De entre la pléyade de videos, reels, tic-tocs y similares que circulan por el ciberespacio, nos ha llamado mucho la atención uno (puedes verlo pulsando aquí) en el que un representante del centro de investigación científica más importante del país, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas manifiesta explícitamente que es deshonesto (sic) atribuir las olas de calor a ciclos climáticos, afirmando sin más argumentos que su palabra, que se trata de una mentira y de un bulo. Aunque las aseveraciones que se exponen en el mencionado video parecen inscribirse en un ámbito político, ajeno al mundo de la ciencia, no deja de ser grave que se descalifiquen así, de una forma tan grosera, las hipótesis sobre el calentamiento global elaboradas por numerosos científicos desde hace siglos. Aunque no se esté de acuerdo con ellas, no pueden despreciarse de ese modo las observaciones, hipótesis, conclusiones y publicaciones realizadas por los científicos desde hace más de dos siglos, cuando los primeros geólogos constataron la exist2encia de ciclos de enfriamiento (glaciaciones) y calentamiento (periodos interglaciares) en la historia geológica reciente de nuestro Planeta.
En el momento actual, hay millares de investigadores en todo el mundo defendiendo con argumentos sólidos que las emisiones antrópicas de CO2 a la atmósfera no son las únicas responsables de las olas de calor y del calentamiento global, y que ni tan siquiera contribuyen al mismo de forma significativa. Y el trabajo de dichos científicos no puede ser despreciado sin análisis y sin debate, calificándolo directamente como deshonesto e integrado por bulos y mentiras.
En contra de las informaciones que suelen difundirse, no es cierto que exista unanimidad en el mundo de la ciencia en torno a las causas del cambio climático, sino que, por el contrario, se mantiene un encendido debate al respecto. Y es muy bueno que así sea (aunque sus argumentos raramente llegan a la opinión pública) porque son el debate y la discusión los que estimulan y permiten el progreso de la ciencia y el avance en los conocimientos. Por eso, incluso teniendo en cuenta el contexto político de la discusión reflejada en el video mencionado, no parece ético ni riguroso que alguien que aparece en el video etiquetado como científico intente cerrar un debate sobre hechos, evidencias, teorías e ideas sin otro argumento que la descalificación.
En este mismo vídeo, se incluye también otra aseveración cuyos fundamentos son absolutamente discutibles. En efecto, se afirma categóricamente que la única opción que tiene España para alcanzar la soberanía energética (es decir, para ser autosuficiente en recursos energéticos) es recurrir a las energías renovables, ya que no produce petróleo, ni gas, ni uranio. Pero antes de abordar la situación de nuestros recursos energéticos debemos señalar que, en España, la electricidad solo representa el 20% de nuestro consumo energético total y las tecnologías renovables (eólica y solar) constituyen el 50% de ese 20%. Así pues, las fuentes de energía renovable, después de más de dos décadas de inversiones masivas en su desarrollo, solo representan el 10% de nuestro consumo energético total. El 80% de las necesidades energéticas de nuestro país está cubierto por el gas natural (para producir electricidad y en procesos industriales), petróleo (gasolinas, gasóleos, querosenos, asfaltos, etc.) y carbón (en la industria siderúrgica y cementera).
En cuanto a los recursos energéticos minerales, es cierto que, en estos momentos no están en producción en nuestro territorio, pero eso no quiere decir que no dispongamos de ellos. En realidad, existen reservas potenciales de hidrocarburos en una parte importante la cornisa cantábrica que, una vez investigados y puestos en producción, podrían hacernos autosuficientes durante un siglo, pero no pueden ser explorados porque así lo prohíbe la vigente Ley 7/2021 de 20 de mayo de CAMBIO CLIMATICO Y TRANSICIÓN ENERGÉTICA. Esta ley, en su artículo 9, prohíbe taxativamente la exploración y explotación de hidrocarburos en territorio nacional.
En su artículo 10, también prohíbe la investigación y aprovechamiento de yacimientos de minerales radiactivos. Debe recordarse también que nuestro subsuelo dispone de las segundas reservas europeas de uranio, lo que nos permitiría ser autosuficientes. Sin embargo, los recursos explotables, en algunos casos ya listos y cuantificados para ser extraídos, llevan años bloqueados por las trabas gubernamentales y legales, lo que hace que puedan ser en breve objeto de una demanda judicial internacional. Sin olvidar las reservas de carbón, consideradas ya como inútiles (a espaldas de lo que está ocurriendo en otros países europeos y del resto del mundo) porque prácticamente la totalidad de nuestras centrales térmicas han sido demolidas, en un alarde ideológico difícilmente justificable.
Es decir, que es cierta la falta de producción de minerales energéticos, pero no por la ausencia de recursos, sino como consecuencia de las restricciones implementadas por la política energética actual, en la que predomina la ideología sobre los criterios económicos y técnicos. Por lo tanto, sin negar la importancia de las energías renovables, es totalmente falso que nuestra soberanía energética dependa exclusivamente de ellas, y podría decirse que las mismas ideas políticas que han generado el problema son las que taponan la solución.
Por otra parte, desde una perspectiva más general y más allá de los aspectos señalados, causa estupor y tristeza que una problemática tan importante para el presente y el futuro económico y social de nuestro país sea analizado con argumentos tan paupérrimos, tan falaces, tan poco documentados y de tan escaso nivel técnico.
Al palo del flamenco que tiene un ritmo vivo y que se acompaña con palmas, se le denomina bulería, y aunque suene parecido, no tiene nada que ver con bulo. Sin embargo, se acepta que uno de los orígenes como fuente etimológica para esta palabra podría derivar de burla. En este contexto, se podría decir que algunos de nuestros políticos evitan y rehúyen entrar a fondo en el análisis de las causas del cambio climático, desautorizando sin argumentos las posturas contrarias a su tesis, saliendo por bulerías. O quizás, sería más adecuado decir que arrancándose por peteneras.
Bulerías
por los geólogos Enrique Ortega Gironés
y José Antonio Sáenz de Santa María



Es una sandez que nuestra soberanía energética dependa de las renovables. En todo caso dependerá de China que es quien fabrica casi la totalidad de las placas fotovoltaicas. Por otra parte, la religión climática tiene su dogmas, oficiantes, doctrina y castigos, como cualquier otra creencia. A los infieles y no creyentes se les aplican los diversos castigos existentes en las mal llamadas redes sociales, amén de ningunearlos en universidades, lugares de culto climático. El hecho ser de CSIC no quita ni un ápice lo dicho, no hay mas que ver el nivel científico del país y sus dirigentes, incapaces de hacer la O con un canuto. Hemos vuelto a la Edad Media.
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