El barranco empieza en las montañas de Buñol con dirección a Chiva y continúa por el término de Cheste, cruza el llano de Quart junto a la venta del Poyo, pasa después por las cercanías de Torrent y de Catarroja, y desagua en la Albufera de Valencia. Su profundo y ancho cauce siempre está seco, salvo en las avenidas cuando corre tan furiosamente, que destruye cuanto encuentra. En Chiva, sorprendió a media noche sus vecinos, asolando un número considerable de edificios, esparciendo en varios kilómetros los tristes despojos y los cadáveres de los pobres que no pudieron evitar la muerte.
El río, que en sus mayores inundaciones jamás había alcanzado sus calles, llegó esta vez a inundar la parte baja de la población, penetrando en el cuartel de la Guardia Civil, en el juzgado y en las cárceles…
Los dos párrafos anteriores, que pudieran describir perfectamente la reciente catástrofe registrada en los alrededores de Valencia semanas atrás (octubre de 2024), corresponde en realidad a episodios mucho más antiguos. En el primero de ellos, el ilustre naturalista Antonio José Cavanilles narra lo que ocurrió hace ya dos siglos y medio (1775) en el Barranco del Poyo, ese mismo cauce que acaba de llevarse tantas vidas por delante. El segundo corresponde a la descripción realizada por Vicente Boix, cronista de Valencia, de la Riada de San Carlos (así llamada por coincidir con la festividad de San Carlos Borromeo), cuando en noviembre de 1864 se desbordó el Río Júcar, el mismo que algo más de un siglo después arrasó la presa de Tous y toda la comarca de la Ribera.
Pero en realidad, estos dos episodios no son más que una simple muestra de las numerosas inundaciones que vienen asolando la costa mediterránea en general (como las acaecidas en Barcelona, Málaga o Murcia) y la región de Valencia en particular desde tiempos inmemoriales. Entre 1321 y la actualidad, se han contabilizado 27 riadas en Valencia (incluyendo esta última de 2024), con un intervalo promedio de unos 25 años, casi cuatro riadas por siglo. El alcance de muchos de estos episodios ha quedado registrado en placas o azulejos fijadas a los muros en muchas localidades ribereñas, donde una marca horizontal señala el nivel que alcanzaron las aguas.

Es muy importante señalar que la mayor parte de las riadas que tuvieron lugar entre el siglo XIV y el XIX se produjeron durante un período de frío generalizado conocido como la Pequeña Edad de Hielo. En la gráfica de la izquierda en la figura adjunta, la línea azul representa la evolución de la temperatura desde el año 1200 hasta la actualidad, mientras que los círculos anaranjados señalan el momento en que se produjeron las 27 riadas antes mencionadas en Valencia, además de otras riadas en Murcia y en Mallorca. Es destacable la continuidad con que aparecen estas catástrofes, tanto en los momentos en que la temperatura es ascendente como descendente, de forma totalmente independiente de la evolución térmica. O, incluso, se podría decir que tienden a ser más frecuentes en los tramos en que la temperatura desciende.

La figura de la de la derecha corresponde una ampliación de la gráfica anterior, desde el inicio de la época industrial hasta la actualidad, donde se muestra como las grandes riadas de los años 1944, 1957 y 1982 se produjeron en un momento en que la tierra se estaba enfriando. Cabe recordar que, en aquellos momentos, la evolución térmica hacía temer la llegada de una nueva glaciación. Así pues, los registros históricos demuestran que no existe ninguna correlación entre el calentamiento global y un supuesto aumento de la intensidad o frecuencia de las DANAS.
Así pues, los registros históricos demuestran que no existe ninguna correlación entre el calentamiento global y un supuesto aumento de la densidad o frecuencia de las DANAS.
La persistencia en el tiempo de estos fenómenos meteorológicos extremos indica que forman parte de la normalidad climática de la región, como lo demuestran no sólo los abundantes registros y documentos históricos, sino también las manifestaciones artísticas. Un excelente ejemplo de este tipo de testimonios es el óleo Amor de Madre, pintado por Antonio Muñoz Degrain en 1913, representando los dramáticos esfuerzos de una madre, intentando salvar a su hijo de las aguas desbocadas por una inundación en la huerta de Valencia.
Algo similar puede decirse del campo de la literatura, donde han quedado descritas las dramáticas consecuencias de las lluvias torrenciales que puntualmente llegaban cada año con la entrada del otoño. En algunas ocasiones, las condiciones meteorológicas produjeron grandes hambrunas y problemas sociales por falta de jornales para los braceros, que incluso llegaron a degenerar en revueltas, como describe magistralmente el ilustre Rafael Comenge Dalmau en sus novelas costumbristas.
En los ambientes rurales de la Ribera del Júcar, las periódicas crecidas otoñales del río, que de cuando en cuando se salían de madre y llegaban a ser inundaciones, formaban parte de lo habitual. El autor de este artículo, testigo directo de las tres últimas grandes riadas y oriundo de Alberic (localidad situada algunos kilómetros aguas abajo del tristemente famoso embalse de Tous), recuerda como su abuela le contaba historias de su infancia en otra localidad ribereña, Poliñá del Júcar. En aquella época, a principios del siglo XX, antes de que se hubiesen construido las grandes presas y embalses reguladores, al llegar la otoñada, era el sereno quien se encargaba de vigilar por las noches el agua del río. Y cuando este alcanzaba niveles peligrosos, despertaba a grandes voces a los vecinos para que acudiesen a la orilla para colocar sacos terreros y proteger las casas de la localidad, aunque fuese de forma rudimentaria, precaria y temporal.
La reiteración de estas situaciones ha llevado a la sabiduría popular a registrar sus conocimientos en el refranero. Así, mirando al cielo, cuando los agricultores veían que los negros nubarrones rodeaban las cimas de los montes próximos, pontificaban que quan la Murta s’emborrasca i Matamon fa capell, llaurador, pica espart i fes cordell («cuando la Murta se emborrasca y el Matamon tiene sombrero, labrador, coge esparto y haz cuerdas»). La Murta y Matamon son dos cimas de los relieves aledaños a la Ribera del Júcar, donde suelen engancharse las nubes portadoras de fuertes lluvias. Por eso, el refrán insta a los labradores a pasar el tiempo en casa trenzando cuerdas de esparto, ya que será imposible salir al campo a trabajar.
Con el paso del tiempo, a finales del siglo XX, las tormentas fuertes pasaron a llamarse con el descriptivo término de gotas frías, nomenclatura que ha sido sustituida en los últimos años por la críptica denominación que ya es tristemente bien conocida por todos, DANA o Depresión Aislada en Niveles Altos. Pero en realidad, la tecnificación del nombre no afecta a la naturaleza del fenómeno, aunque la mona se vista de seda mona se queda, y las DANAS de octubre o noviembre en la región valenciana no son más que las tormentas otoñales de toda la vida.
Volviendo al momento actual, los datos oficiales indican que la pluviosidad registrada en este último episodio de 2024 no ha sido superior a la que se registró en 1982, cuando la intensa lluvia se mantuvo durante tres días de diluvio continuo. Tampoco lo fue el volumen de la avenida, 7.500 metros cúbicos por segundo en 1982, y tan sólo 2.500 en 2024. Además, desde entonces han transcurrido ya 42 años, superando largamente el intervalo promedio entre riadas mencionado anteriormente. Por todo ello, además de lo anteriormente mencionado, es difícilmente justificable invocar al calentamiento global como responsable del recrudecimiento de unos fenómenos que, con similar violencia, se vienen repitiendo sistemáticamente desde mucho antes de la época industrial y de las emisiones de CO2 antropogénico a la atmósfera.
Cabe preguntarse entonces por qué, disponiendo de la experiencia acumulada durante siglos, y teniendo a nuestro alcance la capacidad tecnológica para implementar medidas preventivas o paliativas, no ha sido posible evitar esta dramática catástrofe. Como ocurre con frecuencia, no es debido a una causa única, sino a la fatal convergencia de varios factores.
En primer lugar, a la propia naturaleza, al comportamiento de nuestra atmósfera, tremendamente complicado y difícil de parametrizar en todos sus detalles, a pesar de las largas series estadísticas almacenadas y de las potentes herramientas de cálculo que ha proporcionado el desarrollo informático. Lo ocurrido a finales de octubre de 2024 demuestra que aún no es posible prever con detalle el comportamiento y las consecuencias de una DANA. Y esta limitación, no atribuible a ningún error técnico, sino simplemente debida a la extrema complejidad del proceso, nos obliga a reflexionar sobre la fiabilidad de las profecías climáticas. Si los modelos climáticos aún no son capaces de pronosticar correctamente lo que va a ocurrir en un futuro inmediato, ¿qué fiabilidad pueden tener las predicciones catastrofistas para un futuro lejano? En segundo lugar, la carencia de infraestructuras adecuadas. Esta riada de 2024 ha demostrado de forma indiscutible lo indispensables que resultan dichas construcciones para impedir o minimizar los efectos devastadores de las crecidas. Como consecuencia de las funestas consecuencias de la riada del Turia en 1957, se desvió el río mediante un cauce artificial capaz de albergar un caudal de agua equivalente a tres veces el del río Ebro a su paso por Zaragoza. Este cauce, cuya construcción fue culminada en 1969, ha sido capaz de desviar y conducir el enorme flujo de agua que se había descargado en la parte media y baja de la Cuenca del Turia, salvando así a la ciudad de Valencia de una destrucción segura. Algo similar ha ocurrido un poco más al sur, en el río Magro, afluente del Júcar, donde el embalse de Forata, situado aguas arriba de Turís y también terminado en 1969, ha permitido laminar la crecida (estaba prácticamente vacío cuando se inició la DANA), y contener 30 hectómetros cúbicos en tan sólo 15 horas.
Esa capacidad ha permitido disminuir sensiblemente el impacto de la riada en las poblaciones de la Ribera Baja del Júcar, especialmente en Algemesí, donde las consecuencias hubiesen sido terriblemente dramáticas si esta presa no hubiese existido.

Eso es precisamente lo que no ha ocurrido un poco más al norte, porque entre los dos ríos anteriores, entre el Turia y el Magro, se encuentra otro de esos cauces que, aun estando casi siempre secos, son capaces de transformarse en pocas horas en caudalosos ríos, el Barranco del Poyo, como ya describió Cavanilles en el último tercio del siglo XVIII. Desgraciadamente, este cauce carece de presa reguladora y, a pesar de que su construcción está planificada (aguas arriba de Cheste) desde hace mucho tiempo, la obra nunca ha llegado a ejecutarse. Como la realidad se ha encargado de demostrar, las consecuencias derivadas de la ausencia de esta infraestructura imprescindible han sido trágicas.
En tercer lugar, debe mencionarse la situación de los cauces. La falta de actividades de limpieza de la vegetación y la prohibición vigente de cortar cañaverales (una actividad que ha sido tradicional en la huerta para utilizar las cañas en labores agrícolas), han afectado a la capacidad de drenaje, al verse la circulación del agua obstaculizada por la masa vegetal. Esa situación reduce la velocidad del agua y su caudal, formándose tapones por la vegetación arrancada. Estos obstáculos, al ser desbordados por el agua, colapsan y generan olas que avanzan a gran velocidad, con fuerza suficiente para llevarse por delante todo lo que encuentran a su paso (incluyendo los vehículos aparcados en las calles) y elevando rápidamente el nivel del agua. Esta situación permite explicar en parte la diferente mortandad entre las dos últimas riadas. A pesar de que las precipitaciones y el caudal de la avenida de 1982 fueron muy superiores a la de 2024, su mortalidad fue de 8 personas fallecidas, muy por debajo de los aproximadamente tres centenares de víctimas (entre muertos y desaparecidos) contabilizados en 2024, porque la mayor velocidad de ascenso del agua impidió a mucha gente tener tiempo para ponerse a salvo.
Además, la vegetación arrastrada por el agua, tapona los ojos de los puentes, llegando a derribarlos en algunos casos y generando a su vez nuevas olas. Debe recordarse que los puentes están calculados para permitir el paso de agua en caso de las avenidas más grandes registradas durante los últimos centenares de años, pero no para resistir los esfuerzos horizontales de una masa de agua, barro y vegetación que se desplaza a gran velocidad. Durante la reciente riada de 2024, han sido 26 los puentes destruidos o que necesitan reparaciones para poder ser utilizados.
En cuarto lugar, deben mencionarse los cambios drásticos en el uso del suelo, que en las zonas más afectadas, en las poblaciones de la Huerta Sur, antes predominantemente rústicas, se han transformado en áreas urbanas, ciudades–dormitorio en el entorno metropolitano de Valencia. En las localidades atravesadas por el Barranco del Poyo, tampoco se han construido las infraestructuras imprescindibles (pozos de tormenta, canales o nuevos cauces artificiales) para minimizar los efectos de las avalanchas de agua. Tampoco se ha prestado atención a la delimitación de zonas inundables, edificando masivamente y de forma insensata en el entorno inmediato de los cauces. Incluso, fuera de las zonas urbanas, pero en áreas también inundables, se han alojado polígonos industriales y centros comerciales, llegando a construir aparcamientos subterráneos con capacidad para miles de vehículos.
Por último, en quinto lugar, como causa más importante de la tragedia, debe mencionarse la falta de eficiencia de los diferentes organismos oficiales, tanto en las medidas preventivas como en la gestión de la crisis, que han fallado estrepitosamente a todos los niveles y desde todos los puntos de vista. Aún teniendo en cuenta las dificultades ya mencionadas para la predicción en el comportamiento de una DANA, cabe preguntarse si los mecanismos de control y de alerta han funcionado adecuadamente y si se ha advertido a la población con la anticipación que hubiese podido evitar muchas muertes. La falta de coordinación entre los gobiernos central y autonómico ha sido palmaria, enfrentados desde el momento en que se empezaba a vislumbrar la catástrofe y más preocupados en señalar la paja en el ojo ajeno que en aportar soluciones eficaces. Este vergonzoso enfrentamiento ha causado estupor fuera de nuestras fronteras, dando lugar a muchos comentarios en la prensa internacional, magistralmente sintetizados en la viñeta adjunta.
Pero además de la horrorosa gestión de los momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la avenida, no hay que perder de vista lo ocurrido en las décadas anteriores, en lo que se ha hecho o se ha dejado de hacer y que podría haber evitado centenares de muertes y miles de millones en pérdidas materiales. Habiendo numerosos estudios y cartografías delimitando las áreas de riesgo, ¿por qué los municipios (con la vista gorda de las autoridades autonómicas y nacionales) han permitido la edificación en zonas inundables?
Por otra parte, se hace indispensable una revisión seria y profunda de la normativa medioambiental que prohíbe la limpieza de los cauces, al menos en los tramos próximos a la costa mediterránea, donde de forma reincidente y sistemática aparecen este tipo de fenómenos meteorológicos. Como se ha detallado anteriormente, si los cauces hubiesen estado limpios de maleza, se hubiese minimizado la violencia de la avenida, contribuyendo así a disminuir la mortalidad.
Por último, ¿por qué no se han construido las infraestructuras necesarias si ya estaban realizados los estudios pertinentes para la adjudicación de la obra, existiendo la capacidad técnica y económica para su ejecución? No hace falta ser experto para afirmar que, si hubiese estado construida la presa que estaba prevista en el Barranco del Poyo en los alrededores de Cheste, se hubiese podido reducir sensiblemente la crecida del mismo modo que lo ha hecho el embalse de Forata, evitando así muchas desgracias.
Durante los días siguientes a la catástrofe, como suele ocurrir en estas ocasiones, ha habido una verdadera avalancha de informaciones relativas a la política de presas y embalses en España, y no todos los datos difundidos son correctos. Así, por ejemplo, se ha llegado a decir que la demolición de embalses y azudes realizadas durante los años recientes había afectado de forma sensible a la cuenca del Barranco del Poyo, atribuyéndole la responsabilidad de la falta de infraestructuras hidráulicas para disminuir la peligrosidad de la riada. Si bien esta información es rotundamente falsa, no deja de ser cierto que desde el Ministerio de Transición Ecológica se ha mostrado mucho más interés en destruir infraestructuras existentes que en construir nuevas. Así lo demuestra el hecho de que nuestro país sea líder destacado en la Unión Europea en la demolición de obstáculos fluviales, incluyendo presas y azudes. De acuerdo con el informe elaborado por Dam Removal Progress, en 2021 fueron destruidas en España 108 barreras fluviales, 133 en 2022 y 95 en 2023 (336 en total), incluyendo presas y azudes, muchísimo más de lo desmantelado por nuestros vecinos europeos.
En algunos casos, se trata de acciones justificadas por la obsolescencia o la inutilidad de las estructuras. Pero en otros casos, sólo parece deberse a una obsesión ideológica, carente de sentido práctico, similar al que se ha aplicado para justificar las voladuras de varias centrales térmicas para la generación de generación de electricidad mediante carbón. En cualquier caso, estos datos no serían relevantes para el caso que nos ocupa si no fuese porque, en paralelo, ese mismo ministerio tiene pendientes de ejecutar desde 2009 obras dirigidas precisamente a evitar inundaciones en la cuenca del Barranco del Poyo. La situación de este barranco no es excepcional, ya que en toda la Comunidad Valenciana, como en el resto de España, son numerosas las obras hidráulicas pendientes de ejecución desde hace 15 años. Es decir, que el gobierno ha centrado su interés en proteger la fauna y flora fluvial relegando a un segundo la seguridad de los ciudadanos, dando más importancia a los intereses ideológicos o políticos que a los derechos legítimos de los seres humanos, como son la seguridad y el derecho a la vida.
Pero desde una perspectiva temporal más amplia, no pueden cargarse todas las responsabilidades sobre los gobernantes actuales. El gobierno nacional del PP, que estuvo en el poder entre los años 2011 y 2018, si realmente tenía algún interés en desbloquear el proyecto del Barranco del Poyo, perdió una teórica ventana de oportunidad al coincidir en el tiempo con un gobierno autonómico de su mismo partido entre 2011 y 2015. Ahora, los dos partidos dominantes se tiran los trastos a la cabeza por la gestión de la crisis, intentando que pase desapercibida la incompetencia exhibida durante los últimos lustros. Porque en realidad, todos los problemas descritos tienen un denominador común, ya que tanto la carencia de infraestructuras hidráulicas como la limpieza de los cauces y la urbanización del suelo en lugares inadecuados son atribuibles a errores políticos de gestión o de falta de control.
Esta reflexión nos lleva indefectiblemente a una pregunta relativa a nuestro sistema político: ¿Tenemos los mecanismos adecuados que estimulen y faciliten el acceso de las personas idóneas a los puestos de responsabilidad, para que adopten las medidas adecuadas en el momento correcto? En nuestro régimen partitocrático, las entidades del poder del estado (incluyendo los parlamentos) se han convertido en simples transmisores de las decisiones adoptadas por los partidos, que se han constituido como una oligarquía que controla la soberanía efectiva. Al llegar al poder, el partido de turno asigna y reparte puestos de responsabilidad en función de criterios estrictamente políticos, independientemente de la capacidad, conocimientos y experiencia de las personas seleccionadas.
Esta práctica, que puede considerarse lógica y aceptable para los puestos más elevados de la Administración, se ha extendido hasta niveles muy bajos donde la responsabilidad debiera ser estrictamente técnica, bajo el eufemismo de que se trata de puestos de libre designación. Esta práctica permite, como hemos visto repetidamente a lo largo de los últimos lustros, que ocupen ministerios, secretarías de estado, consejerías, direcciones generales o presidencias de grandes empresas públicas, personas sin ninguna experiencia o conocimientos de los sectores que deben gestionar. Mientras tanto, los verdaderos expertos, los funcionarios que verdaderamente conocen la problemática en profundidad, quedan relegados al papel de meros asesores mientras las decisiones son adoptadas, salvo honrosas excepciones, por personas sin experiencia (y a veces sin los conocimientos más elementales) que, además, tienden a priorizar los aspectos ideológicos o políticos sobre las cuestiones técnicas. Sólo así, en el caso que nos ocupa, puede entenderse que existan deficiencias acumuladas a lo largo de los años, que se retrasen decisiones urgentes, o que se utilice el escenario de una crisis como campo de batallas políticas. En otoño de 1982, después de la catastrófica riada del Júcar y el colapso de la presa de Tous, el genial humorista Mingote dibujó una viñeta profética en la que vaticinaba el desinterés con que la clase política se esforzaría en evitar desastres similares en el futuro.

Hoy, 42 años más tarde, podemos hacernos la misma reflexión, con el mismo pesimismo hacia el futuro, pero con un agravante adicional. Porque los políticos de hace cuatro décadas, al menos, no tenían la desfachatez y el cinismo de intentar ocultar su incompetencia con el inasumible argumento del cambio climático.
Riadas, gotas frías y DANAs:
breve recorrido por la desmemoria y los despropósitos climáticos.
Por Enrique Ortega Gironés






Impecable y muy didáctico. Enhorabuena.
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MAGISTRAL!
Periodista irlandesa jubilada. Residente en Valencia desde 1962. Patricia Murray.
irish@patriciamurray.eu
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Muchas gracias
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Muchas gracias Nicanor. Y un abrazo
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Muchas gracias por su rigor. Menos ideología y más Ciencia es lo que hace falta actualmente. Ánimo.
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Muchísimas gracias. Eso es lo que intentamos modestamente con estos artículos
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Muy interesante reflexión documentada sobre la última DANA, de funestas consecuencias. 👍
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Muchas gracias amigo Armando por tus comentarios, que animan a seguir dando la lata
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Amigo Enrique,
muchas gracias por tu oportuno y clasificador artículo así como por vuestro MUY interesante libro (con Jose y Stefan) sobre los Cambios Climáticos.
Un fuerte abrazo y SUERTE con todo,
Fernando@geol.uniovi.es
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Buenos días Fernando y muchas gracias por tus comentarios, que animan a seguir escribiendo este tipo de cosas. Los científicos en general y los geólogos en particular hemos estado demasiado tiempo callados
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Gracias una vez más al maestro Ortega Gironés. Impagable el esfuerzo que lleva haciendo de un tiempo a esta parte junto a sus colegas de profesión Sáenz de Santamaría Benedet y Uhlig. Admiro y asombro su capacidad de escritura además de su amplio conocimiento sobre muchos temas. No me da tiempo a leer tanto como escribe, jajajajaja. Afortunadamente, sus más oscuros presagios con respecto al cambio climático se van desvaneciendo y su denostada labor inicial, tras publicar sus famosos escritos en el seno del Colegio profesional de Geólogos, es cada vez más reconocida y buscada desde distintos sectores de público.
Frente a los agoreros apóstoles del negacionismo científico, bajo el desproporcionado e inhumano pregón alarmista de que el cambio climático mata, hay que reconocer el mensaje de serenidad y bálsamo de realismo climático-meteorológico que difunde el trío de geólogos que va camino de convertirse en el más famoso y prestigioso de la actualidad española. Recomiendo fervientemente la lectura de su libro recientemente publicado «CAMBIOS CLIMÁTICOS» o en su defecto, versión libre de pago, la lectura de sus formidables escritos en esta revista. Porque Ciencia, no es aquello que más nos conviene por ideología o interés, sino la que más consigue acercarse a la realidad de la Naturaleza de las cosas o acontecimientos.
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Muchísimas gracias por tus comentarios, que aprecio en lo que valen por venir de alguien como tú. No puedes esconder tu carácter andaluz que se trasluce en las exageraciones, pero se agradece por los ánimos que insuflas para seguir dando la lata. Gracias también por ayudar a la difusión de nuestro libre a través de tu infatigable labor en Telegram, y un fuerte abrazo
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Gracias por su interesante artículo. Bueno, interesante para quien busca la verdad más allá de ideologías de merde. Quizás no sea verdad que tenemos la culpa de la destrucción de Universo por querer desplazarnos en nuestro cochecito. Quizás los pedos de nuestras vacas tampoco contribuyen a la extinción de la vida en la tierra. Quizás no sea necesario que vivamos en cuevas subterráneas alimentados por insectos para servir a nuestros próceres que cuidan y conservan un jardín de superficie y se alimentan con gran sacrificio de solomillos de ternera . … Gracias
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Muchísimas gracias por su irónico y acertado comentario. En efecto, somos muchos y ensuciamos demasiado, pero aún no podemos controlar los ritmos cósmicos.
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Muchas gracias por este maravilloso e iluminador trabajo.Pertenezco a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que se han trasladado desde otras zonas del país para ayudar en cuanto sea necesario,y aunque llevo aquí una semana y he visto y escuchado de primera mano gran parte de lo que ha ocurrido,es realmente clarificador este genial artículo entre tanto dislate.
Gracias de corazón.
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Muchas gracias por tus comentarios y también por tu ayuda para combatir las terribles consecuencias de este desastre
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Muchas gracias por sus comentarios y por la detallada información histórica de Mallorca, muy útil para confirmar la persistencia (tanto temporal como en intensidad) de este tipo de fenómenos.
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Muchas gracias por poner claridad ante tamaño desastre, soy un simple ciudada no de valencia que conoce a muchos que han perdido casa, enseres, empresa, etc, a mi me gusta hablar de ciclos climaticos aunque no niego que haya un cambio pero creo que como a lo largo de la historia los ha habido.
Ojala se permita a los tecnicos, geologos, cartografos, biologos, forestales, etc. realizar su trabajo y que sus opiniones prevalezcan sobre las de los ecologistas de oficina y que cuando van a un pueblo o aldea protestan por que canta un gallo al alba o por que las vacas y ovejas molestan su descanso con sus » horribles ruidos «.
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Muchas gracias por sus comentarios. Desgraciadamente, así es, sobran ecologistas de salón que ignoran el comportamiento de la naturaleza
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Excelente artículo, un análisis impecable.
A destacar: «los políticos de hace cuatro décadas, al menos, no tenían la desfachatez y el cinismo de intentar ocultar su incompetencia con el inasumible argumento del cambio climático.»
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Muchas gracias por sus comentarios. Estamos de acuerdo.
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Aportaciones interesantes respecto a la organización del territorio.
El artículo no dice nada del aumento de la temperatura del Mediterráneo, igual porque el autor es geólogo y no meteorólogo. No es tan complicado: las aguas más cálidas, especialmente en el Mediterráneo, provocan una mayor evaporación, lo que eleva la cantidad de humedad en el aire. Cuando esta humedad encuentra una masa de aire frío en altura (como ocurre en las DANAS), se producen lluvias muy intensas. Con el calentamiento global, estas temperaturas aumentan aún más, intensificando la evaporación y, por ende, el riesgo de precipitaciones extremas.
La ciencia no es ideología. La ciencia son datos. Las cifras del calentamiento global:
https://www.youtube.com/live/lncecGnMexQ?si=hd7fwZ7j-DljlZHG
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A ver si nos aclaramos,
El autor NO se mete en si hay o NO hay una deriva climática influida por la actividad antrópica (el mal llamado cambio climático como, si el clima hubiera sido estable alguna vez), sino que las inundaciones han existido SIEMPRE. Han existido con este clima claramente recalentado de forma artificial y con otros climas enfriados de forma natural. Y nadie de los que dice que ahora las inundaciones son peores, se ha preocupado de estudiar si eran más o menos intensas o más dañinas, que no es lo mismo.
El problema de las inundaciones es un problema esencialmente de gestión y uso del territorio. Todo lo demás es accesorio
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Muchas gracias por sus comentarios, totalmente de acuerdo
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Muchas gracias por sus comentarios. No es dificil suponer que si la temperatura del mar sube o baja,es porque la temperatura del planeta evoluciona en la misma dirección, y por lo tanto tambien se calentará o enfriará la tierra firme. Y siempre habrá diferencias térmicas que produzcan DANAS. Por otra parte, como opinan muchos científicos, el factor determinante de una DANA no es la temperatura sino la actividad atmosférica. Teniendo en cuenta que el calentamiento actual se está ralentizando, disminuye la diferencia de temperatura entre el ecuador y el Ártico, disminuyendo la actividad atmosférica y por lo tanto los fenómenos extremos. Lo importante, sea cual sea la explicación, es que existe constancia en la presencia e intensidad de DANAS a lo largo de los siglos, y que la única foirma de evitar sus consecuencias es con una gestión adecuada del territorio y la construcción de las infraestructuras necesarias.
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Excelente artículo. Enhorabuena .Lamentablemente nuestro ideólogo presidente lo resume todo en la siguiente frase: «El cambio climático mata». Una simplificación que deja en el aire la necesaria intervención en la planificación y ordenación territorial, pendiente desde aquella tragedia de Biescas, cuyos gestores y gestoras se siguen escudando en la «agresiva e imprevisible naturaleza», para esconder su inacción.
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Muchas gracias por sus comentarios. Desgraciadamente, así es, totalmente de acuerdo
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Gracias por el artículo, hace tiempo que no leía tantas verdades.
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Muchas gracias por sus comentarios.
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Al igual que en la polarización política, en la gestión de los cauces se produce un enfrentamiento entre los que pretenden mantener tal están cual los ríos y los que quieren hormigonar.
Todo ello sin intentar llegar a una eficaz gestión del problema para tirarse a la cabeza propuestas ineficaces.
Esa masa de ramas que se ven un vídeo desde un puente, es con seguridad la Arundo donax, una especie foránea procedente de Asía que lleva desde la antigüedad invadiendo los cauces.
Uno de sus problemas es debido a que tiene un enraizamiento muy superficial, que además se agrava después de las épocas de sequía convirtiéndose en material seco y más frágil.
Basta ver la gran diferencia que existe al ver otras imágenes desde otro puente, en las que pasa un gran volumen de agua entre árboles que se mantienen firmes gracias a un mejor enraizamiento.
Lo que no hay duda es que el arbolado y matorral ribereño autóctono amortigua el volumen de agua, absorbe parte de ella con suelos bien compactados gracias a unas raíces profundas.
Algo que un cauce rocoso o cementado no puede hacer, convirtiéndose en canales que aumentan la velocidad del agua con una gran fuerza de arrastre de cualquier material. Un material que se convierte en misiles que golpean puentes y edificaciones.
Hay variados problemas con estos carrizales de la Arundo donax, uno es la costosa eliminación ya que se extienden en colonias de varios kilómetros. Además del uso del cuestionado glifosato.
En dos ocasiones la Agencia de Protección Ambiental de los EEUU (USEPA) halló pruebas de científicos falsificando los resultados de las pruebas en los laboratorios de investigación contratados por Monsanto para estudiar sus efectos.
Otro cuestión es que produce un promedio de 50 toneladas de alta calidad de fibra por hectárea dos veces al año. También es ideal para biocarburantes y producción de metanol.
Pero tiene más usos y con ello interesantes beneficios económicos, ya saben intereses ajenos.
Como pueden leer, no se puede generalizar ni lanzarse a opinar sin más, y ni mucho menos dejar estas cuestiones en manos de políticos populistas ni de los medios de comunicación afines.
Saludos
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Totalmente de acuerdo, y ese era el objetivo subliminal de mi artículo, poner ene videncia la desastrosa gestión de políticos de todos los colores con argumentos populistas. Hay que dejar los problemas en manos de los expertos. Y también, aplicar los conocimientos adaptándolos a las condiciones locales, Muchos de los estudios realizados sobre los efectos de la vegetación en las riadas se han hecho para otros contextos geomorfológicos, otros relieves y otros regímenes de precipitación. Lo del copia y pega, nunca funciona si no se aplica el sentido coimún.
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Muchas gracias por ayudar a la difusión del artículo en otros medios.
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EXTRAORDINARIO. Por favor, publica más del cambio climático. Te han criticado muchísimo tanto en medios de comunicación como otras corrientes. Te han llamado negacionistas. Jamás dejes de publicar, por favor. Estaré siempre leyéndote. Quisiera más apoyo por parte el Ilustre Colegio Oficial de Geólogos. Muchísimas gracias. He tenido un poco de peleas con los meteorólogos llamándome de todo. Gracias por seguir el método científico.
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Muchas gracias por tus comentarios tan estimulantes. Ir en contra de las opiniones mayoritarias siempre representa esfuerzo, dejarse llevar por la mayoría, con o sin razón y aún a costa de ignorar la realidad, siempre es más cómodo. Creo que es sólo cuestión de tiemnpo que la tozuda realidad ponga las cosas en su sitio. Pero la evolución del clima es muy lenta y habrá que esperar mucho. No obstante, poco a poco, muy poco a poco, cada vez hay más gente que no acepta las tesis del calentamiernto antrópico. En particular, durante las últimas semanas, atribuir el problema de la inundación al cambio climático, a pesar de los esfuerzos oficiales en los medios de comunicación, está pinchando en hueso. Tiempo al tiempo, el Planeta nunca ha tenido prisa.
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