasta la actualidad, con una longitud que podía alcanzar los 15 metros y un peso superior a la tonelada.

Modelo a tamaño natural de Titanoboa en la exposición del Instituto Smithsoniano

Del tamaño que alcanzó este reptil se deducen importantes conclusiones climáticas. Al tratarse de un animal de sangre fría, depende de la temperatura de su hábitat, y por su enorme tamaño, ese reptil necesitó una temperatura media anual 6 grados superior a la actual. Por lo tanto, su presencia demuestra (como indican también los yacimientos de carbón donde el fósil ha sido hallado) que la vegetación tropical no desaparece como consecuencia del calentamiento, ni se produce una desertización al aumentar la temperatura media del planeta, tal y como habían postulado algunos científicos y el IPCC.

Así pues, los datos geológicos indican que un aumento de seis grados en la temperatura del planeta, en lugar de una emergencia climática, representa una eclosión de vida, un aumento de la biodiversidad, ya que el calentamiento parece potenciar la evolución y facilitar la aparición de nuevas especies, cada vez más adaptadas al medio. De acuerdo con la Teoría de la Evolución, sobre la cual existe hoy en día un amplísimo consenso, cuando van cambiando las condiciones del planeta a lo largo de millones y millones de años, la vida tiende a adaptarse a las nuevas circunstancias y van surgiendo nuevas especies, mejor dotadas para prosperar bajo la nueva situación. Así ha ocurrido siempre, desde el principio, y como consecuencia de esos cambios ha llegado a aparecer la biodiversidad, la flora y la fauna actual de la que nosotros formamos parte. Pero esos cambios ocurren muy despacio, son infinitamente lentos, imposibles de percibir desde nuestra perspectiva temporal. Por eso, olvidamos con frecuencia que nuestro planeta está en perenne evolución y, equivocadamente, tendemos a considerar la Tierra como algo estático.

Es muy probable que los cambios climáticos afecten a parte de la humanidad, puede que algunas áreas dejen de ser habitables, por las mismas causas que nuestros antepasados se vieron obligados a abandonar la antaño fértil área del Sahara o las llanuras de Doggerland, actualmente cubiertas por las aguas del Mar del Norte. Pero no debe olvidarse, que esos mismos cambios inducirán modificaciones en zonas actualmente inhóspitas (por ejemplo las más próximas a los polos) que se convertirán en zonas mucho más acogedoras. Es decir, que el hombre deberá adaptarse a esos cambios, como ha venido haciendo desde sus orígenes, refugiándose en cuevas cuando sobrevenía una glaciación o desplazándose tierra adentro al ascender el nivel del mar. Hoy, como ayer, esos cambios no implican, en ningún caso, que el planeta esté en peligro.

Datos Geológicos vs. Meteorológicos

Es imposible entender en su globalidad el complejo proceso de calentamiento que está experimentando el planeta, si se atiende exclusivamente a los datos meteorológicos de los últimos siglos y se ignoran los registros de lo ocurrido durante de millones de años. Los datos geológicos permiten calibrar, por comparación con lo ocurrido en el pasado, las consecuencias del futuro que nos espera a medio o largo plazo. Desafortunadamente, las estimaciones del IPCC (integrado por un numerosísimo grupo de científicos donde la geología y los geólogos brillan por su ausencia), ignoran el pasado y se centran en la evolución del clima durante un periodo reciente excesivamente corto y estadísticamente poco representativo.

Además, el grupo de estudio del IPCC focaliza toda su atención en un único mecanismo inductor del cambio climático, el efecto invernadero, olvidando otros procesos que pueden tener una incidencia mucho mayor en el calentamiento global, existiendo evidencias científicas esenciales que son sistemáticamente relegadas, como son por ejemplo:

  • Las variaciones orbitales del planeta alrededor del sol inciden periódicamente en su temperatura media. Ver en:
  • El aumento de CO2 en la atmósfera puede estar inducido por el aumento de la temperatura, y no al revés. Ver en:
  • Las variaciones en la radiación solar y las interferencias en la radiación cósmica tienen una fuerte influencia climática. Ver en:
  • El nivel del mar no está subiendo de una forma acelerada ni desmesurada, sino al mismo ritmo con que inició su ascenso hace miles de años. Ver en:
  • No es cierto que exista unanimidad y consenso entre los científicos sobre las hipótesis sobre el cambio climáticos postuladas por el IPCC. Ver en:

Además, al poner el foco de forma casi exclusiva en la problemática del cambio global, se están dejando de lado otros problemas más graves y acuciantes, cuya solución, en este caso sí, depende exclusivamente de nosotros. Se están vertiendo a la atmósfera, a lagos, ríos y mares, todo tipo de productos nocivos y tóxicos; se están incendiando impunemente bosques y talando selvas sin que nadie haga nada serio por evitarlo; se abusa de los herbicidas y pesticidas, que provocan grandes matanzas de plantas e insectos; se infestan los mares con plásticos, cuya presencia está creciendo de forma alarmante para la salud del planeta. Y, en contraposición al cambio climático, no existe hacia esos problemas ninguna respuesta, enérgica y global, comparable a los esfuerzos focalizados en combatir al CO2. Porque aunque nuestro planeta no esté en peligro, desgraciadamente está muy sucio. Y en este caso, sin interferencias cósmicas ni influencias de ciclos planetarios, no hay ninguna duda de quién es el responsable.

Aunque nuestro planeta no esté en peligro, desgraciadamente está muy sucio. Y en este caso, sin interferencias cósmicas ni influencias de ciclos planetarios, no hay ninguna duda de quién es el responsable

Algunas personas, con buen sentido, interpretan que cuando se habla de los riesgos que están afectando al planeta, debe entenderse como la emergencia climática que la situación actual representa para el Hombre, no para la Tierra. Pero entonces, ¿por qué no se expresa nunca así? ¿Por qué no se dice claramente que aunque suba el nivel del mar y aumente la temperaturas, al planeta no le pasará nada? Responder a esta pregunta es muy complicado, es posible que la consigna de mantener la salud del planeta (que ya se usa hasta en spots publicitarios para aumentar las ventas de cualquier producto, desde los detergentes hasta las hortalizas de alguna cadena de supermercados) tenga más impacto en la opinión pública que otros argumentos.

Una definición de la política (que unos atribuyen a Aristóteles, otros a Maquiavelo o incluso a Winston Churchill) dice que es el arte de lo posible. A mí, en los tiempos que corren, me parece más acertado decir que es el conjunto de maniobras dirigidas al beneficio propio, escondidas bajo el disfraz del bien común.


¿Está el planeta en peligro? | Por Enrique Ortega Gironés


Platos de Cuaresma

Acabamos de pasar la Cuaresma y la Semana Santa. Por ello, y para que en la próxima puedas tener en cuenta lo que quizá te hubiese gustado saber en la de este año, voy a repasar una serie de recetas y presentaciones de mesas que siempre viene bien recordar cuando se acercan estas fechas.

La Cuaresma

La vieja Cuaresma es la representación gráfica del tiempo cuaresmal. Su imagen viene dada por una vieja con cara agria y aire desagradable y con siete piernas que lleva en una mano un bacalao y en la otra un  cesto de verduras, dándonos a entender que es época de reflexión y abstinencia.

Pero hoy en día, bien es verdad que podemos decir que han surgido ricas recetas y buenísimos guisos a base de verduras y pescados, sopas, caldos etc. El éxito en todas estas recetas está en hacer previamente un buen caldo o fumet, con el cual poder realizar sabrosos guisos o potajes, como es el bacalao con garbanzos, todo un clásico de nuestra cocina en esta etapa de Cuaresma.

Hubo un tiempo en el que conseguir pescado fresco resultaba muy difícil por lo que se tenía que recurrir a los salazones como, por ejemplo, el bacalao, que se hizo popular por su gran facilidad para salarlo, secarlo y poderlo conservar, además de por el buen precio que tenía.

Sin embargo, en nuestro presente, lo que venía siendo un pescado de la gente más humilde es un bien preciado en grandes restaurantes para la elaboración de exquisitos platos como los buñuelos de bacalao o la esqueixada de bacalao.

Y como no, durante este periodo cuaresmal también podemos encontrar deliciosos postres, como las tan conocidas y deliciosas torrijas y los buñuelos de viento.

La Cuaresma, para los cristianos, venía dictaminada por una serie de normas alimentarias que con el paso de los años nos han ido dejando un legado gastronómico con una gran variedad de deliciosos platos y postres cuyas recetas nos transmitieron nuestras bisabuelas y que continúan permaneciendo en nuestras cocinas, haciéndonos recordar al mismo tiempo nuestra historia y tradiciones que, entre muchos y muchas, hemos ido convirtiendo en nuestras costumbres familiares y sociales.


Recetas de Cuaresma con presentaciones de los platos

Potaje de garbanzos

INGREDIENTES:

  • 250 gr. garbanzos cocidos.
  • 1 cebolla.
  • 1 chalota.
  • 1 zanahoria.
  • 1 tomate.
  • 1 l. de caldo de pescado.
  • Paprika o pimentón dulce o picante.
  • Azafrán.
  • Aceite.
  • Sal.
  • Huevo cocido.

Para la picada:

  • Cacahuetes.
  • Avellanas.
  • Almendras.
  • Pasta de ajo.
  • Pan frito.

Empezaremos sofriendo la cebolla y la chalota, añadiendo a continuación la zanahoria, y una vez rehogado, añadiremos el tomate.

Pasado un tiempo se añadirá el pimentón, el cual rehogaremos muy poco y, a continuación, el caldo que dejaremos unos minutos; por último, los garbanzos ya cocidos.

La picada se verterá a última hora y se tendrá tan solo 5 minutos. Su misión será espesar el potaje. Si esta no se tuviera, aunque la recomiendo por su aportación en sabor a la misma, se puede sacar unas cucharadas de garbanzos, machacarlos y volverlos a introducir ya que estos también tendrán la función de espesar.

La picada se realizará sofriendo unas rebanadas de pan y colocándolas en un robot junto con  los frutos secos y la pasta de ajo (un sistema mucho más cómodo y rápido) o bien como siempre lo hacían nuestras abuelas: machacándolo en el mortero.

En cuanto a la pasta de ajo, es recomendable que cuando se vayan a hornear bien unas verduras, carne o pescado, por ejemplo, añadir unas cabezas de ajos enteras, tal cual, con piel y todo, y cuando se sacan se les cortará un trozo de la parte de arriba y se exprimirá para sacarle la pulpa. Esta pasta resulta exquisita para multitud de recetas.

Como podréis ver, os he presentado tan solo un básico para cualquier potaje al que se le añadirá el pescado que se quiera o bien carne y convertirlo en un plato de cuchara tan deseado en época invernal.

Sírvase, y de manera opcional espolvorear con huevo cocido.


Sopa de alubias con sepia y verduras

INGREDIENTES:

  • 1 sepia.
  • 200 gr. de alubias cocidas.
  • 1 cebolla.
  • 1 puerro.
  • 1 zanahoria.
  • ½ calabacín.
  • ½ pimiento verde.
  • 1 tomate.
  • 1 rama de apio.
  • 2 ramas de cardos o pencas.
  • 1 l. de caldo de pescado.
  • Azafrán.
  • Aceite.
  • Sal.
  • Picada:  Véase la receta anterior.

Se procederá a sofreír la sepia troceada en pequeños trozos con un poco de aceite, a continuación añadiremos las verduras y seguiremos rehogándolas, una vez estén bien rehogadas, se le añadirá el caldo, el azafrán y por último las alubias. Cinco minutos antes de terminar se le añadirá la picada (véase su proceso en la receta anterior).

Recomiendo hacerla el día anterior, ya que el potaje se infusionará y realzará su sabor. Si es así, la picada se añadirá cuando se caliente antes de servir ya que su espesor podría aumentar con el tiempo transcurrido o bien, ya que la picada también le aportara sabor al mismo, añadir más caldo para que con ese tiempo de reposo quede en su justo espesor. Tan solo habrá que calentarlo para presentar a cada comensal.


Crema de Calabacín

INGREDIENTES:

  • 2 calabacines.
  • 2 chalotas.
  • 1 cebolla.
  • 1 patata.
  • 1 puñado de espinacas.
  • 1 l. caldo de verduras.
  • Aceite.
  • Sal.
  • Pimienta.
  • Queso de untar sabor camembert.
  • 1 cucharada de mantequilla.
  • Almendra fileteada.
  • Crostons.
  • Láminas de calabacín
  • Calabacines enanos.

Con un poco de aceite se procederá a sofreír la cebolla, la chalota y los calabacines, y por último la patata troceada. Se le añadirá el caldo y dejaremos su cocción durante 30 minutos a fuego moderado; finalmente introduciremos las espinacas y las tendremos 3 minutos, ya que su cocción es rápida y le dará un color más acentuado a esta tan deliciosa crema.

Una vez pasado este tiempo se triturará, añadiendo a continuación el queso crema del sabor que se prefiera, aunque aconsejo el de camembert por el delicioso y delicado sabor que le otorga. Volveremos a colocar en el fuego unos minutos. Añadiremos, a continuación, la mantequilla que le aportara mayor brillo y sabor.

Para esta deliciosa crema, una buena opción sería presentarla en calabacines enanos, ya que como se suele decir, la comida entra por la vista. Y para una bonita presentación se espolvoreará con almendra fileteada, bien sea frita o tostada, y unas láminas de calabacín muy finas  que se habrán hecho a la plancha o en forma de chip.

Si va a ser un entrante, porque habrá un plato principal, los calabacines se vaciarán y se dejarán como cuencos para poder servir en ellos la crema. Su interior se aprovechará para la crema obviamente.

Pero si queremos que los calabacines también se coman, ya  que solo se servirá un único plato bien porque antes se haya presentado un aperitivo, se harán en el horno con anterioridad antes de colocar la crema en los mismos.

Una vez vacíos, se pincelarán con aceite tanto el interior como la parte exterior. Colocar en el horno unos 15 minutos o más, dependiendo del tipo de horno, y así poder comerlos cuando se termine la crema.


Pastel de espárragos

INGREDIENTES:

  • 8 huevos.
  • 2 botes de leche ideal.
  • 2 botes de espárragos.
  • Queso rallado.
  • Pimienta.
  • Sal.
  • Nuez moscada.

Para la decoración:

  • 3 huevos cocidos.
  • 2 zanahorias ralladas.
  • Hojas de lechuga.
  • Puntas de espárragos.
  • Mayonesa.

Empezaremos batiendo los huevos en la batidora, añadir la leche y los espárragos cortados a trocitos y seguir batiendo. Poner la sal y la pimienta, nuez moscada y el queso.

Untar con mantequilla el molde que se vaya a utilizar y rellenarlo con la mezcla.

Cocer al Baño María durante 40 minutos a 200º

Introducir un palillo para asegurarnos de su cocción. Como siempre digo, depende de cada horno.

Una vez lo saquemos dejar sobre rejilla unos minutos y con un cuchillo pasar por los bordes para desmoldarlo con mayor facilidad.

Importante: se puede servir frío o caliente, pero… por la experiencia que acumulo de más de 40 años en la elaboración de este plato, el cual se ha convertido en todo un clásico en mi casa, recomiendo hacerlo la noche anterior y dejarlo en la nevera para tan solo decorarlo cuando se vaya a utilizar. ¡Toda una exquisitez!

Una vez colocado sobre el plato que se vaya a presentar, se cubrirá con la mayonesa.

Como podéis ver, los colores son importantes, esa combinación  del verde de la lechuga, el naranja de la zanahoria, con el amarillo del huevo y sus deliciosos espárragos le proporcionan un atractivo que ya se desea comer tan solo mirándolo.   


Torrijas con sabor a beicon
(sin azúcar ni aceite)

Las torrijas ya eran conocidas en la época romana, cuyas recetas en el siglo I d.C. fueron escritas por el gastrónomo romano Marcus Gavius Apicius que mencionaba un dulce muy parecido a las torrijas.

Tal como las conocemos en la actualidad tienen su origen en el siglo XV, aunque no tenían nada que ver con la Cuaresma, pues su elaboración era para aliviar a las parturientas al dar a luz y favorecer su recuperación.

Aunque, en realidad, no se sabe a ciencia cierta cuando llegó a introducirse en la época de Cuaresma, se cree que podría ser porque era un alimento calórico que daba cierta energía, siendo de gran consideración para esta época de vigilia además de que proporcionaban un delicioso dulce en época de estrecheces económicas ya que, con los restos de pan duro, se podían realizar tales delicias.

Hoy en día se suelen realizar de diversas formas que les aportan sofisticación: con leche, naranja, horchata, nata, vino, de café, chocolate, crema mascarpone, con salsa de toffee etc.

Las que hoy os traigo no entran como un dulce sino más bien para un delicioso desayuno tal como me las presentaban en el hotel en Tucson (Arizona), en el que permanecimos durante un tiempo, a la espera de la llegada de una mudanza, y que desde entonces sigo haciendo durante años en nuestra casa.

INGREDIENTES

  • ½ l. de leche.
  • 3 huevos pequeños.
  • Rebanadas de pan de molde.
  • Tiras de beicon.

Las rebanadas de pan de molde las saco de la bolsa un día antes para que se vayan resecando y no estén tan tiernas.

En un bol batimos los huevos y añadimos la leche.

En una plancha coloraremos las tiras de beicon para que se tuesten y las sacamos. Esta misma grasa que dejan las tiras es suficiente para hacer las torrijas a la plancha.

Pasaremos las rebanadas de pan por los huevos y leche y directamente a la plancha.

No tienen azúcar, ni se necesita aceite, pero ese delicioso sabor a beicon que les deja es algo que te conquista y nunca se olvida.

Procura hacer más de una por comensal porque desaparecen de forma rápida.        

 ¿En cuanto al beicon? Es opcional. Se puede tomar como acompañamiento.


Buñuelos de viento

Los podríamos denominar como místico deleite al considerar que su origen proviene de los monasterios, cuyo objetivo era endulzar el desayuno, por lo cual se presentaban en pequeñas porciones de un tamaño de bocado para tomar en pequeñas dosis.

INGREDIENTES:

  • 200 gr. de harina.
  • 100 gr. de mantequilla.
  • 125 ml. de agua.
  • 125 ml. de  leche.
  • 5 huevos.
  • La cáscara de un limón.
  • Sal
  • Aceite para freír.

Poner en una cacerola el agua y la leche, la mantequilla, la sal y la cáscara de limón.

Dejar hervir 2 o 3 minutos y retirar la cáscara.

Tamizar la harina y volcarla de una vez sobre el cazo, trabajar la masa con cuchara de madera a fuego bajo hasta ver cómo se va despegando de las paredes de la cacerola y sacar dejándola  casi fría.

Iremos añadiendo de uno en uno los huevos hasta que cada uno de ellos esté bien integrado en la masa y, con dos cucharas (previamente mojadas en el aceite caliente), iremos formando diminutas bolas de masa que iremos dejando caer sobre el aceite caliente. Normalmente se suelen dar la vuelta por si solos, aunque a algunos de ellos hay que ayudarles.

Depositaremos sobre una bandeja con papel de cocina con el objetivo de que éste absorba el aceite y todavía calientes se les espolvoreará el azúcar.

Por cierto: están deliciosos con un buen chocolate.


Chocolate especiado a la naranja

INGREDIENTES:

  • 250 ml de leche.
  • 150 ml de nata.
  • 200 ml de zumo de naranja colado.
  • Ralladura de 1 naranja.
  • 80 gr. de azúcar moreno.
  • 150 gr. de chocolate a la taza.
  • 50 ml de Grand Marnier.
  • 1 ramita de canela.
  • 2 clavos de especias.
  • 30 gr. de mantequilla.

Llevar a ebullición el zumo de naranja con el azúcar, la canela, los clavos y su propia ralladura.

Retirar del fuego y dejar reposar con los aromas, el cual pasado un tiempo colaremos.

Calentar la leche y la nata a fuego lento y añadir el chocolate, remover unos minutos hasta espesar y  por  último añadiremos el zumo de naranja y el licor.

Continuar removiendo 2 minutos más.

Por último añadiremos la mantequilla.

Servir caliente y decorar con la canela y la piel de naranja.


Cáscara de naranja confitada

INGREDIENTES:

  • 3 naranjas.
  • 300 gr. azúcar blanquilla.
  • 80 gr. azúcar para cubrir.

Cortar la piel de las naranjas en forma de bastones.

Ponerlas en una cazuela y cubrirlas con agua fría para llevar a ebullición. Escurrir, refrescarlas con agua fría y las volvemos a escurrir.

Repetir esta operación 4 veces más.

Disolver con 250 ml de agua el azúcar a fuego bajo, llevando a ebullición formando un almíbar al que introduciremos las cáscaras de naranja ya escaldadas y dejaremos hervir 1h o un poco más a fuego lento. Pasado este tiempo, dejaremos entibiar las tiras en el almíbar y pasaremos a escurrirlas sobre rejilla.

Y por último las cubriremos de azúcar.


Monas de Pascua al estilo valenciano

INGREDIENTES:

  • 250 gr. de harina de fuerza.
  • 50 gr. de azúcar.
  • 2`5 gr. de levadura seca.
  • 75 gr. de leche.
  • 25 gr. de aceite.
  • 2 huevos pequeños.
  • Sal
  • Ralladura de 1 naranja.

Mezclar la levadura con un poco de leche tibia y dejar reposar durante 30 minutos.

Colocaremos en la batidora la harina, el azúcar, la sal, la ralladura de la naranja, los huevos un poco batidos, el aceite, la leche que hemos reservado y la levadura, mezclaremos con el gancho y dejaremos 20 minutos.

Pasado este tiempo continuaremos amasando hasta formar una masa suave y elástica a la cual formaremos una bola y colocaremos en un bol aceitado entre 2 y 4 horas.

Volver a amasar un poco y dividir en 6 porciones.

Aceitar las manos y colocar en 2 bandejas sobre papel de horno, dándoles la forma que queramos.

Volveremos a dejar de nuevo entre 1 y 2 horas cubiertas con film o una tela para que vuelvan a crecer.

Una vez ya hayan crecido el doble, pintaremos con huevo y les pondremos azúcar.

Meteremos en el horno a 180 º entre 20 o 25 minutos. Dependerá del horno.


Espero que os hayan gustado y que hayáis podido disfrutar de entrañables momentos alrededor de una mesa bonita y de deliciosos menús. Y, si no habéis podido disfrutar de ninguna receta especial de esta semana pasada en vuestra mesa, lo hagáis el próximo año o, incluso, os animéis a realizar estas recetas con anterioridad. Así, practicándolas, seguro que os salen exquisitas para cuando regresen las futuras Pascuas.

Porque la elegancia no es algo superficial, sino la manera que encontró el hombre para honrar la vida y el trabajo.

El camino del arquero | Paulo Coelho

Platos de Cuaresma | Por Juana Sanz


¿Qué valor tienen las ideas de los empleados?

Las ideas de los empleados: un valor en alza.

Cada día son más las empresas que recurren a sus empleados para mejorar sus opciones: tanto de posicionamiento, como de ventas, atención al cliente o desarrollo de producto, etcétera. Sobre todo, ocurre en las empresas que entienden que deben invertir cierto tiempo de atención en cada departamento y, también, en reuniones interdepartamentales.

Perfil de empresas que apuestan por este valor añadido

Pero,… ¿y qué perfil tienen estas empresas? Principalmente, las que conocen que implementar sistemas de calidad les aporta un valor añadido. Es decir: las que buscan obtener certificados de calidad mediante auditorías externas. Para ello, primeramente requieren de auditorías internas.

Definiendo qué queremos promulgar de nuestra empresa.

Claro está que no todos los empleados pueden opinar sobre todo lo que, quizá, deseásemos. Pero, si somos honestos con nuestros goles (al fin y al cabo, será lo que nos lanzará a un aumento de los leads y de las ventas), debemos conocer qué falla y qué va viento en popa o qué debería, sencillamente, de mejorarse. Pero, las ideas no solo nos aportarán información sobre estas lacras, grandes potenciales o fórmulas impecables.

A pesar de los diferentes caracteres y roles de cada departamento, su temperatura puede (y debe) medirse sin poner por delante a los que despuntan de forma habitual: todos tienen voz y, sobre todo, todos tienen ideas. Por lo que se debe conseguir que todos aporten las suyas sin sentirse coaccionados por los posibles encargados o responsables de turno. No olvidemos que nunca se sabe quiénes son lo que pueden desear seguir trabajando con nuestra compañía y quiénes tienen en mente mejorar su situación y dar un salto a otra.

Como empresarios de pro, de los/as que deseamos mejorar nuestras organizaciones, productos, posicionamiento, proyección dentro del sector,… nuestro enfoque ha de estar puesto en seguir formándonos y, esto, sí, puede provenir de nuestros empleados. Y aquí radica, también, gran parte de nuestra riqueza: sus ideas y su experiencia. Por lo que, en muchas ocasiones, es mejor no atosigarlos y ver cómo (y por qué) se desarrollan de éste u otro modo. Asimismo, que nos indiquen qué piensan sobre su quehacer, qué mejorarían en él, en el departamento, en los departamentos superiores (sí, también) y qué cursos desearían hacer (recordemos que, aunque siempre es interesante fiscalmente, que impartan cursos, no siempre es mejor que los escoja un departamento ajenos a los intereses concretos de los empleados en cuestión).

La formación de los departamentos

La formación de los departamentos: llegado el momento de escoger cursos, es mejor que voten.

Una de las maneras de conseguir la opinión de los departamentos, si no queremos enfrentarlos, es conseguir que voten por la formación que podamos aprovechar para su mejora continua. Quizá varios departamentos puedan optar a un curso común pero, en todo caso, también en el voto se prevé qué necesidades de mejora tiene la empresa. Además, ya en el ejercicio de los cursos (sobre todo si son grabados, mediante plataformas de trabajo a distancia u otras), en cada curso se deben realizar ciertas preguntas clave para evaluar qué deberíamos mejorar como organización, lo cual es siempre necesario. Y, para ello, debemos contar con una educación adecuada, por parte de la propia organización, para que nadie se sienta cohibido, para que todos/as hablen.

La mejor combinación: la clave del éxito.

La mejor combinación: la clave del éxito. En la mejora  continua, es importante tratar el mercado como si se tratase de conseguir el mejor conjunto estético, la mejor combinación.

Al igual que ocurre con las modas, exceptuando los sectores primarios (y no siempre), la mayoría de empresas deben de estar pendientes de los cambios en el mercado. La mejor combinación es la clave del éxito, igual que ocurre con los ajustes estéticos. Y esta combinación, el conocimiento de la que mejor se nos ajusta, proviene de conocer muy bien el mercado de nuestros clientes actuales y de los potenciales. Ellos/as nos lo exigen.

Muchas de las empresas actuales, tengan un mercado local, nacional o internacional, ya cuentan con agentes externos de estudio de mercado. Pero, el valor de las ideas de los propios trabajadores es un pilar importante con el que siempre deberían de contar. Si no deseamos desarrollar un departamento propio (y aún haciéndolo), es fundamental procurar que quienes aportan valor y conocimiento, con su trabajo, en nuestra organización también se interese por conocer las mejoras del mismo (de su labor y de su mercado): cuantas más informaciones barajemos, más competitivos seremos. Para ello, bastará con dejarles un tiempo dentro de su horario laboral para hacer tales estudios de mercado. Mientras lo hacen, siempre que no tengan que sufrir con incomodidades por este trabajo (y deban sufrir sus propios puestos habituales) podemos estar revisando qué páginas visitan, qué contactos miran… (si así nos lo permiten; si no, mejoraremos en todo caso).

La confidencialidad

Hay que recordar que coaccionar a los trabajadores es, muy habitualmente, en perjuicio propio. Si el empresario pregunta por los superiores, los empleados deberían de poder responder con tranquilidad (les preguntamos para mejora, no para conseguir más problemas). Para ello existen varias herramientas, pero una interesantísima son los teambuildings (o trabajos en equipo): realizar juegos con encuestas privadas permite, además de construir mejores equipos, aportar ideas y conocimiento de la infraestructura de primera mano (que sean sin letra manuscrita o no lo harán sin sentirse coaccionados).

Conclusión

En conclusión: si conseguimos que quienes trabajen en nuestra empresa nos aporten ideas y conocimiento sobre la organización, la infraestructura de la misma, de una manera anónima o con plenitud en su confianza, desarrollaremos un incremento en la mejora continua tanto dentro del ámbito del día a día como dentro del mercado que nos ocupa.

Valoremos las ideas de los empleados. Pueden ser gratis, muchas veces, y tienen un valor incalculable.


¿Qué valor tienen las ideas de los empleados? | Por Carmen Nikol


Centros de mesa

Elementos decorativos

Muchas veces pensamos en reunir a la familia o amigos para pasar buenos momentos y agradables tertulias y ¿qué mejor manera para darles la  bienvenida y demostrarles nuestro cariño que realizando una mesa que sea bonita al mismo tiempo que acogedora?

Comenzando a decorar la mesa

A partir de la vajilla, cristalería, mantel o servilletas que pensemos utilizar, tendremos que decidir cómo decorar la mesa, eligiendo los elementos que se colocarán en el centro de la misma, y cuyo objetivo no es otro que mejorar la estética, además de aportarle personalidad.

Se puede enfocar con un contenido temático o acorde con la estación del año o festividad que vayamos a celebrar. Ya que no es lo mismo que el motivo de la reunión sea la celebración de un cumpleaños o tan solo un encuentro para pasar un rato agradable.

Tipos de elementos decorativos para el centro de mesa

Un aspecto fundamental en la decoración es preparar un bonito “centro de mesa”. Estos pueden estar compuestos por multitud de elementos, pero los que adquieren  mayor relevancia son los naturales, como flores, frutas, hortalizas, pequeñas plantas, ramitas……. Pueden ser de un solo tipo, todo flores por ejemplo, o combinadas como las flores y las frutas de temporada, cuya combinación dará como resultado una estética muy atractiva.

También las velas son otro elemento a considerar ya que estas aportan iluminación e intimidad, sobre todo para cenas y mucho más si estas van a realizarse en el exterior. Por otra parte, las velas flotantes, acompañadas por flores o frutas, dan como resultado algo atractivo para una cena agradable.

También quedan ideales las soperas, pequeñas figurillas de decoración, candelabros…….

Y en cuanto a las flores y plantas, bien sean secas, naturales o artificiales, si son combinadas con piedras también crean un bonito conjunto.

Eso sí, como siempre insisto en mis artículos, buscando la sencillez. Pero hay que tener en cuenta algunas indicaciones, como por ejemplo que las flores no tengan perfume ya que serían incomodas además de que podría enmascarar los aromas de la comida.

El tamaño de los centros de mesa deberá ser proporcional a la mesa que vayamos a realizar, no impidiendo la visibilidad con el resto de los comensales y facilitando las conversaciones entre ellos, por lo cual hay que tener en cuenta que no sean ni altos ni voluminosos. Realizaremos centros alargados si la mesa es alargada, y redondos para aquellas mesas que sean tanto redondas como ovaladas.

La distinción y elegancia en el centro de mesa

La decoración de una mesa no tiene por qué ser recargada, sino que tiene que darle un toque de distinción y elegancia. Decorar con estilo es “poner la guinda”.

Fotografías con ejemplos
de centros de mesa

En esta mesa, he querido mezclar frutas y flores, coordinando con el color verde de la fruta y el rosa de los platos y servilletas, formando una bonita combinación.

Otra posibilidad sería colocar entre platos unos pequeños detalles, como podéis observar en esta misma mesa, además del centro principal.

En esta otra, y aprovechando la recogida anual de los kumquats (naranjo enano o naranjo chino), he querido hacer un centro de mesa, sobre una bandeja o soporte de dos pisos, para darle una mayor altura y que no se quedara tan plano. Esta vez la combinación de colores ha sido, como veis, mediante naranjas y azules.  

En esta otra mesa he combinado el color verde a conjunto con los vasos y platos, decorando el centro de mesa con un porta velas, en el que ha colocado una vela verde acompañada con pasta de colores. Mesa sobria, sencilla y agradable. El detalle de la pasta en un centro de mesa podría ser una bonita idea para una comida o cena italiana.

Y, como ya os he comentado, otra bonita opción sería un centro de mesa con hortalizas. Como ésta mesa decorada con zanahorias, cuyos colores naranja y verde, combinados con una vajilla blanca sería una buena composición. ¡Imaginación al poder o contra gustos no hay nada escrito!

O bien esta otra con rábanos, cuyo contraste de rojo, verde y blanco, ofrece un resultado muy atractivo.

He hecho esta presentación colocando un rábano sobre cada plato para darle un toque de visibilidad mayor. Luego se retirarán antes de servir o bien cada comensal lo dejará, por ejemplo, en el platito del el pan.

Realizar bonitos centros con frutas también es una opción a considerar.

En este caso he querido hacer una mesa bicolor combinando el blanco con el verde. Unas manzanas, peras….por ejemplo, añadiendo unas ramitas de verde que le dan un toque muy especial. Ya que en los detalles está la diferencia.

También podrían ser unos centros de flores, ya que estas son sinónimo de delicadeza, de belleza y frescura, siendo el mejor elemento natural que le pueda dar vida a esa bonita  decoración que estamos realizando. Pero, como ya he comentado anteriormente, que carezcan de perfume.

Podrían ser desde unas macetitas con bonitas flores, centros realizados por un florista, o un pequeño detalle con flores del jardín, pero siempre de tamaño proporcional a la mesa, nunca con exceso que vaya a quitarle protagonismo a lo que en realidad se pretende hacer, como es celebrar una reunión de familiares o amigos.

Otro centro de mesa podrían ser las velas.

Bien utilizando portavelas, o cualquier otro elemento. En esta mesa he colocado las velas sobre copas invertidas; en su interior se puede colocar bien algunas ramitas o algún pequeño detalle de cerámica o un dulce, en caso de ir a celebrarse un desayuno o merienda; algo relacionado con la comida que se vaya a presentar como pasta, legumbres… unos lazos del color coordinado con la vajilla que se utilice… infinidad de ideas a considerar.

Y como ya he comentado, otro detalle que se podría utilizar en desayunos o meriendas es cualquier soporte que se tenga, por ejemplo este de cristal en cuyo interior se puedan ver unos dulces (macarons, financiers, o cualquier otro dulce en miniatura) quedando un centro atractivo al mismo tiempo que útil ya que se podrá descubrir cuando se vaya a comer y servirse los propios comensales como un complemento más a otros dulces que se presentarán en otros platos.

Otro bonito centro de mesa podría ser una o varias figuras (en caso de ser temática, por ejemplo unos patos, ciervos, ardillas, setas, ahora que es primavera, flores de cerámica, próximo el verano podrían ser caracolas, corales, barquitos….).

Como podéis ver en esta mesa destaca una sencilla sopera, que si se prefiere se puede incluso utilizar como macetero para flores o plantas, frutas u hortalizas.

Estoy segura, que vuestras ideas, creatividad e ilusión os llevarán a presentar tan bellas mesas como queráis realizar.

Elegancia es la ciencia de no hacer nada igual que los demás, pareciendo que se hace todo de la misma manera que ellos

Honoré de Balzac

Centros de mesa | Por Juana Sanz


El calentamiento global y la servicial estadística

Hace ya algunas décadas, en 1973, el genial humorista Forges publicó una viñeta, en la que dos de sus narigudos monigotes, repantigados en aquellos característicos y descomunales sillones de orejas, mantenían el escueto diálogo que se adjunta.

La estadística se ha ganado el dudoso prestigio de ser una ciencia donde los resultados pueden ser elásticamente estirados y adaptados a los intereses del cliente, a pesar del rigor matemático de sus cálculos. Hace algún tiempo, leí en un artículo que existen tres tipos de verdades: las verdades en sentido estricto, las verdades a medias y las verdades estadísticas. Otra versión dice que existen tres tipos de falsedades: las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas.

Los usuarios de esta disciplina (de alguna manera, todos lo somos y sufrimos las consecuencias de sus veredictos), conocemos bien su indudable utilidad, pero también los peligros potenciales que encierra si no se utiliza correctamente. Como ocurre con muchos instrumentos (el mejor ejemplo puede ser el bisturí utilizado en cirugía), puede generar resultados excelentes o catastróficos, salvar vidas o hacer carnicerías, según en manos de quién esté y de cómo lo utilice.

Empezando por lo más simple, son bien conocidas las distorsiones que puede implicar el uso de un parámetro estadístico básico como es la media aritmética. Si una sola persona tiene un millón de euros y otras nueve no tienen nada, la media que le corresponde a cada uno es de 100.000 euros. O recurriendo a un ejemplo aún más simple y más castizo, si en un grupo de dos personas, uno se come un pollo entero y otro ayuna, estadísticamente, cada uno de ellos ha comido medio pollo. Igual de falsas pueden ser las correlaciones basadas en datos puramente numéricos, como por ejemplo aquella que estableció que cada vez que un taxista hacía una carrera en Nueva York, nacía un niño en Europa. O el famoso efecto mariposa de la teoría del caos, gracias al cual, como consecuencia del aleteo de una mariposa en Ohio, se puede producir un tsunami en Japón.

Un ejemplo magnífico y frecuente de cómo pueden obtenerse conclusiones divergentes, o incluso contradictorias, a partir de unos mismos datos, lo encontramos siempre el día después de cualquier convocatoria electoral, cuando cada partido político elije los parámetros estadísticos, o el grupo de datos más convenientes, para arrimar el ascua a su sardina y demostrar su satisfacción por los resultados obtenidos, por desastrosos que estos sean. La verdad es que, como consecuencia de la ansiedad por manejar los resultados a su favor, los políticos tienden a ser poco rigurosos con la estadística. Cuentan las malas lenguas, que el expresidente norteamericano Bill Clinton estaba preocupado porque la mitad de los alumnos norteamericanos tenía una nota por debajo de la media, y buscaban medidas para remediarlo.

Hay un chiste que ilustra muy gráficamente las aberrantes conclusiones que se pueden alcanzar, si esta ciencia no es correctamente utilizada: el estudio del comportamiento de una pulga. Para realizarlo, un experto estadístico amaestró a uno de esos pequeños insectos para que saltase cada vez que se lo ordenaba. Una vez conseguida la obediencia del animal, procedió a realizar el siguiente experimento:

  • Se le ordena cien veces que salte, y la pulga salta cien veces. Correlación 100%.
  • Se le arranca una pata y se repite la secuencia. Correlación 100%.
  • Se le arranca una segunda pata y se repite la secuencia. Correlación 100%.

Y así, pata a pata, hasta que a la pobre pulga las pierde todas. En ese momento, a pesar de que se le ordena 100 veces que salte, se queda quieta, es decir, una correlación del 0%. Y consecuentemente, el experto estadístico concluye que al arrancarle la última pata a una pulga, ésta se queda sorda.

Esta historieta me fue narrada, hace ya más de tres décadas, por una verdadera autoridad en estadística, catedrático y rector de una universidad politécnica europea. Y lo hizo para ilustrarme sobre las aberraciones a las que se puede llegar, cuando las disciplinas técnicas no se aplican con el rigor adecuado. Y, a veces, las conclusiones obtenidas en análisis estadísticos serios, pueden suponer dislates similares.

Siguiendo con la vena satírica y hablando de rigor, conviene recordar la broma que se hizo conocida en ambientes científicos para caricaturizar los procedimientos poco ortodoxos, cuando se trata de forzar los resultados de una investigación hacia conclusiones preconcebidas, no sólo con estadística, sino con cualquier tipo de datos. En dichos casos, se suele aplicar la llamada Constante de Skinner, que puede definirse como el número, entero o fraccionario, real o imaginario, que sumado, restado, dividido o multiplicado por el valor obtenido, proporciona el resultado que se deseaba obtener. Atendiendo a la honestidad de este factor de corrección, algunos lo han rebautizado, con buen sentido del humor, como el Factor Chanchullo de Flanagan. Desgraciadamente la historia de la Ciencia no está libre de estos cambalaches. El mismísimo Einstein estuvo íntimamente dolido hasta el final de sus días por haber tenido que introducir un factor de corrección (al que él denominó constante cosmológica) en su brillantísima Teoría de la Relatividad, porque reconocía que le restaba elegancia a sus ecuaciones. A pesar de que el tiempo demostró que se trataba de una decisión correcta y que aquella constante tenía razón de ser, a los ojos del propio autor de aquella prodigiosa teoría, la constante de marras no dejaba de ser un pegote.

Pero… volviendo a la estadística, existe un cierto consenso para reconocer que se trata de una ciencia propensa a la manipulación, por las posibilidades que ofrece tanto para la presentación sesgada de los datos como para su interpretación. La cuestión es lo suficientemente seria como para que un señor llamado Darrell Huff, se tomase el trabajo de publicar un libro titulado Cómo mentir con estadísticas, que se convirtió en el manual de estadística más vendido en la segunda mitad del siglo XX.

La manera más efectiva de dirigir los resultados obtenidos hacia los objetivos deseados por el cliente es seleccionar los datos a utilizar así como la metodología de representación gráfica, para que sin manipular los datos, el análisis de la información arroje los resultados deseados.

El riesgo de potenciales manipulaciones en las conclusiones derivadas de datos estadísticos es más elevado y sensible cuando son transmitidos a la opinión pública, sin ninguna puntualización sobre la representatividad de la información analizada. Muy especialmente, cuando la potencia de cálculo de las herramientas informáticas ha hecho aparecer sofisticados modelos predictivos, donde la capacidad de manipulación potencial es todavía más alta, cuyos vaticinios son presentados como si fueran verdades absolutas. En el caso particular del tratamiento estadístico de datos sobre el calentamiento global, pueden obtenerse conclusiones diametralmente opuestas en función del intervalo temporal seleccionado, como se comprobará a continuación.

Hoy se acepta que nuestro planeta empezó a formarse mucho después del inicio del universo (se estima que el Big Bang tuvo lugar hace unos 13.770 millones de años), y tras un lento y complejo proceso de crecimiento por acumulación de polvo y de gas, además de la contribución de meteoritos, llegó a adquirir su masa actual. Las evidencias de la primera corteza para este nuevo planeta, se remontan a unos 4.543 millones de años, la edad de la roca más antigua que se ha datado hasta hoy.

El estudio de esas rocas primigenias permite conocer las condiciones que existían en la corteza terrestre en ese momento, pero a varios kilómetros de profundidad. De su composición, de los minerales que las integran, se puede deducir la presión y la temperatura reinantes, pero no aportan ninguna información sobre lo que estaba ocurriendo en la superficie. Para obtener datos climatológicos de las etapas más antiguas de la historia de la Tierra, es necesario esperar a la aparición de los primeros sedimentos y de los primeros restos orgánicos. Los análisis de los isótopos de carbono C12 y C14 en las rocas carbonatadas más antiguas, indican que hace unos 3.800 millones de años ya existía generación de oxígeno por fotosíntesis, como consecuencia de la actividad de un tipo especial de microorganismos, las cianobacterias. Un poco más tarde, hace unos 3.500 millones de años, ya se encuentran restos fósiles de agrupaciones o colonias de algas (estromatolitos), cuyas características y composición químicas permiten inferir algunas características de la climatología existente en aquellos momentos.

Aspecto que tienen las colonias actuales de estromatolitos, en bajamar, en Hamelin Pool, en Australia
Corte transversal de las colonias de la fotografía anterior, donde pueden apreciarse las láminas de carbonato cálcico generadas por las cianobacterias al liberar oxígeno.

La figura siguiente muestra la evolución estimativa de la temperatura del planeta a lo largo de su historia, según Budyco (1982), aunque no desde la formación de su primera corteza sólida, sino desde el momento en que los restos fósiles nos proporcionan información sobre la climatología reinante. En la gráfica, la línea negra horizontal representa la temperatura actual y la línea en zigzag la variación de la temperatura a lo largo del tiempo.

Como puede observarse, han existido momentos con temperaturas muchísimo más extremas (tanto más calientes como más fríos) que las experimentadas en tiempos recientes. A grandes rasgos, los momentos más cálidos (Cámbrico, 500 millones de años; Devónico, 400 millones de años; Carbonífero, 330 millones de años; Jurásico, 190 millones de años y Cretácico, 100 millones de años), coinciden con los periodos de la historia del planeta en que el aumento de temperatura provoca el depósito de enormes cantidades de sedimentos carbonatados (calizas), perfectamente destacables hoy en las cimas de nuestras cordilleras. A modo de ejemplo puede mencionarse a los Picos de Europa, constituidos por una enorme acumulación de calizas de edad carbonífera.

Es evidente que en el momento actual nos encontramos en una situación intermedia, lejos de los periodos muchísimo más fríos o muchísimo más cálidos que ha experimentado el planeta en épocas pasada. Incluso, si centramos nuestra atención en el tramo más reciente de la gráfica, el extremo derecho de la línea en zigzag, observaremos que la línea es descendente, hacia el enfriamiento, a pesar del innegable calentamiento que está sufriendo el planeta en el momento actual. Esta aparente contradicción, se debe simplemente a la escala de observación, ya que esa es realmente la tendencia que se observa cuando se contempla la evolución térmica de la Tierra con la perspectiva de miles de millones de años. En la gráfica siguiente, donde se ha realizado una ampliación del tramo final de la figura anterior, correspondiente a los últimos 65 millones de años, se obtienen similares conclusiones. Para la comparación entre ambas figuras debe tenerse en cuenta que en la primera de ellas (entre el 0 y los 4,500 millones de años), la escala de representación no es lineal (la longitud de los tramos horizontales no es proporcional al intervalo de tiempo representado), para permitir la visualización de un periodo tan dilatado.

En cambio, en esta figura si es lineal (entre 0 y 70 millones de años, la longitud de los tramos horizontales constante y proporcional al intervalo de tiempo representado), y el trazo azul muestra un acusado perfil en diente de sierra, una alternancia de oscilaciones, alrededor de 400 máximos y mínimos, correspondientes cada uno de ellos a uno de los ciclos de Milankovitch, ya mencionados en artículos anteriores (véase El Cambio Climático y la Mecánica Celeste). Sin embargo, a pesar de esos vaivenes, la tendencia general de la curva coincide con la gráfica anterior. Es decir, que en el largo plazo hacia los momentos actuales, se observa una tendencia al enfriamiento.

Si continuamos haciendo zoom y centramos nuestra atención en lo ocurrido durante los últimos 400.000 años, en la gráfica siguiente se pueden apreciar con mayor detalle las cuatro últimas oscilaciones térmicas experimentadas por el planeta (basadas en los datos obtenidos en sondeos de hielo glaciar, ya mencionados en artículos anteriores), donde la línea azul discontinua, uniendo los puntos medios de los tramos ascendentes y descendentes, representa la tendencia general.

La comparación entre esta gráfica y la anterior, permite observar como al cambiar el intervalo temporal de observación y centrar la atención en un periodo más corto, desaparece la tendencia decreciente, que ahora se dispone con un perfil ligeramente ondulado, prácticamente plano.

Si hacemos una nueva ampliación y nos fijamos en lo ocurrido durante el último siglo y medio, la figura siguiente (basada en datos de la NASA) representa la evolución de la temperatura terrestre durante los últimos 140 años, es decir desde el inicio de la era industrial. En este caso, la tendencia ascendente de la temperatura es neta y muy significativa. Pero si es observada de manera aislada y sin tener en cuenta la tendencia observada en las figuras anteriores, no se puede apreciar si el ascenso de los últimos años representa un hecho aislado o forma parte de la tendencia que ya se había iniciado hace 20.000 años, como se aprecia claramente en la figura anterior. O incluso, en sentido contrario, no es más que un breve periodo de aumento dentro de un ciclo largo de descenso iniciado hace millones de años.

La comparación entre las cuatro gráficas anteriores, permite ilustrar la importancia que tiene la selección del intervalo temporal a estudiar, para garantizar la representatividad y la validez de las conclusiones a obtener. Es evidente, que una muestra de información correspondiente a un intervalo de tiempo excesivamente corto, permite visualizar las variaciones de temperatura en las últimas décadas, pero no permite una correcta interpretación del proceso de cambio climático ni del calentamiento global.

Pero aún podemos ir más lejos. Los gráficos anteriores están basados en un mismo tipo de información, homogénea, donde tan sólo se ha modificado el intervalo temporal de representación. Pero, ¿qué puede pasar si, además de elegir selectivamente periodo de tiempo deseado, se mezclan datos diferentes, (churras con merinas, como se suele decir) que no son homogéneos? La figura siguiente, archiconocida por haber sido reproducida en innumerables ocasiones, representa un buen ejemplo de lo que puede ocurrir.

Esta figura, que representa la evolución de la temperatura del planeta durante el último milenio, es conocida coloquialmente como el palo de hockey, ya que su morfología (un largo tramo recto con un una brusca elevación final casi en ángulo recto), recuerda a la forma de esa herramienta deportiva. La grafica fue construida a partir de medidas indirectas de temperatura, basadas datos como anillos de crecimientos de árboles, corales y sondeos de hielo, (representados en color azul) y datos de medidas termométricas, representados en rojo, a la derecha. La línea a roja discontinua señala la tendencia general. Debe recordarse que no hay medidas sistemáticas mediante termómetros hasta el siglo XIX y para corregir la heterogeneidad de los datos (es decir, hacer corresponder el anillo de crecimiento de un árbol con una determinada temperatura, por ejemplo), se aplicaron técnicas estadísticas cuyo margen de confianza al 95 % está representado en la amplia zona de color gris.

A finales del siglo XX, la publicación de esta gráfica, proclamando que se está experimentando un calentamiento drástico, sin precedentes durante el último milenio, causó un gran revuelo y una enorme alarma social. Aunque la evolución de la temperatura durante el último milenio sea insignificante si se compara con lo ocurrido durante los últimos cientos de miles o millones de años (ver gráficas anteriores), era lógica la alarma. Debe tenerse en cuenta que el tramo corto del palo de hockey supone un brusco cambio de tendencia, coincidente además con el inicio de la época industrial, lo que permitía establecer una clara correlación entre la actividad humana y el calentamiento global.

Sin embargo, investigaciones posteriores indicaron que dicha gráfica fue elaborada aplicando técnicas estadísticas inadecuadas, atribuyendo mayor peso en la ponderación a determinados parámetros para dirigir los resultados hacia los resultados que deseaban obtene , tal y como pusieron de manifiesto Mcintyre y Mckitrick (en su artículo publicado en 2005 en Geophysical Research Letters). Además de los problemas derivados del tratamiento estadístico, se ha argumentado también que las medidas termométricas (al menos en el inicio de la era industrial, actualmente ya se usan técnicas más sofisticadas y telemétricas) no eran  representativas de la temperatura real del planeta, ya que la mayor parte de los observatorios meteorológicos estaban situados en áreas urbanas, donde existe una significativa contaminación térmica (fenómeno conocido como isla térmica urbana), que produce temperaturas muy por encima de la media global. Y por último, debe hacerse constar también, que hace mil años se registraron en Groenlandia temperaturas tan altas como las  actuales, como ha sido corroborado por los datos de sondeos en hielos glaciares. La figura siguiente muestra dicho máximo, el Óptimo Medieval, que fue seguido por un periodo extremadamente frío (la Pequeña Edad de Hielo). La comparación, entre esta figura y la anterior, permite apreciar un exceso térmico (medio grado centígrado) representado en el tramo corto del palo de hockey por la integración de las medidas termométricas (valores en rojo).

Es muy importante señalar que la evolución térmica representada en esta última gráfica, está totalmente verificada por datos históricos. Durante el Óptimo Medieval, las suaves temperaturas reinantes permitieron a los vikingos colonizar un extenso territorio, en buena parte libre de hielo, que fue bautizado como Greenland, es decir, país verde, la actual Groenlandia. Su presencia allí está certificada por restos arqueológicos, como la iglesia de Hvalsey (véase fotografía adjunta) y documentación conservada en los archivos vaticanos.

La presencia de los vikingos en Groenlandia fue corta, sólo aguantaron allí unos pocos siglos. Cuando comenzaron a descender las temperaturas y la agricultura resultó imposible, se vieron obligados a abandonar aquel territorio. Es muy significativo que, a pesar de las pruebas históricas, en la gráfica del palo de hockey, no aparecen representados ni el Óptimo Medieval ni la Pequeña Edad de Hielo.

Unos años más tarde, en 2009, en estrecha relación con el tratamiento inadecuado de los datos climáticos mencionado para la elaboración del palo de hockey, salió a la palestra el caso denominado Climagate. El escándalo estalló cuando un pirata informático filtró a la prensa una serie de correos electrónicos entre miembros del IPCC, el grupo de científicos de élite creado por la ONU para el estudio del cambio climático. En los mensajes que se intercambiaron, quedaba en evidencia la manipulación de datos, la destrucción de pruebas y la realización de fuertes presiones para acallar a los científicos escépticos.

Las informaciones llegaron a las páginas de los periódicos (en las televisiones tuvieron un impacto mucho menor) y permanecieron en ellas unos días, pero poco a poco fueron cayendo en el olvido. Para aclarar lo ocurrido, se realizaron varias investigaciones oficiales, pero ninguna de ellas, a pesar de las profundas dudas generadas, encontró evidencias de fraude o de mala praxis científica. A pesar de las enormes sospechas que han generado estas manipulaciones, el gráfico del palo de hockey sigue haciendo acto de presencia por doquier, con un papel estelar en la mayor parte de las informaciones referidas al calentamiento global y el efecto invernadero.

La figura anterior representa la última versión de esa misma gráfica, publicada en el informe del IPCC de 2021, el documento de mayor difusión a escala mundial sobre el cambio climático. Como puede apreciarse por comparación con la versión anterior, donde aparecía representado hasta el año 2000, el tramo corto del palo de hockey se ha estirado hasta encima del valor de un grado centígrado, exagerando aún más el brusco ascenso de la temperatura de los últimos años. Y del mismo modo que en la versión precedente, sigue sin aparecer ni el Óptimo Medieval ni la Pequeña Edad de Hielo.

A la luz de todo lo anteriormente expuesto, no parece descabellado afirmar que la última gráfica del IPCC no refleja fidedignamente los conocimientos actuales sobre la evolución climática del planeta. Incluso, dejando aparte las sospechosas manipulaciones de la información y suponiendo que los datos que aparecen en la gráfica sean ciertos, no parece verosímil que con la información correspondiente a tan sólo un milenio (véanse de nuevo las primeras gráficas que aparecen en este artículo), se puedan obtener conclusiones representativas de lo que realmente está ocurriendo.  

Llegados a este punto, es inevitable volver a formularse la misma pregunta que ya se había planteado en una entrada anterior, publicada el pasado año en Entrevisttas.com (El Discutible Consenso Científico sobre el Cambio Climático): ¿Por qué el trabajo del IPCC se ha centrado tan sólo en un intervalo de tiempo tan breve? ¿Por qué en la figura se hace referencia a periodos de 2.000 y 100.000 años ignorando toda la historia anterior?

No cabe duda de que se podría obtener una visión más completa, objetiva y equilibrada del problema, si la visión se ampliase y se tomase en consideración el conjunto de la historia de la evolución climática del planeta. Pero, como hemos visto anteriormente, una de las maneras más eficaces y simples de sesgar los resultados de los análisis estadísticos es elegir adecuadamente el intervalo de datos. Es evidente que si comparásemos el ciclo de calentamiento actual con los experimentados por el planeta en etapas anteriores de su historia (véase el primer gráfico de este artículo, el correspondiente a la evolución térmica del planeta durante los últimos 3.800 millones de años), las responsabilidades de la Humanidad en el cambio climático quedarían diluidas.

A través de los medios de comunicación, se nos informa incesantemente de que el planeta está en peligro, se nos afirma que estamos en emergencia climática. Por ello, es necesario detener el aumento de temperaturas para salvarlo, instando a comer menos carne, a usar menos el coche y viajar en tren, o a prescindir de algunos productos desechables. Pero incluso, hay quien cree que todo eso es muy insuficiente y consideran que hay que tomar medidas mucho más drásticas. Este es el caso de los integrantes del grupo Rebelión de Científicos (Scientist Rebelion) que exigen la implementación inmediata de medidas urgentes, y llaman a lanzarse a la calle porque la ciencia ya no es suficiente, debe ejercerse presión política. Esta postura no de ja de ser curiosa y contradictoria, porque a lo largo de la historia ha sido siempre la Política la que ha mediatizado a la Ciencia (del mismo modo que está ocurriendo ahora mismo) y no al revés. En la misma línea, el grupo denominado antinatalista, proclama que no se deben tener hijos por el bien del medioambiente, divulgando mensajes tan extremistas y radicales como el que se puede observar en la imagen adjunta.

La fotografía corresponde al anuncio de un debate sobre esta temática, en un programa de televisión en la cadena de televisión alemana arte donde puede observarse a una madre con sus dos pequeños y el texto de una una inquietante disyuntiva: Zukunft óder Klimakiller? (¿Futuro o asesina climática?). El mensaje no puede ser más claro: constituir una familia normal es considerado por algunos fervientes defensores de la salud del planeta, como un crimen medioambiental.

Y sin embargo, la historia de la Tierra no sustenta estos pánicos ni alarmas. El registro geológico nos informa de el planeta ha experimentado etapas mucho más cálidas que la presente, y es inevitable formularse una nueva pregunta: ¿Qué le ocurrió a la Tierra cuando se recalentó hasta extremos muchísimo más elevados que los actuales? Pues sencillamente, nada. Por eso estamos nosotros aquí, porque la evolución continuó con el ritmo impuesto por los ciclos naturales, como será analizado en detalle en una próxima publicación. Mientras tanto, no puedo resistir la tentación de terminar este artículo, como si se tratase de una pescadilla que se muerde la cola, de la misma manera que empezó, con los monigotes de Forges:

— Si la estadística no miente…
— Miente.
— Pues entonces nada…


El calentamiento global y la servicial estadística | Por Enrique Ortega Gironés


¿Cómo detener el ascenso del nivel del mar?

Uno de los temores que más ha calado en la población, como consecuencia de las informaciones periodísticas acerca del calentamiento global, es el miedo a que Neptuno amplíe sus dominios, invadiendo la tierra firme. No es de extrañar que el pánico al aumento del nivel del mar se haya extendido, si tenemos en cuenta las informaciones que difunden algunas organizaciones e instituciones oficiales, que además son amplificadas en gran medida por la prensa.

Así ocurrió, por ejemplo, con el artículo publicado por EL MUNDO el 25 de febrero de 2001, informando de forma apocalíptica sobre las gravísimas consecuencias inmediatas que traería consigo el cambio climático y el aumento del nivel del mar. Se profetizaba un Mediterráneo sin playas, Ámsterdam convertida en una Venecia del Norte, islas como Córcega y Sicilia amenazadas, y otros vaticinios del mismo jaez. Dicho artículo exageraba las previsiones del informe emitido en 2001 por el IPCC, el grupo de expertos en cambio climático de la ONU, donde se preveía que el nivel medio mundial del mar se elevaría un máximo de 0,14 metros entre 1990–2025 (4 milímetros al año), y un poco más rápidamente (5,3 milímetros al año ), si se consideraba un periodo más dilatado, entre 1990 y 2050. Más recientemente, la NASA ha informado que desde 1993 hasta 2019, el nivel del mar ha aumentado a un ritmo de 3,65 milímetros al año. Es decir,  algo menos del máximo previsto por el ICPP en 2001.

Diversos organismos, tanto oficiales como ONGs, están alertando de que, como consecuencias de esta elevación, la población que vive en pequeñas islas o en zonas costeras bajas, corre el riesgo de sufrir graves consecuencias sociales y económicas, y decenas de miles de personas que viven en ellas corren el riesgo de ser desplazadas. Esta amenaza es innegable, ya que el aumento del nivel del mar es un hecho constatado desde hace mucho tiempo, pero, ¿cuál es el origen de esta elevación? ¿La actividad humana está alterando el ritmo de los ciclos naturales? ¿Qué podemos hacer para frenarla o detenerla?

Desgraciadamente, no suelen difundirse informaciones fidedignas sobre la historia de las variaciones del nivel del mar, lo que permitiría una visión equilibrada (y sobre todo mucho menos catastrófica) del fenómeno que hoy estamos presenciando. En artículos anteriores ya publicados en ENTREVISTTAS, se ha detallado el origen de los ciclos de enfriamiento y calentamiento que periódicamente experimenta la Tierra. Son precisamente esos mismos ciclos, los que en su mayor parte (luego veremos que también intervienen otros factores), controlan las variaciones del nivel del mar.

En la figura adjunta, la línea azul en la mitad inferior, representa las variaciones del nivel medio del mar registradas por los datos geológicos durante los últimos 400.000 años, de acuerdo con los datos publicados por Hansen, Sato, Rusell y Kharecha en 2001. En la gráfica, el valor “cero” y la línea negra discontinua horizontal corresponden al nivel actual del mar. En la misma figura, la línea roja en la mitad superior, muestra la variación de la temperatura media del planeta durante el mismo periodo, obtenida a partir de los valores del isótopo de oxígeno O18 en los sondeos del hielo glaciar de Groenlandia.

variación de la temperatura media del planeta durante el mismo periodo, obtenida a partir de los valores del isótopo de oxígeno O18 en los sondeos del hielo glaciar de Groenlandia.

La comparación entre ambas gráficas pone de manifiesto que existe un estrecho paralelismo entre la evolución de la temperatura y la variación del nivel del mar. Dicha correlación es totalmente lógica y fácilmente comprensible, si tenemos en cuenta que la causa primordial del ascenso del nivel del mar está relacionada con la fusión de los hielos glaciares. Al calentarse el planeta, los hielos se funden y el agua procedente de esa fusión hace que la línea de costa avance tierra adentro. Además, al aumentar la temperatura del agua, ésta sufre una dilatación, aumentando su volumen, contribuyendo también a la elevación del nivel del mar. Por el contrario, al enfriarse el planeta, ocurren los procesos opuestos.

La geometría de las gráficas indica que las elevaciones de temperatura (y por tanto, del nivel del mar) son más rápidas que los descensos, ya que los tramos de curva ascendentes son más empinados que los descendentes. Esta diferencia se debe a que el agua de los mares tarda más en enfriarse que en calentarse, y la acumulación de varios miles de metros de espesor de hielo en los casquetes glaciares requiere más tiempo que su fusión.

El registro geológico de la evolución de la temperatura del planeta, muestra que tan sólo durante los últimos 60 millones de años, han existido cientos de ciclos de calentamiento y enfriamiento, similares a los reflejados en la figura anterior, y cada uno de ellos estuvo asociado al correspondiente ascenso y descenso del nivel del mar.  Así pues, la lenta elevación de las aguas que la humanidad está observando en los tiempos que corren, no representa una situación excepcional creada por el hombre, sino tan sólo uno más de los ciclos naturales que vienen sucediéndose desde hace millones de años.

Si centramos nuestra atención en la última parte de la gráfica anterior, comprobaremos que el momento más frío del último ciclo tuvo lugar hace aproximadamente 20.000 años. Los datos geológicos indican que, en ese momento, el nivel de las aguas estaba situado unos 120 metros por debajo del actual, y que desde entonces ha estado elevándose de forma incesante. Aunque ese ascenso no ha sido continuo ni ha tenido lugar a un ritmo uniforme (del mismo modo que ocurre con la temperatura, tal y como puede apreciarse en la gráfica anterior, se producen pequeñas oscilaciones y cambios de tendencia), el promedio indica una velocidad de elevación de unos 6 milímetros por año. En otras palabras, que ha sido necesario el transcurso de 166 años para que el nivel de las aguas se eleve un metro.

Ha sido necesario el transcurso de 166 años para que el nivel de las aguas se eleve un metro

Este dato, por sí mismo, permite afirmar que el aumento del nivel del mar durante los últimos 20.000 años, como promedio, ha sido más rápido que el que observamos ahora,  sólo de 3,65 milímetros año, según la NASA. Entonces, ¿por qué considerarlo cómo anómalo y catastrófico, si encaja perfectamente dentro de los ritmos naturales? Hay innumerables evidencias geológicas de que este tipo de cambios vienen ocurriendo desde hace millones de años, sin la intervención de la moderna sociedad industrial, sin que nuestras emisiones de dióxido de carbono hayan podido contribuir a los calentamientos que han provocado los sucesivos ascensos del nivel del mar. Quizás el ejemplo más ilustrativo, por tratarse de un hecho geológicamente reciente, se encuentra en el llamado Banco de Dogger, la porción más elevada del territorio antiguamente emergido denominado Doggerland.

El Banco de Dogger tiene una extensión de más de 17.000 Km2 (superficie equivalente a la provincia de Zaragoza), y está actualmente situado a una profundidad de unos 16 metros, bajo las aguas, entre Gran Bretaña y Dinamarca. En el mapa adjunto, en diferentes colores, se muestra la disposición de las tierras emergidas en el entorno de lo que hoy es el Mar del Norte, durante los últimos 16.000 años. Se trata de un extenso dominio que representó en su mayor parte tierra firme, hasta que el progresivo aumento del nivel del agua produjo la inmersión de Doggerland, y la separación de las Islas Británicas respecto del continente. Existen evidencias de que hace unos 6.500 años, el Banco de Dogger estaba todavía emergido, y el Estrecho de Calais aún estaba en seco, lo cual, teniendo en cuenta la profundidad actual, ofrece un ritmo promedio de aumento del nivel del mar de unos 2,5 mm al año. Es decir, un ritmo muy inferior al correspondiente para el conjunto de los últimos 20.000 años, lo que indicaría una ralentización en la velocidad de elevación del nivel de las aguas. Mientras estuvo emergido, Doggerland representó un hábitat adecuado para los asentamientos humanos, probablemente similar a las condiciones actuales de la tundra, como lo demuestran los abundantes restos fósiles (principalmente huesos y dientes de mamuts) y herramientas prehistóricas que se han encontrado. Dichos hallazgos han sido realizados mayoritariamente por los pescadores, que los han encontrado atrapados en sus redes de arrastre con bastante frecuencia, como se muestra en la fotografía adjunta.

En nuestro litoral también se encuentran abundantes evidencias de las variaciones del nivel del mar, que son especialmente sensibles en el Mediterráneo, ya que por la densidad de población a lo largo de sus costas, representa uno de los lugares del planeta donde tendrían un mayor impacto. Dentro de esta problemática general, el litoral de la región valenciana es especialmente sensible, por existir una extensa llanura litoral, con escasa pendiente, como se muestra en la foto adjunta, correspondiente a la Ribera del Júcar. En esas condiciones, una pequeña oscilación del nivel de pocos metros, afectaría potencialmente a una gran extensión de terreno. En esa planicie, la reconstrucción de la historia de la evolución del nivel del mar no es sencilla. El mar lleva ya 20.000 años ascendiendo, y por lo tanto, los vestigios de esa elevación están hoy ocultos por las aguas, en un fondo marino con un perfil muy llano, y por lo tanto muy remodelados por el oleaje y las corrientes marinas.

No obstante, gracias a modernas técnicas geofísicas, recientemente se han detectado frente a la costa del Golfo de Valencia, varias acumulaciones de arena, equivalentes a las líneas de dunas que vemos ahora en la parte trasera de las playas, que señalarían la posición de las líneas de costa, situadas a profundidades entre 60 y 80 metros. Debe tenerse en cuenta que, dada la escasa pendiente de la plataforma continental, un descenso de esas características implica un retroceso de la línea de costa (es decir un avance de la tierra hacia el mar) próximo al centenar de kilómetros.

Así puede apreciarse un poco más al sur, en la costa alicantina. En los mapas de la figura anterior (elaborados por el Departamento de Geología de la Universidad de Alicante), puede apreciarse cómo áreas que hoy están relativamente alejadas de la costa, como la isla de Tabarca, estuvieron hace 18.000 años englobadas en tierra firme. Después, hace 8.000 años, representaban un cabo, un saliente en el litoral. Hasta que el posterior aumento del nivel del mar, la dejaron aislada en su situación actual. El ascenso continuado de las aguas llegó a invadir las zonas actualmente ocupadas por el Mar Menor y la Albufera de Valencia, verdaderas cuñas de agua salada en tierra firme, aunque esta última fue artificialmente aislada del mar en el siglo XVII y transformada en un lago de agua dulce, para obtener el máximo aprovechamiento en el cultivo del arroz.

Los ejemplos mencionados anteriormente, hacen referencia a lugares que estuvieron emergidos y hoy han quedado bajo las aguas o separados de las masas continentales como islas. Pero también existen muchas evidencias de lo contrario, de episodios más antiguos donde el nivel del agua se situó por encima de la cota actual. Así lo atestigua, por ejemplo, el hallazgo del esqueleto de un elefante (terrestre, no marino) en la cueva de Buelna, en la costa asturiana. Los restos óseos aparecieron englobados por arenas formadas casi exclusivamente por fragmentos de fósiles marinos, tal como muestra la fotografía adjunta, correspondiente a un fémur.

Fotografía cedida por el Prof. Miguel Arbizu Senosaín

Una situación así sólo puede explicarse si el cadáver del animal fue arrastrado hasta el mar, las corrientes lo empujaron hasta la cueva, siendo allí enterrado y fosilizado conjuntamente con los fragmentos fósiles que lo recubrían. Teniendo en cuenta que el hallazgo fue localizado a 8 metros por encima del nivel del agua en bajamar, debe deducirse que hace unos 140.000 años (la edad indicada por el fósil del elefante y también de los fragmentos que lo engloban), la cueva estaba situada varias decenas de metros bajo las aguas, ya que los fósiles que engloban al elefante tenían un hábitat de plataforma marina, de mayor profundidad.

También en la costa asturiana, yendo aún más hacia atrás en el tiempo, existen evidencias de que el nivel del mar, hace varios cientos de miles de años, se situó muy por encima de su cota actual, como indica el nivel de su llanura costera, también conocida como rasa, que representa una antigua superficie de abrasión marina, es decir la superficie del fondo marino más próximo a la línea de costa. Dicha superficie plana, está hoy limitada por un abrupto acantilado, indicando que el antiguo nivel de las aguas se situaba unos 100 metros por encima del actual, tal y como puede apreciarse en la fotografía adjunta, correspondiente a Cabo Busto, en los alrededores de Luarca.

La fotografía siguiente, muestra un estrato de cantos, gravas y arenas marinas, pertenecientes a la antigua zona de playa, hoy situada a 100 metros por encima del nivel del mar.

Fenómenos similares se detectan también en la costa mediterránea, donde hay evidencias de que hace aproximadamente 140.000 años, algunos promontorios costeros (como por ejemplo la Montaña del Oro, donde se asienta el Castillo de Cullera) fueron islas totalmente separadas de la línea de costa, situada en aquellos momentos varios kilómetros hacia el interior. En esas condiciones, terrenos que miles de años más tarde estarían emergidos, fueron en aquellos momentos totalmente cubiertos por las aguas. De nuevo, la isla de Tabarca puede servir como ejemplo, ya que su superficie está cubierta de sedimentos marinos, como lo demuestra la presencia de fósiles (véase fotografía adjunta), indicativos de que en un tiempo estuvo totalmente sumergida.

Pero, debe de tenerse en cuenta, que las diferencias entre el nivel del mar actual y el indicado por antiguos restos fósiles, ha de ser considerado con muchas precauciones, porque puede tratase de datos aparentes y engañosos, ya que la superficie terrestre no es tan estable como parece. Antiguamente, antes de que se establecieran las bases de la geología moderna, cuando se encontraban fósiles marinos en estratos situados en las cimas de las montañas, se interpretaban como restos del Diluvio Universal. Hoy en día, sabemos que esas capas fueron sedimentadas en el fondo marino y posteriormente han sido elevadas hasta su posición por los empujes asociados al movimiento de las placas tectónicas.

Esos movimientos no son bruscos, ni catastróficos, sino muy lentos, inapreciables a simple vista y están ocurriendo sin que nuestros sentidos puedan percibirlos. Hoy en día, el Everest sigue creciendo imperceptiblemente, a medida que la India sigue presionando contra Asia y el Montblanc también continua su ascenso gracias al empuje de África sobre Europa. Y no hace falta situarse en una cordillera, en una zona sísmica o en un área volcánica, para que dichos movimientos existan. La corteza terrestre no es estática y se está desplazando continuamente en sentido horizontal (sin que nos demos cuenta, cada año, el Atlántico se hace más ancho y América se separa unos cuantos milímetros de Europa).Y a veces, también en la vertical.

La tecnología actual, gracias a los GPS, permite detectar y medir con precisión dichos desplazamientos. Si tomamos como referencia exclusiva la tierra firme para medir las variaciones del nivel del mar, corremos el riesgo de cometer errores importantes. Porque las oscilaciones aparentes del nivel marino, las que nosotros podemos ver y medir, se deben en realidad a la combinación entre las variaciones producidas por la formación o la fusión de los hielos polares, y los desplazamientos verticales de la corteza terrestre en cada lugar. Estos movimientos pueden ser hacia arriba o hacia abajo, atendiendo a la naturaleza de los fenómenos tectónicos de cada zona, haciendo que la línea de costa tienda a avanzar o retroceder, sustrayéndose o sumándose a las variaciones climáticas del nivel del mar. Estas últimas, las que se deben exclusivamente a las variaciones de temperatura y al crecimiento o disminución de las masas de hielo glaciar, tenderán a ser similares en todo el planeta. Sin embargo, las oscilaciones reales en cada lugar, serán el resultado de la combinación entre ambos procesos. Así por ejemplo, en el litoral oriental de la península Ibérica, existe una tendencia generalizada al ascenso del nivel del mar, ya que varias fallas paralelas a la línea costera, tienden a hundir los terrenos ribereños, haciendo que el ascenso aparente del nivel del mar sea mayor del real. Así lo demuestra el registro continuo de la estación GPS permanente de Valencia, que entre los años 2000 y 2019, muestra un desplazamiento vertical negativo de 1 milímetro al año, y por lo tanto un aumento aparente del nivel del mar de un metro cada milenio. Es decir, que en este caso particular, la información disponible indicaría que el ascenso del nivel del mar registrado durante los últimos 20.000 años, además de las causas climáticas, se ha visto complementado por los procesos tectónicos.

El fenómeno contrario puede observarse en la zona nórdica de Europa, donde a pesar de estar fundiéndose el casquete glaciar, el ascenso del agua es compensado por la elevación que está experimentando el terreno, como consecuencia de la descompresión, al verse paulatinamente liberado del enorme peso de varios miles de metros de espesor de hielo (un proceso geológico que se denomina isostasia). En ese caso, el resultado de la combinación de ambos procesos es un avance de la tierra hacia el mar y un aparente descenso del nivel del agua, aunque en realidad el valor absoluto del nivel del mar está ascendiendo. El mismo proceso tuvo lugar en la costa asturiana, en la rasa antes mencionada, donde una buena parte de los 100 metros de desnivel entre los niveles antiguo y actual del nivel del mar, se deben a movimientos tectónicos verticales del terreno.

En estas condiciones, aun sabiendo que puede ser variable de unos lugares a otros, ¿cómo podemos esperar que evolucione el nivel del mar en el futuro próximo? Hemos visto anteriormente que su comportamiento actual encaja perfectamente dentro de los ritmos naturales registrados durante los últimos 20 milenios, sin que se detecten velocidades anómalas achacables a las actividades humanas. Sin embargo, a pesar de estas evidencias y sobre la base de modelos estadísticos parametrizando el cambio climático, el IPCC ha actualizado en 2021 sus previsiones, pronosticando que el nivel del mar aumentará 43 centímetros hasta el año 2100, lo que implica un ritmo elevación de 5,5 milímetros al año. Debe recordarse que el valor promedio de la elevación del nivel del mar registrado por datos geológicos durante los últimos 20.000 años, es de 6 milímetros al año. Es decir, que estas previsiones del IPCC estarían aún dentro del rango, o incluso algo por debajo, del ritmo impuesto hasta ahora por la naturaleza.

Otras fuentes de información, no basadas en cálculos estadísticos, sino en datos reales (medidas directas de mareógrafos), indican ritmos de ascenso más moderados. Así, el informe CLIVAR señala que en las costas españolas del Atlántico, se han registrado aumentos sostenidos del orden de 1.4 mm/año, si se considera todo el siglo XX, y de más de 2 mm/año si se considera sólo la segunda mitad del siglo XX.  Es decir, valores más moderados que las variaciones registradas en la isla de Doggerland (2,5 mm al año como promedio para los últimos 6.500 años), y mucho más lentos que los correspondientes a los últimos veinte milenios.

La comparación entre la información proporcionada por los mareógrafos y el registro geológico, permite concluir que el nivel del mar, sin ninguna intervención humana, ha estado ascendiendo durante seis milenios a una velocidad mayor que la registrada por los mareógrafos durante la segunda mitad del siglo XX. Esta situación aporta una interesante perspectiva sobre la fiabilidad de las actuales previsiones y de los modelos estadísticos sobre cambio climático. Teniendo en cuenta que el aumento del nivel del mar se debe a la fusión de los hielos glaciares, que dicha fusión está motivada por el aumento de temperatura del planeta, y que el ritmo de elevación del nivel marino que está midiéndose actualmente concuerda con los registrados durante los últimos 20.000 años, ¿cómo puede afirmarse que el calentamiento que está experimentando la Tierra no está dentro del rango de valores naturales? Si estuviese sucediendo un calentamiento extraordinario, ¿no debería verse reflejado en un aumento anómalo de la elevación del nivel del mar? Y sin embargo, los hechos indican lo contrario.

Curiosamente, en su informe, el IPCC hace omiso de estos datos. A pesar de reconocer que en periodos cálidos del pasado, el nivel del mar estuvo por encima del actual (por ejemplo, hasta 10 metros hace 125.000 años, cuando la temperatura media del planeta pudo estar grado y medio más caliente), no toma en consideración los ritmos de crecimiento, y vincula la evolución del nivel del mar al comportamiento de las actividades humanas. Así, considera que su previsión de crecimiento de 5,5 mm al año es una especia de mal menor, un ritmo que sólo se podrá alcanzar si la humanidad cumple los acuerdos suscritos en la Cumbre del Clima celebrada hace unos años en París. En caso contrario, la velocidad de elevación podría triplicarse hasta el año 2100, llegando a los 16,5 mm al año. O incluso aún más (20 milímetros hasta el año 2300), si el planeta se sigue calentando y se produce el deshielo total de los polos. Llegados a este punto, un geólogo suspicaz no tiene más remedio que preguntarse: ¿Qué fiabilidad estadística pueden tener unas proyecciones hacia el futuro basadas en datos que ignoran el pasado registrado durante miles de años?

Si los datos disponibles indican que, después de casi dos siglos de actividad industrial, el nivel del mar está ascendiendo a velocidades similares o inferiores a las registradas durante los últimos milenios, ¿cómo pueden profetizarse aceleraciones tan bruscas sólo a partir de modelos estadísticos? ¿Cuál puede ser la representatividad de los datos utilizados para la elaboración de dichos modelos?  Por no resultar reiterativo, no repetiré aquí los comentarios sobre la fiabilidad de las estimaciones y los modelos del IPCC en relación con el calentamiento global, que ya fueron detalladas en un artículo anterior (El Discutible Consenso Científico sobre el Cambio Climático), también publicado en ENTREVISTTAS. Su lectura puede resultar ilustrativa para calibrar dichas previsiones, ya que existen datos significativos que contradicen seriamente esos modelos climáticos.

Como cabía esperar, el último informe del IPCC ha tenido un impacto mediático fulminante, con alarmantes noticias que aparecieron de inmediato en la prensa, como se ilustra con los dos ejemplos adjuntos, y que han rebrotado con renovado interés durante las últimas semanas.

Otro dato que introduce dudas sobre los modelos climáticos antes mencionados, es que el retroceso de los glaciares no es generalizado. Mientras en buena parte del planeta el hielo está retrocediendo, en el entorno del Polo Sur está ocurriendo lo contrario. Desde las últimas décadas del siglo XX, según los datos recogidos por la NASA y otros organismos científicos, el hielo marino que rodea la Antártida ha estado aumentando. Incluso, las temperaturas están descendiendo, así se ha comprobado tanto en las estaciones de observación como en las imágenes térmicas obtenidas por los satélites. Esta situación es totalmente discrepante con un fenómeno de calentamiento global, ya que hay una parte del planeta que se está enfriando, restando credibilidad a los postulados apocalípticos sobre el clima.  Además, no cabe duda de que este proceso, al aumentar el hielo en la Antártida y disminuir las aportaciones de agua glaciar a los océanos, debe estar ralentizando la elevación del nivel del mar.

A pesar de estas evidencias, la NASA augura también (siempre que no se consiga refrenar el calentamiento global reduciendo la emisión de gases) que el nivel del mar ascenderá cerca de un metro a finales del presente siglo, a un ritmo de 12,5 milímetros al año, cambiando las costas del planeta en los siglos venideros. Aunque la NASA no ha cosechado muchos éxitos haciendo previsiones (recordemos de nuevo sus fallidas profecías sobre las catástrofes que traería consigo el agujero de ozono), se puede decir que en este caso apuesta sobre seguro y no puede equivocarse. Porque precisamente eso, modificar las líneas de costa del planeta como consecuencia de las variaciones del nivel del mar, es lo que ha venido ocurriendo desde hace millones de años.

Para ilustrar mejor las consecuencias de sus catastróficas previsiones, la NASA ha creado una aplicación en la web, que permite al usuario conocer cómo afectará la subida del nivel del mar en cualquier lugar del planeta y para cualquier fecha de los próximos 130 años. Algunas administraciones, como por ejemplo el gobierno autonómico de la Comunidad Valenciana, han encontrado interesante esta metodología divulgativa, desarrollando una aplicación similar a nivel local. Así, el Visor de Escenarios e Impactos, es una aplicación web desarrollada por el Instituto Cartográfico Valenciano, que muestra los efectos futuros del cambio climático en las playas de la Comunidad Valenciana entre los años 2050 y 2100.

La difusión de estas informaciones y la puesta a disposición del público de las herramientas mencionadas, sin precisar sus limitaciones, sin el contraste con otros datos que sugieren conclusiones muy diferentes, tan sólo consiguen alarmar injustificadamente a la población, aunque es posible que ese sea precisamente el objetivo que se pretende.

Durante la Cumbre del Clima que tuvo lugar en Madrid, en 2019, la autorizada voz de Bjorn Stevens (director del Instituto Max Planck de Meteorología en Alemania, uno de los científicos que defiende la existencia del calentamiento global en relación con el aumento del CO2) reconoció que los modelos climáticos que se están utilizando son inadecuados y que la supuesta emergencia climática es una declaración más política que científica. A pesar de todas esas evidencias, pese a que las informaciones indicando que nuestro planeta (aunque sucio, mal cuidado y pidiendo a gritos medidas urgentes de higiene) no tiene comportamientos climatológicamente anómalos, muchas voces continúan alzándose de forma incesante e insistente, urgiendo para que salvemos a la Tierra, para que detengamos su calentamiento y para que se frene el ascenso del nivel del mar.

Sin embargo, la historia geológica del planeta nos enseña que, desde muchísimo antes de los albores de la humanidad, la línea de costa nunca ha permanecido estable, siempre ha estado experimentando un cambio continuo. Y si no, que se lo pregunten a nuestros antepasados, los hombres de Cromañón, cuando se dedicaban a la caza del mamut en las tierras de Doggerland, hoy sumergidas. O a sus congéneres que hace 10.000 años, decoraron las paredes de la gruta de Cosquer, en la costa francesa cerca de Marsella, cuya entrada se encuentra hoy a 36 metros de profundidad bajo las aguas del Mediterráneo, como se puede apreciar en la fotografía (nótense las pinturas rupestres en la pared del fondo) y esquema que se adjuntan.

En tiempos ligeramente más modernos, hace 7.000 años, en el fondo del mar Báltico había asentamientos humanos, situados a la orilla de un enorme lago de agua dulce. El aumento del nivel del mar conectó el Mar del Norte con el lago, que fue invadido por agua salada. Aquella gente pudo presenciar el nacimiento de un mar.

Más recientemente, los egipcios observaron un proceso similar cuando las aguas desbordaron el puerto de Alejandría, hoy también sumergido. O a los mayas, que utilizaban canoas para navegar por canales subterráneos, hoy totalmente cubiertos por las aguas, como ha sido recientemente descubierto en un cenote de la península de Yucatán.

El ascenso del nivel del mar ha sido imparable en todo el mundo a lo largo de los últimos 20.000 años, y no como consecuencia de catástrofes o grandes sacudidas, sino a ritmo lento, milímetro a milímetro, a la misma velocidad que estamos observando ahora. A esa velocidad inapreciable, las playas se van destruyendo poco a poco, para quedar sumergidas y ser sustituidas por otras nuevas (tal y como se ha podido observar, por ejemplo, en el Golfo de Valencia), que necesariamente se van ubicando tierra adentro.

Entonces, volviendo al encabezamiento de este artículo, ¿qué podemos hacer para detener el ascenso del nivel del mar? Pues… en realidad muy poco, por no decir nada. La temperatura de la Tierra, regida principalmente por los ciclos planetarios, solares y cósmicos en funcionamiento desde hace millones de años, seguirá aumentando todavía durante un tiempo impredecible. Y el nivel del mar, de forma inexorable, seguirá el dictado de dicha tendencia, que no se puede detener y mucho menos revertir, por mucho que nos empeñemos en lo contrario. Continuará elevándose, aunque a un ritmo mucho más moderado que las profecías con que nos bombardean, hasta que las leyes de la naturaleza decidan que ha llegado el momento de tocar retirada.

¿Qué podemos hacer para detener el ascenso del nivel del mar? Pues… en realidad muy poco, por no decir nada.

Ante este tipo de fenómenos, ante fuerzas y procesos que escapan de nuestro control, ¿qué debemos hacer? Adaptarnos, adoptar la misma actitud que ante las erupciones volcánicas o los terremotos. Es decir, intentar comprender su funcionamiento para predecir adecuadamente su comportamiento; y, sobre la base de ese conocimiento, tomar medidas preventivas para minimizar sus consecuencias, pero no empeñarnos en luchar estérilmente para evitar su presencia. Es decir, comportarnos con la misma mentalidad que adoptamos respecto de los ciclos naturales que nos son bien conocidos.

Por eso, en áreas costeras con elevado porcentaje de población y litorales muy llanos, con una altitud mínima sobre el nivel del mar, están ya tomando medidas protectoras (Países Bajos, Venecia), o incluso preparando planes a largo plazo para desplazar la población en algunas zonas de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, a sabiendas de que el ascenso del nivel, si la naturaleza se empeña, es inevitable. Porque como es bien sabido desde la Edad de Piedra, cuando se acerca el invierno, lo inteligente es hacer acopio de leña, preparar ropa de abrigo y acondicionar la casa para el frío, no especular sobre el modo de proceder para impedir su llegada e intentar que siempre sea verano.


¿Cómo detener el ascenso del nivel del mar? | Por Enrique Ortega Gironés


Madame de Lavoisier

La chiquilla, casi una adolescente, espiaba detrás de unos cortinajes y asistía estupefacta y horrorizada a una conversación entre su padre y un caballero mayor, viejo a su entender, de aspecto seboso, con cabellos blancos y ralos, atados con una cinta antigua y gastada. Se estaba concertando su boda como si de una vaca se tratara, estipulando la dote y todos los requisitos legales que convenían a las dos familias a la hora de concertar un matrimonio.

Muy temprano, se había puesto la casa en movimiento esperando la visita del Conde de Amerval, noble que su progenitor había elegido para ser su marido y asegurar su futuro. Todo debía estar en su lugar, limpio y ordenado, los jarrones llenos de flores frescas, aireadas las estancias, cortinajes y tapicerías (había que causar buena impresión). Su familia era acomodada y estaba acostumbrada a ciertos lujos, no en vano su padre era un financiero y abogado de prestigio, pero se aspiraba a la nobleza y eso era otra cosa.

El carruaje paró poco a poco en la puerta principal de la casa, con su padre al pie de los escalones y el servicio ataviado con sus mejores uniformes alineados en el patio, ella tímidamente apostada junto a la puerta del salón, esperaba con ansia conocer a su pretendiente del que no tenía ni una sola referencia salvo su nobleza y posición. Su mente adolescente lo había idealizado y lo imaginaba un caballero alto joven y lozano como un príncipe de esos cuentos que de niña le leía su niñera. El hombre que se apeó del carruaje era viejo, barrigudo, de corta estatura, con una calvicie incipiente que se hizo notar en cuanto se quitó el sombrero para saludar a su padre mientras ambos hacían estudiadas reverencias.
No, no lo aceptaría, no era una ternera, no era mercancía. Salió corriendo de su escondite prometiéndose a sí misma no ceder, no dejarse convencer costase lo que costase. Ese hombre desagradable le triplicaba la edad, no podía entregar su cuerpo adolescente a ese individuo que le provocaba aversión, dócilmente sin que contase su opinión.

Una mañana se acicala con todo cuidado, elige un precioso vestido de talle alto color vainilla ceñido con cintas azules al talle y se adorna con un sombrero campestre y un bouquet de flores de primavera. Va rápida y directa al despacho de su padre aprovechando que aún no se ha levantado y así poder encontrar a Antoine Lavoisier, ayudante y amigo de su padre, y sin amilanarse lo más mínimo, con todo descaro le propone matrimonio. Hace tiempo que lo conoce y le gusta. Es un noble menor, atractivo, alto, de facciones suaves y agradables, abogado, economista y químico. Un verdadero ilustrado que sólo tiene 28 años y unas buenas perspectivas… Su padre cederá.

– Buenos días, monsieur Lavoisier, ¿aún no está aquí mi padre?
– Buenos días mademoiselle – responde un sorprendido Antoine – No. Lo estoy esperando, creo que ayer tuvo un día agitado. Las doncellas no dejan de parlotear sobre la visita del conde de Amerval, según tengo entendido, para pedir su mano…
– Así es – responde Marie Anne con cierto aire coqueto– Y bien ¿cree que es posible concertar mi matrimonio sin consultarme?
– Su padre está velando por su bienestar y seguridad, mademoiselle.
– ¿Con ese ogro tonto? ¡No puede casarme con semejante hombre! ¡Puede ser mi padre, es gordo, calvo y …tiene verrugas!
– Y mucho dinero, además de posición. Su padre quiere que viva rodeada de comodidades y alcance relevancia en la corte.
– En realidad no he venido a hablar con mi padre, sino con vos, monsieur: quiero proponeros matrimonio, quiero que pidáis mi mano hoy mismo— le espeta resolutiva y segura de si misma.

Antoine se queda mudo y la mira asombrado. Hace tiempo que visita la casa, trabaja con su padre y la ha visto pasear por el jardín desde el ventanal del despacho admirando su figura, sus movimientos y fijando en su memoria la dulzura de sus juveniles facciones. Nunca se hubiera atrevido a insinuar a su progenitor una petición de matrimonio, pero la proposición de Marie le deja atónito por la audacia de la joven y al mismo tiempo abre una puerta a sus anhelos largamente contenidos.

ANTOINE LAVOISIER

– Mademoiselle… ¿lo creéis posible? – mientras pronuncia estas palabras su corazón se acelera. ¡Ha de ser posible, tiene que ser posible!
– Vos le conocéis, es vuestro amigo, nuestra edad es mas acorde… sois un hombre inteligente y me parecéis atractivo. Monsieur ¡por favor, casaos conmigo!

Marie se acerca a él, le toma los brazos y le mira fijamente, en una actitud casi suplicante, sus ojos se encuentran y seguro de sí mismo acepta el reto.

– Esta misma mañana pediré su mano mademoiselle, hace tiempo que debí hacerlo, pero no me consideraba digno de ocupar su corazón, mi nobleza no es comparable con la del conde, pero mi amor lo compensará. Dedicaré mi vida a hacerla feliz.

Marie Anne suspira aliviada y se acerca a él lentamente mientras Antoine acaricia su rostro levemente y deposita en su mano un delicado beso.

– No se arrepentirá monsieur…
– Estoy seguro de ello.

La pareja contrae matrimonio rápidamente y Marie Anne se siente feliz. Está enamorada de su marido y salvada de una unión que hubiera sellado su infelicidad. París le fascina con sus múltiples posibilidades, lee y estudia con Antoine, que pasa largas horas dedicado a la química, aprende mucho y rápido. Participa en todo, debate con otros químicos y es tal su interés que Antoine al fin se aviene a que reciba clases de Jean Baptiste Buaquet y Philipp Gingembre, colegas y amigos.

Los años trascurren plácidamente entrelazados en amor, estudios e investigaciones, en las que Marie Anne se vuelca en la química junto a su marido: le ayuda en su laboratorio, a cuyo acondicionamiento se ha dedicado su dote, pone a punto lo necesario para sus experimentos, dibuja con precisión los aparatos y diagramas que idea Antoine para demostrar sus teorías y se ocupa de clasificar y compilar los trabajos.

El talento de Antoine la tiene cada día mas fascinada, es un compañero perfecto, es además su maestro, un marido solícito y apasionado, no puede sentirse más afortunada, siente temor de tanta felicidad.

París está inquieto, los vientos de una revolución acechan diariamente, solo los ahuyentan esas largas conversaciones con su esposo en las que hablan y comparten todo. Antoine le habla de sus investigaciones sobre la oxidación de los cuerpos, la respiración de los animales, sus teorías acerca de la conservación de la materia, sus estudios de botánica y como respiran las plantas, su teoría de la combustión y tantas otras cosas. Al mismo tiempo, ejerce de abogado en París y trabaja con su padre en la concesión gubernamental para la recaudación de impuestos, un cargo poco agradable dada la situación convulsa que se está viviendo en Francia, pero que intenta modificar para aligerar este sistema y favorecer al pueblo.

El laboratorio está anexo a la casa, es espacioso y ventilado lleno de estantes con matraces, embudos, morteros, campanas de cristal de diferentes tamaños, gasómetros, barómetros y balanzas de gran precisión, alambiques y un sinfín de tarros con sustancias químicas, en total reúnen unos 13.000 útiles para la investigación. Con las primeras luces del día trabajan dos horas por la mañana antes que Antoine salga para su oficina; por la tarde dedican tres horas más, montando experimentos y anotando todo minuciosamente. Marie-Anne admira la labor metódica, habilidad e inteligencia de su marido que por su parte la considera su colaboradora de mayor peso. Sus estudios de dibujo con Jean Louis David han servido para que realice dibujos de los experimentos con una precisión exhaustiva en todos los procesos y en el utillaje empleado y eso propiciará que sean documentos de un enorme valor académico para futuros químicos. Además, sus conocimientos del latín y del inglés hacen que esté en contacto directo con todas las novedades científicas que circulan por Europa.

Antoine y Marie de Lavoisier
Antoine y Marie de Lavoisier

Antoine le ha explicado que la naturaleza es como un amplio laboratorio químico, en el que tienen lugar toda clase de síntesis y descomposiciones, las plantas efectúan reacciones en las que intercambian elementos, los animales también, merced al oxigeno del aire que él ha identificado y responsabilizado de la combustión. Ahora están ambos inmersos en demostrar que la cantidad de materia es la misma al final que al comienzo de una reacción química, probando que la materia no se crea ni se destruye, sólo se trasforma; esta demostración experimental enterrará definitivamente la vieja teoría del flogisto y abrirá las puertas a la química moderna.

Corre el año de 1793 y la revolución cambia toda esa vida plácida dedicada a cultivar la sabiduría en todos sus campos. El terror se ocupará de hacer honor a su nombre, se persigue y se encarcela a personas por meras sospechas y acusaciones y se las ejecuta en farsas judiciales que hacen que nadie este a salvo de ser acusado de contra revolucionario. Sobre Lavoisier se vierte una acusación de traición por su posición, dentro de la Ferme Generale, el cobro de las contribuciones. También es acusado el padre de Marie Anne, la cual siente como la desgracia se cierne sobre ella; está desesperada pero no debe amilanarse, ha de luchar con la misma determinación que años atrás empleó para zafarse de un matrimonio que la condenaba de por vida.

En plena efervescencia revolucionaria, aristócratas y recaudadores de impuestos son declarados enemigos del pueblo. Presiente que tendrá que recurrir a las amistades para buscar influencias y poder liberar tanto a su marido como a su padre. Visita a su marido en la cárcel con regularidad y lucha contra todos para lograr su libertad. Sabe que ha sido denunciado por un individuo al servicio de Marat, un médico y encendido revolucionario, que es como una hiena cargado de resentimiento. Este individuo pretendió seguir los caminos de la ciencia y se aventuró a presentar unos ensayos sobre la luz, que refutaban las teorías ópticas de Newton esperando que la Academia de las Ciencias de París lo admitiera. Pero la comisión para su evaluación, en la que estaba su marido, determinó que los experimentos no probaban lo que su autor imaginaba. Marat furioso, prometió venganza y ahora, en medio de esa revolución que lo había erigido en señor de vidas y almas, iba a cobrársela.

Marie-Anne apela a todos los personajes importantes que pueden ayudarla y que
hacen todo lo posible por él. Ella misma se presenta al tribunal para defender a su
marido y expone toda la aportación científica de inmenso valor a la que ha dedicado su vida entera, estudio y experimentación, nada más; pero el tribunal opina en un acto despreciable y sectario que la república no precisa ni científicos ni químicos, no se va a detener la acción de la justicia. Es guillotinado el 8 de mayo de 1794 a los cincuenta años, el padre de Marie-Anne le sigue a la guillotina.

Algunos alumnos de Antoine le han visitado en los últimos momentos y le llevan a su viuda sus últimas conversaciones que demuestran su espíritu de científico curioso.

– ¿Qué dijo en el último momento? – pregunta Marie-Anne, mientras su mirada acuosa se pierde en la niebla del jardín, en esa mañana terrible y lluviosa.
– Madame Lavoisier, no lo creerá… se preguntaba cuánto tiempo movería los parpados después de ser decapitado.
– Siempre esa maravillosa curiosidad – murmura Marie-Anne– ¿Y lo habéis averiguado?
– Si madame, algo más de un minuto.
– Estaría feliz de saberlo, lo anotaré.

Al año de su muerte, el nuevo gobierno exoneró a Antoine en una nota dirigida a su viuda admitiendo que fue injustamente condenado. Pero ella también desea venganza. Su dolor al unir las muertes de su marido y de su padre la deja en un estado de postración del que le cuesta salir, solo la compilación de todos los trabajos de su marido así como los dibujos de los experimentos que realizaron juntos, perfectamente detallados, la mantienen viva. Trabaja sin cesar para que nada se pierda, allí hay muchas aportaciones suyas, que se comprobaron experimentalmente y está decidida a que todo pase a la posteridad para mayor avance de la ciencia. Ha de luchar para sobrevivir, se le confiscan sus bienes, su laboratorio y todas sus notas, el terror no cesa y arrasa con todo. Y lo que hace pone en riesgo su propia vida.

Marie-Anne quiere que no se pierdan las investigaciones de su marido y de ella
misma y consigue publicar Memorias de Química de Lavoisier. Allí están los trabajos sobre el calor, combustión, calcinación de metales, composición del agua y tantas otras teorías que serán en el futuro, la base de la química moderna, y ha participado en todas ellas. Pero esas memorias, van precedidas de un prefacio en el que ataca sin piedad a esos revolucionarios responsables de la muerte de su marido y de su padre, a quienes culpabiliza de su cambio de carácter, de su depresión, de sus pesadillas…

Traité élementaire de chimie

¡Echa tanto de menos a Antoine! Fue su amor, maestro, confidente, amigo y compañero, le abrió los caminos del saber, le enseñó a observarlo todo y a cuestionarlo todo, a hacerse preguntas buscando respuestas lógicas y demostrables, puso ante ella el mundo de la ciencia experimental que no abandonaría nunca.

Unos años más tarde intentó asegurar su situación con un nuevo matrimonio del
estilo que hubiera concertado su padre, pero con alguna diferencia: un noble con
posición pero un ilustrado como Lavoisier, el Conde de Rumford, uno de los físicos más importantes de su tiempo. Pensaba que la ciencia podía unirles pero no fue así, el amor no quiso hacer acto de presencia y se separaron al poco tiempo.

Llevó hasta su muerte el apellido Lavoisier y gracias a ella, la química moderna
avanzó a pasos agigantados al ser la colaboradora y difusora de la obra de su marido
mereciendo un lugar en la historia por méritos propios.


Madame de Lavoisier | Por Mª Asunción Vicente Valls


Aperitivos

INTRODUCCIÓN

Orígenes de los aperitivos

El origen de los aperitivos se remonta al  siglo V a.C. cuando Hipócrates creó una bebida a base de vino, ajenjo y hierbas para reabrir el estómago.

Fue más tarde, en Turín, en el siglo XVIII, cuando Antonio Benedetto Carpano inventó un vino al que le llamó vermut para tomar antes de las comidas y estimular el apetito y que resultaría ser más tarde la bebida preferida de los reyes.

Pero no fue hasta el siglo XIX, cuando el vermut se convierte en estilo popular, acompañándolo al mismo tiempo con algo de comida.

Actualidad de los aperitivos

Aunque el aperitivo es de origen italiano, hoy en día es una costumbre que también se ha implantado en nuestro país, con la diferencia de que, tanto en Italia como en Francia, se realiza a partir de las 18 h hasta las 21 h; mientras que en España se presentan antes de las comidas o de las cenas.

Propuesta de presentación y elaboración de los aperitivos de la mano de Juana Sanz
Aperitivos y presentación de la mesa por Juana Sanz

Presentación de los aperitivos

Mi propuesta es que, en caso de que queramos organizar una comida o cena y optemos por presentar unos aperitivos, intentemos enamorar con ellos a los comensales, bien colocándolos en una zona apartada de la mesa, lo que sería una bonita forma de ir recibiéndolos, o en la propia mesa. Y, de ser redonda, se servirán en el centro de la mesa, ya que la distancia de alcance es igual para todos los comensales. En caso de ser alargada, recomiendo que se sirvan contando con distribuirlos para cada cuatro comensales, por la comodidad de alcance que ello conlleva, bien sean bocaditos, canapés, tartaletas, volovanes, etc.              

Propuesta de presentación y elaboración de los aperitivos de la mano de Juana Sanz
Propuestas de presentación y elaboración de los aperitivos de la mano de Juana Sanz
Propuestas de presentación y elaboración de los aperitivos de la mano de Juana Sanz

RECETAS

CANAPÉ DE SALMÓN, ESPÁRRAGO
Y QUESO DE UNTAR

Hoy os voy a presentar un aperitivo con variedad de canapés, fáciles, atractivos y resultones, siendo un bocado exquisito para acompañar con un Jerez, un vermut o una cerveza.

Pero, como nota y antes de comenzar con la receta, vale la pena indicar que los canapés de las fotos anteriores se pueden realizar con diferentes tipos de pan o con tostas, quedando igualmente deliciosos. Si se prefiere que el canapé esté crujiente, se tostará opcionalmente el pan al horno.

CANAPE DE SALMÓN, ESPÁRRAGO
Y QUESO DE UNTAR
CANAPE DE SALMÓN, ESPÁRRAGO Y QUESO DE UNTAR

¡Que atractivas son las mesas cuando en ellas hay expuestas unas bonitas tablas de montaditos y canapés! ¿Verdad? Y si son fáciles y apetitosos como éste… mucho mejor.

El salmón marinado o ahumado es fácil de utilizar y combina muy bien con queso, aguacate, pepino o, como en éste que os presento, con espárrago; siendo el salmón uno de los ingredientes, por tanto, que más combinaciones nos otorga a la hora de preparar un canapé.

 INGREDIENTES:

        150 gr. de salmón ahumado

        200 gr. de queso para untar tipo Philadelphia

        8 puntas de espárragos blancos

        Rebanadas de pan o tostas

        Hinojo

  • Untar de manera generosa las rebanadas de pan con el queso.
  • Colocar a continuación un rulo de salmón, que habremos cortado en tiras y enrollado sobre el dedo si queremos darle forma de flor, o simplemente dejándolo caer en forma de pliegue.
  • Terminar añadiendo la punta de espárrago.
  • Decorar con hojas de hinojo.

CANAPÉ DE HUEVO
CON MANTEQUILLA DE ANCHOA

CANAPÉ DE HUEVO CON MANTEQUILLA DE ANCHOA
CANAPÉ DE HUEVO CON MANTEQUILLA DE ANCHOA

La mantequilla de las anchoas es una mantequilla aromatizada, deliciosa y muy versátil que combina muy bien con pescados, mariscos o carnes.

Este canapé es fácil de elaborar y requiere tan solo de dos ingredientes, pero también se le podría añadir un poco de ajo en polvo o unas gotas de limón, pimienta o perejil.

        INGREDIENTES:

               40 gr. De anchoas en aceite

               100 gr. de mantequilla sin sal en pomada

               2 huevos duros picados

  • Colocar las anchoas eun un mortero en pequeños trozos y con el mazo las vamos machacando hasta convertir en una pasta fina.
  • Esta la mezclaremos con la mantequilla hasta formar una masa homogénea.
  • Reservar en un recipiente en el frigorífico hasta el momento de su uso.
  • Untar el pan o tosta y cubrir con huevo duro
  • Decorar con una hoja de perejil.

CANAPE DE CREMA ROQUEFORT
CON NUECES

CANAPE DE CREMA ROQUEFORT
CON NUECES
CANAPE DE CREMA ROQUEFORT CON NUECES

Todo un mundo clásico en el mundo de los canapés, tanto para una fiesta gourmet como para un encuentro informal.

INGREDIENTES:

                                 100 gr de queso roquefort

                                 2 cucharadas de mantequilla en pomada

                                  8 nueces

                                  Pan o tostas

  • Mezclar el queso y la mantequilla hasta que sea una pasta homogénea.
  • Untar de manera generosa el pan y se colocará ½ nuez en cada canapé.

CANAPE DE CREMA DE SALMÓN
Y HUEVAS

CANAPE DE CREMA DE SALMÓN 
Y HUEVAS
CANAPE DE CREMA DE SALMÓN Y HUEVAS

INGREDIENTES:

                                    200gr. de salmón ahumado

                                    100gr. de queso mascarpone

                                    75gr. de nata para montar

                                    eneldo

                                    huevas de salmón

                                    sal y pimienta

  • Batir el queso con la nata (deberán estar muy fríos)
  • Triturar la mitad de esta mezcla con el salmón hasta obtener una mezcla homogénea, añadiendo a continuación la otra mitad de nata y queso, mezclar bien.
  • Introducir en manga pastelera con boquilla rizada y reservar en nevera para que tome cuerpo y endurezca.
  • Realizar pequeños rosetones sobre el pan y decorar con huevas de salmón y un poco de eneldo lavado y picado.

CROQUETAS DE BACALAO

CROQUETAS DE BACALAO
CROQUETAS DE BACALAO

Ésta es, para mí, una receta familiar que conservo con gran estima ya que, desde mis bisabuelas, que sepamos, fue pasando de madres a hijas. No deja de ser, en todo caso, una tapa típica alcoyana y de sus alrededores, conocida como albóndiga de bacalao, que podrás disfrutar en cualquier bar o restaurante de la zona. Pero, ya que es muy fácil de elaborar, aquí te presento la receta. Como podrás comprobar, una simple croqueta cobra vida propia y nos cuenta bellas historias cuando te remonta a tiempos pasados y puedes imaginar a tus antepasados en la cocina, con delantal y con las manos en la masa.

El resultado es un bocado delicioso, crujiente y con mucho sabor, ideal para ofrecer en los aperitivos.        

CROQUETAS DE BACALAO
CROQUETAS DE BACALAO

INGREDIENTES:

                              800 gr. de patata de todo uso

                              400gr. de bacalao seco y salado

               3 huevos

                              3 ajos

                              Pimentón y perejil

Para desalar el bacalao:

  • Lavaremos bien los trozos de bacalao en abundante agua fría.
  • Los colocaremos en un recipiente cubiertos de agua con la piel hacia arriba y lo dejaremos a continuación en el frigorífico.
  • Cambiaremos el agua 2 veces en 24 h, aunque en el cambio siempre dejaremos un poco de agua para que no pierda tanto el sabor.
  • Ya desalado se seca en un paño.

Con el resto de ingredientes:

  • A continuación coceremos las patatas y 10 minutos antes de sacarlas introduciremos el bacalao.
  • Mientras tanto en un mortero machacaremos los ajos (cantidad según se prefiera de menor a mayor intensidad) y el perejil con un poco de sal, ya que ésta nos facilita que el machacado sea mejor.
  • En el mismo mortero iremos machacando las patatas y el bacalao que iremos depositando en un recipiente mayor donde se le añadirá el huevo y el pimentón.
  • Mezclaremos todo bien junto con el ajo y el perejil que previamente habíamos depositado, y lo dejaremos como mínimo 2 horas en el frigorífico para que coja mayor consistencia.
  • Sacaremos e iremos dando la forma de albóndiga con las manos de manera tradicional.
  • Se freirán en abundante aceite caliente, rebozadas previamente con clara de huevo (importantísimo) que batiremos un poco. En caso de que se congelen, no habrá que descongelar, se freirán directamente.
  • Se servirán tal cual o sobre un cama de ajoaceite.
Tabla de aperitivos y presentación de la mesa por Juana Sanz
Tabla de aperitivos y presentación de la mesa por Juana Sanz

Feliz tabla de aperitivos y… ¡que aproveche!


Aperitivos | Por Juana Sanz


Mirando al cielo para entender el cambio climático

Hay ocasiones en que para, comprender lo que está ocurriendo en la Tierra, es necesario mirar al cielo. Y además, para darnos cuenta de lo que está realmente pasando ahora, es imprescindible conocer lo que ocurrió en el pasado. Si tenemos en cuenta que no está tan claro (como a menudo se nos quiere hacer creer), que el principal responsable del calentamiento global es el dióxido de carbono y consideramos, además, que durante las últimas decenas de millones de años la evolución de la temperatura del planeta ha estado controlada principalmente por las variaciones en la órbita de la Tierra (ciclos de Milankovitch), no queda más remedio que hacerse una pregunta: ¿quién diantres es el verdadero responsable de las variaciones térmicas detectadas en la historia reciente del planeta?

La figura adjunta, que representa la evolución de la temperatura (en rojo) y las emisiones de CO2 a la atmósfera (en negro) entre 1850 y 1950, a partir de datos obtenidos en Our World in Data (información idéntica a la publicada en 2014 por National Climate Assesment), ilustra perfectamente que mientras el dióxido de carbono evoluciona de forma lineal, con una pendiente relativamente uniforme, la temperatura está sometida a bruscas y caprichosas oscilaciones.

Emisiones anuales de CO2

Para encontrar la posible respuesta a esa pregunta, se hace necesario recordar aquí, que el factor fundamental del que depende la temperatura de nuestro planeta es la radiación que le llega del exterior, la luz del Sol, y cualquier modificación en la iluminación que llega hasta la superficie terrestre, afectará sensiblemente a dicha temperatura. Uno de los fenómenos que puede ocasionar esas consecuencias son las erupciones volcánicas que, como parte de la naturaleza, se presentan habitualmente en nuestro planeta. Además de los efectos a corto y medio plazo de las cenizas volcánicas, que dificultan la irradiación solar mientras están en suspensión, los volcanes expulsan gases y vapores de diferente composición, entre los cuales se encuentra el dióxido de azufre (SO2). Este gas, al llegar a la estratosfera, reacciona con el vapor de agua y forma pequeñas gotas de ácido sulfúrico, generándose una capa de aerosol de esta sustancia a una altura, situada entre 15 y 20 kilómetros de altura. Esta capa impide que una parte de la radiación solar llegue a la superficie terrestre, una especie de parasol que produce un ligero enfriamiento.

El factor fundamental del que depende la temperatura de nuestro planeta es la radiación que le llega del exterior, la luz del Sol, y cualquier modificación en la iluminación que llega hasta la superficie terrestre, afectará sensiblemente a dicha temperatura

La actividad volcánica de baja intensidad, como por ejemplo la reciente de Cumbre Vieja en la isla de La Palma, tiene un impacto climático pequeño. Sin embargo, otras erupciones de gran envergadura, como la también reciente del archipiélago de Tonga, cuya potencia ha sido extraordinaria, pueden tener ya consecuencias climáticamente apreciables.  

Archipiélago de Tonga

De acuerdo con las estimaciones de la NASA, la explosión del volcán de Tonga ha tenido una fuerza equivalente a una bomba atómica de 10 megatones, capaz de borrar del mapa una isla entera. Las imágenes satélite adjuntas muestran el aspecto que tenía la isla antes y después de la explosión. En la fotografía de la izquierda, tomada el 6 de Enero de 2022, se observa su perímetro completo y el penacho de vapores que está emitiendo el volcán Hunga-Tonga-Hunga-Ha’apai. A la derecha, 12 días más tarde y 3 días después de la explosión, puede decirse que literalmente la isla ha sido borrada del mapa, apreciándose tan sólo algunos pequeños fragmentos de tierra firme. Se trata de la erupción más grande registrada en el planeta en los últimos 30 años, los estampidos sónicos de la erupción se escucharon en todo el Pacífico, hasta en Alaska, a más de 9.000 km de distancia, y la onda de choque alteró la presión atmosférica y el nivel del mar en todo el mundo.

Tonga

El volcán arrojó ceniza, gas y vapor hasta una altura de 30 kilómetros, incluyendo una cantidad estimada en varios millones de toneladas de dióxido de azufre, que ha iniciado ya su proceso de dispersión. La imagen anterior, basada en datos proporcionados el 18 de Enero por el satélite Copernicus Sentinel de la Agencia Espacial Europea, muestra el enorme penacho de dióxido de azufre sobre Australia, a más de 7.000 km al oeste de la erupción.

En estos momentos, el SO2 ya está formando en la estratosfera la correspondiente capa de aerosol de ácido sulfúrico, que puede permanecer allí en suspensión varios años, produciendo un cierto grado de enfriamiento. Y probablemente, como ha ocurrido con otras erupciones de grandes dimensiones en el pasado, como las de Tambora en 1815, Krakatoa en 1883, Agung en 1963 (todas ellas en Indonesia) o la de Pinatubo (Filipinas) en 1991, pueda detectarse en el futuro, a corto plazo, una ligera disminución de las temperaturas.

Algunos geólogos apoyan la teoría de que durante algunos periodos de la historia del planeta, cuando hubo una actividad volcánica excepcionalmente activa (como por ejemplo, durante la transición del Pérmico al Triásico, hace aproximadamente 250 millones de años), se produjo un aumento considerable del CO2 en la atmósfera que, además de tener consecuencias climáticas, trajo consigo también la extinción de muchas especies. Sin descartar esa posibilidad y sin dudar de la evidente influencia a corto y medio plazo de los fenómenos volcánicos, esos procesos, por sí mismos, no permiten explicar satisfactoriamente las ni las variaciones bruscas y repentinas de la temperatura, como las que se muestran en la gráfica anterior, ni tampoco su evolución en largos ciclos milenarios, tal y como han quedado registrados a lo largo de la historia del planeta. Por lo tanto, hace falta alguna otra explicación satisfactoria.

Explosión del volcán del archipiélago Tonga, vista desde el espacio y captada por el satélite NOAA

Volviendo al inicio y recordando de nuevo que la fuente de energía fundamental de la que depende la temperatura de la superficie terrestre es la radiación solar, se hace necesario entonces buscar otros parámetros que dificulten o favorezcan la llegada de dicha radiación a la superficie del planeta. En primer lugar, debe tenerse en cuenta que la energía que el Sol nos envía no es constante, sino que cambia a lo largo del tiempo, y que sus variaciones están relacionadas con una característica que intrigó a los aficionados a observar el cielo desde los inicios de la ciencia: las manchas solares. A finales del siglo XIX, el astrónomo inglés Maunder, estudiando observaciones astronómicas antiguas, estableció que hubo, entre 1645 y 1715, un periodo sin manchas solares, que se correspondió con una etapa muy fría, denominada la Pequeña Edad de Hielo.  Ya en el siglo XXI, científicos del Instituto de Meteorología de Dinamarca, fueron un poco más atrás en el tiempo y analizaron sistemáticamente las observaciones astronómicas de los últimos cuatro siglos y medio sobre las manchas solares, estableciendo su correlación con la temperatura. La figura siguiente muestra la estrecha correlación entre ambas medidas, por un lado la temperatura expresada en grados centígrados, y por otro el índice de actividad solar, un parámetro numérico basado en el recuento de manchas solares observadas en un momento dado.

Hoy sabemos que, en realidad, las manchas solares son regiones donde la temperatura es más baja que en sus alrededores, y donde tiene lugar una intensa actividad magnética. Algunos científicos piensan que no tienen ningún efecto sobre la Tierra, sin embargo,  otros creen que los campos magnéticos en estas regiones activas pueden acumular suficiente energía para explosionar, lanzando ráfagas de radiación intensas al Sistema Solar, y esa efusión de energía puede interactuar con nuestra magnetosfera. La correlación entre temperatura y actividad solar de la gráfica anterior, parece confirmar esta segunda hipótesis en conformidad con los postulados de Maunder, que de una forma muy simplista pueden formularse así: a mayor cantidad de manchas solares, más radiación y temperaturas más elevadas. Posteriormente, se han realizado múltiples observaciones que parecen confirmar dicha correlación, como por ejemplo las efectuadas en la Antártida por diversas agrupaciones científicas (incluyendo la NASA), correspondientes al intervalo comprendido entre los años 1890 y 2000, tal y como se representan en las curvas de la figura siguiente.

En el gráfico de la derecha, igual que en la figura anterior, se observa una estrecha correlación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y la radiación solar (línea negra, expresada en watios por metro cuadrado), que a lo largo de toda la gráfica mantienen tendencias prácticamente idénticas. Adicionalmente, la figura de la izquierda, donde la línea azul corresponde a la variación del CO2 en la atmósfera (expresada en partes por millón),  evidencia que no existe una buena correlación entre las variaciones de la temperatura y del CO2, que se muestran como parámetros independientes en la mayor parte del trazado de la gráfica.

A pesar de este tipo de evidencias, hay muchos científicos que no aceptan que la radiación solar pueda considerarse como un parámetro a tener en cuenta para interpretar el fenómeno de los cambios climáticos, argumentando que la historia reciente de la radiación solar no se puede correlacionar con el largo ciclo de calentamiento global. Es evidente que sólo podemos disponer de observaciones y medidas directas de ambos procesos (temperatura y radiación solar) para un periodo muy corto, de unos pocos siglos, el intervalo temporal en el que se disponen de observaciones sobre las manchas solares. Y, teniendo en cuenta el lentísimo ritmo de los fenómenos que rigen nuestro planeta, se trata de un intervalo de tiempo excesivamente corto, insuficiente para poder realizar interpretaciones concluyentes. Pero, una vez más, la historia geológica de nuestro planeta, en combinación con los datos astrofísicos, puede proporcionar las claves para dilucidar si la correlación entre radiación y temperatura observada durante los últimos siglos, es un hecho puntual, o si por el contrario forma parte de los ciclos de evolución climática de la Tierra.

Así, hoy se sabe que durante las tormentas solares, nuestro astro rey expele grandes cantidades de partículas energéticas que, al reaccionar con los componentes naturales de la atmósfera, generan átomos inestables que emiten radioactividad (llamados normalmente radionucleidos), como por ejemplo el Carbono 14, el Berilio 10 o el Cloro 36. El estudio de las variaciones en el contenido de estos radionucleidos, en los sondeos realizados en los hielos glaciares, permite establecer una correlación fiable entre la evolución térmica y la variación de la actividad solar.

Además de los fenómenos anteriormente descritos, todavía hay otro proceso que puede afectar, y de forma muy efectiva, a la radiación solar. Algo muy común que estamos acostumbrados a ver prácticamente todos los días en el cielo: las nubes. Todos hemos experimentado alguna vez una sensación de ligero enfriamiento cuando, en un día soleado, se interpone una nube en la trayectoria de los rayos solares. Pero, evidentemente, se trata de una situación efímera, de muy corta duración, que afecta a una pequeñísima porción de la superficie terrestre y por lo tanto, de efectos insignificantes. Pero, ¿qué ocurriría si existiese un proceso que, por su naturaleza, afectase de forma continua y sistemática a la cantidad de nubes que cubren el conjunto del planeta?

Desde nuestra época escolar, todos sabemos que las nubes se forman cuando el aire, calentado por la irradiación del calor terrestre, se eleva hasta que llega a su punto de rocío y se condensa el vapor de agua en forma de gotas muy pequeñas o en cristales de hielo. La formación de nubes, además, se ve favorecida por la presencia de partículas en suspensión (polvo o incluso sal, por ejemplo), que actúan como núcleos para favorecer la condensación. Pero este proceso puede verse además estimulado por otro fenómeno adicional, por otro tipo de radiación diferente a la proveniente del Sol.

Nubes

Desde principio del Siglo XX se sabe que el planeta está siendo constantemente bombardeado por partículas subatómicas, a cuyo flujo se ha bautizado, atendiendo a su proveniencia desde el espacio exterior, como radiación cósmica. Estas radiaciones, al interactuar con las partículas en suspensión de la atmósfera, son capaces de transmitirles cargas eléctricas (ionizarlas), proporcionando así un estímulo complementario para favorecer la nucleación y la formación de nubes. Pero resulta que, del mismo modo que ocurre en otros muchos procesos naturales, el flujo de radiación cósmica no es constante a lo largo del tiempo. Y, ¿cuáles son las causas de esas fluctuaciones?

En primer lugar, debemos buscar las causas en nuestra estrella más cercana, el Sol. El enorme flujo de radiación procedente de nuestro astro rey, interfiere con la radiación cósmica, dificultando la entrada de esta última en la atmósfera terrestre. Es como si una especie de viento, el viento solar, empujase a la radiación cósmica hacia otro sitio. Y evidentemente, ese viento solar será más fuerte cuando más intensa es la actividad en la superficie del Sol. Es decir, que cuantas más manchas solares haya, mayor será la fuerza del viento solar. Las consecuencias de esta interferencia entre radiaciones, no hace más que acentuar los procesos ya descritos anteriormente. Es decir, cuanto más activo sea el sol, menos radiación cósmica llegará a la tierra; a menor radiación cósmica, menor formación de nubes, y por lo tanto mayor insolación, lo que producirá un aumento de temperatura.

Esta hipótesis permite explicar muy bien, gracias a los sofisticados instrumentos de medida hoy disponibles, las variaciones de la actividad solar que se observan en la actualidad. Pero ¿cómo extrapolar este tipo de razonamientos hacia tiempos muy remotos? Para ello debe recurrirse a otro tipo de variaciones en la intensidad del flujo de radiación cósmica, cuya causa debe situarse fuera de nuestro sistema solar y que ha podido detectarse mediante el estudio de la composición de los meteoritos. En efecto, dichos objetos procedentes del espacio exterior, han sufrido el bombardeo de la radiación cósmica, que, en función de su intensidad, ha producido determinadas alteraciones en su composición isotópica. Para conocer la variación de la intensidad de las radiaciones a lo largo del tiempo, se ha seleccionado una serie de meteoritos de diferentes edades, lo que ha permitido obtener información correspondiente a los últimos 500 millones de años.

Y, ¿cómo ha variado la temperatura durante ese mismo periodo? Para obtener esa información, se ha recurrido al O18, ese isótopo de oxígeno cuya abundancia relativa es proporcional a la temperatura y que ha sido utilizado para estimar la evolución térmica a partir de los sondeos de hielo en los glaciares anteriormente mencionados. Ese mismo isótopo está presente también en los caparazones y conchas de determinados fósiles, por lo que su análisis sistemático en ejemplares fósiles de diferentes edades, ha permitido reconstruir la evolución de la temperatura a lo largo de los tiempos geológicos.

Los datos obtenidos a partir de ambos tipos de cálculos para los últimos 500 millones de años, se han representado conjuntamente en la gráfica siguiente, donde la línea roja representa la evolución de la temperatura global y la radiación cósmica aparece representada por la línea negra. La grafica ilustra de forma rotunda el carácter antitético de ambos parámetros, confirmando que las temperaturas tienden a ascender cuando disminuye la intensidad de la radiación cósmica (porque habría disminuido el nivel de formación de nubes), y viceversa.

evolución de la radicación cósmica

Algunos investigadores creen que las fluctuaciones en el flujo de radiaciones cósmicas permiten explicar hasta el 66% de las variaciones de temperatura registradas durante los últimos 500 millones de años, aunque no todos los científicos están de acuerdo con estas conclusiones. En la actualidad se está profundizando en este tipo de estudios, investigando la interacción de la radiación cósmica no sólo con meteoritos, sino también con minerales y rocas antiguas de la corteza terrestre, con objeto de completar (y en su caso, confirmar) el diagnóstico sobre las causas que han controlado la historia antigua de la evolución climática del planeta.  

Evidentemente, el problema no puede darse todavía por resuelto, y como suele ocurrir en el mundo de la Ciencia (y es bueno que así sea), es objeto de enconadas y apasionantes discusiones. Pero no obstante, sí parece fuera de toda duda que las causas de los sucesivos cambios climáticos que nuestro planeta viene experimentando desde sus remotos orígenes, no tiene un origen simple. Hay evidencias de que diversos factores están contribuyendo, no sólo al calentamiento global que se está observando en la actualidad, sino también a los ciclos de calentamiento y enfriamiento registrados en la historia geológica de la Tierra. La interacción entre todos ellos configura un complejo proceso, con la indudable aportación de la actividad humana, pero ¿cuál es el peso específico y la importancia de las emisiones producidas por el Hombre?

Intercambiando opiniones con algunos colegas que no comparten mis suspicacias hacia el papel esencial del CO2, escucho que no se debe mirar el cambio climático actual con ojos de geólogo. Sin embargo, opino todo lo contrario, me parece un error interpretar el presente sin tener en cuenta lo ocurrido anteriormente. Las leyes de la naturaleza son inmutables y es imposible comprender bien lo que está ocurriendo hoy, sin tener en cuenta cómo se ha comportado la naturaleza en el pasado.

Durante millones de años, el cambio climático ha estado controlado por las variaciones en la órbita de la Tierra (mecanismo que sigue funcionando y que escapa a nuestro control), por la radiación que nos llega del Sol  (que cambia en función del número de manchas solares, también impredecibles y lejos de nuestro dominio tecnológico) y,  por las oscilaciones en la radiación cósmica, de cuya existencia nadie duda y cuyo origen es aún tan dudoso como incontrolable. Entonces, ¿por qué se minimiza sistemáticamente la importancia de estos tres parámetros respecto del efecto invernadero, hasta el punto de ignorarlos totalmente? La combinación de estos tres factores (en la práctica, todos se traducen en una misma consecuencia, la variación del calor que desde el Sol, llega hasta la superficie terrestre) ofrece una alternativa coherente respecto del modelo, excesivamente simplista y no siempre consistente con la realidad observada, que se basa de forma única y exclusiva en las emisiones antrópicas del CO2. En el supuesto teórico de que consiguiésemos eliminar totalmente dichas emisiones, la Tierra seguirá girando y variando periódicamente su órbita, en la superficie del Sol seguirán apareciendo manchas y los rayos cósmicos continuarán llegando a la Tierra. Es decir, aunque nos empeñemos, será imposible detener y mucho menos revertir el ciclo de calentamiento, y la temperatura media del planeta seguirá aumentando hasta que las leyes de la naturaleza decidan que ha llegado el momento de volver a enfriarse.

Aunque nos empeñemos, será imposible detener y mucho menos revertir el ciclo de calentamiento, y la temperatura media del planeta seguirá aumentando hasta que las leyes de la naturaleza decidan que ha llegado el momento de volver a enfriarse.


Mirando al cielo para entender el cambio climático | Por Enrique Ortega Gironés


Mesas románticas

Y nos llegó el mes de Febrero, segundo mes del calendario gregoriano y el más corto ya que tan solo tiene 28 días ó 29 si es bisiesto.

Y si tiene algo de especial es porque es el mes más romántico, ya que en él se encuentra la Fiesta de San Valentín, Día del Amor y la Amistad o Día de los Enamorados, cuya celebración es el 14 de Febrero.

Noche que muchas parejas optan por salir a cenar a un restaurante mientras que otras prefieren celebrarlo en casa creando así una noche más íntima y personal.

Si decidimos quedarnos en casa y sorprender a nuestra pareja, ya que es una noche muy especial, habrá que crear un ambiente donde los detalles no deberán faltar: como las luces tenues, velas, música de fondo, unas flores… ¡Imaginación al poder! Ya que ésta es la loca de la casa como diría Santa Teresa de Jesús… Todos estos detalles irán contribuyendo a crear un entorno agradable, acogedor y entrañable.

Y, por supuesto, preparar una cena romántica sería una gran opción donde la ilusión y las emociones no deben faltar para transmitir esos sueños y donde podemos manifestar esa creatividad que todos poseemos y que se puede expresar de infinitas formas y maneras.

Muy importante es crear una mesa bonita y elegante, que conlleve detalles para la ocasión que los distinga de las mesas diarias y un delicioso menú puesto que queremos que sea una noche única e inolvidable.

Aunque existen infinidad de ideas para hacer una mesa romántica, es verdad que dependerá de cómo es la pareja e intentar adaptarla lo mejor posible. Pero, si lo que se quiere es sorprenderla, para ello existen decoraciones temáticas que también tienen su encanto según aficiones, gustos y demás y no por ello tiene por qué ser de flores y pétalos rojos por doquier.


El mantel

Para ello empezaremos vistiendo la mesa eligiendo un mantel bonito, y… el color blanco es una buena elección. Color que siempre recomiendo, por ser un básico, y que hace que el éxito siempre esté asegurado, ya que cuando pongamos sobre él bien vajillas, cristalería  o centros de mesa destacaran sobremanera, aunque uno rojo para una noche como esta tampoco estaría mal.

¿Y por qué no elegir otras opciones (como podéis ver en las siguientes fotos)?

La mesas para dos nos pueden servir no solo para S. Valentín sino también para cualquier otra noche del año. ¿Cómo no?

Los manteles individuales

Los manteles individuales, como podéis ver, también serían una buena opción a tener en cuenta ya que lo que, en realidad importa, es crear una mesa bonita y entrañable para pasar una velada agradable.

Mesa para dos

Los pétalos

Los pétalos son un clásico en las cenas románticas y significan mucho más que una simple flor, aunque contra gustos no hay nada escrito. Y, si se opta por una rosa o rosas, queda magnífico también. Pero, si son pétalos, que sean rojos ya que sobre mantel blanco realzan mucho más. Estos se colocarán en los laterales, en caso de que haya un centro de mesa como velas (no hace falta que estas sean muchas), o cualquier otra decoración que hayáis elegido en el caso de haber decidido hacer una mesa temática, pero siempre buscando la sencillez, que le garantizará ese toque de elegancia.

La cristalería

En cuanto a la cristalería unos vasos rojos serían lo más apropiado para una noche como esta, aunque como veis en mis mesas, no es necesario. Lo importante es elegir tanto en vajilla, como en cristalería o cubertería lo más bonito y elegante que se tenga y ¿qué mejor ocasión para su utilidad que ésta?.  Esos tesoros que con tanto mimo guardamos en las vitrinas, bien porque nos lo regalaron en nuestra boda, o nos llegaron como regalo de cumpleaños o Navidad. Disfrutadlos pues que bien vale la pena.

Las velas

Las velas son una bonita decisión a tomar ya que dan intimidad al ambiente que con tanta delicadeza estamos creando. Las rojas le darán ese toque especial para lo que vamos a celebrar, haciendo que esta serie de matices se distingan del uso diario para aquellos acostumbrados a cenar con velas.

Música y otros detalles

Porque hay ciertos detalles a considerar en una cena romántica como son los colores blanco y rojo, velas, pétalos o flores, fresas, un delicioso postre de chocolate y/o bombones.

Otro factor importante a tener en cuenta sería la música que creará un agradable ambiente seleccionando algo muy especial siendo la clásica la mejor opción.

Y por supuesto un buen menú (ya que no solo tenemos que centrarnos en el ambiente y la decoración), sin faltar ese pequeño entrante para ir haciendo boca como puede ser una mini tartaleta rellena de foie o mini tosta untada con mantequilla y salmón ahumado, acompañado de un vino blanco o cava para los amantes de las burbujas.

A continuación se servirá el primer plato, que bien podría ser un coctel de marisco, o una crema de boletus, o de castañas, o una vichyssoise de pera (tan exquisita y fácil de hacer) para luego pasar al plato principal que bien puede ser paletilla de cordero al horno, si optamos por carne, o un lenguado o cualquier otro pescado con salsa de mantequilla al limón.

La elección de un buen vino también es importante según el plato principal que se vaya a presentar. Y lo que no debe faltar es un cava o champagne ya que es un elemento esencial que, según costumbres, se puede reservar para el postre o ya empezar en el aperitivo. Ya son muchos los que optan por tomarlo durante toda la velada, obviando el vino en este caso. Aunque, como ya os he dicho antes: contra gustos no hay nada escrito.

Si queréis hacer fresas bañadas con chocolate, hacer una buena trufa sería una buena solución.

receta de trufa
Receta de trufa para acompañar las fresas bañadas con chocolate

La siguiente mesa, os extrañará que sea de cuatro comensales y no de dos. Y es que, en Estados Unidos, el día 13 de Febrero se celebra el Galentine’s Day, un día en el que las mujeres, de diferente o igual edad, sin importar que sean casadas o solteras, dejan a sus parejas y se reúnen en casa de una de ellas o bien en un restaurante o cafetería para intercambiar regalos y compartir un día juntas celebrando el Día de la Amistad entre amigas: las chicas celebran las chicas, siendo lo más importante el pasar un tiempo con las amigas.

decoración de mesa de San Valentín

Se empezó a celebrar en el 2010 a consecuencia del programa de TV Parks & Recreation cuya protagonista organiza dicha fiesta llevando a sus amigas a desayunar a un restaurante, teniéndoles preparado un regalito. Desde entonces, va tomando cada vez más auge entre las mujeres estadounidenses, siendo esto una bonita forma de reunir a las amigas, aunque no estaría mal que en España se iniciara también esta costumbre…

¡Feliz noche de San Valentín!


Mesas románticas | Por Juana Sanz


El CO2 y el efecto invernadero: presuntos culpables del cambio climático

El efecto invernadero es un fenómeno natural ocasionado por determinados gases presentes en la atmósfera que tienen la capacidad de retener parte de la radiación térmica emitida recibida del sol y reflejada por la superficie terrestre, evitando que se escape hacia el espacio exterior. El vapor de agua, el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el ozono (O3) y otros gases se encargan de producir ese efecto. Este proceso, que siempre había sido considerado beneficioso, ya que gracias a él la temperatura del planeta se mantiene a un nivel adecuado para el desarrollo de la vida, ha pasado en poco tiempo de héroe a villano. Y dentro de la lista de gases y vapores mencionados, el dióxido de carbono se ha convertido en el culpable principal de potenciar en exceso la capa protectora de nuestra atmósfera, hasta alcanzar niveles excesivos, y a él se le atribuye la mayor parte del calentamiento global observado. Y, aunque no todo el mundo está de acuerdo con esta hipótesis, esa es la versión mayoritariamente transmitida y aceptada por la opinión pública, hasta el punto de que está dando lugar a la firma, en diferentes conferencias internacionales, de convenios y acuerdos para conseguir la reducción de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, como por ejemplo en la reciente cumbre climática de Glasgow.

Está fuera de toda duda que la actividad humana es la responsable de buena parte del aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera. La gráfica adjunta, elaborada por la NASA, muestra en su extremo derecho cómo, a partir de tiempos muy recientes, más exactamente desde mediados del pasado siglo XX, el aumento del contenido de dióxido de carbono ha sido radical y brusco. Tanto, que es imposible atribuir una variación tan extrema a causas naturales, aunque como veremos más adelante, no todos los datos indican una evolución similar, ni tampoco que exista correlación entre la evolución del CO2 atmosférico y la variación de la temperatura global.

Del mismo modo, es lógico pensar que un aumento tan considerable no debe resultar saludable para el planeta. Está fuera de toda discusión que es absolutamente necesario controlar, no sólo las emisiones atmosféricas, sino también los vertidos tóxicos,  el abuso en la utilización de fertilizantes, el uso indiscriminado de plásticos y un largo etcétera, una extensa lista de productos que, incorrectamente utilizados, están ensuciando la naturaleza.

Pero, una vez ha quedado clara la urgente necesidad de poner freno a esa contaminación que nos rodea, el tema central de este artículo es aportar argumentos para debatir si, realmente, el dióxido de carbono es el principal responsable del calentamiento global, tal y como se le atribuye. Porque, a pesar de la aparentemente sustancial evidencia que ofrece la gráfica anterior, hay muchos científicos, muy prestigiosos (incluso alguno de ellos condecorado con el Nobel), que no reconocen una relación “causa – efecto” entre el aumento del nivel de dióxido de carbono en la atmósfera, el calentamiento del planeta y el cambio climático que dicho aumento podría generar, negando taxativamente que sea este gas el responsable del calentamiento observado. Por ello, como se analizaba en una entrada anterior (véase El discutible consenso científico sobre el cambio climático), la discusión sobre el origen antrópico del calentamiento global y del posible cambio climático, no puede darse por cerrada.

En realidad, se trata de un debate muy abierto (aunque las informaciones que nos llegan asiduamente desde los medios de comunicación indiquen lo contrario), donde los datos geológicos y el registro de lo acaecido en el planeta desde sus orígenes, tiene mucho que aportar. Podría afirmarse incluso, que deberían ser el principal elemento de contraste de las hipótesis científicas al respecto. No parece descabellado afirmar que la interpretación de la realidad actual no puede contradecir ni ser incongruente con lo ocurrido en el planeta desde sus inicios.

No parece descabellado afirmar que la interpretación de la realidad actual no puede contradecir ni ser incongruente con lo ocurrido en el planeta desde sus inicios.

Para conocer el comportamiento del CO2 en la atmósfera en épocas antiguas, recurriremos de nuevo a los sondeos realizados en el casquete glaciar de Groenlandia, donde el hielo acumulado a lo largo de miles de años está finamente estratificado en pequeñas capas, correspondiente cada una de ellas a la nieve caída durante un año, que al ir siendo enterrada por la nieve de años posteriores, se ha ido convirtiendo en hielo.

Fuente: NSF (Ice Core Facility). Doug Clark, Univ. Washington

La nieve, al caer, atrapa entre sus estrellados cristales cantidades significativas de aire, que al ir quedando enterrado, se convierten en pequeñas burbujas atrapadas dentro del hielo. Con la ayuda de la tecnología actual, es posible extraer y analizar el aire herméticamente conservado dentro de esas burbujas, y conocer su composición. El estudio sistemático del aire en cada una de esas capas de hielo ha proporcionado una valiosísima información sobre la composición de la atmósfera terrestre en tiempos pasados. Esos análisis (tal y como se representa en la figura siguiente, para el periodo correspondiente a los últimos 450.000 años) han permitido conocer la evolución de la atmósfera respecto de la  temperatura (gracias al contenido de un isótopo de oxígeno, el O18), representada con la línea roja, y del CO2 (línea azul). Debe tenerse en cuenta que la gráfica fue realizada en 2007, por lo tanto los valores del año “cero” no se corresponden con la actualidad.

En esta gráfica, donde las oscilaciones que se observan son absolutamente independientes de las interferencias de una incipiente humanidad, el paralelismo entre la evolución de ambos parámetros es evidente, sugiriendo que existe una estrecha relación entre ambos, ya que sus respectivos valores aumentan y disminuyen de forma casi simultánea. Debe recordarse que una gráfica muy similar a esta fue incluida en un famoso video sobre el calentamiento global, aquel que fue presentado en medio mundo por Al Gore en 2006 y que llevaba por título Una verdad incómoda. En este documental, del cual puede decirse que ha tenido una enorme influencia en la opinión pública, a partir del paralelismo antes mencionado, se afirmaba taxativamente que era el aumento de CO2 quien estaba provocando la elevación de la temperatura, profetizando que el cambio climático causaría millones de muertos. Sin embargo, si estudiamos la gráfica con mayor detalle, el aparente sincronismo entre CO2 y temperatura sugiere evidencias de signo contrario.

Si ampliamos el gráfico y nos centramos en el periodo comprendido dentro de los últimos 150 000 años, se puede observar cómo la línea roja de la temperatura tiende a ascender antes que la azul, correspondiente al CO2.  Debe recordarse que, igual que en la figura anterior, la gráfica fue realizada en 2007, por lo tanto los valores del año “cero” no se corresponden con la actualidad.

Todavía más evidente resulta este desfase entre ambos parámetros, si realizamos una nueva ampliación, aún más detallada, para el periodo comprendido entre los 235.000 y 245.000 años (véase la figura siguiente), donde puede observarse que el valor máximo de la temperatura se alcanza 800 años antes que el pico correspondiente al dióxido de carbono.

Estos datos sugieren que, al contrario de la interpretación postulada por Al Gore, el nivel de CO2 en la atmósfera aumentaría con posterioridad y como consecuencia del incremento de la temperatura, y no al revés. Este desfase puede explicarse fácilmente por el comportamiento del agua de los océanos, que constituye la principal fuente de emisión de dióxido de carbono. Al ir ascendiendo la temperatura de los mares, crecen las emisiones desde el agua hacia la atmósfera, aumentando así el contenido de CO2 en el aire, pero siempre con un cierto retardo respecto del aumento de la temperatura, porque la enorme profundidad de algunas zonas, hacen que se necesite mucho tiempo para calentar la enorme masa de agua de todo el planeta . Desde esta nueva perspectiva, podría afirmarse que sí existe una relación causa – efecto entre el aumento del dióxido de carbono y el calentamiento global, pero sería en sentido opuesto al que se viene preconizando desde hace décadas.

Podría afirmarse que sí existe una relación causa – efecto entre el aumento del dióxido de carbono y el calentamiento global, pero sería en sentido opuesto al que se viene preconizando desde hace décadas.

Si continuamos analizando los datos con mayor detalle, aún podemos encontrar nuevas discrepancias entre las evoluciones respectivas del CO2 y la temperatura, como por ejemplo viendo lo ocurrido durante los últimos 10.000 años. La gráfica siguiente muestra como el significativo aumento del CO2 a partir de los 7.000 años, no tiene una respuesta equivalente en la temperatura.

Otro dato interesante y muy significativo, tendente a confirmar la discrepancia entre el aumento de temperatura y el crecimiento del CO2 atmosférico, lo encontramos en una época aún más reciente, en el intervalo comprendido entre 1945 y 1975.  La gráfica siguiente, basada en informaciones proporcionadas también por la NASA, muestra como durante dicho periodo, a pesar de tratarse del momento en que se generalizó el uso del automóvil y se produjo un considerable aumento de las emisiones antrópicas de dióxido de carbono a la atmósfera (línea azul), la temperatura, representada por la línea roja, no creció paralelamente, sino que incluso descendió de una manera significativa. Es decir que el aumento del CO2 indujo en el corto plazo un enfriamiento, lo cual sugiere que existen, además del CO2, otras causas responsables de la variación de la temperatura atmosférica.

Igualmente interesante e ilustrativa, resulta la gráfica siguiente,  correspondiente al intervalo comprendido desde 1850 hasta la actualidad, a partir de datos obtenidos en Our World in Data. En ella se han representado los valores de las emisiones de CO2 a la atmósfera (línea negra) y el promedio de la anomalía térmica global (línea roja). Adicionalmente, la línea azul a trazos representa la tendencia general de la evolución térmica (unión de puntos medios de la quebrada línea roja).

Como puede apreciarse, las emisiones de dióxido de carbono y las anomalías térmicas ascienden a medida que avanza el tiempo, de forma que la curva de emisiones de CO2 (línea negra) y la del promedio térmico (línea azul) tienen tendencias similares, sugiriendo que existe una relación entre ambos parámetros a largo plazo, tal y como se ha verificado en las gráficas obtenidas con los datos de los sondeos en hielos glaciares. Sin embargo, si comparamos las líneas negra y roja, es decir, las emisiones de CO2 con la evolución de las anomalías térmicas, ese paralelismo ya no es tan evidente, porque mientras las emisiones de CO2 a la atmósfera aumentan suavemente, la temperatura acusa oscilaciones muy bruscas, sin ninguna correlación con el dióxido de carbono. Esta discrepancia es especialmente evidente durante el periodo comprendido entre 1850 y 1950, donde las emisiones de dióxido de carbono ascienden muy lentamente y con una pendiente prácticamente uniforme, mientras que la temperatura acusa subidas y bajadas muy bruscas. La disconformidad entre ambas curvas sugiere, una vez más, que los cambios de temperatura están controlados también por otros parámetros (que serán objeto de análisis en un próximo artículo) independientes del dióxido de carbono, sin ninguna relación por tanto con el efecto invernadero.

Una posible clave para entender estas discrepancias puede estar en la comparación entre las emisiones de CO2 y la evolución de los contenidos de ese mismo gas en la atmósfera. En efecto, la gráfica siguiente (cuyos datos han sido obtenidos igualmente de Our World in Data), permite comparar dichas emisiones (línea negra) con los valores atmosféricos de CO2 (línea roja), medidos anualmente en la estación de Mauna Loa, en el archipiélago de Hawái, para el intervalo comprendido entre 1960 y la actualidad.

No deja de resultar llamativo que durante un periodo de 60 años, el contenido de CO2 en la atmósfera ha aumentado a un ritmo prácticamente constante (la línea roja es prácticamente una recta), a razón aproximadamente de 1,6 ppm cada año, sin acusar los aumentos en las emisiones, que han ido creciendo a lo largo de ese mismo intervalo temporal. Es decir, que de alguna manera, la variación del contenido de la atmósfera sigue un ritmo que no está en función ni parece depender de las emisiones antrópicas.

El conjunto de informaciones mencionadas en los párrafos anteriores, cuyas bases científicas no son desdeñables, introducen serias dudas sobre la presunta culpabilidad del dióxido de carbono como inductor principal o único del efecto invernadero y como responsable del calentamiento global. Es cierto que en los periodos de larga duración, de cientos de miles de años, se observa un paralelismo entre aumento de temperatura y crecimiento de CO2, pero indicando precisamente efectos opuestos a los preconizados por el efecto invernadero. Y si se atiende a periodos más cortos, ambos parámetros evolucionan de forma discrepante o incluso divergente.

Además, hay otros aspectos importantes que, con frecuencia pasan desapercibidos. El proceso de demonización al que ha sido sometido el dióxido de carbono ha hecho olvidar el papel benefactor que este gas tienen para el mundo vegetal, imprescindible para que las plantas produzcan el oxígeno que respiramos. Cuanto más CO2 hay en el aire, más rápido crecen los bosques y pastizales, más oxígeno se produce y mejor se soportan las sequías. En un trabajo publicado en 2016 en Nature Climate Change, con la colaboración de la NASA, se concluyó que el aumento de los niveles de dióxido de carbono experimentado en las últimas tres décadas ha tenido un impacto muy positivo en la vegetación del planeta, que ha aumentado sensiblemente en numerosas regiones. Por esas mismas razones, en los cultivos agrícolas de invernadero (es práctica habitual en los países de Europa septentrional), suele inyectarse CO2 para mejorar el rendimiento agrícola. Esta técnica, denominada fertilización carbónica, puede aumentar la productividad hasta un 30%.

Hay científicos que consideran que reducir el CO2 en la atmósfera hasta los niveles que algunos proponen, equivalentes a los últimos periodos glaciales, tendría consecuencias muy negativas para el planeta, provocando una desertización, pero no por falta de agua, sino por déficit de dióxido de carbono. También suelen olvidarse las capacidades autoreguladoras de la propia naturaleza para controlar la composición de la atmósfera. Porque el aumento de la temperatura del agua del mar, además de aumentar las emisiones de CO2, conlleva un crecimiento muy importante del fitoplancton que tiene una enorme capacidad de actuar como sumidero de CO2, mayor aún que la selva amazónica, lo que permitiría explicar (al menos parcialmente) por qué los valores de CO2 en la atmósfera no están acusando el aumento de las emisiones.

Sería importante saber si estas variaciones en la productividad vegetal y captura del dióxido de carbono están siendo adecuadamente consideradas en los sofisticados modelos estadísticos al uso, los cuales predicen el futuro de la evolución climática. Porque todas estas informaciones sugieren la conveniencia de realizar una seria revisión de las bases técnicas que apoyan esas inversiones astronómicas (además de otros sacrificios) para lograr la disminución de emisiones de dióxido de carbono, ya que la batalla emprendida contra el CO2 puede resultar estéril para frenar el calentamiento global.

Debe recordarse aquí que las oscilaciones de temperatura registradas en los hielos glaciares durante los últimos 800.000 años, están predominantemente controladas por las variaciones de la órbita terrestre (ver El cambio climático y la mecánica celeste). Se trata, por lo tanto, de un proceso gestionado por ciclos cósmicos, inmunes a la capacidad de maniobra de los seres humanos. Si intentamos extrapolar hacia el futuro los registros de los últimos milenios, los datos sugieren que, independientemente del posible efecto de las actividades antrópicas, la temperatura global seguirá aumentando de forma natural, durante un periodo limitado pero indeterminado de tiempo, sin que se pueda hacer nada por evitarlo.

Nadie duda de que la disminución de emisiones de CO2, aunque no sea eficiente para corregir el problema que se desea solucionar, reporte beneficios para la salud medioambiental del planeta. Pero no debe perderse de vista la relación entre coste y beneficio de las acciones que se están proponiendo. El coste de las medidas que tiene en mente la Comisión Europea para (supuestamente) combatir el cambio climático, podrían superar los 500.000 millones de euros, lo que implicará necesariamente nuevos impuestos que repercutirán en el bolsillo de los ciudadanos. Además de los gastos, las nuevas normativas están ya implicando un desmedido encarecimiento de la energía, al tener que recurrir a fuentes de producción más caras, discontinuas y más inestables, con las consiguientes secuelas económicas que, además, están de plena actualidad durante estos mismos días. Por ello, ya hay muchas voces que se están alzando para reclamar que los ingentes recursos a invertir en las batallas contra el CO2 podrían ser mejor aprovechados si se dedicasen, de manera eficaz, en otros menesteres. O incluso, como ha ocurrido durante las últimas semanas, revertir el carácter de la hasta ahora denostada energía atómica, para empezar a considerarla como verde,  limpia y, al menos de momento, indispensable.

Nadie duda de que la disminución de emisiones de CO2, aunque no sea eficiente para corregir el problema que se desea solucionar, reporte beneficios para la salud medioambiental del planeta. Pero no debe perderse de vista la relación entre coste y beneficio de las acciones que se están proponiendo

No hay duda, pues: el medio ambiente de nuestro mundo está muy contaminado. Por falta de controles rigurosos en muchas naciones, especialmente en las de bajo nivel de desarrollo, se vierten a lagos, ríos y mares todo tipo de productos. Se están incendiando impunemente bosques y talando selvas sin que nadie haga nada serio por evitarlo. Se abusa de los herbicidas y pesticidas, que provocan grandes matanzas de plantas e insectos. Se infesta los mares con plásticos, cuya presencia está creciendo de forma alarmante para la salud del planeta. Y, en contraposición al cambio climático, no existe hacia esos problemas ninguna respuesta, enérgica y global, comparable a los esfuerzos focalizado en combatir al CO2

Algunas personas piensan, con criterios posibilistas, aun aceptando y asumiendo que el pánico al cambio climático esté basado en argumentos científicamente incorrectos, que se trata de un concepto ya asimilado por un sector mayoritario de la sociedad. Por lo tanto, como forma parte de la conciencia colectiva, creen que es positivo y conveniente seguir utilizándolo, si con ello se contribuye a mejorar el medioambiente.

No se puede negar la lógica de ese razonamiento, pero me inclino a pensar que se trata de un error a largo plazo, cuando el paso del tiempo se encargue de dejar las cosas en su sitio. Conviene recordar que ninguna de las apocalípticas profecías realizadas desde las últimas décadas del siglo XX sobre el agujero de ozono, el aumento de la temperatura o el ascenso del nivel del mar se han cumplido. Simplemente han sido sustituidas por otras con un horizonte temporal más lejano. ¿No sería más razonable difundir datos realistas, en lugar de las predicciones catastrofistas que suelen aparecer en los medios de comunicación, para que cada cual pueda elegir sus propias opiniones con conocimiento de causa?

Conviene recordar que ninguna de las apocalípticas profecías realizadas desde las últimas décadas del siglo XX sobre el agujero de ozono, el aumento de la temperatura o el ascenso del nivel del mar se han cumplido

Los modelos climáticos actuales tampoco permiten explicar hechos comprobados que suponen flagrantes contradicciones. Así, por ejemplo, mientras en buena parte del planeta el hielo de los glaciares está retrocediendo, en la Antártida ocurre lo contrario. En efecto, durante las últimas décadas del siglo XX (y así continúa en la actualidad) el hielo marino que rodea la Antártida ha estado aumentando, como se ha podido comprobar de forma indudable mediante las imágenes satélite y las estaciones de observación. Es decir, que el calentamiento no es tan “global” como se preconiza.

Sin embargo, en lugar de cuestionar los principios que constituyen la base de las interpretaciones actuales y buscar explicación para las incuestionables contradicciones que ofrecen los datos, se está educando a las nuevas generaciones con las mismas informaciones sesgadas que inundan periódicos y noticieros, presentando como verdades absolutas y hechos comprobados, meras hipótesis que están lejos de estar demostradas. A modo de ejemplo, se adjuntan a continuación un par de párrafos que aparecen en un libro de texto actual de Enseñanza Primaria (corresponde al curso académico 2021 – 22), suficientemente ilustrativos.

A pesar de la aparente asepsia y objetividad de un texto tan breve y conciso, pueden detectarse en él serias distorsiones de la realidad:

  1. Es cierto que en las últimas décadas ha aumentado la temperatura terrestre, pero no como consecuencia exclusiva de la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, sino que muy probablemente la causa principal es un ciclo natural que se inició hace 18.000 años y que se ha repetido cientos de veces a lo largo de miles de millones de años, de acuerdo con los ritmos cósmicos que rigen la órbita de nuestro planeta. Además, en sentido estricto, el CO2 no puede considerarse como gas contaminante, ¿realmente puede calificarse así a algo que todos exhalamos con nuestra respiración y que forma parte de la composición natural de la atmósfera?
  • Es cierto que en las últimas décadas ha aumentado la temperatura de la Tierra, pero no puede considerarse como un hecho excepcional o aislado, como deja entrever el silencio respecto de lo ocurrido durante miles de millones de años, durante los cuales el planeta ha experimentado una larguísima sucesión de ciclos de calentamiento y enfriamiento.
  • Los ciclos de calentamiento y enfriamiento no se restringen sólo al periodo de la Historia de la Humanidad, como dice el texto, la historia del Hombre es muy breve en comparación con la historia de la Tierra. Dichos ciclos se vienen sucediendo desde los orígenes de nuestro planeta, muchísimo antes de la aparición del Hombre, hace miles de millones de años.
  • Es cierto que a lo largo de la historia del planeta ha habido periodos mucho más fríos que los actuales. Pero no puede silenciarse (al hacerlo, se sugiere implícitamente que estamos atravesando un periodo excepcionalmente cálido), que también ha habido etapas muchísimo más cálidas que la del presente.
  • Es totalmente falso que, en los últimos 100 años, la temperatura haya aumentado lo mismo que en los 18.000 años anteriores, no hay ninguna evidencia que apoye esa afirmación.
  • No es cierto que en la actualidad la Tierra se esté calentando más rápido que nunca. Los registros geológicos demuestran que ha habido periodos en que la temperatura ha aumentado de forma más rápida, brusca y extrema que en la actualidad.

Al observar como este tipo de mensajes distorsionados se repiten por doquier, es inevitable preguntarse: ¿qué dirán de nosotros dentro de varios siglos, cuando nuestros descendientes juzguen la época que nos ha tocado vivir? Tengo la convicción de que no van a ser muy benevolentes, del mismo modo que nosotros no lo somos con los que nos precedieron. Siempre que volvemos la vista hacia el pasado, tenemos tendencia a mirar por encima del hombro a las generaciones anteriores, donde pudo brillar de forma aislada algún genio individual de los que siempre han existido (como Einstein, Newton, Galileo y un larguísimo etcétera), pero que en su conjunto, pensamos que estaban lejos de nuestro nivel de progreso. Estamos convencidos de que representamos el punto culminante en el desarrollo tecnológico de la humanidad. Por eso creemos que están superadas las batallas que se iniciaron durante el Siglo de las Luces y continuaron durante todo el siglo XIX, para que la luminosa realidad propugnada por la razón y la ciencia se abriese paso a través del oscurantismo. Pero, ¿es realmente así?


El CO2 y el efecto invernadero: presuntos culpables del cambio climático
Por Enrique Ortega Gironés


Ortega y Gasset: la desesperación como origen del Derecho

(Publicamos el artículo de Diego García Paz que ha dado título a su última obra, en este año 2022 en el que el autor lanzará un nuevo volumen recopilando sus artículos)

José Ortega y Gasset, gran filósofo español (Madrid, 1883 – 1955), catedrático de Metafísica, ensayista y diputado en Cortes por León en la II República, fue el impulsor del raciovitalismo, conforme al cual la concepción de la filosofía se anuda a la vida de cada individuo y evoluciona con su propia razón, lo que le hace apreciar su experiencia como la única realidad, siendo su percepción en cualquier caso fragmentaria o limitada, pues la conciencia humana, de cada persona, también lo es, respondiendo sólo a algo “dado” por parte del ser fundamental o “el todo”, quien es la fuente de la explicación la verdadera razón de ser del mundo, de la realidad. Es célebre la expresión orteguiana “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, siendo la circunstancia el camino para concebir la realidad por cada sujeto, acorde con el referido raciovitalismo, y a su vez la senda para entender el carácter relativo de la apreciación de la realidad por parte de cada individuo (perspectivismo).

Ortega no fue ajeno al fenómeno del Derecho. Más allá de consideraciones de naturaleza política, enmarcadas en los acontecimientos de entonces (su circunstancia) desde un plano general, Ortega consideró que el nacimiento del Derecho, que otros pensadores habían estimado como una aséptica lógica consecuencia de la vida del hombre en sociedad, procedía de la desesperanza humana, de la incapacidad racionalizada y comprendida por el hombre de no llegar por otros medios a soluciones pacíficas, por lo que resultaba imprescindible crear un sistema que permitiera la convivencia y evitara la natural confrontación:

El Derecho presupone la desesperanza ante lo humano. Cuando los hombres llegan a desconfiar mutuamente de su propia humanidad, procuran interponer entre sí, para poder tratarse y traficar algo premeditadamente inhumano: la ley.

Ortega y Gasset

Por lo tanto, el Derecho en Ortega es, desde luego, fruto de la sociedad, una obra humana; pero tampoco desvinculada del denominado Derecho Natural, pues la fragmentaria conciencia individual es capaz de hacer surgir, de concebir, un sistema normativo que dirija la vida colectiva, consciente del conflicto inevitable y de la desesperación derivada de esa apreciación de la realidad; tal noción o concepto jurídico se encuentra en el mundo de las ideas, surge de manera innata, y por lo tanto es algo “dado”, procedente del ser fundamental.

Ortega y Gasset

La fuente del Derecho se encuentra, de este modo, no en la norma jurídica ni en su apreciación por los jueces, sino en la conciencia social, a la que llega de la forma expuesta. Así lo relata el propio filósofo:

Para que el Derecho o una rama del Derecho exista es preciso, primero, que  algunos hombres especialmente inspirados, descubran ciertas ideas o principios de Derecho; segundo, la propaganda o expansión de esas ideas de Derecho sobre la colectividad en cuestión; tercero, que esa expansión llegue de tal modo a ser predominante, que aquellas ideas de Derecho se consoliden en forma de opinión pública. Entonces y solo entonces podemos hablar, en la plenitud del término, de Derecho, es decir, de norma vigente. No importa que no haya legislador, no importa que no haya jueces. Si aquellas ideas señorearan de verdad las almas, actuaran inevitablemente como instancias para la conducta a las que se puede recurrir, y esta es la verdadera sustancia del Derecho.

D. Ortega y Gasset

Ortega y Gasset: la desesperación como origen del Derecho | Por Diego García Paz


Invierno es época de nieblas

Invierno es época de nieblas. Las bajas temperaturas provocan la condensación de la humedad y las pequeñas gotas de agua en suspensión reducen la visibilidad. Este fenómeno, unido al deshielo de los aviones, ralentiza las operaciones en esta época del año.

Niebla en el despegue de un avión

Pero la tecnología desafía los límites, los aviones pueden aterrizar en condiciones de visibilidad vertical y horizontal cero: pueden llegar hasta el suelo sin que el piloto tenga ninguna referencia visual del exterior de la aeronave, pero con la firme convicción de estar milimétricamente posicionado en el centro de la pista de aterrizaje una vez finalizada la maniobra de aproximación. La precisión de los equipos de abordo, las instalaciones en tierra y el entrenamiento de las tripulaciones lo hacen posible.

Los aviones pueden aterrizar en condiciones de visibilidad vertical y horizontal cero: los aviones pueden aterrizar en condiciones de visibilidad vertical y horizontal cero

En el siguiente video podéis comprobar que el avión, tras el aterrizaje automático por instrumentos, queda perfectamente centrado en el eje de la pista.

Aterrizaje por D. Antonio Alonso | Comandante de Airbus 350 (flota de largo recorrido)

Hay un último handicap de tipo fisiológico. El ojo del piloto necesita de aproximadamente 100 metros de visibilidad, horizontal, para mantener la orientación y poder rodar hasta el parking. Aunque ya existe la tecnología necesaria para obviar esa limitación se requiere de tiempo para contrastar al cien por cien su fiabilidad y muchos recursos económicos para implementarla.

Es por ello, que una vez el avión abandona la pista, la tripulación debe continuar transitando entre el intricado número de calles de rodaduras y pistas en aeropuertos de gran tamaño, asistido únicamente por señales visuales.

Vista aérea | Aeropuerto de Chicago
Vista aérea | Aeropuerto de Chicago

No todos los aeropuertos están dotados de las instalaciones necesarias para operar en condiciones de visibilidad tan reducida por la niebla.

Dependiendo de los equipos de tierra y de su estado, el piloto podrá descender hasta una determinada altura sobre el terreno. Si a esa altura ve la pista, y la visibilidad horizontal está por encima de la requerida, puede continuar para completar la maniobra de aterrizaje, si por el contrario no la ve porque las nubes están todavía más bajas deberá frustrar y volver a remontar el vuelo. Es una maniobra segura y recurrentemente entrenada en simuladores.
Hay pasajeros que disfrutan con la sensación de gran aceleración que se produce al frustrar y hay otros a los que no les hace ninguna gracia.

Vista desde la cabina de vuelo en condiciones de niebla

En un exceso por simplificar, la realidad es algo más compleja y llena de variables, podemos clasificar la operación y a los aeropuertos en tres grandes categorías en función de la precisión de los equipos:

  • Cat I: al piloto le está permitido bajar hasta 200 pies (62 metros) del suelo, si ve la pista continuará la maniobra para aterrizar, pero si las nubes están todavía más bajas y no puede ver la pista, deberá volver al aire y proceder a un aeropuerto alternativo donde pueda aterrizar. La cat. I requiere de aproximadamente 1400m de visibilidad horizontal.
  • Cat II: el piloto puede bajar hasta 100 pies (33 metros) del suelo. Se requiere de 300 metros de visibilidad horizontal
  • Cat III: el piloto puede llegar hasta el suelo sin ver nada. Se requieren 100 metros de visibilidad horizontal

Estas cifras son tan solo orientativas, ya que intervienen un gran número de variables que harían compleja la exposición. Cuando la visibilidad horizontal se reduce por debajo de 400m, los aeropuertos deben aplicar unos procedimientos más restrictivos porque desde la torre, los controladores no ven la posición de los aviones. Es necesario distanciar más a las aeronaves, la circulación se ralentiza como pasa con los coches en la niebla.

Antes de iniciar la maniobra de aproximación al aeropuerto, la tripulación conoce los datos de la visibilidad horizontal y techo de nubes, pero nada es piedra porque los bancos de niebla se mueven de manera caprichosa, mejorando o reduciendo las condiciones meteorológicas al instante. El piloto podrá iniciar la maniobra si se cumplen los requisitos meteorológicos, pero si llega a sus mínimos de altitud y la visibilidad cae por debajo de la requerida, debe frustrar.

Un ejemplo: con una visibilidad horizontal de 125 m un avión puede aterrizar en Madrid, que dispone de Categoría III pero no puede aterrizar en Santander que es Categoría I y requiere de 1400m.

Os dejo, en el siguiente video, una réplica perfecta de la cabina del A350, donde practicamos de manera recurrente esta y otras maniobras.

Simulador A350

Invierno es época de nieblas
Por Antonio Alonso, Comandante de Airbus 350 (flota de largo recorrido)


Nucleares: del “no, gracias” al “sí, por favor”

Anda muy revuelto estos días el mundo de la ecología, como consecuencia de la reciente propuesta de la Comisión Europea, pretendiendo darle el carácter de “verde” a la energía nuclear durante las dos próximas décadas. No es de extrañar la incomodidad que esta declaración supone, ya que representa un giro radical respecto en la política energética y ambiental seguida hasta la fecha tanto por las autoridades nacionales como las comunitarias. No obstante, se trata de un cambio que se veía venir desde hace mucho, aunque estaba gestándose con mucha lentitud porque, muy poco a poco, una parte importante de la sociedad se estaba decantando hacia posiciones favorables (o mucho menos reticentes que hace algunos años) respecto de la energía nuclear. Y, curiosamente, aunque pueda parecer contradictorio, las causas principales de esta evolución social han sido ecológicas y ambientales.

Los movimientos antinucleares empezaron a tomar auge de forma significativa en los años 70 del pasado siglo y alcanzaron su clímax una década más tarde, como consecuencia de la tragedia de Chernóbil (Ucrania, antigua Unión Soviética). Después, sin dejar de tener una elevada implantación social, se fueron debilitando (exceptuando un ligero repunte después del accidente de Fukushima, Japón), hasta quedar relegados a un segundo plano por la aparición de un problema que, actualmente, es mayoritariamente considerado por la opinión pública como el más importante: el calentamiento global.

Desde esta nueva óptica medioambiental, empezaron a surgir voces, con suficiente autoridad e impacto en el panorama internacional, sugiriendo que la energía nuclear era indispensable para disminuir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y frenar el efecto invernadero. Como consecuencia, independientemente de la veracidad de la amenaza climática inducida por el CO2 (que será analizada en detalle en un próximo artículo), el miedo al cambio climático ha superado al temor radioactivo, y una buena parte de la sociedad (empezando por muchos políticos de la Unión Europea y algunos de nuestros dirigentes, tanto nacionales como autonómicos), están considerando la energía atómica como una especie de mal menor, una opción válida como fuente alternativa de energía limpia, sin emisiones de CO2.

Producción de energía nuclear

Pero un cambio tan brusco en la orientación de la política energética por parte de las autoridades, que durante décadas han mantenido la postura opuesta, no es fácil de asimilar por la sociedad. A lo largo de años y años, se ha bombardeado sistemáticamente a la opinión pública con informaciones sobre los elevadísimos riesgos de la energía atómica, sobre las gravísimas e irreversibles consecuencias de un accidente nuclear y sobre el insoluble problema de los residuos nucleares. Como contraposición a la normalidad funcional en la inmensa mayoría de las centrales nucleares, se han esgrimido sistemáticamente las catastróficas consecuencias de los desastres nucleares, cuya descripción en los medios de comunicación ha sido casi siempre sesgada, ocultando parte de la realidad, o incluso llamativamente incorrecta.  El objetivo de este artículo es mencionar algunas informaciones que raramente, por no decir nunca, aparecen en los medios de comunicación, y que sin restar ni un ápice de gravedad a los accidentes nucleares ocurridos, introducen algunos importantes matices a tener en cuenta.

La Humanidad ha presenciado cuatro catástrofes nucleares, las dos explosiones bélicas en Japón durante la Segunda Guerra Mundial (Hiroshima y Nagasaki) y los accidentes atómicos civiles de Chernóbil y de Fukushima. Las consecuencias de los dos primeros fueron terroríficas, tan devastadoras como para esperar y desear que a nadie se le ocurra repetir de nuevo la experiencia. Murieron unas 220.000 personas, 187.000 de forma inmediata y el resto como consecuencia de las enfermedades provocadas por las radiaciones. Son cifras realmente horribles, terroríficas, y cualquier comentario es insuficiente para calificar esa barbarie. Pero por desagradable que resulte, desde el punto de vista científico, es necesario extraer conclusiones de ambos sucesos para interpretar objetivamente los hechos ocurridos, especialmente en lo que se refiere a las consecuencias a largo plazo de esas explosiones, que han sido objeto de mucha desinformación.

Casi siempre que se hace pública alguna información relacionada con cuestiones atómicas, sea del tipo que sea, suelen acompañarse de las imágenes desoladoras de Hiroshima y Nagasaki, inmediatamente después de las explosiones. Sistemáticamente, se presentan ambas ciudades como malditas, irrecuperables, lugares donde sus habitantes están condenadas para siempre por el estigma de las radiaciones y malformaciones genéticas, que continuaron apareciendo durante varios años después de las explosiones. Pero, en contra de la visión que sigue difundiéndose, en dichas ciudades no existen en la actualidad secuelas apreciables del desastre y sus habitantes son genéticamente normales, sin los estigmas apocalípticos que, una vez tras otra, nos ofrecen siempre los medios informativos. Algo similar puede decirse del aspecto actual de esas urbes, dos preciosas ciudades, populosas, modernas, llenas de parques y flamantes edificios, donde afortunadamente han desaparecido todos los rastros de la tragedia. Pero ese paisaje urbano nunca se nos ofrece en las noticias, ancladas sistemáticamente en las viejas fotografías del año 1945.

Cuando ocurrió el accidente de la central eléctrica de Chernóbil, como causa del desastre, se informó que aquella central estaba obsoleta y era peligrosa. Es posible que ni la tecnología ni los protocolos de funcionamiento estuviesen a la altura de las centrales nucleares construidas fuera del bloque soviético, pero en cualquier caso, las causas del accidente no se debieron a fallos en el sistema, sino a las personas responsables de su manejo. En efecto, se ha comprobado que se cometieron más de doscientas violaciones de los manuales de uso de la central, y que se llegaron a bloquear los mecanismos de parada automática de la instalación, para que siguiese funcionando a pesar de todas las alarmas que se activaron y de las cuales los operadores de la planta hicieron caso omiso.

Lo más triste de todo es que el objetivo perseguido con esas maniobras irresponsables, era simplemente batir un récord en la producción eléctrica. En esas circunstancias, decir que Chernóbil era una central peligrosa, es como si afirmásemos que un vehículo al que le hemos quitado las pastillas de freno, vaciado el depósito de líquido para el servofreno, deshinchado los neumáticos y puesto a toda velocidad cuesta abajo por una carretera montañosa llena de curvas, es un coche con fallos de diseño.

Chernóbil

Además, sin el menor rubor a pesar del disparate técnico que representaba esa información, las consecuencias del accidente nuclear fueron comparadas con una bomba atómica, cuando en realidad el uranio o el plutonio de un reactor no están lo bastante enriquecidos para que se produzca, ni de lejos, una explosión. Comparar Chernóbil con las bombas que destruyeron Hiroshima o Nagasaki no tiene más sentido que el alarmismo propagandístico.

Comparar Chernóbil con las bombas que destruyeron Hiroshima o Nagasaki no tiene más sentido que el alarmismo propagandístico

Pero lo más grave estaba aún por venir, después del accidente. Si el manejo de la central que provocó el desastre fue muy deficiente, aún fue peor la gestión de la catástrofe. Las autoridades de la Unión Soviética no reconocieron la grave situación creada hasta que ya fue muy tarde y por lo tanto, no se delimitaron a tiempo los perímetros de protección necesarios. Tampoco se establecieron los filtros imprescindibles para la circulación de mercancías, permitiendo que las poblaciones cercanas, especialmente los niños, tomaran leche contaminada, entre otros alimentos. Todo lo que ocurrió ha sido narrado con claridad y crudeza en un libro sobrecogedor por la escritora Svetlana Aleksiévich, premiada con el Nobel, que ha servido de base para una afamada serie televisiva. No puedo dar mi opinión de esta última porque no la he visto, pero supongo que sus imágenes reflejarán lo mismo que el texto, una narración estremecedora y devastadora, denunciando la falta de capacidad, de conocimientos y de profesionalidad de las personas que tenían la responsabilidad de salvaguardar la seguridad después del accidente. Se hubiesen podido evitar muchas muertes adoptando a tiempo las medidas de control y seguridad pública adecuadas.

Una gestión completamente distinta, puede decirse que modélica, tuvo lugar casi tres décadas después, cuando ocurrió la catástrofe de Fukushima, aunque esas diferencias no fueron debidamente señaladas por los medios de comunicación. Allí quedó claramente de manifiesto la importancia de disponer de personal y de protocolos eficaces, dejando aún más en evidencia todo lo que podría haberse evitado en Chernóbil.

Además, en sentido estricto, en Fukushima no ocurrió propiamente un accidente nuclear, sino un fuerte terremoto de magnitud 9,1 (el cuarto más fuerte desde que se tienen registros) y un maremoto de intensidad extrema, cuyo tsunami, una ola de 13 metros sobrepasó todas las previsiones, inexplicablemente optimistas y erróneas, ya que los diques de contención estaban diseñados para olas de tan sólo 6 metros. La instalación nuclear soportó sin problemas el terremoto, que duró 6 minutos,  y si hubiese estado localizada unos pocos kilómetros tierra adentro en lugar de estar junto a la línea de costa, los efectos del tsunami sobre la central hubiesen sido nulos. Pero desgraciadamente no fue así, la central se inundó y los fallos de abastecimiento eléctrico, generalizados en toda la zona, fueron los responsables de los problemas de falta de refrigeración y sobrecalentamiento del reactor. Debe tenerse en cuenta que el tsunami se llevó por delante los cables eléctricos aéreos que permitían a los generadores de emergencia mantener la central en funcionamiento, cortados por la violencia del impacto de la ola, dejando la instalación inerme. En la actualidad, todas las centrales nucleares del mundo (aún las situadas tierra adentro) mantienen enterrados sus cables de alimentación para evitar cualquier tipo de problema.

En la actualidad, todas las centrales nucleares del mundo (aún las situadas tierra adentro) mantienen enterrados sus cables de alimentación para evitar cualquier tipo de problema.

A pesar de las dificultades, las consecuencias para el entorno inmediato de la central de Fukushima fueron leves, ya que los materiales radiactivos más peligrosos (es decir el combustible fundido y el agua radiactiva) quedaron retenidos y confinados dentro de la estructura de la central. Aunque la falta de suministro eléctrico y la ausencia de refrigeración, produjeron la fuga de vapor radioactivo. Esto activó la aplicación del plan de seguridad previamente ensayado y, por ello, se evacuó a todas las personas residentes en un radio de 20 Km, iniciándose de inmediato la distribución de yodo (como prevención contra el cáncer de tiroides derivado de la exposición a la radiación) entre la población. Pero, en realidad, ¿cuáles han sido los niveles de radiación a los que se ha visto sometida la población? Los valores medidos por la Agencia Japonesa de la Energía Atómica en el conjunto del archipiélago del Japón, durante las fechas posteriores al accidente, indican que se registraron niveles absolutamente normales, idénticos a los valores de fondo que podemos tener aquí y ahora. Es cierto que, en los alrededores de Fukushima, las medidas alcanzaron valores más altos, pero nunca llegaron a niveles críticos.

La magnitud del desastre producido por el maremoto fue tremenda, inundó casi medio millar de kilómetros cuadrados, en una zona donde abundaban las áreas comerciales y residenciales. Se produjeron más de 28.000 víctimas, la mayor parte de las cuales perecieron por ahogamiento. En cambio, no hubo ni una sola muerte como consecuencia de la radioactividad. Dentro de la central fallecieron tres personas, pero como consecuencia de traumatismos derivados del tsunami. Unos meses después del accidente, los análisis realizados sobre una muestra de varios miles de personas que vivían en un radio de 20 km de la central, no detectaron ninguna secuela ni niveles de radiación peligrosos, como se desprende del informe elaborado por el Organismo Internacional de la Energía Atómica (IAEA, de acuerdo con su nombre en inglés, que puede ser consultado en https://www-pub.iaea.org/MTCD/Publications/PDF/SupplementaryMaterials/P1710). Curiosamente, aunque el verdadero drama que estaba sufriendo el pueblo japonés se debía al terremoto y posterior tsunami, con comarcas enteras borradas del mapa, la atención de los medios de comunicación se mantuvo focalizada durante semanas en las profecías apocalípticas sobre los desastres que se iban a generar por la radiación.

En los días posteriores al accidente, se llegó a decir que las corrientes oceánicas y atmosféricas transportarían partículas radiactivas con niveles peligrosos por todo el mundo. Pero, en realidad, de acuerdo con el informe ya mencionado de la IAEA, la red de monitorización radiológica de alta sensibilidad detectó niveles extremadamente bajos de radiactividad y los efectos de estas emisiones en el nivel de radiactividad medioambiental de fondo en el mundo fueron insignificantes. Las terroríficas consecuencias de contaminación y mortandad que se profetizaron, no se han visto confirmadas. Y si hoy, una década después de la tragedia, se pregunta a alguien si conoce lo que ocurrió en Fukushima, casi todo el mundo responde que sí, el lugar de Japón donde ocurrió el accidente nuclear. Casi nadie se acuerda del terremoto ni del tsunami. Ni las informaciones falsas, ni la falta de cumplimiento de las predicciones tremendistas sobre las consecuencias del accidente de Fukushima, del mismo modo que había ocurrido décadas antes con los vaticinios sobre las terribles consecuencias del agujero de ozono, fueron nunca periodísticamente desmentidas. 

Las secuelas de esta avalancha de informaciones (a veces parciales, a veces incorrectas, a veces ambas cosas a la vez) difundidas desde hace décadas, han generado opiniones distorsionadas e infundadas sobre la energía nuclear que, ahora, por el cambio de criterio ante el temor al cambio climático, se hace imprescindible revertir. Y además, las circunstancias obligan a que la reversión se haga de forma acelerada.

Las secuelas de esta avalancha de informaciones (a veces parciales, a veces incorrectas, a veces ambas cosas a la vez) difundidas desde hace décadas, han generado opiniones distorsionadas e infundadas sobre la energía nuclear que, ahora, por el cambio de criterio ante el temor al cambio climático, se hace imprescindible revertir

Durante los últimos meses, el precio de la energía eléctrica ha alcanzado niveles insoportables y las previsiones a futuro (dado el nivel de dependencia externa y la situación geopolítica del entorno), son muy pesimistas. En este contexto, si hay que dejar de consumir carbón para la producción de electricidad, la energía atómica se presenta no sólo como una vía para disminuir las emisiones de CO2, sino también como una fuente de energía estable, económica e independiente de proveedores externos, cuyo suministro de gas y petróleo puede verse condicionado por las complejas, inestables relaciones socio-políticas con países poco o nada fiables. Hace no muchos años, le exportábamos electricidad a Francia. Ahora somo nosotros los que, en numerosas ocasiones, debemos comprársela a ellos y, con cierta envidia, contemplamos de lejos la seguridad en el suministro eléctrico que les proporcionan sus centrales nucleares.  

Hace no muchos años, le exportábamos electricidad a Francia. Ahora somo nosotros los que, en numerosas ocasiones, debemos comprársela a ellos y, con cierta envidia, contemplamos de lejos la seguridad en el suministro eléctrico que les proporcionan sus centrales nucleares

A estas alturas del artículo, los lectores pueden estar preguntándose: ¿qué tiene que ver todo este galimatías energético con la geología? Pues bastante más de lo que puede parecer a simple vista. En primer lugar, el suministro del combustible. El subsuelo de nuestro país tiene reservas minerales de uranio suficientes para garantizar la autonomía energética durante muchos años. Y, si hiciese falta o fuese más conveniente importarlos, eso no representaría ningún problema. Las reservas mundiales actuales de uranio son suficientes para abastecer el parque nuclear mundial durante un periodo de 120 años. Y entre los principales países productores se encuentran Australia, Canadá y Brasil, grandes potencias mineras a escala mundial, sin los riesgos que ofrece el suministro actual de petróleo y gas.  

Las reservas mundiales actuales de uranio son suficientes para abastecer el parque nuclear mundial durante un periodo de 120 años

En segundo lugar, es la geología quien tiene la solución para el único problema de la energía nuclear que hasta hace unos pocos años permanecía insoluble: los residuos radioactivos. El combustible gastado de las centrales nucleares constituye un residuo que puede emitir radioactividad durante miles de años. La argumentación de muchos grupos ecologistas para oponerse a la energía nuclear, por muy barata, limpia en emisiones a la atmósfera y competitiva que fuese, se ha basado en el impacto medioambiental que representan esos residuos, considerado por ellos como un problema insoluble. Debe tenerse en cuenta, para dar una idea de las dimensiones físicas del problema, que los residuos generados por las centrales nucleares son muy escasos en peso y volumen, ya que todos los residuos nucleares generados desde los años 50 del siglo XX en todo el mundo, cabrían en un volumen equivalente al de un estadio de fútbol.

Todos los residuos nucleares generados desde los años 50 del siglo XX en todo el mundo, cabrían en un volumen equivalente al de un estadio de fútbol

Sin embargo, desde hace bastantes años, en países como Estados Unidos, o incluso Finlandia, de intachable prestigio por su escrupuloso respeto al medio ambiente, ya tienen la solución implantada, construyendo almacenes subterráneos profundos, en lugares donde las características del subsuelo garantizan la estabilidad y estanqueidad de dichos residuos durante un periodo aún mucho más largo que el de su vida radioactiva. Áreas donde, además de la estabilidad, la consistencia de la roca tenga la máxima solidez y la mínima permeabilidad, donde la circulación de agua subterránea sea mínima o inexistente. Y además, donde la historia geológica del terreno garantice que no existen riesgos de terremotos o de volcanes. El depósito de Estados Unidos está ya operativo, y el de Finlandia entrará en servicio el próximo año.

Es comprensible que, desde la perspectiva de nuestra vida cotidiana, se desconfíe y se tengan dudas sobre dichas garantías, ¿cómo se puede asegurar que no ocurrirá nada imprevisto durante un periodo de tiempo tan largo? Porque, a la escala de nuestra historia, teniendo en cuenta la duración del ciclo de nuestra vida, un intervalo de varios miles de años supone un periodo larguísimo. Pero debe recordarse que desde el punto de vista de nuestro planeta, cuya corteza se formó hace 4.500 millones de años, unos pocos miles de años no suponen más que un brevísimo instante, y el registro geológico de la historia de la Tierra demuestra que hay áreas donde se cumplen sobradamente las condiciones exigidas. Además, la misma naturaleza se ha encargado de proporcionarnos elementos suficientes para calibrar la seguridad que tendría un almacén de residuos radioactivos así construido, siempre que se elija el tipo de roca y el enclave adecuados.

Hay una pequeña historia, bastante desconocida, que es muy ilustrativa al respecto. A mediados del siglo pasado, un físico nuclear llamado Kuroda, postuló que en los periodos más antiguos del planeta, la proporción de isótopos de uranio que había en la corteza terrestre era diferente de la actual, hasta el punto de que podría haberse desencadenado reacciones nucleares de forma espontánea. Como suele ocurrir con bastante frecuencia en el mundo de la ciencia, sin muchas consideraciones, su hipótesis fue considerada como descabellada. Los sabios más prestigiosos dictaminaron que esos fenómenos hubiesen resultado catastróficos, los niveles de radiación producidos hubiesen dejado el planeta inhabilitado para cualquier evolución posterior, inhibiendo la eclosión de vida que vino después. La comunidad científica sentenció categóricamente que era del todo imposible que se hubiesen producido aquellas reacciones nucleares, y la hipótesis fue rápidamente olvidada.

Sin embargo, veinte años más tarde, los técnicos de una compañía dedicada a la preparación del combustible para las centrales nucleares, al enriquecer el uranio del mineral proveniente del yacimiento de Oklo, en Gabón, observaron que éste tenía una composición muy extraña. En aquel mineral, la proporción que presentaban los isótopos de uranio parecía estar de acuerdo con la hipótesis de Kuroda. Aquella mina se convirtió en objeto de estudios exhaustivos, gracias a los cuales se localizaron minerales que tenían exactamente los mismos isótopos y en idéntica proporción que el combustible gastado de los modernos reactores nucleares. Así mismo, se localizaron también los elementos químicos resultantes de la reacción de fisión nuclear. Es decir, que había en la naturaleza rocas cuya composición era idéntica a los actuales residuos nucleares. Y esa presencia sólo podía explicarse aceptando que allí se había producido una reacción en cadena, espontánea y natural, sin que hubiese participado ninguna tecnología humana para desencadenarla. Se localizaron en el entorno de aquel yacimiento hasta 16 reactores diferentes, que habían estado en actividad hace la friolera de 1.800 millones de años.

Y lo que es más importante, el estudio del yacimiento de Oklo, ha permitido demostrar que los residuos derivados de aquella reacción nuclear, han permanecido fijos en la roca, sin dispersarse. La movilidad de esos átomos, es decir, su capacidad para escapar hacia los alrededores del yacimiento y contaminar su entorno, ha sido mínima durante los 1.800 millones de años que han transcurrido desde entonces. Desde luego, lo que se dice tiempo, no les ha faltado. Es decir, que las consecuencias medioambientales de esa dilatada reacción nuclear han sido nulas, no se han contaminado ni los acuíferos profundos, ni las aguas superficiales ni los suelos del entorno del yacimiento.

Tomando como base estas informaciones científicamente contrastadas, y apoyándose en un detallado conocimiento del subsuelo para elegir el lugar adecuado con garantías, los países antes mencionados han construido ya sus almacenamientos de residuos radiactivos de alta actividad (y otros están en vía de construcción, como por ejemplo en Suecia), dando así solución operativa a un problema que venía siendo considerado como insoluble por los detractores de la energía nuclear.

La decisión que ahora adopta la Unión Europea sobre la energía nuclear, confirma lo que ha ocurrido en nuestro país durante las últimas décadas. Porque a pesar de haber alardeado durante décadas del famoso eslogan “Nucleares no, gracias”, y a pesar de haber inundado el territorio nacional con auténticos bosques de molinos eólicos, todos los sucesivos gobiernos, fuesen del color que fuesen, se han visto obligados a mantener operativas y prorrogar la vida activa de las centrales nucleares. Ahora, sabiendo que ya existe una vez solución práctica y operativa para el problema del almacenamiento de los residuos radioactivos, y ante la próxima aparición de una nueva generación de mini-centrales nucleares, más pequeñas y más eficientes, muchos países como Estados Unidos y Francia (y ahora también la Unión Europea), se decantan hacia la energía nuclear.

Molinos de viento

Pero, independientemente de la decisión que adopten nuestros dirigentes, aquí en España tenemos un grave problema, candente y pendiente desde hace décadas. Ninguno de los sucesivos gobiernos, de cualquier color, ha sido capaz de ponerle el cascabel al gato. Se trata precisamente de los residuos ya generados (y los que continúan generándose) en nuestras centrales, cuyo almacenamiento sigue sin resolver y en buena parte, están provisionalmente almacenados en las piscinas ubicadas en las propias centrales.

Pero, independientemente de la decisión que adopten nuestros dirigentes, aquí en España tenemos un grave problema, candente y pendiente desde hace décadas

Ocurra lo que ocurra con el futuro de la energía nuclear, y aún suponiendo que se decidiese cerrarlas todas mañana (aunque no parece que vayan por ahí los tiros), la solución para este problema es tan imprescindible como urgente, ya que su almacenamiento provisional, en las condiciones actuales, no puede ni debe perpetuarse más.

No hace muchos días, una organización ecologista se quejaba públicamente, y con razón, de la astronómica cantidad de millones de euros que cuesta enviar los residuos nucleares a Francia, como solución transitoria. Pero este comentario no mencionaba que todo ese dinero se podía haber ahorrado si, como estaba previsto desde hace décadas, se hubiese abordado aquí la construcción de un almacenamiento geológico profundo, sobre todo teniendo en cuenta que nuestro país, por las características de su subsuelo, el tipo de rocas y el contexto geológico, dispone de lugares cuyo nivel de seguridad es inmejorable, cumpliendo rigurosamente, incluso con exceso, los estándares exigidos. Tampoco mencionaban que han sido precisamente las organizaciones ecologistas antinucleares quienes se han opuesto sistemáticamente, con movilizaciones, a la construcción de dicho almacenamiento.

Nuestro país, por las características de su subsuelo, el tipo de rocas y el contexto geológico, dispone de lugares cuyo nivel de seguridad es inmejorable

Haciendo un análisis simple de la realidad, es inevitable formularse una pregunta: si en España hay un problema con los residuos radioactivos, si ese problema tiene ya solución (como se ha demostrado en otros países), si las características de nuestro subsuelo hacen viable aplicar aquí esa solución y si además, también disponemos de la capacidad tecnológica para ponerla en práctica… ¿por qué el problema sigue todavía pendiente?

Las personas interesadas pueden obtener información adicional sobre la problemática de la energía nuclear y los residuos radiactivos, aquí.


Nucleares: del «no, gracias” al “sí, por favor” | Por Enrique Ortega Gironés


Sócrates: el respeto a la ley como principio rector de la vida

Sócrates (470 – 399 a.C.) es reconocido como el pensador de mayor influencia en la filosofía de la Grecia clásica, tanto por sus propias aportaciones, como por la determinante base intelectual que constituyó en sus discípulos.

La concepción del Derecho en Sócrates tiene una especial relevancia, pues este pensador llevó su concepto de la ley (y por extensión del principio de legalidad) a su propia vida, predicando con el ejemplo. Es sabido que fue juzgado e injustamente condenado a muerte, pena que acató sin resistencia. El hecho probado por el que se le condenó fue el enseñar a la sociedad a ser crítica, a pensar a través de dialéctica y mayéutica, lo que fue derivado al cargo de “corromper a la juventud”.

La ley en Sócrates es el fundamento indiscutible de la convivencia. Absolutamente nadie se encuentra por encima de ella. De modo que su aplicación responde a la plasmación de las garantías fundamentales que permiten la vida en sociedad. Se trata de un concepto de ley como norma perfecta en sí misma, indiscutible en toda su extensión y contenidos.

La ley en Sócrates es el fundamento indiscutible de la convivencia

El problema de la injusticia no procede, para Sócrates, de la ley o del ordenamiento jurídico de una forma apriorística; no existe diferencia entre lo legal y lo legítimo, pues la norma democrática siempre es legítima. Esto es: existe una identidad entre el Derecho Natural (la Ética, la moral social) y el Derecho Positivo, de modo que las leyes nacidas en el seno de la democracia  adquieren un estatus de perfección. La injusticia tiene lugar entonces, según Sócrates, en la aplicación de las normas jurídicas, es decir, en el momento en el que se produce la intervención (por otro lado, siempre necesaria) del razonamiento humano, de la argumentación jurídica.

Sócrates

Así pues, cabe la posibilidad de que los razonamientos humanos que conlleven a subsumir una acción o un hecho en una norma jurídica no sean acertados, bien por error o bien de una forma intencionada, siendo esa tarea argumentativa la causante de trasladar los efectos de una norma a un hecho que no los merece, dando lugar al concepto más genuino de injusticia. Este resultado, como se comprende, no procede de la ley, sino de su aplicación, por lo que la injusticia es, en definitiva, obra del hombre, no de la ley. Las leyes democráticas nunca serán injustas (pues con los debidos procedimientos se amoldan a la Ética social) como sí pueden serlo los quehaceres humanos, entre los que se encuentra la misma aplicación del Derecho Positivo. Este es el motivo por el que Sócrates escogió la muerte antes que quebrantar la norma, que le fue aplicada a través de una argumentación, no siendo la causante de la injusticia la misma ley, sino la valoración que de ella se hizo para aplicarle, en todo caso,  la pena correspondiente.

Las leyes democráticas nunca serán injustas (pues con los debidos procedimientos se amoldan a la Ética social) como sí pueden serlo los quehaceres humanos, entre los que se encuentra la misma aplicación del Derecho Positivo

Por esta razón, uno de los legados de Sócrates es enseñar a reflexionar sobre las consecuencias de la actividad humana al respecto de la propia ley, cuando ésta no es respetada; residenciando los problemas, la injusticia, no en la ley, sino en los hombres.

Es peor llevar a cabo una injusticia que cometerla, ya que quien la comete se transforma en injusto pero el otro, no.         

Sócrates

Sócrates: el respeto a la ley como principio rector de la vida. Por Diego García Paz