Beneficios y dificultades, desde el punto de vista jurídico, relación con la política y la economía.
No hay dudas de que el comercio internacional es un gran impulsor de la economía, tampoco que ha sido la fuentes de numerosos conflictos políticos y bélicos entre países, pero nadie puede negar su papel como protagonista en las relaciones internacionales y su función dinamizadora de las relaciones económicas, fuera y dentro de cada país.
Pero a pesar de su aporte positivo en la economía internacional y en las nacionales, las operaciones de comercio internacional tienen diversas dificultades, desde el punto de vista jurídico, ya que para su regulación inciden tres regímenes jurídicos diferentes: el del exportador, el del importador y el de las normas de derecho internacional público y privado que sean de aplicación, a lo que se suman los diversos procedimientos que se pueden utilizar para solucionar los conflictos que surjan en su desarrollo y la diversidad de la jurisprudencia que puede afectar la solución de dichos conflictos.
Tampoco debe olvidarse que, a diferencia de otras relaciones jurídicas, aquí nos encontramos con la coexistencia de varias materias que son de aplicación, como son el derecho administrativo, el derecho comercial, el derecho fiscal (impuestos y aduanas) y el derecho civil, así como el derecho internacional público (tratados y acuerdos internacionales) y el derecho internacional privado. Tal diversidad hace necesario el uso de conocimiento jurídicos muy especializados por parte de las empresas y profesionales implicados en este tipo de operaciones.
A lo anterior, se añade la diversa legislación que, actualmente, resulta de aplicación en las operaciones de comercio electrónico, muchas de las cuales son operaciones de importación/exportación menores, en cuantía, pero muy numerosas desde el punto de vista global, lo que ha obligado a los estados y a las organizaciones internacionales, a establecer normas específicas en esa materia.
Por otra parte, dada la amplia libertad que tienen las empresas en el momento de seleccionar la legislación aplicable a sus operaciones, los tribunales locales deben solucionar asuntos teniendo en cuenta la normativa extranjera o internacional, bien porque así lo tienen previsto en sus contratos los participantes en la operación o bien cuando deben decidir sobre la ejecución de resoluciones judiciales de tribunales extranjeros o laudos de órganos de arbitraje internacional.
Dada la amplia libertad que tienen las empresas en el momento de seleccionar la legislación aplicable a sus operaciones, los tribunales locales deben solucionar asuntos teniendo en cuenta la normativa extranjera o internacional
Es decir, en las operaciones de comercio internacional se combinan el dinamismo típico de las relaciones mercantiles, cada vez más amplias y en constantes desarrollo, con un conjunto de regulaciones y procedimientos de una gran diversidad y complejidad que hacen del comercio internacional una fuente de intercambios muy productivos que, a su vez, obligan a las empresas y profesionales a actuar en un marco jurídico, el cual no siempre está debidamente actualizado, y que se puede ver afectado por las inestabilidades y complejidades de las situaciones políticas internas y de las relaciones políticas internacionales.
Operaciones de comercio internacional: beneficios y dificultades, desde el punto de vista jurídico, y relación con la política y la economía | Por Migdonio Suárez León
Esta entrada es la continuación del artículo que, con el mismo título, fue publicado en entrevisttas.com el pasado septiembre, pocos días después de que el volcán de Cumbre Vieja hubiese iniciado su actividad. Ahora, casi tres meses después y tras varios días de calma, estas Navidades pasadas, las del 2021, se pudieron disfrutar con la noticia de que la erupción se había dado por terminada.
En los medios de comunicación se ha remarcado mucho que esta erupción ha batido el récord de duración de las anteriores, convirtiéndose por unos días en la más larga de la serie histórica. No obstante, esa serie, desde el punto de vista geológico, es insignificante. Los registros indican que durante cinco siglos y medio, se han producido en La Palma siete erupciones, incluyendo esta última (A saber: 1430, 1585, 1646, 1677, 1949, 1971 y 2021). Estos datos indican que, con una cadencia irregular pero cuyo promedio aproximado es de un siglo, el subsuelo incandescente de la isla se empeña en llegar hasta la superficie. Los datos geológicos, sin embargo, a partir de la edad datada en las sucesivas erupciones, indicarían que la cadencia es un poco más larga, de 123 años. Si tenemos en cuenta que las rocas más antiguas de Cumbre Vieja tienen más de 120.000 años, y suponiendo (aunque se trate simplemente de un burdo cálculo a título indicativo) que los pulsos volcánicos han mantenido un ritmo aproximadamente constante, puede estimarse que este edificio volcánico ha necesitado los aportes de más de 900 erupciones para ser construido.
Pero la dilatadísima actividad volcánica que dio lugar al nacimiento de La Palma se remonta a tiempos aún mucho más lejanos. Las rocas que forman la base de la isla desde sus cimientos, que representan las erupciones más antiguas, construyendo el relieve desde el fondo marino hasta sobresalir por encima del agua, tienen edades que sobrepasan los dos millones y medio de años. Una simple extrapolación de los cálculos anteriores, nos lleva a cifras aún más elevadas. ¿Cuántas erupciones no habrán sido necesarias para edificar los 6.500 metros de desnivel que hay desde el fondo del océano hasta la cima del Roque de los Muchachos, el punto culminante de la Isla de La Palma? Aunque sea imposible conocer la cifra exacta, sin duda será un número lo suficientemente elevado para afirmar que los cinco siglos de la serie histórica, no son representativos de la historia volcánica completa de La Palma para evaluar ni la duración ni la intensidad de las erupciones.
Los cinco siglos de la serie histórica, no son representativos de la historia volcánica completa de La Palma para evaluar ni la duración ni la intensidad de las erupciones.
La fotografía panorámica adjunta, tomada desde el Mirador de Time, muestra al fondo el volcán de Cumbre Vieja, oculto por su penacho de vapores. En el centro de la imagen, la aparente planicie de los Llanos de Aridane, que desciende suavemente hacia el mar, salpicada de edificaciones y plantaciones plataneras hasta ser cortada bruscamente por el relieve del Barranco de las Angustias (el desagüe natural de la impresionante Caldera de Taburiente) que aparece en primer plano, y a la derecha, por los acantilados costeros, que no llegan a verse en la fotografía.
Todo lo que se ve en la imagen, absolutamente todo, exceptuando las edificaciones y las plantaciones, tiene origen volcánico. Esa planicie representa en realidad una acumulación de antiguas coladas, de las cuales sobresalen algunos conos volcánicos, lo suficientemente jóvenes y recientes (tan sólo unos cuantos miles de años), para no haber sido aún desmantelados por la erosión. Por último, al fondo, a la derecha, se vislumbran las manchas negras de las coladas recientes, avanzando hacia el mar. En el acantilado de la costa, a escasa distancia de donde la lava se ha estado precipitando al mar durante las últimas semanas, es perfectamente visible la acumulación de coladas, superponiéndose las unas a las otras.
En la fotografía adjunta se pueden distinguir hasta seis coladas de lava basálticas (capas grises), cuyo tamaño y extensión lateral parecen muy similares a las que se han estado derramando durante las últimas semanas. Cada una de ellas va acompañada en su base por estratos rojizos o anaranjados, correspondientes a antiguos suelos arcillosos que han sido recalentados (se podría decir que cocidos) por el calor que emanaba de la colada cuando se derramó sobre ellos. A dichos materiales, cuya textura es muy similar a la de los ladrillos, se les suele denominar almagresen referencia a su color.
Ahora que, por fin, la actividad volcánica ya ha cesado, puede ser aconsejable realizar, a toro pasado, un análisis de lo ocurrido; y, con miras al futuro, pensar sobre las lecciones prácticas que se pueden extraer de lo sucedido durante los últimos meses.
En primer lugar, debe señalarse con satisfacción que las agoreras profecías apocalípticas de algunos oportunistas, profesionales de sembrar el miedo, no se han cumplido. No han hecho acto de presencia grandes explosiones por filtración del agua del mar hasta la cámara magmática, ni se han producido deslizamientos que hundiesen parte de la isla bajo las aguas, ni se ha generado ningún tsunami. Por el contrario, el volcán ha seguido todo el tiempo el guion previsto, comportándose como se esperaba de un volcán de tipo estromboliano. Es cierto que la sismicidad y las explosiones han variado de intensidad, y que la lava ha cambiado en algunos momentos su densidad y su velocidad de descenso. Pero al final, como se esperaba, tan sólo se han producido cambios menores en la topografía por acumulación de lavas y cenizas, además de aumentar la superficie emergida de la isla, cuando las coladas han llegado a la costa.
En segundo lugar, ha de reconocerse que la prensa gráfica y escrita ha realizado un seguimiento exhaustivo y detallado de todo el proceso, con un enorme despliegue de medios. Después de los patinazos iniciales (la verdad es que hubo meteduras de pata sonadas, nadie tenía vulcanólogos entre sus equipos de expertos asesores; véase la primera parte del artículo), han realizado un esfuerzo por utilizar el lenguaje adecuado y las palabras técnicamente correctas, además de difundir imágenes espectaculares de la actividad volcánica. Pude presenciar en directo los ímprobos esfuerzos de una reportera de una cadena de televisión nacional, que desde el Mirador de Time, debía conectarse en directo para dar las últimas noticias sobre la situación del volcán. La mujer, intentando abstraerse del bullicio que la rodeaba, hacía esfuerzos desesperados por memorizar unas frases plagadas de terminología que le resultaba desconocida, mientras su compañero, el cámara, intentaba calmarla diciéndole: ¡Tranquila, están en publicidad, todavía tienes unos minutos!
Mucho han mejorado las cosas desde la erupción anterior, la del Teneguía, acaecida en 1971, cuando en la isla no había ni un solo sismógrafo y la tecnología GPS aún no estaba disponible. Y todavía muchísimo más, si comparamos la situación actual con la del 17 de Noviembre de 1677, cuando entró en erupción el volcán de San Antonio, no muy lejos de Cumbre Vieja. Por aquellos días, la ciencia tenía poco que decir y la naturaleza debía someterse a la voluntad divina. Por ello, fue el Tribunal de la Inquisición quien se encargó de informar del fenómeno. Viendo la figura adjunta, custodiada en el Archivo Histórico Nacional (MPD 429), debe reconocerse que el inquisidor realizó un excelente trabajo descriptivo, reproduciendo con gran realismo el cono volcánico, las coladas de lava, la población afectada y las bombas volcánicas. Incluso, parecen reconocerse en el dibujo los dos conos volcánicos existentes en los alrededores de Todoque, alrededor de los cuales han discurrido las coladas de la presente erupción.
La tecnología actualmente disponible y el despliegue realizado por los vulcanólogos y geofísicos, especialmente los del Instituto Geológico y Minero de España, el Instituto Geográfico Nacional y el Instituto Volcanológico de Canarias, han permitido un minucioso y detallado seguimiento de todo el proceso eruptivo. Los drones, esos nuevos dispositivos voladores, han obtenido espectaculares imágenes de los focos emisores, permitiendo observar el volcán en actividad desde cerca, como nunca antes se había podido ver. La fotografía siguiente, obtenida por INVOLCAN, muestra el nuevo edificio volcánico de Cumbre Vieja, de unos 200 metros de altura sobre su base, crecido sobre una fisura en cuyo entorno llegan a apreciarse hasta once cráteres.
La sofisticada tecnología actual, a través de los datos sísmicos, ha permitido conocer la presencia de dos cámaras magmáticas (una profunda y otra intermedia, más somera), situadas respectivamente a unos 36 y 11 kilómetros de profundidad, que se han encargado de ir alimentando de lava al volcán. El seguimiento de la sismicidad y el análisis sistemático de los gases emitidos desde el cráter, han permitido identificar los primeros signos de agotamiento y, después de algunas pausas transitorias, certificar el final de la erupción.
Entonces, ha llegado el momento de concentrarse en buscar soluciones para la multitud de personas que han perdido su vivienda, sus plantaciones y su trabajo, además de recuperar las infraestructuras destrozadas, no sólo de comunicaciones, sino también del complejo sistema de transporte de agua que permite la irrigación de las plantaciones de plátanos. No obstante, esa prioridad indiscutible no debe esconder otra necesidad, si bien no tan apremiante pero igualmente imprescindible: el análisis de lo ocurrido para mejorar la gestión de una futura crisis, cuando se produzca la próxima erupción.
Columna volcánica captada por David del Rosario, publicada en El Diario.es
Porque tanto los datos históricos como la información geológica indican que, con muchísimas probabilidades, indefectiblemente, dentro de unos años, hará su aparición una nueva erupción en La Palma. No parece aventurado asegurar que la valiosísima información que geofísicos y vulcanólogos han recopilado durante los últimos meses, contribuirá a una mejor capacidad de predicción y seguimiento. Conviene recordar que, como se mencionó en la primera parte de este artículo, la meteorología puede tener un elevado nivel de acierto en sus pronósticos gracias a que han podido observar miles de veces los mismos procesos en un mismo lugar, repetidos a lo largo de los años. En cambio, las ocasiones en que se puede monitorizar un mismo volcán son escasísimas, y por eso los datos acumulados durante esta erupción son tan valiosos. Por otra parte, el previsible desarrollo tecnológico de las próximas décadas, con nuevos instrumentos y la mejora en el conocimiento de los procesos geológicos, deben contribuir también notablemente a mejorar la capacidad de predicción. Pero estas mejoras científicas servirán de muy poco si no van acompañadas por otras iniciativas que deben ser generadas y apoyadas por los poderes públicos.
El previsible desarrollo tecnológico de las próximas décadas, con nuevos instrumentos y la mejora en el conocimiento de los procesos geológicos, deben contribuir también notablemente a mejorar la capacidad de predicción.
Los conocimientos y la tecnología actuales no permiten pronosticar con exactitud el punto exacto en que, dentro de unas décadas, eclosionará una nueva y previsible erupción, pero sí que pueden aportar valiosas indicaciones. Toda la actividad volcánica acaecida en La Palma durante los últimos 120.000 años, ha estado concentrado en la parte Sur de la isla, mientras que la mitad septentrional, de la Caldera de Taburiente hacia el Norte, ha permanecido inactiva.
Vista de la Dorsal de Cumbre Vieja y el penacho de gases de la erupción, desde el Roque de los Muchachos
Esta diferencia no es fruto de la casualidad, sino de la estructura geológica profunda del subsuelo, que canaliza el ascenso de la lava a lo largo de una serie de fisuras (como la que es apreciable en la fotografía donde se observaban varios cráteres), dispuestas a lo largo de una dorsal topográfica, orientada Norte-Sur, en la que se diferencian dos sectores, con relieves característicos: Cumbre Nueva al Norte y Cumbre vieja más al Sur. Todas las erupciones históricas se han producido sobre esta última, que además concentra toda la sismicidad actual, y donde existen las máximas posibilidades de que se produzca la próxima erupción.
Una de las aportaciones principales que la Geología está realizando en numerosos países, es contribuir a la planificación territorial, ayudando a optimizar los usos del suelo. Porque, uno de los parámetros esenciales en esa planificación, es la clasificación del nivel de inseguridad asociada a fenómenos naturales, como son por ejemplo la sismicidad, el vulcanismo, los deslizamientos o las inundaciones, ya sean fluviales o costeras como consecuencia de tsunamis. En el caso de La Palma, atendiendo al volcanismo y pesar de que no se pueda predecir con exactitud el lugar de la próxima erupción, sí que sería factible establecer diferentes niveles de riesgo en función de la información existente sobre sismicidad y erupciones anteriores, en combinación con la topografía. Sobre la base de esa información, se podría zonificar el territorio, lo que permitiría orientar sobre dónde pueden construirse con mayor seguridad infraestructuras, viviendas, polígonos industriales o zonas agrícolas.
Se podría zonificar el territorio, lo que permitiría orientar sobre dónde pueden construirse con mayor seguridad infraestructuras, viviendas, polígonos industriales o zonas agrícolas.
Es bien conocido, los agricultores de todas las zonas volcánicas del mundo lo saben bien desde tiempos inmemoriales, que sobre las lavas se generan con relativa rapidez suelos que suelen ser muy fértiles, ya que las rocas volcánicas aportan nutrientes y tienen gran capacidad para retener el agua y materia orgánica. Por eso, es lógico que las coladas recientes, a los pocos años, tiendan a ser colonizadas por nuevas plantaciones agrícolas o por la reposición de las antiguas. Pero ya no es tan lógico que se proceda de igual manera con construcciones e infraestructuras, cuya destrucción es mucho más grave tanto desde el punto de vista económico como de seguridad y funcionalidad.
Pongamos como ejemplo el delta lávico (fajana en la terminología local) que ha sido objeto de numerosas informaciones durante las últimas semanas y cuya formación, debida a la llegada de las lavas a la línea de costa, ha podido ser seguida prácticamente en directo. Deltas de este tipo existen varios en el archipiélago canario, siendo el de Garachico, en la isla de Tenerife, el más conocido de todos.
La erupción que destruyó Garachico, obra de Ubaldo Bordanova
En 1.706, al Noroeste de la isla de Tenerife, entró en erupción el volcán de Arenas Negras, y sus coladas, descendiendo hacia el mar, destruyeron una buena parte de la entonces floreciente localidad de Garachico, considerada en aquellos momentos como la capital comercial de la isla, cuyo puerto mantenía un intenso tráfico con Europa, África y América. Una de las coladas partió por la mitad la bahía que daba abrigo a los barcos, dejando el muelle inservible y formando un delta lávico muy similar al recientemente constituido al sur del puerto de Tazacorte.
Los habitantes de Garachico, después de la catástrofe, reconstruyeron su ciudad en el mismo lugar. Aunque nunca consiguieron recuperar su anterior esplendor comercial, que fue desplazado hacia el puerto de La Laguna, poco a poco y a pesar de los riesgos evidentes, fueron ocupando la nueva superficie útil del delta. Afortunadamente, desde entonces, el volcán de Arenas Negras se ha mantenido tranquilo. Pero desde el punto de vista geológico, teniendo en cuenta la longevidad y los periodos de hibernación de algunos volcanes, tres siglos no son nada, y la localidad actual de Garachico está ubicada en una posición que puede considerarse de alto riesgo. El par de fotografías adjuntas permite comparar la similitud de ubicaciones entre el reciente delta de la isla de La Palma, aún humeante, y la situación actual de Garachico. Sobran las palabras.
La enorme tarea de reconstrucción y rehabilitación de los terrenos afectados por la reciente erupción de Cumbre Vieja, queda ahora en manos de los poderes públicos, quienes además de atender a criterios económicos, debieran escuchar también los consejos técnicos y científicos sobre la planificación del uso del suelo. Por desgracia y como es bien sabido, los políticos, a todos los niveles, recurren de inmediato a la Ciencia ante la urgencia de un imprevisto, pero suelen olvidarla enseguida, sobre todo cuando los consejos de los científicos se refieren a periodos de tiempo que exceden al horizonte de las próximas elecciones.
El nivel de conocimiento actual permite predecir sin mucho riesgo a equivocarse que, dentro de unas décadas, nuestros nietos o biznietos presenciarán una nueva erupción en la isla de La Palma. Debiera ser nuestro objetivo que, llegado ese momento, no aparezcan noticias como la imaginaria información que se detalla a continuación:
La Palma, 18 de Agosto de 2085.- Como venían anunciando los técnicos especialistas en volcanología, basándose en la frecuencia de la sismicidad y el abombamiento del terreno, el volcán de Cumbre Vieja ha entrado de nuevo en erupción, después de más de 60 años de letargo. Tras unos primeros días de actividad predominantemente explosiva y gaseosa, la lava ha empezado a fluir ladera abajo y se aproxima a la costa, hacia los mismos lugares donde se formó el delta lávico durante la anterior erupción de 2021. Afortunadamente, gracias a los servicios de Protección Civil, la evacuación de los residentes en la zona ha podido efectuarse a tiempo y no ha habido que lamentar desgracias personales, aunque los daños materiales en viviendas, infraestructuras e instalaciones industriales son muy cuantiosos.
Immanuel Kant (1724-1804), filósofo prusiano considerado fundador del criticismo y quizá el más relevante pensador de todos los tiempos, estableció un sistema fundamentado en el llamado imperativo categórico, un mandamiento que rige todos los aspectos y campos de la actividad del ser humano. Este mandato es de naturaleza ética, y de general observancia, con independencia de orientaciones, creencias o ideologías. Se define como “aquella proposición que declara a una acción (u omisión) como necesaria”.
Al afirmar que el imperativo categórico está presente en todas las dimensiones de la vida humana, incluye desde luego al Derecho, y particularmente al Derecho Penal.
Para Kant, la norma penal es un imperativo categórico. Y tal vez el de mayor importancia pues tiene una dimensión doble, comprendiendo todas las facetas del concepto. Lo es porque en la misma, su razón no se halla en una mera hipótesis o criterio moral sostenido sólo por ciertos sectores, sino que tiene un fundamento universal, incuestionable o indiscutible.
De la ley penal nacen una serie de deberes para toda la sociedad, deberes que resultan irrefutables:
El deber de no cometer la conducta típicamente antijurídica, es decir, de no cometer el hecho típico, de no perpetrar el delito. Este deber se dirige al autor de los hechos, al sujeto activo.
El deber de imponer la pena en el caso del incumplimiento del primero de los deberes. Este deber se dirige al Juez.
Ambos casos son imperativos categóricos, deberes éticos que configuran y determinan la razón de ser de la proposición normativa (la ley penal), contemplando a su vez los dos tipos de imperativo: por omisión (el deber de no cometer el delito) y por acción (el deber de imponer la pena). Por ello, es importante aclarar que para Kant la pena en sí misma no es un imperativo categórico, como sí lo es su imposición (el acto, la acción de penar) sólo si se quebranta el primer imperativo, que consiste en no abstenerse de cometer el delito. De modo que el Estado, como ius puniendi, está legitimado desde una perspectiva ética para la imposición de la pena ante el quebrantamiento del deber (también ético) de no cometer el delito.
Al cometer el delito, y con ello vulnerar el imperativo categórico inicial, el sujeto activo quebranta el motivo de estimar la no comisión del delito como tal imperativo, que resulta incuestionable: el sujeto rompe el contrato social que permite la convivencia, y se posiciona en un estado de naturaleza, generando un daño no sólo a la víctima, titular del bien jurídico protegido, sino a la sociedad conjunta. La ruptura del contrato social es un prius que fundamenta todo reproche penal, y se encuentra en la base de toda norma jurídica sancionadora, pues se sanciona, se impone una pena, como consecuencia de actuar en contra del imperativo categórico, en absoluto hipotético, sino indiscutible, con independencia de la singularidad de la acción y del bien jurídico concreto que se lesione con ella, pues siempre y en todo caso el delincuente ataca a la sociedad y a la pacífica convivencia en su seno.
De nuevo se comprueba como el Derecho no puede separarse de la Ética y que aquel llamado Derecho Natural sigue siendo el valedor de la legitimidad de la norma jurídica y de su efecto sancionador.
Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal. Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza.
Immanuel Kant
Immanuel Kant: la norma penal como imperativo categórico | Por Diego García Paz
Se acercan, como ya sabemos, las fiestas más esperadas del año, por la posibilidad que nos ofrece de reunirnos con la familia y de organizar algún que otro evento con los amigos.
Y como ya os comenté en mi anterior artículo, la mesa va a ser la protagonista en estas fechas, porque es en torno a ella donde vamos a pasar los mejores momentos. Para ello, la tendremos que preparar de la forma más atractiva, a la vez que acogedora.
Los detalles van a ser de suma importancia si queremos darle una sensación de confort e intimidad, como la calidez de unas velas, o con el fresco aroma quizás de unas ramitas de acebo, pino o abeto, ofreciendo ese ambiente de tranquilidad y armonía.
Además tendremos que tener en cuenta el entorno que la rodea, dándole ese espíritu navideño y esa magia tan característica, que impregnará cada rincón de la casa.
Algunos de vosotros quizás seáis anfitriones por primera vez (todo un reto la verdad), pero estoy segura que poniendo toda vuestra ilusión y creatividad conseguiréis todo lo que os propongáis para crear esa velada tan especial.
Una de las estrategias a tener en cuenta y que siempre utilizo es la puesta en escena.
Primero hay que decidir el estilo de mesa que se quiera conseguir. Puede ser rústica, informal, más refinada…. Según el mantel o vajilla que se tenga, o se le quiera poner y que no por ello deberá ser menos elegante.
Si se apuesta por un mantel blanco o crudo será siempre todo un acierto, ya que lo que se vaya a colocar sobre él (vajilla, platos o cubiertos) realzará su belleza.
Cada mantel tiene su historia
Como el que se compró especialmente para la Nochebuena o Navidad, aquellos otros que se obtuvieron para ocasiones especiales (fiesta de cumpleaños, aniversario de boda, meriendas con las amigas, fiestas en el verano, nochevieja…).
Los que compramos en un viaje, recordando esas calles repletas de comercios con paños de cocina, toallas o mantelerías y que pasando up!!! te paras y retrocedes esos pasos para volver a mirar ese mantel colgado en plena calle y que te enamora a primera vista. Entras a preguntar, y te dicen que esos no son de tus medidas, pero que van a ver si les quedan y durante unos minutos te quedas cruzando los dedos a ver qué pasa. Cuando salen diciendo que si que lo tienen, dices uf!! ¡Qué suerte la mía!
O esos otros temáticos que nunca encuentras o los encuentras pasada ya la ocasión, o los relacionados con algún motivo o afición de la familia (caza, caballos, ardillas, golf o tenis…). O los que tenemos exclusivamente para las distintas estaciones (flores en primavera, corales o caracolas en verano, hojas o calabazas en otoño…… o bien los alusivos a estas fiestas, con motivos navideños, o los de tartán o cascanueces tan de tendencia este año.
Sí, los manteles tienen su historia…
Pero hoy os voy a hablar de un mantel que es para mí muy especial. Este mantel fue comprado para la primera Navidad cuando construimos la casa, y conservando tradiciones sólo y únicamente se utiliza en Nochebuena.
El mantel de Navidad
Es de color crudo, con una cenefa en el bajo de color granate, de Jacquard francés (donde el diseño se consigue por el cruzamiento de hilos de colores) y dos caminos de mesa a juego, que le dan un plus de elegancia.
Cuantos recuerdos compartidos, cuanta nostalgia de familiares que nos dejaron, o los que no podrán asistir este año por la pandemia.
Mantel que cuando empiezas a plancharlo, a colocarlo en la mesa con todo el mimo y sobre éste los dos caminos de mesa, van fluyendo las lágrimas por aquellos que ya no están o no podrán asistir.
Si, cada mantel tiene su historia. Al preparar la mesa de Nochebuena, combino este mantel con servilletas blancas, a las que he puesto unos lazos de terciopelo color granate acorde al mantel, que hará que se destaquen y tengan también su protagonismo.
Además habrá que tener en cuenta que el menaje esté también coordinado con la ropa de mesa.
Como ya expliqué en mi último post, se van colocando los bajoplatos, estos como veis plateados, a conjunto con la vajilla, la cubertería, los reposacubiertos. Y he colocado una bola de cerámica blanca en el platito del pan, que cada comensal se encargará de retirar, dándole un toque de decoración.
El centro de mesa, con portavelas y velas rojas. He puesto para cada comensal una campanita personalizada, que año tras año encontramos en nuestro plato. Y el “puesto de mesa” con el “Bon appetit”.
Y si se le coloca algo de verde como os he dicho al principio, obtendréis todo un espectáculo de mesa.
Si alguien tiene la gentileza de colgar fotos de su mesa será todo un honor para mí disfrutar de ella como vosotros lo vais hacer.
Y si queréis ver variedad de mesas para estos días os invito a visitar mi cuenta en Instagram (@madame_chardonnay) donde podréis obtener más ideas.
Tenía varios títulos rimbombantes como No hay cojones en Nápoles, De Nápoles a otra parte, Napolitanos: ¿dignos de su patrimonio? o Nápoles no es ni para un día ni para un mes entre otros, pero escogí éste porque voy a contar parte de las curiosidades que vivíamos mi marido y yo en Nápoles durante nuestro viaje este mes de diciembre de 2021.
Lo cierto es, en todo caso, que los otros títulos tienen mucho que ver con lo que voy a contar. Así que merece la pena su mención.
De Nápoles se sabe que cuenta con un excelente y muy excelso patrimonio histórico y artístico. Y, de hecho, sobre ese tema, no voy a ahondar porque existen plataformas de viajes que van a daros muchos más detalles de los que yo podría y, siempre, bajo un punto de vista más desarrollado (como la ubicación, formas de acceso, etc.). Lo que sí voy a mencionar aquí es que para ir al Museo Arqueológico es mejor no hacer cola y eso se consigue yendo a mediodía; o que para ir a Pompeya lo ideal es ir a primerísima hora, pero para ir a Herculano, mejor en el último pase; también que no dejéis de ir a Oplontis, aunque esté algo retirada y en un pueblo imposible de digerir (por sus gentes, calles, tráfico, degradación…). Por supuesto, no he mencionado más que tres cositas de las tantas que tiene, pero estas son, para mí, las imprescindibles para disfrutar de lo que solo Nápoles puede ofrecer. Más allá de éstas, hay otras muchas que son maravillosas y que merecen de su tiempo… Aún así, no me pasaría un mes en Nápoles y os voy a contar por qué no lo haría o, de exigírmelo, por qué gastaría gran parte del tiempo en el hotel.
Carmen Nikol en la base del puerto de Herculano, a las 15h con tres capas de jersey, una muy gorda, y la chaqueta, la mascarilla, el gorro…
Nápoles son muchas Nápoles, pero yo destacaría dos: la ciudad en sus zonas más transitadas y la parte que linda con el mar, la que va desde la zona baja marítima hasta la parte alta o Posillipo (a este respecto, os recomiendo coger el bus turístico el primer día para conocer algunas posibles visitas posteriores —que los encargados del bus gustan de mencionar). La zona costera es mucho mejor que la del centro y, de volver, cogeríamos el hotel allí (sin duda) aunque no estuvimos en un mal hotel ni en una mala zona, pero… ¡es que no hay color!
Antes de seguir, debo mencionar el dicho ver Nápoles y después morir (Vedi Napoli, e poi muori, palabras del escritor alemán Goethe tras su viaje a Nápoles). Y digo debo porque daban vueltas en mi cabeza mientras estábamos allí y se convirtieron en un must en caso de hacer memoria o un repaso, como es aquí el caso. Para mí, hoy en día no se corresponden con la belleza que el genial dramaturgo quiso dejar plasmada en su expresión. Hoy quizá diríamos ver la Campania y después morir. Pero, Nápoles ofrece lo que otras ciudades: excelentes palacios, un museo arqueológico magnífico y algunas visitas más, sobre todo artísticas, de gran calibre. Eso sí: a diferencia de otras ciudades, Nápoles exige de una gran paciencia, así como de asumir un rol muy dominante. ¿Por qué? Pues, por ejemplo, para soportar la gran cantidad de basuras que hay en la calle (mucha paciencia) y para cruzar pequeñas calles y grandes avenidas (que solo conseguirás si, desde el primer minuto, te impones al tráfico).
Nosotros decidíamos alquilar un coche. Pensábamos que era la mejor idea porque teníamos claro que haríamos varias visitas hacia la costa y el interior. Y acertábamos. Pero, solo por esas razones, puesto que hay muchos buses turísticos que te llevan a varios (no a todos) de los lugares que visitábamos y… sin tener que sufrir el tráfico con el cuidado que requiere devolver el coche igualito que lo recibíamos. Ir en coche, además de obligarte a sufrir la absoluta anarquía del tráfico napolitano y de la Campania (donde, por doquier, se te cruzan sin ningún orden —insisto: sin ningún orden), tiene una gran desventaja: ha de ir evitando la innumerable cantidad de baches que tienen los horribles firmes de las calles y carreteras napolitanas. Y, para colmo, lo has de dejar en un garaje que, si tienes suerte, tendrá un acuerdo con el hotel pero… nadie te va a quitar el hecho de que será, casi garantizado al 100%, un garaggio pequeño y hecho polvo en el que deberás dejar el coche para que te lo aparquen otros (esto último, sea mejor o peor el garaje… es así). Por esta razón, también voy a recomendaros que deis un paseo con el bus turístico el primer día y lo antes que podáis. Nosotros no solemos ir en bus turístico, aunque cada día le vemos más aportes, así que os lo recomiendo para determinar si es mejor escoger rutas o alquilar un coche (eso sí: bien abrigaditos si vais en épocas no estivales y pensáis ir en la parte superior).
En la Galería Umberto I, junto al Palacio Real de Nápoles
Pero, además de esas dos zonas a grosso modo de Nápoles, cabe rendirse al hecho de que existen otras cuantas miles: cada rincón de Nápoles es una Nápoles con historia, una Nápoles bella o mundana, dulce o salada, rancia o esplendorosa, mafiosa o cercana… Y no todas las Nápoles son para todos los públicos. No me refiero con esto al Gabinete Secreto del Museo Arqueológico (donde los niños no entran por su contenido erótico pompeyano), sino a que no todo el mundo puede soportar bien el estrés que genera estar en Nápoles (ni tan siquiera un día, para algunos/as).
Foto tomada por Gabriel Castelló en el Gabinete Secreto
Comentaba antes que los títulos que ponía al principio de esta entrada tenían mucho sentido. Y tomando el hilo del párrafo anterior, Nápoles no es ni para un día (en el caso de ciertas personas) ni tampoco es para un mes (para casi todo el mundo). No es fácil vivir en Nápoles y no hace falta un mes para ver todo lo que se necesita ver. Nápoles tiene un cariz muy diferente que ni siquiera tiene que ver con el carácter de Roma o del resto de Italia. Sus gentes son muy especiales y, como se comenta en varios foros, si te quedas demasiado tiempo es probable que estés en el punto de mira de la Camorra. La mafia napolitana tiene mucho poder aún hoy en día. Por poneros un par de ejemplos: no hay siquiera una mención, en ninguna parte, a la serie que más a dado a conocer la ciudad en los últimos tiempos (me refiero a Gomorra) porque no hay huevos por parte de nadie allí a poner un cartelito o un grafiti (de entre los múltiples que allí ensucian calles y monumentos); por otra parte, no hay casi negocios extranjeros (solo vimos 3 entre todo lo que recorrimos y sin contar con las fruterías y tiendas de ropa pakistaníes) porque se sigue cobrando, por parte de las 90 a 100 familias (dicen) que extorsionan, el pizzo (o protección) que viene a ser el pago que debes pagar mensualmente a la Camorra para que te proteja de sí misma. Se comenta en varios documentales que viene a ser el 20% de las ganancias y que muchos comercios han cerrado por este pago (además cabe indicar que entre la Campania hay del orden de tres asesinatos por día y pueden ser a plena luz). Muchos motoristas, en ciertas zonas de Nápoles, suelen ir sin casco y esto tiene que ver con conocer las caras de quienes se acercan. En fin… un Nápoles no muy conocido pero muy aparente para cualquier visitante.
Una calle típica napolitana
Por tanto, como muy probablemente no verás todo en una semana, si puedes, intenta quedarte dos y planificar muy (pero que muy) bien todo lo que deseas ver. Y llévate un buen calzado porque muchas calles (si no todas) tienen adoquines y piedras grandes de lava del Vesubio (según dicen). Además, te harán falta para los yacimientos arqueológicos y las enormes caminatas que te darás…
Gaby posando junto a una imagen de Maradona, un Dios con su propia religión en Nápoles
Maradona es un dios en casi todo el mundo, pero en Nápoles tiene su propia religión con sus propios rezos. Si caminas por el centro, vas a disfrutar de la cantidad ingente de imágenes del ídolo futbolístico del Napoli.
Durante el día y la noche suenan muchas ambulancias, a pesar de no haber visto ningún accidente y, a su vez, a pesar del caos imperante en toda calle napolitana entre motos, coches y transeúntes que consiguen contar con que el otro intentará pasar antes y, o bien aceleran o bien cortan el tráfico cruzando la calle. El caso es que ambulancias con su sirena puesta las hay a todas horas. Es como una especie de rebelión por haber recibido una amenaza por parte de la mafia napolitana…
Los pitidos de los coches, además de las sirenas de las ambulancias, son constantes. Y lo son, seguramente, para evitar los accidentes. Allí los semáforos y los pasos de peatones son simbólicos: lo que importa es avisar con un pitido de que te vas a meter, vas a acelerar o vas a cruzar una calle a lo bestia. En un paso de peatones, además de cruzar, intenta buscar la mirada del conductor porque igual te deja pasar uno y el siguiente acelera… Así que se debe cruzar poniendo la mano y buscando la mirada. ¡Un cristo! Y de cristos y de iglesias… lo que queráis. Allí hay múltiples iglesias y una cantidad abrumadora de arte sacro (sobre todo, Barroco). Buscad antes de ir porque las colas pueden ser importantes en algunos lugares y, en otros, no las hay a pesar de la belleza que contienen.
Arte Barroco en Nápoles | Imagen de Gabriel Castelló
Palacios y edificios monumentales también los hay a patadas, mal que suene la expresión… Hay tantos que no parece que el gobierno tenga la intención de mantenerlos todos en buen estado (ni mucho menos). Solo mantienen bien los que pertenecieron a la realeza y que han sido usados como guaridas para la cantidad inacabable de arte que consiguieron acumular mediante el expolio de las excavaciones pompeyanas (principalmente) y mediante el desarrollo de artistas que dejaron una increíble imprenta de su arte en techos, puertas, paredes o en piezas de orfebrería, entre otras tantas expresiones artísticas que consiguen maravillar al visitante. Es un nunca acabar (y eso que no te dejan ver más que una pequeña porción de la inmensa cantidad de alas de los edificios, jardines, etc.). Por ello, uno se plantea si Nápoles merece mantener el patrimonio que tiene: porque no todo está cuidado ni está en una localización que tranquilice pues, no olvidemos, todo lo que allí permanece puede desaparecer con una erupción del Vesubio o de alguno de los múltiples volcanes que la Campania contiene (los Campos Flégreos, por ejemplo, podrían hacer desaparecer una cantidad innombrable de bellezas napolitanas). Sí: todo es de su herencia, todo es suyo. Pero, ¿hasta qué punto no es de la humanidad? ¿Hasta qué punto no merece un mayor cuidado?
Otra cosa curiosísima es encontrarse, por doquier, paraguas rotos en el suelo, sin recoger. Solo vimos uno tirado en la basura, pero había muchísimos en el suelo, abandonados. Al principio piensas qué guarros que son y luego te preguntas por qué será. Al final, nos informábamos y parece ser que hay una cierta superstición con los paraguas pero, en todo caso, sigue resultando una guarrada. Si de veras es una superstición sobre que no pueden correr el riesgo de que se abra en casa… ¿acaso no pueden tirarlo a la basura cuando se les cae en la calle? Eso sí: yo misma sufrí el deseo de dejarlo caer y no recuperarlo porque se nos vino la mundial, con lluvia y viento fuerte, y mi paraguas se echó a perder (estaba yo como para buscar la papelera más cercana… pero, ¡lo aguanté!).
Los cuerpos de seguridad, según se comenta, están untados con la Camorra. Pero, a nuestro parecer, son cercanos (preguntábamos una indicación y se lo curraron). Nos pareció muy curioso verlos a todos (la polizia, los carabinieri, los del fuoco, la paisana —que iba como Montalbano), algunos con trajes de grandes cargos y otros de cargos menores, pero todos en la plaza donde se encuentra el monumento a la Inmaculada Concepción coincidiendo con el día que lleva el mismo nombre. Allí es un día especial, claro está, pero no todos los comercios cierran, aunque sea un día festivo.
Los mercados y mercadillos requieren de cierto conocimiento. En Nápoles se come muchísimo en la calle, tanto en las calles del centro como en las exteriores. De hecho, uno de los bares más conocidos estaba llenísimo de gente apoyada en paredes callejeras, comiendo. Pero, lo que nos llamó más la atención fue una pescadería, camino al funicular desde la calle Toledo, que tenía muchísimo pescado y marisco fresco y bastantes mesitas altas para que la gente se sentase a comerse lo que escogiesen en el momento. Tiene casi todo vivo, en grandiosos platos hondos, donde los mantienen con agua marina, o bien sobre bandejas con hielo. Se trata de pedir las piezas que deseas comerte y allí mismo te las cocinan.
El certificado COVID, tanto en esa pescadería como en cualquier lugar (tienda, restaurante, museo, etc.) se pide. Y, al menos nosotros, lo agradecíamos: es innegable que reduce la carga viral y, por tanto, las probabilidades de caer infectado. Y el pago con tarjeta… ellos mismos (si son camareros amables —y todos lo son), te indican que no lo hagas si no es llevando tú mismo/a la tarjeta: es decir, que no se la des a nadie.
De Nápoles a otra parte era otro de los títulos porque, la verdad, cuando estás allí sientes que deseas irte: resulta demasiado caótico si eres una persona de una cultura más ordenada.
Y quando arrivo a casa… estás feliz de haber llegado (quizá más que con otros viajes) pero, al cabo de poco, te das cuenta de que se te quedó mucho por ver y de que deberías regresar a menudo. La razón es que hay muchas obras civiles en marcha: hay varios edificios con enormes andamios, excavaciones en curso, lugares con mucho por acabar de reconstruir o de destapar o de remodelar… pero la pandemia y la falta de inversión por parte de las instituciones públicas pararon gran parte de ello. Así que… ¿quién sabe cuándo volveremos? Lo que es seguro es que conoceremos una nueva versión de Nápoles si no es que el Vesubio (ese gran enemigo potencial de la ciudad) no nos lo impide.
Estoy segura de que existen múltiples curiosidades allí que nosotros no hemos vivido y que, si os apetece, me gustaría que comentarais los que sí las habéis podido disfrutar o sufrir.
Por cierto, la cerveza y el vino están igual de buenos que aquí, pero acabas hartito de los antipasto, la pasta y la pizza (que la comen muchísimo). Pensad dónde queréis ir a comer, si podéis, antes de realizar el viaje. Ver menús, etc.
En el artículo anterior de esta misma serie (Sobre las contaminaciones aparentes y otras disquisiciones medioambientales, publicado en Entrevisttas.com), se analizaban algunos casos de contaminación que, en contra de las apariencias, no eran consecuencia de las actividades humanas, sino productos espontáneos de la misma naturaleza. La presente entrada está también dedicada a esa misma problemática, pero focalizada exclusivamente en uno de los elementos considerados como más peligrosos: el mercurio. Ese metal, también llamado azogue, que en pocos años pasó de ser el simpático líquido con el que todos los niños jugábamos cuando en casa se rompía un termómetro, a convertirse en una sustancia maldita cuyo uso está en la actualidad totalmente prohibido .
Fotografía de una de las víctimas de Minamata, de Eugene Smith
La notoriedad contaminante del mercurio saltó a primera página como consecuencia de dos catástrofes medioambientales y sanitarias acaecidas en la segunda mitad del siglo XX. La primera de ellas tuvo lugar en 1953, en la bahía de Minamata (Japón), en los alrededores de un pueblo pesquero donde estaba instalada una importante industria química, cuyos vertidos contenían compuestos orgánicos de mercurio. La toxicidad de aquellos efluentes contaminó a diversos organismos vivos (incluyendo peces y crustáceos), que al ser ingeridos por las personas, dieron lugar al envenenamiento de la población, contabilizándose más de un centenar de víctimas mortales, además de varios centenares de afectados por problemas neurológicos.
El segundo desastre tuvo lugar dos décadas más tarde en Irak, donde después de un prolongado período de sequía y ante la escasez de granos para abastecer las necesidades de siembra, el gobierno importó de Méjico y de Estados Unidos 100.000 toneladas de trigo y cebada para ser utilizada como semillas. Aquellos granos no eran aptos para consumo humano, tal y como se podía leer en la advertencia rotulada en cada saco, ya que habían sido tratados con fungicidas (que incluían también compuestos orgánicos de mercurio) para facilitar su conservación. Desgraciadamente, este aviso aparecía sólo en español y en inglés, y no pudo ser entendido por la población. Cuando los granos fueron distribuidos entre los agricultores, dada la escasez reinante, fueron en parte utilizados para preparar alimentos. Tres meses después, empezaron a detectarse las muertes por envenenamiento, que se extendieron con rapidez porque también se contagió el ganado, y el consumo de carne contribuyó a la propagación. En esta ocasión las consecuencias fueron aún peores, afectando a decenas de miles de personas y produciendo más de 5.000 muertes.
Aquella pavorosa mortandad tuvo un impacto terrible en la opinión pública y las autoridades sanitarias empezaron a considerar de forma generalizada al mercurio como un enemigo público. Se realizaron múltiples investigaciones, que pusieron de manifiesto de forma innegable, durante el periodo de desarrollo industrial, el aumento de los contenidos de mercurio en el medioambiente. Porque, en efecto, las propiedades tan peculiares de ese metal, habían propiciado innumerables aplicaciones tecnológicas, tanto en la industria química (producción de cloro y de sosa cáustica o fabricación de baterías alcalinas), como en la elaboración de pigmentos (pinturas especiales para la náutica que evitan la formación de algas en las quillas), la fabricación de instrumentos de medida (termómetros, barómetros, etc.), de equipamientos eléctricos (principalmente lámparas de vapor de mercurio e interruptores), en la industria armamentística y de explosivos (principalmente para la obtención de fulminatos), la industria agropecuaria (elaboración de fungicidas) y hasta en la industria médica (desinfectantes como el mercurocromo y los empastes dentales).
Las pruebas más concluyentes del progresivo aumento en la contaminación por mercurio, fueron localizadas en los sedimentos lacustres de los países septentrionales de América y de Europa, donde los estratos recientes tenían niveles más altos que los anteriores. El lógico impacto por la combinación entre las intoxicaciones masivas y los estudios mencionados, dio lugar a que el mercurio pasase de ser un metal profusamente utilizado, a quedar completamente proscrito. En la actualidad, existe desde marzo de 2012, una normativa aprobada por el Consejo de la Unión Europea, que prohíbe la extracción y comercialización de cualquier compuesto que contenga mercurio.
El lógico impacto por la combinación entre las intoxicaciones masivas y los estudios mencionados, dio lugar a que el mercurio pasase de ser un metal profusamente utilizado, a quedar completamente proscrito. En la actualidad, existe desde marzo de 2012, una normativa aprobada por el Consejo de la Unión Europea, que prohíbe la extracción y comercialización de cualquier compuesto que contenga mercurio.
Pero la normativa aprobada por cualquier organismo, por muy elevado y multinacional que sea su rango, no tiene autoridad para modificar la naturaleza. El mercurio, siguiendo los dictados que imponen las propias leyes de nuestro planeta, sigue surgiendo de las profundidades rocosas de la Tierra y los volcanes se encargan de expulsarlo a la atmósfera, pudiendo viajar luego miles de kilómetros, arrastrado por el viento, hasta caer depositado en el suelo o en el agua del mar. Por eso, aunque en ínfimas cantidades, todos los suelos del planeta y las aguas de todos los mares del mundo, contienen mercurio. A veces, de cuando en cuando, la prensa nos sorprende con noticias sobre hallazgos de trazas de mercurio en plumas de aves marinas o en las entrañas de pescados, atribuyendo automáticamente su origen a la contaminación antropogénica. Pero en realidad, lo raro sería que, viviendo en un medio marino, estuviesen libres de mercurio.
Todos los suelos del planeta y las aguas de todos los mares del mundo, contienen mercurio
Por otra parte, determinados tipos de rocas, como por ejemplo las pizarras (esas que se fragmentan en forma de lajas y se utilizan con frecuencia a modo de tejas), suelen tener un elevado contenido en mercurio, por encima del umbral de contaminación según la normativa de la mayor parte de los países del mundo. Imaginemos por un momento que esas pizarras, se encuentren a nivel de la superficie terrestre, y que como consecuencia de la alteración producida por los meteoros atmosféricos y la humedad, se hayan ido degradando hasta formar un suelo. O también, que sobre el suelo de una zona cualquiera hayan precipitado cantidades significativas de mercurio, proveniente de una lejana erupción volcánica. En cualquiera de los dos casos, si se iniciase una actividad industrial o minera sobre ese suelo, al realizar los reglamentarios controles medioambientales, cuando se verificase su contenido en mercurio, sería erróneamente considerado (como ha ocurrido cientos de veces en muchos lugares del mundo) contaminado por la actividad humana, aún y cuando el mercurio detectado llevase allí cientos o miles de años .
Determinados tipos de rocas, como por ejemplo las pizarras (esas que se fragmentan en forma de lajas y se utilizan con frecuencia a modo de tejas), suelen tener un elevado contenido en mercurio, por encima del umbral de contaminación según la normativa de la mayor parte de los países del mundo
Sin lugar a dudas, diferenciar el posible origen natural del metal supuestamente contaminante, es una tarea imposible si no se dispone de valores de referencia anteriores a la actividad que se quiere controlar. Pero además, también es muy complicado determinar la toxicidad de la sustancia contaminante si no se conoce la forma química bajo la cual se presenta. En realidad, para que una sustancia pueda ser considerada tóxica, no basta que contenga ciertas cantidades de un determinado elemento, es necesario que dicho elemento se encuentre dentro de una estructura química que sea soluble o asimilable por los organismos vivos.
En realidad, para que una sustancia pueda ser considerada tóxica, no basta que contenga ciertas cantidades de un determinado elemento, es necesario que dicho elemento se encuentre dentro de una estructura química que sea soluble o asimilable por los organismos vivos.
Conviene recordar aquí, que algunos elementos como el oro, la plata o el platino, tienen dificultades para combinarse con el oxígeno, no forman óxidos y pueden aparecer libres en la naturaleza. Ese es el caso también del azogue, que en condiciones naturales muy raramente forma óxido de mercurio, ya que necesita gran aporte de calor o del ataque con ácidos para poder formarse.
Desde un punto de vista muy general, puede decirse que los óxidos, los hidróxidos o los compuestos orgánicos que de ellos pueden derivarse, son asimilados con mucha más facilidad por los seres vivos que otras sustancias como por ejemplo los sulfuros, los silicatos o los metales libres, que pueden permanecer inertes en el suelo o en el fondo de ríos, mares y lagos durante miles de años. Este es precisamente el caso del mercurio, que como sulfuro o como metal libre, puede permanecer estable durante periodos de tiempo larguísimos. Y, en este último caso, aunque se detecte su presencia en un suelo en cantidades significativas, su toxicidad sería inocua.
Pero el tipo de análisis necesarios para determinar la formula exacta del compuesto químico del agente contaminante, muy raras veces se realiza. La práctica habitual se limita a detectar la presencia del mercurio, sin precisar si aparece como metal aislado, o formando parte de un compuesto inorgánico u orgánico, lo que implica importantísimas diferencias sobre su comportamiento en el medioambiente, así como sobre su verdadera capacidad tóxica y contaminante. En otras palabras, que cuando se localizan valores elevados de mercurio en un suelo, es posible que se estén considerando erróneamente como contaminadas áreas donde exista exclusivamente mercurio metálico, de origen natural, que al aire libre resultaría completamente inerte e inocuo. O también puede ocurrir lo contrario. Es decir, que si los umbrales seleccionados no son idóneos, se cataloguen como libres de contaminación algunas áreas con contenidos de mercurio muy bajos, pero que al tratarse de componentes orgánicos, resulten realmente tóxicos.
Pero aún hay más, porque además de las consideraciones anteriores, el mercurio, en su forma metálica y por sus especialísimas propiedades (es líquido a temperatura ambiente y fácilmente vaporizable), tiene otras connotaciones para la salud humana. Debe recordarse también que el grado de toxicidad de una sustancia depende no sólo del estado físico – químico bajo el que se presenta, sino también de su vía de exposición. Nuestro organismo no absorbe el mercurio metálico a través de la piel, ni tan siquiera por vía intestinal, ya que su capacidad de disolución es tan baja que si es ingerido, puede atravesar el tracto digestivo sin causar daños. Así lo atestigua el hecho de que millones de personas, habiendo llevado durante años empastes de amalgama de mercurio en su dentadura, no hayan tenido ningún tipo de problema. Yo mismo puedo atestiguar este hecho, ya que llevo un par de esos empastes desde mi adolescencia, sin haber experimentado nunca la más mínima dificultad. Incluso, durante los casi tres lustros que trabajé en una empresa minera dedicada a la extracción del mercurio, estando sometido a preceptivos y rigurosos controles de mercurio en sangre y orina, mis resultados analíticos fueron siempre absolutamente normales.
Sin embargo, en contraposición a lo que ocurre por vía digestiva, la inhalación de vapores de mercurio puede producir serios daños al organismo. Un ejemplo burdo, pero que puede resultar ilustrativo, lo podemos encontrar en la sílice, el componente habitual en la arena de muchas playas. Tumbados al sol, con nuestra piel en contacto con ella, es totalmente inocua. Incluso si se ingiere (¡cuántos niños no habrán tragado involuntariamente arena, jugando en la playa!), no causa ningún efecto perjudicial. Pero sin embargo, la exposición continuada al polvo de sílice en el interior de una mina o una cantera, produce daños irreparables en los pulmones por silicosis.
Algo similar ocurre con el vapor de mercurio, aunque para que esos daños aparezcan, se requiere que su inhalación se produzca de forma prolongada, cotidianamente y en atmósferas con elevadas concentraciones, como las que existen en las explotaciones mineras subterráneas, en el entorno de plantas metalúrgicas de producción de mercurio o durante la recuperación de metales preciosos por el método de la amalgamación. La inhalación ocasional o esporádica (como la que se producía por la rotura doméstica de un termómetro), es inocua.
Actualmente, pesar de las prohibiciones oficiales para su utilización, existe una actividad en la que de forma totalmente ilegal, se continúa utilizando profusamente el mercurio: la minería artesanal del oro en países subdesarrollados. En efecto, la capacidad que tiene el mercurio para amalgamarse con ese precioso metal, hace que este proceso constituya un método rudimentario, pero eficiente y económico, para que mineros artesanos sin recursos ni capacidad tecnológica, puedan extraerlo de las rocas, donde suele encontrarse en cantidades mínimas, de tan sólo unos pocos gramos de oro por tonelada. Para ello, debe molerse la piedra hasta reducirla a una fina arenilla, mezclarla con el mercurio para que, amalgamándose, extraiga las finas partículas doradas, y después, calentar la torta de amalgama resultante para que el mercurio se evapore y quede un residuo sólido mayoritariamente compuesto por oro.
Se ha estimado que, entre trabajo directo e indirecto, unos 100 millones de personas en todo el mundo viven de esta actividad. De acuerdo con numerosísimos informes elaborados, tanto por organismos internacionales como por ONGs y los propios gobiernos de cada estado, las consecuencias que acarrea esta actividad son dramáticas. En primer lugar el impacto en la salud de los mineros y sus familias, que durante el proceso de amalgamación y del calentamiento de la torta, respiran los vapores de mercurio sin ninguna protección. Con muchísima frecuencia, las secuelas de esta actividad se expanden al conjunto de los habitantes de los poblados mineros, ya que la totalidad del proceso suele realizarse en la proximidad de las viviendas.
Y en segundo lugar, esta actividad, además de ser ilegal en la mayor parte de los casos (los mineros suelen trabajar sin licencia), tiene terribles consecuencias sobre el medioambiente. Es muy frecuente que se produzcan graves alteraciones de los ecosistemas en el entorno de las áreas mineras como consecuencia de talas incontroladas, la turbidez inducida en las aguas por la molienda y lavado de las rocas, el polvo que se emite al aire en algunos casos, y un largo etcétera, además de la supuesta contaminación por mercurio que constituye el objeto de este artículo. Porque son innumerables los estudios que han concluido afirmando que cuando el mercurio metálico llega a los ríos próximos, genera productos orgánicos solubles, altamente tóxicos, que son absorbidos por los seres vivos, tanto de la flora como de la fauna, y que llegan a afectar también a la salud de las personas que habitan aguas abajo, quienes llegan a intoxicarse por vía indirecta al consumir pescados contaminados.
Pero es necesario recordar aquí que la inmensa mayoría de esos estudios adolecen de las limitaciones antes mencionadas. Es decir, que carecen de valores geoquímicos de fondo para conocer el posible origen natural del mercurio detectado, y también de métodos de análisis adecuados para establecer la forma química (orgánica o inorgánica) bajo la que se presenta el mercurio. En la mayor parte de los casos, se detecta la presencia de mercurio y se asume la presencia de compuestos orgánicos, pero sin poder afirmarlo con seguridad por falta de datos analíticos fiables. En la práctica, entonces, es posible que el supuesto contaminante detectado se trate de mercurio metálico adsorbido en las arcillas en suspensión, o en los barros que ingieren los seres vivos.
Además, superponiéndose a la carencia analítica arriba mencionada, todos los estudios de evaluación de impacto ambiental por mercurio en zonas mineras artesanales, se basan en un modelo único, según el cual, el vapor de mercurio, al caer al suelo y al agua, es metabolizado por bacterias, transformándose en compuestos orgánicos. Y es precisamente este proceso de conversión el que, desde el punto de vista geológico, plantea serias dudas. Es posible que ese mecanismo pueda ser operativo en el entorno de áreas industriales, donde la contaminación por mercurio proviene de materiales oxidados o químicamente procesados. Sin embargo, no parece aplicable al mercurio metálico que utilizan los mineros durante la extracción del oro. O al menos, no parece científicamente correcto que sea extrapolado de forma generalizada (como se está haciendo en la actualidad) al conjunto del planeta, ya que existen sólidas evidencias que dejan en entredicho al modelo y las interpretaciones que de él se derivan.
De nuevo, como ocurría en el artículo anterior con Riotinto, el mejor lugar del mundo para evaluar el comportamiento del mercurio metálico en la naturaleza, lo tenemos también en nuestro territorio, en este caso en la provincia de Ciudad Real. El yacimiento de mercurio de Almadén es un caso excepcional en la historia mundial de la minería. Explotado ininterrumpidamente desde la época romana hasta los albores del siglo XXI, de su mina se han extraído más de 20 millones de litros de mercurio, equivalentes a un tercio de todo el mercurio consumido por la humanidad a lo largo de los siglos. Ningún otro yacimiento de cualquier metal, en todo el mundo, puede ostentar, ni de lejos, un récord comparable. Esta situación de primacía le ha permitido jugar un papel importantísimo en la economía y en la historia durante siglos, lo que le ha valido ser declarado Patrimonio de la Humanidad.
Vista panorámica de Almadén (Ciudad Real, España)
Pero aunque la dilatada trayectoria del yacimiento de Almadén es apasionante, lo que aquí nos interesa, como contrapunto a los presuntos impactos medioambientales del mercurio metálico, es su historia geológica. Hace 435 millones de años, a 45 kilómetros de profundidad, se inició el ascenso de una masa rocosa parcialmente fundida. Cuando llegó a la superficie, en el lugar donde hoy se encuentra Almadén, existía un mar tropical, tranquilo y poco profundo, en cuyo fondo se formó un cráter volcánico, acompañado de emanaciones gaseosas y fuertes explosiones. Algunos de aquellos gases (azufre y mercurio) se combinaron entre sí para formar el cinabrio (sulfuro de mercurio también conocido como bermellón), que rellenó los huecos entre los granos de arena del fondo marino, del mismo modo (aunque mucho más despacio) que el agua ocupa los poros entre los granos de arena de la playa cuando una ola se retira.
Las emanaciones gaseosas de aquel volcán tenían una formidable riqueza en mercurio. Tanta, que no existía suficiente azufre para combinarse con él y una buena parte del mismo quedó libre, condensándose en pequeñas gotas, ágiles y vivaces, que se escurrieron por cualquier orificio que le salió al paso. Cuando cesó la actividad volcánica, el cráter volcánico y la masa de arenas mineralizadas, fueron quedando enterrados progresivamente por varios miles de metros de sedimentos, durante un largo proceso que duró más de cien millones de años.
Algo más tarde, por el caprichoso movimiento de las placas de la corteza terrestre, se levantó una nueva cordillera, cuyas montañas comenzaron inmediatamente a ser atacadas por la erosión, los efectos del viento, el hielo, la nieve y la lluvia. Con una relativa rapidez (en términos geológicos, tan sólo unos pocos millones de años), el relieve adquirió una configuración muy similar al paisaje actual. Las rocas más resistentes ocuparon las crestas de las sierras y en la cima de uno de aquellos montes, si hubiese habido alguien para verlo, podría haber observado unas vetas brillantes de color rojo escarlata, el cinabrio que más tarde sería extraído de la mina de Almadén. Pero aún tendrían que pasar otros trescientos millones de años, antes de que apareciesen los hombres para empezar a explotar ese mineral.
Desde el punto de vista medioambiental, lo que esta abreviada historia geológica nos indica, es que durante trescientos millones de años, el yacimiento de Almadén ha estado en contacto con el agua superficial y subterránea. Y sin embargo, esta larga exposición no ha causado ningún impacto que pueda detectarse en la flora, en la fauna, ni tampoco en la salud de sus habitantes. Por supuesto, de esta afirmación deben exceptuarse a los mineros que, durante siglos, se vieron forzados a respirar los vapores de mercurio en el interior de la mina.
Ante esta situación, un geólogo suspicaz no tiene más remedio que hacerse una pregunta. Si la mayor concentración de mercurio del planeta, que ha estado en contacto con el agua durante un periodo de tiempo tan dilatado, no ha formado derivados orgánicos de mercurio ni contaminado su entorno, ¿cómo es posible que las pequeñas cantidades de mercurio que usan los mineros artesanales tengan impactos medioambientales tan inmediatos? Si aplicásemos al entorno de esa mina, los mismos criterios que se están utilizando en las evaluaciones ambientales de las áreas amazónicas donde existe actividad minera artesanal, la comarca de Almadén debería estar infestada de compuestos orgánicos de mercurio desde hace millones de años. Y la contaminación debería haberse extendido hasta el Atlántico a través de la cuenca hidrográfica del Guadiana.
Sin embargo, estos efectos son totalmente inexistentes. A pesar de que la pesca forma parte de las actividades habituales de sus habitantes (incluyendo los crustáceos, especialmente sensibles a la contaminación por mercurio, como los cangrejos de río), no hay registrado ni un solo caso de intoxicación, ni en el entorno de la mina ni en las comarcas situadas aguas abajo. Incluso, los análisis sistemáticos que se realizan en los cauces fluviales en el entorno del yacimiento, indican valores situados dentro de los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
Es posible que estos argumentos geológicos sean difícilmente comprensibles para quien no esté acostumbrado a los exagerados periodos de tiempo, siempre hablando de millones de años, que usan los geólogos, y pueden parecer especulativos o poco fiables. Pero hay otras evidencias igualmente concluyentes, más inmediatas y de comprensión más asequible. Veamos un par de situaciones muy ilustrativas.
La primera de ellas nos la proporciona un naufragio. Hace ahora casi tres siglos, en 1724, el galeón español Guadalupe, que transportaba 230 toneladas de mercurio en sus bodegas, se refugió en la bahía de Samaná, en la República Dominicana, huyendo de la furia de un huracán, pero resultó inútil y terminó naufragando. Allí ha permanecido hasta hoy, hundido bajo las aguas, a 8 metros de profundidad, hasta que hace unos años fue localizado y gran parte de su carga fue rescatada.
Debe recordarse que ese tipo de transporte era muy habitual, el mercurio era imprescindible para beneficiar el oro y la plata de las minas americanas. La metodología de transporte de la época consistía en introducir el azogue en sacas de cuero, alojadas dentro de pequeños barriles, que a su vez iban encajados de tres en tres en el interior de sólidas cajas de madera, tal y como puede verse en la fotografía adjunta, publicada por National Geographic. Pero aquel embalaje no estaba concebido para mantener la estanqueidad durante una inmersión tan larga, e inevitablemente, el mercurio ha estado casi tres siglos en contacto con el agua.
Hace unos años, por cuestiones de trabajo, tuve que visitar el Ministerio del Medioambiente de la República Dominicana y aproveché la ocasión para preguntar sobre el posible impacto ambiental de aquel naufragio. No había ninguna constancia, a pesar de tratarse de un área donde las actividades pesqueras son habituales, de una sola intoxicación o problemas medioambientales generados por esas 230 toneladas de mercurio. La estabilidad demostrada por el azogue después de permanecer tanto tiempo sumergido, sugiere que, si a mediados del siglo XX, en la bahía de Minamata, en lugar de productos químicos derivados del mercurio, se hubiese vertido azogue líquido, no hubiese ocurrido ninguna catástrofe.
La segunda evidencia nos la proporciona la misma mina de Almadén, cuyas labores llegaron hasta los 700 metros de profundidad y que ha estado en actividad hasta el año 2002. Al cesar la explotación e interrumpirse el bombeo, se ha ido inundando lentamente, como ocurre con todas las minas cuando los trabajos se detienen. La abundantísima documentación sobre la historia de su laboreo, acredita que durante los siglos XVII y XVIII, hubo que dejar sin extraer una gran cantidad de mineral de altísima calidad, que no pudo ser explotado por las limitaciones técnicas de la época. Simplemente, la veta era excesivamente ancha para que se pudiese extraer en su totalidad sin causar derrumbes.
Eso quiere decir que, desde el cierre de la mina, el agua que se ha ido acumulando en túneles, pozos y galerías, está en intimo contacto con los miles de toneladas de cinabrio y de mercurio metálico que quedaron sin explotar. Sin embargo, los rigurosos análisis, periódicos y sistemáticos, que desde hace años se están realizando en las aguas del interior de la mina, así como en las aguas superficiales, subterráneas y manantiales de su entorno, no han detectado contenidos de mercurio que puedan considerarse como peligrosos, de acuerdo con la normativa medioambiental y sanitaria en vigor. Es inevitable preguntarse entonces ¿qué está ocurriendo? Si los modelos ambientales aplicados son ciertos, ¿cómo es posible que en el enclave del planeta donde se ha concentrado espontáneamente la mayor cantidad conocida de azogue, después de dos décadas de contacto íntimo con el mercurio, el agua no contenga valores de riesgo para la salud?
Nadie duda, es indiscutible, que el mercurio puede ser altamente tóxico y muy perjudicial para el medioambiente cuando se presenta en forma de compuestos orgánicos. También es incuestionable que respirar sus vapores es muy dañino. Pero el comportamiento del mercurio en la comarca de Almadén arroja serias dudas sobre las implicaciones ambientales que sistemáticamente se le atribuyen. Los estudios realizados en varios lugares del mundo, especialmente en las zonas lacustres de los países nórdicos de Europa y América, indican que pueden formarse compuestos mercuriales orgánicos muy tóxicos mediante procesos espontáneos y naturales. Pero es posible que dichos procesos estén favorecidos por las particulares condiciones físico-químicas de esos entornos, o también, por el tipo de material fuente que aporta el mercurio (óxidos, hidróxidos, compuestos industriales, etc.).
Pero las conclusiones obtenidas en esos entornos lacustres no pueden ser aplicadas sistemáticamente a todos los lugares del mundo, sin más comprobaciones. Si se extrapolase a la comarca de Almadén la metodología al uso en cualquiera de los estudios medioambientales realizados en la inmensa mayoría de los distritos artesanales mineros, esta debiera ser la zona más contaminada en mercurio de todo el planeta. Y, sin embargo, la realidad indica todo lo contrario. ¿Cómo explicar que el vertido de pequeñas cantidades de mercurio en el medio acuático en un arroyo de la cuenca amazónica, cause graves y rapidísimos efectos, mientras que en la comarca de Almadén, las consecuencias de millones de toneladas de mercurio interactuando con el medioambiente durante millones de años sea inocuo? Es evidente que algo falla en los protocolos y en las sistemáticas que se están aplicando actualmente y que, al menos en algunos casos, su enfoque metodológico es inadecuado y presenta carencias de la información mínima requerida.
Es evidente que algo falla en los protocolos y en las sistemáticas que se están aplicando actualmente y que, al menos en algunos casos, su enfoque metodológico es inadecuado y presenta carencias de la información mínima requerida.
Esta conclusión lleva inevitablemente a pensar que los cientos de millones de dólares que anualmente se están dedicando a combatir supuestos efectos medioambientales, podrían estar mejor empleados. Resulta evidente que el comportamiento del mercurio metálico en la naturaleza aún no es bien conocido en todos los entornos. Sería más eficaz profundizar en ese conocimiento para poder aplicar una metodología de evaluación ambiental realmente eficiente, en lugar de poner en práctica sistemáticas que, al menos en algunos casos, no se ajustan al comportamiento real de la naturaleza. Para ello, para investigar y verificar el comportamiento del azogue, Almadén y su comarca constituyen un laboratorio natural perfecto. No existe en el planeta otro lugar más adecuado para dilucidar los interrogantes y contradicciones planteados sobre los verdaderos efectos contaminantes del mercurio metálico. Como mínimo, sería esencial averiguar cuáles son los parámetros físico-químicos que inducen, en esa comarca, un comportamiento del azogue aparentemente tan distinto a otros lugares del mundo. O, ¿podría ser que esté ocurriendo lo contrario? ¿No será que en realidad ese comportamiento no está siendo correctamente comprendido ni bien interpretado?
Las personas interesadas, pueden obtener información adicional sobre la historia del distrito minero de Almadén y el uso del mercurio en la minería artesanal del oro, respectivamente, en:
Como todos ya sabemos, la Navidad está a la vuelta de la esquina. Esa etapa que, con tanta ilusión y alegría, es esperada por unos (aunque no tanto por otros). Esa época mágica donde los sueños e ilusiones se hacen realidad, momentos únicos de encuentros tan deseados, momentos de lágrimas, de alegría, de abrazos, de sentimientos e ilusiones, de celebración, reencuentro con los seres queridos, como esos hijos que quedaron allá en tierras lejanas por motivos diversos y que esta época nos permite volver a verlos y poder abrazar.
La Navidad también es nostalgia de un tiempo que vivimos y que siempre recordaremos: nuestra infancia. Año tras año nos lo transmiten tantos objetos con recuerdos de antaño como esas bolas de cristal, nacimiento, reyes y pastores, panderetas, castañuelas y zambombas, viejas cajas de hojalata que, cuando íbamos a casa de los abuelos, corríamos hasta ellas en busca de esas deliciosas galletas y que siempre… ¡Oh! ¡¡Sorpresa!! descubríamos llenas de carretes de hilos. Nostalgia de un tiempo de infancia, de sentimientos y de emociones.
Cuantos recuerdos nos traen estas fechas de aroma a canela, anís, a castañas asadas, a boniatos, pastelitos, polvorones, mazapanes, a galletas recién horneadas que hacíamos con la abuela (siempre con su delantal) que tanto la caracterizaba, con sus manos arrugadas pero hábiles. Recuerdos y momentos llenos de ternura, de amor, de belleza en el corazón… aromas que impregnaban la cocina… de tradiciones familiares que se llevan en el alma.
Y esa comida en casa de los abuelos el día de Navidad, donde nos reuníamos tíos y primos y que los abuelos decoraban año tras año con tanto esmero, dedicación y delicadeza esperando nuestra llegada, dándole esa calidez que nos quedó grabada. Y esa deliciosa comida cuyas recetas conservamos y que son joyas familiares de herencia de abuelas, madres, hijas y nietas.
Esas mesas que con tanta delicadeza, detalle y esmero preparaban. Aprendamos pues de ellas y preparemos la casa y la mesa para la fiesta más bonita del año.
Porque Navidad es cuando empiezas a pensar en vestir esa mesa dónde transcurrirán grandes momentos entorno a ella que será la protagonista de estas fiestas.
Y empiezas por dejar volar la imaginación en la elección del mantel (el mejor vestido que se le puede poner) porque también se pueden hacer mesas desmanteladas, pero de eso ya hablaremos más adelante…
Yendo por pasos, os dejo el orden en qué he preparado la siguiente presentación:
Colocaremos primero el muletón que es una tela afelpada y gruesa de algodón o lana que se coloca bajo el mantel, aumentando la sensación de confort durante la comida y que ayuda a evitar golpes o ruidos en la vajilla, además de ser un protector cuando se cae algún líquido sobre la mesa.
Seguidamente colocaremos el mantel bien planchado y con un toque de almidón (al igual que las servilletas) dándole ese acabado que dará prestancia a la mesa. He elegido un mantel blanco adamascado en Jacquard y servilletas a juego, todo un básico y fondo de armario, ya que un look en blanco ayudará a destacar la vajilla y la cristalería: siendo un color sinónimo de elegancia, que añadiéndole un toque de color en los complementos, romperá esa monotonía del color blanco y que combina muy bien con el color oro (color atemporal) del filo dorado de la vajilla.
Luego empezaremos colocando los bajoplatos como os demuestro en esta imagen.
Bajoplatos
A continuación, los platos y cubiertos. La vajilla es algo muy importante también en una mesa de fiesta. He elegido ésta en blanco y azul cobalto con escudo, de líneas sobrias. Y los cubiertos en color oro en armonía con el resto de la mesa.
Vajilla y cubiertos
En cuanto al centro de la mesa se pueden colocar adornos navideños como por ejemplo estos ciervos, dándole un toque de distinción ya que va a ser una mesa festiva. Pero también se le podría colocar algo verde (como pino, abeto, acebo, ciprés…..), frutas, plantas como la Flor de Pascua (tan alusiva a estas fiestas) y unas velas que nunca deben falta, sobre todo en Nochebuena.
En la decoración central hay que tener especial cuidado que no sea demasiado alta para que no obstaculice la relación entre los comensales, ni sobrecargada si hay que servir aperitivos y demás en la mesa.
Si la mesa es ancha, no hay problema para servir aperitivos al centro de la mesa junto con la decoración. Y si la mesa fuera estrecha (como es mi caso), resulta complicado combinar ambas cosas. Por lo que yo opto por recibir con una copa de bienvenida en el salón donde se encuentran preparados los aperitivos, mientras se va charlando y creando ambiente para luego pasar a mesa donde se sirve la comida o cena.
Se añaden otros complementos, como los platitos para el pan o los puestos de mesa. En esta mesa puse los ángeles a juego con la decoración del árbol de Navidad, en cuyos tarjeteros pueden escribirse el nombre de cada comensal o bien una frase como Bon Appétit para poder utilizarlos en próximas ocasiones.
Y ya se van colocando la cristalería y las servilletas:
Las servilletas se colocarán sobre el plato o al lado de éste según se quiera destacar (ya hablaremos sobre este tema en próximas publicaciones).
Espero os haya servido de ayuda, no tanto para los que ya domináis este maravilloso mundo de las mesas. Pero siempre se pueden coger ideas… Y si tenéis curiosidad, iré colgando más mesas en mi cuenta de Instagram por si a alguien le puede interesar.
Esta vez os he presentado una mesa elegante. En unos días y en mi próximo artículo, os presentaré una mesa informal con mantel de color verde Navidad, para que veáis otras posibilidades vistiendo una mesa.
Y como dice Freya Stark: la Navidad no es un evento externo en absoluto, sino un pedazo de la casa que uno lleva en el corazón.
René Descartes (1596-1650), padre de la Filosofía moderna, concibió un planteamiento de resolución de problemas fundamentado de modo exclusivo en la razón, sin intervención de factor alguno ajeno a la capacidad humana para obtener soluciones a cualquier tipo de controversia. El método, de evidente raíz matemática, conlleva la ubicación de cualquier respuesta en el interior del intelecto humano, alcanzando la certeza y la explicación de todos los conceptos por medio de la deducción.
Con Descartes se origina el iusnaturalismo racionalista, haciendo del razonamiento humano la base de la legitimidad del Derecho y por ende de la norma escrita, configurando un Derecho Natural innato en el hombre, vinculado a su esencia, y no imbuido desde una fuente ajena, como la revelación de los escolásticos. La verdad de Descartes es, bien una certeza a la que se llega por el razonamiento (y si no se alcanza, tal certeza o verdad no existe) o bien por el innatismo, pues existen ideas con las que el hombre nace y que se acreditan a medida que las razona en el contexto de su madurez y experiencia. Sólo es necesario pensar y aplicar el método deductivo para demostrar la verdad.
Sólo es necesario pensar y aplicar el método deductivo para demostrar la verdad
Desde un punto de vista procesal, el método cartesiano es determinante en la valoración de la prueba, y en su práctica surgen todos y cada uno de los principios del sistema racionalista sentados por Descartes: se parte de la duda metódica y universal, en el caso del proceso esta duda consiste en la existencia y verdad del hecho objeto de enjuiciamiento, y es por medio del mecanismo de la deducción o inferencia mediata a través de hechos colindantes de donde se extrae la verdad de lo acontecido, acreditando el hecho, determinándose de este modo su carácter de hecho probado y con ello la integración del tipo objetivo del injusto, en el caso del proceso penal.
René Descartes
No se trata de adquirir la certeza del hecho a través de la mera intuición (es decir, a través de la revelación), sino de forma deductiva, aplicando la argumentación y el razonamiento a aquellos factores concomitantes y simples que combinados entre sí conllevan a acreditar la existencia del hecho. Sólo a través de la inferencia deductiva, del razonamiento, que resulta mediata por cuanto surge de la consideración de varios elementos objetivos, se llega al grado de confirmación de la verdad a través de una conclusión.
Sólo a través de la inferencia deductiva, del razonamiento, que resulta mediata por cuanto surge de la consideración de varios elementos objetivos, se llega al grado de confirmación de la verdad a través de una conclusión.
Como se ve, Duda, Deducción y Conclusión son los fundamentos del método de René Descartes y la base de la práctica de la prueba en el proceso. Y, desde una perspectiva aún más elevada, los mismos conceptos resultan de aplicación al fundamento del proceso penal, pues la presunción de inocencia es la plasmación jurídica de la duda metódica y universal, siendo preciso demostrar la verdad de la culpabilidad (hecho dubitado) a través del razonamiento acusatorio (deducción) que conlleve a la condena en sentencia (conclusión).
“Para ser un buscador de la verdad es necesario que al menos una vez en tu vida dudes, tanto como sea posible, de todas las cosas”
Cuando inicié esta serie de artículos, dedicados a problemáticas relacionadas directa o indirectamente con la Geología, manifestaba explícitamente a modo de declaración de intenciones, que el objetivo perseguido no era otro que abordar algunos problemas de interés general desde una perspectiva diferente. La iniciativa surgió como consecuencia del hartazgo acumulado durante décadas, al comprobar (un día sí y otro también), como informaciones con trasfondo o implicaciones geológicas, eran con muchísima frecuencia incorrectamente tratadas en los medios de comunicación. O incluso, también en informes técnicos y normativas oficiales se daban a menudo este tipo de negligencias, omitiendo la evaluación del contexto geológico de muchas situaciones, lo que hubiese permitido evitar errores.
Esta perspectiva, que como hemos visto en artículos anteriores, es aplicable al calentamiento global o a la interpretación del agujero de ozono, se hace también evidente para la evaluación de áreas contaminadas, un problema cuya solución depende exclusivamente de los seres humanos, los únicos responsables del aspecto sucio y lamentable que presentan muchas áreas de nuestro querido planeta. Para evitar cualquier malentendido, es necesario recordar una vez más, que es tan imprescindible como urgente poner freno a la contaminación que nos rodea. Pero esa urgencia no excluye que las tareas de limpieza y de control deban hacerse en conformidad con las leyes de la naturaleza, analizando los problemas desde todos los ángulos y teniendo en cuenta todas las variables.
Para empezar, debe aclararse una cuestión sobre la que existe cierta confusión, ya que a veces se tiende a confundir contaminación con toxicidad. Es absolutamente cierto que muchas veces el aire, las aguas o los suelos contaminados pueden resultar tóxicos, pero no siempre la toxicidad es debida a la contaminación. Hay ocasiones en que la propia naturaleza puede ser venenosa o peligrosa para la salud, sin que ello implique ninguna alteración nociva producida por la mano del hombre. Eso es lo que ocurre, por ejemplo, en los alrededores de muchas zonas volcánicas, donde aparecen emanaciones venenosas. O en el entorno de algunos yacimientos minerales, donde existe una concentración de metales, formada espontáneamente, sin que pueda esgrimirse la presencia de ningún proceso contaminante.
Resulta muy curioso que en estos casos, algunos especialistas medioambientales, a pesar de reconocer que el origen de la toxicidad tiene causas naturales, etiquetan la situación como consecuencia de un proceso de contaminación natural, denominación que encierra un grave contrasentido. Si entendemos por contaminación la modificación artificial de la composición o naturaleza de una cosa, en el caso de que la toxicidad forme parte de la propia naturaleza, no puede ser considerada como contaminante. A no ser que, de forma totalmente contradictoria, consideremos que la naturaleza sea capaz de contaminarse a sí misma.
Esta especie de arbitrariedad conceptual es debida en parte a la diferente sensibilidad que existe hacia la toxicidad de las sustancias naturales según su origen. Tienden a tratarse los venenos animales o vegetales de un modo más amable o permisivo que los productos del inanimado reino mineral. Si la sustancia tóxica consiste en valores nocivos de arsénico, mercurio, uranio u otros elementos en las rocas, como consecuencia de un proceso mineralizador, se dirá que ha existido una contaminación natural. En cambio, si proviene de un ser vivo (el veneno de un escorpión o de una mortífera seta), las connotaciones negativas desaparecen, ya que esas ponzoñas forman parte de la biodiversidad, aunque en sentido estricto unos y otros han sido creados por la propia naturaleza.
También es verdad que esa tendencia permisiva hacia la toxicidad de los seres vivos, desaparece de forma egocéntricamente radical, si los intereses particulares o la comodidad del ser humano se ven seriamente afectados. Cuando se trata de erradicar a las ratas que infestan el subsuelo de nuestras ciudades, al bacilo de Koch o el virus del COVID, nadie se acuerda de la biodiversidad.
Dejando aparte disquisiciones semánticas, en la mayor parte de los países se han articulado normativas legales que delimitan los niveles de riesgo para la salud o el medio ambiente de las sustancias consideradas como contaminantes. Así, se han establecido los valores máximos (umbrales) que, para cada elemento o sustancia, pueden estar contenidos en cada entorno. Cualquier medio (agua, suelo, aire, etc.) que contenga valores superiores a los umbrales establecidos en la normativa, es catalogado como contaminado, y por lo tanto peligroso por su potencial toxicidad, ya sea a corto, medio o largo plazo. Pero establecer estos umbrales no es una tarea sencilla. Si esos valores límite no han sido cuidadosamente seleccionados, en conformidad con las leyes de la naturaleza, su aplicación puede plantear importantes problemas prácticos, convirtiendo las normas en inaplicables, o incluso en aberrantes.
La geoquímica es la especialidad de la geología dedicada al estudio de la composición química de la corteza terrestre. Gracias a ella, tal y como ha sido corroborado en los análisis de miles y miles de muestras de rocas del planeta, sabemos que todos, absolutamente todos, los elementos químicos del sistema periódico están presentes en todos los sitios, aunque en la mayor parte de los casos se trata de cantidades infinitesimales, totalmente inapreciables. Sin embargo, algunos tipos de rocas tienen afinidad por determinados elementos, que suelen concentrarse en su interior, alcanzando valores relativamente altos y que en algunos casos superan los límites legalmente establecidos por la legislación como umbrales de contaminación. Esta situación ocurre con relativa frecuencia para algunos metales como el plomo, el titanio, el cobre, el arsénico o el tristemente famoso mercurio. Este último, por sus graves y polémicas implicaciones medioambientales, será objeto exclusivo de un próximo artículo.
Imaginemos un tipo determinado de roca, un pórfido por ejemplo, que proveniente del interior de la corteza a varios kilómetros de profundidad, ascendió hasta la superficie hace millones de años. Supongamos, como es frecuente en este tipo de rocas, que contiene valores significativamente altos en sulfuro de cobre. Si analizamos dicha roca, aplicando estrictamente la normativa medioambiental en vigor, debería ser tratada como material contaminado, lo cual implica admitir que la naturaleza se ha contaminado a sí misma, o bien algo que tiene aún menos sentido, que hace millones de años existieron fuentes de contaminación. Es evidente que esa calificación carece de sentido y en ese caso, en la práctica, al tratarse de una roca, es fácil discernir que en su composición no ha intervenido la mano del hombre.
Pero imaginemos que ese material rocoso se encuentra a nivel de la superficie terrestre y que como consecuencia del contacto con la atmósfera y las aguas superficiales, se ha ido degradando y descomponiendo poco a poco, hasta convertirse en un suelo sobre el cual crece la vegetación. Durante ese proceso, el cobre contenido en la roca se habrá ido incorporando al suelo, cayendo dentro del rango de valores que la legislación determina como suelo contaminado.
La única manera de discernir entre suelos realmente contaminados y aquellos en los que la naturaleza aporta espontáneamente cantidades significativas de metales, es conocer la composición geológica del subsuelo y determinar los valores que las rocas del substrato aportan al suelo, conocidos técnicamente como valores de fondo geoquímico. Pero en la práctica, esa información sobre el subsuelo casi nunca está disponible. Como consecuencia, en el caso de que se instale una actividad industrial en el área (o si el contenido en cobre es suficientemente alto para que su extracción resulte rentable y se inicie una explotación minera), cuando se analicen los suelos del entorno para realizar los reglamentarios controles medioambientales, y se detecte su elevado contenido en cobre, se considerará inmediatamente contaminado por la actividad humana. Al carecer de valores analíticos de referencia del fondo geoquímico, poco importará que esos valores en cobre estuviesen presentes en ese suelo de forma natural desde miles de años antes de iniciarse la actividad industrial o minera. Y ese tipo de errores ha sido cometido (y se sigue cometiendo) muchas veces y en muchos lugares. Un buen modelo de este tipo de situaciones (quizás el mejor ejemplo a nivel mundial), lo tenemos en nuestro territorio, en la provincia de Huelva, en el Río Tinto, que recibe su nombre por el color rojo de sus aguas.
A pesar de que la zona ha sido objeto de una intensiva actividad minera desde hace 5.000 años (íberos, fenicios, romanos y árabes ya realizaron allí extracción de minerales, que continuó luego desde la Edad Media hasta la actualidad), el color de sus aguas se debió desde sus orígenes a causas naturales. En efecto, las enormes masas de sulfuros que afloraban en las proximidades del del río, fueron lixiviadas (disolución de los metales) por las aguas superficiales y subterráneas que drenaban hacia el Río Tinto. Y todo ese proceso se desarrolló espontáneamente y durante miles de años, en condiciones naturales, mucho antes de que se iniciasen las actividades mineras.
Una interesante curiosidad de este río, es que a pesar de su aspecto contaminado (aquí, el término contaminación natural podrá aplicarse hasta los extremos más radicales), no está exento de vida. En efecto, en sus aguas habitan algas y hongos (algunos de ellos endémicos, exclusivos de este hábitat) que se alimentan sólo de minerales y son capaces de producir oxígeno. Por eso la NASA (en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España), escogió el Río Tinto para estudiar su posible similitud con el ambiente del planeta Marte. Los experimentos desarrollados han confirmado la posibilidad de que determinados tipos de organismos puedan sobrevivir bajo las restrictivas condiciones de aquel planeta.
Volviendo a la gestión medioambiental de la contaminación, no he conocido nunca personalmente a ningún técnico que haya participado en la elaboración de las normativas que establecen los umbrales de contaminación. Y la verdad, me gustaría conocerle para poder preguntarle cuáles son los criterios y las bases técnicas que se utilizan para determinar esos límites. Y así, poder verificar si mis temores son ciertos. Porque sospecho que la información geológica, los fondos geoquímicos antes mencionados, tienen una escasa o nula presencia en la elaboración de esos criterios.
Esas sospechas se basan, además de múltiples casos prácticos similares al anterior ejemplo del cobre, en las especialidades técnicas que se encargan de la gestión medioambiental por todo el mundo. A lo largo de las últimas décadas, por cuestiones profesionales, he tenido la ocasión de contactar con los ministerios y entidades responsables de la gestión medioambiental en muchos países, donde he podido comprobar que predominan de forma abrumadora los biólogos, zoólogos, botánicos, químicos y titulaciones similares, pero donde el conocimiento geológico brilla por su ausencia.
No cabe la menor duda que las especialidades científicas antes mencionadas son indispensables para conocer y controlar las condiciones en las que se desarrolla la vida sobre el planeta. Pero no es menos cierto que algunas de esas condiciones dependen de la composición del sustrato geológico, que forma parte esencial de los ecosistemas y que con mucha frecuencia es ignorado. Y esta omisión, mucho más frecuente de lo que puede parecer, genera interpretaciones erróneas. Veamos un par de ejemplos. Hace aproximadamente tres décadas, en los bosques de la comarca del Maestrazgo, cerca de la costa mediterránea, se detectaron valores altísimos de sulfatos en los suelos. La fuente de aquella contaminación fue inmediatamente identificada: las emisiones de dióxido de azufre, provenientes de la central térmica de Andorra (Teruel).
Los vientos dominantes dirigían hacia allí el penacho de humo de la combustión del carbón, generando la temida lluvia ácida, que deterioraba la calidad de los suelos. Realmente, las condiciones climáticas del Maestrazgo no eran las más propicias para que se formase la lluvia ácida, que requiere climas húmedos y frecuentes situaciones de inversión térmica en la atmósfera, en lugar del semidesértico clima mediterráneo. Pero los datos eran incontestables, los suelos tenían valores de sulfato elevadísimos.
Sin embargo, para aclarar definitivamente la cuestión y conocer el verdadero origen de los sulfatos, hubiese sido suficiente echar un simple vistazo al mapa geológico de la zona. Allí, se hubiese podido comprobar que la roca subyacente, pertenecía a un periodo de la historia de la Tierra denominado Keuper (perteneciente a la era Secundaria o Mesozoica), que se caracteriza por la abundante presencia en sus estratos de un mineral muy común, el yeso. Teniendo en cuenta que la composición química del yeso es el sulfato de calcio, no era de extrañar que en aquellos suelos, desde miles de años antes de que la central térmica iniciase su actividad, abundasen los sulfatos.
El segundo ejemplo, igualmente ilustrativo, es el ocurrido en un país nórdico a principios de la década de los 90. Los hechos tuvieron lugar en un colegio público, cuando una niña, jugando durante el recreo en el patio, cayó y se hizo una pequeña herida que, posteriormente, se infectó. Su padre, preocupado por la causa de la infección, solicitó a las autoridades un análisis del suelo del patio del colegio. Los resultados indicaron que aquella tierra contenía una mínima cantidad de plomo, tan sólo de unas pocas partes por millón. Es decir, un valor completamente normal, que puede encontrarse en el suelo de cualquier lugar del mundo, dentro del rango del fondo geoquímico.
Sin embargo, aquel contenido, de acuerdo con la escala oficial de umbrales de contaminación, estaba por encima del mínimo exigido para el plomo. Por lo tanto, según la normativa medioambiental del país, aquel suelo estaba contaminado. Por avatares de la política local que no vienen al caso, el tema salió a la prensa, se hinchó como una bola de nieve y llegó hasta las más altas esferas. Para evitar problemas y curarse en salud, las autoridades decidieron analizar los suelos de todos los patios de todos los colegios de la zona y, todos ellos fueron catalogados como contaminados por su elevado contenido en plomo. El escándalo continuó aumentando y los dirigentes responsables de Educación se vieron obligados a elaborar un plan para remover esos suelos y sustituirlos por otros no contaminados. El verdadero problema se planteó cuando fue imposible localizar dentro del país suelos con valores de plomo por debajo del supuesto límite de contaminación.
La moraleja es muy clara, no tiene ningún sentido restringir, por vía legislativa, la presencia de ciertos niveles de determinados elementos químicos, cuando su existencia es debida a procesos naturales. Las normativas que se hacen a espaldas de la naturaleza, sin tener en cuenta sus leyes, su comportamiento y sus hábitos, llevan a la aparición de aparentes conflictos medioambientales, de inexistentes problemas ficticios, que podrían evitarse si los resultados de los análisis químicos realizados para medir la contaminación, se interpretasen teniendo en cuenta su contexto geológico.
La moraleja es muy clara, no tiene ningún sentido restringir, por vía legislativa, la presencia de ciertos niveles de determinados elementos químicos, cuando su existencia es debida a procesos naturales.
Aunque se refiriese a cuestiones totalmente diferentes, hace ya bastantes años, el periodista Manuel Martín Ferrand acertó plenamente al escribir en uno de sus artículos una frase magistral, un dardo certero en el centro de la diana, que viene como anillo al dedo para ilustrar este tipo de desatinos sobre contaminaciones aparentes:
Aunque en el Parlamento se derogase por unanimidad la Ley de la Gravedad, los objetos que nos rodean no comenzarían a flotar inmediatamente.
Hubo un tiempo en que no existía la ubicación por GPS, que no se llevaba la aplicación de mapas en tu dispositivo móvil, y ni siquiera había mapas ni atlas de bolsillo. Hubo un tiempo, sí, en el que te guiabas por la brújula y mapas cartografiados por sabios y artesanos que ayudaban a reyes y vasallos a caminar por las regiones que habitaban. Y es el caso de este mapa orlado con los detalles de la península más poderosa del planeta. El mapa del rey de dos mundos, el mapa del rey planeta.
En 1610, Felipe III, rey de la Monarquía Hispánica y rey de Portugal, el corazón de dos imperios recibía continuas alabanzas:
Escondido debajo de tu armada, Gime el Ponto, la vela llama al viento, Y las Lunas de Tracia con sangriento Eclipse ya rubrica tu jornada. En las velas Sajónicas tu Espada El acero calienta, y macilento te atiende el Belga, habitador violento De poca tierra, al Mar y a ti robada. Pues tus vasallos son el Etna ardiente, Y todos los Incendios que a Vulcano Hacen el metal rígido obediente, Arma de Rayos la invencible mano: Caiga roto y deshecho el insolente Belga, el Francés, el Sueco y el Germano
Francisco Gómez de QUEVEDO y Villegas
Este poema de Quevedo tiene dos versiones: una dedicada a Felipe III en 1603 y otra segunda, revisada, que aquí acompañamos, dedicada a Felipe IV, su hijo, con el título Exhortación a la Majestad del Rey Nuestro Señor Felipe IV para el castigo de los Rebeldes. Sabía a quién adular, como inteligente y buen cortesano desde la cuna. Aunque tomó partido y sufrió cárcel y destierro, pero esta historia es para otra ocasión.
Este laudatorio soneto se dirigía al rey del imperio más poderoso y temido del mundo. Años antes, en 1580, Felipe II, rey de la Monarquía Hispánica con posesiones en todo el planeta, hereda la monarquía portuguesa gracias a las políticas de enlaces matrimoniales que, desde los Reyes Católicos, se establecieron como medio diplomático y político para una posible unión peninsular. Unión que se había frustrado durante la Edad Media al independizarse el condado de Portugal tras la muerte de Alfonso VI de León y Castilla en 1109. Su nieto Alfonso Henríquez había heredado el condado Portucalense hacia 1114 y, tras la batalla de Guimaraes en 1128, comienza la separación de Galicia siendo reconocido rey por las cortes de Lamego en el 1143.
Felipe II era hijo de Isabel de Portugal, hija de Manuel I. Aunque el prior de Crato se proclamó rey, la amenaza de las tropas del duque de Alba y el cerco de la flota del marqués de Santa Cruz bastó para que abandonase sus pretensiones, y en abril de 1581 fue reconocido por las cortes de Tomar como Rey.
Felipe II, Felipe III y Felipe IV fueron los reyes hispanos de toda la península más las islas Baleares, como el mapa refleja, y hasta la separación definitiva en 1668 tras varias guerras. La mayoría de las potencias europeas había reconocido la soberanía portuguesa con la paz de Westfalia en 1648, que es considerada como el inicio de la decadencia del imperio español.
El mapa que refleja el detalle de las posesiones en la península Ibérica y las Baleares en 1610 desde la óptica de un sabio cartógrafo de origen flamenco. La Monarquía realmente Hispánica de todas las Hispanias o Españas, realizado por el cartógrafo Jodocus Hondius, en la que Portugal era la antigua Lusitania (como así denomina a los mercaderes que incluye dentro de los personajes regionales). Es el mapa conocido como la descripción de la Nueva España (Nueva Hispaniae Descriptio). Conjuga vistas de ciudades de la época con personajes con trajes regionales y la figura del rey de dos mundos, Felipe III, dueño del imperio español y portugués, donde el lugar común de donde no se ponía el Sol era totalmente cierto. Su disposición, orlando el mapa, es original y propia de la época: las vistas de Alhama, Granada, Bilbao, Burgos, Vélez-Málaga y Écija acompañan el borde superior; Lisboa, Toledo, Sevilla y Valladolid lo hacen en el borde inferior a derecha e izquierda de Felipe III.
Como curiosidad: los personajes con trajes regionales son divididos entre nobles y rústicos hispanos; y como clase intermedia, una pareja de mercaderes lusitanos de distinto sexo.
En el mundo de la Ciencia, casi nunca es todo blanco o negro. Como en otras facetas de la vida, existen muchos tonos grises. Es decir, que pueden haber varias explicaciones o hipótesis para un mismo fenómeno, lo que inevitablemente genera (como tiene que ser para que haya avance) controversias y discusiones. Sin embargo, a juzgar por las informaciones que aparecen con frecuencia en los medios de comunicación sobre el calentamiento global, parece detectarse una tendencia a considerar como concluidas las discusiones que, desde hace dos o tres décadas, se mantienen sobre el origen y la dinámica del cambio climático.
Así lo sugieren al menos las noticias, contundentes y rotundas, afirmando que existe unanimidad entre los científicos sobre las consecuencias de la actividad humana en el calentamiento global. Esas informaciones dan a entender que el debate sobre esta cuestión ya está cerrado, que no queda más que hablar, que los científicos ya han alcanzado un consenso. Es decir, que existe unanimidad y todos los investigadores del mundo están de acuerdo (así lo sugiere una abrumadora mayoría de publicaciones e informes): el planeta se halla ante una grave emergencia y nosotros tenemos la culpa de su rápido calentamiento.
Como ejemplo, puede citarse la reciente noticia publicada por diversos periódicos (como La Vanguardia, La Razón o el argentino Clarín, entre otros), informando de que una revisión de 88.125 estudios publicados entre 2012 y 2020 en revistas científicas, indica que más del 99,9% de los artículos coinciden en que el cambio climático está causado principalmente por actividades llevadas a cabo por los seres humanos. Otras informaciones, un poco más conservadoras, reducen este porcentaje de consenso al 97%.
En el párrafo anterior, se ha resaltado en negrilla la palabra principalmente porque ese calificativo es muy importante, ya que está admitiendo implícitamente que además de la actividad humana, hay otros factores que están interviniendo en el proceso de cambio climático. Como se precisaba en la entrada anterior de esta sección en Entrevisttas.com (véase El Cambio Climático y la Mecánica Celeste), la existencia del calentamiento global es innegable, pero se trata de un proceso natural que viene sucediéndose desde tiempos muy remotos, y donde el nudo gordiano de la cuestión está en cuantificar las aportaciones humanas a ese cambio. Pero la prensa, sobre todo en los titulares, suele prescindir de esos matices. Como se puede apreciar en el ejemplo adjunto (La Vanguardia del 19 de Octubre de 2021), los seres humanos no son los autores principales, sino que tienen la responsabilidad única y exclusiva del calentamiento.
Otro argumento frecuentemente utilizado con la misma contundencia, es el último informe elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático promovido por la ONU, el famoso IPCC (sigla correspondiente a su denominación en inglés, Intergovernmental Panel on Climate Change), publicado el pasado verano y que ha sido objeto de alarmantes titulares de prensa durante la temporada estival. El nivel y la capacidad de la institución que promueve este grupo de estudio, juntamente con el prestigio de los científicos que lo integran (en su componente de Ciencias Físicas Básicas participan 234 especialistas de 66 países diferentes), hace que muchos tiendan a considerar sus conclusiones como verdades inamovibles. Pero como decíamos al principio, en el mundo de la Ciencia casi nunca es todo blanco o negro, y en esta ocasión también hay tonos grises que conviene clarificar. Por muy elevado que sea el prestigio del equipo científico del IPCC, sus opiniones no deben ni pueden considerarse como dogmas indiscutibles.
A un geólogo suspicaz, le llama la atención que el mencionado informe esté focalizado tan sólo en lo ocurrido durante los dos últimos milenios, aunque todo sea dicho, sus conclusiones se extienden luego a un periodo más dilatado, comparando nuestro presente con el registro climático de los últimos 100.000 años. La figura adjunta resume gráficamente las principales conclusiones alcanzadas por el ICPP, interpretando que el calentamiento que está experimentando hoy el planeta, representa un aumento sin precedentes en los dos mil años anteriores. Y además, que en esos dos milenios se incluye el período de varios siglos sin interrupción, más largo y más cálido de los registrados durante los últimos cien mil años.
Sin duda, se trata de un relevante dato a tener en cuenta. Pero aunque ese periodo de 100.000 años pueda parecer larguísimo, desde el punto de vista de la dilatada historia de nuestro planeta, se puede decir que es insignificante. Esos cien milenios representan tan sólo el 0,00002 % de los tres mil quinientos millones de años (3.500.000.000) de historia de la atmósfera terrestre almacenada en los registros geológicos. No hace falta ser un experto estadístico para ver que un porcentaje tan mínimo no puede ser representativo de la realidad.
Cabe preguntarse entonces por qué el trabajo del IPCC se ha centrado tan sólo en un intervalo de tiempo tan breve. Es posible que tenga algo que ver la composición del grupo de científicos que lo integran, un conjunto multidisciplinar dominado muy mayoritariamente por meteorólogos y climatólogos, acompañados por físicos, matemáticos, oceanógrafos, y medioambientalistas entre otros especialistas, y donde los geólogos tienen una representación muy minoritaria. Es lógico que esas ramas de la Ciencia tengan una participación relevante, ya que han sido sus científicos quienes han estudiado cómo ha evolucionado el clima desde que se implantaron los primeros observatorios meteorológicos. Y también, quienes han desarrollado los instrumentos y la tecnología para medir y monitorizar lo que está ocurriendo hoy sobre la Tierra. Quizás por ello, como tendencia natural, tienden a focalizar sus estudios en los detalles y en los campos que mejor conocen, la historia más reciente del cambio climático.
Pero sin lugar a dudas, se podría obtener una visión más completa, objetiva y equilibrada del problema, si la visión se ampliase y se tomase en consideración el conjunto de la historia de la evolución climática del planeta. Si así se hiciese, podría comprobarse que los datos geológicos registran periodos de calentamiento mucho más extremos que los experimentados en los últimos cien mil años. Las informaciones obtenidas en los sondeos de hielo, ya comentadas en el artículo anterior (nos referimos de nuevo a El Cambio Climático y la Mecánica Celeste, una de cuyas gráficas adjuntamos aquí de nuevo), indican que los tres últimos ciclos de calentamiento anteriores al actual, entre los 125.000 y 450.000 años, muestran temperaturas máximas más elevadas que las de ahora.
Pero esas diferencias son realmente insignificantes si las comparamos con lo que ocurrió con la evolución de la temperatura del planeta en periodos más antiguos. La figura siguiente representa en color azul la variación de la temperatura registrada durante los últimos 65 millones de años. La forma dentada del gráfico indica la sucesión alternante de periodos cálidos y fríos, mientras que la línea roja traza la tendencia promedio de la evolución térmica. Debe observarse también que la línea rosa vertical marca el límite entre dos diferentes escalas gráficas de representación. Sin ese cambio de escala, si la gráfica continuase con la pauta del periodo comprendido entre 3 y 65 millones de años, el descenso térmico sería mucho más abrupto.
Es evidente que las oscilaciones térmicas en el extremo derecho de la gráfica, el que corresponde a los últimos centenares de miles de años, son nimias en comparación con los calentamientos acaecidos en periodos más antiguos. Desde esta perspectiva temporal, considerando que la Tierra ya ha experimentado (espontáneamente y sin intervención humana) etapas mucho más cálidas, se hace difícil aceptar que la situación actual represente verdaderamente una emergencia climática.
Debe tenerse en cuenta que, haciendo un poco de historia, las discrepancias entre las conclusiones reflejadas en los informes del IPCC y otros investigadores, vienen de antiguo. Allá por 1996, en los primeros años de andadura de ese comité de expertos, un prestigioso científico norteamericano (el profesor Federick Seitz, que llegó a ser presidente de la Academia Americana de Ciencias), publicó en el Wall Street Journal una carta denunciando que el informe del IPCC había sido manipulado a espaldas de sus autores, ya que algunos puntos importantes de las conclusiones habían sido suprimidos. La omisión más significativa, se refería a la falta de correlación entre el cambio climático y los gases de efecto invernadero, estableciendo que no podían atribuirse el calentamiento observado a consecuencias derivadas de las acciones humanas. El comité coordinador del IPCC se vio obligado a reconocer públicamente que, en efecto, habían suprimido esas conclusiones atendiendo a los comentarios recibidos de algunos gobiernos, algunas ONGs y otros científicos. Atendiendo al contenido de los informes posteriores emitidos desde entonces por el IPCC, podría decirse que cualquier voz discrepante ha desaparecido del grupo de científicos que lo integran.
También, es necesario hacer referencia de nuevo a la prensa y al modo en que algunas conclusiones del IPCC se transmiten a la opinión pública. En su último informe, los autores utilizan un lenguaje rigurosamente cauto, lo cual es correcto y adecuado, ya que la problemática del cambio climático es de tipo empírico, no ajustable a la exactitud y precisión de ecuaciones matemáticas. Por ello, hacen uso de frases deliberadamente ambiguas, como por ejemplo es probable que la influencia humana ha contribuido a cambiar el régimen de lluvias, la influencia humana es muy probablemente la causa principal para el retroceso de los glaciares, o es virtualmente cierto que la influencia humana esté produciendo la acidificación de la capa superior del agua en los océanos. Es decir, en lenguaje llano, que sus conclusiones no pueden ser afirmadas con total y absoluta seguridad. Sin embargo, cuando se transfieren esos resultados a la prensa, esos matices tienden a desaparecer y el texto de las noticias presentan dichas conclusiones como verdades absolutas y tajantes, que no admiten discusión, llegando a afirmar textualmente (así lo ha publicado algún periódico) que fulminan alnegacionismo.
Llegados a este punto, se hace se hace necesario introducir un breve comentario sobre el significado de dicho término, porque dentro del calificativo de negacionista, se suelen incluir (además de los injustificables recalcitrantes que, de forma totalmente irracional, niegan todas las evidencias sobre el calentamiento global), a todo aquel que se desvíe de las tesis oficiales del IPCC. Cualquier científico que sin negar la realidad del calentamiento global, disienta de su origen antrópico y de las catastrofistas proyecciones hacia el futuro que se están realizando, es automáticamente calificado como negacionista.
También es necesario aclarar, por si acaso, que ese segundo tipo de negacionismo, no debe confundirse con anti-ecologismo. La Humanidad está en deuda con los movimientos ecologistas porque a ellos se les debe un logro que era tan imprescindible como urgente, introducir en la conciencia social que el equilibrio de la naturaleza es frágil y que es imprescindible cuidarla. A pesar de todos sus esfuerzos, puede decirse que gran parte de la especie humana continúa siendo significativamente cochina con su entorno. Por lo tanto, es absolutamente necesario poner freno con rapidez a una contaminación desenfrenada y creciente en aguas, suelo y aire, debida a emisiones tóxicas, vertidos incontrolados, abuso en la utilización de fertilizantes, uso indiscriminado de plásticos y un largo etcétera. Pero no deben mezclarse churras con merinas: no se puede confundir el control y la reducción de la contaminación, con las ilusorias batallas contra el cambio climático. Las emisiones contaminantes son responsabilidad exclusiva de la Humanidad, sin ayuda de ningún proceso natural, sólo de nosotros depende frenar y revertir esa lacra. Por el contrario, el cambio climático está sometido a ciclos naturales que están fuera de nuestro control, por mucho que nos empeñemos.
Dentro del grupo que, informalmente, podríamos calificar como negacionistas respetuosos con el medioambiente, hay personalidades científicas cuyo prestigio es, como mínimo, tan elevado como el de los integrantes del IPCC. Este es el caso, por ejemplo de Bjorn Lomborg, profesor universitario de estadística en Dinamarca, vinculado durante años a organizaciones ecologistas de primer nivel, y que por lo tanto conocen bien sus métodos y sus estrategias, que ha realizado publicaciones denunciando que muchos grupos ecologistas exageran su discurso catastrofista para infundir miedo, simplemente como método rentable para recaudar más fondos. En una reciente entrevista, hace tan sólo un par de semanas, en relación con la cumbre de Glasgow sobre el clima, ha declarado: creo que las temperaturas están tendiendo a subir, que la actividad económica del hombre exacerba ese aumento y que todo ello puede tener consecuencias negativas. Pero, de igual manera, pienso que es fundamental decir que no podemos tratar este asunto como si fuese más grave de lo que realmente es. Los datos demuestran que hay demasiado alarmismo en los grandes debates medioambientales. A menudo vemos que los políticos exageran la gravedad de determinados problemas para atraer un mayor apoyo hacia sus causas.
Algo similar puede decirse de Michael Shellenberger, experto en energía y activista medioambiental de primera fila durante décadas, que se opone igualmente al tremendismo catastrofista. En un libro de reciente publicación denuncia que no es cierto que miles de millones de personas vayan a morir en un futuro próximo, que el peligro por sobrecalentamiento del planeta es cada vez más bajo y que el ambientalismo apocalíptico está dirigido por poderosos intereses financieros.
La misma opinión tiene Steven Koonin, un físico teórico que fue asesor del presidente Obama en los Estados Unidos, quien ha denunciado la falta de objetividad con que se enfoca el problema del cambio climático, ya que no existen evidencias sólidas para afirmar que el mundo afronta una emergencia, puntualizando además que las metas que se pretenden alcanzar, no son realistas.
En la misma línea podemos incluir a Pascal Richet, investigador del Institut de Physique du Globe de Paris desde hace 35 años, además de profesor visitante en la Universidad de Stanford y el Instituto Tecnológico de Tokio, quien ha recibido numerosos premios en su trayectoria científica, y que ha publicado recientemente un breve artículo denominado Clima y CO2 : la evidencia frente al dogma. El título de su publicación es suficientemente indicativo sobre su contenido, donde incide también en la falta de relaciones causa –efecto entre los datos y las conclusiones que se están publicando sobre el cambio climático.
De la misma opinión es el famoso físico italiano Antonino Zichichi, profesor de Universidad de Bolonia y, entre otros cargos, Presidente de la Sociedad Europea de Física y de la Federación Mundial de Científicos, quien recientemente ha declarado que el calentamiento global depende del motor meteorológico dominado por la potencia del Sol, que controla el 95 % del proceso del cambio climático. Atribuir a las actividades humanas el calentamiento global, carece de fundamento científico.
Quizás el caso más relevante y significativo entre los científicos supuestamente negacionistas sea el de Ivar Giaever, premio Nobel en Física y ex integrante del IPCC, quien además de coincidir con los investigadores antes mencionados en la falta de proporcionalidad entre datos y conclusiones, ha denunciado públicamente en las conferencias que imparte, las presiones existentes para que no se publiquen en las revistas científicas más importantes aquellos artículos cuyo contenido tenga tendencia negacionista.
La lista de investigadores con opiniones diferentes a las publicadas por el IPCC sería muy larga, ya que las voces disonantes no llegan tan sólo desde personalidades individuales. En 2006, treinta y dos científicos con prestigio internacional en el ámbito de la climatología, firmaron la Declaración de Hohenkammer, asegurando que no hay bases científicas para aseverar que el calentamiento global se deba a los llamados gases de efecto invernadero. En marzo de 2009, un centenar de científicos norteamericanos publicaron en diversos periódicos (previo pago, ya que los medios se negaban a publicarlo) un artículo con un expresivo título: Con el debido respeto, señor Presidente, eso no es cierto, refiriéndose a las tesis del IPCC sobre el cambio climático.
En junio de ese mismo año, 60 científicos alemanes publicaron una carta abierta a la canciller alemana Ángela Merkel, en la que se expresaban en el mismo sentido. Y en 2010, mil investigadores de diversos países y disciplinas científicas, firmaron un manifiesto similar y lo presentaron en la Conferencia sobre el Clima de ese mismo año. Más recientemente, en septiembre de 2019, la Fundación de Inteligencia Climática (CLINTEL), una entidad que agrupa a más de 500 científicos de todo el mundo, envió al secretario General de la ONU un documento negando el papel del dióxido de carbono en el calentamiento global, afirmando que no existe emergencia climática y por lo tanto, no hay motivo para el pánico y la alarma.
No deja de ser sorprendente que todas esas iniciativas hayan tenido un escaso o prácticamente nulo eco mediático, mientras que se le otorga la máxima difusión a las tesis contrarias y se bombardea a la opinión pública con imágenes engañosas, tal y como fue ya comentado en un artículo anterior (véase Imágenes fraudulentas del cambio climático, también en Entrevisttas.com). A modo de ejemplo, se adjunta un montaje fotográfico, publicado por La Voz de Asturias el pasado 5 de Septiembre de 2021, donde se superponen las desérticas dunas del Sahara con la inconfundible silueta del Naranjo de Bulnes y otras cumbres de Picos de Europa, como fatalista premonición y vaticinio del futuro que nos espera, como consecuencia del inexorable calentamiento global.
Volviendo al problema central que nos ocupa en este artículo, la cuestión es que los testimonios expuestos indican que existen suficientes opiniones diferentes a las tesis del IPCC como para poder afirmar que el preconizado consenso dentro del mundo científico sobre el cambio climático, no es tan unánime como se nos quiere hacer creer. El Prof. Pascal Richet, en su artículo Clima y CO2 : la evidencia frente al dogma, ya mencionado anteriormente, lo explica con claridad meridiana cuando textualmente, dice:
Que los efectos del CO2 sobre el clima son mínimos no es, ni mucho menos, una conclusión nueva, aunque los que ya lo han establecido sobre otras bases científicas chocan con el pretendido “consenso” sobre la cuestión. En realidad, esta noción de consenso no es pertinente aquí, porque la historia de la ciencia no es más que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusión durante mucho tiempo. Más bien, sirve de justificación para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma. Como ha experimentado el autor de estas líneas, el rasgo más inquietante del debate sobre el clima es el deseo de descalificar de entrada al adversario arrastrándolo a otros campos no relacionados con el problema, en lugar de ofrecerle comentarios críticos a los que podría responder científicamente. Sorprendentemente, el libre debate en que se ha basado el progreso científico en la Historia ha sido sustituido por acciones propias del totalitarismo como la difamación, el intento de silenciamiento y la persecución del disidente bajo amenaza de ostracismo. Quizá Aristóteles, con su lógica, pensaría que esta violencia y esta imposición son en sí mismas un indicio de en qué lado del debate se encuentra la verdad.
Después de una afirmación tan tajante por parte de una voz tan autorizada, poco queda que decir. El progreso de la Ciencia debe evitar los dogmas, facilitar el debate y cuestionar continuamente las hipótesis que explican los fenómenos observados, ya sea para confirmarlas o para sustituirlas por otras más satisfactorias. Actualmente, ese debate está siendo inhibido por la publicidad de una supuesta unanimidad científica, que está lejos de ser real. Para tener la certeza de que estamos realmente ante una emergencia climática, debe demostrarse que lo que está ocurriendo ahora es muy diferente de lo acaecido anteriormente, de forma repetitiva y cíclica, en épocas más antiguas. Es decir, tener la seguridad de que el planeta no ha atravesado ya anteriormente por circunstancias similares, o incluso mucho más extremas. Esa verificación sólo puede realizarse recurriendo al registro de la historia geológica, incluyendo en los estudios periodos de tiempo mucho más amplios de los considerados hasta ahora. No es de recibo atemorizar a la población, anunciando los centímetros que va a subir el nivel del mar en las próximas décadas, como si se tratase de un hecho extraordinario e insólito, mientras se silencia o se oculta que oscilaciones de más de 100 metros en el nivel de los océanos, vienen ocurriendo desde hace millones de años. Con oscilaciones, similares a las de la evolución de la temperatura, el nivel del mar está ascendiendo de forma prácticamente continua desde hace 18.000 años.
El progreso de la Ciencia debe evitar los dogmas, facilitar el debate y cuestionar continuamente las hipótesis que explican los fenómenos observados, ya sea para confirmarlas o para sustituirlas por otras más satisfactorias
Enrique Ortega Gironés
Por último, no debe olvidarse que la Ciencia nunca se ha regido (ni debe regirse) por criterios democráticos. El hecho de que hoy, un grupo de científicos que defiende el origen antrópico del cambio climático, sea presentado ante la opinión pública por los medios de comunicación como representantes de una mayoría aplastante, como si fuesen propietarios de la verdad absoluta, no implica que obligatoriamente sean sus poseedores exclusivos. Por mencionar un ejemplo conocido, en el siglo XVII, un grupo de expertos cualificados, con el máximo prestigio científico de la época y alentados por la autoridad global del momento, evaluó las ideas de Galileo sobre la posición de la Tierra respecto del Sol, y decidió por unanimidad que Galileo estaba equivocado, que nuestro planeta estaba fijo en el centro del Universo. Y, no obstante…, ¡eppur si muove!
El discutible consenso científico sobre el cambio climático | Por Enrique Ortega Gironés
Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) es un referente inmortal para los juristas y pensadores de todos los tiempos. Dotado de una mente preclara, muestra de ello es que sus enseñanzas resultan de un sentido práctico manifiesto en pleno siglo XXI.
Hombre de vasta formación, vivió en una Roma sacudida por luchas de poder y por el progresivo deterioro de los pilares de un sistema de convivencia que se había configurado como modélico, transformado, en fin, en una mera entelequia, un trampantojo, una caja de resonancia de decisiones unilaterales revestidas de formalismo.
Nuevamente, y es algo que debe subrayarse, nos encontramos ante un pensador que no desliga sus tesis del necesario recurso al Derecho Natural, a los valores universales que deben regir la vida en sociedad, por encima de toda ley positiva, de modo que el vulnerar estos principios inherentes a través de la ley escrita no es sino un atentado contra la sociedad y un verdadero acto inicial de corrupción, sin perjuicio de su posterior ejecución mediante las decisiones políticas y los actos administrativos.
Cicerón fue hombre de pensamiento ecléctico, con una base estoica determinante, lo que le llevó a clamar por la necesaria moral pública subyacente a toda decisión tomada desde instancias ejecutivas. Consciente, por su estoicismo, de la realidad del ejercicio de poder, ligada a la naturaleza humana y a sus ambivalencias entre la luz y la oscuridad, entendía que encontrar a una persona incorruptible, sabia, justa, y que buscase el bien común por encima del suyo propio, en la realidad y predicando con el ejemplo (más allá de los eufemismos verbales y de las apariencias formales) lindaba en lo imposible; por ello Cicerón siempre prefirió una forma mixta de ejercicio del poder, a través de los mejores o más preparados, que llevaran a la práctica los valores de sapientia, consilium y prudentia, pero siempre contando con el pueblo, y controlados por él, equilibrando de este modo la balanza, mediante un contrapeso que limitase la cuasi inherente tendencia hacia la corrupción de quienes ocupaban el más elevando peldaño en la toma de decisiones que marcaban el destino del propio pueblo.
El dirigente, para Cicerón, había de ser una persona íntegra como primera y fundamental virtud, base de todas las demás; de coraje, para adoptar justas decisiones; culta e inteligente en su discurso y dotado de sensatez, para no separarse del camino marcado por la moral pública, a su vez materializada en las leyes positivas.
Es muy interesante destacar (y no sólo porque así lo viviera él mismo en una Roma carcomida) que Cicerón ya manifestó no sólo la necesidad de tener al poder contenido mediante un sistema de fuerzas equilibradas, sino la legitimidad para el alzamiento social frente a los actos quebrantadores de la moralidad pública, que suponen tanto una deshonra para la ley, a la que instrumentalizan al efecto de obtener eficacia obligatoria de sus arbitrarias decisiones, así como el germen de la misma destrucción del Estado.
El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.
Marco Tulio Cicerón
Cicerón: un hombre frente a la corrupción | Por Diego García Paz
En Ereso, junto a un mar intensamente azul dónde solo se escucha el rumor de las olas, nació Teofrasto en el 372 a.C. Una estatua recuerda al visitante quien fue este insigne científico que asentó las bases de la Botánica y de la Farmacognosia, la ciencia que se ocupa del estudio de las drogas y de las sustancias medicamentosas de origen natural.
Llegó a Atenas para estudiar con Platón y en esa época debió conocer a Aristóteles, cuando éste fue llamado a Macedonia por Filipo II para encargarse de la educación de Alejandro. Teofrasto le acompañó y permaneció en la corte hasta el año 335 a.C. Aristóteles le designó su sucesor al frente del Liceo legándole su biblioteca y sus propios manuscritos. Fue un digno continuador de la obra aristotélica en sus mas diversos campos, pero las obras que nos han llegado más importantes son acerca de las plantas y de los minerales.
Su Historia de Plantis es una obra descriptiva de las plantas y sus partes mientras que De Causis plantarum es de tipo filosófico. Estas obras fueron básicas para el estudio de las plantas y la clasificación de estas, siendo el botánico más importante hasta el renacimiento alemán.
Teofrasto se ocupa de más de 500 variedades de plantas, dividiendo su tratado de Historia de las Plantas en más de nueve libros siendo el noveno precisamente el que se ocupa de las propiedades medicinales de las hierbas.
Por otra parte en la Causas de las Plantas dividido en seis libros, se ocupa en el sexto de sabores y olores y da referencias importantes para el reconocimiento de las drogas.
Para la farmacia el libro noveno de la Historia de las Plantas es sumamente importante por las descripciones y el estudio botánico de las distintas especies. En este antiguo herbario figuran también las distintas preparaciones medicinales sencillas que pueden elaborarse con las plantas que describe. Teofrasto obtuvo una valiosa información de los pharmacopolai (vendedores de drogas) y de los rhizotomoiasí como otras informaciones que le llegaron de la obra de Diocles de Carystos, médico contemporáneo de Aristóteles. Toda su obra botánica es un antecedente de Dioscórides y en ocasiones incluso superior en algunas descripciones.
Reunió una gran cantidad de conocimientos, incluyendo los empíricos que aún necesitaban ser comprobados pero que eran útiles y demostraban un gran interés por los conocimientos farmacéuticos.
Bajo el nombre genérico de hierbas (poai) con poderes médicos sitúa los zumos extraídos (chylismos), frutas (karpoi), hojas (phylla ) y raíces (rhiza). Diferencia las potencias ( dynameis) de estas raíces, las que si tienen poderes medicinales de las que no y denomina con el nombre de herbarios a preparados simples a base de hierbas para su administración o aplicación como medicamento. Sin embargo no usa mezclas entre ellas, deja que actúen por sí solas con agua, miel o aceite de oliva. Explica cómo y en qué época del año deben recolectarse describiendo los procesos con detalle, basándose en las informaciones que le eran trasmitidas en el caso de plantas desconocidas por los rhizotomoi, incluso de especies de la India a través de mercaderes y soldados de la expedición de Alejandro Magno.
En su Historia de las plantas se ocupa con largueza de unas cincuenta drogas con indicaciones empíricas muy acertadas. Ya en el siglo IV a. C. los pharmaka eran conocidos tanto los beneficiosos como los nocivos.
La mandrágora (Atropa mandrágora L.) es la primera hierba que encabeza la lista de Teofrasto. En los heléboros, diferencia el heléboro negro (Helleborus niger L.) del blanco ( Veratrum álbum L.) refiriéndose a la posibilidad de producir resistencia del organismo contra sus efectos, algo que más tarde se conocería como el acostumbramiento progresivo a los venenos y tomaría el nombre de mitridatismo.
Describe la belladona (Atropa belladona), el estramonio — una dracmamejora el humor, dos dracmasproducenla muerte — y estudia varias clases de euforbios (plantas muy comunes en la India); recomienda el uso del chamaileón (Atractylis Gummifera L.) contra los gusanos lisos y el Cardiopatium corybosum como analgésico para el dolor de muelas. Da distintas aplicaciones para las amapolas silvestres, usa el nenúfar amarillo (Nuphar luteum L.) como coagulante, el regaliz (Glycyrrhiza glabra L.) como emoliente y expectorante, la aristoloquia (Aristolochia rotunda L.) y (Rubia tinctorium ) como diuréticas y otras muchas más, como el helecho macho (Dryopteris filix mas L.) que expulsa el gusano plano, la Balanites aegyptica utilizada en heridas y tantas otras que han formado parte de los tradicionales herbarios hasta no hace tanto tiempo. Describe además las plantas perjudiciales que inicia con el estudio del acónito (Aconitum napellus L.) como un potente veneno cuya posesión estaba prohibida bajo pena de muerte, haciendo una exposición sobre la acción tóxica de ciertas hierbas, lo llama la asynetheia, la razón por la que algunos pharmaka producen más efectos tóxicos que beneficiosos. Tampoco olvida Teofrasto los afrodisíacos y abomina del uso de encantamientos y amuletos.
Todos estos conocimientos componen un auténtico tratado de Farmacognosia y todas las drogas que en él figuran están recogidas en todas las Farmacopeas del mundo, por lo tanto generación tras generación de boticarios las ha utilizado en sus farmacias. Teofrasto hizo una cuidada selección que ha perdurado a lo largo de la historia y por ello merece ser considerado como el padre de la Farmacognosia.
Teofrasto hizo una cuidada selección que ha perdurado a lo largo de la historia y por ello merece ser considerado como el padre de la Farmacognosia
Pero también hay que considerar su obra sobre geología y mineralogía:De lapidibus, el libro más antiguo sobre sobre minerales y gemas, el cual fue escrito por Teofrasto adentrándose en los terrenos de la paleontología con su tratado sobre peces fósiles. Este libro fue la fuente principal de la Historia Natural de Plinio por tanto a través de este último, influyó sobre todos los lapidarios científicos hasta los tiempos modernos, siendo Teofrasto mucho más científico que Plinio, que si bien hizo gala de amplios conocimientos, eran menos profundos. Así pues se puede decir que la ciencia helénica era mucho más avanzada que la romana.
Así pues se puede decir que la ciencia helénica era mucho más avanzada que la romana
Teofrasto dirigió el Liceo durante 35 años, época en la alcanzó un gran esplendor llegando a contar con 2.000 alumnos, como el poeta Menandro. A su muerte, toda Atenas lo honró públicamente con un funeral. Son muchas las obras suyas que se perdieron sobre biología, física, ética y metafísica, pero afortunadamente ha llegado hasta nosotros la pequeña joya de sus Carácteres, un opúsculo de treinta breves capítulos en los que Teofrasto se permite describir una serie de congéneres con sus características, aplicando un agudo sentido de la observación fiel a su método científico. Es así como nos habla de la adulación, la charlatanería, la desvergüenza, la locuacidad, el gamberrismo, la torpeza, la grosería, la superstición, la vanidad, la desconfianza, la tacañería, la cobardía, la codicia, la maledicencia, etc. intentando al describir esos comportamientos humanos y ridiculizándolos, provocar una kátharsisque conduzca a la corrección de dichas actitudes.
Todavía hoy sus descripciones nos parecen de rabiosa actualidad porque supo captar la esencia de cada perfil psicológico, tratando con humor los defectos del ser humano, algo de lo que estamos tan necesitados en el mundo que vivimos.
A lo largo de la vida, a todos/as se nos presentan gran diversidad de facetas. Para mí, una de esas facetas que han conseguido cautivarme es la relativa a la presentación de una mesa: sobre todo, cómo decorarla para recibir en ella a la familia o amigos. Poco a poco, poniéndole el cariño que estas ocasiones merecían, me fui sumergiendo en todo un mundo que, personalmente, he de admitir que me fascina. Por ello, me gustaría compartir con vosotros/as, a través de este portal, lo que quizá os resulte también un mundo a descubrir.
Cada día son varias las veces que nos sentamos a la mesa. Pero, ya que la vamos a disfrutar, ¿por qué no ponerlas bonitas?
Mesas de todo tipo y para distintas ocasiones, mesas de diario, de fiestas o celebraciones especiales, formales e informales, sencillas, rústicas, elegantes, sobrias, austeras, temáticas, bicolores, para meriendas con grupo de amigas, meriendas victorianas (que tanto me gustan), deliciosos desayunos, los Brunch (que consisten en desayuno-comida y que hacemos en casa los fines de semana), el Kaffee-Kuchen alemán de media tarde (café con pastelito), vinos, aperitivos… En definitiva: todo lo que concierne a una mesa.
Su preparación es a lo que yo le llamo preludio a un encuentro, bien sea familiar o entre amigos; y es importante, además de lo que sirvamos, el aspecto que presentamos en ella, ya que es con lo primero que se van a encontrar.
Es un momento único, de disfrute total, un sueño hecho realidad manifestado en una mesa, ya que primero es la imaginación la que actúa, al hacernos imaginar cómo la haremos. Pensando en qué le pondré, qué mantel, qué vajilla, qué vasos utilizar… Una buena comida o cena, en una mesa bien presentada, siempre se enaltece hasta parecer que sepa mejor ¿verdad?
En mis publicaciones, hablaré sobre comidas y os daré alguna que otra receta presentada en esas mesas, para daros ideas a quienes podáis querer tirar de ellas.
Y… no se trata de tener 100 mantelerías, 100 vajillas, 100 cristalerías y 100 cuberterías para realizar 100 mesas sino que, con poco de cada y con bonitas combinaciones e imaginación al poder, se puedan realizar esas posibles 100 mesas.
Os hablaré sobre los centros de mesa, sobre los manteles, las servilletas que tanto utilizaron nuestras abuelas y madres, sobre tendencias actuales, sobre cómo colocar los vasos y cubiertos,… nada nuevo para los que domináis este mundo, pero quizás interesante para quien quiera usar esta ayuda. Eso sí, creo que con todas, conseguiréis contar con ciertas (quizá nuevas) ideas… que es de lo que se trata.
La mesa es uno de los mejores inventos de la historia, ya que nos ofrece una relación social, un medio de comunicación donde las charlas y tertulias, en las largas sobremesas, no faltan nunca. La vida está hecha de momentos y estos son, sin duda, algunos de los que más recodamos: los momentos únicos en torno a una mesa.
Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo algunas de mis mesas, las cuales he ido haciendo y presentando en mí cuenta de Instagram.
Podemos, por ejemplo, adecuar la decoración, según la estación del año, como esta alusiva a la primavera:
Ejemplo de presentación de una mesa primaveral
O esta ambientada en el verano:
Ejemplo de presentación de una mesa estival
O esta otra con motivos otoñales:
Ejemplo de presentación de una mesa otoñal
Algunos ejemplos de detalles de la mesa nos permiten realzarla y embellecerla:
Algunos ejemplos de detalles de la mesa nos permiten realzarla y embellecerla
También podemos realizar la preparación de mesas con motivos temáticos, como ésta en el Día de la Mujer:
Ejemplo de preparación de una mesa con motivo del día de la mujer
O preparar una merienda victoriana con un grupo de amigas:
Ejemplo de mesa con motivo de una merienda victoriana
O podemos crear una mesa minimalista para dos:
Ejemplo de presentación de mesa minimalista (para dos)
Espero que os gusten y os animéis a poner un poco de imaginación y a disfrutar preparando vuestras mesas.
El temario para la titulación, de pilotos y tripulantes de cabina de pasajero está muy accesible en la red. Quizás es más desconocido e interesante el permanente entrenamiento y formación continuada. Cada seis meses se debe revalidar la licencia. Explicado llanamente: es como si a los conductores de coche se les subiera, súbitamente, en un semáforo un inspector de tráfico y viajara junto a él cuatro horas supervisando su habilidad y luego le sometiera a un examen teórico. ¿Cuántos suspenderíamos? La inmensa mayoría aprobaríamos porque va en ello la dignidad y el preciado carnet.
En las inspecciones se califica la higiene, la uniformidad, las comunicaciones, la toma de decisiones, la asertividad, resiliencia, las maniobras relativas al vuelo (despegue, crucero, aterrizaje, rodaje parking… infinidad de parámetros) que se puntúan acorde a las exigencias de la Agencia Espacial Europea de Seguridad Aérea.
Antonio Alonso | 5º comenzando desde la izquierda
Los pilotos y tripulaciones de cabina de pasaje deben revalidar sus licencias periódicamente. Pasar los respectivos cursos y exámenes de:
-Inglés aeronáutico.
-Mercancías peligrosas. Lo relativo al transporte de materiales inflamables, radioactivos, explosivos… su manejo y cuidado.
-CRM (Crew Ressource Management). Es la manera en que interactuamos como miembros de un grupo con diferentes funciones.
-Reconocimiento médico. Aptitud física y psicológica requerida a los tripulantes de vuelo.
-Seguridad. Lo relativo a secuestros, terrorismo y actos ilícitos.
-Salvamento. Se practica el uso de los equipos de emergencia, extensión de las rampas de evacuación, extinción de incendios a bordo, primeros auxilios…
-Simuladores. Aquí el piloto confirmará su pericia en toda clase de maniobras y averías imaginables. Bajo la supervisión de un instructor debe demostrar que mantiene las capacidades exigibles por la compañía, fabricantes y aseguradoras que pondrán en sus manos una máquina de 350 millones de euros y el incalculable valor de cientos de vidas humanas.
Este y otro tipo de cursos nos mantienen actualizados en el exigente y cambiante mundo de la aeronáutica. Por ello estamos obligados a estudiar durante todo el año, toda la vida laboral hasta el día de la jubilación.
En el caso particular de mi generación, esa que se ha dado en llamar del Baby Boom, ha habido que hacer un esfuerzo adicional, pues nos pilló de lleno la transición analógica a digital. Sobre los 90, se integraron en los aviones software y nuevos sistemas de navegación. Se simultaneó lo viejo con lo nuevo hasta que se pudieron homologar los ordenadores a bordo. Fue un cambio radical y absoluto en la forma de pilotar. Algunos compañeros se quedaron por el camino, porque su estructurado cerebro analógico no aceptó el trueque.
Analógico
Digital
Ahora con 40 años de profesión y 62 de vida, mis amigos y mis hijos se siguen sorprendiendo cuando les digo que tal día tengo un examen (diría que uno al mes de media).
La formación constante de las tripulaciones, sumada a la sofisticada seguridad de las aeronaves, transmite tranquilidad al pasaje y a la propia industria aeronáutica que observa complacida la integración de las nuevas tecnologías.
Formación de las tripulaciones | Por Antonio Alonso, Comandante de Airbus 350, flota de largo recorrido en Iberia